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Mostrando entradas de enero, 2012

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 31 de enero de 2012



9:00. Suena el despertador. Lo apago. Sigo durmiendo. 9:05. Me levanto. Me duele ligeramente el lumbago. Me visto. Camiseta de México, forro polar de Decatlon, jersey de mademoiselle Bonnaire, pantalón de pana de La Arquitecta, dos calcetines míos, zapatillas de La Sonrisa Etrusca, gorra canadiense de La Chica de la Bicicleta. 9:15. Sube el café mientras Ana Pastor entrevista a Ruiz Gallardón que se ha ido del centro, en donde seguramente nunca estuvo, a la derecha. 9:25. Rifirrafe Ana Pastor/Gallardón a propósito de deuda/déficit. 9:45. Me gusta Esther Palomera, a pesar de estar en La Razón. Parece una indignada. 10:20. La cartera me trae devuelto el paquete de libros que envié a Miami. En inglés una nota excusándose por el estado del paquete, pero ninguna razón de por qué no lo entregaron. Lo abrieron buscando droga en sus páginas. Mierda. 10:30. Escribo a mi amiga limeña diciéndole que los libros prometidos no le llegarán. Me contesta que gracias a la inco…

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Arán, 29 de enero de 2012



Pasé, como es habitual en mí por otra parte, de un extremo a otro. De ir en bermudas, camiseta corta y sandalias, a abrigarme con forro polar, jersey de mademoiselle Bonnaire, pantalón de pana, dos pares de calcetines, botas y anorak. Traje conmigo la nieve al Valle de Arán. Nevó durante toda mi primera noche después de regresar de La Graciosa, siguió nevando por la mañana sepultando literalmente el pueblo bajo una masa de nieve que transformó, y embelleció, el paisaje de montañas que circunda esta bella población. Durante la noche me despertaban, con metódica periodicidad, las pequeñas avalanchas de la nieve que se iba desprendiendo de los tejados inclinados y caía a la calle.
A la mañana siguiente, mientras los niños del pueblo hacían monigotes o se deslizaban por las laderas a bordo de sus trineos, yo me fui a fotografiar a los caballos. De nuevo me encontraba dentro de un cuadro de Bruegel mientras miraba a mi alrededor el paisaje blanco del invierno. Trat…

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La Graciosa, 25 de enero de 2012





Siguen los fenómenos extraños mientras pedaleo con mi defectuosa bicicleta cuya cadena, cada dos por tres, se sale del engranaje y va haciendo un ruido de mil demonios. Voy a la parte norte de la isla y contemplo como los surfistas, incansables, van tras su ola perfecta. Yo busco esa perfección en el paisaje. Y descubro nuevos rincones de esta isla de bolsillo, un acantilado impresionante de roja volcánica negra azabache contra el que el mar se estrella implacable una y otra vez, moldeándolo y formando en sus oquedades piscinas de agua transparente.


Me acerco hasta el borde, atraído por el abismo, y me siento. Y me quedo horas, hipnotizado, contemplando como el mar, con una fuerza extraordinaria, barre una y otra vez una plataforma de roca y se despeña de ella formando cascadas, hasta un pavoroso agujero que parece vaya a absorberme en su sima y escupirme en medio del océano. El mar bello, terrible y siempre mutable, nunca igual, que fotografío una y otr…

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La Graciosa, 24 de enero de 2012

Ayer fue un día de fenómenos paranormales. O subnormales. Empezaron ascendiendo a la Montaña Bermeja. De enorme pendiente pero fácil de hacer, de un tirón por una senda perfectamente marcada. Nada que ver con la penosa ascensión, y el más penoso descenso, a la Montaña Amarilla. Las bautizan por colores, y aciertan. La Amarilla es amarilla, y la Bermeja, roja. Pero fue coronar esa cima y disfrutar de las vistas de la isla (desde cualquier punto elevado se ve La Graciosa en su totalidad debido a sus reducidas dimensiones) cuando empezaron los problemas, relativos, porque tampoco me quitan el sueño. Una llamada desde mi séptima vida, cuando estaba en la cumbre, me descolocó por la información que me dio. Tardé unos segundos en identificar la voz. ¡Caramba, me dije, cómo se olvida todo, hasta las voces! Alguien, un escritor cubano al que no tengo el gusto de conocer ni haber leído, me ha denunciado por supuesto plagio por Llueve sobre La Habana, título idén…

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La Graciosa, 22 de enero de 2012

Me hice con una bici renqueante. No había otra. Mañana me la cambiarán porque habían alquilado las buenas y sólo les quedaba ésa, la renqueante. La conseguí en un restaurante. Aquí los restaurantes no sólo hacen comidas, del mismo modo que todos los isleños alquilan sus cuatro por cuatro o se ofrecen a llevarte de excursión. Pero antes de alquilar esa bici que chirría desayuné lo de todos los días, y sin Ana Pastor. Bueno, hoy es domingo y estaría en su casa con su afortunada pareja. Tengo el síndrome de domingo, no cuando me levanto, pero sí cuando oscurece.
Vinieron unos operarios a arreglar la antena y el resultado es que no veo una sola cadena española y sí doscientos canales extranjeros. Me inclino por Rusia Today, RT. Qué hace un canal ruso emitiendo en castellano es para mí un enigma. Hablan maravillas del zar Putin, por supuesto, y alertan del demonio americano. Como en la guerra fría. Predicen una confrontación China-USA. Curioso, porque ya lo a…

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La Graciosa, 21 de enero de 2012

Vivo en la calle La Sirena esquina El Trapecio. Buen barrio. Calle de arena. Me encanta ese odio al asfalto que tienen los isleños. Los gracioseros, que no los graciosos, como sería más lógico. Y hay unas plantitas mustias, que crecen en cuanto dejas atrás el escalón para acceder a la puerta y que alguien riega con mimo, porque la arena de alrededor está húmeda. Yo no, desde luego. O quizá fue que se orinó un perro.
Hoy desayuno en silencio sin la compañía de Ana Pastor. Soledad absoluta. Dos cafés con leche y unos cruasanes industriales, duros, que pasados por la tostadora son comestibles y resultan exquisitos si los adornas con mantequilla y mermelada amarga de naranja.
Hará mal tiempo. Lo veo por la puerta de la terraza. Sopla el viento y hay una nube negra, inmensa, que corona el risco de Famara, la pared perpetúa que tengo delante de la terraza del apartamento, e impide que el sol alegre el ambiente. Pero salgo a la calle con mis bermudas, mi camiset…

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La Graciosa, 20 de enero de 2012

Me despierta un ruido rítmico. Me digo, medio en sueños: el vecino cortando leña. Pero no estoy en Arán, me doy cuenta, cuando abro los ojos. Veinte golpes del cabezal de una cama contra la pared de un dormitorio y un largo gemido final antes del silencio. La pareja de al lado que se da los buenos días. Son jóvenes y rubios, pero no me he quedado con sus caras. De los vecinos de la izquierda sólo he visto la ropa colgada para que se seque: unos sujetadores anticuados y enormes en los que cabe mi cabeza perfectamente.
Despertarse haciendo sexo está bien. Y dormirse, también. Mi quinta vida fue muy sexual, claro: las hormonas saltaban echando chispas. De mi sexta recuerdo un coito ante el espejo de una cocina, mucho antes de que Jack Nicholson lo hiciera con Jessica Lange en El cartero siempre llama dos veces, y otro en un sillón, el último mueble de mi segunda casa. Mi séptima vida fue toda sexo, de principio a fin. En la octava hay fantasmas y ensoñacion…

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La Graciosa, 19 de enero de 2012

Chasqueé los dedos y por arte de magia estaba en La Graciosa. Huí del frío y duro norte de cortos días invernales y hachazos a los leños para mantener siempre vivo el fuego, al sur amable que alarga las horas de sol y multiplica el tiempo. Cambié los seis grados negativos por los diecinueve positivos de las Islas Afortunadas en donde siempre es primavera. La Graciosa es una isla, tres volcanes, quinientos habitantes, muchos de ellos pescadores, calles que hacen ascos al asfalto y prefieren que las invadan la arena, playas vírgenes, tan bellas como letales, y un paisaje agreste barrido por el viento. Y me olvidaba de una pareja de la guardia civil en vacaciones perpetúas, matrimonios en luna de miel a los que premian con este apacible destino.
Tomé un barco en el pueblo lanzaroteño de Órzola, topónimo que parece vasco, después de cruzar la isla, que ya no es la cuidada por César Manrique, en una guagua ocupada mayoritariamente por guanches de habla tan c…

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Arán, 16 de enero de 2012



Hoy me levanté pronto. Las nueve y media. Tampoco muy pronto. Dejé que sonara el despertador y salí de la cama media hora más tarde. Bajé a ver a Ana Pastor al salón. Me enteré de que había muerto Fraga Iribarne, mientras subía el café. Pensé en los cines de arte y ensayo, esa pequeña ventanita a la cultura que abriò durante el franquismo, con él al frente del ministerio de Información y Turismo, y por la que se colaron algunas películas interesantes que no habría visto de no existir esas salas: El sirviente, Repulsión. Mordí la madalena. Estaba mejor de salud, con algo de apetito. Miré la pantalla del televisor. Todos pasaban por el domicilio del gallego, que eso era ante todo y de ahí esa extraña amistad con Fidel Castro que los suyos del PP veían con muy malos ojos. Sobre todo ese Aznar sin bigote que se desplaza al domicilio del finado para ensalzarle.
Creo que hoy saldré a dar una vuelta. Pero antes viene el cartero. Tengo una duda. Si es una mujer, como e…

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Arán, 15 de enero de 2012
No estar en plenas condiciones físicas y solo no tiene ventajas y sí todos los inconvenientes. Durante dos días sentí el estómago al revés. Algo debí comer, aunque no sé qué, que me sentó mal. Tan mal me sentí esos dos días que sonó el despertador a las nueve y seguí durmiendo hasta las doce. Además, si no estaba Ana Pastor, ¿para qué iba a levantarme? Postrado en la cama, y maldiciendo mi escasa salud, intenté dirigir mis sueños hacia la fantasmal Chica de la habitación 511. No tuve suerte. La veía desnuda, eso sí, con todos sus turbadores detalles, pero el sueño no progresaba. Debía de tener la culpa mi malestar estomacal y las náuseas que me asaltaban en esas horas de duermevela hasta que finalmente proyecté un pie fuera de la cama y me levanté tambaleándome al mediodía. El sueño, lo sabía ahora con certeza, sólo podría tener continuación si regresaba a esa habitación 511 del hotel Balmoral. Así es que tendría que volver para reencontrarme con esa exquisita…

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Arán, 12 de enero de 2012




De nuevo en el Valle después de dos días en Barcelona. Una niebla espesa me hizo compañía, de regreso, hasta más allá de Lleida, lo que me impidió disfrutar de los árboles frutales, de sus manzanos, sobre todo, sembrados al lado de la carretera. Luego, pasado Alfarrás, la niebla se abrió y me acompañó la luz y un cielo luminoso hasta llegar a casa.
Se me hizo breve el camino. Pensando y rememorando, que eso hago cuando conduzco, además de procurar escuchar música clásica si doy con la emisora adecuada. Rebobinando en mi cabeza los últimos filmes que vi. Las buenas películas son las que crecen cuando ya las has visto. Las malas se olvidan en cuanto se encienden las luces y te levantas de la butaca. Es como el buen café, que te deja su sabor en la boca buena parte de la tarde aunque lo hayas tomado al mediodía. Lo mismo pasa con los buenos sueños, que crecen si consigues recordarlos. O los viajes, cuyas secuencias te asaltan constantemente con olores, imágenes, …

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Arán, 9 de enero de 2012

Sospecho que en el anterior reencarnación fue leñador. No se explica, sino bajo esa circunstancia, el entusiasmo que despliego buscando leña fresca por estos bosques cuando las existencias del garaje escasean y el frío arrecia (hoy una capa de hielo cubría las ventanas del dormitorio y la buhardilla y no se disolvió hasta las doce del mediodía, cuando el sol la fundió). Digo leña fresca, pero recojo leña helada. Conozco los yacimientos. Uno es importante y hay toneladas de leña cortada que desecharon las compañías taladoras de árboles y se pudren en las veredas. Así es que yo las recojo, limpio con ello el bosque, y lleno el coche hasta los topes de leña helada, hasta que el dolor de las manos, al borde de la congelación, me lo impide.
Ese bosque, el que cubre toda esa zona del Portillón, entre Arán y Francia, está devastado. Hace cuatro años un huracán, que azotó toda Catalunya y alcanzó velocidades de 120 kms por hora, arrancó de raíz centenares de abetos, los…

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Arán, 6 de enero de 2012


Cuando una vida se apaga te preguntas por el sentido de todo esto. Si venimos a morir, ¿por qué demonios venimos? Eso dejando aparte de que hay gente que flaco favor hizo a la humanidad viniendo al mundo: Hitler, sin ir más lejos. Tiene sentido la vida, si es que la tiene, que no lo acabo de ver con claridad, si dejas un rastro en ella. El común de los mortales deja ese rastro en forma de hijos, una forma de perpetuarse maravillosa, una trampa de la sabia naturaleza a la que pocos se resisten. Los hijos, hasta que a su vez mueren ellos, guardan memoria de sus padres y de alguna forma estos viven en sus recuerdos. Pero otros dejamos películas, partituras musicales, esculturas, catedrales, inventos, libros... con los que, en el fondo, queremos trascender a nuestra desaparición física, un autoengaño de eternidad, autoengaño porque ni siquiera el mundo es infinito y un día de estos saltará en mil pedazos y ni habrá catedrales, partituras musicales ni libros, sólo …

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Arán, 5 de enero de 2012

Ser el dueño y el único empleado del negocio tiene la ventaja de que uno lo abre cuando le place, o cuando se despierta. Olvidé el teléfono despertador en la buhardilla, así es que, cuando sonó a las nueve, debió sacar de la cama al vecino pero no a mí, que seguí durmiendo hasta las once de la mañana. Tampoco es necesario madrugar mucho ahora que no tengo a Ana Pastor como estímulo, me digo, para justificar mi vagancia en esta víspera de Reyes cuyo regalo se va a posponer hasta el día diez: me gustaría que viniera bien envuelto y con un lacito rosa. Así es que me levanté, me vestí, me calcé la gorra de leñador canadiense, que es un fragmento, apenas un suspiro, de mi octava vida, y bajé al salón comedor a encender la chimenea porque estaba helado. Con la vista en el fuego, que crepitaba alegre con un combustible formado por pequeñas cortezas y ramas, tomé mi café con leche y una porción de una tarta tatin que me hice la noche anterior agotando el stock de manza…

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Arán, 4 de enero de 2012



Ahora que todo el mundo deja de fumar yo, que nunca había fumado sino ocasionalmente, cuando alguien me ofrecía un cigarrillo, fumador social, fumo, sin engancharme al vicio. Una o dos pipas diarias. Tabaco Amsterdamer, porque era el que fumaba cuando era muy joven y también tenía pipa. Además, la cazoleta incandescente y humeante es una buena compañía para el escritor, le seda, le hace ser más reflexivo, no tan abocado al texto porque debe cuidar que no se le apague la pipa.
Estuve los tres días últimos escribiendo ese relato de terror que ha resultado no serlo; fantástico, si hubiera que definirlo. Inquietante con dosis de amor. Amor por un fantasma. Lo he escrito en primera persona, pero no soy yo el protagonista, aunque tenga alguna de mis características: es escritor. Pero de novela fantástica. He tomado prestado del pasado un escenario que vi, una enorme casa del Ensanche barcelonés que, durante mi sexta vida, visité con la intención de comprar. Era uno d…

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Arán, 2 de enero de 2012



Nada como ver una película a solas. Es otra película. Eres libre de explicitar tus emociones. Aunque esa película la hayas visto unas cuantas veces antes, no importa. Además, hoy era día de cine. Llovía después del vendaval nocturno que trajo nubes y agua. Nevaba en las altas cumbres, por donde yo andaba ayer. Los bosques que veía por la ventana de la buhardilla estaban espolvoreados de azúcar glas, como me dijo Miss Apple. Las nubes parecían brotar de ellos, como humo de un incendio imposible. Los caballos pastaban en el prado que es mi cuadro de todos los días, indiferentes a la lluvia como antes lo fueron a la nieve. Así es que no salí de casa. O sí salí, lo imprescindible, un instante, para comprobar que había dormido con la puerta de la casa abierta, que se me olvidó cerrarla anoche, por lo que alguien pudo entrar y visitarme, y tras cerrarla de un portazo me fui a comprar Público a mi amiga paraguaya. No hubo cerveza en el bar de El camarero que leía a Th…