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Mostrando entradas de enero, 2010

EL VIAJE

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EL PUENTE DE TECA
Fotos y texto: José Luis Muñoz De Birmania sale buena parte de la teca, el oro de los bosques, que consume el mundo. Esa durísima y cara madera, inalterable, ignífuga, que tanto sirve para las cubiertas de los barcos como para los muebles de jardín de Occidente, la utilizan en Myanmar para la construcción de templos, palacios, casas… y puentes.
En Amarapura, ciudad de la inmortalidad, a once kilómetros al sur de Mandalay, una de las muchas capitales imperiales del país, la penúltima durante algo más de cincuenta años, que, como otras, pasó del esplendor a la decadencia, se encuentra el puente de teca más largo del mundo, el puente peatonal U Bein, de kilómetro y medio de largo y sobre más dedos mil postes que cruza el apacible lago Taungthaman─ nombre del ogro que llegó allí en busca de Buda─ en cuyas orillas flamean las estupas blancas de unas cuantas pagodas. Dicen que este puente de más de doscientos años de existencia y aspecto robusto lo construyó un súbdito musul…

LA FIRMA INVITADA

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EL MONTE SERENO
Rosario Muñoz

Las fotos son de José Luis Muñoz, el agradecido sobrino por tener una tía así, y los paisajes pertenecen a una zona entre Medinaceli y Sigüenza que recorrió el fotógrafo y viajero en un intento por recuperar su pasado.


Allá en mi tierra, en el valle del Lobatón, en lo alto del Monte Sereno había una ermita azotada por los vientos, a la que cuando yo era pequeña me gustaba subir. Recuerdo que metía la cabeza entre los barrotes de un ventanuco que tenía la puerta y así, de esta guisa, contemplaba su interior, apenas alumbrado por una lucecilla mortecina, pero permanente, que alargaba las estatuas de Cristo y de su Madre, situadas a cada lado del Altar como si de figuras fantasmales se tratara. A mí, la contemplación de estas figuras me atemorizaba, como también la penumbra, la soledad y el silencio del lugar y poco a poco, iba sacando mi cabeza de entre los barrotes para alejarme de allí y volver a tomar el sendero que me conduciría nuevamente al pueblo, entre…

EL LIBRO

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STRADIVARIUS REX
Román Piña
Editorial Sloper
266 págs.

Un primer capítulo en el que, con clave de humor, recorremos la Casa Blanca en los momentos en que Bill Clinton se apresta a que le hagan la famosa felación que pasó a la historia, sirve de referente para lo que va a ser la novela de Román Piña, profesor, columnista, editor, director de una excelente revista literaria, La Bolsa de Pipas, y novelista que con Gólgota (Lengua de Trapo, 2005) obtuvo el premio de novela Camilo José Cela.
Piña parte de una idea original que nos recuerda a Zelig, una de las más caústicas películas de Woody Allen: su protagonista se metamorfosea en cada uno de los capítulos, cambia de nombre, personalidad y aspecto físico, tanto es un jardinero como un escritor que aspira al Planeta y al Nobel, mujer como hombre, lo que le obliga a analizar el mundo que le rodea desde nuevas perspectivas y a no tener principios inamovibles.
“Mi cuerpo era el de un pescadero gallego llamado Germán, obeso y miope, con bigote pobl…