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Mostrando entradas de abril, 2013

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Solvang, 29 de abril de 2013



Cuando salimos del Motel 6 de Santa Bárbara la bruma del día anterior no se ha levantado; nos sigue fuera de los límites de la ciudad, por una carretera serpenteante que se interna por los montes cercanos cubiertos de bosques.El lago Cachuma, un pantano de dimensiones considerables, se deja ver a nuestra derecha con alguna barca flotando en su centro. Ya no hay niebla entonces y luce un cielo azul fuerte del que han desaparecido todo rastro de nubes que siguen concentradas en la costa, ancladas en el puerto de Santa Bárbara. La Niebla de John Carpenter.El pueblo de Santa Ynez aparece en nuestro camino, sin buscarlo. Entramos dentro, por equivocación, buscando la misión de Santa Inés que no está allí sino en Solvang. El pueblo, como muchos de este país, se me antoja de juguete. O un decorado de película en el que de un momento a otro aparecerá por la calle el director que gritará ¡Corten! La población es una carretera con escaso tráfico y tres calles que lo …

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Santa Bárbara, 28 de abril de 2013

Los Ángeles siempre es una sucesión de atascos, pases a la hora que pases por la megalópolis, la más extensa, aunque no la más poblada (poco más de tres millones) del país. El tráfico se ralentiza, a pesar de los seis carriles por banda (podrían poner dieciséis y seguiría congestionándose, porque el problema no son las autopistas sino el número desmesurado de coches). Atravesar la ciudad es un Vía Crucis que pone a prueba al conductor más templado. Los rascacielos de cristal del Dowtown aparecen difuminados por la eterna contaminación que envuelve la ciudad y la convierten en la más contaminada del país. Una señal de tráfico verde, grande, señala Hollywood, sobre nuestras cabezas. Otra indicación, los estudios de la Universal. Dejamos la ciudad fábrica de los sueñosy epicentro de la novela negra atrás, en la que no hay ningún festival de referencia que lo reivindique, y el tráfico se arregla, como si un cirujano hubiera manipulado la arteria obstruida…

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Escondido, 27 de abril de 2013


Las palmeras oceánicas siempre me sugieren paraísos. Hoy, después del cine, de ver Renoir, una buena película francesa sobre Auguste Renoir, el maravilloso pintor de las bañistas, un hedonista y bon vivant, y su hijo Jean Renoir, el que fue cineasta. Así es que después de que mis ojos se deleitaran por los paisajes mórbidos de la última modelo que tuvo en vida el pintor, y que me recuerda a una modelo rodiniana de mi séptima vida cuyas formas amasé con pasión de esteta, salto más de cien años y paseo por el borde de una de las enormes lagunas marinas de San Diego, a la hora de las brujas, con el sol a punto de ocultarse en el horizonte y una fresca brisa marina que hace que M.J., más friolera que yo, acelere el paso. El cine de San Diego en donde hemos visto Renoir es curioso y atípico. Una sala antigua. Sí, como las de antes, con butacas de terciopelo, cortinas y un cierto sabor rancio que no acaba de cuadrar con la modernidad del centro comercial en el …

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La Jolla, 25 de abril de 2013


Días de silencio forzado tras mi paso por el Valle de la Muerte. ¿Impresionado? Sí. Pero no se debe a eso mi silencio. Setenta y dos horas en la cama, noqueado. Y no por el baño de luz y sol, o los cuarenta grados al sol de ese paisaje de otro mundo que todavía golpea mi retina. La dieta americana no sólo genera monstruos sino que deja fuera de combate mi estómago. Lo que no consigo en Gijón con una buena fabada seguida de un arroz con leche, que me caen divinamente, aquí lo logro con un bocadillo de un pie (el tamaño del pie de Magic Johnson, por ejemplo, o de Pau Gassol, no el de una japonesa) en un establecimiento de comida basura o con una tapita que me ofrecen gratis en un macrosupermercado para estómagos talla XXXXL y que cometí la imprudencia de no escupir de inmediato. He de remontarme a la India, o a México y su fatídica maldición de Moctezuma a la que me hice acreedor como español, para recordar una situación similar. El día del libro, en la dist…

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Valle de la Muerte, 20 de abril de 2013



Sí, pero estoy vivo. Y antes de ir a lugar de tan lóbrego nombre hemos tomado un desayuno frugal en Tropic, sin acento, que se me olvida que en inglés las palabras carecen de tildes: café aguado americano con crema de leche que, como en los aviones, sale a presión de su recipiente y mancha de blanco la mesa de la cafetería, y dos tortitas que, sin el empalagoso jarabe de sirope, que detesto, se me atragantan. Así es que, cruzando el país, bajando desde los más de dos mil metros de altitud a que estamos en Bryce Canyon hacia el plano, nos detenemos en el Deny’s de Sant George, en el que ya desayunamos antes de subir, a descansar y tener un desayuno decente con huevos a la plancha, cuyas yemas permiten mojar las tostadas untadas de mantequilla derretida, patatas rayadas y ligeramente fritas, agua con hielo y el café americano al que peligrosamente me estoy acostumbrando hasta el punto de que ya no le hago ascos y además funciona como laxante. En lo…

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Tropic, 19 de abril de 2013



Dejamos que el despertador suene, para seguir durmiendo. Culpa de trasnochar. Así es que nos perdemos el suculento desayuno del motel a base de cereales, café americano y tostadas. En ayunas, con barras energéticas, alguna bebida, patatas fritas y un puñado de galletas de chocolate nos vamos al Cañón de Bryce, distante 20 millas de Tropic, que realmente no es un cañón sino un grandioso anfiteatro formado por miles de pináculos (hodoos, chimeneas de hadas) resultantes de la erosión del viento y el agua que han moldeado ese bello escenario que debe su llamativo color anaranjado rojizo a los sustratos de óxido. Otra obra maestra, una más, de la naturaleza localizada en el sudoeste del estado de Utah.El parque está a una altura considerable, y lo noto especialmente por un ligero mareo que achaco equivocadamente al estómago vacío: 9.100 pies en su parte más alta, nada menos que 2.700 metros de altura. Luce cielo azul y corre una fresca brisa cuando iniciamos el d…

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Trópic, 18 de abril de 2013


Salimos de Las Vegas y este país no gana para sustos. Sin aclararse todavía los sucedido en la maratón de Bostón - ¿Al Qaeda? ¿Un terrorista chiflado local?- una planta de fertilizantes de Waco salta por los aires y todavía están recogiendo pedazos de gente entre los escombros que ha dejado la devastadora explosión. ¿Accidente? ¿Atentado? Y un policía muere tiroteado en la universidad de Boston. ¿Los mismos chiflados de la olla Magefesa? ¿Otros que no tienen nada que ver? Así es que las banderas de las barras y las estrellas de Sin City ondean a media hasta en un día soleado y ventoso.Para llegar a los proximidades del Parque de Bryce hay que dejar Nevada a nuestras espaldas, pasar un rato por Arizona y entrar en Utah, el estado de los mormones en donde vive Robert Redford en su rancho, con su cara apergaminada y sin expresión, gracias a una cirugía plástica equivocada, y tiene lugar el festival de cine independiente de Sundance, pero por el camino, dejando …

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Las Vegas, 17 de abril de 2013


¿Cómo definir Las Vegas? ¿Sin City, la ciudad del pecado? ¿La ciudad más hortera del mundo? ¿El paraíso del kitsch? ¿La apoteosis del mal gusto? ¿La ciudad que nunca duerme? ¿El parque temático de todos los vicios? ¿Una borrachera de capitalismo? ¿El lugar de los excesos? Después de contemplar la obra cumbre de la naturaleza, Grand Canyon, posar los ojos sobre esta creación del hombre puede producir un shock traumático.Las Vegas surge del desierto en medio de un lodazal de sangre. La de cadáveres que debe de haber enterrados en los cimientos de sus antiguos casinos cuando la mafia edificó la ciudad. Con Las Vegas La Cosa Nostra consiguió blanquear todo el dinero negro amasado por la extorsión, la prostitución y el juego clandestinos. Bugsy Siegel fue el padre de esta ciudad artificial construida en lo más inhóspito del estado de Nevada. Ubicar en este lugar un paraíso en el que cupieran todos los placeres prohibidos del americano medio hay que reconocer q…