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Mostrando entradas de abril, 2012

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 28 de abril de 2012
Llovió todo el día. Lo hizo lentamente. Hubo un momento en que, abriendo la ventana, era capaz de distinguir el sonido que hacía cada gota cayendo. El cielo estuvo gris. Había nubes altas, nubes medianas y nubes bajas que descendían por los montes hasta los prados del fondo del valle. Un paisaje de Cumbres borrascosas que siguió al ventoso de ayer, con ese viento cálido que del sur me trajo hasta las ventanas de la casa la arena del desierto.
La lluvia rompe mis rutinas. No hay cerveza al mediodía después de la compra del periódico. Me olvido de coger el pan. Llego a la oficina de correos cuando ya la han cerrado. Conduzco bajo la lluvia ida y vuelta pueblo/Vielha/pueblo.
Poco a poco voy recomponiendo el caos que se ha adueñado de mi casa. Soporto el caos hasta que éste se hace demasiado agresivo: por ejemplo, cuando ya no encuentro el mando a distancia del televisor por tantos papeles que inundan mi mesa de trabajo, o cuando soy incapaz de localizar la grapado…
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Arán, 25 de abril de 2012
Hui de Barcelona y subí a Arán. Podría circular a ciegas por los trescientos y algo de kilómetros que separan ambos territorios. De hecho hay un yo que conduce, con piloto automático, y otro, en mi interior, ensimismado en multitud de pensamientos, recuerdos e ideas que llenan mi cabeza. Me detuve a repostar, el coche y yo mismo, en una estación de servicio de la N2, antes de tomar el desvió a Balaguer. Desayuné una napolitana de crema y un café con leche mientras hojeaba El País que compré en el mismo establecimiento. Luego seguí, ya sin parar, hacia el Valle y saboreé esa gradación de paisajes que iban siendo más bellos a medida que subía hacia el Pirineo. Y cuando llegué a casa, no bien descargué las maletas del coche, me hice rápidamente la comida, justo para ver el telediario de las 3. El cielo tenía un color gris cobalto. Seguramente por esa ciclogénesis explosiva que entraba por el norte y levantaba olas de cinco metros en el Cantábrico. Pero no hice ca…

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Barcelona, 23 de abril de 2012
Koczinsky entró en el restaurante porque tenía hambre y no había comido nada en todo el día. Servidumbre de las firmas del día de Sant Jordi cuando uno es escritor, se dijo para justificar su ayuno prolongado. Podría haberse tomado una cerveza y un bocadillo en cualquier sitio, pero optó por entrar en ese pequeño local, porque le pareció luminoso y limpio, después de descartar un chino que ofrecía menús a buen precio a partir de cuatro personas. Desventajas de ir a cenar solo. Se dio cuenta, al entrar, que el color blanco de sus paredes, sobre las que destacaban algunos cuadros con motivos marinos (peces multicolores) era lo que daba al local ese aspecto de limpieza y luminosidad; y la sensación de asepsia que llevaba implícito el blanco era, precisamente, lo que le había invitado a entrar en aquel lugar, más que la carta que había en el exterior, en la que abundaban pescados y pastas. El restaurante estaba vacío, era el único cliente.—¿Para cenar?—Si.
—¿S…

SANT JORDI

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Hoy, día de Sant Jordi, entre las 17 y 19 horas estaré firmando ejemplares de mis siguientes libros en Sigoleyendo.com de la calle La Luna 1, de Barcelona.

La pérdida del Paraíso
Viajeros de sí mismos.
El corazón de Yacaré
Muerte por muerte
La mujer ígnea
Marea de sangre
El sabor de su piel
Llueve sobre La Habana

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 22 de abril de 2012

En la República Independiente de Arán suceden cosas muy extrañas. En ocasiones, bastantes, creo encontrarme en una republica marxista (de Groucho). Sé de mi poca afición al futbol, de la que no me avergüenzo pero tampoco estoy orgulloso. Los colores y la adscripción ciega a un equipo me pueden. No hay cosa que más me divierta que oír a alguien que ganaron, metieron tantos goles y sudaron la camiseta. ¿Desde el sofá de su salón de estar? El último partido de fútbol lo vi con Juan Bas, en la Semana Negra, con sendos gin tónic en la mano, y porque iba a ganar España en el Mundial. Pero no soy sordo, y ayer por la noche los estampidos de los cohetes, muchos, y las tracas nocturnas me hicieron sospechar que el Barça habría ganado a alguien y lo celebraban. Sorpresa mayúscula cuando enciendo el televisor a la mañana siguiente y compruebo que el Real Madrid batió al equipo del exquisito Guardiola. Arán celebra la victoria de los merengues. ¡Fantástico! Me gusta esta …

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Madrid, 15 de abril de 2012
El día de la República lo celebramos con la rotura de cadera del Rey. El Rey, lisiado, antes o después de cazar un elefante, fue una imagen más que gráfica de la decadencia y obsolescencia de la monarquía a la que lleva tiempo creciéndole los enanos. Quizá, por esa razón, nos reunimos unos cuantos, pocos, en una especie de catacumba de un ruidoso pub irlandés para hablar del libro de mi tía. No hablamos, claro, o sí, aunque no del libro de mi tía, aunque también, sino sobre todo de la ocurrencia de la editorial de celebrar semejante encuentro en lugar tan sórdido, quizá, como apuntó alguien, una antigua checa. Las cervezas negras, espesas, que se escanciaban del grifo en la barra poegajosa, me llevaron al Dublín de Joyce. Departí con mi homónimo más homónimo posible, José Luis Muñoz, sobre el cine español en coma, más cuando el doctor Wert está a su cuidado para cortar los tubos que lo mantienen aún con vida. Terminamos la jornada en familia, estrictamente, …

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Barcelona, 13 de abril de 2012
Cuando leí Intimidad del anglopaquistaní Hanif Kureishi, y vi luego la versión cinematográfica que de la novela hizo Patrice Chereau, no supe que estaba leyendo, en parte, lo que iba a ser mi octava vida, pero con final, previsiblemente, feliz. Crucemos los dedos, pero vivamos la intensidad de los instantes. La vida te da imprevisibles y generosos regalos que uno, desengañado, no espera.
Hoy fui relativamente feliz paseando por Barcelona. La nota triste y dramática la puso una joven mendiga negra, una muchacha que habrá cruzado África de punta a punta, puede que haya sido robada, violada y maltratada por el camino, ha invertido todo el ahorro familiar para cruzar en una patera el Estrecho jugándose la vida y acaba durmiendo en los portales de una ciudad extraña y lejana: tenía un bebé en sus brazos. Con esa imagen, la de ese bebé de una desheredada y excluida de este mundo, me he encogido. Tentado he estado de darle dinero, aunque ella no lo pedía y arropa…

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán / Barcelona, 12 de abril de 2012
Hoy sonó el despertador a las cuatro de la madrugada. Abrí los ojos. En realidad no los había cerrado en toda la noche. En las cuatro horas de mi breve noche, debo matizar, mientras saco un pie fuera de la cama, pesco las zapatillas de mi séptima vida, que cada vez me vienen más grandes, bajo las escaleras y me voy a duchar al cuarto de baño de la segunda planta. Hoy no me miro la cara en el espejo. A estas horas, espantosa, y que no empezará a recomponerse hasta dentro de cuatro si consigo dormir durante el viaje. Hay días que no me la miro. Hoy. Me visto rápido, porque ya tenía la ropa encima de la otra cama, no tardo en encontrar los zapatos, me cepillo los dientes, cierro la maleta, cojo la cartera, el móvil, las gafas de presbicia, a pesar de lo mal que suena esa maldita palabra, me encasqueto a media cabeza mis gafas de sol y bajo a la calle. Silencio absoluto mientras paso por el obrador y olfateo el aroma a pan recién hecho. Nadie en la par…

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 10 de abril de 2012
Hoy debería estar en San Sebastián, pero no me moví de mi casa salvo para ir a la oficina de correos de Vielha al mediodía, quince minutos antes de que cerraran. No me moví de mi casa porque estuvo lloviendo todo el día, con un breve intervalo de sol, un rayito, que aproveché para sacar a secar las sábanas recién lavadas de mis huéspedes. Así que apenas pisé la calle, ni el campo, porque ya lo pisé ayer cuando me aventuré, a pie, por una pista forestal (la pista más forestal que uno pueda conocer) que subía por un monte y no conducía a ninguna parte, moría en medio del bosque. Una pista forestal, como su nombre indica, para que entren y salgan de ella los camiones con los troncos cortados. Y esa excursión de ayer la hice, por la tarde, con un sol sensacional, parándome en cada grueso tronco que veía derrumbado en los márgenes del camino para sentarme y leer la divertida novela de Alicia Estopiña Merlot. Me senté sobre tres troncos de árbol talados, y cómodos, …

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 6 de abril de 2012
Esta foto es cortesía de José Luis Zacagnini, Zaca para sus íntimos, un gaditano de ascendencia argentina y siciliana, cóctel explosivo entre la autoestima porteña y la peligrosidad mafiosa, que, a partir de estos días pasados, se ha hecho un poco aranés, es decir, mestizo total, más de lo que ya era. Así es que gracias por prestársela a este corredor de fondo que se ha quedado sin cámara y ve, desde entonces, las cosas de otra manera.
Retrasaron Los Exhomónimos su partida por culpa de la procesión de Semana Santa. Los catalanes sabemos la escasa tradición procesional del Principado. Se pueden contar con los dedos de una mano. Pero en Bossòst, mi pueblo de adopción, todo es posible. Y hasta una plaza de toros, me susurra mi homónimo mientras pasan por delante de nosotros las columnas de romanos, marcando el paso a golpe de lanza en el suelo, el Nazareno (este año mi carnicero) y los penitentes encapuchados que llevan en andas los pasos, entre ellos uno nuevo ll…

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 4 de abril de 2012
Llegaron dos buenos amigos proyectados desde la séptima vida, los Exhomónimos, como notarios de que ésa realmente tuvo lugar, y que mantengo en esta octava, a pesar de la distancia que nos separa: mil kilómetros. Los encontré en la calle del pueblo y fue como si el tiempo no hubiera transcurrido. "Decíamos ayer…" Cambiamos Granada por Arán. Ella, simpática, dicharachera, de sonrisa amplia y actitud expansiva. Él, docto profesor al que tengo un cariño muy especial, un homónimo lector de ensayos al que lentamente estoy atrayendo a la ficción. Vinieron del sur para estar unos días conmigo y compartir charlas y risas en compañía de buenos vinos, tintos y blancos, que me trajeron, y buena comida, la que intenté hacerles y creo conseguí. Hacer un buen plato es cuestión, sobre todo, de afecto. Anduve entre fogones haciendo una olla aranesa, por primera vez en mi vida, y la disfrutaron con sumo agradecimiento. La suerte del primerizo que quizá no se repita. E…