jueves, 31 de marzo de 2011

DIARIO DE UN ESCRITOR

1 de abril de 2011 Hace algún tiempo que empiezo a valorar las pequeñas cosas de la vida. Hoy, poco antes de las 3 de la tarde, porque hacía un sol espléndido y me parecía una grosería no disfrutarlo mínimamente, salí a dar un paseo con Dublinesca bajo el brazo. Llegué a una plaza de mi ciudad y busqué una mesa a la sombra de uno de los tres o cuatro bares que suelo frecuentar. Me tomé una caña y, mientras la bebía y comía la tapa que suelen poner en los locales de Granada, leí un buen número de páginas de la novela de Enrique Vila-Matas que estoy a punto de terminar. Una francesa me sacó de mi lectura, sorpresivamente. Una muchacha joven, atractiva y simpática que, en un correcto castellano, me pidió cambiar mi mesa por la suya en la que ella y sus dos colegas de viaje sufrían un empacho de sol. Me levanté con mi copa de cerveza, sin dudarlo, para aceptar el trueque. Pero no fue necesario: el camarero del bar extendió el toldo y yo regresé a mi mesa. Seguí leyendo. Luego, poco antes de las tres y media, me levanté y fui a pagar al interior del bar. El camarero me dijo que la francesa ya había abonado mi consumición. Esta pequeña muestra de generosidad, primero por mi parte, y luego por la de los desconocidos franceses, el euro y medio de mi cerveza, o mis tres pasos a la derecha con mi vaso en la mano para atender la petición de cambio de mesa, me produce una pequeña emoción. Nunca más veré a los franceses, ni seguramente leerán ninguna de mis novelas publicadas en su país, por lo que esa recíproca expresión de amabilidad es totalmente desinteresada y ésas son las que más valoro últimamente.

miércoles, 30 de marzo de 2011

DIARIO DE UN ESCRITOR

31 de marzo de 2011

Salí del cine después de ver Nunca me abandones con el ánimo por los suelos, peor de cómo había entrado. Es una película extraña y fascinante en la que cuesta entrar pero que, cuando lo consigues, se convierte en un cuento sombrío y bastante atroz a pesar de la cara de felicidad de sus inocentes protagonistas. Al dolor de esos personajes de ficción uno el mío. Últimamente me empieza a doler todo, quizá porque mi cuerpo anda desajustado y no se acaba de adaptar a esa primavera que ha llegado. También me duele el alma, pero desde bastante antes que el cuerpo. El sentimiento trágico de la vida, que diría Unamuno. Puede que esté somatizando ese dolor. Dicen los que siempre tienen una respuesta positiva para todo que el dolor es bueno porque te hace sentir vivo. Imagino entonces que la tortura debe de ser la dicha de la vida. Hablaba, el otro día, con un amigo de FB sobre "La noche de la iguana" de John Huston y zas, la pasaron ayer por la Sexta 3, y antes la maravillosa "Cantando bajo la lluvia". Me extasié de nuevo con el número de Gene Kelly chapoteando en la calle y lo hice luego, a última hora de la noche, con las portentosas interpretaciones cargadas de humor de Richard Burton, Ava Gardner y Deborah Ker. Sue Lyon, como siempre, hace de Lolita. ¿Qué fue luego de ella? Miraré en Google, que todo lo sabe. Las mil fotos que hay de Sue Lyon en Google pertenecen a su estapa adolescente, es decir, de Lolita, ninguna con los 64 años que tiene en la actualidad. Se pierde su rastro cinematográfico en 1978. No hizo nada notable después de trabajar con John Ford en "Siete mujeres". Muchos matrimonios y divorcios, uno de estos con un convicto por asesinato con el que se casó en prisión.

sábado, 26 de marzo de 2011

DIARIO DE UN ESCRITOR

26 de marzo de 2011
Uno de los mejores columnistas de opinión que tiene El País, el francés Sami Nair, al que siempre leo (esta mañana al sol, con una cerveza de por medio y una tapa de patatas a lo pobre y huevo de codorniz) defendía hoy la intervención occidental, respaldada por la ONU y la Liga Árabe, en Libia como necesaria. Necesaria para salvar vidas porque estaba a punto de caer el bastión rebelde de Bengasi en manos de Gadafi. Quizá sí, a costa de otras vidas. No lo acabo de ver yo claro todo esto que está pasando. Tampoco lo veía claro ayer un columnista de opinión del diario Público. Si tan malvado era Gadafi ¿por qué le vendieron armas los que ahora las están destruyendo? Pues eso es lo que me pregunto. ¿Qué va a hacer Europa y USA a continuación? En Libia no hay oposición, no hay vida política, ni instituciones, ni nada. Parece que algo parecido puede suceder en Yemen, Barheim, Siria… ¿Vamos a intervenir en cada uno de los conflictos que se desaten en esos países o sólo si hay petróleo en su subsuelo?

MIS LIBROS

TU CORAZÓN, IDOIA
(Corona Borealis, 2011)

Mi libro veintinueve ya está en la calle.

¿Una novela negra?

¿Un trhiller?

¿Una novela política y social?

Un libro para reflexionar sobre el terrorismo, con muchas preguntas que el lector debe responderse.

Mi novela no es exactamente un análisis sobre el terrorismo. Para eso habría escrito un ensayo. Es una mirada a ese mundo, desde dentro, porque hay que tener en cuenta que Tu corazón, Idoia es una narración muy personal que hace uno de sus protagonistas de la misma, Aitor. Hay, por supuesto, reflexión política sobre ese hermoso país que es Euskal Herria que tiene esa lacra incomprensible, o no, del terrorismo. Hay algunas otras reflexiones, que yo creo interesantes, y que están en el fondo de la novela y qué se hace el protagonista, una persona que duda de su papel, al contrario de Idoia, el personaje femenino que da título a la novela, que está muy segura del suyo y cree que todas las muertes se pueden justificar por la consecución de un fin político. En el terrorismo existe, como en todo, bastante hipocresía. Los terroristas mutan en héroes en cuanto triunfan sus tesis. Sin ir más lejos hubo algún primer ministro del estado de Israel, del Likhud, como Menajem Beguin, con las manos manchadas de sangre en actos terroristas contra los ingleses. ¿Eran terroristas los que luchaban contra la ocupación alemana de Francia? El término, como se ve, es muy subjetivo. Para unos, terroristas; para ellos, gudaris. La novela transcurre cuando ETA era una organización temible y sus dirigentes hacían suya un lema espantoso: Socializar el dolor. Dentro de su lógica había que extender el terror fuera de las fronteras de Euskal Herria, llevar el dolor al resto de España. Fue en esos momentos cuando ETA, hasta aquel entonces, partidaria del asesinato selectivo de miembros de las fuerzas del orden y militares, optó por atentar contra civiles, de forma indiscriminada, dio ese salto adelante que fue su acta de defunción. En Barcelona, ciudad en la que sitúo ese atentado ficticio, ETA colocó un coche bomba en Hipercor y firmó uno de sus atentados más execrables por el número de víctimas. Los miembros del Comando Barcelona de mi novela buscan eso, un golpe espectacular, con muchas víctimas civiles, algo que Aitor, el protagonista, que no es un santo sino todo lo contrario, un asesino frío y calculador, no ve con buenos ojos. A él le gusta el enfrentamiento directo, el tiro en la nuca.
Mi novela no es maniquea. El lector debe juzgar, si le apetece. En Tu corazón, Idoia lo que trato de hacer es armar un thriller con el trasfondo del terrorismo etarra. Imaginar la vida de los miembros de un comando que planean, en tierra ajena, un atentado y de cómo deben vivir escondidos para que luego no los coja la policía. Es una novela claustrofóbica, de una enorme tensión psicológica, y también sexual, porque en ese reducto en el que los terroristas se ven obligados a convivir, estallan toda clase de fuegos, y el sexo, con la violencia, es uno de ellos, los quema en su deflagración. Los dos principios que creo están presentes en toda mi obra anterior, Eros y Tánatos, están también muy presentes en Tu corazón, Idoia, subrayados. Hay escenas de violencia brutales, y hay escenas de sexo que también lo son. El protagonista masculino viene de la generación sesentayochista, con una visión muy extrema de la vida. No es la primera vez que abordo el tema del terrorismo etarra, ni será la última. Estaba presente en El final feliz, era central en La caraqueña del Maní, la historia de etarras en la Venezuela de Chávez que fue premonitoria, se adelantó a los acontecimientos. Introduzco en la novela algunas vivencias personales, cómo no. Una, en concreto, que me impresionó mucho cuando estuve en Bilbao por los años ochenta, época en la que transcurre Tu corazón, Idoia. Fui invitado por unos empresarios, a un certamen literario, y recuerdo que de camino del aeropuerto a la ciudad, que entonces era una especie de infierno humeante junto a una ría inmunda, un territorio perfecto para la novela negra, hice un comentario sobre el reciente asesinato de Yoyes. Me quedé helado con la respuesta de los que me llevaban en coche, que no tenían pinta de pro etarras ni mucho menos, que eran empresarios vascos de clase media: Yoyes fue fusilada por traidora, como ocurriría en cualquier ejército. Yo lo veía como un asesinato infame, y ellos como una ejecución lógica. Eso me dejó bastante trastornado. Está en la novela, disfrazado.Toda novela tiene su música propia. La de Tu corazón, Idoia es un prosa que yo he querido que fuera seca, cortante, de frase corta, sin adjetivos, porque el tema, el desarrollo de la novela, el punto de vista, que es el del etarra, así lo requerían. La prosa puede sonar como el tableteo de una metralleta y, en algunos momentos, hasta ser hiriente. Creo que la novela está bastante desnuda de adjetivos, y no es que yo me lo hubiera propuesto desde un principio, es que salió así. No es una novela amable, sino dura, no es una novela para todos los públicos. Pero quiero resaltar que detrás de toda esa dureza, estilística y argumental, que van de la mano, hay resquicio para la humanidad, los sentimientos, la fragilidad del ser humano cuando se derrumba su mundo. Y bajo esa capa de sexo descarnado, que preside las relaciones entre los personajes de mi novela, hay amor, verdadero amor, aunque ni ellos mismos sean conscientes de ello.

CINE

INSIDE JOB
Charles Ferguson Una sensación de crispación, ira e indignación es la que rodea al espectador escasos instantes de finalizarse la proyección del documental recientemente galardonado con el Oscar. El principal artífice de ello es Charles Ferguson, el documentalista americano que ya destapó las atrocidades militares en Irak en No end in sight, y que ahora aborda otro tipo de atrocidades, más cercanas a nosotros, más amparadas y resguardadas en la ley, pero igualmente inmorales. Inside Job es el crudo retrato de la peor crisis financiera desde la Gran Depresión aún que sacude nuestros días, y que previsiblemente seguirá haciéndolo en los años venideros. Ferguson, mediante un laborioso trabajo de investigación, y con un representativo grupo de testimonios, arroja mucha luz sobre las causas de la crisis, sus culpables y los efectos. De él se desprenden elocuentes, clarificantes y estremecedoras conclusiones. Como por ejemplo que la crisis se podría haber evitado, que hay que apuntar a la progresiva desregulación del sector financiero como el escenario principal para que ésta sucediera, la avaricia descontrolada de ciertos mandamases que han logrado fortunas a costa del trabajo y los ahorros de una vida de miles y miles de personas, de cómo estos gozan de su privilegiada posición que les permite no sólo no pagar los platos rotos, sino mantenerse vivos en el sistema mientras que cantidad de gentes han tenido que perder los empleos, dejar sus casas y vivir en la calle. Ferguson se erige en esta ocasión en una especie de David Simon para la causa financiera, y desvela, con multitud de datos y detalles, todos los entresijos internos que rigen la jungla de Wall Street, y su conexión con la Casa Blanca, los organismos reguladores, y en una esfera muchos menos conocida, y por ello sorprendente, el mundo académico. En su empeño por desaforar toda la corrupción del sistema, el director no deja títere sin cabeza, y subraya cómo el progresivo enriquecimiento de la industria financiera norteamericana, le ha otorgado una cota de poder, con la que ha corrompido de manera alarmante las esferas citadas más arriba.
Sus dardos envenenados se dirigen principalmente a los bancos norteamericanos, a los bancos de inversión, las agencias de rating, y las empresas de seguros financieros.
Se respira a lo largo de toda la cinta, la propia rabia, asqueamiento de su propio autor, evidente cuando lanza sus preguntas a algunos de los implicados en el gran desastre, y no sólo los apuntala con inteligencia y evidencia, sino que en muchas ocasiones los logra acorralar con preguntas incómodas, y destapa con ello un retrato personal y como hombres de negocio despreciable, deshonesto y repudiable. La sensación de estar asistiendo incrédulos a testimonios ofuscados, insensibles, orgullosos, y sin esclarecer del todo si su avaricia es la razón principal de su incompetencia como personas y trabajadores, está presente a lo largo de todo el documental.
El mérito de Ferguson no sólo recae en el riguroso, afinado, meticuloso trabajo previo de su documental, sino también en acercar este complejo entramado al espectador de una forma clara y digerible. Su claridad expositiva resulta excepcional.
Lo único que se le puede reprochar a su autor, es una mayor parcialidad en la forma que le da a su discurso. En ese sentido su visión es maniquea, y sus preguntas en las entrevistas van muy encaminadas a una idea previa estructurada. Sin embargo, a la vez, resulta comprensible que actué así con un contenido de tan alto voltaje, y delante de algunos de los responsables de la catástrofe económica. La coherencia del discurso de Ferguson se recoge ya en la elocuencia de su título (Inside job significa delito interno, y en este caso impune), en la selección de los pocos temas musicales, y también es este magistral cartel de un hombre ataviado con americana encima de un montón de dinero a semejanza de una montaña de escombros. La deshonesta, criminal, y repudiable actuación de los principales agentes implicados es una de las muchas evidencias que se lleva el espectador consigo, y sCursivaólo una entre muchas de muy valiosas, y a la vez aterradoras del mundo en que vivimos, y del que permanecemos abstraídos. En este sentido, Inside Job es un documental obligado para los que quieren entender con lujo de detalles la actual crisis mundial, y del que se extrae un valioso retrato de los hombres que dominan las altas esferas que controlan el mundo. Un documental espeluznantemente (como esas imágenes de la “Tend city” en Florida), que desprende lucidez ligada a sentimientos de rabia e indignación. En su discurso en la gala de los Oscar, lo primero que dijo Ferguson es que después de tres años del peor desplome financiero, ni un solo ejecutivo está entre rejas. Al menos le queda el alivio de saber que gracias a su trabajo ninguno de ellos quedará en anonimato por los crímenes cometidos.
MARC MUÑOZ

LA FIRMA INVITADA

LA TORMENTA SOLAR PERFECTA
J.D. Álvarez

El hidrógeno está en movimiento continuo dentro del núcleo del sol desde hace aproximadamente 4.570 millones de años. Debido a una serie de procesos, el hidrógeno choca entre sí formando helio. Tanto este hidrógeno como el helio en menor proporción, junto con el resto de elementos químicos, forman el plasma solar, gran conductor que a 15 millones de grados gira en el interior del núcleo, generando intensos campos magnéticos, cuyas líneas salen en dirección a la corteza solar para atravesarla y luego regresar al núcleo. Durante el periodo de tiempo en el que los campos magnéticos están girando en la corteza solar, estos chocan entre sí, se crea una explosión en el magma de la corteza y se produce una tormenta cargada de electromagnetismo. A esto se le llama “Tormenta solar”. Sin embargo, en realidad son las nubes de radiación posterior al estallido las que provocan los daños mientras viajan a la velocidad de la luz en dirección a la Tierra. Dicho fenómeno se denomina CME (Eyecciones de Masa Coronal). “Las CME son una maraña electrificada de partículas cargadas y campos magnéticos. Parece una erupción solar pero es mucho más potente. Es lo que provoca las tormentas magnéticas. Es un pulverizador de radiación (Alerta Tormentas solares, National Geographic)”. La Tierra ha sido bombardeada por el sol desde el principio de nuestros tiempos. Los ciclos solares se completan cada 22 años y el aumento y disminución de la actividad solar cada 11 años. Sin embargo, la magnetosfera nos protege. La magnetosfera, como un escudo, desvía las tormentas y vientos solares y nos resguarda de ellas. Las máximas solares o tormentas solares de gran magnitud, se han dado en agosto de 1859 –provocando fallos en los sistemas de telégrafos de toda Europa y América del Norte, por entonces los sistemas de comunicaciones más avanzados- y en marzo de 1989 –en Quebec (Canadá), una máxima solar aunque de menor magnitud que la anterior, hizo que se detuviera la central hidroeléctrica dejando a la población sin electricidad durante nueve horas-. A estas máximas solares se les denomina “Tormenta solar perfecta”. Y aunque como he señalado, la magnetosfera protege nuestro planeta, en 1859 y 1989 no soportó completamente la fuerza de las estas gigantescas tormentas solares y ello provocó desastres de gran magnitud. OSO 7, ACE, ESDO y STEREO son los nombres de los satélites que estudian el sol: cuando se origina una tormenta solar, estos centros de observación espaciales envían señales a la Tierra. Pero aunque parezca que la situación está controlada, los expertos de la NASA han anunciado que esperan una tormenta solar perfecta sin precedentes para el próximo año, momento en el que se alcanzará el máximo de actividad del ciclo solar que tuvo comienzo en el año 2001. Su apogeo se producirá entre los meses de mayo y septiembre de 2012. Por tanto, no estamos hablando ya de profecías mayas ni advertencias de visionarios, sino de la propia NASA. Si es así, la Tierra podría sufrir el próximo año la mayor tormenta solar perfecta hasta el momento y las CME posiblemente chocarán contra las redes eléctricas de todo el planeta (después de que podamos observar una hermosa aurora boreal, efecto secundario de este tipo de fenómenos que se producirá a 1.500 km de altura y que posiblemente sea la última luz eléctrica que lleguemos a ver en varios años); así, las redes se sobrecargarán y literalmente se quedarán fritas al no ser capaces de soportar una subida de tensión de tales características. Todo ello, sin olvidar los satélites, los cuales, arrastrados por el viento solar, podrían llegar a salirse de sus órbitas. Parece el argumento de una novela ciencia ficción ¿verdad? Pues bien, al quedar destruidas e inutilizadas las redes eléctricas y los satélites, perderíamos las conexiones telefónicas, Internet, la sanidad y un largísimo etc. La primera medida inmediata para adelantarnos a este más que posible desastre, sería que los gobiernos empezaran a fabricar transformadores de emergencia que puedan suplir a los ya existentes en caso de que estos fueran destruidos por las grandes subidas de tensión: una tormenta solar perfecta induciría componentes de corriente continua (DC) en las redes de distribución eléctrica y los que existen actualmente no fueron construidos para soportar una DC ni las ondas de pico de sobre voltaje que dañan las espiras de las bobinas de los transformadores. He aquí una solución costosa pero eficaz.
La segunda medida y tal vez la más arriesgada, sería desconectar los transformadores generales de cada país durante varios días antes que la tormenta solar nos alcanzara. Esto supondría unas pérdidas económicas inimaginables en todo el planeta, sin embargo, de no hacerlo, el desastre sería aún mayor, teniendo en cuenta que si no se fabrican estos transformadores de emergencia, el tiempo de reparación –en circunstancias normales- supera los 12 meses. La primera medida inmediata para adelantarnos a este más que posible desastre, sería que los gobiernos empezaran a fabricar transformadores de emergencia que puedan suplir a los ya existentes en caso de que estos fueran destruidos por las grandes subidas de tensión: una tormenta solar perfecta induciría componentes de corriente continua (DC) en las redes de distribución eléctrica y los que existen actualmente no fueron construidos para soportar una DC ni las ondas de pico de sobre voltaje que dañan las espiras de las bobinas de los transformadores. He aquí una solución costosa pero eficaz. La segunda medida y tal vez la más arriesgada, sería desconectar los transformadores generales de cada país durante varios días antes que la tormenta solar nos alcanzara. Esto supondría unas pérdidas económicas inimaginables en todo el planeta, sin embargo, de no hacerlo, el desastre sería aún mayor, teniendo en cuenta que si no se fabrican estos transformadores de emergencia, el tiempo de reparación –en circunstancias normales- supera los 12 meses. Pero todavía quedaría en el aire una última cuestión: si los suministros de corriente eléctrica desaparecieran en nuestro país, al igual que en los demás, ¿poseen las centrales nucleares españolas generadores de emergencia que las abastezcan de energía en caso de un desastre semejante? ¿Durante cuánto tiempo podrían mantener el núcleo estable? ¿Estamos preparados para una emergencia nuclear? ¿Se ha creado en España un equipo de investigación para prevenir un desastre de tal envergadura? En respuesta a esta cuestión cito el titular de la portada del periódico La Razón del pasado 17 de marzo de 2011:
“La unidad de emergencia nuclear española lleva parada desde 2005. El Gobierno frenó el desarrollo del equipo militar que debe actuar en caso de catástrofe por falta de fondos". Tenemos la obligación como ciudadanos de exigir a nuestros gobiernos que tomen las medidas necesarias para minimizar lo máximo posible los efectos dañinos del fenómeno, dado que es una posibilidad real y demostrada por fuentes internacionales como la NASA, NCAR, National Geographic o Discovery Channel y medios españoles como ABC y La Sexta, entre otros. Es necesario preguntarnos a nosotros mismos si hemos aprendido algo de un fallo en el sistema eléctrico en instalaciones tales como centrales nucleares, y hacer que la desgracia que sacude estos días a Japón -la isla se ha trasladado en el mapa terrestre 4 metros y el terremoto ha desplazado el eje de la Tierra 15 cm y acortado la duración del día 1,8 millonésimas de segundo- sirva para aunar fuerzas y comencemos a presionar -empezando por las redes sociales- a nuestros gobiernos, pensando no solo en nuestro futuro, sino el de generaciones veniderasFuentes:
Nacional Geographic. Tormentas solares:
http://www.youtube.com/watch?v=zt0MOHivZ9Y

Serie El Universo. Tormentas solares:
http://tu.tv/videos/el-universo-los-secretos-del-sol

Discovery Channel. Alerta tormentas soalres:
http://www.dailymotion.com/video/x6r08m_alerta-tormentas-solares-2008-2012_news

NASA:
http://www.lanasa.net/

NCAR:
http://www.ucar.edu/news/releases/2006/sunspot.shtml

ABC:
http://www.abc.es/20100614/ciencia/nasa-advierte-tormenta-solar-201006141840.html

ABC:
http://www.abc.es/20100222/ciencia-tecnologia-espacio-sistema-solar/tormenta-solar-mundo-201002221039.html

LA RAZÓN
http://www.larazon.es/uploads/portada/fichero/10000/portada_17_nueva.pdf

URGENTE24:
http://www.urgente24.com/noticias/val/5401/por-el-terremoto-los-dias-son-mas-cortos.html

URGENTE24:
http://www.urgente24.com/noticias/val/5314/llamaradas-solares-y-terremotos-las-causas-invisibles-de-los-desastres.html





J.D. Álvarez (Madrid, 1974)Residió gran parte de su vida en el campo. A los 24 años, comenzó a trabajar profesionalmente en diversas editoriales mientras estudiaba en la Escuela de Letras de Madrid.
Ha publicado en España la novela “El comedor de barro” (1997), el poemario “Nicotina” (2005), el libro de entrevistas a la fotógrafa Ouka Leele “Esa luz cuando justo da el sol” (2006), y diferentes relatos y poemas en las Antologías, “Lo del amor es un cuento” (1999), “Aldea poética II” (2000), “Tic-tac, cuentos y poemas contra el tiempo”(2007).
En Bulgaria, ha publicado numerosos poemas en los periódicos literarios La palabra (Думата “Dumata”,) y Kil, (Кил, “Kilo”), así como el relato “El tiempo y la guerra” en la Antología de Ciencia Ficción Terra Fantástica, el poemario “Nicotina” y “Fantasmas de Kensington” publicados por la Universidad de Sofía y la Unión de Escritores Búlgaros (2010).
Actualmente ejerce como editor de Neverland Ediciones y acaba de publicar en España la novela "Fantasmas de Kensington" prologada por Luis Alberto de Cuenca.

CINE

ISPANSI
Carlos Iglesias
Segunda película de Carlos Iglesias, conocido por sus parodias populacheras en televisión, y de nuevo centrada, como su anterior, Un franco 14 pesetas, en el mundo de la emigración, en el sentimiento de desarraigo de los que son forzados a dejar atrás su paisaje y paisanaje. Si en su ópera prima Iglesias retrataba la emigración económica de los españoles a Suiza en busca de trabajo (una situación que, mira por dónde, se repite ahora en estos tiempos de crisis) en ésta va más atrás en la historia y recrea el éxodo de los niños de la República y sus maestros cuidadores que los llevaron, huyendo de la contienda civil, a la Rusia de Stalin recreada convincentemente en paisajes suizos profusamente nevados. Ispansi, pese a su sencillez aparente y el clasicismo de su puesta en escena, es una película notable que se ve con agrado y, en algunos de sus tramos, conmueve porque está recreando de forma certera uno de los episodios más dolorosos de nuestra contienda civil. Esa marcha por la nieve del grupo de refugiados españoles y los escolares que llevan consigo, tras tener que bajarse del tren por temor a los bombardeos, y las vicisitudes que encuentran en su camino, huyendo del avance de los alemanes, contiene algunos buenos momentos cinematográficos como cuando la locomotora arrolla a uno de los niños o cuando, por unos cuantos rublos, los ateridos expedicionarios encuentran la hospitalidad de unos aldeanos rusos que al principio les negaban refugio en su casa. No es Ispansi, pese a las simpatías que despierta, una película redonda, porque tiene algunos errores de bulto, pero está muy por encima de la norma del cine español que se estrena; falla en la dirección de sus actores, especialmente del propio Carlos Iglesias, en su papel de comisario político, que resulta menos convincente ante la cámara que tras la cámara, y el resto de los intérpretes, que no consiguen transmitir el dramatismo de los acontecimientos que protagonizan, no están lejos de él. Flojas, por poco creíbles y acartonadas, las secuencias que tienen lugar durante la guerra civil española, como ese asalto al convento y quema de cruces que resulta algo fallero, pero sí son convincentes las que transcurren en suelo ruso, que saben transmitir el frío y la dureza de una marcha en la que van quedando por el camino lo más débiles. La película mejora cuando el relato se centra en el éxodo de esas personas en perpetua huida y que, sin, saberlo, abandonaban su país para siempre, y luego, en un salto temporal, en el día a día de sus grises vidas en la Unión Soviética desabastecida y haciendo colas para conseguir cualquier cosa.El film de Iglesias se cierra, elegantemente, con el mismo plano por el que comienza, un banco cubierto de nieve de un parque moscovita desde donde el protagonista encanecido describe su éxodo en voz en off. Ispansi es eso, ese círculo amargo, el de esos españoles que siempre se sintieron extranjeros soñando con un país al que no regresarían, y ese sentimiento de vacío, impotencia y extrañeza, que sí sabe captar Carlos Iglesias, quizá porque lo tiene muy interiorizado por su condición de hijo de emigrantes a Suiza, es de lo mejor de esta película que no debería pasar desapercibida porque es muy digna.
JOSÉ LUIS MUÑOZ

viernes, 25 de marzo de 2011

EL LARGO ADIÓS

LA GATA DE LOS OJOS VIOLETAS
José Luis Muñoz
Murió el pasado 23 de marzo en el Hospital Cedars of Sinai, adonde van a expirar todos los grandes elefantes de Hollywood, Elizabeth Taylor, que detestaba que la llamaran Liz, esa mujer diminuta, bella, sensual, llena de coraje y actriz extraordinaria, una inglesa londinense que conquistó Hollywood y allí se quedó el resto de sus días.
De niña prodigio, amiga de Lassie, mujercita e hija de El padre de la novia, maravillosas cursilerías que se siguen viendo con agrado, a actriz gigantesca curtida en películas de todos los géneros. Como muchas de sus colegas de esa época mítica que, con su muerte, se va definitivamente (aunque aún queda la misteriosa Kim Novak, que nadie sabe dónde está ni qué es de ella, si vive o murió discretamente) se bebió la vida a grandes tragos, y la vida también se la bebió a ella.
Fue una gran bebedora, como Ava Gardner, y una amante compulsiva que no se detenía ante nada, con fama de rompecorazones y roba maridos. Vivó con Richard Burton, un galés dipsómano y culto de expresión eternamente atormentada y rostro lluvioso, uno de los romances más apasionados de la historia del celuloide que empezó en la ficción de Cleopatra, la película más cara de la historia del cine, para trasladarse fuera de los platós, a la caravana de la que no salían para rodar ante el desespero de Joseph Leo Mankiewicz. Fue una extraordinaria faraona egipcia, bordó su papel en el que puso mucho más que interpretación cinematográfica, todo su corazón, y eso lo notaba el espectador, que en las miradas, abrazos y besos que se daban aquellos amantes históricos no había ficción posible sino realidad y que esa pasión turbulenta proseguía luego fuera de plano cuando Mankiewicz gritaba desesperado ¡Corten!. Con el mismo Burton, con quien trabajó en un sinfín de películas (La mujer indomable, Castillos en la arena, Los comediantes) y se casó dos veces, formó una de las parejas cinematográficas más especiales de la historia del celuloide. Mike Nichols, el director de El graduado, sacó lo peor de ellos, y lo mejor de sus interpretaciones, en ¿Quién teme a Virginia Woolf?, un auténtico psicodrama en el que la pareja se insultaba, arañaba y bebía hasta descomponerse; fue, para mí, la mejor de sus interpretaciones y con ella ganó Elizabeth Taylor uno de sus dos óscar: no estaba guapa, ni elegante sino soez, hería con lengua viperina a su pareja aquella mujer irascible casada con un profesor ahogado en whisky a quien ponía los cuernos constantemente. La Taylor consiguió que dos machos míticos del dorado Hollywood se convirtieran en homosexuales a su lado en dos películas prodigiosas dirigidas por John Huston y Richard Brooks sobre obras de Carson McCullers y Tennesse Williams: Reflejos en un ojo dorado, en donde golpeaba con la fusta de su caballo el rostro de Marlon Brando enamorado de un jinete, y La gata sobre el tejado de zinc, en donde finalmente convencía al homosexual encarnado por Paul Newman que la llevara a la cama. Y a la inversa, convenció a homosexuales, ocultos en el puritano Hollywood de entonces, en amantes apasionados en sus brazos. Estuvo espléndida en Gigante entre dos galanes ambiguos como Rock Hudson, con quien siempre tuvo una gran amistad, y James Dean, que dicen se mató por ella, y fue pareja del atormentado Montgomery Clift en De repente, el último verano de nuevo a las órdenes del gran Joseph Leo Mankiewicz. Luego asistimos a su ocaso. Fue de matrimonio en matrimonio, de clínica de desintoxicación a clínica de desintoxicación en donde conoció a alguno de sus maridos de quita y pon. No le importó que la vieran en su silla de ruedas, que la acompañó en los últimos años de su vida, ni que le tomaran fotos sin pelo. Estaba siempre bella y risueña, en paz consigo mismo, mientras dedicaba todos sus esfuerzos a causas benéficas y a luchar contra el sida desde el primer momento. Esta gran dama del cine, pequeña de estatura pero enorme de corazón, con sus ojos violetas que cegaban desde la pantalla, con su cintura de avispa y esas cejas oscuras primorosamente dibujadas en su rostro bellísimo, se ha ido a reunir, o así lo quiero creer yo, con el galés dipsómano que debe de estar abriendo una botella de whisky para recibirla en el Parnaso de los astros.
Ellos tienen el privilegio de tener una larga vida después de muertos, y nosotros de disfrutarla hasta que se cierren nuestros ojos.

CINE

TAMBIEN LA LLUVIA
Iciar Bollaín
Puede que la mayor virtud de la emotiva película de Iciar Bollaín que se fue, injustamente, bastante de vacío en la ceremonia de los Goya pese a ser, según mi opinión, infinitamente mejor que la ganadora, esté en su complejo guión de Paul Laverty. Porque el guionista habitual de los films de Ken Loach imprime un aire social y combativo a todo el film que alcanza momentos de intensa emoción cuando vemos que la historia se repite quinientos años después y todo sigue igual.Un equipo de españoles se traslada a Cochabamba, Bolivia, para rodar una película épica sobre los desmanes de Cristóbal Colón y los conquistadores en tierras americanas. Paralelamente, en la ciudad andina, tienen lugar una serie de históricas revueltas de los indígenas, la llamada Guerra del Agua, en la que se implican activamente buena parte de los extras de la película con el consecuente perjuicio para su filmación. El progresismo teórico de quiénes hacen la película, muy crítica con el papel de España en el continente, se confronta con la calle, con la realidad, y surgen las contradicciones: estar con los insurrectos es cosa del corazón, pero la cabeza va en otra dirección. El productor, director y los actores españoles, que apoyan la revuelta en su interior, la rechazan porque perjudica la buena marcha del proyecto cinematográfico y tratan de no implicarse en ella. Finalmente será imposible no tomar partido y algunos lo hacen mientras la mayoría opta por huir.Hay en la película de Iciar Bollaín tres planos narrativos que constantemente se van cruzando y lo hacen con la suficiente habilidad para que el entramado no resulte forzado. El rodaje de la película, su ficción dentro de la ficción, tiene momentos tensos como cuando los colonizadores amputan las manos de los indígenas que no les consiguen oro, o cuando unas mujeres se niegan a simular el ahogamiento de sus hijos porque ni en cine son capaces de hacerlo; las discusiones constantes dentro del equipo de rodaje, en las que la ideología choca contra el pragmatismo, da lugar a algunos de los momentos más lúcidos como cuando actores, productor y director son invitados por la municipalidad y contemplan, desde las ventanas del ayuntamiento, la violenta represión de las manifestaciones que toman Cochabamba con sus reivindicaciones; y curiosamente falla en la parte que debería ser más vibrante y emotiva, cuando el productor, encarnado por Luis Tosar, se implica en la lucha, por razones emocionales, olvidándose de su propia película. Pese a las buenas intenciones de su directora, y la solidez de su guión, la película de Bollaín no acaba de alcanzar todas sus objetivos quizá por fallos en la dirección de sus actores, porque ni Tosar como el productor Costa que no se sabe bien cómo cae del caballo y ve la luz, ni Gael García Bernal, en su papel de director Sebastián, bastante irrelevante, ni el boliviano Juan Carlos Aduviri, en su doble papel de Daniel, vecino combativo, y Hetuy, líder indígena que se enfrenta a los españoles quinientos años atrás, están convincentes; sólo se salva, con nota, Karra Elejalde, tan magistral cuando interpreta al cínico Antón como cuando es el despótico Colón. Ficción y realidad se dan la réplica en esta película de cine dentro del cine que tiene algunos de sus momentos más brillantes desde el punto de vista ideológico cuando el actor que interpreta al combativo Padre Bartolomé de Las Casas huye del escenario de la revuelta traicionando a su personaje de ficción. Han pasado quinientos años del llamado Descubrimiento y todavía nos seguimos preguntando sobre la ética del mismo y arrastrando un complejo de culpa que no tienen otros pueblos colonizadores menos escrupulosos con su pasado. Y de eso va también el film de Bollaín, de nuestra mala conciencia, la que tiene Costa, su protagonista.
JOSÉ LUIS MUÑOZ

CINE

ÔNIBUS 174
José Padilha y Felipe Lacerda En un país castigado por el narcotráfico, las capas de pobreza extrema, los meninos de la rua, y la delincuencia, como es Brasil, sólo se le presta la debida atención cuando este inestable polvorín estalla y los medios se ven obligados a recogerlo. Estos días asistimos precisamente a uno de estos momentos; el ejército se adentró en la favela Complexo Alemão con la intención de terminar, de una vez por todas, y de manera drástica, con los narcotraficantes que gobiernan la zona. Para el brasileño medio ha sido un triunfo al terror, sin poner en tela de juicio los brutales métodos empleados para conseguir llegar a esta liberación ¿definitiva?Son estos instantes, cuando la violencia deja muertos por las calles y la sangre acelera el rodaje en las rotativas de los diarios, cuando lo invisible se torna visible para el resto del mundo. Esta es precisamente la raíz que subyace en Ônibus 174, el documental en que José Padilha y Felipe Lacerda recogen las trágicas horas en las que el joven Sandro do Nascimento mantuvo en vilo todo un país con el secuestro de un bus de línea en Rio de Janeiro.El 12 de junio del 2000 un joven marginal de la calle secuestraba a los ocupantes de un autobús de Rio de Janeiro a plena luz del día. A los pocos minutos el área estaba invadida por la policía y los medios de comunicación que retransmitieron todo el proceso en directo. Ese joven alterado y drogado, no tenía ningún plan en mente, ni sus exigencias eran lucrativas, simplemente era un joven desesperado, y al límite de una vida rota a la cual había sido arrastrado por su entorno. Padilha y Lacerda tejen el hilo de este potente documental con las imágenes registradas por las televisiones brasileñas que retransmitieron el acontecimiento en directo, y lo amplia con una mirada profunda a los orígenes de este secuestrador, la dramática situación en la que vive una parte importante de la población brasileña, y lo acota con los minuciosos y elocuentes entrevistas a sociólogos, asistentes sociales, víctimas del secuestro, delincuentes, niños de la calle, y otros actores sociales vinculados con ese trágico suceso que removió la vida de los brasileños durante una larga y tensa tarde de negociaciones con la policía.Ônibus 174 cava con rigor en la pesadillesca infancia del personaje; el asesinato de su madre delante suyo, la vida como menina de la rua, superviviente de la matanza orquestada por la policía en Río de la Plaza de Candelaria con 8 niños de la calle muertos y varios heridos ,etc. Una vida golpeada de principio a fin, y sin ningún agujero por donde se pudiera filtrar la luz. Pero además el tándem de directores no titubean ni un seguro en denunciar la incompetencia y el abuso de las autoridades policiales que intervinieron, ni en subrayar el inmenso poder de la prensa para abrir ventanas ocultas al resto, y no sólo quedarse allí, sino en cómo dotan de fuerza a Sandro en su repudiable acto, otorgándole la seguridad, al estar ellos presentes y el país mirando, de que la policía no lo va abatir a través de un francotirador. Y sobre todo, su denuncia a la violencia, a las miserias de su país, y de cómo este círculo venenoso no se va a cerrar con acciones como las que ejecutaron el 12 de junio del 2000, o las recientes en Complexo Alemão.Los directores rehúyen en todo momento en recrearse en el lado sensacionalista de la historia, y compaginan las imágenes del secuestro grabadas por las cámaras con las entrevistas y otros documentos que amplían la trágica historia. Su postura formal es hornada y rigurosa, y sólo recurren a la cámara lenta para facilitar al espectador la explicación exhaustiva de los hechos. Que nadie espere encontrarse en este documental el ritmo avispado y frenético de Tropa de élite, en Ônibus el propio desarrollo tenso y dramático de los hechos inválida cualquier artificio cinematográfico que se pueda utilizar. El propio secuestro tuvo una inquietante calidad teatral.Ônibus 174 es un documental demoledor, crudo, tenso y chocante, pero a la vez tan necesario para que la llamada desesperada de ese criminal, y todo el drama previo, no pase invisible delante las ventanas del mundo.
MARC MUÑOZ