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Mostrando entradas de marzo, 2012

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 26 de marzo de 2012

Acabé el día viendo El inocente. ¿Por tercera vez? Sigue siendo una de las películas que más me gustan del príncipe rojo, ese curioso aristócrata de izquierdas que era Luchino Visconti. Habla, de nuevo, como en otras muchas de sus películas, de la descomposición de su clase social. Olí, en esos escenarios burgueses, en esos palacios ampulosos tan bien retratados, el hedor de la podredumbre, de la descomposición de la aristocracia. Giancarlo Giannini, un actor no especialmente afortunado ni considerado, borda su papel de marido en un matrimonio de conveniencia con esa exquisita, y ya olvidada, Laura Antonelli, un icono erótico de la época, en el que campa a sus anchas la amante encarnada por Jennifer O’Neil, la chica de Verano del 42 de Robert Mulligan. Advertí, porque siempre cuando uno vuelve a ver una película capta detalles que se le pasaron por alto en anteriores revisiones, que una serie de planos aparecían suavemente velados por un tel cuando Laura Anto…

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 25 de marzo de 2012
Desgracia. Parece perseguirme en esta recién inaugurada primavera. Empezó por el ordenador y esa misteriosa mancha sanguinolenta que se extendió por su pantalla y me ha provocado ceguera. Siguió por la pérdida irreparable de un relato que busqué durante tres días infructuosamente en sus entrañas. Es lo que pasa con lo virtual. El papel era más difícil de extraviar. Como esa pérdida, la del relato, me tiene varios días sin dormir, voy a reescribirlo, aunque nunca será el mismo. Veré si recuerdo exactamente de qué iba. Siguió mi desgracia cuando me bloquearon la cuenta Hotmail, algo que suelen hacer con frecuencia para tocarme las narices y hacerme perder el tiempo respondiendo a cómo me llamo, cuándo nací, dónde nació mi madre, a quién escribí mis últimos correos, cuál fue el asunto que puse en ellos, etc.. . No fue menos desgracia que ayer me despistará y dejará al fuego (de mi cocina vitrocerámica, así es que de fuego nada) mi legendaria sopa, que se achichar…

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Vic, Barcelona, Arán, 18 de marzo de 2012
Extranjero siempre ha sido una palabra que me ha gustado, antes de leer a Camús o ver la película homónima de Visconti, quizá porque en mi infancia/adolescencia fui extranjero de la vida y eso fue el comienzo de mi obsesión por crear mundos propios al margen de la realidad mediante la escritura. Absolutamente extranjero en el colegio; algo extranjero en mi casa; muy extranjero en la universidad de Barcelona, cuando leía a Cortázar apoyado en la columna del patio de Letras con mi jersey de cuello de cisne, negro, y mi pelo recogido en coleta; maravillosamente extranjero cuando desembarco en un país desconocido; excitantemente extranjero cuando abrazo por primera vez el cuerpo desnudo de una mujer extraña que va a dejar de serlo; extranjero a veces conmigo mismo cuando entablo una discusión con mi otro yo…
Me sentí extranjero a lo largo de los tres años de mi séptima vida, cuando ejercía de catalán en Granada entre algunos catalanofóbicos. Me sien…

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Vic, 17 de marzo de 2012
Hoy me metí en una cueva. Bien, he estado en varias cuevas a lo largo de mi vida, hasta en la de Altamira cuando era niño de pantalón corto, pero nunca en una cueva, digamos, no turística. Pero la de hoy no era una cueva en el sentido más estricto de la palabra sino una antigua mina. La entrada estaba en un lugar criminal; tenías que trepar por enormes bloques de roca lisa y con pocos puntos para agarrarse hasta atisbar, en uno de ellos, su diminuta entrada. Una cueva del Montseny, de su vertiente mediterránea y más soleada, árida, con pinos achaparrados y sendas polvorientas en las que echaba de menos el sonido de las cigarras. Y además, llegué a la entrada de esa gruta abierta por el hombre, con los pies sencillamente destrozados por calzar unas botas que me había dejado para la ocasión el Filósofo Rojo y me iban pequeñas. Así es que me asomé a esa boca oscura y redonda, como un bostezo en la montaña, cojeando, con los dedos retorcidos y las uñas de los dedos…

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Barcelona, 14 de marzo de 2012



Últimamente ya no cojo el coche para bajar a Barcelona. Dejé de hacerlo después de comprobar que era más barato, además de más cómodo, tomar el autocar de línea que me dejaba en la Diagonal. El único inconveniente es que sale a las cuatro y media de la madrugada del Valle. Pero hoy, a esa hora, no hace ni siquiera frío y una simple chaqueta de pana marrón, un pantalón del mismo tejido, azul, una camiseta negra y una camisa de verano son suficientes para no pasar frío porque sencillamente no hace. Duermo durante buena parte del viaje. Tomo un café con leche y una palmera en la parada que el autocar hace en Balaguer, aunque el vehículo hizo otra no oficial, en Pont de Suert, porque una pasajera se estaba orinando. Vamos en familia: no más de seis pasajeros, más algunos que suben a mitad de trayecto, en Balaguer. Y con la luz de la madrugada devoro las últimas páginas de Diario de invierno de Paul Auster que me regaló una señora de Burgos. En Burgos hay señ…

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Agen, 11 de marzo de 2012
Agen está entre Burdeos y Toulouse, territorio gascón, a unos pasos del hermosísimo Gerd, tierras de D’Artagnan y Armagnac. El Garona pasa uno de sus extremos. El río de mi pueblo. Pero aquí es ancho como el Ebro, profundo, se desliza con placidez por delante del muelle portuario en desuso, cruzado por cuatro puentes, uno, pura extravagancia, un canal de agua por el que, de cuando en cuando, pasan barcos de turismo. La ciudad es pequeña y agradable, tiene una enorme y moderna librería, cafeterías, tráfico tranquilo.
Las mañanas de estos dos días del Polar Encontre (irónico nombre de las jornadas que hace referencia a la población de Bon Encontre, a pocos kilómetros de Agen, en donde una virgen se apareció a unos pastores, se encontró con ellos, y por eso esa gigantesca y espantosa estatua blanca de la madre de Dios que observa el pueblo desde un pequeño cerro) transcurren dentro del amplio salón, un hangar que se utiliza para los acontecimientos musicales. Los …

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Madrid, 5 de marzo de 2012

Fenómenos paranormales. Hoy, al despertar y encender el ordenador, aparecieron en la pantalla líquida unas enormes manchas rojas. Por un momento pensé que eran mis ojos. Me los restregué. Luego me cercioré de que era la pantalla líquida, de que algún vaso de color, como podría ser al cuerpo humano un vaso sanguíneo, se había roto. Quizá sea un castigo al exceso de hemoglobina que se derrama en mi literatura. Lo acepto. Escribo, desde entonces, a ciegas-

El Café Gijón es un buen sitio para quedar con alguien. No para tomar algo que no sea estrictamente café. Tengo la mala idea, mientras espero a unos amigos venezolanos, de pedir una cerveza y una ración de calamares. La cerveza, bien. Los calamares crudos, duros, mal rebozados, peor fritos. Hace años comí con unos amigos en el Café Gijón. La comida, creo recordar mientras me tomo los calamares, fue mala. Despliego el diario. Estoy en internacional cuando veo entrar a la pareja que espero. Les hago una seña. Vie…