Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2012

DIARIO DE UN ESCRITOR

Imagen
Barcelona, 27 de diciembre de 2012Olvidé un abrigo en un bar. Me di cuenta de su falta cuando, en la terraza de otro, quinientos metros más arriba y tres horas más tarde, empecé a sentir frío. ¿El abrigo? ¿Lo llevaba puesto cuando cogí el tren? ¿Lo llevaba al salir del cine? Reconstruí mis movimientos desde que salí furtivamente de esa casa por la mañana. Entonces lo llevaba porque me acordaba del gesto de habérmelo sacado en el vagón de tren, porque hacía calor, haberlo doblado y ponérmelo luego en el andén cuando bajé. Pedí permiso a las limpiadoras del cine en el que había estado desde las diez de la mañana hasta las doce para registrar la sala. Nada. Ni rastro. Ya estaba por darlo por perdido y deseando que hubiera caído en manos de quien lo necesitara, cuando probé la última opción posible: el bar en donde esta mañana, más por consumir tiempo que por hambre, me había tomado un café con leche y un diminuto, pero exquisito, cruasán. Allí estaba mi abrigo, guardado entre objetos pe…

DIARIO DE UN ESCRITOR

Imagen
Barcelona, 24 de diciembre de 2012

No soy más feliz orillando la Navidad, más bien menos. Y menos rico, también, por mucho que haya mirado una y otra vez ese décimo que le compré a mi amiga La Paraguaya en el Valle de Arán: nada. Más pobre porque alguien me robó la bici. Bueno, eso lo tenía descontado, pero no que me durara menos de un mes. La compré para seis meses. Ha durado veinte días en la calle. Sólo desear que quién se la haya llevado la trate bien o la venda a buen precio para paliar sus necesidades económicas, que seguro tendrá, como todos. Pero sí, es inevitable, a uno se le pone cara de imbécil cuando va a buscar la bici en donde la amarró la noche anterior y no la encuentra. Automáticamente lo achacas a un despiste: la dejaste en otro lugar y no te acuerdas. Y haces memoria de lo que hiciste el día anterior, y el otro, y el otro, a ver si ves esa imagen tuya dejando la bicicleta en otro lugar. Nada. Me la robaron. Cortaron la cadena y se la llevaron. No me cabreo. Me faltan…

Diario de un escritor

Imagen
Barcelona, 20 de diciembre de 2012
Es curioso lo que connotan algunas palabras. Tanatorio, por ejemplo. Pretende ser aséptica, ocultar una realidad, pero no nos engaña. Me gusta Tanatos, pero no tanatorio. Cementerio remite a tapias y cipreses. A fusilamientos en este país que no sé de quién es. Estuve dos días entre muertos.Salgo al exterior. La Sierra de Collçerola, en ese punto, luce espigados pinos y la luz apagada del atardecer da un tono mortuorio a un paisaje que se me antoja desolado. Paseo por el exterior, escuchando el eco de mis propias pisadas, observando como los jabalíes han hozado la hierba y la han levantado con sus morros y pezuñas. La atmósfera, la luz, es de frío. Pero no hace. Quizá el hielo corra por dentro.La muerte da sentido a la vida. Una vida sin muerte sería un sinsentido. Curioso que ansiemos la eternidad, vivir cada vez más años, y luego racionalmente pensemos que eso sería una no vida insoportable. ¿Para qué tengo que levantarme si voy a vivir eternamente?…