miércoles, 30 de junio de 2010

diario de un escritor

30 de junio de 2010

Cerrado mi asunto con Hacienda hasta la próxima escaramuza. Una horita en la delegación saltando de ventanilla en ventanilla y depositando papeles que una funcionaria sella sin mirar. Reclamaciones varias que veremos si surten efecto. Y pasados unos días, cuando mi ánimo se serene con una paella que me están cociendo en Fuengirola, destilaré una carta vitriólica dirigida a la misma ministra de Economía preguntándole quién les vendió ese maravilloso programa PADRE, o MADRE, con el que todos los contribuyentes, gestores de este país y los propios funcionarios están que se salen de contentos. Si contabilizamos las miles, o millones de horas, que se han perdido rellenando con dicho engendro las declaraciones de renta de este país la huelga de del metro de Madrid y la general que se avecina es pecata minuta.
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Estoy tentado de hacer una foto del salón, comedor y despacho de mi casa, pero desisto para no deprimirme. Paisaje después de la batalla con Hacienda de estos últimos días, papeles y más papeles, económicos y literarios, que se funden en mi mesa junto a tijeras, un mando a distancia, grapas, grapadoras, encuadernadores, etiquetas, recibos variopintos ─ lo que tiene repasar los recibos de un año es que te enteras que pagaste el hotel de una desconocida con tu visa hará seis meses, y no un día sino dos con desayuno bufet, y sólo espero que ella pagara la factura de mi habitación, para compensar el error, que sólo fue una noche con desayuno continental ─ , certificados, fasteners, sobres, mochilas, bolsas de tela y de plástico, tóners, cajas de tóners, capelinas que salieron de una mochila, etc. etc. El caos más absoluto que ha ido creciendo a lo largo de los últimos días. No hago la foto, no, porque sería terrible. Me recuerda al estudio del pintor Francis Bacon en sus momentos más álgidos de locura. Y suerte que soy escritor y no pintor o escultor.
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Savater escribe sobre el burka y sus prohibiciones preventivas. Se ha encontrado uno en un pueblo de Catalunya y yo he censado otro en Granada, una mujer que va de negro y da miedo verla, sobre todo porque se puede caer. Lo de la prohibición del burka, cuando no hay, tiene su gracia. Y si prohíben el burka será peor para las pocas mujeres que lo utilizan, porque entonces no saldrán a la calle. Habría que preguntarles, no obstante, si se lo ponen porque les apetece, porque les molesta que las vean, o si lo hacen obligadas por el marido. Si prohibimos el burka, los tres burkas que deben circular por las calles de España, ¿qué haremos con los capirotes de Semana Santa, con esos encapuchados que los turistas toman, no sin razón, por miembros del KKK y esos son miles y están toda una semana para arriba y para abajo? ¿Ellos y ellas ─ me cachis con este lenguaje antisexista que se mete entre las teclas del ordenador ─ podrán ir tapados hasta las cejas y las rigoristas musulmanas tendrán que ir con la cara al aire? No me parece de recibo. Pero es que últimamente nada es de recibo.
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martes, 29 de junio de 2010

DIARIO DE UN ESCRITOR

29 de junio de 2010

Ayer me faltó un grado para incendiarme. Me bajé por Internet el programa PADRE e intenté introducir en las casillas mis datos fiscales. Intenté, claro. ¿Por qué lo complican todo? ¿Por qué cambian de año en año los programas y los hacen peores? El de este año es de nota. No sé a quién demonios de informático deben haber pagado, con mi dinero, para que les haga el peor programa de la historia. Tardaba en descargarse. Admitía las cantidades en las casillas con una lentitud extrema. Se atascaba. No pasaban las páginas. Lo que se puede hacer en tres cuartos de hora me ocupó cinco horas y con el horror a que todo se fuera al garete, que se borraran los datos y volver a empezar. Una pesadilla kafkiana con la que me reafirmo ya en abstenerme en las próximas elecciones o votar a la formación más extremista. A la hora de imprimir la maldita declaración, lo mismo, una hora para deglutir los datos y escupirlos en el papel. Me indigna tanta tomadura de pelo, tanta desidia, tantas medidas que se toman sólo porque hay corrupción y empresas que se meten nuestro dinero en el bolsillo para diseñar un programa de mierda. Seguramente el del año que viene será todavía peor. Aunque será difícil. ¿Quién me paga esas cinco horas de cabreo absoluto? ¿Quién?
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Catalunya no es una nación. Así lo deciden unos tipos inútiles que han tardado cuatro años en dictaminar contra una serie de artículos del Estatut aprobados por el Parlament, el Parlamento y refrendado en las urnas por la población. ¿El País Vasco es un país? ¿El Reino de Valencia es un Reino? Nosotros somos un principado. Pero no una nación. A pesar de nuestra lengua, cultura, idiosincrasia, instituciones propias que se remontan al pasado. La sentencia hace un gran favor a la causa del independentismo catalán.
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Con un calor sofocante trepo con mi bicicleta, después de cumplir con mis obligaciones fiscales, a casa Paco, un bar mirador que domina Granada desde lo alto de la carretera que va a La Alhambra. Lo hago por las empinadísimas cuestas del Barranco del Abogado. Me deslomo bajo el sol. Me castigo. Alcanzó la terraza, sumido en sudor, y me pido una cerveza desde que oí por televisión que la cerveza, sin alcohol, es una excelente bebida para los deportistas. Yo, con alcohol. Y una tapa de ensaladilla peculiar: lo que pasa por mayonesa no es otra cosa que puré de patata ácido y con una pizca de ajo. Patata sobre patata. Todo sea por librarse de la salmonella.
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Paso de futbol. Paso de futbol aunque hoy juegue España. Empiezo a estar harto del mundial y el futbol que altera todas las parrillas televisivas. Cae la tarde, cantan los vencejos y me hago un arroz con leche que se pega al fondo de la cazuela. Bueno, tampoco está mal que se queme ligeramente. Ni sé qué cenar, ni tengo hambre. Sigo leyendo Tarde, mal y nunca y escribo una reseña sobre La perdiz blanca, la extraordinaria novela de Cecilia Bardají que recomiendo sin dudar a quien aprecie la buena literatura. Hojeo Qué Leer que trae a Camilla Läckberg en portada esgrimiendo una espada. A cuatro días de esa paella en Málaga y a nueve del tren negro que me llevará a Gijón.
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Ayer leí unos relatos realmente espeluznantes de mi amigo el escritor José Vaccaro que acaba de publicar la novela La Vía Láctea en Neverland.
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lunes, 28 de junio de 2010

DIARIO DE UN ESCRITOR

28 de junio de 2010
En este país pagamos los más pringados, desde siempre. Hubo alguien, algún iluso, que propuso poner una tasa a los bancos, los que más ganan, y siguen ganando, los que fueron los principales artífices de esta crisis con las hipotecas basura que han sido las causantes del tsunami financiero. Pues bien, marcha atrás y de lo dicho nada. La crisis la pagan los funcionarios públicos, los pensionistas, los asalariados, los consumidores, pero no los que tienen dinero. Y nos aguantamos y tragamos, que eso es lo más intolerable. Un sesudo analista de Wall Street argumentó muy bien el porqué no se podía gravar con tasas los beneficios desorbitantes de la banca: los pobrecitos tendrían más costes y la tasa la aplicarían a los clientes. Ósea, que ellos nunca pagan realmente, porque repercuten, y quien paga el pato vuelve a ser usted y yo. ¿No nos damos cuenta de que esto es una monstruosa tomadura de pelo global?
Realmente, y lo digo muy en serio, no sé cómo la humanidad no se lanza al fuego destructor, pero no en sentido figurado. La factura de la crisis del capitalismo, de sus malas prácticas, de los paraísos fiscales, de los defraudadores profesionales, de la economía sumergida va a cuenta del Estado de Bienestar que se está demoliendo a marchas forzadas por los culpables de esta debacle. No era el Estado de Bienestar el que había fallado sino el capitalismo salvaje y voraz. Pero éste sale reforzado y los culpables, excepto Maddoff, que fue a la cárcel, no olvidemos, por estafar a los suyos, siguen en sus puestos, con contratos blindados y pensiones multimillonarias. Creo que me voy a volver a envolver, con más razón que nunca, en la bandera negra de la Acracia.
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No me gustan las pintadas callejeras, pero el otro día leí una, en la pared de una iglesia, con la que no pude más que estar muy de acuerdo. ¡Cura, penétrate!
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A horas de la declaración de renta, de entregar mi último manuscrito, de prepararme para engullir una deliciosa paella en Málaga el próximo 3 de Julio, de leerme un montón de libros de cubiertas tan horrendas como excelsos son sus contenidos, de coger ese tren para la Semana Negra...¡Qué strés! Y encima me piden que me corte el bigote.

domingo, 27 de junio de 2010

DIARIO DE UN ESCRITOR

27 de junio de 2010
La culpa de que hoy, domingo, me levante muy tarde la tiene un cubata de ron que me tomé ayer durante la fiesta de cumpleaños de Paca. Cumplía 60. Lo digo, porque está orgullosa de su edad y no lo oculta. 60 años. A mí me faltan pocos para hacerlos, año y medio. Uff. Y vinieron invitados curiosos, entre ellos un lector de Pubis de vello rojo que hace pocos meses se puso en contacto conmigo para decirme lo mucho que le gustó la novela ganadora del premio La Sonrisa Vertical cuando la leyó. Lo que son las cosas. Y ayer lo tuve sentado a mi lado, explicándome sus cuitas con la claustrofobia que le impiden coger aviones, ascensores o ir en coches con sólo dos puertas, anecdotas que pueden convertirlo en personaje, de un relato cómico. Si finalmente lo escribo, se lo dedico. La fiesta fue en una espectacular terraza con vistas sobre la ciudad y hubo tortilla de patata, matanza, cervezas, tarta de piononos y ese cuba libre de ron culpable de que hoy me levante tarde. Creo que a Paca le satisfizo mi regalo.
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Hay quien se levanta mucho más tarde que yo. Y eso que no bebió Cuba Libre. Hoy los latinos no están. Debe de ser su día de playa. Los oiré, con su rap, cuando regresen por la noche. Sigo con Marea de sangre y meto algo de catalán en ella, un diálogo mínimo, porque en aquella época se hablaba poco, pero no sería coherente que ningún personaje de mi novela lo hablara. Lo habla Gerard, un camarero que atiende al sargento Ortiz, mi protagonista, que sólo lo chapurrea con él.
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Comemos cocina libanesa sin ir a Beirut. En el Albayzín bajo. Ella bebe agua y yo limonada. Para compensar los excesos etílicos de la víspera. La camiseta gris escotada que lleva centra mi mirada. Los canalillos son siempre muy sugerentes. Al lado, dos policías municipales, multan a un vendedor ambulante marroquí. No se quedan con su mercancía. Todo lo que pedimos y comemos está bueno, pero no llegamos al éxtasis. Couscous de pollo a la espera de que Lola nos haga el que nos prometió. Tandori. Falafel. Cerramos con un pastelillo de hojaldre relleno de pistachos y bañado en miel. Y té verde a la mente. 32 euros.
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Tengo un sueño. Y muero. Me transformo en agua. Me licuo. Es una sensación curiosa y placentera. Hay un cuerpo debajo. De seda. Y los labios son de agua. Ese sueño es un fogonazo. Tardo en despertarme. Me hago entonces café. Terminó de leerme los relatos. De cincuenta, tres merecen ganar. Hoy se los envío a Adriana Serlik. Y sigo corrigiendo Marea de sangre. Mañana dedicaré mi día, por completo, a Hacienda.
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Empiezo a leer una nueva novela. Tarde, mal y nunca (Saymon, 2009) de Carlos Zanón. Buen inicio. La principal característica común de todas las novelas que voy leyendo últimamente son sus espantosas portadas. Sigue ganando La Virgen Cabeza.
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Cojo la bici. Voy a uno de mis despachos. Antes, me tomo dos vasos de agua helada. Hoy, día sin alcohol.

sábado, 26 de junio de 2010

DIARIO DE UN ESCRITOR

26 de Junio de 2010

En los bajos de la casa de al lado vive un grupo de latinos. No sé cuántos. Pero creo que bastantes. Nunca les vi la cara. Pero les oigo. No a ellos. Su música. Ponen rap machacón por la mañana y ahora que el calor me obliga a tener el balcón abierto me resulta más fácil bailar que escribir. Lo malo es que por la noche, a las 2 de la madrugada, siguen con el rap, y al mismo volumen. Granada es una ciudad curiosa. Aquí la gente no modula ni la voz ni el ruido atendiendo la hora que es. Mientras los raperos latinos tenían su música a toda marcha, una chica berreaba improperios a su teléfono móvil y luego pasó un grupo que hablaban entre ellos como si estuvieran sordos. A las dos y media pasó el camión de la basura. Ruido sobre ruido. Y olor putrefacto.
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Esta tarde vi mi primera cucaracha. En la calle, Rubia y apoyada contra una farola. Muy quietecita. Empieza la temporada. Hay que estar preparado.
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Corrijo una y otra vez el texto de Marea de sangre. Escribir una novela es como esculpir una escultura. Una vez que tienes el bloque más o menos cortado y visualizas la figura, tienes que pulir una y otra vez, limar todas las asperezas, machacar los pegotes que te disgustan, hasta que quede una superficie brillante y armónica por la que la vista se desplace sin traumas. A medida que leo y releo y vuelvo a releer más me doy cuenta que la novela sólo se termina cuando entra en la imprenta.
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Duermo poco, seguramente porque ya tendré mucho tiempo para dormir de aquí a unos años, me hago café, me como un par de tortas de Inés Rosales, que son lo que más se parece a una coca de San Juan, y leo los relatos que como miembro del jurado del premio La Lectora Impaciente presidido por mi amiga Adriana Serlick me corresponden. Este año es difícil encontrar alguno que me atrape de verdad. De cincuenta leídos hasta el momento hay dos, sin embargo, que me parecen muy satisfactorios.
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A las once el sol es soportable. Me calzo las mallas negras de deporte, me meto dentro de la camiseta negra más roñosa que tengo, cojo la bici y me voy a hacer la que aquí llaman la Ruta del Colesterol, un camino que discurre paralelo al río Genil que frecuentan ciclistas, corredores, jubilados y amos con sus perros. Estoy en forma. Y la bici más desde cambié el sillín y le puse aceite a la cadena. En menos de diez minutos estoy sentado en Pinos Genil, clarificadora forma de llamar a un pueblo, en una terraza junto al río que se llama La Taberna del Turrón, debería preguntar por qué, con una cerveza, porque el otro día vi, en un programa de televisión, lo bien que les iba a los deportistas tomarse una cervecita en verano, programa pagado por alguna cervecera harta de que la gente que corre, salta, pedalea, vuela, bucea se dope sólo con Isostar, y una tapa tan extraña como pringosa, patatas fritas manchadas con boquerones en vinagre que me como, con lo poco que me han gustado los boquerones en vinagre, lo que me hace utilizar cuatro o cinco servilletas, cada vez que se me pringan los dedos, para pasar, sin manchar de aceite, las páginas de la novela La sopa de Dios (Acantilado, 2009) de Gregorio Casamayor, que tanto me gusta aunque lea por obligación.
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Ayer vi, de noche, con más publico del apetecible, una película aburrida e insoportable titulada Entre nosotros. Además de insulsa, llena de personajes irrelevantes, que me importaban un carajo, estaba pesimamente fotografiada. Aguanté hasta el final, para juzgar, del mismo modo que me leí hasta el último párrafo del Ulises de James Joyce.
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Un correo electrónico que me hizo mucha ilusión y llegó ayer fue el del escritor Manolo Villar Raso que se confiesa enganchado por La Frontera Sur y ya en el primer capítulo dice que es la mejor que he escrito. Gracias, Manolo.
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Me duché después de la excursión ciclista, opté por comprar el diario Público en vez de El País, pese a Babelia, porque regalaban una novela de Nadine Gordimer, y lo estuve leyendo con interés, sobre todo la noticia que habla de la refundación de Izquierda Unida y firma Rosa Regás.
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Por fin termino la lechuga iceberg que compré a principio de semana, que aderezo con rodajas de manzana ácida y maíz de lata, y me hago de segundo una tortilla de patatas. No enciendo el televisor para ver las noticias. Estoy cansado de tanto Mundial. Sigo con las correcciones de Marea de sangre y leyendo los relatos clasificados del concurso literario que organiza Adriana Serlick.
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Caigo, en estado de trance, en el sofá. Duermo y sueño hasta que los raperos latinos me enervan.
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Termino La sopa de Dios, que está lleno de observaciones agudas, las que hace el anciano asesino protagonista de esta negra novela picaresca. ¿No les parece el colmo del absurdo que la vigilancia de un edificio de la policía esté a cargo de agentes privados? Es de risa. Cualquier día la Iglesia nos sorprende contratando actores para que celebren la misa.
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Mientras pedaleaba a lomos de la bici tuve una idea brillante. Es normal. El ejercicio físico estimula las neuronas. Mi amigo José Carlos Somoza, que acaba de publicar El Cebo en Plaza Janés, me confiesa que los retorcidos argumentos de sus novelas se le ocurren cuando se encasqueta una gorra y se va a hacer footing. Quizá lo mismo le ocurra a Fernando Marías en su bicicleta estática. Bueno, pues tuve una idea que no revelo, porque lo que revelo suele gafarse, y que pondré en contacto de mi amiga Paca a cuya fiesta de cumpleaños, hoy, he sido invitado.
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No se me ocurre otra cosa que regalar libros. Propios o ajenos. Hice una excepción hace unos años regalando lencería fina y sofisticada, pero ése fue un regalo egoísta. Así que a mi amiga Paca, que cumple años y parece encontrarse en la flor de la juventud, le regalaré mi trilogía americana, La pérdida del Paraíso, libro perfecto para la ocasión.
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Los raperos han enmudecido y toma el relevo, en el ruido diurno, un tipo que confiesa tener ochenta y tres años, eso dice de cuando en cuando en su verborreíco discurso que deben oír hasta en la Catalunya Norte, que le está dando una bronca espantosa a un hijo o un nieto, que le habla del paro, de lo vago que es el chico, y así se está el hombre, que con 83 años tiene arrestos, quince insoportables minutos que son mucho peores que las sesiones de rap de mis vecinos latinos. Enmudece de repente. Quizá le llegó por fin el infarto. O directamente lo asesinaron. Leeré la crónica de sucesos mañana.
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viernes, 25 de junio de 2010

DIARIO DE UN ESCRITOR

25 de Junio de 2010Retomo el diario, con nuevos ímpetus, y nuevo formato, aunque quizá, por las fechas, debería denominarse diario de un contribuyente.
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De mis avatares con la Hacienda pública ─ suerte que Hacienda somos todos, Hacienda son los evasores de capitales que tienen sus cuentas en Suiza, los dentistas que te cobran siempre en efectivo las ortodoncias de tus hijos, los médicos a los que acudes en consulta privada, los lampistas que te arreglan una gotera y te preguntan ¿con IVA o sin IVA?, los vendedores de pisos, cuando los había, porque ahora están en el paro, que te exigían el setenta por ciento en negro y si no lo tenías se carcajeaban y te espetaban, ¡vaya tío desgraciado, que no tiene negro!, los que tienen esos yates monstruosos anclados en los puertos españoles, etc, etc,, es decir, todo el que no paga ni pagará nunca porque por él pagamos el resto y así nos va ─ podría escribir una novela, de horror, o kafkiana. Hoy, como siempre ya, porque esto es una rutina, acudí a mi delegación a resolver mis problemas con ella.
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Me dieron un número. El I─53. Esté atento a la pantalla. La hora prevista de la cita era a las 12 y 20. Al I─53 lo llamaron una hora más tarde. Mientras, sentado, devoraba la divertida novela de Gregorio Casamayor, La sopa de Dios (Acantilado, 2009) ─ hagan caso omiso de la poco apetitosa portada, una joya al lado de la de La virgen Cabeza, la novela argentina que finalicé hace un par de días (es lo que tiene ser jurado, y no sé dónde meter esto, si entre paréntesis, como finalmente hago, entre guiones, que rechazo por ya haberlos empleado, con comillas, o en cursiva), bueno, pues La sopa de Dios, y vuelvo a nombrar el título porque quedó muy arriba, desplazado, la excelente novela de Gregorio Casamayor que leo mientras me toca mi turno en Hacienda en la que encuentro cosas deliciosas como ésta, con la que me identifico totalmente en esa espera desesperante con Hacienda que me cobra al 5% diario cada segundo de atraso en mis pagos pero no me remunera el tiempo que pierdo con ellos, horas, días, meses, conmigo, porque Hacienda soy yo, que me había olvidado: Enseguida aprendí la lección. Los bancos, los detectives, hacienda, la policía…¿hay alguien que no nos tenga fichados? ¿Hay algo que no sepan de nosotros? ¿Me gustaría saber qué demonios encierra el sacrosanto derecho a la privacidad? Apátrida, ése es el estado ideal del hombre moderno. Llegará el día que abrirán oficinas para que la gente se borre del censo. Mire usted, señorita, bórreme de español inglés japonés que me he cansado ya de tanta trascendencia y apúnteme en la lista de los sin patria. ¿Dónde está esa lista? Creemos una país llamado Simpatria ─ M siempre antes de P, ¿no?- no confundan con Simpatía, que es lo que el corrector automático de mi PC me dice, y seguro que seríamos millones, la nación más grande del Planeta.
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Creemos también el PIF, el Partido de los Insumisos Fiscales mientras haya yates que no contribuyan, SICAVS que tributen una mierda y lampistas que no nos cobren el IVA.
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Simpatria. Me gusta para una novela de SF.
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Llegó mi turno. Explico mi problema. El tipo de la mesa no se aclara con mis papeles. Tampoco una tipa que acude en su auxilio. Me envían a la jefa. Está en otra mesa, entre mamparas, y tiene cara de mala leche, o mala follá granaina, o mala folla catalana, que viene a ser lo mismo. Le inundo la mesa de papeles, mis alegaciones a todos sus requerimientos.
─No tiene usted razón.
Claro, lo asumo. No tengo razón. Pero sigo sentado e insistiendo.
─Se equivocó de casilla al poner la cantidad a desgravar─ me dice, triunfal, mirándome por encima de sus redondas gafas.
─Ah, qué bien─ contesto,─¿Me corrigen entonces mi error y aplican la cantidad en la casilla correcta? A lo mejor hasta me tienen que devolver ustedes dinero.
─No, esto no se hace así. Usted primero paga los 1.200 euros que le reclamamos.
Aquí va un bufido del corredor de fondo. Necesito un esponsor fiscal que se haga cargo de todo esto.
─Luego presenta este escrito de alegaciones diciendo que erró en la aplicación de casillas y, si no apreciamos ánimo de dolo, no le sancionaremos.
─Ah, gracias. ¿Me iban a sancionar, encima?
─Sí.
Como en el colegio. Joder, si todo el país funcionara como Hacienda, que es lo único que funciona, sí que estaríamos en la Champions como dijo ZP y desdijo la coyuntura.
─Y después pide usted un impreso a la salida de corrección de autoliquidación y lo presenta incluyendo esa reclamación.
¡Caramba, qué fácil me lo pone! A mandar. Echo de menos las pólizas del franquismo y el papel oficial de los estancos.

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Debería tener un asesor fiscal. Pero cuesta dinero. O un abogado para litigar, pero cuesta más y siempre se pierde. Debería exiliarme. O atracar un banco, para compensar tanto expolio, que en el relato EL ATRACO AL BANCO, un manual que escribí y acaba de publicarse dentro de la antología LA MUJER IGNEA Y OTROS RELATOS OSCUROS (Neverland Ediciones, 2010), se dice por pasos cómo debe hacerse, porque atracar un banco, dijo Bertold Brech, es un delito menor al lado de fundarlo, pero carezco de pistola, estoy ya mayor y la perspectiva de la sopa boba en la cárcel, conviviendo con toda esa mala gente que vive en mis relatos y novelas no creo que me gustara.
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Resaca de Cantabría, resaca del Valle de Arán, por cuyos valles vagué, a cuyas cumbre llegué, en cuyos ríos me bañé y en cuyos figones comí ─ aquí falló la rima ─, y resaca de esa paella idílica en La Ría de Vigo tras la exitosa presentación a dúo con Leo Coyote en la barcelonesa Negra y Criminal─ Leo, tranquilo, que uno de los malvados de mi próxima novela ya lleva tu nombre, aunque no es mexicano sino francés, de Marsella y pied noir, un asesino de la OAS, para que te pongas contento ─ que compensa la media entrada en la plaza de Granada, coso Casa de Los Tiros ─ a mí me sonaba mejor de los tilos ─ciudad que me sigue siendo esquiva, a pesar de estar acompañado por los espadas Melchor Sáiz─Pardo y Gregorio Morales, que dijo que de vivir en Estados Unidos sería un multimillonario autor de best─sellers ─ me voy a ir pero ya, a ver si la cuestión es cambiar de país para tener un poco de suerte ─a quienes, una vez más, agradezco la generosa presentación de mis dos últimos libros. Gracias a los que si estuvieron, y nos escucharon, aunque las siete era una hora temprana, a esa hora Granada hace la siesta; gracias a los que compraron mis libros y los leerán cuando puedan, y gracias a los otros muchos que no vinieron, porque eso se perdieron. Alicia, Alicia ─ no es reiterativo, ni jaculatorio, ni invocativo, es que hay dos─ homónimo, que aunque distabas tres mil kilómetros, pongamos por caso, te vi entre los presentes, Virtu, Manolo, Manolo ─ lo mismo que con las Alicias ─ , Paca, María, Cristina Lucía, Eva, Elodia, Carolina, mi vecina del otro día de La Tertulia del Salón de cuyo nombre no consigo acordarme, Pepe, Nati…, gracias a todos. Y todos va por todas.
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Veo a Obama y Medvédev departiendo y comiendo hamburguesas con kétchup. Cultura gastronómica.
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Del mundial me quedo con las imágenes de Fabio Cappello, impresentable entrenador que causaba estragos entre los jugadores que tenía a su lado en el banquillo, víctimas de sus gritos, codazos, imprecaciones ─¡Vaya sujeto, para tenerlo bien lejos!- y el Pelusa que, glups, iba perfectamente trajeado, hasta con corbata, y corría de un lado a otro mientras sonaban esas trompetillas sudafricanas que adormecen al más pintado.
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La noche de San Juan se jodió en Castelldefels con la negra parca que vino en forma de tren segador de vidas a 130 km/h. Comí una coca ficticia y soñé que tomaba una copa de cava mientras me deprimía y me llegaban, al móvil, mensajes de aliento desde la Catalunya Sur.
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Hoy tampoco aparecí en los obituarios, luego estoy vivo. Claro que quizá nunca aparezca en los obituarios ─¡qué pretensión la mía! ─ y esté muerto.
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Me levanté temprano y seguí con las correcciones de texto de mi próxima novela que verá muy pronto la luz: MAREA DE SANGRE. Escenario: La Costa Brava. Un policía municipal que se enfrenta a un guardia civil. Trata de blancas, estupefacientes, negocios inmobiliarios muy oscuros y unos suicidios muy extraños. Llevo tres lecturas de mi original y un montón de correcciones que hacen que la novela mejore y aumente en su número de páginas. Tengo una foto que hice en Cantabria, de un par de inquietantes botas varadas en una playa ─ lo extraño era que aparecieran juntas, pero así fue y di fe de ello con mi cámara de fotos─ que le iría a la portada del libro como un guante a su mano. En mi presentación en Barcelona, en Negra y Criminal, con paella, que da suerte, le pediré a Marta Areny, mezzosoprano y masovera, que cante a capela una habanera. Me comprometo a hacer un cremat.
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Compro El País porque no soporto a Roberto Begnini que daban con el diario Público.
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La cartelera de verano es para irse a la montaña.
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Me estoy haciendo mayor y lo malo es que me estoy dando cuenta. Las solapas de mis libros son muy traicioneras y no engañan.
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¡Coño! Las cuatro de la tarde y sin comer. Voy a ver que me hago. También necesitaría una asistenta, como tenía en mi vida anterior, y una cocinera, como también tenía en mi vida anterior. He optado por el minimalismo existencial.
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En quince minutos cocino y como. Desisto, mientras mojo pan de ayer en la yema de los dos huevos fritos de hoy que acompaño con ensalada de lechuga, maíz y manzana ─ser single me obliga a comer todos los días lechuga hasta terminar la iceberg que compré a mis chinos─, de ver CNN+. Desde el mundial sólo trago, y no todo, el informativo Hoy de Iñaki Gabilondo que días atrás perdió los papeles con una tertuliana. El que perdió la papeles y la cabeza fue el general de Afganistán. Va para allí Petreaus.
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A los que no nos gusta el fútbol ─ yo, quizá usted, y alguien más ─ estos días estamos en fuera de juego. Por unos días España hierve de nacionalismo y flamean banderas rojigualdas que venden por tres euros en los quioscos. Es de la Roja hasta el PP. España Roja, por la selección, maticemos. Porque nos gobierna ese entelequia que es el Mercado que de rojo sólo tiene cuando baja y se encienden las alertas. El Mercado decide, y el gobierno obedece. Somos un protectorado de Europa, dice Rajoy, y Europa lo es del Mercado. ¿Y si prohibiéramos los dichosos mercados? En Pegarse un tiro, la contra de Juan José Millás en El País, ironiza sobre el poder de ese monstruo inasible que tan pronto sube con una flecha verde, como baja con una flecha roja. Si mañana deciden que se ha de suprimir la Biblioteca Nacional, la suprimen y punto
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Aún no he leído a Camilla Läckberg, contestando a la pregunta que me hace Maeva en una página de El País, ni a Larsson, los Larsson, porque hay varios, sí un poco de Mankel, que me aburrió. Eso y que no me guste el futbol me hace infinitamente raro. Prefiero a Leo Coyote y su Barcelona lumpen con olor a sardina, o a Lorenzo Lunar y Amir Valle retratando Santa Clara o La Habana, a Fernando Marías con sus fantasmas y zombies, y a Juan Madrid comiendo bocatas de calamares, al gran González Ledesma Silver Kane.
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Quedé finalista del premio Justo Vasco, junto a Rebeca Murga, con el relato REVOLOTEOS que escribí a los 17 años y desempolvo 42 años después. Ganó el stejanovista de los concursos literarios Manuel Terrín Benavides.
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En la caótica librería Babel ─ claro, por eso se llama así, porque no hay quien encuentre un libro si no te guía el librero entre libros que se amontonan, se caen, en un auténtico cuarto de los trastos que está peor que el mío─ di con una maravillosa revista literaria editada en Granada que se llama Entre Ríos. ¿Genil y Darro? Voy a enviarles un relato.
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Soy muy aficionado a los documentales. Durante tres días disfruté del que filmó Spike Lee sobre el desastroso Katrina y la más desastrosa respuesta del gobierno de George Bush. Seis horas de grabaciones geniales que me llegaron de manos de mi hijo neoyorquino. Del otro, el cineasta, recibí otro regalo no menos extraordinario, un documental llamado La sangre tibia del hombre, dirigida por Iván García, que durante más de dos horas, con imágenes poco vistas, describe con didactismo el porqué del enfrentamiento de esos dos terribles totalitarismos durante la Segunda Guerra Mundial: Rusia versus Alemania. Me parece inaudito que una película de esa calidad no se haya pasado por cines ni por televisiones.
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Un poco de siesta.
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Antes de pasar por mi oficina de verano, el pub Hannigans, pedirle la tónica a la chica irlandesa de la barra y sentarme entre hooligans que gritan en inglés mientras unos tíos corren tras un balón en Sudáfrica.
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Pues nada, el Internet del Hanningans se jodió. Me siento un homeless internáutico.
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Espero satisfacer la curiosidad de los que me pedían a toda costa proseguir con el diario.
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Hay que leerse las bases de los concursos literarios con la misma atención que las notificaciones que a uno le llegan de Hacienda. Vean, si no, lo rentable que es ganar un premio de novela que se llama Onuba y nada tiene que ver con La Fotógrafa Onubense:
Desde el primer ejemplar vendido de los 1.000 ejemplares de la 1ª edición de la novela galardonada con el Premio Onuba 2010, el autor devengará el 10%. De los ejemplares vendidos por encima de la cantidad antedicha, igualmente Editorial Onuba pagará al autor el 10%.
Es decir, que el premio es que el autor suelte de buenas a primeras 1.800 euros. ¡Fantástico!

miércoles, 16 de junio de 2010

NEWS

Dos excelentes y prestigiosos amigos me acompañarán en Granada presentando mis dos últimos libros: Melchor Sáiz-Pardo y Gregorio Morales.

Presentación en Granada
LA FRONTERA SUR / LA MUJER IGNEA
Día 24 de Junio, 19 horas. Casa de los Tiros.
Melchor Sáiz─Pardo
presenta La Frontera Sur
Gregorio Morales
presenta La mujer ígnea
Sirve los libros: Librería Picasso
.

Melchor Saiz-Pardo Rubio nació en Granada el 28 de noviembre de 1942. Casado y con 3 hijos. Se licenció en la Universidad de Granada, en la Facultad de Filosofía y Letras, especializándose en la sección de Historia y Geografía. Posteriormente estudió Periodismo en la Escuela Oficial de Periodismo y se graduó con el nº 1 de su promoción. Comenzó sus actividades periodísticas a los 18 años en el diario Patria de Granada, donde fue reportero, cronista, articulista y dibujante humorístico. Luego, mientras estudiaba en la Facultad de Filosofía y Letras, fue también subdelegado de su Facultad, al mismo tiempo que director de la revista de la Facultad, que se llamaba “Aula”.

Posteriormente, terminados ya sus estudios de Historia, se trasladó a Madrid, donde, mientras estudiaba en la Escuela de Periodismo, trabajó en la agencia de noticias Pyresa, de la que fue, posteriormente, redactor especializado en información universitaria y temas de actualidad. En esta agencia fue también reportero volante por España y el extranjero durante varios años y publicó multitud de reportajes y artículos en todos los periódicos de la entonces prensa estatal.
Luego hizo oposiciones a los Servicios Informativos de Televisión Española, oposiciones que sacó y estuvo prestando sus servicios como redactor de los telediarios de la Segunda Cadena de la Televisión Española. Posteriormente fue especialista del diario Pueblo en información y análisis universitario durante los años más duros del final del régimen de Franco. Más tarde se trasladó a Roma como jefe de la redacción romana de la Agencia Efe para Italia y el estado de la Ciudad del Vaticano, cargo en el que tuvo ocasión de tomar conocimiento profundo de lo que era la dinámica de la vida democrática en Italia, que aún no se había estrenado en España. Después de una oposición restringida, fue nombrado el 18 de julio de 1971, director del periódico IDEAL. Lleva, pues, 30 años como director de este periódico, que hace cuatro ediciones diarias: Granada, Costa de Granada, Jaén y Almería. En el desarrollo de su ejercicio profesional en los primeros años, tuvo que afrontar las dificultades de la censura previa y de la Ley de Prensa e Imprenta. Tuvo muchos problemas con la censura de aquellos años y estuvo a punto, incluso, de ser sometido a un consejo de guerra por una información sobre unas manifestaciones del Día de Andalucía.
Durante estos años el periódico IDEAL ha contribuido eficazmente a la consolidación de la democracia y de la apertura de la sociedad granadina, almeriense y jienense. Se han hecho, durante su mandato como director, diversas remodelaciones del periódico, la última de ellas hace unos días, que ha colocado al periódico IDEAL en un lugar puntero dentro de lo que es el diseño y la concepción moderna de lo que es un periódico regional, que se completa con una edición electrónica en Internet y que en próximos meses se va a completar también con una emisora de televisión. El periódico IDEAL ha pasado, durante la gestión de Melchor Sáiz-Pardo Rubio, de los 22.000 ejemplares que tenía en el año 71 hasta los 40.000 en los que se encuentra actualmente. Ha doblado, pues, casi la circulación del periódico en estos años, en una zona especialmente poco aficionada a leer, con niveles muy bajos de lectura.
Melchor Sáiz-Pardo ha participado desde hace 6 años como director y co-director en todos los cursos sobre comunicación, periódicos y problemas sociales que se han celebrado en la Universidad de verano de Granada, es decir,en el Centro Mediterráneo de la Universidad de Granada, en los que ha sido también profesor y animador de los mismos. Por otra parte, ha comparecido en numerosas manifestaciones de tipo cultural, informativo y educativo. Es el conferenciante animador de mesas redondas, de debates, de encuentros, de jornadas de estudio, y está obsesionado por todo lo que sea apoyar el desarrollo económico, social e intelectual de las ciudades y los pueblos de Andalucía Oriental: Granada, Almería, Jaén y la Costa de Granada.
Asimismo, ha participado también en conferencias, cursillos, cursos de perfeccionamiento profesional y cursos de formación permanente, que se han organizado en muchos puntos de España.
Melchor Sáiz-Pardo es Medalla de Andalucía del año 1998, la máxima distinción que la Junta de Andalucía establece para los ciudadanos andaluces que se han destacado en su profesión y en la defensa de los valores de nuestra comunidad autónoma. Posteriormente le fue otorgada la Medalla de Oro de la Ciudad. Ha sido director de RR. Institucionales de IDEAL. Actualmente es director del Aula de Cultura, articulista y miembro del Consejo de Administración de IDEAL y Teleideal y dirige la revista Garnata.

GREGORIO MORALES. Su infancia estuvo marcada por el asesinato de su abuelo, alcalde de una pequeña localidad granadina, en la Guerra Civil española, a manos de las fuerzas franquistas. Escribió sus primeros relatos cuando aún no había cumplido los 10 años. Estudió Filología Románica en la Universidad de Granada. En 1982, se traslada a vivir a Madrid, en cuyo Círculo de Bellas Artes funda la Tertulia de Creadores, por la que pasarían los más destacados miembros de la movida madrileña o posmodernidad española. En este misma fecha, publicó su primera novela Y Hesperia fue hecha. En 1989 publicó La cuarta locura, de la que Antonio Muñoz Molina ha dicho que "no puede ser leída impunemente".[1] La injerencia del poder en la cultura de la Transición le hizo fundar en 1994 el Salón de Independientes, que preside, y del que formarían parte 60 escritores. Muchos de los miembros de este Salón defendían una estética nueva, a la que se dio en llamar "estética cuántica". El cadáver de Balzac, que Morales publica en 1998, es el manifiesto de esta estética. En 1999, se fundaría el Grupo de Estética Cuántica. Iniciado el siglo XXI, Morales publicó algunas de sus más emblemáticas novelas, como La individuación, Puerta del Sol o Nómadas del tiempo. A la par, creció en numerosas partes la polémica en torno a la estética cuántica.[2] En la mentada Puerta del Sol (2002), Morales trata del amor y de la violencia de género, pero a través de un argumento en que el protagonista niño se enfrenta al asesino que será de mayor, y éste, al niño que fue, en una turbadora simultaneidad de tiempo y espacio. En Nómadas del tiempo (2005), Gregorio Morales vuelve a tratar los mismos problemas, aunque, en esta ocasión, se pregunta si el amor está necesariamente unido a la edad y al tiempo; para ello, hace viajar a dos parejas a dimensiones paralelas, en las que cambian su edad y circunstancias.
La estética cuántica no tiene relación con la denominada ciencia-ficción, ya que ésta pone el énfasis en la técnica o en las realidades diferentes, mientras el objetivo de autores como Gregorio Morales es el conocimiento del ser humano. Esto no significa que no muestre mundos virtuales, como el caso de Ptawardya, en la citada novela Nómadas del tiempo.
Gregorio Morales se ha servido también del ensayo para abogar por la estética cuántica, siendo su obra fundamental en este sentido la ya citada El cadáver de Balzac (1998), donde, aun respetando al gran novelista francés, censura su depauperada imitación y propugna un nuevo paradigma que abra el misterio al lector y lo haga convivir con él. Este libro estuvo en la base de la fundación de la estética cuántica, que se extendió internacionalmente, hasta aparecer en Estados Unidos The World of Quantum Culture (2002), cuyo primer capítulo, “Overcoming the Limit Síndrome”, pertenece a Gregorio Morales. El libro ha sido traducido en España como El mundo de la cultura cuántica (2003).
En Principio de incertidumbre (2003) y La isla del loco (2005), el autor profundiza y extiende las ideas contenidas en El cadáver de Balzac.
Gregorio Morales no es sólo novelista, sino que ha cultivado también el relato breve, con libros como El devorador de sombras (2000).
En definitiva, Gregorio Morales cultiva y une todos aquellos géneros que transgreden los límites de la vida cotidiana. Por ello, junto a la ciencia y al terror, el erotismo constituye otra de sus constantes. Morales es autor de El juego del viento y la luna (1998), la única antología erótica universal existente en castellano, el libro de relatos Erótica Sagrada (1989) y el ensayo Por amor al deseo. Historia del erotismo (2006).
Gregorio Morales es miembro de número de la Academia de Buenas Letras de Granada y columnista en el diario IDEAL de Granada. Milita en Izquierda Republicana.

LAS RESEÑAS

LA FRONTERA SUR – JOSÉ LUIS MUÑOZ.
Publicado el 12 Junio 2010 ¬ 0:01h.Celia Santos»
LA FRONTERA SUR.
AUTOR: José Luis Muñoz.
EDITORIAL: Almuzara.
ISBN: 978-84-92924-19-6.
Nº DE PÁGINAS: 373.
Reseña realizada por Celia Santos.
Mike Demon es un vendedor se seguros que lleva una vida tranquila y convencional en California. Tienes mujer, un hijo, una bonita casa y un buen nivel social. Pero esa vida perfecta, envidiable le resulta anodina, apática. Las circunstancias de su trabajo le obligan a viajar de un lado a otro. En uno de esos viajes cruza la frontera de México y llega a Tijuana. Allí conoce a Carmela, la hermosa camarera que lo arrastra a una pasión desconocida para él hasta ese momento, un torbellino de emociones que no siempre serán placenteras. Conocerá la pasión más encendida, el delirio más intenso, pero también la miseria y la vileza intrínseca a la condición humana.
Con esta novela, Jose Luis Muñoz se hizo con el IV Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona, pero con ella también se ha afianzado como una de las voces más notables de la narrativa nacional. Tras escribir novelas como Lluvia de níquel, Pubis de vello rojo, El mal absoluto o El corazón de Yacaré, con La frontera sur empieza su carrera como escritor consagrado.
En esta ocasión, la trama se desarrolla en un territorio tan hostil como atrayente; la frontera entre Estados Unidos y México. El autor nos muestra las diferencias entre “norte y sur”, los anhelos de unos por viajar al norte en busca del paraíso, y el deseo de otros por lo que el sur ofrece; mujeres y libertad, una libertad que en la mayoría de ocasiones se ve truncada por las imposiciones sociales y la falsa moral, que en esta historia vemos reflejada en la doble vida de Mike Demon, mujeriego, infiel y falto de escrúpulos.
El autor nos acompaña de la mano por ese mundo oscuro, peligroso y miserable, y en más de una ocasión nos deja asomarnos al abismo de las miserias humanas donde la sensación de vértigo nos obliga a agarrarnos al sillón para no caernos. Escenarios en los que podemos sentir en la boca el polvo de los caminos, el calor sofocante que nos hará sudar y sentir el agobio de una tierra hostil como es esa zona en la que los dos mundos se mezclan sin llegar a unirse.
José Luis Muñoz nos describe un mundo lejano pero real, que muchos consideramos ajeno a nosotros, pero un mundo que existe y que estoy segura que en esta obra se ve reflejado casi a la perfección.
Pero si algo cabe destacar de esta novela, son sus personajes. Todos ellos con vida propia, personajes llevados al límite, pero que fluyen sin ser forzados, sin artificios, sin exageraciones, pero capaces de contarnos historias duras y desgarradoras; la inmoralidad del protagonista, Mike Damon, la brutalidad de Fred Vargas, el policía, o la fuerza y valentía de Carmela, que pese a su situación, aún mantiene vivos algunos de sus sueños.
Una novela que, en ocasiones, nos revolverá las tripas, en otras nos emocionará pero lo que no hará nunca es dejarnos indiferentes.
Felicidades, Jose Luis, has escrito una gran novela.
La Mujer Ígnea quiere
desafiar tus emociones más oscuras
09/05/10 por Redacción Sección: Cultura y espectáculos, España

Pocos libros pueden presumir de estar elaborados con relatos que han sido premiados en su totalidad. Porque José Luis Muñoz, responsable de esta irrepetible selección de historias, es uno de los pocos escritores que buscan obsesivamente sus propios límites… y el de lectores.
En su nueva creación le acompaña Una Mujer Ígnea y otros Relatos Oscuros. Así presenta Neverland Ediciones uno de los lanzamientos literarios de la temporada. Y del año: José Luis Muñoz nos impactará durante mucho tiempo.
Ha dicho…:
Manuel Vázquez Montalbán
Estamos ante un autor inquieto, en progresión y en perpetua crisis de ubicación. A pesar de ser uno de los más dotados entre los cultivadores de “novela negra”, no parece sentirse a gusto en el encasillamiento y busca renovarse a sí mismo, de momento por la elección de pautas subgenéricas diferentes.
Argumento:
Un miliciano republicano que se conmueve ante el amor de una chiquilla y eso le hace dudar al tener que ejecutar a un terrateniente durante la contienda civil española. Un veterano inspector de policía, a un paso de jubilarse, que intuye que el caso que está a punto de resolver va a ser, definitivamente y en el sentido más amplio del término, el último de su vida. Un agente que debe eliminar, durante un trayecto en tren, a un espía nazi pero intuye que alguien le está tendiendo una trampa y va a terminar ejecutando a un inocente. El cadáver descuartizado de una mujer que hará la vida imposible a su asesino como se la ha hecho cuando estaba viva. Una misteriosa y bella cantante de soul que alterará para siempre la vida del locutor que la entrevista. Un violador confeso que probará en sus carnes su propia medicina. Una inofensiva conversación sobre el mostrador de un bar canario que destapa el rastro de un crimen, entre raciones de queso y vasos de tinto. Dos policías norteamericanos que descubren el cadáver de la mujer con la que soñó media humanidad y ellos como parte integrante de ella. Una historia de pasiones, celos y venganzas entre dos androides. Una misteriosa mujer negra que se convierte en mantis religiosa y se queda con el botín de un atraco casi perfecto que acaba en un baño de sangre por las rivalidades entre sus miembros. Un comensal disgustado por su plato de pasta al dente que decide ajustar cuentas pendientes con el propietario del restaurante. Un oficinista de un banco que es confundido con un asesino a sueldo y decide suplantarlo y dar un vuelco a su monótona vida. Una niña que escribe sobre sus últimos momentos en el tren de la muerte que le lleva al matadero de Auschwictz. Un misterioso escritor que le cede a un colega primerizo su inabarcable biblioteca y su experiencia en el proceloso mundo de la literatura antes de desaparecer de escena. Unos hermanos recién salidos de la cárcel que van a hacer una visita a un antiguo colega y se encaprichan de su mujer, lo que tendrá consecuencias fatales para todos. Un ajuste de cuentas a muerte en la arena de una playa barcelonesa. El actor porno cuya primera y última película fue la que rodó con la mítica rubia platino que le dejó marcado de por vida. El carácter obsesivo de un escritor de novela negra que lo lleva a convertirse en un asesino cuando comienza a sospechar que su cerrajero no es hombre de fiar. Unas hormigas tenaces que se multiplican, invaden y destruyen todo a su paso. Un iraquí que sufre en sus carnes lo que es la guerra contra el terror, el terror a la enésima potencia.
Veinte relatos de muy diversa factura, fronterizos todos ellos con el género negro y el fantástico, dieciocho miradas inquietantes a la parte más oscura que todos llevamos dentro, desde la Alemania nazi a la España de la guerra civil, desde las historias de amor con fantasmas a las de atracos casi perfectos, terminando en la insoportable guerra de Irak. Escritores fracasados, sicarios que dudan, revolucionarios contradictorios, policías a un paso de la jubilación, androides con pasiones muy humanas, violadores, actores porno demasiado aficionados, pandilleros, psicópatas que se convierten en víctimas, cantantes de soul con voz de terciopelo y la rubia más deseada del mundo recorren las páginas de LA MUJER ÍGNEA Y OTROS RELATOS OSCUROS.

Una mirada tan oscura como premiada
El Autor:

JOSÉ LUIS MUÑOZ (Salamanca, 1951)
Novelista, articulista y viajero. Colaborador de las revistas Viajes National Geographique y Traveler ─ha desarrollado casi toda su carrera literaria en Barcelona. Cultivador de género negro ─Barcelona negra, El cadáver bajo el jardín, La casa del sueño, Mala hierba, El final feliz, La precipitación, Último caso del inspector Rodríguez Pachón, La caraqueña del Maní─, del que es uno de sus más consolidados representantes, ha frecuentado otros géneros literarios como la novela histórica ─Los ritos secretos y la trilogía La pérdida del Paraíso sobre el descubrimiento de América─, la novela erótica ─La malformación de R. Melic, El sabor de su piel y Pubis de vello rojo─, la novela fantástica ─Serás gaviota─, la novela de terror ─Los ojos ajenos y El Barroco─ y la humorística ─Lifting.
Ha publicado, asimismo, los libros de relatos La lanzadora de cucCursivahillos, Una historia china y Viajeros de sí mismos, y numerosos cuentos en las revistas Interviú, Playboy y Penthouse, así como en diversas antologías. Entre los prestigiosos premios literarios obtenidos destacan el Tigre Juan, Azorín, La Sonrisa Vertical, Café Gijón y Camilo José Cela de novela. Sus últimas novelas publicadas son El mal absoluto (Algaida, 2008), un trhiller que gira alrededor del Holocausto que mereció el premio Ciudad de Badajoz de novela en el año 2007, y El corazón de Yacaré (Imagine Ediciones, 2009), una novela romántica y negra ambientada en un país ficticio de Sudamérica presentada en la Miami Book Fair International.
LA MUJER ÍGNEA Y OTROS RELATOS OSCUROS
Neverland Ediciones. Abril 2010
ISBN: 978-84-937450-3-5
Págs.: 256 páginas
Precio: 17€
C/Camino de las Cruces, 20 local. 28300 Aranjuez (Madrid)
Teléfono: 91 865 77 36
www.neverlandediciones.com
La Mujer ígnea y otros relatos oscuros
José Luis Muñoz
ISBN: 978-84-937450-3-5
Editorial: Neverland
Nº Edición: 1
Fecha de edición: 04-2010


SINOPSIS

Un miliciano republicano que se conmueve ante el amor de una chiquilla y eso le hace dudar al tener que ejecutar a un terrateniente durante la Guerra Civil española. El cadáver descuartizado de una mujer que hará la vida imposible a su asesino como se la ha hecho cuando estaba viva. Una misteriosa mujer negra que se convierte en mantis religiosa y se queda con el botín de un atraco casi perfecto que acaba en un baño de sangre. El carácter obsesivo de un escritor de novela negra que lo lleva a convertirse en un asesino cuando comienza a sospechar que su cerrajero no es hombre de fiar... En La mujer ígnea y otros relatos oscuros, de muy diversa factura fronterizos todos ellos con el género negro y el fantástico, el lector encontrará distintas e inquietantes miradas a la parte más oscura que todos llevamos dentro.

RESEÑA DE MARTA FARRERAS

La nueva obra del prolífico y premiado autor José Luis Muñoz son veinte relatos con diferentes estilos, veinte historias que han sido premiadas. El eje que las une es el haber sido galardonadas. El otro nexo de unión podría ser el que son historias directas y contundentes; usa todos los ingredientes como es el sexo, violencia, muerte, pasiones, celos y venganzas. Algunas historias pertenecen al genero negro otros son relatos eróticos. Algunos de los cuentos son incluso demasiado agresivos pero son breves y se leen muy bien.

No creo que ninguno de estos relatos sea cotidiano. Dicen que el erotismo en la literatura ocupa un lugar pequeño, posiblemente pero estos relatos eróticos escritos por Jose Luis Muñoz pasan del erotismo a la agresividad ; a veces ésta me parece gratuita.

El único relato que ya habia leido es UNA EXTRAÑA HERENCIA y vuelve a gustarme. Es uno de los mejores; un claro homenaje a Madrid con sus porras, las torrijas,el café Gijón y, como no, el bocadillo de calamares. Tambien hace un homenaje en estos relatos a la bella Marylin Monroe en MIS 15 MINUTOS CON NORMA y M M y tambien a Cuba y, como no, a Barcelona en otros relatos muy faciles de leer.

En las páginas de LA MUJER ÍGNEA Y OTROS RELATOS OSCUROS una además puede leer EL TERROR, relato inédito que se inspira en la macabra existencia de barcos de tortura en aguas internacionales y por tanto al margen de toda ley. Este relato es muy crudo. Otro relato inédito en esta antología es EL CERRAJERO. En estos cuentos echo de menos el sentido del humor y tambien echo de menos los relatos sobre viajes; José Luis Muñoz los tiene y ademas relatos muy buenos.

En la revista Playboy Muñoz publicó LOS HERMANOS NEBRASKA que, aunque erótico, se podría catalogar dentro de la novela negra o novela policial junto con UN TAL SEÑOR IBAÑEZ y EL ATRACO AL BANCO todos con una prosa nada complicada.

Dentro del género fantástico hay uno de muy lindo que es LA MUJER ÍGNEA que da el titulo al libro. Recomiendo leer a este autor y si se empieza por este relato se encontrarán con ganas de leer mas. Son en definitiva cuentos cortos - en ellos una tambien se da cuenta que el autor le gusta el Jazz y el Soul y la música caribeña - reunidos en un total de 249 paginas que te las echas en un dia de lluvia. Pero de momento si no han leido nada de Jose Luis Muñoz esta recopilación es un buen aperitivo.

MARTA FARRERAS
Publicado por josephb macgregor en 18:27
Etiquetas: Autores Españoles, Cuentos, Marta Farreras

LA CRÓNICA

LIBROS EN NEGRA Y CRIMINAL,
ARROZ EN LA RÍA DE VIGO.
Llegué, a lomos de mi bicicleta, al templo negro y criminal de la calle La Sal de la Barceloneta. Tras amarrarla y desmontar el sillín ─ voy a poner dificultades para que me roben el nuevo que me han puesto en Decatlon, que, con la crisis, roban hasta los radios de las ruedas ─ y lavarme las manos grasientas ─ hube de arreglar la cadena en mi trayecto previo por la fachada marítima de Barcelona ─ en el reducido lavabo de la librería ─ si desayuno más fuerte es que no entro ─ estreché manos de los allí presentes, que, a esa hora, quince minutos antes de la una, ya eran muchos, lo que presagiaba el éxito de la convocatoria. Saludé a Paco y a Montse, libreros de toda la vida, al autor y colega Leo Coyote que es tan divertido en persona como en sus páginas, y empezaron a llegar conocidos con los que me fui emocionando progresivamente a base de abrazos y besos: la actriz argentina Susana Villafañe, que ejerció de fotógrafa, la bloguera literaria y star mediática Celia Santos, a quien agradecí la elogiosa reseña y la estupenda entrevista que colgó en Más que palabras la víspera, los hermanos Balada integrados por Jordi, a quien hacía tres años no veía, y Andreú, que conserva el bronceado de su reciente estancia en Ecuador; la selecta representación de mi club de fans de Terrassa, bellas y exquisitas; la mezzosoprano Marta Areny, que cumplió la promesa de la noche anterior; el escritor venezolano Marcos Tarré Briceño y esposa, que llegaron rezagados, cuando de los mejillones no quedaban más que las conchas y me trajeron chocolate, de comer, que hay que precisar, y empezamos la presentación a las 13 horas, con puntualidad británica, de pie, en una Negra y Criminal a rebosar de gente, tanta que no cabían todos, y lo hizo primero Leo Coyote, a quien pienso dar un papel en mi próxima novela de mexicanos, que alabó mi libro de relatos La mujer ígnea y otros relatos oscuros que, dijo, en algún momento le causó pavor, para pasar a La Frontera Sur, novela que le pareció magnífica, de las que atrapan y no sueltan, y de la que leyó algún párrafo con dicción excelente; tomé luego yo la palabra para, tras explicar el sistema de selección de mis relatos y los orígenes de La Frontera Sur, que se remontan a Lluvia de níquel, alabar el sentido del humor de Otro día en el paraíso, su irreverencia total, lo bien aplicado de su lenguaje coloquial y la amenidad de sus doscientas páginas, tras lo que hubo salvas de aplausos que precedieron a la ingesta de mejillones y vino tinto: Tanto vendió Leo Coyote que, a los dos minutos, se quedó sin ejemplares que firmar. Yo sí tuve. Firme en la librería, firmé al sol, firmé de pie, y en cada uno de las dedicatorias puse Barceloneta en vez de Barcelona, porque Barcelona es un conjunto de lands. Entre autógrafo y autógrafo pude saludar a Teresa Muñoz, la jovencísima directora de adultos de EDB, y a la escritora Cecilia Bardají que me obsequió con un ejemplar dedicado de su primera novela La perdiz blanca que ya estoy leyendo con placer sumo.
El sol y el hambre llevó a un selecto grupo hasta La Ría de Vigo de la Barceloneta en el que tuvieron que improvisar una jaima y desmontar medio restaurante para acomodar a los 19 comensales tras la deserción, afortunada, de los venezolanos, porque no se cabía. Con buen vino blanco brindamos por nuestros éxitos literarios, los de Leo Coyote, que había agotado los libros, y los míos, que este año entré con buen pie. Y picando pescadito frito, calamares y croquetitas hicimos tiempo para las maravillosas paellas que vinieron luego, que estaban realmente buenas pese al estrés que le dio al dueño del restaurante al ver semejante grupo desembarcar en sus reales. A los postres. la mezzosoprano Marta Areny, jaleada por su vecina de mesa Cecilia Bardají, se arrancó a cantar una habanera que todos escuchamos con devoción mientras saboreábamos los xarrupets de llimona con vodka: Celia Santos que, además de derrochar simpatía, es paisana, y Susana Villafañe, situadas a mi siniestra y diestra, inmortalizaron el evento con las fotos que acompañan, esta crónica. Se habló, como no, de literatura, se pasó luego al cine, a la música, que todos éramos muy cultos, y hubo, en todo momento, lo que por estas tierras del norte se llama bon rotllo.
Sin exageraciones, la mejor presentación de mi vida, por los que estuvieron, a los que, desde aquí, doy las gracias y espero ir viendo siempre que me dejé caer por Negra y Criminal.
Mil gracias, o dos mil, a Celia Santos y Susana Villafañe que fotografiaron el evento y me prestaron, ¿o no?, las fotos.