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Mostrando entradas de febrero, 2013

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Barcelona, 26 de febrero de 1958

La gripe era una buena forma de esquivar el colegio. Todos los años la cogía durante los fríos inviernos que helaban la ciudad. Pasaba frío en el colegio, pero también lo pasaba en casa a pesar de que mamá encendía la calefacción en la cocina que funcionaba con un sordo rugido cada vez que echaba paletadas de carbón en la caldera. La cocina era como la bodega de un barco, pero sin su movimiento. Solía durarme la bendita gripe dos semanas, y yo procuraba alargarla. No me costaba mucho. Padecía de anginas, y el proceso gripal, entonces, se hacía mucho más virulento, me sumía en un agradable letargo febril, del que no despertaba sino para comer los delicados flanes que mi madre me preparaba entonces, por lo que asociaba flan a enfermedad, de forma automática, y tener la textura blanda de ese dulce entre los labios era una razón más para enfermar. Disfrutaba en esos procesos gripales de una madre cuidadora que, en plenitud de salud, no lo era tanto y andaba…

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 8 de febrero de 2013

Nieva, lo que ya no es ninguna novedad sino una rutina. La novedad sería que no nevara. Nieva tanto que ya la nieve se me empieza a meter en los huesos. Y el pueblo, sepultado por esa capa blanca que crece sin parar, cubre sus calles, empieza a llegar a las puertas de las casas, parece muerto, sin nadie por las calles, todos metidos en sus casas, alrededor de un fuego que no debe apagarse. Nieva tanto que uno no tiene más remedio que habituarse al frío, que la sopa cuesta de calentar, que los leños de la chimenea arden con parsimonia. Con este tiempo ducharse es un acto de valentía. Pero soy valiente casi todos los días, salvo alguno. Hoy creo que estoy siendo cobarde y no encuentro el momento de ponerme bajo el agua. A veces, para sacarse el frío, nada como salir afuera, dar un paseo, sufrir esa temperatura de cinco, seis o siete bajo cero del exterior durante un buen rato, y regresar a casa: sientes calor, entonces, al llegar.
Mi almacén de leña, que yo cre…

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 7 de febrero de 2013
Nevó ayer por la noche, mientras conciliaba el sueño después de leer una novela de Mankel que no es policiaca, Profundidades, que alterno con la obra épica de Andreu Martín Cabaret Pompeya, la novela definitiva sobre Barcelona que desplazará en el ranking de novelas sobre la Ciudad Condal a La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza. A Andreu Martín lo leo en mi butacón orejero, con los pies sobre una mesa cuadrada de pino y al lado del fuego de la estufa de leña: así lo hago porque es un libro de peso, más de quinientas páginas, y no es fácil maniobrar con él en la cama. Para la cama utilizo a Mankel. Mis ritmos de lectura con ambos libros son muy diferentes. Procuro leer cincuenta páginas, de una tirada, de Cabaret Pompeya. Con Profundidad no tengo una media de páginas; la leo hasta que el sueño me vence y el libro cae de mis manos. De ambas novelas agradezco la brevedad de los capítulos. Los capítulos de Cabaret Pompeya, una novela negra, pero también h…

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 3 de febrero de 2013

A veces creo que las ventanas de mi buhardilla son cuadros clavados en la pared inclinada de madera oscura en la que se abren. Hoy, por ejemplo, cuando la luz menguaba y he levantado la vista del teclado para mirar el paisaje. El cielo tenía un color lechoso, después del azulado tenue que viraba al blanco de media hora atrás, y la nieve caída durante todo el día anterior había blanqueado más aún esas cimas de montaña que podía tocar con alargar la mano. La nieve lleva cayendo desde hace treinta días, de forma intermitente, y ha sepultado prados y espolvoreado árboles que el viento luego limpia. Hoy no había nubes en el cielo, pero el frío era más intenso sin su protección y la nieve caída durante la noche, que no era algodonosa, que flotaba en el aire, sino nieve dura, copos pequeños y compactos como diminutas piedras, se había helado ya y formaba una costra pétrea por la que era arriesgado deslizarse. No había nubes, pero sí ventisca en las altas cumbres que…

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 2 de febrero de 2013
Después de casi un mes de silencio, vuelvo al diario tan abandonado por múltiples circunstancias que sería prolijo relatar, así es que cada uno rellene ese largo paréntesis como quiera, que también los silencios son creativos y son fuente de inventiva.
Predije que el 2013, que acaba en ese número fatídico, no sería mejor que el malhadado 2012. No me equivoqué.
Un virus agresivo, y policial, que me acusaba de un montón de desmanes sexuales informáticos, descargas ilegales, formar parte de una cúpula yihadista, querer reconstruir la FAI, ser proxeneta, coyote en el Río Grande, tener dinero en Suizay no sé cuántas cosas más (los delitos eran tan variados que cualquiera podría verse reflejado en alguno de ellos) me bloqueó durante días el ordenador. Después de arreglado, y limpiado de impurezas, previo pago a un informático que creo me metió otras (encenderlo y ya me salen doscientos anuncios), ese apéndice vital (ya no sé escribir a mano, confieso avergonzado), e…

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 6 de enero de 2013
    No me trajeron nada los Reyes. No les pedí nada salvo despertar con los rayos del sol. No hice carta. El sol me despertó, pero seguí durmiendo. Últimamente las sábanas se pegan al cuerpo y disfruto de los minutos que siguen a la alarma del despertador. Celebré el día de Reyes con un chocolate caliente y churros mientras la gente corriente acudía a la pastelería a recoger el roscón de Reyes que había reservado el día anterior. Hace seis años que no como ese roscón que solía ir a comprar a una pastelería de Barcelona que ya no existe. Miré, mientras mojaba los churros recién fritos y colmados de azúcar en el chocolate a la taza, las noticias. Hablaban de los Reyes, de las cabalgatas, de los agraciados por la lotería del Niño, del Rey con muletas, de la salud de Chávez… Me deprime que la gente se vuelva loca, destape botellas de cava y se rocíe con ellas porque haya ganado dinero con la lotería.
    Fui al quiosco a comprar El País. Salí con El Periódico porqu…