viernes, 15 de octubre de 2010

MIS LIBROS

MAREA DE SANGRE
José Luis Muñoz
(Erein, Cosecha Roja, 2010)
Cuarto libro en un año especialmente fructífero. El 28 de mi carrera literaria y mi novela número 24. Mudo el escenario geográfico. No me muevo por la Venezuela de Chávez ni por la Alemania nazi ni por la frontera USA/México sino por un terreno mucho más cercano: la Costa Brava. Y retrocedo en el tiempo, nada menos que 22 años, que no son pocos, porque la acción transcurre a finales de los años ochenta, con la peseta y una democracia en pañales. Casi una novela histórica. El escenario es Playa de Aro en invierno, un decorado fantasma devorado por la niebla que sufre invasiones periódicas durante los estíos. Y los personajes de este drama sórdido y violento son un policía municipal harto de todo, una esposa alcoholizada, un guardia civil nostálgico de los viejos tiempos, unos banqueros corruptos, una prostituta joven e inocente, un pied noir indeseable y de oscuro pasado, una inválida madame que suspira por su juventud perdida, un chinomexicano al que siempre se le inunda su restaurante asiático, un coronel retirado que cada mañana recorre la playa con el ABC bajo el brazo, una turista que no fuma pese a que su apartamento huela a tabaco, un concejal de urbanismo que no paga las multas, una agente municipal algo promiscua y entrada en carnes, un portero de unos rascacielos, un guarda de un puerto deportivo con muchos secretos ocultos, coches de lujo, motoras de muchos metros de eslora, solares dados a la especulación y alguna que otra podredumbre habitual en esas charcas. ¿Por qué Playa de Aro? Bueno, fue el destino de muchos veraneos y aún siento cierta nostalgia por esas arenas. Y la novela es un homenaje a la villa costera, o una venganza. Solapa
JOSÉ LUIS MUÑOZ (Salamanca, 1951) Este novelista multipremiado (Tigre Juan, Azorín, La Sonrisa Vertical, Café Gijón y Camilo José Cela, entre otros), y figura clave del género negro en España, ha transitado con igual fortuna por el fantástico (Serás gaviota, El Barroco, Los ojos ajenos), el erótico (Pubis de vello rojo, La malformación de R. Melic, El sabor de su piel), la novela histórica (La pérdida del Paraíso y Los ritos ajenos), o el humor (Lifting). Dentro del negrocriminal ha publicado las novelas El cadáver bajo el jardín, Barcelona negra, La casa del sueño, El final feliz, Mala hierba, La precipitación, Lluvia de níquel, Último caso del inspector Rodríguez Pachón, La caraqueña del Maní y El mal absoluto.
2010 ha sido para este autor un año especialmente fructífero con un libro publicado en Francia, Babylone Vegas (Actes Sud), y tres en España: La Frontera Sur (Almuzara), La mujer ígnea (Neverland), y Marea de sangre. Sus obras han sido traducidas al búlgaro, checo, italiano y francés y tiene en la red el blog de literatura, cine, viajes y sociedad La soledad del corredor de fondo, http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com
CONTRAPORTADA
En invierno Playa de Aro es una urbe fantasmal. Dos aparentes suicidios sacuden el marasmo hibernal de la población. Ismael Ortiz, jefe de la policía local, se coge a ellos para huir de una rutina que lo está matando lentamente y de una esposa alcoholizada. Pero no es asunto suyo, como le advierte el teniente de la Guardia Civil Abel González, un nostálgico de los viejos tiempos. El policía municipal, ayudado por una de sus agentes, no suelta la presa y sigue, pese a quienes se empeñan en obstaculizarlo, con la investigación de esas dos muertes que está convencido nada tienen de fortuitas.
Marea de sangre es una novela en la que se dan cita crímenes del pasado, sin resolver, con los del presente. Una narración hipnótica que avanza a medida que se desentraña una intrincada madeja en la que aparecen políticos corruptos, banqueros sin escrúpulos, agentes de la ley que miran hacia otro lado, testaferros rebeldes, prostitutas tiernas, narcotraficantes violentos y pied noir sin alma, fauna microbiana que tiene rápido desarrollo en las charcas de nuestras costas. Pero es también un concienzudo estudio de personajes, con sus bajezas, contradicciones y doblez moral, y una acertada descripción de la sociedad española del año 1988, ávida de dinero fácil a cualquier precio. “La trayectoria narrativa de José Luis Muñoz es lo suficiente amplia y fructífera que, sin lugar a dudas, podríamos calificarlo como uno de los autores contemporáneos más importantes, y mejor valorados, del panorama literario español de las últimas décadas” (Pedro M. Domene en Cuadernos del Sur)

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LA MUJER ÍGNEA Y OTROS RELATOS OSCUROS ESTARÁ EN GETAFE NEGRO
Domingo, 24 de octubre, a las 12 horas, Javier Vázquez Losada charlará con José Luis Muñoz sobre su libro de relatos.
Un miliciano republicano que se conmueve ante el amor de una chiquilla y eso le hace dudar al tener que ejecutar a un terrateniente durante la contienda civil española. Un veterano inspector de policía, a un paso de jubilarse, que intuye que el caso que está a punto de resolver va a ser, definitivamente y en el sentido más amplio del término, el último de su vida. Un agente que debe eliminar, durante un trayecto en tren, a un espía nazi pero intuye que alguien le está tendiendo una trampa y va a terminar ejecutando a un inocente. El cadáver descuartizado de una mujer que hará la vida imposible a su asesino como se la ha hecho cuando estaba viva. Una misteriosa y bella cantante de soul que alterará para siempre la vida del locutor que la entrevista. Un violador confeso que probará en sus carnes su propia medicina. Una inofensiva conversación sobre el mostrador de un bar canario que destapa el rastro de un crimen, entre raciones de queso y vasos de tinto. Dos policías norteamericanos que descubren el cadáver de la mujer con la que soñó media humanidad y ellos como parte integrante de ella. Una historia de pasiones, celos y venganzas entre dos androides. Una misteriosa mujer negra que se convierte en mantis religiosa y se queda con el botín de un atraco casi perfecto que acaba en un baño de sangre por las rivalidades entre sus miembros. Un comensal disgustado por su plato de pasta al dente que decide ajustar cuentas pendientes con el propietario del restaurante. Un oficinista de un banco que es confundido con un asesino a sueldo y decide suplantarlo y dar un vuelco a su monótona vida. Una niña que escribe sobre sus últimos momentos en el tren de la muerte que le lleva al matadero de Auschwictz. Un misterioso escritor que le cede a un colega primerizo su inabarcable biblioteca y su experiencia en el proceloso mundo de la literatura antes de desaparecer de escena. Unos hermanos recién salidos de la cárcel que van a hacer una visita a un antiguo colega y se encaprichan de su mujer, lo que tendrá consecuencias fatales para todos. Un ajuste de cuentas a muerte en la arena de una playa barcelonesa. El actor porno cuya primera y última película fue la que rodó con la mítica rubia platino que le dejó marcado de por vida. El carácter obsesivo de un escritor de novela negra que lo lleva a convertirse en un asesino cuando comienza a sospechar que su cerrajero no es hombre de fiar. Unas hormigas tenaces que se multiplican, invaden y destruyen todo a su paso. Un iraquí que sufre en sus carnes lo que es la guerra contra el terror, el terror a la enésima potencia. Veinte relatos de muy diversa factura, fronterizos todos ellos con el género negro y el fantástico, dieciocho miradas inquietantes a la parte más oscura que todos llevamos dentro, desde la Alemania nazi a la España de la guerra civil, desde las historias de amor con fantasmas a las de atracos casi perfectos, terminando en la insoportable guerra de Irak. Escritores fracasados, sicarios que dudan, revolucionarios contradictorios, policías a un paso de la jubilación, androides con pasiones muy humanas, violadores, actores porno demasiado aficionados, pandilleros, psicópatas que se convierten en víctimas, cantantes de soul con voz de terciopelo y la rubia más deseada del mundo recorren las páginas de LA MUJER ÍGNEA Y OTROS RELATOS OSCUROS. Han dicho sobre LA MUJER ÍGNEA Y OTROS RELATOS OSCUROS

José Luis Muñoz es un gran contador de historias que sabe jugar con el lector llevándole a su terreno para provocarle mil y una sensaciones.
Con una prosa muy cuidada y cercana al habla cotidiana, sabe dotar a los personajes del lenguaje del mafioso, del ladrón o del asesino cuando el relato lo requiere.
VERÓNICA BUTLER, ANIKA ENTRE LIBROS





Dentro del género fantástico hay uno de muy lindo que es LA MUJER ÍGNEA que da el titulo al libro. Recomiendo leer a este autor y si se empieza por este relato se encontrarán con ganas de leer mas. Son en definitiva cuentos cortos - en ellos una tambien se da cuenta que el autor le gusta el Jazz y el Soul y la música caribeña - reunidos en un total de 249 paginas que te las echas en un dia de lluvia. Pero de momento si no han leido nada de Jose Luis Muñoz esta recopilación es un buen aperitivo.
MARTA FERRERAS, MACGREGORADAS

Haciendo gala de una extensa versatilidad estilística y temática los relatos reúnen gentes, sucesos y situaciones que van desde el crimen sórdido al erotismo crudo y las abominables torturas silenciadas de la guerra de Irak- Si no hay tiempo para leer todas las historias, recomiendo cinco: «El otro Klaus». «Manjar de ratas», «El atraco al banco». «El terror» y «La mujer ígnea», un homenaje inconsciente y confeso del autor al maestro Julio Cortázar.

FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ, ABC

Posee una gran capacidad para el dominio del género. Los relatos no son micronovelas, sino auténticas obras de] género. Sus dimensiones son siempre las correctas. El control sobre el género se percibe en la pertinencia del desenlace, que a veces es abierto y en otras ocasiones rotundamente cerrado.

RECAREDO VEREDAS

Pocos libros pueden presumir de estar elaborados con relatos que han sido premiados en su totalidad. Porque José Luis Muñoz, responsable de esta irrepetible selección de historias, es uno de los pocos escritores que buscan obsesivamente sus propios límites… y el de lectores.
NEVERLAND
La mujer ígnea y otros relatos oscuros no sólo depara al lector un puñado de momentos deliciosamente incómodos, sino que supone un ajustado acercamiento al universo de uno de esos autores que, a fuerza de trabajar las palabras, a fuerza de depurar estilo, consiguen que lo difícil parezca fácil. Y eso, quien quiera que alguna vez haya cogido lápiz y papel y se haya propuesto contar una historia, conoce bien su valor.
RUBÉN SÁNCHEZ EN OTRO LUNES

CINE

ENTERRADO
Rodrigo Cortés
¿Se puede filmar un thriller de acción en un único escenario? ¿Se puede rodarlo, además, en un escenario reducido, mínimo, como un ataúd? ¿Se puede hacer todo eso con un solo actor y sin recurrir a flash backs? La respuesta lógica sería no. Rodrigo Cortés consigue lo imposible en Enterrado, la película sensación del Festival de Sundance, la pequeña y barata producción española que puede convertirse en el más brillante exponente de nuestro cine. Paul Conroy, un conductor que trabaja para una empresa de transportes en el Irak ocupado, sufre una emboscada, es secuestrado y enterrado en un ataúd bajo la arena del desierto en un punto indeterminado del país. Cuando despierta tiene, para sobrevivir, una linterna, un teléfono móvil, con escasa cobertura cuya batería se agota, una navaja y noventa minutos, los que dura la película, de oxígeno para ser rescatado. Esta es la simple premisa del milimétrico guión del norteamericano Chris Sparling que pasaba de mano en mano porque ningún realizador se atrevía a filmarlo por imposible, hasta que Rodrigo Cortés tuvo la osadía de llevarlo a cabo. Enterrado es la constatación de que en el cine, cuando hay talento, y en esta película hay toneladas de él, sobran los medios. Con un único actor, el omnipresente Ryan Reynolds, que terminó agotado por el rodaje exhaustivo, del que el espectador ve su rostro crispado e intuye su cuerpo encajonado en esa tumba, un único escenario, el ataúd, y una trama bien simple, el realizador, con ingenio e imaginación, confecciona un thriller sorprendente, nada reiterativo y extraordinariamente crítico que arrastra al espectador por esa hora y media angustiosa de encierro hasta un sorprendente final. Enterrado no es sólo un virtuoso ejercicio de filmación en un espacio extraordinariamente reducido ─ Cortés se las ingenia para imaginar planos novedosos, incluso cenitales, en esos escasos centímetros cuadrados de set débilmente iluminados por el mechero zipo, la linterna o la luz que irradia la pantalla del teléfono móvil, que se convierte en el cordón umbilical que lo une al mundo exterior, su única posibilidad de salvación ─ , también es un ejemplo de manejo ejemplar de los diálogos ─los que el desesperado Paul Conroy establece con su empresa, con el Pentágono, con un agente especialista en rescatar secuestrados, con los secuestradores que exigen un millón de dólares, con su madre amnésica internada en una residencia y su esposa ─ y de cómo construir con ellos a los otros personajes de la función, las voces que acompañan al secuestrado, vía móvil, y al propio Paul Conroy, que va dibujándose a través de sus preguntas y respuestas, de las inflexiones de su voz según quién sea su interlocutor. Durante noventa minutos de tiempo real, los que dura el encierro, el espectador está con ese conductor bajo tierra, sufre, llora, estalla de rabia, siente ansiedad, esperanza y frustración. Rodrigo Cortés visualiza de forma magistral la peor pesadilla de Edgar Allan Poe y la traslada al peor escenario posible actual, al infierno actual: la guerra de Irak. Enterrado es una lucha contrarreloj ─ hay dos relojes que dicen que el tiempo se acaba: la batería del móvil y la arena que va entrando en el habitáculo por una de sus grietas ─ de un hombre por sobrevivir a toda costa frente a un sistema burocrático para el que él es una pieza absolutamente prescindible o incluso molesta. Por ello la película de Rodrigo Cortés es una fábula sobre los entresijos del poder y el nulo valor de la vida de los ciudadanos de a pie frente a los poderes políticos y económicos que rigen nuestro mundo. Enterrado habla, y lo hace con acritud, de política, del papel de los contratistas y los espúmeos negocios privados que llevaron a la invasión y destrucción de Irak, un delito internacional que no se ha juzgado, pero también de la naturaleza ruin de las relaciones laborales (puede que una de las secuencias más duras del film sea la rescisión del contrato de Conroy con su empresa, vía teléfono móvil, tan terrible como las amenazas de los secuestradores). Demoledora, además de brillante, la sorprendente película de Rodrigo Cortés es una genial vuelta de tuerca al cine de Hitchcock por uno de sus discípulos aventajados. Sobresaliente. Sí, porque sobresale de lo ya visto.
JOSÉ LUIS MUÑOZ

EL FOTÓGRAFO

Alberto García-AlixEl universo de Alberto García-Alix (León, 1956) no es apto para todos los públicos. Como tampoco lo era el de Robert Mappelthorpe, el fotógrafo norteamericano que recogía en sus instantáneas cuerpos masculinos negros de musculatura prodigiosa y piel bruñida, retratos del mundo del cine y de la moda y penes en erección. Con Mappelthorpe este leonés, llamado fotógrafo de la movida, (lo que es una injusta reducción de su arte, que es mucho más amplio y universal), comparte su espíritu transgresor y forma de mirar la vida: hasta el límite del abismo. Por la mirada del Premio Nacional de Fotografía en 1999 pasean actores de cine, del convencional (Emma Suárez) y del porno (Nacho Vidal); yonquis con los brazos perforados y la mirada perdida; reclusos con pecho tatuado, cicatrices y mirada torva; prostitutas en actitudes laborales; edificios inclinados sobre fondos de nubes grises; calles torcidas y desaseadas de extrarradios; cantantes flamencos con fama de malditos… En sus desnudos impactantes no hay la coartada estética de Helmut Newton, otro provocador, sino mostración brutal de anatomías genitales. García-Alix retrata con ternura la marginalidad, rehúye el mundo del éxito (los retratos de Almodóvar o Alaska son anteriores a su consagración), fija el objetivo en los perdedores de esta sociedad, como hace la buena novela negra, que es más social que policiaca, y se autorretrata, tatuado, con el pene en la mano y una máscara inquietante en el rostro. Aunque todas sus fotos son autorretratos. Y cada foto, un relato, de lo que hubo antes, de lo que habrá después.De una exposición titulada con el contundente nombre de De donde no se vuelve (2008), que sería una maravilloso titulo para una novela negra, en el Museo Reina Sofía de Madrid, surgió un libro extraordinario, y de éste un video en el que el fotógrafo leonés documenta sus imágenes y las acompaña de su voz y sus propios textos. Escribimos para cambiar a nuestros lectores, aunque sea por los breves instantes que pierden en leernos. Lo demás es escapismo. Sin duda, quienes se acerquen, sin prejuicios, al universo fotográfico de García-Alix, van a sentir una punzada en el corazón y un revulsivo en sus tripas, todo menos indiferencia, más dolor que placer. El leonés retrata la vida y sus cicatrices, la apoteosis de ésta, que es la explosión del sexo, y su contrario: la muerte. Y lo hace mostrándolos cómo son, frontalmente y sin subterfugios. Alguien que copula, con violencia, en un descampado, con una profesional sentada en su silla de espera y con la botella de agua limpiadora en el suelo, se mezcla con los fríos pies de quien descansa, para siempre, en la morgue. Eros/ Tánatos. Las miradas duras, cortantes, de este leonés universal de ojos tan grandes como magra es su anatomía castigada por su sinfín de tatuajes, nos adentran en mundos ajenos al normal de los mortales, nos muestran una realidad humana no tan lejana que anida en los arrabales de nuestras ciudades y existe aunque nos empeñemos en no verla. García-Alix es a la fotografía lo que Caravaggio, huyendo al pasado, o Lucien Freud, volviendo al presente, son a la pintura, o Bukowski, Burroughs y Keruac a la literatura: iconoclastas, tipos incómodos y rebeldes, creadores natos, fuera de modas, que impusieron sus sensibilidades estéticas aunque estuvieran muy lejos de lo normalmente aceptado y bien visto. Publicaciones tan dispares y, aparentemente, alejadas de él como Vogue, British Journal of Photography o Vanity Fair acogen sus fotografías por su fuerza, pero también por su belleza perturbadora. Sus exposiciones recalan en las salas más exclusivas del mundo y el fotógrafo de la marginalidad es un tipo que se cotiza alto, un perdedor que se convierte en ganador a su pesar: las contradicciones del sistema. Aunque él no cambie ni un ápice su actitud rebelde, su mirada cortante que saja como una navaja afilada, el desaliño buscado de quien está contra todo. Con un potente blanco y negro, un estilo directo y violento, las fotos impactantes de Alberto García-Alix huyen de la sofisticación y sus personajes eluden el posado porque se sienten, ante el fotógrafo que los observa y atrapa con sus inseparables Leica y Hasselblad, sus otros ojos, como ante uno de los suyos que los trata de tú a tú. No actúan sino que son, en sus escenarios de vida, las naturalezas muertas que hablan del personaje que las habita, y ni piden comprensión y menos compasión. Miradas contra miradas, aunque algunas nos hagan bajar los ojos. Casi todas, autorretratos del propio fotógrafo, aunque se encuentre detrás de la cámara, como las novelas son los diarios de sus escritores.
JOSÉ LUIS MUÑOZ

CINE

DiDi Hollywood
Bigas Luna
Resulta alarmante, como mínimo preocupante, y lo suficiente como para lamentarse, que directores personales como Bigas Luna, con un lenguaje multidisciplinar, siempre inquietos en el campo artístico, y con una primera etapa underground rompedora (Bilbao, Caniche), no sólo transitan en los terrenos de la disparidad de opiniones irreconciliables (Volaverunt, Son de mar), sino que, además, hayan optado por asentarse en los parámetros del cine más comercial, de ese tan sólo pausible en los multicines de los centros comerciales.Si en Yo soy la Juani, teníamos un Luna fascinando por el lenguaje SMS, el tunning y las juanis de extrarradio, en DiDi Hollywood (un paso más en su trilogía de la mujer ibera), nos encontramos a un director que sigue fascinado por los SMS, y que ahora, encima, parece haber descubierto el videoclip de la MTV.Sus primeros minutos, los de una joven de Madrid que sueña con ser actriz y se desplaza a la tierra de los sueños por excelencia, encontrándose con un detestable trabajo de camarera funciona por momentos, luego, cuando la protagonista se va sumergiendo en el mundo del cine y adentrando en el sueño americano es cuando el relato pierde fuelle. La mirada de Luna parece la de un turista atontado por el glamour hollywoodiense, y eso transporta la película a habitar en un espacio repleto de lugares comunes, de estereotipos, arquetipos y sobre todo, de un argumento previsible y muy masticado. Algo, que sorprendentemente, también se aprecia en la descripción de ese bar de mala muerte de Madrid.El principal problema de esta cinta es que su bruto, su interior, es tan vacío, tan insustancial como el glamour, las fiestas, los pechos de silicona, el botox, el caviar, las drogas, los coches lujosos y toda esa parafernalia que envuelve, o que desde fuera constatamos como propio del mundo de Hollywood. La intención de Luna por reflejar este ambiente, termina llevando a su película a los mismos derroteros de músculo sin materia encefálica. Realmente habría que saber hasta que punto su director intentaba explicar algo, o simplemente hacer un divertimento mediante una historia de fascinación sobre una camarera pseudo lumpen ascendida a princesa.Si su propósito era este último, su filme no desentona, más allá de ciertos recursos estilísticos pomposos que agrietan la sensación de película seria, si es que alguna vez la hubo. DiDi Hollywood no es un buen filme, ni mucho menos, pero tampoco malo, es un divertimento, un book para que Elsa Pataky luzca palmito, o si prefieren un videoclip promocional de la ciudad Los Ángeles que se deja ver con facilidad.
MARC MUÑOZ

CINE

Amador
Fernando León de Aranoa

Con una filmografía avalada por filmes notables (Barrio, Familia) o desgarradores (Los lunes al sol), el caso de Fernando León de Aranoa es el de un cineasta inseparable a un género, el suyo, el del cine social. ¿Acaso se lo imaginan haciendo un thriller o una película de terror?, sin embargo ese arraigo genérico parece estar pasándole cuentas en sus dos últimos trabajos. Si Princesas ya evidenciaba un agotamiento formal y temático en el director madrileño, su última obra, Amador, agrava la llaga. En esta ocasión, Aranoa se sirve de la historia de Marcela, una inmigrante en apuros que decide cuidar de Amador (Celso Bugallo), un anciano postrado en la cama, con tal de poder llegar a fin de mes. Sin embargo, un suceso inesperado condenará a Marcela a un complicado dilema moral.
A partir de ahí su autor intenta tejer su habitual trasfondo social, esta vez enfocándolo hacía la inmigración y la soledad en la tercera edad. No obstante, donde antes había lucidez, realismo, crítica hiriente, ahora hay lugares comunes, personajes poco inspirados y un humor rozando el absurdo. Como por ejemplo, los encuentros de Marcela con el cura, cercanos al humor que destilan ciertos filmes españoles en las antípodas del cine que defiende nuestro Loach patrio.
Tampoco ayuda la aportación insípida de su protagonista Magaly Solier, los retratos planos y subrayados de los ambientes de la inmigración, una música que señala con su presencia las heridas más profundas por las que pasa la película, o un final desconcertante por lo absurdo e inimaginable que resulta.
Lo que podría ser una buena premisa para encauzar a su protagonista en una difícil encrucijada se convierte en un tedio doméstico aliñado con algunas gotas de simbolismo evidente. Además el director acentúa esta sensación con reducidos movimientos de cámara, encuadres y tomas que se repiten desde el mismo ángulo, dejando en el espectador la sensación de andar por un camino que no avanza, y acompañado por unos personajes de los que ni se identifica ni se preocupa por ellos en demasía. De todo el despropósito se salva el personaje de la prostituta, que aporta al menos con sus apariciones momentos de humor, y con ello un poco de alivio.
Espero que Amador se quede como un punto de inflexión en la carrera de Aranoa, más que la constatación de una carrera en caída. Eso supondría una gran pérdida para el cine español, ya que vería desaparecer la mirada crítica y punzante de uno de sus directores contemporáneos más interesantes.
MARC MUÑOZ

SOCIEDAD

Conozco a Rosa Cañadell desde hace cuarenta años, que no son pocos. Coincidimos en esa universidad de Barcelona que fue un laboratorio de todas las utopías en tiempos de la lucha antifranquista, tras la misma barricada. Por aquel entonces ella era más moderada y yo más radical. El tiempo nos ha corregido: ahora ella es mucho más combativa y yo soy más conformista. Pero seguimos debatiendo, y soñando, por un mundo mejor cada vez que nos juntamos en la comuna de Vic, convocados por un más que amigo común y una botella de vino blanco, en donde solemos teorizar sobre la inexistencia de un espacio a la izquierda que aglutine tanto desencanto y descontento que no tiene cabida en los actuales partidos políticos. Precisamente de eso va la entrevista que le hace Miguel Riera en El Viejo Topo y que reproduzco porque no tiene desperdicio. El Viejo Topo 273 / octubre / 2010
Hay que aunar
esfuerzos
Entrevista a Rosa Cañadell
Por Miguel Riera
Activista impenitente, Rosa Cañadell es una de las caras más conocidas en los movimientos sociales catalanes. Un conocimiento al que ha contribuido también su papel como portavoz del sindicato Ustec (enseñanza), en abierta confrontación con las políticas de la Generalitat. Presidenta de Farga (Foro Anti-capitalista de Reflexión y Generación de Alternativas), aquí plantea una reflexión realista sobre la situación de la izquierda. —En los últimos meses han ido apareciendo en esta revista diversas opiniones en torno a la necesidad de una refundación de la izquierda. ¿Compartes esa idea?
—Sí, pero con matices. Los matices son respecto a lo que significa “refundar la izquierda”. Si de lo que se trata es de armar otro partido político, con los mismos mimbres que los actuales, no creo que nos sirva de mucho. En estos momentos nos encontramos con un problema muy importante de desorientación de lo que llamamos izquierda, y es que los antiguos métodos están fracasando: en Brasil llega al poder un sindicalista de izquierda, en Uruguay llega a presidente un extupamaro… y en Cataluña tenemos en el gobierno a todos los partidos tradicionalmente de izquierdas… podríamos decir que “la izquierda llegó al poder”, y sin embargo las cosas han cambiado muy poco aquí y allá, y las políticas neoliberales, las medidas antisociales, la desigualdad, el paro, las privatizaciones de servicios públicos, etc. etc., continúan campando a sus anchas. Por lo tanto, no es sólo cuestión de refundar un partido de izquierda, sino de repensar la forma de organizarse y de actuar para que los principios de la izquierda tengan alguna posibilidad de avanzar. Y ello implica dos cosas: la primera un espacio común de todos aquellos grupos, plataformas, organizaciones, coordinadoras, movimientos sociales, sindicalistas, activistas varios etc., para elaborar propuestas alternativas y acciones comunes. Y la segunda, y muy importante, qué hacer para llegar a la población: los millones de parados, de jóvenes, profesionales, intelectuales, trabajadores/as, inmigrantes, clases populares…en fin, a la ciudadanía en general, o como mínimo a aquella parte de la ciudadanía que sufre directamente los males del sistema, que son la mayoría.
—Cuando hablas de un espacio común, ¿incluyes ahí a la izquierda política?
—En principio esto sería lo lógico, pero el panorama actual de los partidos llamados de izquierda no es muy alentador. Principalmente porque los actuales partidos, tal y como hemos comprobado, están mucho más interesados en obtener buenos resultados electorales que en organizar a la sociedad y plantar cara al neoliberalismo. En principio, pues, yo creo que sería mejor intentar aunar todas aquellas personas (militen o no en algún partido o sindicato) y aquellos grupos que, de momento, no están volcando sus esfuerzos en el terreno electoral. Yo creo que, tal y como están las cosas, sería mejor aunar fuerzas, ideas, organización y movilización antes de plantearse aventuras electorales. Y, en todo caso, si ello diera resultados, decidir más adelante entrar en el terreno electoral. Otra posibilidad sería aunar los esfuerzos con las nuevas formaciones político-electorales, como el Partido Anticapitalista, o la nueva formación en Cataluña “Desde baix”. Finalmente, si hay fuerza social suficiente, ello de por sí ya puede presionar a los partidos existentes. En todo caso, lo que no veo que nos vaya a ayudar es crear nuevos partidos, con funcionamientos similares a los actuales y con las energías puestas en el terreno electoral. Y tampoco veo muy factible la “reconversión” (que no refundación) de los partidos existentes: IU, ICV, EUiA, ya que arrastran muchos vicios, intereses y personalismos, que difícilmente se podrán cambiar.
—Permíteme actuar como abogado del diablo. Dejemos por el momento a la izquierda política, y centrémonos en lo que hemos convenido en llamar izquierda social. Se me hace muy difícil imaginar cómo podrían converger grupos y personas que están en actitudes políticas muy distintas sin que antes se hayan definido parámetros comunes que permitan esa convergencia. Por ejemplo, citas a la plataforma “Des de baix”, formada por un núcleo de Izquierda Anticapitalista y otros grupos y que se define con el eufemismo “soberanista”. Esa es una línea de de marcación muy nítida, insuperable creo, con respecto a otros grupos. Del mismo modo podríamos señalar la línea de demarcación “anticapitalista”, que chocaría con movimientos de inspiración más bien socialdemócrata, o la de los que plantean el “decrecimiento” contra las formas habituales de entender el desarrollo, y así sucesivamente. Más allá de que, también aquí, cada maestrillo tiene su librillo, no veo quién, ni desde donde, podría plantear una convergencia hacia una plataforma inclusiva.
—La verdad es que lo que dices no es hacer de abogado del diablo, sino describir la pura y dura realidad. Pero es justamente esta realidad la que deberíamos tratar de superar. Estoy de acuerdo en que los temas del nacionalismo se entrecruzan y hacen muy difíciles unas alianzas que sin este tema serían naturales. Pero más allá de ello creo que, en las circunstancias actuales, existen suficientes puntos en común entre el anticapitalismo, la socialdemocracia y otras denominaciones que, en definitiva, lo que plantean es detener el avance del neo liberalismo. Seguramente encontraríamos 10 pun tos (por decir una cifra) en común, tanto en el análisis como en las propuestas, con los que se podría trabajar conjuntamente, coordinar y movilizar. Y sobre todo, insisto, llegar a más gente, crear más núcleos, aumentar la organización, etc. La verdad es que parece una ardua tarea, pero ¡no hay otra! O se empieza de alguna manera o abandonamos definitivamente. ¿Por qué no un llamado a todo el mundo, una discusión de los puntos, una línea de extensión, formación y debate, unas propuestas de movilización…? Podría ser una manera de empezar. Existen, por otro lado, propuestas como la de Socialismo 21 que, a mí entender, podría jugar este papel, siempre y cuando sea capaz de crear este espacio común en el que quepan muchos más grupos y personas de los que lo formamos actualmente, sin caer en sectarismos ni en guerras de protagonismos. Sinceramente, no tengo la solución. Y por lo que se ve, no la tiene nadie, pero el hecho de que mucha gente la busque ya es una manera de empezar. Y, como dice el poeta “se hace camino al andar…”
—Vayamos pues al asunto de la Izquierda política. Si no se forman nuevos partidos –lo cual parece bastante sensato– habrá que contar con los que existen como referente político y por tanto también electoral, independientemente de que se produzca una convergencia en “lo social”. Pero los partidos de izquierda, en vez de converger, divergen cada vez más entre sí. A la escisión de IU de la que surgió Izquierda Anticapitalista, hay que sumar ahora el proyecto que apadrina Iniciativa de una Izquierda Verde a nivel estatal. Por otra parte, a la proclamada refundación de IU parece que le cuesta dar los primeros pasos. Pero hay una interrelación entre la izquierda política y la izquierda social: muchísima gente practica la doble militancia, en un partido y en un movimiento social, donde observan comportamientos a menudo antagónicos ¿Vamos a acabar esquizofrénicos? ¿No deberíamos apoyar también, simultáneamente a un proceso de convergencia social, la refundación y la convergencia de los partidos de izquierda? —La cuestión es ¿cómo se hace esto? ¿Cómo se apoya un proceso de convergencia y/o refundación de los partidos existentes? ¿Lo deben hacer los militantes desde dentro o se puede incidir desde fuera? ¿Las estructuras actuales de los partidos permiten realmente incidir en las cúpulas? Para mí esta sería una buena cuestión de debate: para las personas que tienen doble militancia, en un partido y en un movimiento ¿qué es más rentable, desde la perspectiva de frenar el neoliberalismo, dedicar tiempo y energía a la “reconducción del partido” (con pocas posibilidades de éxito, creo yo) o bien dedicarse al movimiento social, a la agitación, al debate, etc.? Yo me encontré en una disyuntiva similar y opté por el movimiento social (y después por el sindicato), pues para mí el partido era un instrumento para enfrentarme al sistema y no un lugar en donde enfrentarme con mis propios compañeros/as. Pero la mayoría de las veces esto no es así y muchas personas, buenas militantes y activistas, pasan más tiempo peleando en la propia organización (partido o sindicato) que peleando por cambiar las cosas. Por otro lado, también es cierto que los partidos existentes tienen todo un bagaje, un trabajo hecho con muchos años y mucho esfuerzo, con militantes, votantes, activistas, etc., y que tirarlo todo por la borda es una verdadera lástima. Pero ¿cómo cambiar el funcionamiento poco democrático, las luchas personalistas, las escisiones y las decisiones de las cúpulas, sin morir en el intento? La verdad es que yo no tengo respuesta. Y lo más trágico es que la cuestión es urgente. En un momento de retroceso en los derechos sociales y laborales, de paro galopante, de desmantelamiento del estado del bienestar, es más urgente que nunca una fuerza política o social que vertebre una oposición fuerte y plantee contrapropuestas claras e inmediatas. Y como hay que empezar de alguna manera, yo apostaría por lo que decía al principio, un espacio de confluencia, lo más amplio posible, que vertebrara una primera respuesta y, a partir de ahí, ver como se puede construir esta nueva fuerza social y política que aglutine a la izquierda transformadora. Y ello puede ser, tanto desde una organización ya existente que sea capaz de abrirse y aglutinar (¿IU?), desde alguna de las nuevas organizaciones que están surgiendo(¿Socialismo 21?), o desde un llamamiento público (¿intelectuales?, ¿personalidades? ¿activistas?) a crear este espacio. Mientras tanto, en las próximas elecciones habrá que hacer de tripas corazón y votar la menos mala de las opciones.
—Ya sé que esta es una pregunta de casi imposible respuesta. Pero ahí va: ¿cómo es posible que hayamos llegado a esto? ¿Por qué una izquierda vigorosa, rica intelectualmente hace tan sólo unas pocas décadas, ha acabado tan escasa de ideas, tan mermada numéricamente, tan refractaria al debate, tan atomizada en partidos y movimientos? Y no me refiero sólo a España; es algo que ha sucedido en toda Europa…
—Respuestas sí las hay, supongo, muchas y variadas, pero saber cuál de ellas se acerca más a la realidad, es tarea casi imposible. Yo no soy ninguna analista política, pero tengo la sensación que “el sistema” está siendo mucho más fuerte y tiene muchas más armas (de todo tipo) de las que imaginábamos. El derrumbe del bloque soviético marcó un hito: no sólo se aireaba el “fracaso del comunismo” y el fin de las utopías, sino que desaparecía un contrapoder real y un contrapeso al bloque capitalista. La idea de imposibilidad de cambio, del capitalismo como único sistema posible, fue penetrando. La izquierda se acomodó y, con la excusa del pragmatismo, se conformó con “gestionar”, mejor o peor, lo que existía.
En España, además, con una transición incompleta y una recién estrenada democracia, nos dedicamos a olvidar la historia y en los Institutos y Universidades se dejó de hablar de marxismo, de lucha de clases y de explotación. Nuestros hijos e hijas nacieron y crecieron con todo resuelto, no supieron de luchas ni de conquistas, no les enseñamos que los derechos hay que pelearlos. Por otro lado, el aumento del nivel de vida (¡aunque fuera hipotecando el alma!), una sensación de progreso infinito, una cierta promoción social de las viejas clases trabajadoras, un consumismo insaciable, el dinero fácil a base de la especulación, una imposición del individualismo como valor funda mental… han hecho mella en la gran mayoría de la población y también en la izquierda organizada. La política ha perdido su idealismo y el beneficio personal (prestigio, cargos, dinero, privilegios) han hecho mella también en las filas de la izquierda (en la derecha siempre ha sido así). El monopolio de los medios de comunicación, el aumento del poder del capital y sus principios neoliberales, a partir de la caída del muro de Berlín, han hecho el resto. El poder se ha fortalecido, el pensamiento único se ha instaurado, y la oposición (partidos, sindicatos, organizaciones de izquierda) se ha debilitado. El resultado es este ataque sin precedentes a las conquistas sociales y laborales que habíamos ido ganando a partir de numerosas luchas. La lucha de clases continúa existiendo, y en esta lucha, cuando una parte ofrece menos oposición, la otra gana terreno. Y el terreno ganado, en este caso por el capital y el neoliberalismo, le da más posibilidades de anular aún más a la otra parte: desprestigiando sus valores, silenciando sus ideas, comprando voluntades, imponiendo leyes, desmembrando organizaciones, cooptando líderes, destruyendo complicidades… Y esto en el mejor de los casos, no debemos olvidar que el neoliberalismo se impone en América Latina a golpe de metralleta, con la desaparición física (asesinato) de una parte importantísima de líderes de izquierda. Y que los intentos de enfrentar el modelo que se están llevando a cabo en Bolivia o en Venezuela, están siendo torpedeados desde todos los frentes (con “ruido de sables” incluido).
En fin… ¿qué te voy a contar que tú no sepas? Pero la historia no se detiene y como todo indica que las cosas van a ir a peor, creo que es más urgente que nunca recomenzar, recuperar fuerzas y volver a avanzar terreno en esta lucha de clases, que no es más que el intento de una humanidad humanizada, con justicia y con menos dolor. Para ello la organización colectiva y la lucha son el único camino. Es necesario recuperar la memoria de las luchas, la necesidad de socializar los problemas, la obligación de participar en la marcha de la sociedad (que no se agota con el voto cada cuatro años), la formación ideológica de nuestros/as jóvenes, la satisfacción de ser solidario y la indignación ante las injusticias. Reagrupar fuerzas y sumar es una manera de empezar. En ello estamos, quizás muchos/as más de lo que creemos. Y así, como alguien dijo con muy buen humor: “de derrota en derrota… ¡hasta la victoria final!” —Viendo desde fuera el proceso de refundación de Izquierda Unida, ¿qué cambios deberían producirse en esa formación para considerarla efectivamente refundada?
—Ahí sí que mis respuestas son aún menos claras. Mi sensación es que los partidos tradicionales de la izquierda están agotados, en nuestro país y casi en toda Europa. Sin embargo pienso que es una lástima perder todo el potencial que un día tuvieron. Desde fuera da la impresión de que nadie, en la propia organización, sabe exactamente en qué consiste esta refundación de IU, y que las disputas internas y las luchas personales han ahogado el verdadero debate e, incluso, las buenas prácticas. Estoy convencida de que existen dentro de IU personas muy válidas, luchadoras y honradas, pero creo que la organización está muy viciada. Yo creo que si no se cambian las “reglas del juego” es muy difícil avanzar. Sé muy poco de organización, pero creo que hay que buscar nuevas fórmulas que aseguren la democracia interna y la participación real. Tengo la sensación de que cada vez hay más distancia entre los militantes de base, e incluso los votantes, y las cúpulas de los partidos; que las decisiones no se toman a partir de debates ideológicos abiertos, sino a partir de pactos entre pasillos. Se tendría que abrir la organización a los nuevos movimientos y, sobre todo, dedicar los esfuerzos y las energías a la formación, discusión, extensión y movilización de una amplia mayoría social, en vez de dedicarlos a conseguir rendimientos electorales y ocupación de cargos. Puestos a elucubrar, no sé si sería mejor la creación de este “nuevo espacio” de confluencia, y que IU (o sus militantes) formaran parte del mismo, sin por ello tratar de monopolizar nada, o bien que IU se pudiera convertir en este nuevo espacio. Las dos cosas me parecen muy difíciles de conseguir.
—Para acabar , ¿qué es exactamente Farga? ¿Cuáles son sus objetivos?
—Farga (Fòrum Anticapitalista de Reflexió i Generació d’Alternatives) nació en 2008 como un espacio de debate de la izquierda social con voluntad de intervención política no electoral. El objetivo fundamental es ser un espacio de discusión y reflexión sobre el modelo económico, cultural y político actual y la elaboración de propuestas para su modificación. Pero también pretende ser un espacio de intervención, con capacidad de respuesta y de crítica y con voluntad de posicionarse y poder ser un referente de la izquierda anticapitalista. Farga está compuesto por un número reducido de personas, procedentes de diferentes tradiciones, que consideramos era necesario iniciar este camino con el intento de construir un discurso común alternativo. Para ello organizamos asambleas y debates diversos: sobre educación (La nueva Ley de Educación de Cataluña, el Plan Bolonia), sobre Democracia y laicidad, y sobre La Crisis y como salir de ella. Participamos en el Foro Social de Cataluña (FSCAT 2010) con tres seminarios sobre análisis político y alternativas y el último acto que organizamos (conjuntamente con otras entidades) y que tuvo una gran audiencia fue una conferencia de Samir Amin en abril de 2010, sobre la necesidad de avanzar hacia una V Internacional. Si bien continúa siendo un espacio que tiene sentido, nuestro objetivo de ampliar el número de personas y de actividades, y de llegar a ser un punto de encuentro de la izquierda anticapitalista, no se ha cumplido.