<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645</id><updated>2012-01-30T23:06:17.292-08:00</updated><category term='J'/><title type='text'>LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>864</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-3801727483300395296</id><published>2012-01-30T03:37:00.000-08:00</published><updated>2012-01-30T09:46:01.587-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 29 de enero de 2012 &lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 526px; DISPLAY: block; HEIGHT: 366px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5703479055208967346" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-THHm-JVQoxI/TybT-32cbLI/AAAAAAAAPWI/XGMnbl-kjG8/s400/DSC_0040.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Pasé, como es habitual en mí por otra parte, de un extremo a otro. De ir en bermudas, camiseta corta y sandalias, a abrigarme con forro polar, jersey de mademoiselle Bonnaire, pantalón de pana, dos pares de calcetines, botas y anorak. Traje conmigo la nieve al Valle de Arán. Nevó durante toda mi primera noche después de regresar de La Graciosa, siguió nevando por la mañana sepultando literalmente el pueblo bajo una masa de nieve que transformó, y embelleció, el paisaje de montañas que circunda esta bella población. Durante la noche me despertaban, con metódica periodicidad, las pequeñas avalanchas de la nieve que se iba desprendiendo de los tejados inclinados y caía a la calle.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;A la mañana siguiente, mientras los niños del pueblo hacían monigotes o se deslizaban por las laderas a bordo de sus trineos, yo me fui a fotografiar a los caballos. De nuevo me encontraba dentro de un cuadro de Bruegel mientras miraba a mi alrededor el paisaje blanco del invierno. Trataban los animales, sin éxito y algo desorientados, de arrancar alguna brizna de hierba congelada bajo esa espesa capa de nieve que lo cubría todo y me llegaba casi hasta la rodilla; se apretujaban entre ellos para darse calor.&lt;br /&gt;La nieve es hermosa pero te enseña a ser muy precavido con ella. Pisar donde alguien, antes que tú, haya puesto su bota, por ejemplo, para no hundirte más, pero no hacerlo si ves que esa huella ya se ha helado, porque podrías patinar, es algo que hago automáticamente; no caminar nunca pegado a las paredes de las calles sino por el centro de ellas para evitar ser atravesado por uno de esos cuchillos de hielo que se forman cuando la nieve de los tejados se funde o desaparecer bajo una avalancha es otra norma dictada por el sentido común; pisar el suelo con mucho cuidado y estar siempre atento a él: si cruje bajo tus pies puedes andar tranquilo. Escapar del invierno sin una rotura de huesos es fundamental.&lt;br /&gt;Al atardecer la luz, con el subrayado de la nieve, tiene una magia especial, y el fotógrafo que hay en mí va hacia uno de los miradores del pueblo, junto a una diminuta ermita, una pequeña elevación cubierta por nieve virgen que nadie, hasta ese momento, ha pisado. Mi excursión bajo el frío invernal del atardecer tiene su premio fotográfico: una postal navideña del pueblo con la torre de su iglesia románica, iluminada, sobresaliendo con una luminosa pincelada de naranja entre la blancura de los tejados de las casas que la circundan que centra la mirada en esa aguja de piedra después de deleitarse por lo que la rodea. Y con esa imágen, y otras muchas que mi cámara fotográfica ha captado, y dos películas de la Sexta3 vistas al calor de la estufa de leña, &lt;em&gt;Corazones de hierro&lt;/em&gt; de Brian de Palma, en la que Sean Penn compone un personaje odioso, y &lt;em&gt;Guerreros&lt;/em&gt;, de Daniel Calparsoro, alguna de cuyas más impactantes imágenes se rodaron precisamente en el Valle de Arán, me voy a la cama, bien abrigado, sepultado por dos mantas y con el radiador del dormitorio encendido. Sueño con mis personajes de mi octava vida.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-3801727483300395296?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/3801727483300395296/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=3801727483300395296&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3801727483300395296'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3801727483300395296'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/diario-de-un-escritor_30.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-THHm-JVQoxI/TybT-32cbLI/AAAAAAAAPWI/XGMnbl-kjG8/s72-c/DSC_0040.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-310322847308017539</id><published>2012-01-26T02:55:00.000-08:00</published><updated>2012-01-26T03:25:10.073-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-TRAD" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;La Graciosa, 25 de enero de 2012&lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 534px; DISPLAY: block; HEIGHT: 372px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5701898553814174610" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-06PSVOmSrN4/TyE2hlVoS5I/AAAAAAAAPV8/iSZC7XHcHbw/s400/DSC_0222.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-TRAD" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-TRAD" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Siguen los fenómenos extraños mientras pedaleo con mi defectuosa bicicleta cuya cadena, cada dos por tres, se sale del engranaje y va haciendo un ruido de mil demonios. Voy a la parte norte de la isla y contemplo como los surfistas, incansables, van tras su ola perfecta. Yo busco esa perfección en el paisaje. Y descubro nuevos rincones de esta isla de bolsillo, un acantilado impresionante de roja volcánica negra azabache contra el que el mar se estrella implacable una y otra vez, moldeándolo y formando en sus oquedades piscinas de agua transparente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-TRAD" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Me acerco hasta el borde, atraído por el abismo, y me siento. Y me quedo horas, hipnotizado, contemplando como el mar, con una fuerza extraordinaria, barre una y otra vez una plataforma de roca y se despeña de ella formando cascadas, hasta un pavoroso agujero que parece vaya a absorberme en su sima y escupirme en medio del océano. El mar bello, terrible y siempre mutable, nunca igual, que fotografío una y otra vez y en cada una de las instantáneas me ofrece una nueva cara, siempre impresionante. El mar que es un hervidero de espuma blanca que salta y ruge y me amenaza como una fiera gigantesca. Regreso conmocionado. Y tanto me gustó el espectáculo marino que como deprisa, tomo de nuevo la bici y voy al mismo escenario de la mañana. Pero es diferente. Me doy cuenta entonces hasta que punto nos engañan los sentidos o sencillamente cambia la perspectiva de las cosas. El acantilado no me parece tan alto ni tan tenebroso como por la mañana y el mar, a pesar de que sopla el viento y éste orla de blanco las olas, no golpea con esa fuerza matutina sino que lo hace suavemente. Tanto ha cambiado el paisaje que empiezo a dudar que ése sea el mismo acantilado que me tuvo en estado hipnótico por la mañana. Pero lo es, porque el viento no ha borrado todavía las huellas de mis sandalias que dejé y me guían a ese balcón. La única explicación posible es que ahora la marea sea baja. Pero si la marea es baja, el acantilado tendría que parecerme más alto y no lo es. Realmente estoy perplejo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES-TRAD" lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Atardece, y yo espero, por la posición de las nubes que llenan el cielo, una puesta de sol tan espectacular como la de ayer, con esos tonos rojizos. Pues tampoco. No sé por qué razón la puesta de sol es completamente azulada, no despide el astro rey, cuando se acuesta por el horizonte, un solo rayo bermellón. No lo entiendo. No entiendo nada de la naturaleza cambiante del que soy un pequeño espectador que se hace preguntas y disfruta de ella. Quizá, para compensar ese acantilado tenebroso que de pronto ha desaparecido, ese mar furioso que se tornó calmo, o esa puesta de sol azulada en vez de roja sanguínea, un enorme arco iris traza un puente inmenso desde la isla Montaña Blanca a la Montana Bermeja. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-310322847308017539?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/310322847308017539/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=310322847308017539&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/310322847308017539'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/310322847308017539'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/diario-de-un-escritor_26.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-06PSVOmSrN4/TyE2hlVoS5I/AAAAAAAAPV8/iSZC7XHcHbw/s72-c/DSC_0222.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-5627634887460232359</id><published>2012-01-24T16:03:00.000-08:00</published><updated>2012-01-24T16:15:16.286-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;La Graciosa, 24 de enero de 2012&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 533px; DISPLAY: block; HEIGHT: 383px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5701355811248111234" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-tjCQm16KoOA/Tx9I5zuNfoI/AAAAAAAAPVk/YvMuS_vRdUE/s400/DSC_0154.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Ayer fue un día de fenómenos paranormales. O subnormales. Empezaron ascendiendo a la Montaña Bermeja. De enorme pendiente pero fácil de hacer, de un tirón por una senda perfectamente marcada. Nada que ver con la penosa ascensión, y el más penoso descenso, a la Montaña Amarilla. Las bautizan por colores, y aciertan. La Amarilla es amarilla, y la Bermeja, roja. Pero fue coronar esa cima y disfrutar de las vistas de la isla (desde cualquier punto elevado se ve La Graciosa en su totalidad debido a sus reducidas dimensiones) cuando empezaron los problemas, relativos, porque tampoco me quitan el sueño. Una llamada desde mi séptima vida, cuando estaba en la cumbre, me descolocó por la información que me dio. Tardé unos segundos en identificar la voz. ¡Caramba, me dije, cómo se olvida todo, hasta las voces! Alguien, un escritor cubano al que no tengo el gusto de conocer ni haber leído, me ha denunciado por supuesto plagio por &lt;em&gt;Llueve sobre La Habana&lt;/em&gt;, título idéntico al de una novela que él publicó en 2004. Cuando mi interlocutora cuelga su teléfono me doy cuenta de que el amor potencia uno de los sentidos y anula los otros, aunque mi observación llega a destiempo. Con esos pensamientos nocivos, que me envenenan por dentro, sigo mi periplo por la bella isla, descubro lugares de una belleza terrorífica, oxímoron que se puede aplicar a unas galerías gigantescas que la fuerza del mar ha abierto en una colada volcánica negra azabache por la que entra y sale, rugiendo y bufando, hirviendo literalmente. La naturaleza es el más prodigioso arquitecto, me digo cuando me detengo a fotografiar un arco perfecto que han labrado durante siglos la conjunción del viento y el agua, los verdaderos dueños de La Graciosa. Y sigo, pedaleando con mi bicicleta renqueante que se encalla en las dunas que invaden la carretera, hasta el apartamento para saborear la noticia de esa denuncia por plagio. Lo más chusco del asunto es que el autor cubano, o el que tan mal le asesora en este tema, incluye como prueba del delito un párrafo de mi novela que yo no he escrito. Fenómenos paranormales. O subnormales. Claro que el autor cubano afirma, además de descalificarme con la ayuda de un amigo tan conocido como él, que acaba de publicar una obra maestra. Envidio su autoestima. Yo sólo estoy medianamente satisfecho de lo que publico, y a veces ni eso. Y tras esos fenómenos paranormales, esta misma mañana sucedió otro. Llovió. No sobre La Habana dichosa, sino sobre La Graciosa. No me lo podía creer. Pensé que alguien colgaba la ropa y por eso caían gotas. Pero, ¿quién? Así es que llovía del cielo, de un par de nubarrones negros que descargaron un poco de agua, seguramente la única lluvia que caía en la isla durante el año, ni para llenar el culo de un vaso, y yo para verlo. Cogí la bici renqueante (cuando fui a cambiarla las otras estaban peor) y me fui primero a Pedro Barba, a darme un baño en las aguas tranquilas de su puerto desierto, a pasear por entre las casas primorosas y deshabitadas, y luego, remojado, seguí por un territorio de hermosísimas dunas, eché una siesta al sol, adormilado por el oleaje cercano, seguí camino pasando por debajo de la Montaña Bermeja, no bajé a la peligrosa Playa de Las Conchas sino que regresé al pueblo, para comer, y después comprobé el cuarto fenómeno paranormal de estas dos jornadas extrañas: un correo dirigido a mi séptima vida, que estaba seguro de haber enviado la noche anterior, esperaba que lo disparara hacia la interesada en la bandeja de salida. Y me dije que si el azar, de forma aleatoria, había impedido que ese correo saliera el día anterior yo no tenía por qué contrariarlo, así es que lo eliminé. Zas. Y creo que así mantuve, más o menos, que tampoco sé si me interesa, una amistad, porque el contenido de ese correo que no existió, ya que no cumplió su función de ir del emisor al receptor, era demasiado duro para su destinataria, había nacido por la noche después de haberse ido adobando con hiel durante todo el día, y no estoy para causar daño a nadie, aunque ese alguien quizá lo merezca. Y después de comer, más de la cuenta, porque he comprado muchos víveres y creo que quedarán para el próximo inquilino del apartamento, cogí la bici y la cámara y me fui a ver la puesta de sol en las dunas. Y, bueno, me quedé noqueado con tanta belleza, con tanta, tanta, tanta belleza. La belleza de las cosas. La belleza de esta isla maravillosa que me llevo en la retina de mi cámara. Y ya de regreso a mi apartamento, a ciegas, de noche, por mi manía de apurar las horas del día, y sin un solo tropiezo porque me conozco al dedillo la pista que me lleva a Caleta del Sebo, me encuentro en el ordenador con el quinto fenómeno paranormal de estos dos días, un documento perdido ayer, que anduve buscando y no hubo manera de localizar, que aparece hoy sin que lo invoque en la pantalla del ordenador, tan misteriosamente como desapareció ayer tras haberlo creado: lo guardo, aunque piense, a buenas horas mangas verdes porque ayer, maldiciendo el fallo informático, lo tuve que reproducir de memoria. Puede que si salgo a la calle esta noche un OVNI me abduzca para regocijo de &lt;em&gt;La Marciana de Miami&lt;/em&gt;, la profesora de tangos. Y salgo, mirando hacia el cielo, hacia las estrellas, por si veo un platillo volante planeando como un moscardón a mi alrededor. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-5627634887460232359?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/5627634887460232359/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=5627634887460232359&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/5627634887460232359'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/5627634887460232359'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/diario-de-un-escritor_24.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-tjCQm16KoOA/Tx9I5zuNfoI/AAAAAAAAPVk/YvMuS_vRdUE/s72-c/DSC_0154.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-1363412989808826189</id><published>2012-01-23T00:37:00.000-08:00</published><updated>2012-01-23T00:44:59.425-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;La Graciosa, 22 de enero de 2012&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 509px; DISPLAY: block; HEIGHT: 356px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5700745417577329154" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-cCIjMT-5_lk/Tx0dwOGh8gI/AAAAAAAAPVY/dw7YlwTgFAI/s400/DSC_0189.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Me hice con una bici renqueante. No había otra. Mañana me la cambiarán porque habían alquilado las buenas y sólo les quedaba ésa, la renqueante. La conseguí en un restaurante. Aquí los restaurantes no sólo hacen comidas, del mismo modo que todos los isleños alquilan sus cuatro por cuatro o se ofrecen a llevarte de excursión. Pero antes de alquilar esa bici que chirría desayuné lo de todos los días, y sin Ana Pastor. Bueno, hoy es domingo y estaría en su casa con su afortunada pareja. Tengo el síndrome de domingo, no cuando me levanto, pero sí cuando oscurece.&lt;br /&gt;Vinieron unos operarios a arreglar la antena y el resultado es que no veo una sola cadena española y sí doscientos canales extranjeros. Me inclino por Rusia Today, RT. Qué hace un canal ruso emitiendo en castellano es para mí un enigma. Hablan maravillas del zar Putin, por supuesto, y alertan del demonio americano. Como en la guerra fría. Predicen una confrontación China-USA. Curioso, porque ya lo anticipé en una novela. Y hablando de novelas, antes de montar en la bici, empiezo &lt;em&gt;Los crímenes de La Graciosa&lt;/em&gt;, el arranque, el primer capítulo, que no quiere decir que la deje a medias, que no siga, que me canse, que me aburra, que se meta en medio otra historia. De hecho hasta que no pasan de las cien páginas el nasciturus no tiene garantizada su vida. Ahora simplemente es un espermatozoide tonto a la busca de su óvulo. Que lo fecunde no depende de mí. ¿O sí?&lt;br /&gt;Monto en la bici renqueante a las 11 de la mañana. Hoy el día como ayer, con luces y sombras, con sol y nubes. Como mi existencia. El camino, una pista ancha habilitada para que circulen cuatro por cuatros, me lleva justo a ese punto entre los volcanes Montaña del Mojón y La Aguja Grande al que llegué andando campo a través ayer. Tomo una pista que sale a la izquierda y señala Montaña Amarilla a cinco kilómetros. Por el camino me detengo ante un corral. Por fin sé de dónde proceden unas malditas y pesadísimas moscas que si la toman con uno no hay quien se las saque de encima: cabras. Me saludan y sacan sus cabezas del cercado para que les haga unas cuantas fotos. Y luego sigo el camino, bordeando ya el mar.&lt;br /&gt;En Bajo del Corral un surfista busca su ola perfecta. Me detengo a admirarlo. Cabalga sobre olas medianas y descabalga de ellas cuando se aproxima mucho a la costa repleta de cantos rodados negros de lava. Y vuelve a buscar su ola, a cabalgarla y a bailar por su filo de espuma antes de perder el equilibrio y zambullirse en las aguas agitadas. Pienso en el hijo de una buena amiga, y en esa buena amiga. Y sigo camino.&lt;br /&gt;La pista, a veces, la invade la arena y las ruedas de la bici se encallan en ella y me desequilibran. No me voy al suelo de milagro. Ahora sale el sol y me unto, precavido, con protección Aloe Vera 30 que compré en un supermercado de Caleta del Sebo y se me mete en los ojos, como siempre me sucede: un incordio. Y sigo pedaleando, a ciegas y con los ojos escocidos, y deteniéndome cada vez que quiero capturar una imagen: cada dos minutos.&lt;br /&gt;El camino termina en Punta del Pobre. A saber a qué pobre se refieren. El origen del los topónimos es siempre un misterio. Desde ese punto diviso con claridad la cala de aguas tranquilas y transparentes en la que me bañé sin ropa el primer día, la de La Cocina, y la impresionante Montaña Amarilla, el volcán de pared sulfurosa. Decido subirlo. Lo dejo todo metido en la cesta de la bici, incluida la camiseta, y sólo me llevo conmigo la cámara de fotos. Desde ese lado, abrupto, no hay senda, así es que la trazo yo a ojo. Alcanzo trabajosamente la cresta de la primera montaña y voy a la conquista de la segunda, la definitiva. Es una subida de 172 metros. Se haría bien si no fuera por lo resbaladizo del terreno, por la gravilla volcánica que sobre las paredes de azufre amarillas me hacen trastabillar constantemente. Pero no me caigo. A medida que asciendo la panorámica es más espectacular. La Punta del Pobre la veo a vista de pájaro y ya no distingo mi bicicleta. Asciendo rápido, sin dudar, por la empinada ladera amarilla sin pensar en el regreso, que será más problemático, pero he aprendido en esta octava vida a pensar sólo en el presente, y el presente es este ascenso bajo un sol de muerte, y el descenso ya veré cómo lo hago. A la media hora de subida corono la cima. Vale la pena el esfuerzo y el riesgo de un arañazo. Desde Montaña Amarilla se ve toda la isla de un extremo a otro, todos sus conos volcánicos, todas sus llanuras sombreadas por las nubes, los núcleos poblacionales de Pedro Barba y Caleta del Sebo con sus casas encaladas, las playas ribeteadas por la espuma de las olas. Recorro la cima de un extremo a otro, saco fotos y emprendo el descenso que, en efecto, es bastante más complicado. La pendiente de la ladera de azufre y la maldita gravilla de piedra volcánica negra que la recubre hacen que los resbalones sean continuos. Decido bajar de lado, despacio y tanteando donde coloco el pie, y en alguno de sus tramos, cuando veo que voy a bajar rodando montaña abajo, me sujeto con las dos manos a la tierra, busco las escasas plantas que no tengan espinos, alguna roca voluminosa que no amenace moverse y voy descendiendo sin percances, sin rasguños, sin torceduras de pie hasta La Punta del Pobre.&lt;br /&gt;Una hora más tarde estoy en mi apartamento, hambriento y sediento. Cae una bolsa de patatas fritas y una lata de cerveza Tropical, en la terraza, al sol. Luego, con más calma, hago la ensalada y mientras, pongo la mitad de la sama que sobró del día anterior sobre la plancha al fuego y descorcho una nueva botella de Malvasía, éste mucho más fino que el que terminé. Y suavemente alcoholizado, y bruscamente cansando, me voy a la cama a hacer una siesta de media hora que se prolonga exactamente hora y media.&lt;br /&gt;Y aquí estoy, ante el ordenador, después de tomarme un café, dudando entre hacerme la cena o irme directamente a dormir, digiriendo el síndrome de domingo por la noche. Y no sé por qué, o sí lo sé, quizá, triste. Quiero días sin noches.&lt;br /&gt;Una buena amiga, o quizá no tanto, me envió el enlace de una entrevista del diario Público a Paul Auster. La leo y me reconozco en un buen número de respuestas. También calculo cuántas mañanas me quedan, aunque eso no lo pueda saber nadie. Mis errores me siguen torturando, titulan la entrevista al autor norteamericano. Mis errores me siguen torturando. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-1363412989808826189?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/1363412989808826189/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=1363412989808826189&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1363412989808826189'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1363412989808826189'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/diario-de-un-escritor_23.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-cCIjMT-5_lk/Tx0dwOGh8gI/AAAAAAAAPVY/dw7YlwTgFAI/s72-c/DSC_0189.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-2448592694959626276</id><published>2012-01-21T14:58:00.000-08:00</published><updated>2012-01-21T15:12:32.422-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;La Graciosa, 21 de enero de 2012&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 509px; DISPLAY: block; HEIGHT: 368px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5700225277927023058" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-fOB1Y28SY5c/TxtEsG6K4dI/AAAAAAAAPVM/aw30cBnpYUE/s400/DSC_0063.JPG" /&gt;Vivo en la calle La Sirena esquina El Trapecio. Buen barrio. Calle de arena. Me encanta ese odio al asfalto que tienen los isleños. Los gracioseros, que no los graciosos, como sería más lógico. Y hay unas plantitas mustias, que crecen en cuanto dejas atrás el escalón para acceder a la puerta y que alguien riega con mimo, porque la arena de alrededor está húmeda. Yo no, desde luego. O quizá fue que se orinó un perro.&lt;br /&gt;Hoy desayuno en silencio sin la compañía de Ana Pastor. Soledad absoluta. Dos cafés con leche y unos cruasanes industriales, duros, que pasados por la tostadora son comestibles y resultan exquisitos si los adornas con mantequilla y mermelada amarga de naranja.&lt;br /&gt;Hará mal tiempo. Lo veo por la puerta de la terraza. Sopla el viento y hay una nube negra, inmensa, que corona el risco de Famara, la pared perpetúa que tengo delante de la terraza del apartamento, e impide que el sol alegre el ambiente. Pero salgo a la calle con mis bermudas, mi camiseta de manga corta y mis chanclas. La gente va abrigada. Los isleños deben considerar el día de hoy como frío. Todo es relativo. Mi cuerpo se ha hecho en estos meses a cuatro bajo cero con lo que diez grados positivos es una temperatura primaveral.&lt;br /&gt;He establecido mis propias rutinas en la isla. La primera: ir a por el pescado. Ayer debió ser un buen día, porque en la pescadería de la lonja asoman, entre el hielo picado, las cabezas sin vida de un buen número de especies marinas. Pregunto al adusto pescador por el nombre de unos peces de piel rosácea. Samas y bocinegros. Me llevo una sama mediana, abierta por la mitad, que haré a la plancha y quizá me dure dos días, porque es mucho mayor que el burro que compré ayer. Y con el pescado regreso a casa.&lt;br /&gt;Intento ir a la playa de Las Conchas. Pero no tengo mapa. Me dejo guiar por la intuición y ésta me lleva a un grupo de casas destartaladas, habitadas por gallinas y un solitario caballo en medio de una nada colmada de plantas espinosas en las que afloran, como un milagro, delicadas flores amarillas. Decido tirar monte arriba sin senderos. Me guío por los volcanes. El perfil de uno me suena. Y el de otro. El de la izquierda se llama Montaña del Mojón, y el de la izquierda La Aguja Grande, y ninguno de los dos supera los doscientos metros. Creo que el camino para ir a la Playa de Las Conchas pasa exactamente en medio de ellos. No voy errado. Después de hacer mi propio y particular camino por esa nada árida colmada de plantas espinosas y arbustos enanos y retorcidos, que nadie sabe de dónde obtienen su humedad para subsistir en este bello erial, desemboco en un camino ancho y lo sigo.&lt;br /&gt;Me gusta esta nada, como me gusta el paisaje pleno de árboles, prados y ríos de Arán. Me gusta esa nada por la que mis ojos pueden ver sin trabas hasta el infinito y el cielo es un techo gigantesco ornado de nubes. El camino pasa junto a algunas fincas agrícolas. Por llamarlas de alguna manera. El clima es tan seco y duro en la isla, llueve tan poco, si es que llueve alguna vez, que en esos cercados sólo hay chumberas, y gracias. En uno de los cercados descubro un solitario limonero con frutos. Deben de estar secos esos limones que cuelgan de las ramas.&lt;br /&gt;El camino tiene una ligera pendiente. Los dos volcanes de referencia quedan a mi espalda. El cielo está nuboso, por suerte, y el sol se deja ver a intervalos. Sopla esa agradable brisa, la de los constantes alisios, que es como si un enorme ventilador propulsara el aire. Cuando culmino la pendiente aparece el otro lado de la isla, espectacular, un buen numero de islotes y roques azotados por el mar. Montaña Clara es inconfundible por el color pálido de las laderas del volcán que cubre el sesenta por ciento de la isla. Más allá la enorme isla de La Alegranza con su único habitante. Y el Roque del Infierno, que habría que preguntar a qué debe su nombre. Me acerco al mar que rompe con fuerza contra una barrera de lava negra. El oleaje es frenético, hipnótico. A una ola sigue otra. Paraíso para surferos suicidas. Los muros de agua, orlados de espuma blanca que el fuerte viento que sopla convierte en una suerte de lluvia vertical que asciende hacia el cielo, azotan la playa de arena y cantos rodados negros. Las gaviotas sobrevuelan el oleaje en busca de pescado. Siguiendo la costa llego a un terreno de dunas gigantesco coronadas por matorrales que ocupan sus cimas. Me desprendo de las sandalias y con ellas en la mano arribo finalmente a La Playa de Las Conchas, vigilada por la impresionante Montaña Bermeja.&lt;br /&gt;La belleza de la Playa de Las Conchas es directamente proporcional a su peligrosidad. Es bellísima. Una bandera roja ondea desde tiempos inmemoriales y no ha sido arriada nunca ni lo será hasta el fin de los días. Como recuerdo que una vez anterior, con los pies en la arena, un terrible oleaje traicionero estuvo a punto de derribarme y arrastrarme, no me mojo ni los pies sino que permanezco a diez metros de donde rompen las olas y vigilante. Hay un nudista, pero no se baña, ni se moja siquiera. Y yo. Nadie más. Retrocedo y busco un lugar para hacer una pequeña siesta. Y dormito con el rumor constante de las olas, ese bramido amenazante, como estampidos de cañón, y el sol tostándome cada vez que le dejan las nubes. A la una del mediodía emprendo el regreso a Caleta del Sebo. Llego a las tres. Preparo una apetitosa ensalada con lechuga, tomate, aguacate, atún y aceitunas y me como media sama que he puesto a la plancha. Me sabe a gloria, aunque más sabroso estuvo el burro de ayer. Luego me voy a hacer la siesta a La Playa del Salado, busco una oquedad confortable que me resguarde del viento incesante, con muretes de piedras, y dormito bajo los rayos de ese sol intermitente que está más tiempo oculto entre nubes que brillando fuera de ellas. Pero sigo trabajando, hasta dormido. Una historia que quizá escriba, o no: &lt;em&gt;Los crímenes de La Graciosa&lt;/em&gt;. ¿Hay delitos en esta isla de 500 habitantes o puede haberlos? Hay guardiciviles, aunque no los haya visto porque quizá se mueven en traje de baño en sus patrullas por la isla. Un sargento y un número. Una sargento, mejor dicho, una mujer de unos cincuenta años y autoritaria, madre de un crío. El número es un joven de veintitantos años. Los dos ocultan los motivos por los que han ido a parar a ese rincón tan apartado como tranquilo. Pero alguien muere, rompiendo la tranquila rutina isleña, y no se sabe bien por qué. El solitario habitante de La Alegranza aparece con un disparo en la cabeza, un aparente suicidio con su arma de caza. Todos dan por buenas esa evidencia, menos el joven número de la Guardia Civil.&lt;br /&gt;No sé. No sé si la empezaré a escribir o me olvidaré de la historia. No sigo con mis elucubraciones literarias porque el viento que sopla es gélido y me hace levantar el vuelo t salir de mi refugio. Voy medio desnudo, muy desabrigado, en contraste con todo el mundo con el que me cruzo que va con forros polares. Tropiezo con mis vecinos, por cierto. Ella es guapa y delicada; él parece un hooligan. Me saludan entre sonrisas mientras entran en su apartamento y yo en el mío. Y estoy tan helado que invierto una hora en hacer arroz con leche, aunque sólo tenga arroz, leche y azúcar (nada de corteza de limón, y eso que pasé por delante de un limonero esta mañana, ni canela) y mientras hierve, a cámara lenta, cosas del maldito butano, meriendo dos veces. Y luego abro el ordenador y leo los mails de tres mujeres. Uno de ellos es una respuesta telegráfica y tampoco esperaba más; el segundo rezuma sentimientos y ternura; el tercero es una relación de excitantes promesas. Este es el resultado de cartearme con fantasmas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-2448592694959626276?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/2448592694959626276/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=2448592694959626276&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2448592694959626276'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2448592694959626276'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/diario-de-un-escritor_21.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-fOB1Y28SY5c/TxtEsG6K4dI/AAAAAAAAPVM/aw30cBnpYUE/s72-c/DSC_0063.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-2045827402313984480</id><published>2012-01-20T15:02:00.000-08:00</published><updated>2012-01-20T15:21:46.661-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;La Graciosa, 20 de enero de 2012&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 494px; DISPLAY: block; HEIGHT: 346px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5699857351684337442" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-D-ha3Kqrxt0/Txn2D-2LLyI/AAAAAAAAPVA/JvGZUuLu2po/s400/DSC_0112.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;Me despierta un ruido rítmico. Me digo, medio en sueños: el vecino cortando leña. Pero no estoy en Arán, me doy cuenta, cuando abro los ojos. Veinte golpes del cabezal de una cama contra la pared de un dormitorio y un largo gemido final antes del silencio. La pareja de al lado que se da los buenos días. Son jóvenes y rubios, pero no me he quedado con sus caras. De los vecinos de la izquierda sólo he visto la ropa colgada para que se seque: unos sujetadores anticuados y enormes en los que cabe mi cabeza perfectamente.&lt;br /&gt;Despertarse haciendo sexo está bien. Y dormirse, también. Mi quinta vida fue muy sexual, claro: las hormonas saltaban echando chispas. De mi sexta recuerdo un coito ante el espejo de una cocina, mucho antes de que Jack Nicholson lo hiciera con Jessica Lange en &lt;em&gt;El cartero siempre llama dos veces&lt;/em&gt;, y otro en un sillón, el último mueble de mi segunda casa. Mi séptima vida fue toda sexo, de principio a fin. En la octava hay fantasmas y ensoñaciones diversas.&lt;br /&gt;Pero volvamos a la realidad. Y la realidad es que Ana Pastor desayuna en Canarias una hora antes que en la península. Hoy la que sufre su cerco es una ejecutiva de una agencia de renting, los que marcan la economía, los que dan órdenes a nuestros nefastos gobiernos de calzonazos. Entre Ana Pastor y los periodistas invitados la ponen a caldo. Deberían prohibir las agencias de calificación. Pero no sólo no las prohíben sino que les pagan por hacer informes nefandos que sirven a oscuros intereses, los mercados.&lt;br /&gt;A las nueve, hora canaria, estoy en la pescadería de la lonja. Hago una pregunta no pertinente al pescadero que es para que no me dirija la palabra. &lt;em&gt;¿Qué pescado fresco tenemos?&lt;/em&gt; Me mira y se apiada de mí por mi aspecto de turista. &lt;em&gt;Aquí todo es fresco, señor.&lt;/em&gt; Salgo con un burro bajo el brazo, no un asno sino un pescado isleño que responde a ese nombre. Lo dejo en la nevera de casa y me voy a dar un paseo.&lt;br /&gt;No sé por dónde tirar, así es que cojo un sendero arenoso que me lleva en dirección contraria a la que quería. Tampoco pasa nada. Tengo tiempo. Dispongo seis días por delante para perderme por el norte, el sur, el este y el oeste de la isla. El sendero arenoso me lleva hasta el cementerio del pueblo y luego desciende, hasta el mar. Marea baja. El mar que ha invadido una playa interior que es como una laguna, desagua. Las partes de esa laguna sin agua son un finísimo barro que se traga literalmente los pies. El agua que vuelve al mar está fresca. Cruzo ese río improvisado de cinco metros de ancho que no me llega a la rodilla. Luego, tomo de nuevo la pista arenosa y bordeo dos playas hasta que arribo a una desierta, la playa del Salado, y, como no hay nadie y olvidé el traje de baño en el apartamento, me baño sin ropa. El agua es cristalina. Pura delicia. No había visto nunca un agua tan transparente. Braceo un rato y salgo. Me tiendo en la arena, para secarme, y luego sigo, hasta el volcán que veo al fondo de la isla, en uno de sus extremos, y destaca por una de sus paredes de azufre y de un color siena intenso. A sus pies hay una recóndita y protegida cala, la playa de la Cocina. Desierta. Desciendo y me doy un nuevo baño bajo la impresionante mole volcánica, la montaña Amarilla, que parece grabada a bajorrelieve, un cuadro gigantesco de Barceló. Me seco. Y me doy otro baño. Y me seco. Y me tumbo utilizando como almohada &lt;em&gt;El mar sigue siendo azul&lt;/em&gt;, una muy buena novela de Fernando Martínez López que leo cuando no la tengo bajo la nuca.&lt;br /&gt;Regreso a mi apartamento con mucho apetito. Hago a la plancha el burro. Preparo una ensalada de lechuga, tomate y aguacate. Descorcho un malvasía de Lanzarote. El pescado, con muchas espinas, es una delicia, sabroso y suave, de carne blanca. Disfruto comiendo en la terraza, al sol, con la vista del mar y del mirador del Río delante coronando los 425 metros del risco de Famara.&lt;br /&gt;Sopeso hacer la siesta cuando termino de comer. Pero es un crimen con esta tarde soleada. Así es que me pongo de nuevo en marcha, en otra dirección, bordeando la costa por una senda estrecha, delimitada por hileras de piedras volcánicas, que me lleva por paisajes marinos de ensueño y luego se encarama a unos montes y se hace abrupto por momentos hasta que llega a Pedro Barba, el segundo núcleo habitado de la isla, un puñado de casas hermosas de paredes blanqueadas junto a las que crecen palmeras. No hay nadie salvo un isleño que debe estar al cuidado de las casas vacías. Está regando y escuchando música y me lanza una mirada oblicua. Es ya muy tarde para que alguien ande merodeando por esa zona. Así es que, sin descansar, regreso, porque quiero hacer con luz suficiente la senda abrupta que sube y baja montañas. La noche me sorprende en la senda delimitada por piedras volcánicas. El mar es una masa oscura que ruge y espumea. La brisa marina me está enfriando los hueso. Los últimos quinientos metros los hago a ciegas, guiado por el resplandor de Caleta del Sebo en el horizonte, adonde finalmente llego justo para cenar y ver las noticias: tortilla de dos huevos, patatas fritas, queso majorero de Fuerteventura y un yogur griego.&lt;br /&gt;Los vecinos de al lado vuelven a las andadas. Pero esta vez no hay gemido. No hay orgasmo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-2045827402313984480?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/2045827402313984480/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=2045827402313984480&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2045827402313984480'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2045827402313984480'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/la-graciosa-20-de-enero-de-2012-me.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-D-ha3Kqrxt0/Txn2D-2LLyI/AAAAAAAAPVA/JvGZUuLu2po/s72-c/DSC_0112.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-7581092017434894946</id><published>2012-01-19T14:07:00.000-08:00</published><updated>2012-01-19T14:22:55.919-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;La Graciosa, 19 de enero de 2012 &lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 510px; DISPLAY: block; HEIGHT: 336px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5699471621534499058" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-RFcob9vQa00/TxiXPiD7wPI/AAAAAAAAPU0/NuNg1yDOFYE/s400/DSC_0112.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Chasqueé los dedos y por arte de magia estaba en La Graciosa. Huí del frío y duro norte de cortos días invernales y hachazos a los leños para mantener siempre vivo el fuego, al sur amable que alarga las horas de sol y multiplica el tiempo. Cambié los seis grados negativos por los diecinueve positivos de las Islas Afortunadas en donde siempre es primavera. La Graciosa es una isla, tres volcanes, quinientos habitantes, muchos de ellos pescadores, calles que hacen ascos al asfalto y prefieren que las invadan la arena, playas vírgenes, tan bellas como letales, y un paisaje agreste barrido por el viento. Y me olvidaba de una pareja de la guardia civil en vacaciones perpetúas, matrimonios en luna de miel a los que premian con este apacible destino.&lt;br /&gt;Tomé un barco en el pueblo lanzaroteño de Órzola, topónimo que parece vasco, después de cruzar la isla, que ya no es la cuidada por César Manrique, en una guagua ocupada mayoritariamente por guanches de habla tan cerrada a los que apenas entendía, ni ellos a mí. Las isleñas jóvenes y bellas, de piel muy oscura, tienen rasgos árabes y un hablar dulce que recuerda al de las cubanas, aunque también las hay trigueñas de ojos azules.&lt;br /&gt;Durante la travesía marina de media hora escasa un miembro de la tripulación que estaba ocioso se avino a convertirse en improvisado guía turístico al verme solo en la cubierta de arriba. Me habló del despoblado Roque del Este, cuyo cono perfecto es bien visible una vez que el barco abandona el puerto de Órzola y cabecea sobre un moderado mar de fondo; de la Isla de La Alegranza, habitada por un solitario pescador que se niega a dejarla y exhibe su título de propiedad; y Montaña Clara, el cuarto islote que conforma con La Graciosa el archipiélago de Chinijo, reserva biomarina por donde nadan viejas, abadejos, bocinegros y meros. Me explica el locuaz marino como antiguamente, cuando los isleños carecían de agua corriente, la iban a buscar a una fuente de la vecina Lanzarote a la que accedían jugándose el físico por una pared vertical y la cargaban en enormes cubas de vidrio, o como los pescadores cruzaban a sus mujeres el estrecho que separa ambas islas y éstas debían subir la falda de un empinado monte cargadas con el pescado que habían sacado sus maridos para irlo a vender a Haría caminando quince kilómetros, o de qué manera llegó el agua corriente y la electricidad, hace cuarenta años, por un conducto bajo el mar, de la isla grande a esa diminuta a la que me dirijo buscando sol y agua marina.&lt;br /&gt;Una tal Montse que, con ese nombre, debe de ser catalana aunque no me lo confiesa, me sale a recibir al puerto de Caleta del Sebo en cuanto amarra el trasbordador, y en su cuatro por cuatro, por los caminos arenosos de la población, que parecen del Far West, me lleva hasta el apartamento que contraté vía Internet. Es perfecto: silencioso, bastante amplio y con terraza con vistas al mar y a la impresionante pared del mirador del Río que con sus 467 metros de altura parece que vaya a sepultar la isla. Por el camino Montse me ha ido informando de los horarios de la lonja de pescado, me ha señalado los dos supermercados, los tres bares, los dos restaurantes y un bar de copas musical que hay en el muelle. No veo ninguna iglesia.&lt;br /&gt;El tiempo es distinto aquí abajo, tan al sur. Las horas que mediaron para la puesta de sol se dilataron. Primero cargué de comida en un supermercado y luego me fui a dar un paseo a una playa cercana disparando mi cámara ante cada gaviota encaramada a los tejados y a unos curiosos patos de pico carnoso que deambulaban por la playa buscando alimento bajo las piedras. ¿Patos marinos? Nunca los había visto. Llegué a una despoblada playa en cuanto dejé las últimas casas blanqueadas con los marcos de las puertas azulados del pueblo y me tumbé sobre la arena, junto a unos matojos, a ver cómo desaparecía la luz del sol. Así permanecí una hora hasta que la oscuridad empezó a dominar y una brisa marina bajó la temperatura. Entonces regresé a la que será mi casa por mis próximos siete días, me hice la cena, vi las noticias y me fui raudo a la cama, muerto de sueño.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-7581092017434894946?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/7581092017434894946/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=7581092017434894946&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/7581092017434894946'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/7581092017434894946'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/diario-de-un-escritor_19.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-RFcob9vQa00/TxiXPiD7wPI/AAAAAAAAPU0/NuNg1yDOFYE/s72-c/DSC_0112.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-1354430173081166778</id><published>2012-01-17T01:47:00.000-08:00</published><updated>2012-01-17T01:57:01.597-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 16 de enero de 2012&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 514px; DISPLAY: block; HEIGHT: 356px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5698537412918828914" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-bLIIYAcZM5I/TxVFlbxM33I/AAAAAAAAPUo/Z4Aiv31QxJE/s400/DSC_0001.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Hoy me levanté pronto. Las nueve y media. Tampoco muy pronto. Dejé que sonara el despertador y salí de la cama media hora más tarde. Bajé a ver a Ana Pastor al salón. Me enteré de que había muerto Fraga Iribarne, mientras subía el café. Pensé en los cines de arte y ensayo, esa pequeña ventanita a la cultura que abriò durante el franquismo, con él al frente del ministerio de Información y Turismo, y por la que se colaron algunas películas interesantes que no habría visto de no existir esas salas: &lt;em&gt;El sirviente, Repulsión&lt;/em&gt;. Mordí la madalena. Estaba mejor de salud, con algo de apetito. Miré la pantalla del televisor. Todos pasaban por el domicilio del gallego, que eso era ante todo y de ahí esa extraña amistad con Fidel Castro que los suyos del PP veían con muy malos ojos. Sobre todo ese Aznar sin bigote que se desplaza al domicilio del finado para ensalzarle.&lt;br /&gt;Creo que hoy saldré a dar una vuelta. Pero antes viene el cartero. Tengo una duda. Si es una mujer, como en efecto lo es, tendría que decir la cartera. Pero en la cartera llevo billetes. ¿Y la cartero? No sé, todo suena mal. Prescindamos del sexo. El cartero que es mujer. Hace frío cuando le abro la puerta y me entrega un giro. Bajo con la gorra puesta. Me ducho luego. Las doce. Pero antes miro el correo hotmail y gmail, contesto algunos mensajes, bromeo. Mi amiga mexicana dice que me va a enviar recetas de su país, para arreglarme el estómago, pero se resiste a hacerlo. Quizá espera a que esté curado. Casi lo estoy. Ducharse con agua caliente es placentero. Estoy un buen rato bajo el chorro hirviente, hasta que casi se me salta la piel y el calor derrite la escarcha de la ventana. Me visto. Me abrigo. Me pongo un montón de prendas encima. El jersey fetiche de &lt;em&gt;Madame Bonnaire&lt;/em&gt;, que es lo único que me queda de ella. Y una caja de galletas vacía. Y un par de libros sobre brujas que voy leyendo y me divierten. Decido sacar a pasear a Vila-Matas. Lo hago por la economía local. Así es que a las 12:45, cuando el sol acaricia la terraza de mi bar, tomo posesión de esa mesa, que lleva quince días vacía, y empiezo a leer el libro sin sacarme la gorra canadiense de la cabeza. Aun con la gorra puesta, el abrigo de piel comprado en Estambul, en el curso de uno de los maravillosos viajes de mi sexta vida, y las gafas de sol, &lt;em&gt;El camarero que lee a Thomas Mann&lt;/em&gt;, y al que no le pregunto si terminó &lt;em&gt;La montaña mágica&lt;/em&gt;, me pone la cerveza de euro veinte sobre la mesa. Hablamos. Él es joven y va arremangado y con poca ropa. Yo, encogido. Pero me saco el abrigo. Hablamos de política, de luchas de religiones, de la maldita crisis, de los desheredados del mundo que deberán ponerse en pie ante el capitalismo opresor. No cantamos La Internacional. Otro día. Bebo la cerveza a pequeños sorbos. Enero, pleno invierno, montañas nevadas y yo tomando mi fría cerveza porque es un ritual. Pero falla el diario que ya no lo vende mi amiga paraguaya. Así es que leo la metaliteratura de Vila-Matas, capto sus sutiles comentarios, su sentido del humor que empieza riéndose de sí mismo y del escaso éxito de sus primeros libros. Con los derechos de autor de su primer libro publicado el editor le invitó a un gin tonic. Uno, puntualiza, porque el segundo que pedí ya lo pagué yo. Me gusta leer ese libro. Lo suelo leer antes de dormir. Lo tengo en la cabecera de la cama. Fue el primer regalo navideño que recibí, una semana antes del 25 de diciembre, enviado por una devota lectora. Y disfruto hoy de su lectura al sol, y lo iré sacando cada día que haga sol para seguir sentándome en mi mesa de la terraza en donde &lt;em&gt;El camarero que lee a Thomas Mann&lt;/em&gt; me sirve las cervezas. Y mientras leo a Vila-Matas pienso en las muchas gratificaciones que para mí ha tenido la literatura, que, realmente, ha sido mi vida, en los muchos amigos que gracias a ella he hecho dentro de la profesión, en mi relación con lectores a los que he conocido personalmente. Juan Madrid me dijo, en una ocasión, una frase que suscribo. Estaba sereno. Es un tipo con pinta de duro, broncas, exboxeador, pero legal. Mujeriego de manual. Escribo para que me quieran, me dijo. Bueno, yo no, pero sí publico para que me quieran. Y nada me hace más feliz que recibir felicitaciones de los lectores que han disfrutado con mi novela, o alguien, creo que un mexicano, que me dijo que había empezado a escribir, y a publicar, gracias a que me había comenzado a leer.&lt;br /&gt;Hoy es un día de sol. Es un día para estar en esta terraza o para hacer una excursión, ya que estás bien, no del todo, pero mejor. Quizá curado completamente si te tomaras ese Acuario azul que una amiga me receta. Así es que como poco, o casi nada, algo de verdura, que salvo in extremis de que se queme una vez evaporada el agua, un triste huevo frito y una cuajada y monto en el coche.&lt;br /&gt;Tengo ganas de probar las raquetas de nieve que me compré el otro día en Barcelona. Así es que subo en coche hasta Baqueira Beret. Los esquiadores se deslizan, haciendo zigzag, por las laderas cubiertas de nieve. Suben y bajan en los telesillas. Una y otra vez. A esa hora la luz es preciosa. El cielo azul tiene una tonalidad suave y el blanco de la nieva azulea. He ido conduciendo con una sinfonía de Tchaikowski en el dial y no ha sido buena idea hacerlo. Su música me deprime. Pero me ha acompañado mientras he cruzado el valle de un extremo a otro. Pensamientos fúnebres. Lo que queda del día. Si es que ya queda algo. ¿Diez, quince años? Y luego, pura mierda hasta la nada. Y con esos pensamientos optimistas conduzco hasta el enorme aparcamiento de Baqueira Beret que, a esa hora, ya está vacío. Llego cuando todo el mundo se va. Mejor.&lt;br /&gt;Luce un sol suave que va camino de su ocaso mientras me anudo las raquetas a las botas, me abrigo, me encajo los guantes en las manos, cojo mi cámara de fotos y me pongo en marcha. Tomo el camino que va a Montgarri, sepultado por toneladas de nieve helada que cayó hace quince días y se mantiene por la baja temperatura. Los crampones de las raquetas se agarran bien al hielo. Cruzo placas por las que me deslizaría irremediablemente y no resbalo. Hice una buena compra. Pero hacen ruido. Ese es el inconveniente. La nieve, o el hielo, cruje bajo mis pisadas en un estruendo continuo. Camino kilómetros, hasta que pierdo de vista el coche y el aparcamiento. Me detengo para hacer fotos, muchas, fascinado por el paisaje sepultado por la nieve, por los arroyos helados, por los árboles muertos y ese cielo azul pálido que lentamente se apaga. A las cinco y media, cuando me faltan cuatro kilómetros para alcanzar Montgarri y estoy en medio de un bosque que me cobija del frío, doy media vuelta.&lt;br /&gt;Montgarri, dónde empezó todo, me digo. La desdicha que fue mi felicidad que fue mi desdicha. Un trineo tirado por huskies siberianos desciende por la ancha pista, al otro lado de la montañas, la que utilizan en verano los coches, en dirección al santuario. Oigo ladrar a los perros y hasta el silbido del látigo del conductor rozando sus lomos. Un paisaje de Jack London, de un blanco cegador moteado por los abetos oscuros que han perdido la nieve de sus ramas. Me enamoré de una conductora de trineos de huskies siberianos que fue mi desdicha que fue mi felicidad que fue mi desdicha. Pero no la llamo. ¿Para qué? Nada tiene sentido, sino regresar al punto de partida, al coche, antes de que oscurezca.&lt;br /&gt;Y oscurece. Oscurece cuando ya distingo el coche en el aparcamiento, pero no soy capaz de acelerar, complicado hacerlo con las raquetas que se clavan en la nieve y en el hielo y por eso demoran mis pasos. Y, mientras ando, ya exhausto, entumecido, pienso en esos relatos de montañeros que veían próximo el refugio en la nieve y no pudieron llegar a él, que se desplomaron a veinte metros de la puerta de su salvación, incomprensiblemente, y los encontraron helados. El sol se ha ido y la temperatura baja en picado, me doy cuenta de ello, y eso que, por fortuna, no sopla el viento. Y, por primera vez, me alarmo, porque no puedo acelerar el paso, porque siento que me estoy durmiendo, que se entumecen mis piernas, mis brazos al mismo tiempo que me sobreviene un sueño traidor y una voz, desde mi interior, me aconseja que me detenga. Quinientos metros. Pienso en mi relato Los surcos de la esquiadora de fondo y lo fácil que resulta dejarse morir en la nieve. Es un suicidio pasivo. Es detenerse y ya está, esperar la congelación de tu cuerpo que se produce sin dolor ni violencia, sin más trauma que el que la sangre se hiele en tus arterias. Las máquinas que aplanan las pistas, una vez han marchado los esquiadores, descienden con sus focos encendidos por las laderas. Inútil llamar su atención, porque están muy lejos. No me oirán. Además, seguro que llego, sólo son cuatrocientos metros, ya distingo perfectamente mi coche.&lt;br /&gt;Puede que de repente estemos a 8 grados bajo cero. Tengo el bigote y la barba congelados, endurecidos, y no me siento las orejas; acelero, como puedo, el paso y me las cubro con las manos enguantadas. Arribo al coche agotado y apenas acierto para desembarazarme de las raquetas, subir, encender el motor y poner la calefacción al máximo. Y desciendo.&lt;br /&gt;Un ciervo, ágil, cruza por delante de mí y se pierde en la ladera nevada de una montaña dando saltos. Él sobrevive con estas temperaturas extremas, y yo he estado a minutos de congelarme. Pero es una muerte dulce, nada violenta, natural y lenta que asumes como si entraras en un sueño blanco, me dice ese yo suicida que llevo dentro y debo controlar si no quiero tener un disgusto.&lt;br /&gt;Una amiga argentina me estará psicoanalizando en estos momentos, como buena porteña, e interpretando que llevo años buscando un castigo con el que expiar mis culpas y no voy a parar hasta aplicármelo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-1354430173081166778?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/1354430173081166778/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=1354430173081166778&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1354430173081166778'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1354430173081166778'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/diario-de-un-escritor_17.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-bLIIYAcZM5I/TxVFlbxM33I/AAAAAAAAPUo/Z4Aiv31QxJE/s72-c/DSC_0001.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-887931000940716169</id><published>2012-01-15T18:05:00.000-08:00</published><updated>2012-01-15T19:14:15.855-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;Arán, 15 de enero de 2012&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 480px; DISPLAY: block; HEIGHT: 346px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5698046373554228658" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-jVs2kwHhRtA/TxOG_LlnDbI/AAAAAAAAPUY/ss1b-2Ee_jQ/s400/DSC_0005.JPG" /&gt;No estar en plenas condiciones físicas y solo no tiene ventajas y sí todos los inconvenientes. Durante dos días sentí el estómago al revés. Algo debí comer, aunque no sé qué, que me sentó mal. Tan mal me sentí esos dos días que sonó el despertador a las nueve y seguí durmiendo hasta las doce. Además, si no estaba Ana Pastor, ¿para qué iba a levantarme? Postrado en la cama, y maldiciendo mi escasa salud, intenté dirigir mis sueños hacia la fantasmal &lt;em&gt;Chica de la habitación 511&lt;/em&gt;. No tuve suerte. La veía desnuda, eso sí, con todos sus turbadores detalles, pero el sueño no progresaba. Debía de tener la culpa mi malestar estomacal y las náuseas que me asaltaban en esas horas de duermevela hasta que finalmente proyecté un pie fuera de la cama y me levanté tambaleándome al mediodía. El sueño, lo sabía ahora con certeza, sólo podría tener continuación si regresaba a esa habitación 511 del hotel Balmoral. Así es que tendría que volver para reencontrarme con esa exquisita rubia.&lt;br /&gt;No estar al cien por cien, sino al veinticinco por cien, como es mi caso, sólo tiene inconvenientes, repito. Hay un film de Almodóvar, sobre una escritora solitaria de novelas rosa que interpreta Marisa Paredes, que tiene una imagen sangrante de lo que es la soledad: ella quiere sacarse sus botas, ajustadas, y no puede, porque no tiene a nadie que tire de ellas y libere sus pies, y así se queda, tirada en el suelo, renegando, con sus pies martirizados dentro de esas botas presidio. Yo he de cortar leña, porque si no la corto yo nadie lo va a hacer, con el estómago revuelto y sin fuerzas, ya que llevo dos días sin apenas comer, o comiendo arroz hervido, y he de seguir propinando hachazos certeros en el garaje si quiero que la estufa de leña funcione y me caliente la casa, y falta hace porque las temperaturas bajan todos los días de los cero grados, a las ocho de la noche, a los cinco o siete bajo cero de la una de la madrugada. Así es que corto leña, sin ganas, y sin fuerzas, como una maldita rutina más y contemplando como mi reserva, que yo creía tener para dos semanas, me va a durar escasamente un par de días más, con lo que tendré, de nuevo, que ir al monte a recoger esas ramas recubiertas de hielo y cargarlas en el coche.&lt;br /&gt;La leña, en la chimenea, arde bien. Ya la prendo a la primera con unos cuantos papeles de diario (de diario, porque los de revista no sirven), una bolsa repleta de virutas (las que saltan de los hachazos que doy en el garaje y luego recojo) sobre las que coloco los leños, de más finos a más gruesos, cruzados encima y luego sólo tengo que prender el papel con una cerilla, cerrar la puerta y abrir la entrada de aire para que una potente llamarada, rugiendo, prenda y empiece a devorar los leños. Pero no puedo dejar la estufa a su aire, hay que mimar el fuego para que no se apague, y eso me lleva a andar todo el santo día subiendo escaleras, los dos tramos que van de la buhardilla al salón, y viceversa (&lt;em&gt;steps&lt;/em&gt; creo que se llama ese ejercicio tan popular y buscado en los gimnasios que hago obligado y gratis veinte veces al día) para ir avivando el fuego, cuando languidece, e irlo alimentando, sin que se empache, con nuevos leños que dejo encima de la estufa para que se vayan secando y ardan mejor cuando los meta en la caldera.&lt;br /&gt;No salí estos días porque no tenía fuerzas para hacerlo, ni ganas. Y porque mi amiga paraguaya sigue haciendo boicot a la prensa y, con ello, boicot a la terraza en donde &lt;em&gt;El camarero que leía a Thomas Mann&lt;/em&gt; servía una cerveza a las 12:45 al solitario corredor de fondo. Así es que los del pueblo, incluida la panadera que me da el parte meteorológico, la carnicera y el dueño de una bodega, que antes no me saludaba y ahora sí lo hace, han dejado de verme durante cuarenta y ocho horas y no sé qué estarán pensando que me ha sucedido, eso suponiendo que piensen en mí, cosa que dudo.&lt;br /&gt;Hoy, después de ver una película en compañía (aunque la compañía estuviera a trescientos sesenta kilómetros de distancia, pero eso es lo que tiene vivir como un eremita), una comedia con Dustin Hoffman y Emma Thompson, me estuve acordando de con quién la vi en mi séptima vida, que huye de mi cabeza a pasos agigantados y empieza a formar parte de mi desmemoria. Esa película, cuando la vi con esa chica de la séptima vida, no me gustó. Y hoy, cuando la he visto con esa chica que está a trescientos sesenta kilómetros en mi octava vida y ha sido la que me ha alertado que la proyectaban, sí me ha gustado. Nunca uno es el mismo cuando ve una película, ni la ve con los mismos ojos, ni con el mismo estado anímico. Pero la película me gustó hoy, sobre todo, por Emma Thompson, uno de mis fetiches cinematográficos, con quien me casaría a ciegas si encontrara algún modo de hacerle llegar una prueba del amor que siento hacia ella desde la primera vez que la vi en la pantalla. Quizá no sea tan guapa como otras colegas de profesión, ni tan sexy, ni tan joven, pero me deslumbra su talento, sus miradas, sus sonrisas y la inteligencia, bondad y ternura que imagino inherentes a su persona.&lt;br /&gt;Después de ver esa película me sentí mejor, tomé un plato de sopa con relativo apetito y una cuajada. Luego metí los últimos leños cortados en la estufa y la cerré bien, no sea que una chispa traicionera salte fuera y prenda fuego la casa, y subí a mi buhardilla y allí, de pronto, reparé en una serie de circunstancias que me acompañan a diario, y me visten, y en las que no había caído. Mis pies, por ejemplo, se cobijan en unas zapatillas que me regaló &lt;em&gt;La Sonrisa Etrusca &lt;/em&gt;en mi séptima vida. Un jersey de cuello alto y cremallera de color gris, que llevo con cariño en casa y fuera de ella, es el regalo de la desaparecida &lt;em&gt;Mademoiselle Bonnaire&lt;/em&gt;. La gorra de cazador canadiense que me regaló &lt;em&gt;La chica de la bici&lt;/em&gt; no se separa de mi cabeza ni cuando estoy bajo techado, la mantiene caliente. Y una hermosa pulsera de metal y cuero, regalo de &lt;em&gt;La chica de la habitación 511&lt;/em&gt;, se ajusta a mi muñeca derecha. Es éste último regalo el que más desconcierto me produce, porque no es posible, me digo, que quien camina por nuestros sueños y se disuelve al despertar de ellos te deje un presente real, porque toco la pulsera y es real. Claro que no sé en qué dimensión estoy exactamente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-887931000940716169?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/887931000940716169/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=887931000940716169&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/887931000940716169'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/887931000940716169'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/diario-de-un-escritor_15.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-jVs2kwHhRtA/TxOG_LlnDbI/AAAAAAAAPUY/ss1b-2Ee_jQ/s72-c/DSC_0005.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-2737880224544871843</id><published>2012-01-12T16:59:00.000-08:00</published><updated>2012-01-13T01:50:03.376-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 12 de enero de 2012 &lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 498px; DISPLAY: block; HEIGHT: 405px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5696917629009272354" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-YSBi0SUQfC0/Tw-EZmfCHiI/AAAAAAAAPUM/USD_RvkzZTM/s400/manzana.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo en el Valle después de dos días en Barcelona. Una niebla espesa me hizo compañía, de regreso, hasta más allá de Lleida, lo que me impidió disfrutar de los árboles frutales, de sus manzanos, sobre todo, sembrados al lado de la carretera. Luego, pasado Alfarrás, la niebla se abrió y me acompañó la luz y un cielo luminoso hasta llegar a casa.&lt;br /&gt;Se me hizo breve el camino. Pensando y rememorando, que eso hago cuando conduzco, además de procurar escuchar música clásica si doy con la emisora adecuada. Rebobinando en mi cabeza los últimos filmes que vi. Las buenas películas son las que crecen cuando ya las has visto. Las malas se olvidan en cuanto se encienden las luces y te levantas de la butaca. Es como el buen café, que te deja su sabor en la boca buena parte de la tarde aunque lo hayas tomado al mediodía. Lo mismo pasa con los buenos sueños, que crecen si consigues recordarlos. O los viajes, cuyas secuencias te asaltan constantemente con olores, imágenes, sonidos que reviven dentro de uno. La mente es un cinematógrafo que no se cansa de proyectar imágenes.&lt;br /&gt;Vi dos películas, el mismo día, y tuve un sueño, que fue como una película. &lt;em&gt;Drive&lt;/em&gt;. La historia de un conductor que trabaja como especialista en filmes de acción y alquila sus servicios a hampones que perpetran atracos para facilitarles la huida una vez han cometido la fechoría. Basada en una novela muy corta de James Sallis que acaba de editar RBA y yo regalé al Destilador Cultural que cumplía años, 29, y me hacía a mí, como progenitor orgulloso, un poco más mayor. Un buen ejercicio de estilo, la película, pero con un exceso de violencia gratuita. Además no se emplean armas de fuego casi sino cuchillos, martillos, tenedores, para que la sangre salpique la pantalla del cine Verdi, además de la cazadora de ese conductor letal. Hay una presencia fugaz de Christina Hendricks, mi mito erótico de &lt;em&gt;Mad Men&lt;/em&gt;, que dura dos minutos en el film y además sale gorda y desastrada: la revientan de un disparo.&lt;br /&gt;La otra película, vista en el Verdi, es &lt;em&gt;El Topo&lt;/em&gt;, sobre la novela de John Le Carre, y es un desfile de buenas interpretaciones, empezando por Gary Oldman, pasando por Colin Firth y terminando con John Hurt, Control. El mundo real del espionaje no tiene ningún glamour, no hay coches de lujo ni chicas espectaculares, y los agentes viven modestamente y suelen ser alcohólicos que se anastesian con whisky la cavidad del alma que no tienen. Las tétricas cloacas del estado retratadas en su estado grisáceo en la época de la guerra fría con el bloque soviético. En esos ambientes no hay amigos, o los amigos duran hasta que tienes que matarlos porque se pasan el enemigo. Y los matas sin dudar, aunque sean tus amantes.&lt;br /&gt;La tercera película está en mi cabeza, fue un sueño que tuve. Últimamente confundo ficción y realidad y no soy capaz de descubrir qué es una cosa y qué otra. El sueño, que en realidad parecía una película, podría llamarse &lt;em&gt;La habitación 511&lt;/em&gt;. Lo tuve en esa habitación del hotel Balmoral, en donde recalé agotado por el viaje en coche desde Arán a Barcelona, acompañado con la misma niebla, que lleva días sin levantarse y empezaba en Alfarrás y terminaba llegando a la Diagonal. Me tomé, en un bar de la esquina, un pastel de tortillas y una cerveza y me dije a mí mismo que lo mejor era dormirme para paliar el cansancio de la conducción. Eso hice con la tele encendida, que siempre es buena compañía para esos menesteres. Y tuve un sueño erótico que, en realidad, se parecía mucho a un relato que escribí hace muchos años y se publicó en una compilación: &lt;em&gt;El regalo de Navidad&lt;/em&gt;. Porque el sueño era eso, el regalo de Navidad que se daban mutuamente dos extraños: sus cuerpos respectivos para gozarlos sin límites ni pausas. Estando a dos semanas pasadas de Navidad el sueño era, &lt;em&gt;per se&lt;/em&gt;, absurdo. Pero eso pasa con todos los sueños. Además yo no era el protagonista, sino un espectador del sueño, una especie de convidado de piedra voyeur sentado en una esquina de la habitación, y esa es la razón de que hable de un sueño/película. Aunque quizá sea una película y deba mirar en Google por si existe una con ese título: &lt;em&gt;La habitación 511&lt;/em&gt;. El sueño era tan vívido y real como los que tiene mi protagonista de esa historia de terror que ya he terminado, que no es de horror sino misteriosa, gótica y romántica, cuyo protagonista, un escritor de novelas de género fantástico, hace el amor cada noche con una chica que parece un fantasma y lo abandona puntualmente en su cama a las seis de la madrugada. La chica del sueño al que yo asisto como espectador es rubia, alta, elegante y muy bonita. Viste toda ella de negro, con medias de ese color, hasta medio muslo, y también lo es su ropa interior. El protagonista del sueño, que no tiene cara ni edad, es un personaje comodín, aguarda desnudo y expectante en la cama. Durante cuatro horas, hasta que oscurece, los dos amantes hacen el amor de todas las formas posibles con el entusiasmo de un primer encuentro y la química de la piel funcionando hasta las últimas consecuencias: se besan, se lamen y se devoran. Son dos desconocidos que se han citado en esa habitación del hotel para darse placer, sin más, en la habitación 511, y hasta ese momento no se habían visto sino de forma circunstancial en la barra de una cafetería. Entre orgasmo y orgasmo, hablan de sus cosas, de su situación personal, de sus parejas e hijos que tienen. Y vuelven a hacer el amor. Ella tiene un cuerpo precioso y elegante y goza del sexo de forma desbocada y desinhibida. &lt;em&gt;Disfruta de mí&lt;/em&gt;, le dice en uno de sus arrebatos eróticos, y se deja penetrar por cuarta o quinta vez, separando mucho sus muslos y abrazándose las rodillas. Quizá no es un sueño, me digo, sino que estoy recordando una película muy notable de Patriche Chereau, &lt;em&gt;Intimidad&lt;/em&gt;, que me causó muy buena impresión cuando la vi hace unos lustros y me la sigue causando cada vez que la reviso. Los amantes del sueño, antes de despedirse, se citan para un próximo día. Eso me suena a una película del desaparecido Robert Mulligan: &lt;em&gt;El próximo año, a la misma hora&lt;/em&gt;. El cine se mete en los sueños, imita a la realidad o ésta imita al cine. Cuando me despierto, en la habitación del hotel Balmoral, estoy solo, no hay nadie y la tele sigue a lo suyo. Así es que todo ha sido un sueño, sin posibilidad de que realmente haya pasado así, me digo desilusionado. Y además yo no era el protagonista del sueño sino un espectador del mismo. Pero tengo dudas, como el protagonista de mi relato que se llamará, finalmente, &lt;em&gt;El último inquilino&lt;/em&gt; (barajé otros nombres, pero me quedo con el primero que le puse a esa narración corta que ha crecido tanto que se ha convertido en una novela breve) y bajo a la recepción para preguntar si han visto a una chica rubia y elegante subir a mi habitación. El recepcionista, que es un empleado discreto y amable, se queda muy sorprendido por mi pregunta y mueve la cabeza negativamente. Cuando suben chicas a las habitaciones lo que quieren los clientes es que pasen desapercibidas. Así es que yo, para el recepcionista, soy un espécimen extraño.&lt;br /&gt;Pues venía soñando con esa rubia, de regreso a Arán, la de esa película que he soñado y podría llamarse &lt;em&gt;La habitación 511&lt;/em&gt;, que quizá deba convertir en relato, o incorporar a una novela inédita que transcurre en habitaciones de hoteles, antes de que el sueño se desvanezca, y en las dos películas que vi en esa corta estancia relámpago en Barcelona, y en la fiesta de cumpleaños que organizamos para el Destilador Cultural y en los regalos que recibió además de ese &lt;em&gt;Drive &lt;/em&gt;(la última novela de Carlos Zanón, un colega al que hay que seguir; &lt;em&gt;Bajo el volcán&lt;/em&gt;, la buena adaptación de la novela de Malcom Lowry por parte de John Huston), y en la cena que me comprometí a elaborar e hice. Una sopa txalapeña, y mientras cortaba los tomates, los pimientos, los ajos y la cebolla pensaba en mi buena amiga pueblana; y unos solomillos con jerez y champiñones fileteados.&lt;br /&gt;La casa estaba fría después de dos días de ausencia y hube de cortar mucha leña en el garaje, y quemarla, para que, poco a poco, se fuera calentando. Vi alguna película, pero sobre todo, estuve pendiente de las ondulantes llamaradas que iba alimentando con nuevos leños, y dormité, de cuando en cuando, con la esperanza de seguir en ese sueño con la chica rubia de la habitación 511 y no ser espectador, sino actor, de todo lo que tiene lugar en esa cama doble del hotel Balmoral. Pero nada. Así es que me voy a la cama, a dormir, con la esperanza de que la chica aparezca en mis sueños nocturnos y haga breve esta noche fría que cubrirá, una vez más, mis ventanas de escarcha.&lt;br /&gt;La vida es sueño. La mía, sobre todo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-2737880224544871843?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/2737880224544871843/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=2737880224544871843&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2737880224544871843'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2737880224544871843'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/diario-de-un-escritor_12.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-YSBi0SUQfC0/Tw-EZmfCHiI/AAAAAAAAPUM/USD_RvkzZTM/s72-c/manzana.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-2244927802035310916</id><published>2012-01-09T16:19:00.000-08:00</published><updated>2012-01-09T16:30:30.967-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Arán, 9 de enero de 2012&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 476px; DISPLAY: block; HEIGHT: 332px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5695791957336829554" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-zVCRtk9LiDo/TwuEm4uWrnI/AAAAAAAAPUA/rqyHDEUiccU/s400/DSC_0002.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Sospecho que en el anterior reencarnación fue leñador. No se explica, sino bajo esa circunstancia, el entusiasmo que despliego buscando leña fresca por estos bosques cuando las existencias del garaje escasean y el frío arrecia (hoy una capa de hielo cubría las ventanas del dormitorio y la buhardilla y no se disolvió hasta las doce del mediodía, cuando el sol la fundió). Digo leña fresca, pero recojo leña helada. Conozco los yacimientos. Uno es importante y hay toneladas de leña cortada que desecharon las compañías taladoras de árboles y se pudren en las veredas. Así es que yo las recojo, limpio con ello el bosque, y lleno el coche hasta los topes de leña helada, hasta que el dolor de las manos, al borde de la congelación, me lo impide.&lt;br /&gt;Ese bosque, el que cubre toda esa zona del Portillón, entre Arán y Francia, está devastado. Hace cuatro años un huracán, que azotó toda Catalunya y alcanzó velocidades de 120 kms por hora, arrancó de raíz centenares de abetos, los volteó, y de esa catástrofe natural quedan infinidad de vestigios surrealistas, raíces que miran al cielo, perdiendo la tierra que tienen entre sus garras, y ramas que escarban en el suelo buscando convertirse en raíces.&lt;br /&gt;Recolectar leña es un ejercicio sano. Con mi gorra, mi forro polar y el jersey de cremallera que me regaló la misteriosa Mademoiselle Bonnaire, que no se deja ver este 2012, tengo el aspecto de un habitante de las montañas, me fundo en el paisaje. Hace un día soleado y me digo que sería un crimen por mi parte no disfrutar esos instantes de sol, así es que me meto por el bosque devastado por el huracán, camino entre esos cientos de monstruosos árboles derribados por la cólera del viento, el paisaje de una hecatombe, y busco una buena piedra para tumbarme. La piedra que encuentro, más o menos del tamaño de mi cuerpo, es cómoda, así que me extiendo todo a lo largo y disfruto durante diez minutos de esa siesta campestre rozado por los rayos del sol que se reflejan, exactamente, en el Coth de Baretges al que podría llegar, si fuera águila, en dos minutos sobrevolando el bosque que me rodea.&lt;br /&gt;Luego, de regreso, descargo y almaceno cuidadosamente la leña y troceo, con hachazos certeros, sin herirme las manos ( la piel fina se ha endurecido y de aquí dos días tendré las manos callosas de los trabajadores manuales) unos cuantos maderos, los suficientes para alimentar la estufa de leña todo el día.&lt;br /&gt;Eso sí, creo que todo yo, desde los pies al pelo, huelo a humo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-2244927802035310916?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/2244927802035310916/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=2244927802035310916&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2244927802035310916'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2244927802035310916'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/diario-de-un-escritor_09.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-zVCRtk9LiDo/TwuEm4uWrnI/AAAAAAAAPUA/rqyHDEUiccU/s72-c/DSC_0002.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-6988653587459881940</id><published>2012-01-06T15:29:00.000-08:00</published><updated>2012-01-06T15:41:13.456-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;Arán, 6 de enero de 2012 &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 466px; DISPLAY: block; HEIGHT: 454px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5694667053183194530" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-YgNf9F53r_A/TweFg2Ma1aI/AAAAAAAAPT0/mpr_L3uViyA/s400/reloj_de_arena.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;Cuando una vida se apaga te preguntas por el sentido de todo esto. Si venimos a morir, ¿por qué demonios venimos? Eso dejando aparte de que hay gente que flaco favor hizo a la humanidad viniendo al mundo: Hitler, sin ir más lejos. Tiene sentido la vida, si es que la tiene, que no lo acabo de ver con claridad, si dejas un rastro en ella. El común de los mortales deja ese rastro en forma de hijos, una forma de perpetuarse maravillosa, una trampa de la sabia naturaleza a la que pocos se resisten. Los hijos, hasta que a su vez mueren ellos, guardan memoria de sus padres y de alguna forma estos viven en sus recuerdos. Pero otros dejamos películas, partituras musicales, esculturas, catedrales, inventos, libros... con los que, en el fondo, queremos trascender a nuestra desaparición física, un autoengaño de eternidad, autoengaño porque ni siquiera el mundo es infinito y un día de estos saltará en mil pedazos y ni habrá catedrales, partituras musicales ni libros, sólo polvo cósmico.&lt;br /&gt;Discutía el otro día sobre la conveniencia de la eternidad, acerca de esa fantasía, que en la mitología disfrutan los vampiros alimentándose de sangre ajena, de no morir y vivir eternamente si eso fuera factible. Hacía ese razonamiento retórico sentado en un banco, arrobado por la belleza del paisaje de este Valle, con La Arquitecta de mi vida que estaba a trescientos kilómetros de distancia y manteníamos esa conversación gracias a la cobertura de nuestros respectivos teléfonos móviles. Le comunicaba las ganas de seguir viviendo que me embargaban para disfrutar de, por ejemplo, lo que estaba percibiendo ante mí en esos momentos: unas cumbres nevadas, unos bosques bellísimos, la música del viento pasando a través de las ramas de los árboles, y el afecto hacia los seres queridos, sobre todo hacia el último, el más pequeño, entrañable, vulnerable y tierno que se asomó al mundo a mediados del 2011. Impulsivamente quería ser eterno para, por ejemplo, asistir a todos los cumpleaños de esa niña, conocer a su pareja, ver la cara que tendrían sus hipotéticos hijos, qué llegaría a ser en su vida. Pero si fuéramos eternos, como yo deseaba en aquel momento, impulsivamente y sin razonar demasiado, la vida dejaría de tener sentido me dijo con sabiduría La Arquitecta. ¿Para qué íbamos a levantarnos, desayunar, ver a Ana Pastor, escribir y pasear si eso lo podríamos hacer al día siguiente y al otro y al otro? Seguramente seríamos unos eternos vagos que no nos moveríamos de la cama y ahí se acabaría la evolución de nuestro mundo, llegaría su estancamiento y fin. Si vivimos es precisamente porque tenemos la perspectiva de la muerte y ese fin, que además ignoramos cuándo se va a producir, nos hace ser activos, generosos en nuestros afectos, epicúreos en la forma de disfrutar de la vida con todos nuestros sentidos y con la intensidad del último día porque quizá lo sea.&lt;br /&gt;Una vida querida y cercana se apaga y yo pienso en la vida cuando planea la muerte en esa cama en donde respira afanosamente por instinto de supervivencia. Un hombre fuerte y luchador, defensor de la República, buen padre y abuelo, íntegro, honesto, generoso y valeroso se va apagando lentamente, como las últimas llamas de mi estufa de leña cuando ya dejo de alimentarla. Antes de que empezara a agonizar por esa muerte en vida, lenta e irreversible, que es el Alzheimer, quise enseñarle mi Valle. Lo llevé a lagos, cascadas, cimas, bosques y ríos que, a sus ochenta y cinco años, no sabía que existieran. Comimos y departimos alegremente ante botellas de vino en esa semana vacacional. Yo estaba en un buen momento de mi sexta vida, sin tener ni idea de que iba a dar paso a la séptima, y él, hacía un año, había perdido a su mujer pero, lejos de hundirse en la tristeza, quería seguir viviendo.&lt;br /&gt;Estuve tres años y medio, lo que duró mi sexta vida, sin verle, pero hace unos días, precisamente el de Navidad, me encontré con él. La enfermedad había minado su cuerpo, que reposaba como un muñeco roto en una silla de ruedas, y la carne había huido de su rostro que tenía los pómulos muy marcados contra su piel que siempre había sido blanca. Sus ojos claros, bajo sus hirsutas cejas, no veían ya. Pero mantenía un suave cabello, largo, tupido y que le cubría toda la cabeza y le confería a él, un anciano próximo a los noventa años, un aire infantil. Me senté a su lado, le tomé de la mano y le dije quién era. Creo que me reconoció, porque sonrió e intentó repetir mi nombre. Luego acerqué mi boca a su oído y le canté una canción anarquista, de su época, de cuando estaba en el frente combatiendo al fascismo. Su sonrisa se hizo más amplia. &lt;em&gt;A combatir&lt;/em&gt;, le dije cogiéndole de la mano. &lt;em&gt;A combatir&lt;/em&gt;, intentó repetir él.&lt;br /&gt;El soldado libra su última batalla en una guerra perdida, la de la vida, después de haber sobrevivido a la guerra y la larguísima posguerra que mató en vida a buena parte de este país que es España. Y yo, recibiendo la noticia sobre ese último combate, me quedo postrado en el sillón, ante el fuego, esperando que la última llama se consuma. De los troncos sólo quedó la ceniza. Me siento desolado. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-6988653587459881940?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/6988653587459881940/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=6988653587459881940&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/6988653587459881940'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/6988653587459881940'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/diario-de-un-escritor_06.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-YgNf9F53r_A/TweFg2Ma1aI/AAAAAAAAPT0/mpr_L3uViyA/s72-c/reloj_de_arena.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-7899380330336951083</id><published>2012-01-05T15:48:00.000-08:00</published><updated>2012-01-05T16:41:29.929-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Arán, 5 de enero de 2012&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 502px; DISPLAY: block; HEIGHT: 367px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5694300516961330514" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-aym_fl8nLms/TwY4JoXNpVI/AAAAAAAAPTo/yQ6HOT5K9g4/s400/DSC_0048.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Ser el dueño y el único empleado del negocio tiene la ventaja de que uno lo abre cuando le place, o cuando se despierta. Olvidé el teléfono despertador en la buhardilla, así es que, cuando sonó a las nueve, debió sacar de la cama al vecino pero no a mí, que seguí durmiendo hasta las once de la mañana. Tampoco es necesario madrugar mucho ahora que no tengo a Ana Pastor como estímulo, me digo, para justificar mi vagancia en esta víspera de Reyes cuyo regalo se va a posponer hasta el día diez: me gustaría que viniera bien envuelto y con un lacito rosa. Así es que me levanté, me vestí, me calcé la gorra de leñador canadiense, que es un fragmento, apenas un suspiro, de mi octava vida, y bajé al salón comedor a encender la chimenea porque estaba helado. Con la vista en el fuego, que crepitaba alegre con un combustible formado por pequeñas cortezas y ramas, tomé mi café con leche y una porción de una tarta tatin que me hice la noche anterior agotando el stock de manzanas rojas más una verde que estaba olvidada en un rincón de la nevera y no sé los meses que llevaba allí, indultada. Mientras comía las manzanas caramelizadas y espolvoreadas con canela, ¡picante! de Marrakech, advertí que ése era un acto premonitorio, una especie de preludio. Acabadas todas las manzanas tendré que ir a por más, pero esta vez no serán cinco kilos, con una me bastará.&lt;br /&gt;Subí a la buhardilla. El día estaba despejado y lucía un sol hermoso que alumbraba con una luz muy especial las cumbres nevadas de las montañas cercanas. Pude abrir, por fin, tras dos días de intentos infructuosos, los mensajes FB que se me resistían, y unos traían buenas noticias, gracias a que soplaba el Siroco, y otro, malas. La mala es que una amiga de la infancia, la que me colaba entre sus faldas (yo era un niño y ella, una adulta diez años mayor) en los cines de barrio, haciéndome cómplice silente de sus novillos, y de los de mi hermana, tiene graves problemas de salud que, desde aquí, deseo que no sean tanto y que muy pronto se recupere y nos volvamos a ver en el Café Salambó de nuestro barrio de Gracia, al lado del Verdi en donde tantos westerns vimos a hurtadillas en vez de ir a las aburridas clases del colegio. Pensaré en ella, el día de su intervención, y le enviaré todas mis energías para que salga con bien del trance. Seguro que saldrá y se pondrá buena.&lt;br /&gt;Decidí que, puesto que el día era tan espléndido y mi amiga Paraguaya ha decidido no vender más prensa diaria (eso va a complicar sobremanera que yo esté a la una menos cuarto delante de mi cerveza en la terraza del bar que sirve &lt;em&gt;El camarero que lee a Thomas Mann&lt;/em&gt; y va a perjudicar, por consiguiente, a la economía del pueblo: o voy a comprar el diario al pueblo cercano, y lo leo en una terraza de allí, o regreso con la prensa a mi pueblo para leerla en la terraza de siempre con el sol de siempre que sale a la una menos cuarto), coger el coche e ir al vecino Les a hacerme con un periódico (no tenían Público, así es que me conformé con El País) y subir luego por una carretera con enormes revueltas a Caneján, un pueblo pintoresco que está muy próximo a Francia. Dejé el coche aparcado y tomé una senda panorámica y aérea que me llevó a un villorrio semiabandonado a cuatro kilómetros, pero tuve, por el camino, dos encuentros inquietantes. Un pastor de ovejas, con aspecto de ido, me miró con expresión amenazadora cuando tomé la senda, como si el monte, el bosque, la hierba que pisaba, fuera suya. Caneján, ya lo pude comprobar tiempo atrás, no recibe con buenos ojos a los forasteros. Bueno, no generalicemos: alguna gente de Caneján. Una vez, hace años, entré en un bar y, como en una película del salvaje Oeste, se hizo silencio entre los parroquianos y todos se volvieron para mirarme. Pues una mirada parecida fue la de ese pastor de ovejas de hoy, emboscado tras las paredes de una borda, su cabaña para el ganado, y que me escudriñó con malos ojos: esas cosas se notan aunque uno no le vea, se transmite por el aire. Podía haberme acercado y preguntarle si le ocurría algo, pero no estoy para conflictos con pueblos vecinos. Así es que seguí por la senda, dejando al pastor que me miraba mal con sus ovejas y sus neuras, y disfruté, como nunca, del día, del sol, del paisaje, de la luz pasando a través de las ramas desnudas de los árboles, de las nubes ligeras que volaban por encima de las cumbres nevadas, del tapizado grisáceo de bosques sin hojas de las laderas, del murmullo de los arroyos, y me iba deteniendo cada pocos metros, un poco en éxtasis, intentando captar tanta belleza con mi modesta cámara y mi más modesto arte fotográfico, disparando tantas fotos que, seguramente, alguna me quedaría bien. Hasta llegar al final del recorrido, a ese grupo de casas medios deshabitadas (hoy estaba convencido de que lo estaban del todo porque permanecían cerradas a cal y canto, puertas y ventanas, y ninguna columna de humo salía de sus chimeneas) y me senté en un banco a leer, a terminar casi, la novela &lt;em&gt;El círculo alquímico&lt;/em&gt; de Paco Gómez Escribano que me acompaña en las excursiones y cuando me siento ante el fuego en el sillón orejero del salón comedor (a Vila-Matas, regalo de una buena amiga, lo leo por la noche, en la cama, antes de dormir; y un libro sobre brujas del Pirineo, regalo de Mademoiselle Bonnaire, que sigue sin dejarse invitar a comer –las ocas, las ocas, las ocas-, cuando voy de un piso a otro de mi casa o después de cortar leña y comprobar que mantengo todos los dedos de las manos en su sitio). Estuve leyendo tres capítulos de la novela, al sol, en manga corta (me saqué el jersey que me regaló Mademoiselle Bonnaire y lo doblé en el banco porque tenía calor en pleno invierno y en lo más alto del Pirineo), hasta que se fue el sol y empezaron a llegar nubes que amenazaban con lluvia, de repente, uno de esos cambios bruscos que se producen en la montaña. Me alcé y emprendí camino de regreso y, mientras lo hacía, fui recolectando toda la madera que veía cortada por el camino, ramas de avellanos, sobre todo, que es un árbol que abunda por la zona y tiene una madera recia y sin corteza, y en uno de esos ejercicios de flexión para coger las ramas del suelo e irlas atando con la maravillosa cuerda que, para ese fin, me acompaña en todas las excursiones (hago un nudo corredizo que va perfecto para abrazar las ramas y que no se pierdan en su traslado), descubrí a un tipo, otro raro y amenazante, que me miraba fijamente, y con desconfianza (esas cosas se advierten, a pesar de la distancia que había entre ambos, un centenar de metros) desde un prado. Si todas las casas estaban vacías y deshabitadas me preguntaba de dónde narices había salido ese individuo, con aspecto de labriego (eso también se advierte, como él advertiría, a pesar de la distancia, que el tío de la gorra que iba con manga corta en pleno invierno y arrastraba unos leños atados con cuerdas era de ciudad, un forastero que estaba invadiendo su territorio) que me miraba con malos ojos. La cosa es que me estuvo siguiendo, en silencio, y sin acortar la distancia, buena parte del camino, que se detenía cuando yo me volvía y le miraba. Por suerte no vi que empuñara ninguna escopeta de caza. Y ya cuando regresaba al pueblo, cuando entraba y llegaba al coche (no, no me lo habían rayado más de lo que ya está, ni me habían pinchado ninguna rueda, pero hice las comprobaciones) volví a ver al pastor del principio, con sus ovejas, mirándome fijamente mientras permanecía apoyado en su cayado en un campo cercano. Lo vi porque sentí su mirada en el cogote (esas cosas se sienten, no sé por qué, pero así es) y me giré, y allí estaba, mirándome mal, mirando al intruso que había invadido su pueblo, que había pisado su camino forestal, que había recogido su leña caída de sus árboles por el camino y respiraba su aire de sus montañas en su pueblo. Me acordé de &lt;em&gt;Deliverance&lt;/em&gt; de John Boorman. Y con imágenes de esa película regresé a casa, a las cinco de la tarde, dinamitando mis horarios. Comí, o merendé, o cené, que sé yo que hice (espaguetis con gírgolas, vino blanco verdejo, dos polvorones, tres porciones de turrón de Jijona, un café con leche, un zumo de naranja), encendí la chimenea, porque había vuelto a bajar la temperatura, y me arrellané en el sillón orejero a ver una película de la Sexta3, aunque más bien estuve contemplando el fuego, siempre hipnótico, que devoraba los leños de la excursión en la chimenea. Y luego seguí, en la buhardilla, puliendo mi relato de horror. Lástima que no pueda meter ni al pastor ni al labriego de hoy en él ni con calzador. Los dejaré para otra ocasión.&lt;br /&gt;Las montañas, el apego del hombre a la tierra, las trifulcas por las lindes y las propiedades son causa de odios ancestrales y muertes y, por lo tanto, un buen tema para la novela negra rural. Y ahí está el famoso caso de Tor, un diminuto pueblo del Pirineo: siete habitantes, tres asesinatos y un asesino entre esos cuatro que sobrevivieron y ahí anda suelto sin que le hayan podido echar el guante.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-7899380330336951083?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/7899380330336951083/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=7899380330336951083&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/7899380330336951083'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/7899380330336951083'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/diario-de-un-escritor_05.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-aym_fl8nLms/TwY4JoXNpVI/AAAAAAAAPTo/yQ6HOT5K9g4/s72-c/DSC_0048.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-8436364632211133597</id><published>2012-01-04T16:00:00.000-08:00</published><updated>2012-01-04T16:28:19.318-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Arán, 4 de enero de 2012 &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 531px; DISPLAY: block; HEIGHT: 368px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5693932308492524738" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-Vs5FcC3i_zk/TwTpRE7RHMI/AAAAAAAAPTc/c8KzNP1vnNc/s400/DSC_0001.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que todo el mundo deja de fumar yo, que nunca había fumado sino ocasionalmente, cuando alguien me ofrecía un cigarrillo, fumador social, fumo, sin engancharme al vicio. Una o dos pipas diarias. Tabaco Amsterdamer, porque era el que fumaba cuando era muy joven y también tenía pipa. Además, la cazoleta incandescente y humeante es una buena compañía para el escritor, le seda, le hace ser más reflexivo, no tan abocado al texto porque debe cuidar que no se le apague la pipa.&lt;br /&gt;Estuve los tres días últimos escribiendo ese relato de terror que ha resultado no serlo; fantástico, si hubiera que definirlo. Inquietante con dosis de amor. Amor por un fantasma. Lo he escrito en primera persona, pero no soy yo el protagonista, aunque tenga alguna de mis características: es escritor. Pero de novela fantástica. He tomado prestado del pasado un escenario que vi, una enorme casa del Ensanche barcelonés que, durante mi sexta vida, visité con la intención de comprar. Era uno de los pisos más grandes y hermosos que había visto, en pleno centro de la ciudad, pero antiguo, con pasillos enormes sin fin (había visto ya &lt;em&gt;El resplandor&lt;/em&gt; de Kubrick) y seguro que lleno de fantasmas porque tuve la percepción de que en aquella casa de principios de siglo había muerto mucha gente antes, quizá en las propias habitaciones, porque antes la gente, no como ahora, moría en sus casas y allí se las velaba. Así es que fueron todos esos pensamientos lúgubres los que me hicieron desistir de comprar aquella casa a dos pasos del hotel Ritz, señorial, con chimenea y un salón de estar ideal para dar fiestas, pero con largos y oscuros pasillos y vecinos ancianos que se irían muriendo a poco que me instalara. La casa quedó aparcada en mi memoria, y ahora me la descargo para ese relato fantástico con algún que otro escalofrío de horror. No sé por qué razón el protagonista de esa historia, que también es el narrador, es de origen ruso. Quizá lo haya tomado de la pareja de &lt;em&gt;La chica que admiraba a León Trotsky&lt;/em&gt; que nació en Rusia. Sí, algo de él tiene. He robado el alma y el físico a un portero que tuve en la tercera casa de mi sexta vida, alguien que habría contratado David Lynch para interpretar &lt;em&gt;El hombre elefante&lt;/em&gt; tal cual, sin añadir nada a su monstruosa apariencia. Y le he robado el físico, y casi el alma, a una chica que conozco para que sea el fantasma que inquieta los sueños de mi protagonista ruso, que se le aparece y desaparece noche tras noche sin que llegue a saber si existe en la realidad o no. Así es que he metido todos esos elementos en la coctelera literaria, los he agitado y ha surgido la historia que no ha sido como yo lo había planeado, que se ha torcido y derivado hacia dónde ha querido ella, la historia. La magia de la literatura.&lt;br /&gt;Cada escritor tiene su método para escribir, sus pequeñas trampas. Mi trampa es muy sencilla: no tengo método. Me siento ante el ordenador y dejo que la escritura fluya de dentro. Me invaden los personajes, recreo los escenarios, porque los voy recorriendo de la mano de ellos y literalmente los veo, incorporo lo que sucede a mi alrededor cuando conviene a la historia (por ejemplo: el crujido de un mueble en la noche, que es algo que siempre produce inquietud, y que oí anteayer, cuando estaba enfrascado en escribir y me había dejado la puerta de la calle abierta, aunque eso no lo supe hasta la mañana siguiente). Suelo hacer esa primera fase de escritura a impulsos, es decir, que escribo sin freno, me dejo comas, me como letras, cometo un sinfín de errores ortográficos porque el dedo se me va de la V a la B, por ejemplo, que son vecinas en el teclado, pero no lo corrijo. Ni siquiera pongo los guiones en los diálogos que quedan mezclados con el texto. Corrijo cuando calculo que he acabado el relato; éste, al final de las veinticinco o treinta páginas que aproximadamente tendrá. Me estoy una hora, entonces, pasando el corrector ortográfico, y luego leo el texto, y corrijo. Y lo vuelvo a leer, otra vez, y a corregir. Pongo entonces los guiones de los diálogos, y los mejoro al oído. Eso es fundamental: que cada personaje pueda ser identificado por la forma de hablar.&lt;br /&gt;Es un proceso éste, el literario, muy similar al de una escultura. El escultor primero corta la piedra; luego le va dando forma, lentamente; finalmente, la pule al detalle. Los detalles son importantes, fundamentales. Sin detalles una novela tendría una página y un relato, dos líneas. Los detalles son la vida que tiene la narración. Hay que mimar a los personajes, porque sin ellos no hay narración posible, no hay historia: no me veo con ánimo de escribir la historia de una piedra, aunque hay gente que lo hace: mi amigo Francisco Javier Irazoki que escribió un texto extraordinario sobre una bomba lapa. Hay que saber explicar lo que dicen los personajes, y lo que callan. Los silencios también son importantes. Y otra cosa fundamental que se me ha olvidado por el camino: el punto de vista de la historia. Aunque yo nunca lo sé hasta que no me pongo delante de la pantalla del ordenador y empiezo a escribir. Esta historia de fantasmas, por ejemplo, podría haberla escrito en tercera persona y no sé bien cuál es la razón por la que la he escrito en primera.&lt;br /&gt;El proceso creativo es duro y exige disciplina, y a veces uno se encalla en, por ejemplo, poner punto final a la narración. Cuando eso pasa debe uno levantarse y hacer otra cosa y ya vendrá ese final que se resiste. Yo, por ejemplo, me he ido a recolectar leña al bosque que tengo a cinco minutos de mi casa. Me he ido después de comer unos espaguetis con champiñones que no acaban de salirme tan buenos como la primera vez que los hice. Me he ido al bosque, a coger leña, porque estoy terminando las provisiones, y toda la que he encontrado, cercana a un río que corría por en medio de la arboleda, un paisaje artúrico y musgoso, con el suelo tapizado de hojas que se adherían a las plantas de las botas, estaba empapada de agua, rezumaba humedad, el musgo la cubría. Ya se secarán, me dije, mientras reunía un buen haz de leños cortados que iba recogiendo del camino y los anudaba con una cuerda de tres metros que me había comprado por la mañana en la ferretería del pueblo, de la que soy su mejor cliente. Los arrastré por el camino, hacia mi casa, con gran esfuerzo, y terminé con las manos y las muñecas, en donde me anudaba el otro extremo de la cuerda, doloridos. Lo dejé todo a secar en el garaje. Y subí a la buhardilla, a ver si se me ocurría un final más brillante que el que originalmente había puesto. Así es que, me doy cuenta ahora, tengo también mi método de escritura, algo anárquico, porque nunca hago fichas de los personajes, sino que estos se dibujan según aparecen en el texto, pero un método a fin de cuentas que empieza cuando una idea me ronda la cabeza, la sueño durante varias noches y finalmente me arrastra a escribirla, porque es la historia la que escoge al narrador, no nos engañemos, y nosotros, los escritores, meros escribas que escribimos al dictado de no sabemos quién.&lt;br /&gt;Tampoco estoy muy convencido del título del relato, provisional, que me suena mucho a Polanski: &lt;em&gt;El último inquilino&lt;/em&gt;. Será otro. Tengo hasta el día de Reyes para que se me ocurra. El título y el final. Pero no me angustio. Siempre sale. Nunca me ha ocurrido que un texto me haya derrotado. Al final consigo domarlos y conducirlos. O eso creo. O eso es lo que me deja que crea el texto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-8436364632211133597?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/8436364632211133597/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=8436364632211133597&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/8436364632211133597'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/8436364632211133597'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/diario-de-un-escritor_04.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-Vs5FcC3i_zk/TwTpRE7RHMI/AAAAAAAAPTc/c8KzNP1vnNc/s72-c/DSC_0001.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-3075978823886960230</id><published>2012-01-02T16:26:00.000-08:00</published><updated>2012-01-02T16:49:18.749-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 2 de enero de 2012&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 464px; DISPLAY: block; HEIGHT: 280px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5693198161017402322" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-ZvDqBtWoz1o/TwJNkEdZc9I/AAAAAAAAPTQ/pqRjLrob4b4/s400/amistades3.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada como ver una película a solas. Es otra película. Eres libre de explicitar tus emociones. Aunque esa película la hayas visto unas cuantas veces antes, no importa. Además, hoy era día de cine. Llovía después del vendaval nocturno que trajo nubes y agua. Nevaba en las altas cumbres, por donde yo andaba ayer. Los bosques que veía por la ventana de la buhardilla estaban espolvoreados de azúcar glas, como me dijo &lt;em&gt;Miss Apple&lt;/em&gt;. Las nubes parecían brotar de ellos, como humo de un incendio imposible. Los caballos pastaban en el prado que es mi cuadro de todos los días, indiferentes a la lluvia como antes lo fueron a la nieve. Así es que no salí de casa. O sí salí, lo imprescindible, un instante, para comprobar que había dormido con la puerta de la casa abierta, que se me olvidó cerrarla anoche, por lo que alguien pudo entrar y visitarme, y tras cerrarla de un portazo me fui a comprar &lt;em&gt;Público&lt;/em&gt; a mi amiga paraguaya. No hubo cerveza en el bar de &lt;em&gt;El camarero que leía a Thomas Mann&lt;/em&gt; puesto que no había mesas fuera y seguía lloviendo. Así es que regresé a casa con el periódico bajo el brazo, lo leí por encima, miré cómo llovía y caían las gotas de los tejados vecinos y organicé la tarde.&lt;br /&gt;Hice un buen fuego después de comer verdura y carne. Me arrimé a las llamas que enseguida prendieron, a pesar de estar húmedas (los leños que cogí en la excursión de ayer estaban empapados de agua, pero el fuego los seca pronto) y me dispuse a ver &lt;em&gt;Las amistades peligrosas&lt;/em&gt;, una de mis películas favoritas, por sexta o séptima vez, algo que suelo hacer siempre con las películas que me gustan porque en cada visión descubro algo que me pasó inadvertido en la anterior, porque el que se sienta a ver la película nunca es el mismo espectador de años atrás. Menos inocente, más escéptico, más de vuelta de todo. La disfruté una vez más, y no pude evitarlo. La disfruté como nunca lo había hecho en todos los visionados anteriores, y no pude evitarlo. Capté en toda su agudeza los diálogos sin desperdicio del gran Christopher Hampton, el guionista de la reciente &lt;em&gt;Un método peligroso&lt;/em&gt;, que adaptaba brillantemente para la pantalla la novela de Choderlos de Laclos, militar metido y escritor, que en su día leí en la colección &lt;em&gt;La Sonrisa Vertical&lt;/em&gt;. Gocé, y no pude evitarlo, de la magistral puesta en escena de su director, Stephen Frears, que estaba en estado de gracia en 1988 y en el mejor momento de su carrera cinematográfica. Y me derretí literalmente, y no pude evitarlo, con las interpretaciones de John Malkovich, con su cara de serpiente, encarnando al perverso vizconde Valmont, y Glen Close como marquesa de Merteuil, dos malos malísimos pero tremendamente vulnerables al fin y al cabo. Me recorrió un escalofrió por la espalda, y no pude evitarlo, cuando Valmont, cumpliendo su papel de seductor desalmado que juega con los sentimientos de las personas, y está enterrando los propios sin él saberlo, y condenándose, hiere una y otra vez a la virtuosa Madame de Tourvel (maravillosa Michelle Pfeiffer que interpreta con la mirada acuosa de sus ojos azules) repitiendo como un mantra la frase &lt;em&gt;Y no pude evitarlo&lt;/em&gt; cuando le miente y le dice que no la quiere, que le ha sido multitud de veces infiel, que le aburre estar con ella, que la abandona, que se busque otro amante, y no puede evitar ser tan cruel con ella un Valmont esclavo de si mismo, de su reputación, caído en la zanja de su propia trampa: enamorado hasta el tuétano como su víctima lo está de él. Me estremecí, y no pude evitarlo, con esa secuencia del duelo en la nieve en la que Valmont / Malkovich se deja matar por el estoque del caballero Danceny (un Keanu Reeves casi en la adolescencia) y le ruega, en su agonía, que le diga a la moribunda Madame de Tourvel lo mucho que la quiso y le perdone por haberla maltratado. Y se me erizó la piel, y no pude evitarlo, en el broche final de este film memorable, con esa desoladora imagen de la marquesa de Merteuil / Glen Close huyendo de la ópera, abucheada por la platea, que trastabilla, que se quita todo el maquillaje ante el espejo, cuando llega a su palacio, que se enfrenta a sí misma sin artificios, a su más completa soledad, a la realidad desprovista de máscaras y trampas. Así es que como estaba solo, y no podía evitarlo, como yo era el único espectador de mi cine, como nadie me veía salvo yo mismo, me harté de llorar, sí, por la película, primero, luego quizá por otras cosas, aprovechando la coyuntura, y confieso que fue un ejercicio saludable, porque lloré esta vez por todas las veces que vi &lt;em&gt;Las amistades peligrosas&lt;/em&gt; en compañía y no lo hice por decoro, por las que las vi en el cine y me aguanté las lágrimas cuando encendían las luces, las que vi en compañía de mis hijos porque no quería que vieran a un padre sensiblero, las que vi en compañía de las mujeres de mi vida, ante las que no podía deshacerme en lágrimas por lo que hubieran pensando de mí. Y lloré porque &lt;em&gt;Las amistades peligrosas&lt;/em&gt;, además de ser una película tristísima, como era el día de hoy en cuanto me alcé de la cama, triste y lluvioso día de cine, romántica que no cursi (lo siento, o no lo siento, pero el romanticismo fue uno de los más fructíferos movimientos artísticos de la humanidad), es una obra maestra, redonda hasta en sus más insignificantes detalles, con actores inspiradísimos que van desde esa Uma Thurman interpretando a Cecile de Volanges, inocente y sensual que ofrece sus nalgas como escritorio de las perversas misivas que escribe Valmont con pluma de ganso, a un Keanu Reeves mucho antes de ser el famoso actor que luego fue. Sí, lloré por la perfección artística de esta película espléndida, como lloré la primera vez que vi La Alhambra de Granada o se me hizo un nudo en la garganta al ver con mis ojos el Taj Mahal o el Cañón del Colorado. Lloré como cada vez que escucho a Mahler, y por eso no le escucho.&lt;br /&gt;Y me doy cuenta, y no puedo evitarlo, de que los usos amorosos no han cambiado esencialmente de aquella época, el siglo XVIII, a la actual, el XXI, salvo en las formas. Si entonces los enamorados y los futuros amantes se enviaban, por medio de criados, esas misivas lacradas, perfumadas y envueltas en cintas de colores que estaban llenas de insinuaciones y florido lenguaje amoroso de doble sentido para conseguir una cita, el método es ahora el sms o el mensaje vía FB, exactamente igual, con el mismo fin, con la misma mecánica. Lo escrito, en papiro, papel de barba, teléfono móvil u ordenador, puede ser más turbador, y desde luego más cómodo, que la comunicación directa que luego vendrá o no. Otro asunto sería saber cómo se relacionaban los campesinos de aquel siglo XVIII antes de que guillotinaran a sus petimetres aristócratas, pero esos no concitaron el interés de la literatura.&lt;br /&gt;Tiramos el sedal a los ríos y esperamos pacientemente a que el salmón pique. Y el salmón, alguna vez, nos arrastra río abajo y nos ahoga. Y no podemos evitarlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-3075978823886960230?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/3075978823886960230/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=3075978823886960230&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3075978823886960230'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3075978823886960230'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/diario-de-un-escritor_02.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-ZvDqBtWoz1o/TwJNkEdZc9I/AAAAAAAAPTQ/pqRjLrob4b4/s72-c/amistades3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-3287889312173272284</id><published>2012-01-01T16:15:00.000-08:00</published><updated>2012-01-01T16:27:32.534-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 1 de enero de 2012&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 476px; DISPLAY: block; HEIGHT: 331px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5692822782058998546" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-lgY7g6snuV4/TwD4KI3gqxI/AAAAAAAAPTE/UTEPmp4gMHY/s400/DSC_0135.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;Empecé el 2012 escribiendo. Sí, me puse ante el ordenador, después de saltarme las uvas, que odio, dicho sea de paso, y las doce campanadas, entretenido en contestar una serie de sms que entraban en ese momento y en comer los canapés y los espárragos con mayonesa que fueron mi última cena, esto tiene un cariz siniestro, del condenado a muerte, del 2011. Casi cayó una botella entera de cava. Así es que me puse a escribir, diez páginas de golpe, un relato de terror que me ha pedido el amigo y colega Fernando Marías para una próxima antología y deberá estar listo para el día de Reyes, por lo que no dispongo de mucho tiempo. Lo tenía en la cabeza, pero ahora había que trasladarlo al papel, digo, al ordenador, y nunca se sabe lo que puede suceder en ese tránsito, lo cual siempre es un estímulo para el que lo escribe. Lo empecé a escribir bajo los efluvios del cava (no soy un escritor alcohólico como Malcom Lowry, Dashiell Hammeth, William Faulkner, Edgar Alan Poe o Bukowski, y ahí sigue, al mismo nivel de siempre, esa botella de whisky que adorna mi estudio, lo hace más literario) y, mientras lo hacía, me estremecía: de terror. Es una norma de oro para los escritores, es mi modesta opinión. Si uno escribe un relato de horror, hay que sentir pánico; si lo que se escribe es uno de violencia, te tiene que saltar la sangre a la cara; si lo que se hace es uno erótico, tienes que excitarte. Sólo de esa forma conseguirás excitar, horrorizar y asquear al lector. Claro que también hay literatura sin emociones, cómoda, light, pero esa no es la mía.&lt;br /&gt;A las dos de la madrugada recibí una llamada femenina, la primera de las tres, de este año. Una voz argentina que me llegaba desde Barcelona. Reímos. Ya estaba en la cama. Hablamos de mi incidente en la pista de hielo y de mi solitaria despedida de año en las montañas. Estuvimos diez minutos hablando jocosamente. Ella, aunque no me lo confesó, también había bebido y estaba algo eufórica. Intentó psicoanalizarme. Lógico, era argentina. A propósito de mi incidente en la pista de hielo. &lt;em&gt;Estás buscando un castigo&lt;/em&gt;, me dijo. Seguramente, tengo múltiples pecados sobre mi conciencia y un sustrato cristiano de mi época con los jesuitas y claretianos. Luego, me dormí, hasta que a las once y media de la mañana (el despertador sonó y sonó sin que le hiciera el más mínimo caso) me despertó una voz cantarina del sur que me hablaba desde Estambul. Hablé con la propietaria de esa voz de Estambul, de las cisternas, lo que más me gustó de esa maravillosa ciudad puente. La voz cantarina se acordaba de mí porque estaba comiendo un pastel de pistacho y sabía lo que me gustaba. Lástima que no llegue vía telefónica ese dulce exquisito. Me levanté, entonces. Muy tarde para desayunar, pensé. Me hice un zumo de naranja. Me vestí. Cogí el coche. Me fui directamente al Coth de Baretges. Pero no subí hasta arriba. La pista estaba helada de principio a fin y yo seguía traumatizado por mi incidente de días atrás. Las roderas de los coches que habían subido estos días eran sendas pistas de patinaje, puro y duro hielo de diez centímetros de espesor. Así es que dejé el coche aparcado sobre el enorme bloque de hielo de la entrada de la pista forestal, me bajé, resbalando, y subí andando.&lt;br /&gt;La nieve era discontinua. Como el hielo. A veces tropezaba con tramos de pista helada que ponían a prueba mi sentido del equilibrio. Andaba entonces muy despacio, mirando en donde ponía en pie, buscando el hielo más quebradizo. Otras veces me iba hacia el borde del camino, buscando un trozo de hierba sin nieve. No había nadie. Ni personas ni animales. Pero la temperatura era buena, mejor a medida que ascendía e iba al encuentro del sol que asomaba de vez en cuando entre las ramas de ese bosque tupido y gigantesco que precede al cuello de montaña hacia el que me dirijo. Encontré un turismo aparcado en la pista. Me pregunté cómo había sido capaz de subir por aquellos repechos de pista convertidos en placas de hielo. Un misterio. Lo inspeccioné. Ni siquiera llevaba cadenas. Sentí un enorme complejo por no haber cogido yo el coche y haber hecho lo mismo. Pero inmediatamente me recordé patinando marcha atrás en aquella maldita curva de aquella maldita pista forestal y me alegré de seguir acomplejado por mi torpeza. Luego oí un par de estampidos de escopeta: un cazador en acción. Pero, ¿dónde se encontraban los animales? Seguí subiendo por el camino, sin víveres (así bajaba la desmesurada cena de nochevieja y así me castigaba por mis excesos con el alcohol limpiando mi cuerpo) y, a medida que lo hacía, la nieve sustituía al hielo, hasta llenar toda la pista. A veces me hundía en ella hasta más allá del tobillo, Otras estaba dura y era fácil progresar por ella. Vi el rastro de un excursionista que me precedía con raquetas de nieve. Me dije que tendría que hacerme con unas si quiero seguir haciendo excursiones por estos parajes hibernales.&lt;br /&gt;Recibí entonces la tercera llamada femenina de este 2012: Mademoiselle Bonnaire que me llamaba desde la vecina Foz. De fondo oía a sus ocas reclamar su pitanza de Año Nuevo. Hablamos de cómo habíamos pasado nuestras respectivas nocheviejas. Ninguna mención a ese largo beso en la puerta de mi casa. Empiezo a temer que fue fruto de imaginación. ¿Y ahora, subiendo al Coth de Baretges, es real o también es imaginación? Decido tocar la nieve con la mano. Es real. Me despido de Mademoiselle Bonnaire y sigo montaña arriba.&lt;br /&gt;Poco antes de llegar al Coth la nieve era muy abundante, excesivamente. Había verdaderas montañas de nieve virgen, no pisada por nadie, en la que me hundía casi hasta la rodilla. Decidí dar media vuelta, derrotado a diez minutos de alcanzar mi meta, pero rectifiqué y decide dejar la pista y tomar una senda más corta y empinada que, monte a través, me llevaba hasta Baretges. Unos excursionistas con raquetas descendían por ella, precisamente, y trazaban en la nieve la dirección exacta. Seguí el surco que iban dejando y subí. La nieve en la ladera era mucho más escasa y estaba mucho más dura que la que invadía la pista. A los diez minutos de marcha, sobre las tres de la tarde, empecé a coronar y a ver, emergiendo sobre el enorme prado nevado que sepultaba la hierba del Coth de Baretges, las picudas agujas de la Maladeta. Y seguí subiendo hasta tener la panorámica completa para fotografiarla. Las tres y media. Buena hora para el descenso teniendo en cuenta que a las cinco y media empieza a oscurecer y tenía las botas empapadas de agua aunque sentía los pies calientes. En la bajada mi máximo cuidado era el hielo, no resbalar en él, estar muy atento a las numerosas placas y evitarlas. No podía caerme. Ya no quedaba nadie en la zona, todos los excursionistas (tropecé con otro con esquíes de fondo) habían iniciado ya el descenso y yo era el último que quedaba por el paraje. El camino de regreso se me hizo largo, eterno. Te das cuenta entonces, de todo lo que has subido y te sorprendes de haber sido capaz de hacerlo. Además empecé a sentir hambre. Y sueño. Un sueño atroz que siempre me coge cuando camino por encima de la nieve crujiente. De vez en cuando me detenía, me apoyaba en el bastón y echaba un ligero sueñecito de treinta segundos que me reconfortaba para seguir el descenso. Estuve a punto de caer al pisar una traicionera placa de hielo oculta bajo la nieve. Reaccioné a tiempo y evité la caída apoyándome en el bastón. Seguía sin hacer frío. Había mucha leña cortada a lo largo del camino, gran cantidad de troncos y ramas de árboles, pero no me veía con fuerzas para acarrearlas hasta el coche. Al cabo de una eternidad, a las cinco de la tarde, llegaba al coche y entonces sí cargaba toda la leña que veía a su alrededor, montaba y emprendía el descenso a casa, muerto de sueño. Por el camino dirimía si comer o dormir. Finalmente, cuando llegué a casa, rendido, decidí que más me aprovecharía dormir, así es que me fui a la cama, a las seis menos cuarto, y de ella no salí hasta las nueve de la noche, justo para ver las noticias y comer alguna cosa: un plato de espárragos con mayonesa y un filete de pargo enharinado y frito. La casa no estaba excesivamente fría, a pesar de que en todo el día no había encendido el fuego, pero decidí que era el momento de hacerlo y estuve un buen rato batallando con unos cuantos troncos que subí del garaje hasta que prendieron. Luego ascendí a la buhardilla, me puse un CD de Bjork y con su voz como fondo musical seguí escribiendo ese relato de terror que me sigue aterrorizando a medida que avanza. Y mientras, fuera de la casa, sopla el viento con fuerza. Veremos que nos trae mañana. Y, como en el relato que acabo de escribir, un mueble de mi casa, a altas horas de la madrugada, cruje estrepitosamente, o puede que sea uno de los troncos que he metido en la estufa de leña y se esá quejando porque el fuego se ha apagado y tiene frío. Investigaré.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-3287889312173272284?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/3287889312173272284/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=3287889312173272284&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3287889312173272284'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3287889312173272284'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2012/01/diario-de-un-escritor.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-lgY7g6snuV4/TwD4KI3gqxI/AAAAAAAAPTE/UTEPmp4gMHY/s72-c/DSC_0135.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-1212872750059814732</id><published>2011-12-31T12:19:00.000-08:00</published><updated>2011-12-31T14:18:40.460-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 31 de diciembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 459px; DISPLAY: block; HEIGHT: 492px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5692409236320601554" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-QpfX2bXbOpA/Tv-ACm8KxdI/AAAAAAAAPS4/DGamULkEbFw/s400/el%2Broto.bmp" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;Mademoiselle Bonnaire vino para despedir el año conmigo. Se lo agradecí, aunque lo hiciera a las dos y media del mediodía, ocho horas y media antes de que 2011 expirara. Se lo agradecí porque cruzó la frontera, dejó solas a sus ocas y vino a mi casa bajo la lluvia persistente que en las cumbres es nieve. Se lo agradecí con una copa de vino blanco y dos platas de canapés que pacientemente elaboré para la ocasión: salmón ahumado con rodaja de pepinillo y lecho de mantequilla; jamón de york con huevo hilado; queso azul con nuez; micuit con almendras.&lt;br /&gt;Intercambiamos regalos. Me obsequió con dos libros, sobre magos y brujas de los valles pirenaicos, y yo le entregué un libro de fotografías de Bretaña que compré en Altair días atrás pensando en ella y uno propio, dedicado, &lt;em&gt;Lifting&lt;/em&gt;, porque le haré reír, y eso habrá que hacer en 2012 hasta que la risa se nos congele.&lt;br /&gt;Mademoiselle Bonnaire es friolera. Lleva dos camisetas, una camisa, un jersey y un abrigo, más las botas, sin las que no sería ella. Bebemos vino blanco, comemos y hablamos. Yo me intereso por el negocio de foie y le digo que si no sacrifica en un momento u otro sus ocas difícilmente podrá sobrevivir en estos tiempos de crisis. Pero ella quiere a sus animales, se ha encariñado de ellos y desiste de torturarlos. Sus ocas comen lo que quieren y cuando quieren. Nunca las ha alimentado con un embudo clavando sus patas palmípedas en tierra para que no se muevan mientras le pasa la comida y destroza su hígado. La entiendo. Ella no es como mi marero protagonista del relato que ya he dado esta mañana por definitivamente terminado.&lt;br /&gt;Brindamos. Cuando le voy a desear un feliz 2012 me lo saca de la boca. Los franceses nunca deseamos un feliz año hasta que éste no nace, me dice con una voz gutural que me recuerda a Edith Piaff. Es muy francesa. Orgullosa de serlo tanto como yo soy indiferente de ser español o catalán. Admiro, y envidio, el chauvinismo de nuestros vecinos. Yo, de considerarme algo, sería graciense, por mi barrio de Gracia de Barcelona, o aranés, porque éste es mi paisaje sentimental.&lt;br /&gt;El último día del año que agoniza es triste. No porque se muera el año. También. Sino porque llueve; lo hace desde primera hora de la mañana y las nubes lo envuelven todo, bajan de las montañas al valle, devoran el pueblo, hacen desaparecer el prado con los caballos que es la postal que tengo cuando me levanto de la cama y bajo al salón comedor a encender la estufa de leña cada mañana, una rutina hibernal&lt;br /&gt;Se está muy poco tiempo Mademoiselle Bonnaire. No puede dejar solas a las ocas de su granja de Foz. Es una esclavitud eso de ser granjera y tener animales a tu cargo, le digo, pero le agradezco que en un día así, con lluvia, se haya molestado en venir a verme con esos dos libros de regalo bajo el brazo que leeré. Así es que a las tres y media la acompaño a la puerta y, en ella, no sé bien cómo ni por qué, en vez de besar su mejilla para desearle una feliz despedida de año, puesto que no puedo felicitarle el 2012 antes de que nazca, mis labios van a su boca. Y allí, en el vestíbulo, nos estamos besando una eternidad, con la puerta abierta y la lluvia cayendo fuera, sin que sea capaz de cerrar la puerta, subir con ella las escaleras que hemos bajado y llevarla a la cama. Así es que se va, bajo la lluvia, con sus regalos bajo el brazo y la melena suelta. ¿Realidad o ficción? ¿Dónde están los límites? No existen. Todo se cruza. Soy un tipo que sueña que es escritor y vive en el Valle de Arán, y así seguiré creyéndolo hasta que un día despierte.&lt;br /&gt;Cuando se termina un año se suele recapitular. Y eso hago, sentado en el sillón orejero, vigilando que el fuego no se apague, mientras veo, y no veo, porque en algunos tramos de la película dormito, &lt;em&gt;Manual de amor&lt;/em&gt; que, cuando la estrenaron, me pareció horrenda pero hoy aguanto con agrado. Será que me estoy reblandeciendo. Será ese largo beso que nos hemos dado, o no, Mademoiselle Bonnaire y yo horas antes en la puerta de la casa.&lt;br /&gt;2011 queda dividido, en su meridiano, por mis dos vidas. La séptima que murió en el sur; la octava que nació en el norte. De la séptima tengo que esforzarme para que definitivamente no se borre de mi cabeza después de haberse borrado del corazón. Paradójico que, después de haberme estado atormentando los recuerdos y las vivencias irrecuperables, los eche ahora de menos sabiendo que todo aquello no volverá y morirá definitivamente con el olvido. Pero todo es relativo. Quien vivió la séptima vida me resulta en estos momentos un perfecto desconocido, alguien al que desde la octava vida no comprendo. Así es que este 2011 tuvo dos muertes. Una, a mediados del año, y otra, hoy. Y el 2011 de medio año que nació en cuanto llegué con mis pertenencias al Valle de Arán ha sido gratificante en líneas generales. Tres novelas publicadas y un libro colectivo, en el plano literario; descubrir mi devoción de abuelo, en el plano personal.&lt;br /&gt;En ese 2011 de sólo seis meses he trotado por los montes de mi Valle; he disfrutado de su fauna; he compartido veladas con familiares, amigos y amigas; he sido, creo, buen anfitrión con todo el que se ha acercado a este lejano paraje; me he convertido en un cocinero aceptable; he recurrido mucho a este diario como terapia personal; he hecho muchas amistadas virtuales y a algunas las he rozado; me he integrado en este pequeño núcleo rural que me ha acogido con cariño; he hecho buenas amistades entre los lugareños; me he hundido en alguna que otra depresión de la que he salido porque no tenía otra opción; he coqueteado con el hielo en la carretera llevado por mi instinto suicida; he leído menos de lo que hubiera deseado; he ido al cine siempre que he bajado a Barcelona; he mantenido algunos amigos en el sur; he perdido muchos otros en esa latitud porque quizá nunca lo fueron; he consolidado mi relación con La Arquitecta; me he indignado siempre que me han provocado; he seguido inmerso en todo lo que sucedía a mi alrededor a pesar de estar rodeado de montañas pero no por ello aislado y ajeno; me he comprometido en labores sociales, manifestándome cuando tocaba; he viajado a Toulouse y Miami por razones profesionales; he aprendido a utilizar el hacha y a hacer fuego siguiendo el manual de una amiga; y he conocido a Mademoiselle Bonnaire a quien no sé si besé o no este mediodía cuando marchó a su granja de Foz o sencillamente fue un simple deseo que no se llegó a materializar.&lt;br /&gt;2012, que está a punto de llegar, lo refleja con su mala leche habitual El Roto en su viñeta de hoy en El País. El psicópata de &lt;em&gt;La matanza de Texas&lt;/em&gt; que viene con la motosierra para recortarnos a todos. Tan malo nos imaginamos ese nonato que seguro que no será para tanto y hasta, quizá, sea un buen año. Brindaré para que así sea.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-1212872750059814732?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/1212872750059814732/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=1212872750059814732&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1212872750059814732'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1212872750059814732'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/12/diario-de-un-escritor_31.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-QpfX2bXbOpA/Tv-ACm8KxdI/AAAAAAAAPS4/DGamULkEbFw/s72-c/el%2Broto.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-121964578613548197</id><published>2011-12-30T14:52:00.000-08:00</published><updated>2011-12-30T15:11:15.078-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 30 de diciembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 395px; DISPLAY: block; HEIGHT: 382px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5692062490019932354" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-uwwR-uKZ9t4/Tv5ErUT2qMI/AAAAAAAAPQE/ezBSs9iNWiw/s400/Tom_Waits_3.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;Creo que voy disfrazado de leñador canadiense dentro de mi casa. Bueno, esto, el Valle, no es Canadá, pero algo se parece, en otra dimensión. Canadá, por sus pequeños bosques, por sus pequeñas cascadas, por sus pequeños ríos, comparado con la grandiosidad del paisaje de ese país norteamericano, y Escocia, por sus lagos, los de Liat, especialmente, que parecen sacados directamente de los Highlands. Pantalón de pana, gorra de visera, camiseta de algodón adquirida en México hace unos cuantos lustros, una camisa a cuadros comprada hace una semana en un mercadillo de Vic y que abriga un montón (con estas camisas me ahorro ponerme el jersey que me regaló Mademoiselle Bonnaire) y unas zapatillas que me vienen algo grandes y es de los pocos vestigios físicos que llevo conmigo de mi séptima vida. Con esa pinta, y las gafas de presbicia colgadas del cuello (feo palabro ése: presbicia) más unas gafas de sol, regalo de mis cachorros por Navidad, suspendidas del cierre de la camisa (no hace sol en la casa, menos a las ocho de la tarde, pero de ahí cuelgan como vestigio de mi irracionalidad) bajo los dos tramos de escaleras que van de la buhardilla al salón comedor con un puñado de papeles viejos en las manos, para quemar, que he aligerado de mi caótica mesa de estudio.&lt;br /&gt;Llego en buen momento porque el fuego de la estufa de leña languidece, apenas es una tenue llama rojiza que besa un tronco, así es que lo avivo con esa carga de papeles de todo tipo, fundamentalmente apuntes manuscritos para una conferencia que di en Samatán, la ciudad de las ocas, el mes pasado, aunque también hay entradas de museos, mapas de Burgos y Toulouse, billetes de metro, facturas de visa.... Mientras avivo el fuego con ese combustible de papel (los troncos que arden dentro también podrían haber sido papel, me digo) me siento en el butacón orejero verde y pesco de encima de la mesa un País Semanal atrasado que no leí en su momento. Bueno, tampoco es tan atrasado, es del 18 de diciembre. Hay una entrevista con Tom Waits, que devoro, después de dejar para otra ocasión la de Gary Oldman a propósito de &lt;em&gt;El Topo&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Me gusta la voz aguardentosa de Waits. El tipo tiene dos años más que yo y calza siempre sombrero, como yo esa gorra canadiense con la que me voy casi a la cama y no se separa de mi cabeza. Eduardo Lago, que firma la entrevista, tiene frases muy acertadas sobre el músico: “Su voz hace pensar en alguien que se ha curado el resfriado durmiendo la borrachera en una tumba”, por ejemplo. Waits, que no tiene voz melosa (tampoco la tenía Janis Joplin ni Louis Amstrong), arrastrará siempre su pinta de &lt;em&gt;outsider&lt;/em&gt; aunque nade en millones, beba buen whisky de malta y conduzca coches de lujos. Es un personaje de carretera (y él dice que su época más feliz fue esa, cuando hacía autostop y viajó de un extremo a otro de USA) que parece sacado de la mente de William Burroughs y Jack Keruac. En las películas en las que ha intervenido los directores sólo le piden que haga de sí mismo y con eso ya tienen bastante. Y les sobra. Le recuerdo en &lt;em&gt;Vidas cruzadas&lt;/em&gt; de Robert Altman, en &lt;em&gt;Jugando en los campos del Señor&lt;/em&gt; de Héctor Babenco, en &lt;em&gt;Drácula &lt;/em&gt;de Coppola..., y siempre salía borracho. Cuando el entrevistador le pregunta por su ruido favorito, Waits responde: &lt;em&gt;El estampido de un revólver disparado lo más cerca posible de las orejas&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Leída la entrevista y postergada la de Gary Oldman (precisamente el &lt;em&gt;Drácula&lt;/em&gt; de Coppola) subo de nuevo a mi buhardilla con mis dos gafas y mi gorra de visera.&lt;br /&gt;Ando liado desde hace tres días con un relato de una extensión mediana. &lt;em&gt;El marero&lt;/em&gt;. Como me sucediera con &lt;em&gt;El mal absoluto&lt;/em&gt; con un programa sobre &lt;em&gt;Auschwitz y la solución final,&lt;/em&gt; que precisamente reponen hoy por televisión en la 2, un reportaje sobre la Mara Salvatrucha concitó mi interés hace cuatro noches, mientras vagueaba delante del televisor. La cámara enfocaba a un &lt;em&gt;marero&lt;/em&gt; que hablaba de forma pausada y educada sobre los sesenta y cinco asesinatos que tenía a sus espaldas, un tercio de ellos mujeres. Hablaba sin ninguna emoción de sus crímenes, con la misma naturalidad que yo hablo sobre Thomas Mann con el camarero que lee &lt;em&gt;La Montaña mágica&lt;/em&gt; o intercambio impresiones sobre el tiempo que tendremos con la panadera del pueblo. Me di cuenta, escuchándolo, que el asesinato, cuando se convierte en un hábito continuado, pierde su carga transgresora para quien lo comete del mismo modo que el cirujano deja de atormentarse cuando se le muere el tercer paciente en el quirófano. Un monstruo nunca puede tener empatía con la víctima porque terminaría destrozado por sus propios actos. El tipo hablaba de la muerte como si fuera su oficio, y lo era, y alardeaba de ser un experto. Ese &lt;em&gt;marero&lt;/em&gt; del televisor no sabe que me he apropiado de su alma, si es que tiene (lo dudo) y lo he convertido en protagonista de un cuento de veinte páginas que está en mi ordenador reelaborándose días tras día hasta que lo dé por concluido y lo deje archivado en una carpeta y allí permanezca hasta que le dé alguna salida, si se la doy.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;—¿Y por qué asesina?&lt;br /&gt;La pregunta del periodista podría resultar una tremenda obviedad teniendo en cuenta quién era el entrevistado. Aníbal Ribera no era un marero cualquiera. Decían de él que había pasado de la lactancia, que no tuvo, porque quien trajo al mundo a ese demonio lo abandonó en cuanto le vio la cara, a empuñar un AK 47. De niño sicario, criado en la calle, a jefe de mara. De jefe de mara a terror de todos los jefes de maras del quinto distrito de Guatemala City en el que imponía su ley y vasallaje...&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Y aun hoy, veinticuatro horas más tarde, tengo visiones de esa pista helada que ayer pudo conmigo. O yo pude con ella, puesto que logré salir de su gélida y resbaladiza trampa y regresar a mi hogar. Veo el coche en la pendiente, en aquella curva, deslizándose por la capa de hielo y me coge frío de muerte. Pero mi otro yo, el enloquecido, el que me llevó a ese lugar maldito de la montaña, me ha desafiado hoy a regresar a ese punto para superarlo. Mi yo racionalista lo ha mandado a paseo, evidentemente. ¡Qué miedo me da ese tipo irracional que habita en mí! &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-121964578613548197?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/121964578613548197/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=121964578613548197&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/121964578613548197'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/121964578613548197'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/12/diario-de-un-escritor_30.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-uwwR-uKZ9t4/Tv5ErUT2qMI/AAAAAAAAPQE/ezBSs9iNWiw/s72-c/Tom_Waits_3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-7941727215412124374</id><published>2011-12-29T16:20:00.000-08:00</published><updated>2011-12-30T02:05:35.550-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;Arán, 29 de diciembre de 2011&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 429px; DISPLAY: block; HEIGHT: 504px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5691711665760814946" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-pm9juH2orzY/Tv0FmqGex2I/AAAAAAAAPP4/ro-Cd-WHMUE/s400/hielo.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;Hielo. Mi obsesión por el hielo se la debo a mi madre. De ella saqué algunas virtudes, y algunos tics: sacar la llave del bolsillo dos manzanas antes de llegar a mi casa; llevar el dinero en la mano cuando voy a pagar el periódico a mi amiga paraguaya o la cerveza al camarero que lee a Thomas Mann. Y obsesiones: bebidas gélidas. Suelo tomar las cervezas heladas en verano. Tan heladas que muchas veces las olvido en el congelador y me las encuentro al día siguiente reventadas. Suelo ponerme mucho hielo en las bebidas. Por culpa de una bebida helada que me tomé una noche calurosa, en mi sexta vida, tuve un corte de digestión que a punto estuvo de mandarme al otro barrio: todo me daba vueltas, la cama, la habitación, hasta el punto que hube de arrastrarme por el suelo porque caía de bruces ante la falta de equilibrio y estuve seis horas sentado en el jardín, de la que era entonces mi casa, hasta que lentamente me fui recuperando, volviendo a la vida. Desde entonces no tomo las bebidas tan frías; no las tomo, sobre todo, cuando hace una hora o dos que he comido. Ha aprendido de ese accidente que pudo haberme mandado a otra vida, la décima o undécima, la no vida, de una forma estúpida.&lt;br /&gt;Hielo. Nunca fui un buen patinador. Patinaba muy torpe en patines de cuatro ruedas, estaba más tiempo en el suelo, con las rodillas destrozadas. Nunca patiné con esos otros patines en línea, que son filos de cuchillas, sobre hielo. Soy pésimo esquiador de fondo: mi única experiencia me tuvo más tiempo echado en la nieve de la pista forestal nevada que deslizándome por ella. Y desde luego ni loco subo una montaña con hielo.&lt;br /&gt;Pensaba en el hielo, o no lo pensaba, o sí lo pensaba pero mi otro yo me lo quitaba de la cabeza, mientras conducía por una pista forestal hoy, inmediatamente después de comer. La pista subía recodo tras recodo y yo iba despacio, mirando el asfalto. Vislumbré un pequeño tramo helado, no hielo exactamente sino una delgada capa de nieve que no se había derretido en días y se había congelado. Me bajé del coche para comprobar su estado. No patinaba demasiado, crujía bajo la suela de la bota. Bien. Monté. Encendí el motor. Pasé aquel pequeño tramo conflictivo sin problemas, sin que patinara el coche, muy despacio, eso sí. Y seguí monte arriba, disfrutando del paisaje, de las lejanas cumbres cubiertas de nieve, del sol pasando entre las ramas de los árboles yermos, del silencio y soledad del camino, hasta que di con otro tramo helado, blanco, otra vez nieve helada, una capa fina que brillaba, esta vez más largo, y seguí, poniendo la primera, muy despacio, deseando que ese tramo acabara y volviera a pisar asfalto más o menos seco. Pero no. Y en una curva pronunciada y en pendiente pasó lo que tenía que pasar e iba temiendo cuando ya no tenía remedio y no podía retroceder: que el coche patinó, que se fue para un lado, que por mucho que aceleré se fue hacia atrás, descendió sin control unos segundos eternos hasta detenerse las ruedas posteriores en el arcén y contra la ladera de la montaña. Sé que nunca debe frenarse un coche en el hielo, pero cuando vi que me iba hacia abajo el instinto pudo más, eché el freno de mano y pie, inútilmente, claro; luego puse la primera marcha, una vez que apagué el motor, y, temblando, bajé. Aquello sí que era hielo resbaladizo. Tan resbaladizo que yo mismo me deslizaba por la pista. Miré el coche. La posición era muy complicada para salir y me maldije por mi cabezonería suicida de haber cogido esa pista. Realmente era muy difícil enderezar el pesado vehículo teniendo en cuenta el hielo, la curva y que estaba en una pendiente extremadamente pronunciada. La curva, por su relativa amplitud, me permitía maniobrar y encarar el coche hacia abajo si es que conseguía que se deslizara lentamente hacia atrás y se detuviera en el arcén opuesto cruzando la pista en diagonal. Allí, aunque no funcionaran los frenos ni las marchas, la montaña me detendría como parapeto. El peligro es que no consiguiera cruzar el coche hacia el otro lado de la pista y éste se deslizara hacia un cercano barranco y cayera al vacío. Paseé arriba y abajo, maldije el bello paisaje nevado que me rodeaba, me maldije a mí mismo, a ese otro yo imprudente que me había impelido a seguir – los impulsos irracionales acabarán un día u otro conmigo – y decidí correr el riesgo porque no había otra alternativa, o la otra alternativa era dejar el coche en medio de la pista y bajar andando dos horas hasta el pueblo más cercano con el peligro de que se me echara la noche encima y me congelara por el camino. También podía llamar a Mademoiselle Bonnaire para que viniera a rescatarme con su coche a ese punto. O llamar a la compañía de seguros, que me maldeciría y me enviaría un coche en un par de horas si es que encontraba la pista. O llamar al 112 para que bomberos y policía me abroncaran, con toda la razón del mundo, por circular en invierno por pistas forestales. Finalmente decidí que si yo me había metido en el hielo, imprudentemente, yo estaba obligado a solucionar el problema sin la ayuda de nadie, así es que subí de nuevo al coche, lo puse en marcha, quité suavemente el freno de mano, giré el volante en dirección contraria para que cuando se deslizara fuera a parar al arcén opuesto de la carretera y me encomendé a mi suerte. De nada sirvió girar el volante. En cuanto quité el freno de mano el coche se deslizó bruscamente carretera abajo y se detuvo porque se empotró suavemente contra la montaña. Por suerte se había detenido, sin que hubiera respondido ni al movimiento del volante, ni al freno de mano, ni a la primera marcha. Estaba ya fuera de la curva con lo que mi margen de maniobra para intentar enderezarlo se reducía drásticamente por falta de espacio. Además corría el peligro de que en cuanto intentara mover el coche poniendo la primera marcha el vehículo se deslizara sin freno marcha atrás por la pista helada y saltara al vacío. Nuevamente eché pie a tierra para evaluar la situación y tomar una decisión. La única solución era poner la primera marcha, avanzar lentamente hacia el quitamiedos de enfrente, que protegía la carretera del barranco, frenar, si es que respondía el freno, ir hacia atrás, de nuevo hacia delante y hacia atrás hasta que girara por completo y encarara el coche en la pista para descender por ella. Monté de nuevo y lo puse en marcha. Por suerte la primera funcionó y el coche se deslizó suavemente hacia delante hasta quedar completamente cruzado en la pista. No había peligro de colisión con otro coche: yo era el único loco que se había aventurado por esa pista de hielo. Giré suavemente el volante y puse la marcha atrás. El coche se deslizó hacia atrás. Bien. Aquel tramo no estaba tan helado como la maldita curva que me había detenido un par de metros más arriba. Maniobré seis veces más, adelante y atrás, hasta que conseguí girar el coche por completo y encararlo hacia el descenso. Pero faltaba superar la veintena de metros con la pista helada, blanca, y una curva sin quitamiedos por la que, si no dominaba el coche, podría precipitarme al vacío. En caso de perder por completo el control mi cabeza me decía que debía saltar del coche, pero en mi fuero interno sabía que no iba a hacerlo, que me dejaría caer por la ladera, dando vueltas, hasta que algún árbol me parara o siguiera hasta el fondo del valle, ochocientos metros más abajo. Así es que me puse de nuevo al volante para superar la tercera prueba de conducción sobre hielo, una vez superadas, in extremis, las dos anteriores, que parecían imposibles, metí la primera marcha, solté el freno y empecé a bajar despacísimo. Los cinco primeros metros el coche respondió sin patinar, pero luego debió pisar una placa dura de hielo y el coche se cruzó y se deslizó inexorable hacia el barranco. No frené sino que giré el volante en dirección contraria, quizá bruscamente, pero es que ya me veía volando por encima de los árboles en la última secuencia de mi vida, y conseguí corregir la deriva del vehículo y centrarlo de nuevo en la pista.&lt;br /&gt;Cuando dejé a mis espaldas la pista de hielo frené el coche, bajé y respiré muy hondo. El corazón me iba a cien. Y temblaba de pies a cabeza.&lt;br /&gt;Lo primero que hice al llegar a casa fue merendar. Tenía un apetito voraz.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-7941727215412124374?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/7941727215412124374/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=7941727215412124374&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/7941727215412124374'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/7941727215412124374'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/12/diario-de-un-escritor_29.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-pm9juH2orzY/Tv0FmqGex2I/AAAAAAAAPP4/ro-Cd-WHMUE/s72-c/hielo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-1647790551757805491</id><published>2011-12-26T09:28:00.000-08:00</published><updated>2011-12-26T11:52:41.913-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Sant Cugat, 25 de diciembre de 2011&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 481px; DISPLAY: block; HEIGHT: 356px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5690519711862051138" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/--1JoSbq1uAk/TvjJhzzlUUI/AAAAAAAAPPs/Cx-KnYSGSmw/s400/DSC_0581.JPG" /&gt;No estoy muy seguro de si el tiempo pasado es recuperable. Aunque siempre hay alguna corteza que se salva después del incendio que arrasa el bosque y éste renace de sus cenizas. Esta Navidad hago la prueba. Regreso cuatro años atrás, pero teniendo cuatro años más. ¿Es eso posible? A mi casa de mi sexta vida. A esa hermosa, amplia, luminosa vivienda que entre La Arquitecta y yo edificamos con toda la ilusión y abandoné. &lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Nada ha cambiado, aparentemente, con lo que tengo la sensación de despertar de un sueño. Creo que la decoración que escogió La Arquitecta fue perfecta porque han pasado quince años y no desentonan los muebles, sillones, mesas, sillas, estanterías que la conformaron. Una colección de cuadros cubre la mitad de la altísima pared del salón comedor, la zona más noble y hermosa de la casa que recibe la luz del sol desde primeras horas de la mañana a través de una puerta ventanal de diez metros de altura. Mi despacho, en la segunda planta, en el que se puede bailar, sigue igual, con mis diez mil libros que no leeré cubriendo sus dos enormes paredes laterales; mi mesa de estudio, porque ya no estoy en ella, está limpia y ordenada. Sigo subiendo escaleras, en mi inspección sentimental, mientras La Arquitecta está al mando de los fogones de la casa y la perfuma con su olor a comida. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Sobre la mesilla de noche del que fue mi dormitorio duerme el sueño de los justos &lt;em&gt;En busca del tiempo perdido&lt;/em&gt; de Marcel Proust, el último libro que estuve leyendo en mi sexta vida y dejé allí, con el punto de lectura en la página doscientos, de la que no pasé. Y eso hago, exactamente, mientras paseo arriba y debajo de la que fue mi casa y ya no lo es, buscando el tiempo perdido, los ecos de mi pasada vida que percibo en cada esquina de ese escenario que me sigue siendo fiel como si el tiempo se hubiera detenido hace cuatro años, cuando pasé las últimas navidades. Llegan los muchachos. O no llegan; se despiertan después de una noche de juerga, ojerosos, en pijama, y tienen que encorvarse, por su altura, para besar a su padre.&lt;br /&gt;Ulises se sienta en el sofá blanco del salón comedor y observa, desde ese ángulo, el ciprés del jardín, que compró cuando su altura era apenas la suya y ahora debe medir veinticinco metros, es el más alto del entorno, le sobrevivirá y él lo abonará con sus cenizas. Y así permanece el viajero, ensimismado y triste, contemplando todos los cuadros y adornos de esa casa, recordando dónde y cuándo los compró, en qué viaje tropezó con esas esculturas orientales, cómo regateó ese batik, que cuelga hermoso encima de un gong chino, en un mercado de Indonesia, de qué hueso de animal están confeccionadas la docena de esculturas que adornan la vitrina del mueble lacado en blanco que tiene enfrente.&lt;br /&gt;Ha prometido ese Ulises, de paso por su Ítaca, que hará los canapés del día de Navidad y entra en la cocina en donde la elegante Arquitecta, que cada vez parece más joven, se mueve entre fogones con sopas que hierven y exhalan un agradable perfume a hogar y un enorme recipiente en donde se hace el fricandó de ternera. La contribución culinaria del viajero en este día destacado va a ser muy simple. Tengo a mi disposición salmón ahumado, huevas de algún pescado, paté de cangrejo, aceitunas, alcaparras, micuit, y voy untando con todas esas sustancias rebanadas de pan de molde que luego troceo minuciosamente con tijeras hasta convertirlos en atractivos triangulitos multicolores de múltiples sabores que combino en una bandeja siguiendo una pauta cromática, como la de la paleta de un pintor.&lt;br /&gt;A las dos y media llega la pequeña reina de la casa y Penélope y Ulises olvidan sus diferencias para disputársela. Con tanta gente a su alrededor la chica está seria, pero enseguida sonríen sus enormes ojos azules y comienzan a moverse barcitos y piernecitas embutidas en leotardos grises mientras va pasando de unos brazos a otros. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Junto al árbol de Navidad de la segunda planta, junto a la puerta del ascensor, están los regalos. Los vamos abriendo uno por uno siguiendo el ritual de todos los años, también de los que no estuve y hube de imaginarme desde mi exilio sentimental en el sur. El que recibo yo es de una enorme utilidad para mi nueva casa. A la pequeña reina le tocan en suerte unos diminutos pantalones de pana de juguete. Pronto le regalaré botas de montaña y una mochila para que me acompañe por los prados de Arán, piensa Ulises mirando a la pequeña reinecita de sus ojos.&lt;br /&gt;La comida es larga, sin prisas. El vino blanco, tinto, el vermú rojo, el cava, llena las copas una y otra vez. Caen todos los platos de forma inexorable ante el apetito festivo de los comensales que se citan alrededor de una mesa que estrena mantel de lujo para la ocasión: un caldo con un enorme gallet napolitano que encierra una pelota de carne; los canapés que hizo Ulises y de los que no queda una muestra en segundos; el fricandó con las setas del Valle que conservaba La Arquitecta de un viaje que hicimos muchos años antes de fijar yo mi residencia en aquel lugar mágico. Los postres, especialmente el turrón de yema tostada, tienen un enorme éxito, concitan el entusiasmo de todos, son un dulce reclamo al que nadie se resiste como epílogo de esa comida de Navidad especial. Luego todos van desertando de la mesa hacia las camas, vencidos por el sueño, para echar una siesta, y quedamos frente a frente Penélope, que no me esperó tejiendo, y Ulises, el viajero, que dentro de tres horas tomará su coche y subirá del llano al monte, a su gélida casa de la montaña, dejando de nuevo Ítaca al cuidado de La Arquitecta.&lt;br /&gt;Yo siempre estaré, le digo.&lt;br /&gt;Y yo, me contesta. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-1647790551757805491?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/1647790551757805491/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=1647790551757805491&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1647790551757805491'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1647790551757805491'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/12/diario-de-un-escritor_26.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/--1JoSbq1uAk/TvjJhzzlUUI/AAAAAAAAPPs/Cx-KnYSGSmw/s72-c/DSC_0581.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-8773044547851649152</id><published>2011-12-24T14:44:00.000-08:00</published><updated>2011-12-24T15:24:13.018-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Vic, 24 de diciembre de 2011 &lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 526px; DISPLAY: block; HEIGHT: 453px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5689830886420631394" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-0EooE4ssBgo/TvZXC5Elz2I/AAAAAAAAPPI/WoyG4JXGENw/s400/agatha-christie.jpg" /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Mi cena de Nochebuena en la comuna libertaria de Vic es tan parca como solitaria. El Filósofo Rojo, mi amabilísimo anfitrión, se quedó en la capital para cumplir con deberes familiares propios de estas fechas y yo me subí en uno de esos trenes que llegan hasta Puigcerdá y bajan de temperatura de estación en estación: salí con 17 grados de Barcelona y llegué a Vic, una hora más tarde, con 3. Cargado con botellas de Viña del Vero Gewutztreminer (mi blanco preferido, pura fruta, seguido por el Calvente granadino, más fuertecito y alcohólico), un vermú (coño, sin T me suena mal) rojo Martini y un Orujo el Afilador, más una buena provisión de libros (si se ha de regalar, regalo siempre libros) que compré en Barcelona, recorrí las calles húmedas de Vic desde la estación al barrio de mi amigo maldiciendo la distancia y tentado de coger un taxi, cosa que no hice porque no sé cuál es la dirección.&lt;br /&gt;Es célebre una anécdota de Agatha Christie, la abuelita del crimen que pasaba por ser una señora muy virtuosa mientras jugaba a detectives en sus entretenidas novelas, que me viene este día a la memoria. Creo que desapareció una semana, hubo un vacío misterioso en su vida ( o quizá dos semanas, o un mes, o unos días) y nadie supo qué hizo en ese interregno la escritora de &lt;em&gt;Diez negritos&lt;/em&gt;. Vete a saber adónde se fue esos días que se esfumó. Un amante, una cura de desintoxicación, una visita a un hijo secreto...Se dice que apareció en un spa a las tres semanas, y nadie supo a ciencia cierta si se trató de una operación de marketing, para que se vendieran mejor de lo que ya se vendían sus novelas, o bien fue un toque a atención a su esposo Archibald que le estaba siendo infiel con una dama. Creo que incluso se hizo una película tratando de rellenar ese lapso de tiempo misterioso en que la escritora británica se esfumó sin dar razones, como si una nave marciana se la hubiera llevado consigo, mi querida Marciana de Miami que enseña a bailar el tango a los alienígenas.&lt;br /&gt;Yo, como Agatha Christie, no sé bien qué hice los dos días anteriores a éste, ni dónde estuve, ni si estuve en alguna parte. Cuarenta y ocho horas, con sus anécdotas, que mi mente ha borrado por infaustas. Hay un dicho, no sé si relacionado con el síndrome de Murphy, ese de la tostada que siempre cae del lado de la mantequilla (tiene una explicación científica: pesa más ese lado precisamente por la mantequilla; más todavía si se le añade mermelada; por lo tanto la tostada, en su caída, se voltea y cae inexorablemente de forma tal que nos joroba el desayuno y nos deja el suelo hecho un asco) que dice que si las cosas salen mal siempre pueden ir a peor. Pues eso pasó en esas cuarenta y ocho horas en las que no sé en dónde estuve, ni qué estuve haciendo, ni con quién, ni porqué, ni a santo de qué. Pero regresé a la normalidad de estos días, tras hacer borrón y cuenta nueva, a las compras navideñas que este año no son compulsivas (no había colas en El Corte Inglés; no había colas en La Casa del Libro; no había colas en Altair; no había gente en la calle, que todos andamos asustados por ese fantasma de la crisis). Anduve comprando regalos librescos para mis seres queridos. Incluí en ellos a Mademoiselle Bonnaire. En los seres queridos y en los regalos librescos. Me acordé precisamente de ella al mediodía, comiendo con el Filósofo Rojo en un restaurante de Vic, el Giardineto, no comiendo exactamente sino disfrutando con la comida, que es un placer extraordinario, el último que nos quedará en la ya próxima vejez que ambos acariciamos por nuestra fecha de nacimiento a mediados del siglo pasado. Me acordé de la granjera de Foz, y sus ocas indultadas por su bondad infinita, precisamente mientras me deleitaba con una ensalada tibia de micuit con manzana caramelizada; no sé de quién me acordé, o sí, del cocinero a quien quería besar en la cocina, cuando se deshizo en mi paladar un rape exquisito con salsa de almendras; y levantamos las copas a la alegría gastronómica, al placer epicúreo, mientras dábamos cuenta de un flan de crema catalana caramelizado con bolita de helado de coco y azúcar cristalizado en forma de árbol de navidad. Puedo afirmar que la de hoy fue la mejor comida del año, y no la más cara por ello, así es que ésa fue nuestra particular forma de celebrar la Nochebuena por adelantado que tuvieron un par de viejos amigos, que hace más de cuarenta años disfrutan de su relajada amistad, al mediodía. En esas dos horas de experiencias gustativas ambos fuimos felices. Ni que decir tiene que el Filósofo Rojo sacó a colación la filosofía a mi pregunta de por qué el cristianismo satanizaba el sexo, así que hablamos de Platón, de Sócrates, de Aristóteles (habló él mientras quien esto escribe asentía como disciplinado alumno) y yo, en un momento de lucidez (o estupidez), después de elucubrar sobre la duración de los duelos (los dos años que me dijo me parecieron excesivos y trataré de acortarlos por todos los medios) le pregunté qué habíamos venido a hacer exactamente a este mundo del que nos vamos tan pronto que no nos enteramos. Pregunta estúpida por mi parte que quedaba contestada al momento por lo que había desfilado por el mantel de nuestra mesa: comer esa maravillosa ensalaba tibia de micuit con manzana caramelizada, ese rape con salsa de almendra y el flan de crema catalana con helado de coco. ¿Para qué queríamos más razones?&lt;br /&gt;Nochebuena es una noche buena, valga la redundancia, para saber quién se acuerda de uno y quién no. Uno anota debidamente en su libro de contabilidad sentimental las presencias, pero también las ausencias. Del sur me llegó una felicitación por audio de MM. Esa guapa chica, camarera de Las Titas, actriz y escritora, tiene la voz muy cálida, además de unos ojos preciosos, y un carácter maravilloso. Lástima que diste mil kilómetros, pero se puede poner remedio a ello. De Málaga me llegó sincero afecto de una profesora melómana y su alumna feliz y radiante por una maternidad reciente. También una voz del norte, de un chicarrón vasco. Y del centro, una chica sabia y sensata, cuya madurez admiro, que me dio, a distancia, las primeras nociones sobre el arte de hacer fuego y cortar leña con hacha sin llevarse los dedos por medio. Hubo una fruta que me escribió en verde cosas preciosas. Pero hubo ausencias sonoras y sentidas, imagino que reactivas más que proactivas, que quizá se activen, o no, la última noche del año en donde ni yo mismo sé en dónde estaré ni si estaré. Quizá desaparezca de nuevo como lo hice hace días, emulando a la abuelita del crimen, y despierte en una cama de La Habana, con un mojito en la mano, o en el desierto de Namibia, en la cima de la duna 45.&lt;br /&gt;Y mientras esto escribo miro las dos botellas de las que daré cuenta en solitario brindando conmigo mismo, que es con quien vivo constantemente salvo transustanciaciones puntuales que no me fueron demasiado bien: una botella de whisky escocés Macallan de 12 años y un orujito Mosteiro de Xagoaza que me ha dejado, amablemente, el Filósofo Rojo para que ahogue mis penas y soledad relativa (la gata Espurna debe de andar por alguna parte de la casa, pero no la veo porque es la discreción personificada), por lo que tengo el dilema de qué probar primero después de que ya me haya bebido dos copas de Calvente con la modesta cena de atún con pan con tomate de primer plato y tortilla de dos huevos y pan con tomate, de segundo, en que ha consistido mi estoica cena de Nochebuena. Empiezo por el orujo, que me entra divinamente. Seguiré con el whisky. Y luego, dando tumbos, subiré a mi cama si es que llego a ella. Para eso también venimos al mundo. Y la vida mata, como me ha recordado amablemente una inteligente amiga con un oxímoron perfecto. Creo que le pediré permiso para titular con él mi próxima novela. La vida mata.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-8773044547851649152?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/8773044547851649152/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=8773044547851649152&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/8773044547851649152'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/8773044547851649152'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/12/diario-de-un-escritor_24.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-0EooE4ssBgo/TvZXC5Elz2I/AAAAAAAAPPI/WoyG4JXGENw/s72-c/agatha-christie.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-1264565736684379564</id><published>2011-12-20T18:06:00.000-08:00</published><updated>2011-12-20T18:29:03.569-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Vic / Barcelona, 20 de diciembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 505px; DISPLAY: block; HEIGHT: 343px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5688398158119565682" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-93yo0tGGknM/TvE__IOz-XI/AAAAAAAAPO4/Dxa8Kj0f0iU/s400/un-metodo-peligroso-pelicula-1.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;El hombre llega pronto al cine. Sólo él sabe que se llama Abimael Koczinsky, porque ese nombre no figura en sus documentos, sólo en su mente. También lo sabe una chica portuguesa de melena rubia y ojos azules a la que recientemente le ha confesado esa identidad secreta y le responde cantando fados tristísimos de despedida. Abimael Koczinsky se dirige a la cafetería del cine. Dispone de media hora para que empiece la película. Pide un café con leche. Se fija en la camarera que le atiende: una joven y hermosa latina para la que él es invisible. Abimael Koczinsky no acaba de aceptar esa progresiva invisibilidad que le otorgan los años y arrecia con el número de arrugas en su cara y la cantidad de canas en su pelo. Es un tipo corpulento que lleva pelo y barba muy corta y viste un jersey gris perla de cremallera cerrado hasta el cuello que le regaló una chica francesa. Sonríe con los ojos, nunca con la boca. Mientras toma ese café con leche, más espumoso de la cuenta, hojea los programas del cine. El de la película que va a ver. Y antes de entrar en la sala, medio vacía, con unos veinte espectadores, y después de haber pagado el café con leche a la guapa latina, tropieza en el urinario con un anciano, más invisible que él, que repite como una letanía una frase que corrobora.&lt;br /&gt;-Dios protege a los corruptos, Dios protege a los corruptos, Dios protege a los corruptos...&lt;br /&gt;Se lava las manos Koczinsky. Casi nadie se las lava cuando va a los urinarios. Lo tiene observado. Hace estadísticas: uno de cada diez hombres lo hace.&lt;br /&gt;Ahora está en el cine, ya, acomodado en la fila séptima, con el móvil apagado después de contestar a una serie de mensajes. Y empieza la película.&lt;br /&gt;Sabina Spielrein, la judía rusa que se somete a los experimentos curativos del joven doctor Jung, le recuerda a otra persona, en su delgadez extrema y elegante, en la sensualidad de sus labios, en la hermosura, con un punto de locura, de su mirada. Koczinsky saborea ese paseo por el Belvedere vienés de la mano de Sigmund Freud, que no suelta de su boca el fálico habano ni cuando se desvanece, y el doctor Jung. Fue un invierno cuando estuvo paseando por ese mismo escenario; hacía un frío extremo, la hierba estaba cubierta por una buena capa de nieve y había que caminar con cuidado para no resbalar por el hielo. Estaba, entonces, muy enamorado de una chica de pelo rizado que se apretaba contra él tiritando y no le soltaba la mano. Viena era, al mismo tiempo, hermosa, triste y decadente, se quejaba constantemente de su perdido esplendor. Era la Viena de &lt;em&gt;Relato soñado&lt;/em&gt; de Schnitzler, los cines porno en cada esquina, los puestos de fruta en el Ring, el palacio de la infortunada Sissí que interpretó la infortunada Romy Schneider y las vienesas altas, rubias, elegantes, que parecía fueran desnudas debajo de sus abrigos de pieles.&lt;br /&gt;Sabina Spielrein se enamora de su psicoanalista y pierde la virginidad entre sus brazos al mismo tiempo que recupera la cordura a base de orgasmos y excitantes azotainas en las nalgas que alimentan su masoquismo. El doctor Jung la penetra sin desvestirse ni abandonar ese aire doctoral al que contribuye su cuidado bigote y sus gafas de las que no se desprende mientras da rienda suelta a una lujuria ordenada. Ella tampoco está desnuda, sencillamente se ha deslizado las bragas, o las ha desplazado. Pero es una secuencia de amor hermosa, piensa Koczinsky, espectador de ese drama sexual, y la judía le recuerda mucho a una mujer francesa de ojos azules. Una chica, porque podría bien ser su padre, y lo es en cierta medida.&lt;br /&gt;Últimamente Koczinsky mezcla recuerdos personales con las tramas de películas que ve. Y ésta, al hablar del sexo, le lleva a otra historia, dos años atrás. Koczinsky era entonces Borja Casini, un poeta tan mediocre como romántico y apasionado que conduce su coche por una llanura andaluza, al amanecer de un día de verano. Ha llovido mucho en los últimos días y el verde del campo llega hasta el horizonte, una hierba larga que la brisa ondula formando un oleaje. Lleva bajada la ventanilla del coche porque le excita oler el aroma del campo a esa hora, cuando se despierta. Pero también está excitado, mucho, por esa cita que le espera en un hotel de Carmona.&lt;br /&gt;Espera no perderse en la pequeña localidad sevillana por las indicaciones que le ha dado ella, que el recepcionista del hotel no le interrogue cuando entre ni le detenga cuando gire a la izquierda, tome el primer pasillo que sale a la derecha del ascensor y vaya directamente a la habitación 333.&lt;br /&gt;La carretera es estrecha, suavemente sinuosa; el paisaje de llano es hermoso. Los árboles, aislados, destacan en ese vacío verde como esculturas, concitan su mirada. Los pueblos de casas blancas roban las primeras luces de la mañana.&lt;br /&gt;Cuando deja el coche en donde ella le ha indicado, sin perderse por ninguna de las calles laberínticas de esa hermosa y pequeña ciudad sevillana, a la que volverá meses mas tarde por asuntos literarios, no mira las nobles casas que la conforman, los palacetes augustos, sus cuidadas calles que refulgen bajo un cielo ya muy azul, el de las ocho de la mañana de ese día de verano que, a esa hora, todavía es fresco.&lt;br /&gt;Cuando llama a la puerta 333 tiene un nudo en la garganta. Cuando la puerta se abre, después de que haya oído a la mujer deslizarse con los pies descalzos por el suelo de la habitación, le da un vuelco el corazón, como siempre sucede en cada uno de sus encuentros. Se besan, nada más traspasa él la puerta. Sabine, como siempre, está desnuda, hermosa, oferente y huele a carne abierta: una invitación al deseo. Suele decirle él a ella que tiene un cuerpo renacentista, de modelo de Tiziano, de uno de cuyos cuadros parece sacada, con volúmenes suaves, pechos alzados y perfectamente moldeados a la medida de una mano masculina, generosas nalgas de una rotunda carnalidad rodiniana y acogedor vientre suavemente curvado en cuyo vértice se abre la tilde de su sexo depilado que es una sonrisa vertical perfecta. La besa en la boca, de pie, mientras la abraza y aspira ese aroma dulce que tienen los cuerpos al desperezarse, y luego, ya sí, la arrastra hasta la cama deshecha que guarda el calor de su cuerpo en la noche en sus sabanas, se desnuda con unas prisas impropias para una cita que no es la primera, arrancándose los pantalones, abriéndose la camisa, y se detiene un instante, para contemplarla, para deleitarse en cada una de las formas de ese cuerpo que instantes después le va a proporcionar un placer infinito. Repara en la mirada turbia que anida bajo esas cejas perfiladas, en los labios gruesos y húmedos que dibujan una sonrisa mientras piden ser comidos. Ambos están ansiosos de fundirse en ese abrazo perfecto, dejar de ser dos para ser uno en el placer irracional.&lt;br /&gt;Borja Casini separa los muslos de Sabine, sin esfuerzo porque ella se rinde, y lame el sexo que instantes después va a gozar. Siente, en esa cavidad de carne tibia y húmeda, el primer espasmo de éxtasis, el latido convulso del corazón que manda oleadas de sangre a esa zona y la inunda con el néctar del placer. La bebe despacio, mientras ella se tensa y hunde sus uñas en su espalda. Y luego entra, deslizándose, absorbido, mientras la estruja con un abrazo firme, que ciñe caderas de ánfora, y devora sus labios, sedientos de besos.&lt;br /&gt;La cama tiembla durante la batalla violenta y un espejo, sobre una cómoda, es mudo testigo de los rítmicos embates. Los amantes gimen, firmemente trabados, convertidos en un solo cuerpo de dos bocas, cuatro brazos y piernas. Los corazones bombean la sangre con un ritmo salvaje por las arterias. Borja siempre le dice que un día morirá en uno de esos frenéticos arrebatos sexuales y que no le importará hacerlo. El poeta nota cada uno de los orgasmos de su musa en la parte del cuerpo que tiene metido en ella, un rosario de contracciones que ciñen su columna de carne; advierte al tacto el erizamiento de la piel de los senos que sin pausa acaricia, el temblor del vientre y muslos que lo invitan ahondarse más en esa querida puerta del cielo que se abre como una flor carnívora para devorarle. Y así están durante largos instantes de delirio de los sentidos, sacrificando la vida al placer, ajenos a la realidad, disociados de la mente que ningún papel tiene en lo que sucede, deteniendo el tiempo y demorándolo.&lt;br /&gt;Toma aire el poeta para la acometida final y antes resbala su mirada por ese cuerpo de piel tan fina que trasluce las venas azules que lo riegan. La boca de su amante está enrojecida por los besos y los párpados, cerrados, indican un gozoso abandono. El corazón de ella galopa bajo el seno izquierdo, con un visible pálpito. Ella es Venus y él, el fauno. Sale, un instante, el poeta / fauno del sexo de su amante, provocando una sensación de vacío en esa boca hambrienta que anida entre los muslos de Sabine, para entrar y cubrirla de nuevo, y ahora ya sí, baila sobre su cuerpo, imparable, galopa sin bridas como caballo salvaje, separando los fuertes muslos femeninos hasta formar una uve perfecta con ellos en cuyo vértice se vuelca, toca el cielo de su garganta con los dedos, descarga todo ese deseo largamente almacenado que le duele con un alarido animal, mientras ella ciñe su cintura con brazos convertidos en garras y lo alivia con contundentes golpes de vientre contra vientre para asegurarse que se ha vaciado en ella por completo.&lt;br /&gt;Abimael Koczinsky regresa a la película tras esa digresión erótica que es un paseo por un pasado irrecuperable que el tiempo acabará borrando. La hermosa Sabina Spielrein, quince años antes de que un pelotón de fusilamiento nazi acabe con su vida, habla con el doctor Sigmund Freud de los progresos del psicoanálisis que lleva a cabo con ella el doctor Jung. Hablan de sexo, del acto sexual. En el transcurso del mismo, dice la elegante y hermosa judía rusa, se pierde la identidad, se anula el ego, para ser, sumado a tu amante, otra cosa, otro ser.&lt;br /&gt;Borja Casini perdía su identidad en brazos de esa amante de cuerpo suave y cálido cada vez que rodaba en la cama con ella. Un embrujo que fue, sobre todo, físico. Una atracción irrefrenable y mutua de pieles al margen de sus cabezas.&lt;br /&gt;Cuando Abimael Koczinsky se levanta del cine sabe que nunca más será ese Borja Casini que acudía enloquecido por el deseo a esas citas con su amante en hoteles de medio mundo. Aquello murió y sólo conseguirá revivirlo en su memoria mientras ésta no le falle. Koczinsky se siente paulatinamente invisible, algo, por lo demás, inexorable contra lo que es inútil toda lucha, y cansado desde hace tiempo. Invisible hasta con la gata Espurna que le observa, con indiferencia, la misma que él tiene hacia ella, cuando, ya por la noche, busca refugio en la cama de la comuna de Vic que regenta el Filósofo Rojo y escucha, con el miedo que siempre tiene a que se apague, ese batir furioso de su corazón que tiene su latidos contados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-1264565736684379564?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/1264565736684379564/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=1264565736684379564&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1264565736684379564'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1264565736684379564'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/12/diario-de-un-escritor_20.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-93yo0tGGknM/TvE__IOz-XI/AAAAAAAAPO4/Dxa8Kj0f0iU/s72-c/un-metodo-peligroso-pelicula-1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-1414488951891892064</id><published>2011-12-18T02:25:00.000-08:00</published><updated>2011-12-18T03:58:27.004-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 17 de diciembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 487px; DISPLAY: block; HEIGHT: 345px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5687435976668966450" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-9AKlgyOjpg0/Tu3U4zAhbjI/AAAAAAAAPOo/HKOonF-H9jg/s400/DSC_0001.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Y de pronto llegó el invierno. De un día para otro. Después de una tarde insólita en la que el vendaval del Cantábrico, que estuvo entrando en el Valle, subió la temperatura ambiente para luego bajar de golpe y nevar. Y nieva. Y sigue nevando. Veinticuatro horas seguidas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La nieve transforma este paisaje ocre del otoño en blanco, viste de invierno estos bosques de hoja perenne de pinos negros y abetos que cubren los montes hasta donde mi vista alcanza. Como un niño pequeño, como el niño pequeño que hace mucho tiempo fui y quiero seguir siéndolo hasta el final, porque creo que vinimos al mundo para jugar, fundamentalmente, cogí mi cámara y abandoné el interior de mi casa útero, que estos días, con el frío exterior, es aún más útero, y salí a recorrer los campos que hay a un tiro de piedra de mi puerta a pesar de que nevaba con insistencia y los copos volaban, por el viento, en dirección a mi rostro, se metían en mi boca.&lt;br /&gt;Los caballos del Coth de Baretges, mis caballos de toda la vida, pastaban ajenos a la nieve, trataban de arrancar del suelo la poca hierba helada que quedaba en la pradera en donde los tienen ahora que llega el invierno. Tenían las crines empapadas, algunos hasta heladas, y se acercaron a mí creyendo que les iba a llevar a un lugar más abrigado. En cuanto supieron que yo no tenía potestad para hacerlo, se alejaron. En un corral cercano, bajo techado, los corderos se quejaban con balidos del frío. Y a las gallinas y gallos ni se les oía.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Tomé luego el coche e intenté llegar a una cota más alta del Valle, a Baqueira Beret, en donde está la estación de esquí. No lo alcancé por prudencia. A partir de Salardú los copos eran mucho más grandes, volaban en todas direcciones azuzados por el viento, cuajaban en la carretera que se cubría con un manto blanco inquietante y peligroso, por lo que, en cuanto pude, giré y descendí de nuevo perseguido por esa nevada que no daba tregua y pintaba montes y pueblos de Navidad.&lt;br /&gt;Hacía día de estar encerrado en casa, pero no lo estuve. Tras cortar leña (hoy, un tronco que se me había resistido tres días, saltó en pedazos tras el primer hachazo que le di en su alma), encender la chimenea con periódicos (nunca lo haría con libros, querido Manolo que se te echa mucho en falta) y hacerme la comida (inventé, o no, quizá ya exista, un plato de espaguetis de cuya receta informo: una vez cocidos los espaguetis se echan a una sartén con un poco de aceite; se corta queso azul, nueces y almendras picadas y se añaden; se remueve hasta que el queso se funde; se vierte un poco de crema de leche, se sigue removiendo hasta que la absorba, y al plato y a comer), y dormitar ligeramente en el sofá orejero, cogí de nuevo el coche y fui a Vielha, al cine, aunque la infame película que vi no justificó el paseo, sí las fotos de postal navideña que hice luego saliendo de la diminuta y fría sala de proyecciones. Los copos de nieve que seguían cayendo a las ocho y media de la noche estaban a juego con las iluminaciones navideñas de la capital de Arán. Y regresé de nuevo a casa, iluminando con mis luces largas esos gruesos copos de nieve que bailaban delante de mí y se iban posando en el cristal del limpiaparabrisas. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La foto que ilustra este texto la hice desde mi ventana. Muchas veces me creo que he sido transportado a un cuadro. En estos momentos estoy dentro de uno de mis lienzos favoritos que me fascinó desde la niñez y pude ver, finalmente, en un museo de Viena si la memoria no me traiciona: &lt;em&gt;Cazadores en invierno&lt;/em&gt;, de Brueghel. Pues desde el interior de ese cuadro escribo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-1414488951891892064?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/1414488951891892064/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=1414488951891892064&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1414488951891892064'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1414488951891892064'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/12/diario-de-un-escritor_18.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-9AKlgyOjpg0/Tu3U4zAhbjI/AAAAAAAAPOo/HKOonF-H9jg/s72-c/DSC_0001.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-2719502642533405157</id><published>2011-12-16T02:53:00.000-08:00</published><updated>2011-12-16T06:54:26.246-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Arán, 15 de diciembre de 2011 &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 503px; DISPLAY: block; HEIGHT: 356px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5686680146388510450" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-d4GlPftBWYI/TusldrzA5vI/AAAAAAAAPOQ/UbltKCFKu8Y/s400/DSC_0008.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Viento&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;A las doce de la noche entra en el Valle ese vendaval que azota la costa cantábrica y levanta olas de ocho metros en Donostia a la que, finalmente, no iré porque la situación empeora y puede que nieve. El viento muge y se filtra por las ventanas del la buhardilla. La casa se enfría a pesar de que encendí un buen fuego y lo mantuve durante las dos horas que duró la excelente y triste película de Ang Lee &lt;em&gt;La tormenta de hielo&lt;/em&gt; que daban por la Sexta3. La vi en compañía, aunque ésta estuvo a distancia. 45 y 500 kilómetros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La amiga limeña&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Noticias de la amiga limeña que dejé en Miami. La simpática y sonriente peruana que me enseñó los Everglades publica en su revista el relato de la media jornada que pasamos juntos. Agradable trabajo, para ambos, mientras descubríamos a los cocodrilos en los pantanos y comíamos luego ceviche en un restaurante peruano del Dowtown. De todo eso me he acordado cuando hoy he tenido noticias de ella. Los amigos que uno hace gracias a la literatura son un premio adicional con el que no contaba cuando empecé a publicar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El escritor cuántico&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Noticias también del escritor cuántico, uno de los muchos amigos de la séptima vida de los que no me olvido y a los que echo mucho de menos. Tiene nueve novela y eso me alegra. Espero que la publique pronto para poder disfrutarla. Además siempre fue un tipo muy generoso conmigo y se ha convertido en mi presentador oficial en la ciudad de los dos ríos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Fuego&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;A las siete enciendo la estufa de leña. Tarda en prender. Necesita un País y un País Semanal para que la llama haga presa de los leños que he dispuesto en forma de pirámide. Cuando la llama empieza a devorar la madera cierro la puerta y contemplo ese espectáculo de lenguas rojas que bailan y chispas que salen disparadas y se estrellan contra el vidrio. Desde el sillón orejero estoy más pendiente del fuego que de lo que ocurre en la pequeña pantalla, que no es tan pequeña, la mía, al menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Lavavajillas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Sigo sin él. Lo vacié de su agua estancada antes de que se convirtiera en pútrida. Limpié el desagüe de unos cuantos cristales de una copa de vino tinto que se rompió. Lo puse en marcha, Y nada. No funcionó. Con lo que me toca lavar a mano los platos hasta que el único técnico del Valle, que pasa una gripe, se reponga y pueda venir a arreglarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Paseo&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Después de comer y hablar con una amiga que siempre me hace reír (con ella me ocurre como el perro de Pavlov en cuanto la oigo) me fui a dar una vuelta por el monte y, de paso, saludar a los caballos que bajaron del Coth de Baretges, porque las temperaturas nocturnas allí arriba deben de ser gélidas, y pastan en un prado cercano que diviso desde mi salón comedor. Encontré a ese caballo albino de ojos azules y pestañas blancas que tiene un aire de Woody Allen y conozco desde que era potrillo y me acerqué a él. Me temo que él no se acuerda de mí. Seguí el sendero hacia arriba y descubrí una nueva ruta que, a través de bosques de avellanos que abundan en la zona, me llevó a dos apartadas cabañas de ganado restauradas y a un río que se deslizaba por un valle angosto. Seguí, cuando el camino se terminó, por una senda de cazadores y me detuve cuando empecé a patinar por la hojarasca. Rodé varias veces montaña abajo a pesar de que iba armado con un bastón que utilizo como cayado. De regreso cargué con una buena cantidad de leños que fui recogiendo por el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Comida&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Comí un plato de crema de calabaza. Vaya, creo que ayer también comí los mismo. Y huevo frito con patatas. Vaya, creo que lo mismo que ayer. El postre lo varié: una naranja exprimida. Y, mientras, veo el telediario. El rey recibe a Amaiur y Rosa Diez pide su ilegalización. Cayo Lara se presenta sin corbata ante el monarca y Erkoreka inquiere por su salud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Leña&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Empiezo a dominar el arte de utilizar el hacha. Tengo un grueso tronco sobre el que coloco las ramas de los árboles que recojo del suelo y la emprendo a hachazos con ellas. Es un buen ejercicio, aunque no está exento de peligros. Cada vez que doy el golpe me imagino que el hacha salta de mis manos, describe una parábola y cae justo en mi cráneo. Por eso procuro utilizar ambas manos y que el arma no rebote. Hay ramas que no hay manera de cortar y las dejo por imposibles. Otras sucumben a un solo golpe. Una amiga me dice que es una forma de descargar la mala leche. Pero yo no tengo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La Benemérita y la mujer caída en su huerto&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Regresaba a mi casa con el diario bajo el brazo y olvidándome de comprar el pan. Me di cuenta de la falta de pan cuando ya estaba en el salón comedor y no bajé. Seguía a un agente de la Benemérita, un sargento, que iba fumando un cigarrillo y no llevaba ni gorra ni tricornio, pero sí uniforme. Iba dos pasos detrás de él. Como soy novelista imaginé, por una décima de segundo, que era etarra y tenía a mi posible víctima al alcance de la pistola, si la tuviera, fuera terrorista y ETA no hubiera decretado el fin de la violencia. El guardia civil se metió en un huerto que hay a la izquierda de la calle. Había una mujer de unos ochenta años, en el suelo, en medio de las cebollas y coliflores plantadas. Al parecer se había desvanecido y no podía levantarse. Entré en el huerto y entre los dos alzamos del suelo a la octogenaria.&lt;br /&gt;-Ya no valgo nada-me dijo, llorosa, tras darnos las gracias y excusando su caída.&lt;br /&gt;-¡Cómo que no!-le solté animoso mientras le acompañaba hasta la entrada de su huerto- Bien que la veo todos los días trabajando en la tierra.&lt;br /&gt;La mujer habría permanecido tirada allí, en el suelo, de no haber pasado nosotros.&lt;br /&gt;-A las 2 pasa mi nieto por la calle y me habría visto.&lt;br /&gt;-Pero son la 1. ¿Cuánto tiempo llevaba en el suelo.&lt;br /&gt;-Media hora.&lt;br /&gt;-¿Quiere que le acompañe hasta su casa?&lt;br /&gt;La mujer niega con la cabeza y se hace con un par de bastones. La dejamos que se encamine hacia su casa. El guardia civil va a su casa cuartel. Sigue fumando. Yo tuerzo por mi callejón y subo las escaleras hasta el salón comedor. Entonces me doy cuenta de que no compré pan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Reserva de hotel&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El Filósofo Rojo me confirma que hay habitaciones disponibles en su hotel de Vic. Este domingo por la noche hablaremos de la revolución que nunca llega ante una botella de vino, a ver si vemos las cosas más claras estos dos viejos indignados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mademoiselle Bonnaire&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Invité a comer a Mademoiselle Bonnaire. Pero ella se excusó. Tenía asuntos que solucionar en un banco. ¿Banco en Foz? He estado varias veces en esa pequeña y fronteriza población francesa y juro no haber visto banco, panadería, restaurante ni nada. Para mí en Foz sólo está Mademoiselle Bonnaire y sus ocas que no convierte nunca en foiegras porque le dan pena. Y lo entiendo. Para hacer un buen foiegras hay que martirizar previamente a ese iracundo bicho. En la conversación que tengo hoy con ella, yo en una terraza de la plaza y ella en su población, me confiesa que, además de doble calcetín, lleva tres camisetas, un jersey de cuello de cisne, un abrigo con capucha y guantes. Es friolera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La terraza y la camarera&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;La terraza habitual está cerrada. Así es que voy hoy a la competencia. Como voy menos a la competencia, sólo cuando mi bar efectúa su día de descanso semanal, consumo más, para compensar, y además de la cerveza pido una tostada con pan y tomate y algo de queso mientras despliego Público y disfruto del primer rayo de sol que me cae en la mesa a la una menos cuarto. La camarera, mientras me deja todo lo que ha pedido, me pregunta.&lt;br /&gt;-¿Usted es el escritor?&lt;br /&gt;Bien, con la pregunta deduzco que soy el único escritor del pueblo.&lt;br /&gt;-Sí, soy yo.&lt;br /&gt;-Me lo figuraba. ¿Me dedicará un libro cuando lo compre?&lt;br /&gt;-Por supuesto. En la librería tienen algunos ejemplares.&lt;br /&gt;-Sí, ya lo he visto. Lo compraré cuando termine el que estoy leyendo.&lt;br /&gt;-Perfecto.&lt;br /&gt;-Le invito a café.&lt;br /&gt;-Vaya, es usted muy amable.&lt;br /&gt;Leo Público en dos pasadas. Hay un interesante artículo de opinión sobre Steve Jobs, desmitificándolo. Sigue el tema Urdangarin que socava la monarquía. Y aparece foto de Camps con cara de lechuguino escuchando la grabación de su conversación con El Bigotes. La carrera del expresidente está acabada sea cual sea el resultado del juicio.&lt;br /&gt;-¿Recibió los giros?&lt;br /&gt;Me vuelvo. El sol me da de cara. No distingo a quien está detrás de mí y me habla. No sé quién es. Temo ser descortés. Finalmente lo identifico. El cartero.&lt;br /&gt;-Sí, muchas gracias. Lo trajo su compañera.&lt;br /&gt;Vivir en un pueblo tiene esa ventaja: todos te conocen. Y esa desventaja: todos te conocen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cumpleaños de La Paraguaya&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Me encuentro a un amigo francés en la librería cuando cojo Público. Vive en Foz, aunque no conoce a Mademoiselle Bonnaire. Le regalé, hace meses, a su mujer, un ejemplar de &lt;em&gt;Babylone Vegas&lt;/em&gt;. No sé si lo leyó. Él me dice que no y se excusa. Mientras la amiga paraguaya va hacia la puerta, el francés me coge del brazo y me susurra al oído que es el cumpleaños de mi vecina. La felicito cuando regresa a cobrarme Público. Mientras me devuelve el cambio y me lo agradece, me dice que un francés ha comprado un ejemplar de &lt;em&gt;Llueve sobre La Habana&lt;/em&gt; y que vendrá a la terraza del bar para que se lo firme. Bien. Entra un amigo de la paraguaya con su mujer. Decidimos entre los cuatro cantarle el Feliz cumpleaños. No me acuerdo si lo hacemos en inglés, en castellano o en francés. La amiga paraguaya se emociona y recibe nuestros besos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Peluquería y caza&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Hoy no había nadie en la peluquería. Bueno, estaban los peluqueros. Él y ella. Me coge él. El tipo sabe. Yo lo sé en cuanto le veo cortarme el pelo. Le digo que me lo deje corto y acabe con la melena de Bufalo Bill que antes era la de Carlos Marx cuando iba acompañada de una frondosa barba. Leo lo que hay en la peluquería mientras mi pelo va cayendo a trozos y siento frescor en la cabeza. Una revista de caza. Nunca he tenido una entre las manos. Habla de la berrea y de cómo cazar a los ciervos. Pobres. Hay un montón de ciervos astados agujereados por bala. Hay anuncios de rifles y de balas explosivas que giran a toda velocidad hasta incrustarse en el cuerpo del infortunado animal con el que tropiezan. Son baratos los rifles. Por 700 euros puedes tener ese morfitero dispensador de muerte en tus manos. Salen cazadores, y cazadoras, mostrando orgullosos sus trofeos de caza. A mí empieza a horrorizarme la revista. Luego aparece un tipo que caza osos y pisa el cuerpo de un ejemplar enorme pardo que ha abatido con su escopeta. Uff. Y cazadores de leonas con sus piezas. Un pie de foto recalca la belleza del ejemplar cobrado. Más bello sería si lo hubiera dejado vivir. Hay búfalos, ñus, hipopótamos, impalas despanzurrados por las balas. Un articulista se queja de que no les dejen cazar elefantes. Cuando terminan de cortarme el pelo, el poco que me queda está erizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ana Pastor&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Sigo a Ana Pastor y sus invitados mientras desayuno café con leche y tarta tatín con crema de leche. Una amiga me reprocha que esté enamorado de Ana Pastor y que quiera casarme con Emma Thompson después de verla ayer en la maravillosa &lt;em&gt;Lo que queda del día&lt;/em&gt;. Tendrá celos de ambas. El día está despejado. En el prado que hay delante de mi casa pasta un grupo de caballos. Luego iré a visitarlos. Termino de desayunar y me doy una ducha. Dejo que el agua caliente corra por la zona lumbar. Experimento un gran alivio. Decido aparcar los pantalones de verano y me calzo unos de pana que adquirí en mi séptima vida. Me vienen bien. Cierro la cremallera del jersey que me regaló Mademoiselle Bonnaire hasta el cuello. Y me calo la gorra que me hizo llegar &lt;em&gt;La chica que canta fados&lt;/em&gt;. Con ese abrigo subo a la buhardilla&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La Arquitecta&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;A las nueve suena el despertador, pero sigo durmiendo. Suerte que a las nueve y diez me llama La Arquitecta.&lt;br /&gt;-¿Estás en la cama?&lt;br /&gt;-Sí, ¿se nota?&lt;br /&gt;-Tienes voz de dormido.&lt;br /&gt;Prepara las fiestas y me habla de posibles ERES. Este año las navidades van a ser familiares después de cuatro año sin serlas. Me alegro. Hablamos de los &lt;em&gt;minijobs&lt;/em&gt; que propone el amo de los patronos Rosell. De lo mal que está todo. De sus temores. Pero estamos ahí. Los dos. El uno para el otro a pesar de que hayamos cancelado el contrato. Y he aprendido que estar ahí es lo más importante del mundo. Más que estar enamorado, que es una fiebre pasajera con fecha de caducidad. Y no tengo muchas personas que estén ahí, la verdad sea dicha. Cuatro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-2719502642533405157?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/2719502642533405157/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=2719502642533405157&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2719502642533405157'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2719502642533405157'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/12/diario-de-un-escritor_16.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-d4GlPftBWYI/TusldrzA5vI/AAAAAAAAPOQ/UbltKCFKu8Y/s72-c/DSC_0008.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-567233326227507460</id><published>2011-12-13T17:06:00.000-08:00</published><updated>2011-12-14T00:16:49.207-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 13 de diciembre de 2011 &lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 487px; DISPLAY: block; HEIGHT: 340px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5685894796180708354" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-s1ySr74oZ9Q/TuhbMSSX3AI/AAAAAAAAPOA/pxDEdX9gqpU/s400/DSC_0004.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;08:55&lt;br /&gt;La razón por la que a esa hora suena el despertador es sólo una: llegar a tiempo a los Desayunos de TVE1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;09:00&lt;br /&gt;Tomo café con leche y lo acompaño con uno de los pastelillos árabes que me trajo un amigo de la ciudad que fue el eje de mi séptima vida. Veo y escucho a Ana Pastor, de la que sigo enamorado. Hoy no tiene a un tipo tan maleducado y falsamente campechano como José Bono que se pasó ayer con ella tres puertos. O cuatro. Se refirió a despectivamente a La Chacón, hablando de la ministra de Defensa en funciones; le dijo que no contestaba a sus preguntas porque no le daba la gana; comparó a Ana Pastor con la señorira Rottenmeier; y comentó, fuera de su contexto, la expresión del genial y desaparecido Pepe Rubianes &lt;em&gt;La puta España&lt;/em&gt; refiriéndose a él como un tal Rubiales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10:15&lt;br /&gt;Busco, sin éxito, un mail de &lt;em&gt;La chica que cantaba fados&lt;/em&gt;. Hoy no toca. Quizá mañana. Puede que nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11:00&lt;br /&gt;Hay una edad en la que el cuerpo se siente. La que tengo. Al dolor de lumbago, que me agarrota desde hace unos días, se une el de la cicatriz de mi lejana operación de hernia inguinal, que se reaviva en invierno, molestías en el menisco y un dolor en la pierna derecha que no sé si está relacionado con los tres precedentes o va por su cuenta. Mientras no me caiga por la escalera puedo respirar tranquilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11:30&lt;br /&gt;Además del cuerpo, fallan otras cosas: el lavavajillas. Algo debe de andar mal que no funciona. Lo vacío. Está inundado. Quito el filtro. Está limpio. Malo. Eso quiere decir que el filtro no ha filtrado nada y la porquería de los platos obtura el desagüe. Aviso a la inmobiliaria del desastre doméstico para que me envíen un operario. No viene. Mientras, lavo a mano los platos, lo que es mucho más lento pero me relaja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12:00&lt;br /&gt;Toca peluquería para reducir mi melena de Búfalo Bill y dejarla de acorde a la recortadísima barba que ha menguado el tamaño de mi rostro, pero las tres veces que paso por delante del establecimiento veo a la peluquera y a su ayudante ocupados con sendos clientes y no hay cosa que deteste más que esperar en una peluquería. Bueno, sí, esperar en la consulta del dentista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12:30&lt;br /&gt;Compro Público a mi amiga y vecina paraguaya. Le comento lo bueno que estaba el vino argentino que descorchamos cuando recibí visitas y fue muy digno acompañante de un exquisito entrecotte. No es por agradecer un regalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12:40&lt;br /&gt;Ocupo la mesa de mi bar. El sol no le alcanza. Tampoco a las 12:45 cuando ya tengo la cerveza sobre la tabla y he leído parte del periódico. Un economista argumenta en un artículo de opinión las desastrosas medidas que se toman en Europa que no harán más que agravar la crisis. Seremos como los chinos, con salarios de chinos, seguridad social de chinos y condiciones laborales de chinos, es decir: esclavos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12:50&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El camarero que leía a Thomas Mann&lt;/em&gt; sale a la calle a darme conversación. Va con camiseta de manga corta. Es menos friolero que yo, que no me quito el jersey de cremallera que me regaló en su momento Mademoiselle Bonnaire y llevo encima un abrigo fino de piel que compré hace diez años en Estambul. Le pregunto si ha terminado de leer &lt;em&gt;La montaña mágica&lt;/em&gt; y él entiende que le pregunto por &lt;em&gt;La pérdida del Paraíso&lt;/em&gt;. Me contesta que no, que no tiene tiempo por los estudios. No le saco de su error. Hablamos de política. De los artículos de opinión de la prensa, que es lo que nos interesa de un diario. De los libros digitales, que no nos gustan. Del sistema sanitario, que nos van a quitar. De los gastos farmacéuticos, que se podían haber reducido hace muchos años con las recetas de genéricos. De las mafias farmacéuticas, que son lo peor que tenemos en el planeta. De esa gigantesca estafa de la Gripe A que fue un soberbio montaje de los laboratorios para forrarse a nuestra costa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13:15&lt;br /&gt;Termina nuestra conversación sin que el sol haya llegado a mi mesa. Hay una nube. Pago mi euro veinte de costumbre y regreso a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13:30&lt;br /&gt;Corto leña en el garaje. Empiezo a tener una cierta habilidad. Me pongo un guante, y las gafas de buceo para preservar los ojos. Con una mano aguanto el leño sobre el tronco de madera y con la otra descargo un golpe seco que suele partirlo por la mitad. A veces tropiezo con gruesas ramas que se me resisten y he de pegar siete u ocho hachazos. Lo difícil es propinarlos en el mismo sitio. Al cabo de media hora estoy agotado. Pero ya he llenado el enorme capazo que compré ayer y con esa provisión de leña tengo para todo el día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;15:00&lt;br /&gt;Como una ensalada con lechuga, maíz y atún mientras veo el telediario. Luego frío un huevo. Remato con tarta tatín con crema de leche y cortado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;16:00&lt;br /&gt;Le envío la receta de una sopa mexicana de tomate a una amiga. Es una forma de compensar el libro que me regaló de Enrique Vila-Matas y la aguja enorme por cuyo ojo cabe un camello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;17:30&lt;br /&gt;Enciendo la estufa de leña porque empieza a hacer frío. Al calor de las llamas, arrellanado en el butacón orejero, leo tres capítulos de &lt;em&gt;El círculo alquímico&lt;/em&gt;, la novela del colega Paco Gómez Escribano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;18:30&lt;br /&gt;Se está tan bien ante el fuego que sucumbo a una discreta siesta. Dura hasta que languidece la llama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;19:30&lt;br /&gt;Escribo, ya en mi buhardilla, una reseña elogiosa de &lt;em&gt;La niña que hacía llorar a la gente&lt;/em&gt;, la extraña y provocativa novela negra de Carlos Pérez Merinero que publica Garaje Negro. Hay una parrafo, en concreto, que me gusta mucho y tengo subrayado: &lt;em&gt;Y las páginas en blanco- ésta es una de las pocas cosas que estoy aprendiendo de este oficio de escritor en el que no haré carrera -, y las páginas en blanco, sí, hay que asesinarlas, llenándolas de palabras.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;20:00&lt;br /&gt;Publico un par de entradas en el blog &lt;em&gt;Bajo el volcán&lt;/em&gt;: una foto del Valle que conseguí el pasado 4 de diciembre: un paisaje de árboles sobre fondo oscuro que parece un cuadro; y un artículo sobre Jorge Semprún que ya se publicó en &lt;em&gt;Otro Lunes&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;21:00&lt;br /&gt;Ceno sopa de calabaza mientras escucho las noticias de las 21:00. Como me quedo con hambre, doy cuenta de un poco de queso de cabra con pan con tomate. Como me sigo quedando con hambre, me bebo un vaso de leche. Y luego exprimo una naranja. Y sigo teniendo hambre pero me aguanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;22:00&lt;br /&gt;Enciendo el fuego apagado con la incorporación de nuevos troncos. Bajo la protección de las llamas veo un capítulo de la excelente serie inglesa &lt;em&gt;Abbey Dowton&lt;/em&gt; que dan por Antena3. Dos actrices conocidas en ella: Elizabeth McGovern, a la que no había vuelto a ver desde &lt;em&gt;Ragtime&lt;/em&gt; de Milos Forman, y Maggie Smith. Disfruto con ella. El personaje que mejor me cae es Bates, el ayuda de cámara cojo que se enamora de una criada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;23:30&lt;br /&gt;Busco en el ordenador la reseña de &lt;em&gt;La niña que hacía llorar a la gente&lt;/em&gt;, para corregirla. Pongo en el buscador la palabra &lt;em&gt;La niña&lt;/em&gt; y aparecen dos archivos más además del que estoy buscando: uno es una foto y el otro un poema pésimo que escribí en el clímax de mi séptima vida. Abro el archivo fotográfico: una niña, en efecto. Al principio no la reconozco; luego, sí. Tendrá cuatro años y está muy seria, sentada a horcajadas sobre un columpio en una playa de Huelva de la que se ven, al fondo de la instantánea en blanco y negro, parasoles. Lleva un traje de baño oscuro con tirantes. Los pies, rebozados de arena, creo que no le crecieron, que son los mismos que tuvo cincuenta años después, ahora. Me cuesta reconocerla en sus rasgos infantiles. Me doy cuenta de que parece un chico travieso, y no una niña, quizá por el pelo corto y esos labios tan finos de esa boca que no sonríe ante el fotógrafo, seguramente su padre. Luego esos labios se ensancharon y esa boca hermosa sonrió de una forma perenne. Lo que más se parece a lo que llegó a ser cincuenta años después son sus piernas, la forma de ellas que no cambió. Y los pies, que no crecieron, que nunca fueron de adulto sino de niña, o de japonesa. Esa niña de cuatro años, que me mira y a la que miro, no sabe en esos momentos nada de lo que será su vida ni, por supuesto, que se cruzará en mi camino cuarenta y cinco años después y yo sucumbiré a esa sonrisa que, en esa vieja foto infantil que yo guardo, no está. La magia de una foto y toda la historia que lleva consigo. La casualidad, o no, de que esa instantánea perdida en uno de los cajones de mi ordenador salga a la luz hoy junto a ese pésimo poema de amor. &lt;em&gt;La niña que hacía llorar a la gente.&lt;/em&gt; A mí.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-567233326227507460?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/567233326227507460/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=567233326227507460&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/567233326227507460'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/567233326227507460'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/12/diario-de-un-escritor_6490.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-s1ySr74oZ9Q/TuhbMSSX3AI/AAAAAAAAPOA/pxDEdX9gqpU/s72-c/DSC_0004.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-324796370530254963</id><published>2011-12-13T00:57:00.001-08:00</published><updated>2011-12-13T01:21:45.114-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Arán, 12 de diciembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 486px; DISPLAY: block; HEIGHT: 349px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5685534813543158130" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-snsju6NMhGA/TucTyidbUXI/AAAAAAAAPNc/DN0zp6JgUCA/s400/DSC_0002.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Después de diez días de excepción, vuelvo a la rutina. Después de diez días, de nuevo solo. A las ocho y media de la mañana despedí a mi última huésped en la parada del autobús y terminé con ella mis labores como anfitrión que me han mantenido apartado de este diario, y de la literatura, durante todos estos días pasados. Ejerciendo de guía de montaña, cocinero, leñador, amigo, padre y abuelo lo dejé todo aparcado. Cuestión de prioridades. Así es que hoy, después de despedir a &lt;em&gt;La argentina que mejor fotografía las portadas de mis libros&lt;/em&gt; (¡Vaya! Esto es muy largo) me encontré de nuevo a solas conmigo mismo, fui a comprar el pan, recibí el parte meteorológico de la panadera y me hice con Público en la papelería de la amiga paraguaya que tiene mi penúltima novela muy destacada en los anaqueles para quien quiera comprarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidí, tras pasar por el cuarto de baño, recortarme la barba con una maravillosa máquina que compré en la ciudad de mi séptima vida. Dejé atrás ese aspecto entre Carlos Marx y George Moustaksi que tenía, pero, al reducir el volumen de la barba hasta el mínimo mi cabello parecía mucho más largo, por contraste, y mi cara empequeñeció considerablemente. Mañana solucionaré esa asimetría capilar acudiendo a la peluquera del pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Invité a Mademoiselle Bonnaire a comer. Sorpresivamente aceptó. Las ocas de Foz le daban un respiro. Y preparé una tarta tatín con un par de kilos de manzanas (ya me queda un kilo escaso de los cinco que compré). Si días atrás fallé con la pasta de la tarta, esta vez acerté de pleno al conseguir una masa perfecta que no se endureció en el horno, sino que se mantuvo tierna, y fue el dulce asiento de las manzanas caramelizadas y ligeramente espolvoreadas con canela que corté a cuartos tras pelarlas y quitarles las pepitas centrales. Pero antes de hacer esa tarta con amor, y por eso me salió bien, hice mis deberes literarios, es decir, que envié la versión definitiva de &lt;em&gt;Patpong Road&lt;/em&gt; a los editores y estuve contestando el correo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mademoiselle Bonnaire llegó con puntualidad británica. Después de casi un mes sin verla apenas recordaba su aspecto. Calzaba unas botas de piel y me confesó que llevaba dos pares de calcetines porque es friolera. Apreció la sopa de tomate y pimiento mexicana que le serví de primer plato (faltaba el aguacate, amiga pueblana, y la tortilla de maíz); no dijo nada acerca de los espaguetis con roquefort que vinieron después, por lo que deduzco que no fueron de su agrado; y me alabó la tarta tatín del postre, lo que, viniendo de una francesa, es doble halago, aunque me censuró que usara canela (además picante, porque la compré en Marrakech) y que yo la acompañara con crema de leche. En ese punto, en el de la crema de leche, discrepamos. Todos los platos franceses llevan crema de leche, por principio, le dije, y a mí la tarta tatín, al menos en España, siempre me la han servido así. Durante la sobremesa, aunque temo que no me haga caso, le dije que votara antes a Dominique de Villepin, un tipo de derechas que me cae francamente bien, antes que a Nicolás Sarkozy, un tipo de derechas que me cae rematadamente mal, en las próximas elecciones presidenciales. Hablamos, también, del imperio franco/alemán que riñe tanto a los españoles, y de mis últimos huéspedes que disfrutaron de mi hospitalidad, especialmente del más pequeño de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía prisa Mademoiselle Bonnaire, por lo que me quedé de nuevo solo y ya no vino nadie más a hacerme compañía. Me acomodé entonces en el butacón verde orejero, que va muy bien para recostar la cabeza, encendí la estufa de leña con las ramas cortadas por la mañana en el garaje (una gafas de buceo, de mi séptima vida, con las que me sumergí en el Mar Rojo y me permitieron ver las evoluciones de una hermosa sirena, me sirven en esta octava para manejar con soltura el hacha y que no me salten las astillas a los ojos y quede tuerto o ciego) y que subí al salón en un capazo que compré al ferretero del pueblo, del que sin duda soy el mejor cliente, un hombre que, cuando no tiene a nadie a quien atender, cruza la calle y observa cómo crecen las hortalizas de su huerto, y con el fuego crepitando me enganché a la Sexta3, que es una cadena peligrosa, con &lt;em&gt;Un lugar en el corazón&lt;/em&gt;, película de Robert Benton que hacía una eternidad que no veía y me permitió disfrutar de las interpretaciones de unos jovencísimos Sally Field, Danny Glover, Ed Harris y John Malkowicz, con pelo, y empalmé luego con &lt;em&gt;Duelo de titanes&lt;/em&gt; de John Sturgess, western sobre el duelo de OK corral que me aburrió, pese a descubrir en ella a Lee Van Clef, muerto a la primera de cambio por un puñal de Kirk Douglas, un plano del estrábico Jack Elam y a John Ireland, pero que aguanté porque había buena llama en la estufa de hierro colado y se estaba agradablemente bien con ese calorcillo que desprende el siempre hipnótico fuego, así es que cuando no me interesaba en demasía la película mi vista se concentraba en las llamas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue después del telediario, y de cenar la famosa sopa que probaron todos los que pasaron por mi casa en estos últimos diez días (y la alabaron, como también hicieron con la película&lt;em&gt; El Bosque&lt;/em&gt;, ofrecida en primicia) cuando alguien me recordó la canción de un fado y me dije que algo moría sin haber nacido siquiera con lo que nos quedamos sin saber qué hubiera sido si lo hubiéramos dejado crecer y regado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-324796370530254963?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/324796370530254963/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=324796370530254963&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/324796370530254963'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/324796370530254963'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/12/diario-de-un-escritor_13.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-snsju6NMhGA/TucTyidbUXI/AAAAAAAAPNc/DN0zp6JgUCA/s72-c/DSC_0002.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-2258850142818934386</id><published>2011-12-02T05:22:00.000-08:00</published><updated>2011-12-02T07:11:10.832-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 1 de diciembre de 2011 &lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 496px; DISPLAY: block; HEIGHT: 353px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5681530410006766722" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-6IboW4bQdYA/TtjZzk0IZII/AAAAAAAAPNQ/fOfZiThld6I/s400/DSC_0033.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Encaro el último mes de este año que, en líneas generales, es bueno. Más que bueno, diría yo. Conocí a Paula y puedo asegurar que es una chica extraordinaria, una rubia de ojos azules y cuatro meses, pronto, y eso ya justifica el año, lo cierra con buen balance. Ella es mi mejor activo del 2011. Bálsamo que compensa sinsabores. Y mi ubicación en este Valle de Valles, que, después de cinco meses, me sigue pareciendo un sueño y es una decisión de la que no me arrepiento y es otro regalo imprevisto de este 2011 que se va como todos los años, con sonrisas y lágrimas, unas que enjuagan las otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Reina hoy el sol para desespero de los empresarios hoteleros. La gente viene al Valle por la nieve, en invierno. Y sin nieve, hoteles y restaurantes permanecen vacíos, salvo los que están próximos a Francia, los de mi pueblo, por ejemplo, que se llenan de visitantes franceses que no suelen ir más allá. ¿Para qué si aquí tienen todo el alcohol y tabaco que precisan?&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;No hace frío, pero por las noches, con los cielos despejados, el termómetro baja hasta los cero grados. La casa comienza a enfriarse cuando se va el sol, que lo hace antes de lo que toca porque las montañas altas que hay a su alrededor, las del Coth de Baretges, por cierto, lo ocultan cuando todavía le queda un buen trecho para desaparecer por el ocaso. Es entonces cuando me peleo con la chimenea, casi siempre una lucha de la que salgo victorioso, salvo ayer, que un enorme tronco se resistió a arder; hoy, al atardecer, haré un nuevo intento: Soy obstinado. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Los periódicos, entre tanta mala noticia, traen, al menos, un par de buenas, o a mí me lo parecen. Una, el premio Nacional de Las Letras a José Luis Sanpedro, autor, entre otras novelas, de &lt;em&gt;La sonrisa etrusca; &lt;/em&gt;el economista, literato y pensador, que tiene en su debe haber sido el profesor de todos los ministros de economía de este país, es personaje entrañable, lúcido y radical al que se debería clonar y multiplicar cuantas veces fuera necesarias, infinitas. Ya me gustaría estar a los noventa años, que no veré, con esa cabeza tan lúcida y ese discurso tan radical. La segunda noticia es que un buen amigo, al que no conozco personalmente pero es un colega con el que me comunico habitualmente, Fernando Aramburu, un vasco que no tiene pelos en la lengua, ha ganado el Premio Tusquets con &lt;em&gt;Las horas lentas&lt;/em&gt;, una novela que transcurre en el País Vasco y trata el tema de ETA. Ganas de leerla cuando se publique, porque seguro que será una novela excelente y todo lo que gire en torno al tema me interesa especialmente sin saber muy bien por qué. Quiero cerrar una trilogía que inicié con &lt;em&gt;La caraqueña del Maní&lt;/em&gt;, seguí con &lt;em&gt;Tu corazón, Idoia&lt;/em&gt; y terminaré con &lt;em&gt;Los límites del bosque&lt;/em&gt; o &lt;em&gt;El bosque sin límites&lt;/em&gt;, que todavía no tengo claro como bautizarla definitivamente. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Sigo, mientras tanto, con esas correcciones de &lt;em&gt;Pat Pong Road&lt;/em&gt;, novela que verá la luz, sobre el papel y con la tinta, en marzo de 2012. No es género negro, y tampoco estoy seguro de que sea género erótico, aunque su protagonista folla mucho, y creo que lo hace para destruirse, que es una forma placentera de hacerlo, o para demostrar que vive, o para resistirse a la muerte. Es una novela sobre un viaje, el último. Habla de la vida enfrentada al final, que siempre se tiene tan presente y marca la existencia, tema que me obsesiona, como imagino le sucede a todo el mundo, y es central en todas mis novelas, desde siempre. Imagino que es una forma de exorcismo que no siempre funciona. A veces la novela, mi novela, parece un libro de viajes, como en realidad son todos los míos. La releo (ya la he hecho dos veces y ésta, la tercera, será la última antes de enviarla a la editorial) y me produce dolor, desasosiego, desesperanza. Bueno, es lo que quiero transmitir, además de una fascinación por Oriente al que volveré, si nada se tuerce, a finales de febrero, solo o en compañía de otros. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Llamó a la puerta el cartero. Bajé corriendo los tres tramos de escaleras, pero sin soltar la barandilla (una pierna rota es un lujo que no me puedo permitir en esta casa). Me encasqueté, por el camino, la gorra de leñador canadiense que hace poco recibí como primer regalo de Navidad, para aplastar mi cabello largo y alborotado que, junto a una barba asalvajada (neologismo que debo agradecer a &lt;em&gt;La Sonrisa Etrusca&lt;/em&gt;), que no corto porque me sirve de bufanda natural en invierno, me da cierto aire a los Carlos Marx o Georges Moustaki del que, por cierto nada sé, ni siquiera si vive. Hay gente que se muere cuando uno está de viaje y ya uni no se entera nunca de su defección. Me trajo la cartera, una amable mujer que me conoce y me saluda cuando me la cruzo por las calles del pueblo, un paquete. Menos mal, suspiré, que no era una fúnebre carta de Hacienda, de esas que parecen esquelas, porque vienen enlutadas, y tanto temo porque nada bueno anuncian. Lo abrí con la ilusión de un niño. Dentro otro maravilloso regalo de Navidad, el segundo que recibo, un libro de Enrique Vila-Matas, uno de los mejores escritorres del mundo, leo, en la contraportado, y lo sucribo, que me envía &lt;em&gt;Poma R. Algú&lt;/em&gt; junto a hilo de coser, verde, por supuesto, y una aguja con un ojo por el que podría pasar un camello y es muy adecuada para mi cansada vista a la hora de enhebrar. Deseando estoy que se me caiga un botón. Me emociona el doble regalo. Algún día corresponderé a él.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Hace un par de días que no está Ana Pastor en los Desayunos de TVE1 y, lo siento, pero sin ella no son lo mismo. No sé si ya la han despedido de forma preventiva, antes de que lo haga el PP, y entonces habría que montar un pollo, o es que está griposa. Griposa estaba, y afónica, una dama que me llamó a continuación y con la que estuve hablando largo y tendido mientras mis ojos no dejaban de mirar esas nubes blancas, estáticas, que dejan pasar la luz del sol y anuncian buen tiempo. Mi interlocutora habitualmente es risueña y de risa fácil, lo que ejerce en mí efectos terapéuticos, pero hoy, ni ayer, ni anteayer, era su día, por lo que cambiamos los papeles y yo fui el que me mostré risueño, optimista y reidor mientras ella lloraba al otro extremo del hilo telefónico. Hilo imaginario, porque nunca hubo hilo, creo yo, y menos ahora.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;A &lt;em&gt;Mademoiselle Bonnaire&lt;/em&gt;, la granjera de Foz, hace mucho tiempo que no la veo y lo lamento y me entristece. Desde que regresé de los cayos de Miami. Debe de andar muy atareada persiguiendo a las ocas de su granja, con sus zuecos de madera hundiéndose en el lodazal, y convirtiendo sus hígados enfermos en apetitoso foie. Pero hoy me escribió y yo le contesté. Tengo la intuición de que hay en ella una buena escritora y que debe insistir en escribir, porque tiene cosas que contar y sensibilidad emocional para transmitirlas. Nada me haría más feliz que ver negro sobre blanco sus recuerdos y pensamientos. Llevo perpetuamente, desde que empezó a hacer frío, el jersey de cremallera que me regaló puesto, creo que hasta me acuesto con él.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Después de ducharme, que siempre mejora mi aspecto (al menos apacigua mi aleonada melena y doma mi barba hirsuta) leí un nuevo capítulo de la novela &lt;em&gt;El círculo alquímico&lt;/em&gt; (Ledoira, 2011) de Paco Gómez Escribano que entra a la primera, está excelentemente bien escrita y creo me va a enganchar. Y luego, calculando la posición del sol sobre mi mesa, fui a mi bar con El País (esta vez Público se agotó) y ocupé mi plaza, que parece que está reservada, a leer el diario, beber mi cerveza y tomar el sol, tres actividades que se pueden simultanear perfectamente. Fue entonces cuando me enteré de esos premios a Aramburu y a Sampedro y me aburrí con las primas de riesgo, los mercados, Merkel y Sarkozy, los recortes y el hundimiento de Europa que vendrá después de su secuestro a manos de franceses y alemanes, que lo demás, los periféricos, parece que no somos Europa. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Un francés me buscaba, me dijo la chica del bar, el mismo francés que, según mi buena amiga paraguaya, se interesaba por un ejemplar de &lt;em&gt;Llueve sobre La Habana&lt;/em&gt; que ella vende el pueblo y que, finalmente, no compró. Imagino que es un lector de Luchon al que conocí en Toulouse.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Regresé a mi casa con el pan de leña, que suele durarme tres días, bajo el brazo y tras intercambiar parte meteorológico con la hiperactiva panadera. Tienen en la panadería, en una bandeja de cartón junto a la caja registradora, trozos de cocas, ensaimadas, croisanes, del día anterior, me imagino, para obsequiar a los clientes hambrientos. Yo siempre tomo uno y así aligero el camino hasta mi casa y no pellizco la barra de pan por el camino desde entonces, como hacía siempre desde que iba con pantalón corto en mi segunda vida.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Como rápido, con el sol entrando por el ventanal del salón y las noticias de la 1 (alubias blancas estofadas, lomo de cerdo, huevo frito y patatas; tarta tatin, con la que reduje ayer los cinco kilos de manzanas a cuatro: no esas no son las noticias de la 1 sino la comida) y cojo la bici con mi atuendo completo de ciclista. Hay que apresurarse porque el sol dura poco. Intento subir, por la zigzagueante pista que parte del cementerio del pueblo, buen lugar para iniciar la marcha, al Guardader (mirador) de Arres. Es una subida agónica, de las más fuertes del entorno. Subo muy despacio, con la primera y sin bajarme un instante. Nadie circula por la pista que aparece cubierta por un manto de hojas caídas. Ese es el único rumor que percibo, el de las hojas cayendo de los árboles, tras bailar al viento, y el gorgoteo de los cursos de agua que avisan con un brusco descenso de la temperatura cuando te aproximas a ellos. Hay zonas de ese bosque otoñal, cuyos árboles ya muestra sólo su esqueleto, singularmente cálidas, quizá porque hasta hace unos momentos les ha estado tocando el sol, a las que suceden otras gélidas. Contrastes.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Los tres primeros kilómetros de ascenso son insoportables. Las tentaciones de dar media vuelta, constantes. Pero sigo cuesta arriba, al límite de mi resistencia, hasta que veo que se echa la noche encima y no voy a poder llegar a mi meta. Creo que es la tercera vez que intento culminar sin éxito esa excursión. Doy la vuelta a la bicicleta, en uno de los recodos, y desciendo a tumba abierta. Lo que he tardado dos horas en subir lo bajo exactamente en quince minutos con el aire frío chocando contra mi cara y la oscuridad adueñándose de todo el Valle.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Trabajo unas cuantas horas. Contesto, mientras, correspondencia acumulada y depuro los correos electrónicos de las bandejas de entrada, cientos, que no puedo leer todos por falta de tiempo. Si por algo mataría sería por ganar tiempo. Tampoco, no me serviría el tiempo a costa de la vida de alguien. Hay, entre las misivas recibidas, una carta de Rosa Luxemburgo, la primera mujer que entró en mi casa en compañía del Filósofo Rojo, un tándem revolucionario que pedalea al unísono contra la corriente del capitalismo salvaje que nos arrolla sin que podamos hacer otra cosa que gritar, gritar y gritar. Casualmente aparece hoy en una foto, detrás de una pancarta y muy combativa, en El País de hoy que leí en la terraza del bar de mi octava vida al sol. Me adjunta un artículo que escribió para Público sobre los desmanes del gobierno de CIU en enseñanza, que son terroríficos. Si alguien creyó que la derecha catalana era mejor que la española estaba muy equivocado. Son peores, por mucho que Mas parezca un clon de los Kennedy que, como políticos y personas, dejaron mucho que desear.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Después de cenar mi sopa mutante (nunca sabe igual y no tiene fórmula, y ese es su verdadero encanto) me acomodo en el butacón orejero y enciendo la estufa de hierro. Consigo que prendan los leños al tercer intento. Enseguida se caldea la casa agradablemente. Y al calor del fuego hipnótico, en el que casi arden mis pies y piernas por la cercanía, veo &lt;em&gt;Reservoir dogs&lt;/em&gt; de Tarantino, su, para mí, mejor película junto a &lt;em&gt;Jackie Brown&lt;/em&gt;. Curiosamente sus protagonistas, que hacen gala de los característicos diálogos tarantinianos (Harvey Keitel, Steve Buscemi, Chris Penn, Michael Madsen, Tim Roth, Lawrence Tierney y el escritor Edward Bunker, &lt;em&gt;Perro como a perro&lt;/em&gt;, con el que bajo ningún concepto quisiera encontrarme en un callejón sin salida) hablan, en un momento determinado del film, de Pam Grier, la actriz del &lt;em&gt;BlackExplosion&lt;/em&gt; que acabaría protagonizando &lt;em&gt;Jackie Brown&lt;/em&gt;. Premoniciones. Bueno, la sangrienta película de Tarantino, a pesar de su exceso de hemoglobina, sigue siendo una obra redonda aunque a años luz de &lt;em&gt;Atraco perfecto&lt;/em&gt;, la película de Kubrick de la que es un disimulado remake. Y el señor negro y rojo, porque soy anarquista, se retira a su cama a eso de la una de la madrugada, a ver las estrellas por la ventana de su dormitorio, algo que no tiene precio y a lo que me voy acostumbrando. Llegará un día en que ni me daré cuenta de ello.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-2258850142818934386?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/2258850142818934386/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=2258850142818934386&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2258850142818934386'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2258850142818934386'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/12/diario-de-un-escritor.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-6IboW4bQdYA/TtjZzk0IZII/AAAAAAAAPNQ/fOfZiThld6I/s72-c/DSC_0033.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-2049007538940875575</id><published>2011-11-29T17:11:00.000-08:00</published><updated>2011-11-30T00:19:51.847-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 29 de noviembre de 2011&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 474px; DISPLAY: block; HEIGHT: 347px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5680594665616089282" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-pAnXNuZW4Bo/TtWGwFUGoMI/AAAAAAAAPM4/CMSziKltri0/s400/DSC_0016.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;La Maga del Fuego me dio unas cuentas ideas para transformar esos cinco kilos de manzanas que no sé por qué compré, pero seguro que hay una razón oculta que se me escapa. La Maga del Fuego es una persona especial. Una chica. Una chica en el sentido más literal del término, porque es muy joven, pero nadie lo diría leyendo los sabios consejos que siempre me da. Y sabe de todo, que eso es lo importante. Me asesoró con la chimenea, me dio directrices para meter la aguja en el ojal, se preocupó por el pie que iba a perder, me procuró un programa informático cuando lo perdí, y ahora me dice todo lo que puedo hacer con las manzanas, enviándome un buen número de recetas para poderlas comer sin que me aburran, porque las manzanas me aburren soberanamente. Así es que seguiré las recetas de tartas de manzana, de manzanas caramelizadas, de manzanas al horno que obran en mi poder gracias a ella.&lt;br /&gt;El día, hoy, era tan luminoso como ayer y yo estaba algo menos oscuro por dentro. Trabajé de buena mañana en lo mío, ese libro tan largo que estoy corrigiendo, a veces de forma despiadada, como hay que corregir un libro propio, y terminé la extraña novela de Pérez Merinero &lt;em&gt;La chica que hacía llorar a los perros&lt;/em&gt;, por lo que me toca, ahora, &lt;em&gt;El círculo alquímico&lt;/em&gt; de Paco Gómez Escribano, tantas veces postergada por otras urgencias. Y luego irá una novela de Alicia Estopiñá, y después la de Émpar Fernández, y la de José Manuel Benítez Ariza que un mensajero de color y acento francés, el único negro que he visto en el Valle, me trajo esta misma tarde.&lt;br /&gt;Pero me salto mi cita diaria con &lt;em&gt;Público&lt;/em&gt;, la mesa de la terraza del bar, el sol y la cerveza a euro veinte que me sirvió, esta vez, El camarero que leía a Thomas Mann.&lt;br /&gt;Leí en el diario del trostkista Jaume Roures muchas cosas desagradables y feas sobre miembros de nuestra realeza, que daba vergüenza leerlas, y me entristecí con un obituario cinematográfico: Ken Russell. Los jóvenes no lo recordarán, pero era un director que iba por el mundo provocando con los temas escabrosos de sus películas y su puesta en escena operística. Su cine era declaradamente desmedrado y Oliver Reed, un dipsómano camorrista con la mejilla cortada por un cuchillo de pelea, interpretó unas cuantas películas con él, la demencial &lt;em&gt;Los diablos&lt;/em&gt;, con Vanesa Redgrave, y &lt;em&gt;Mujeres enamoradas,&lt;/em&gt; en la que tenía una pelea con Alan Bates ante una chimenea, los dos tal como vinieron al mundo, lo que provocó cierto escándalo. Estuvo muy de moda Russell, que a mí siempre me pareció excesivo, y luego se esfumó, o se diluyó, como la escarcha de mis ventanas cada mañana.&lt;br /&gt;Alguien me mandó un fado como mensaje de despedida que luego no fue. Lo escuché a pesar de que los fados me hunden en la tristeza, porque eso es lo que pretende un buen fado, y me prohibo oírlos, como las composiciones de Eric Satie o las sinfonías de Mhaler.&lt;br /&gt;A media tarde, mientras trabajaba, alcé los ojos y vi un cielo maravilloso, el que se ve por la ventana de mi estudio, con el Coth de Baretges, por el que tantas veces he ido de la mano de Mademoiselle Bonnaire, recortado sobre un cielo incendiado del atardecer que surca la estela de un avión, y no pude resistirme a fotografiarlo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-2049007538940875575?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/2049007538940875575/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=2049007538940875575&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2049007538940875575'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2049007538940875575'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/11/diario-de-un-escritor_29.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-pAnXNuZW4Bo/TtWGwFUGoMI/AAAAAAAAPM4/CMSziKltri0/s72-c/DSC_0016.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-617847203293064958</id><published>2011-11-28T17:50:00.000-08:00</published><updated>2011-11-28T18:22:03.690-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Arán, 28 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 499px; DISPLAY: block; HEIGHT: 397px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5680235369473636946" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-CxSqRQbi9J0/TtQ_-S4V-lI/AAAAAAAAPMs/Hsa7bHUrXg8/s400/cieloestrellado1.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;Hoy leí en el diario &lt;em&gt;Público &lt;/em&gt;cosas que suscribo de forma absoluta. Y no atañen a la desgraciada situación sociopolítica que atravesamos. Ni a los vergonzosos tejemanejes económicos, por llamarlo de forma fina, en el que están envueltos destacados miembros de la Casa Real. No. Atañe a la literatura y a la Feria del Libro de Guadalajara, a una conversación entre dos Nobel: Mario Vargas Llosa y Hertha Müller. “La literatura tiene enormes beneficios y uno de los más importantes es que nos hace vivir una vida que es infinitamente más digna y más libre que la que tenemos en realidad” dice Vargas Llosa. Mi defecto, de terribles consecuencias, es mezclar realidad y ficción, pretender que la ficción, lo que uno tiene en el imaginario, se convierta en realidad, con la salvedad de que la vida, como una buena novela, es incontrolable, se rebela contra su autor y en mis novelas los finales felices no existen; Hertha Müller opina que “La literatura es como un psiquiatra de precio muy asequible”. Bien, así había sido para mí hasta entonces, pero ¿qué hacer cuando esa terapia literaria empieza a fallar?&lt;br /&gt;Hoy el cielo tiene una telaraña de nubes blancas y la temperatura de la casa, sobre todo la del salón, ha bajado considerablemente: 12 grados. Sobre las ventanas se ha formado, fruto de la condensación nocturna, delgados bloques de escarcha que el sol irá derritiendo. Mientras desayuno un pastelillo moruno y un café con leche, miro y escucho a Ana Pastor, pero lo hago con cierto desinterés, lo que me preocupa.&lt;br /&gt;El sol llega a mi mesa de la cervecería a las 12:45 y yo llego a la mesa puntualmente, a esa hora, y hoy la fría caña de cerveza lo hace un minuto más tarde de que haya tomado asiento. Antes he comprado buenas patatas, arroz y azúcar a La Tendera Silenciosa. Y La Amiga Paraguaya me ha insuflado algo de ánimo cuando he entrado en su papelería a comprar mi diario, el que trae esas intervenciones de los dos admirados premios Nobel.&lt;br /&gt;Hoy no voy a pasear porque tengo mucho trabajo. Empecé de mañana, con las correcciones de la novela. He dejado de sentir piedad conmigo mismo y me estoy tornando despiadado: si hay que cortar, corto; si hay que rescribir un capítulo, lo hago.&lt;br /&gt;Al mediodía tengo necesidad imperiosa de comer verdura. Hiervo la cuarta parte de una coliflor que compré en Supermercados Boya hace dos días. Y sigo con un huevo, puesto que me olvidé de ir a la carnicería, con arroz blanco. De postre mordisqueo la primera manzana de esos cinco kilos que compré y no sé si destinar a elaborar sidra: me aburre. No hacer sidra, que no hice nunca, sino comerme esa manzana, comerme cualquier manzana. Menos a Poma, que no me la he comido, de momento. La manzana es una fruta aburrida y, si es así y yo lo sé, me pregunto por qué compré cinco kilos. No tengo respuesta. Tampoco me preocupa no tenerla.&lt;br /&gt;Voy abrigado por casa y también mientras trabajo en lo mío, esa novela que estoy podando concienzudamente a la vez que realizo algunos injertos necesarios. Mi aspecto de leñador canadiense lo es por el jersey de Mademoiselle Bonnaire y la gorra de cazador que llevo encasquetada en la cabeza y me abriga. De cuando en cuando me tomo un descanso para consultar la correspondencia o leer una buena entrevista, por ejemplo la de Ignacio Ramonet, que me apresuro a colgar en mi muro de Facebook y crea cierta polémica. Y cuando me vence el sueño, me retiro a la cama a dar una cabezada. Antes mis siestas se producían entre las 16 y 17 horas: ahora suelen sobrevenirme a las 18:30. Muy extraño. ¿El cambio de horario? Y además de golpe. Siento una sacudida en la cabeza y abandono la lectura del texto para bajar al dormitorio con urgencia y cuidando de no caerme por la escalera. Hoy media hora de duermevela es suficiente. Y regreso a la buhardilla.&lt;br /&gt;Alguien se acuerda de mí y me llama por teléfono. Esas llamadas, he de confesarlo, tienen un gran valor terapéutico, sobre todo en invierno. Llevan cariño y humor en su esencia. La que llama, y el que coge el teléfono, consideramos que el humor es fundamental para sobrevivir. Si hay que morir, mejor hacerlo riendo. La interlocutora tiene una sentido del humor realmente envidiable, y otras cosas, igualmente envidiables. El mío, el sentido del humor que tengo, hay que rascar para dar con él porque no se encuentra en superficie.&lt;br /&gt;Estoy enfrascado en uno de los capítulos y alguien llama a la puerta. Nadie suele venir a esta casa entre semana, así es que bajo galopando los tres tramos de la escalera y llego a la calle justo para recibir un paquete de manos de un clon de mi vecina paraguaya que, como yo no contestaba, ha estado a punto de dejárselo a ella, al original. Mientras firmo un recibo electrónico sobre una pantallita y apunto mi DNI conforme ha llegado el paquete a mis manos, estoy a punto de decirle a mi vecina paraguaya, porque es ella, diantre, qué hace repartiendo paquetes cuando su negocio es la papelería y los libros. Una pena que la repartidora no haya llamado a la puerta de al lado y los dos clones no se hayan visto las caras y creído, ambas, que se estaban mirando en un espejo.&lt;br /&gt;Abro el paquete mientras subo las escaleras. Un hermoso libro de relatos, &lt;em&gt;El hilo de Sofía&lt;/em&gt;, editado por Atlantis, en el que colaboro junto a Eugenia Rico, José Vaccaro Ruiz, Recaredo Veredas, Javier Puebla y J.D. Álvarez entre otros. Mi relato, &lt;em&gt;Última cena en Sofía&lt;/em&gt;, es autobiográfico, negro y humorístico.&lt;br /&gt;Esta noche planeo ir al cine. A las diez, en el único cine de Arán, que está en su capital Vielha, proyectan &lt;em&gt;Detrás de la puerta&lt;/em&gt;, la última película de Jaume Balagueró con Luis Tosar, una historia sobre un portero psicópata cuyo guión deja mucho que desear y tiene enormes lagunas y situaciones no creíbles. Es el trabajo más flojo que he visto de Balagueró. Pero se está bien en el cine, tienen puesta la calefacción y los demás espectadores no son del tipo ruidoso. Además no hay palomitas ni venden bebidas.&lt;br /&gt;Desde la tarde, o creo que desde el día anterior, planeé ver hoy las estrellas. La Luna está menguante y es una noche adecuada para ese tipo de espectáculos. De regreso a casa me desvío y me interno por una sinuosa pista forestal que, de noche, es todavía más sinuosa, y me detengo en un claro del espeso bosque de abetos que cruzo tras dejar atrás Vilamós y Arrés de Jus. La vista del cielo, una vez que apago las luces del coche, es majestuosa. Hay estrellas que brillan con una intensidad flamígera que deslumbra, pero la vista, a medida que se acostumbra, va descubriendo miles de estrellas que realmente son polvo blanco en el universo. Ajeno al frío, a oscuras, no alejándome del coche, por si luego no consigo regresar a él, permanezco en éxtasis cósmico diez minutos, en medio de un silencio absoluto que sólo rompe el lejano rumor de un curso de agua. Me siento pequeño, pigmeo, miserable mirando ese cielo infinito del que veo una infinitésima parte. Me deprime mi pequeñez. Siento la insignificancia de la nada que soy y sigo camino, por esa pista estrecha y solitaria, hasta casa, no muy animado.&lt;br /&gt;Dejé un par de radiadores abiertos, porque hoy no me apetecía encender la chimenea, y se notaba un calor agradable al entrar en la casa. Subí directamente a la buhardilla y abrí mi correo. Leí una carta que alguien me envió y sentí el frío de su escritura. Supe que esa persona, definitivamente, había muerto y que debía acostumbrarme a ello y asimilarlo si quería seguir viviendo. Pero no estoy seguro de que ese psiquiatra de precio muy asequible, que dice Hertha Müller, me sirva de consuelo, ni que con la literatura pueda recrear algo semejante a lo que viví. Hay cosas inenarrables, aunque estén ya muertas y que, al no poder ser narradas, se olvidarán, y que, al ser olvidadas, quizá nunca se sepa si fueron así y si fueron. De todas formas morirán con nuestra memoria, y con nosotros.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-617847203293064958?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/617847203293064958/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=617847203293064958&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/617847203293064958'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/617847203293064958'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/11/diario-de-un-escritor_28.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-CxSqRQbi9J0/TtQ_-S4V-lI/AAAAAAAAPMs/Hsa7bHUrXg8/s72-c/cieloestrellado1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-8394772068550030972</id><published>2011-11-27T17:35:00.000-08:00</published><updated>2011-11-27T17:47:27.333-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;Arán, 27 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 485px; DISPLAY: block; HEIGHT: 336px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5679856122402151170" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-kzZzZ7qZoSc/TtLnDNcbmwI/AAAAAAAAPMI/ZuSP0a2l--A/s400/DSC_0092.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;A las 12:45 el sol de otoño llega a la segunda mesa de la primera fila de la terraza del bar en el que me sirven las cervezas a euro veinte. Dura hasta las 13:30 y luego todas las mesas, seis, quedan en sombras. Es un sol esquinado cuando en verano era frontal y duraba hasta las cinco. Yo lo sé y procuro estar a esa hora puntualmente después de haber desayunado café con leche y un pastelito árabe del Albaicín, de los que me trajo mi amigo de Granada, y haberme duchado, y me siento con El País a esperar mi cerveza. Hoy la caña llega con cinco minutos de retraso. Hay mucha clientela y un solo camarero, que no es el que lee a Thomas Mann. Curiosamente hoy no hay franceses sino españoles. Y hablan a gritos, como si todos estuvieran sordos. Y los que fuman se colocan a mis espaldas para consumir sus cigarrillos en la puerta del bar y me rozan en sus idas y venidas. Leo el diario, con prisas, pago mi cerveza y me levanto.&lt;br /&gt;Cojo el coche y me voy a Canejan, a por leña y a dar un paseo. El día es espléndido, como ayer, como anteayer, sin una sola nube en el cielo y es una blasfemia encerrarse en casa con ese sol. Pero el campanario de la iglesia del pueblo me recuerda que son las 3 y cuarto y decido regresar a casa con mi cargamento de leña, para comer.&lt;br /&gt;Cambié la disposición de los muebles del salón comedor: situé el sillón orejero junto a la estufa de leña y la mesa y las sillas al otro extremo de la habitación, lejos de la cocina y cerca del ventanal. Hoy guisé alubias blancas con chorizo: se hicieron rápidas y quedaron buenas. Y huevo frito con patatas, porque me dio pereza ir a mi carnicera. Abro un Coto, me lleno dos veces la copa y bebo, como postre, un zumo de naranja. Luego subo a la buhardilla, con el jersey que me regaló Mademoiselle Bonnaire, que me esquiva últimamente, y una gorra de leñador canadiense que Esther Williams tuvo la amabilidad de enviarme por correo.&lt;br /&gt;Trabajo en la corrección de &lt;em&gt;Pat Pong Road&lt;/em&gt; hasta que me vence el sueño. Estoy cambiando bastantes párrafos de la novela, utilizando la podadora, y eso lleva bastante tiempo. Es la tercera vez que releo mi novela y encuentro cosas que no me gustan o no cuadran. Estoy encallado en una de las partes del libro que se titula &lt;em&gt;Bajo el monzón&lt;/em&gt;. Decido echar una siesta en medio de la corrección para ver si luego retomo el trabajo más inspirado. Últimamente duermo mucho, más de la cuenta, y las siestas duran casi siempre dos horas. Quizá es que esté deprimido y quiera cerrar los ojos al mundo. Me despierto ya de noche, a las seis y media de la tarde. Y sigo con la novela hasta que se hace la hora de la cena. Entonces bajo, caliento la sopa y enciendo la chimenea. Los troncos estás secos y prenden en cinco minutos con papeles de diario. La sala se caldea. La sopa entra maravillosamente bien en el cuerpo. Luego me exprimo un par de naranjas y veo &lt;em&gt;Australia&lt;/em&gt; por TVE1 mientras doy cuenta de una bolsa de patatas fritas adictivas. Esther Williams tiene razón: A Nicole Kidman se le fue la mano con el bótox y en esta película se le nota especialmente. Ya la había visto en el cine, pero es de esas que es agradable de ver, por su fotografía y la espectacularidad de alguna de sus escenas, ideal para compaginarla con el espectáculo siempre hipnótico de las llamas próximas a las piernas. Cuando la película acaba, la chimenea está apagada. El último tronco que metí, uno bastante grueso, ha ardido a medias y me servirá para mañana.&lt;br /&gt;Subo de nuevo a la buhardilla y lo hago con el jersey de lana y cremallera de Mademoiselle Bonnaire y la gorra de cazador de Esther Williams. Y me enfrento de nuevo a mi novela.&lt;br /&gt;Y me veo reflejado en la venta de la buhardilla con mi gorra, mi jersey, mi pelo largo y mi barba,tecleando el ordenador. Un fantasma en el que no acabo de reconocerme.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-8394772068550030972?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/8394772068550030972/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=8394772068550030972&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/8394772068550030972'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/8394772068550030972'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/11/diario-de-un-escritor_27.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-kzZzZ7qZoSc/TtLnDNcbmwI/AAAAAAAAPMI/ZuSP0a2l--A/s72-c/DSC_0092.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-8318459841637407529</id><published>2011-11-26T03:06:00.000-08:00</published><updated>2011-11-26T03:26:14.439-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 25 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 471px; DISPLAY: block; HEIGHT: 323px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5679263184814689202" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-I6NYqbZZAvk/TtDLxszVS7I/AAAAAAAAPL8/VGTrfttRPLo/s400/DSC_0013.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;La jornada empezó de forma inmejorable cuando una amiga mía, a la que de nuevo doy las gracias por el detalle, me envió un texto extraordinario de Enrique Vila-Matas que, ipso facto, colgué en mi muro de Facebook. Escribía el barcelonés sobre esa faceta de cazadores en la sombra que tenemos los escritores cuando vamos a los sitios, sean fiestas, restaurantes, viajes, bares de copas o lupanares, a la búsqueda de personajes para nuestras ficciones.&lt;br /&gt;A un día gris sigue otro luminoso. El cielo estaba más o menos como ayer. Yo, no. Dejé que entrara la luz por mis ojos. Y que el viento que soplaba con fuerza y renovaba el aire me azotara. Adoro el viento. Adoro cada una de las manifestaciones de la naturaleza que me indican su vitalidad. Así es que con viento y euforia fui a comprar mi diario a mi amiga paraguaya y luego me dirigí a la capital de este rincón pirenaico a hacer unas gestiones.&lt;br /&gt;Vielha, Viella, Vieja, no lo es tanto.&lt;br /&gt;Tiene la capital una hermosa iglesia de transición del románico al gótico, confluyen en ella los ríos Garona y el Nere, que desemboca en él en medio de un hermoso parque fluvial, y un comercio aceptable además de un buen hospital, buen número de bares y algunos restaurantes con encanto.&lt;br /&gt;Busqué, después de mis gestiones en correos, una terraza en donde diera el sol y, al no encontrarla, me senté frente a la seda del Govern a leer la prensa y una revista sobre los Pirineos que compré.&lt;br /&gt;Cuando volví sobre mis pasos me dije que nada había mejor para combatir una endeble depresión de un día que hacer una gran compra, así es que me acerqué a Les, al supermercado Boya. Era el único español entre tantos franceses e hice una compra XXXL, a lo grande: cinco kilos de manzanas con las que haré un sinfín de tartas tatin; cinco kilos de naranjas que me proporcionarán zumos para un par de semanas; cinco kilos de cebollas para sopas y risotos; una enorme barra de mantequilla para confeccionar un sobao pasiego, calabaza, zanahoria y luego caprichos tipo bolsas de patatas fritas, a las que intento resistirme sin éxito, nachos mexicanos con su correspondiente salsa muy picante y queso rochefort.&lt;br /&gt;Encendí la chimenea con enorme éxito, al regresar a casa (la llamarada prendió muy rápido en los troncos, al contrario que ayer, que anduvo resistiéndose, y duró el fuego casi tres horas, calentando el salón comedor) y comí un enorme plato de ensalada con lechuga, maíz, zanahoria rayada y atún; cayó luego media bolsa de nachos con su correspondiente salsa picante y terminé con un huevo frito de las gallinas del pueblo. No contento con eso me tomé un trocito de turrón de yema quemada (ya empiezo las Navidades) acompañado con una copita de moscatel, y me arrellané en el sofá a contemplar cómo el fuego hacía su trabajo en la chimenea y la película &lt;em&gt;Cóctel&lt;/em&gt;, que ya había visto pero que me agradaba volver a ver, porque no me molestaba a esa hora de la siesta, y en la que descubrí, además, a una jovencísima Elizabeth Shue bastante menos atractiva de la mujer que luego fue en, por ejemplo, &lt;em&gt;Living Las Vegas&lt;/em&gt;, la única película con Nicolas Cage dentro que, no sólo soporto, sino que me gusta.&lt;br /&gt;Despaché varias cartas en mi buhardilla, cuando ya el sol había dejado paso a la noche (a las seis es noche cerrada), alguna de ellas con cierta tristeza (o mucha, para qué engañarnos); me reí con una llamada telefónica y seguí enfrascado en esa tortura que son las galeradas de una novela, esa fase que consiste en leer una y otra vez lo que has escrito para detectar erratas, incoherencias y estupideces en tu texto, y estuve con esa actividad después de comer y ver una seca película rumana, excelente, por cierto, &lt;em&gt;4 meses 3 semanas 2 días&lt;/em&gt;, de Cristian Mungiu, merecidísima Palma de Oro del Festival de Cannes de 2007 que hoy daban con el diario Público, y así estuve, perdido en mi texto, viajando de nuevo a Bangkok, escenario de la novela que saldrá en marzo 2012, hasta que las cabezadas del sueño, terribles, me hicieron dejarlo todo e ir directamente a la cama.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-8318459841637407529?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/8318459841637407529/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=8318459841637407529&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/8318459841637407529'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/8318459841637407529'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/11/diario-de-un-escritor_26.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-I6NYqbZZAvk/TtDLxszVS7I/AAAAAAAAPL8/VGTrfttRPLo/s72-c/DSC_0013.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-1548515642425142825</id><published>2011-11-24T17:33:00.000-08:00</published><updated>2011-11-24T17:42:16.121-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Arán, 24 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 386px; DISPLAY: block; HEIGHT: 489px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5678741129493146258" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-it9FMUUdqdE/Ts7w-FLW6pI/AAAAAAAAPLw/rdF7rYgUzpE/s400/egon_schiele_seated_woman_ii_19171.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;Después de las nueve volví a ser el único habitante de mi casa, y regresé a la normalidad. Hacer una lavadora, por ejemplo. Ir a comprar el diario a mi amiga paraguaya que intenta vender, si encuentra lectores, ejemplares de mi novela &lt;em&gt;Llueve sobre La Habana&lt;/em&gt; que sobraron en Miami.&lt;br /&gt;Mi cervecería habitual sólo abre los fines de semana, y la otra está llena, así es que me voy a una terraza de la carretera, a leer &lt;em&gt;Público&lt;/em&gt;, a que me dé el sol, sobre todo.&lt;br /&gt;El día está alegre, pero yo no estoy a su altura. La luminosidad me sobrepasa. Regreso a casa con la intención de comer temprano e ir por la tarde a Vielha, pero eso no sucede.&lt;br /&gt;Después de comer una crema de calabaza, un huevo con patatas y terminar los dátiles que quedaban en la nevera mientras veo el telediario, tengo una larga conversación telefónica y en ella oculto mi estado de ánimo, como siempre, y me muestro optimista y expansivo. ¿Por qué lo hago?&lt;br /&gt;Los correos electrónicos que leo por la tarde, cuando subo a mi buhardilla, tampoco me alegran el ánimo, precisamente. Leo cuatro líneas de tristeza destilada que me hielan el corazón. Ni me anima la solitaria siesta que hago cuando, corrigiendo la novela que saldrá en marzo 2012, me sobreviene un ataque mortal de sueño. Tampoco me levanto más animado de la cama cuando ya es de noche, a las siete. Pero, sin embargo, simulo euforia y optimismo en mi segunda y larga conversación telefónica del día, poco antes de la cena. ¿Por qué no me muestro como estoy realmente? ¿A qué vienen todas estas simulaciones de mi estado de ánimo?&lt;br /&gt;Ceno la sopa que, normalmente, me anima, no hoy, y algo de queso camembert que dejó mi amable huésped en la nevera. Luego me peleo con los troncos de la chimenea hasta que arden con unos cuantos diarios de por medio. Y me siento en el butacón de orejeras para ver &lt;em&gt;Minoritary Report&lt;/em&gt; que no termino de ver con la atención que requiere porque mi cabeza está por otras vidas.&lt;br /&gt;A veces pienso que ya nací deprimido.&lt;br /&gt;Eso sí, el cerebro, ese imperfecto ordenador, después de muchas vueltas en su disco duro, escupió hoy el nombre de un pintor austriaco que, sin nombrarlo, porque no nos salía su nombre, figuró en la sobremesa de ayer: Egon Schiele. Bueno, algo positivo en el día. Un cuadro suyo, de una pelirroja prostibularia, fue la portada de &lt;em&gt;Pubis de vello rojo&lt;/em&gt;. Entonces yo tenía pinta de ejecutivo, solía ir con corbata, usaba gafas y lucía pelo negro y espeso.&lt;br /&gt;Ante de dormir escribo una misiva larga sin saber mucho el sentido que tiene escribirla y enviarla. Dudo antes de insertar el nombre del destinatario. Opto por enviarla. No sé si obtendrá contestación ni qué sentido tiene esperarla.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-1548515642425142825?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/1548515642425142825/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=1548515642425142825&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1548515642425142825'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1548515642425142825'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/11/diario-de-un-escritor_6113.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-it9FMUUdqdE/Ts7w-FLW6pI/AAAAAAAAPLw/rdF7rYgUzpE/s72-c/egon_schiele_seated_woman_ii_19171.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-7537900829769337564</id><published>2011-11-24T01:35:00.000-08:00</published><updated>2011-11-24T02:18:17.386-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;Arán, 23 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 493px; DISPLAY: block; HEIGHT: 360px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5678502657837428050" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-7MUqrQIbajU/Ts4YFNCC7VI/AAAAAAAAPLk/i_IkbiT1oLg/s400/DSC_0001.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, al contrario que ayer, me despierto antes que &lt;em&gt;El amigo granaíno&lt;/em&gt; para obsequiarle con unos churros para el desayuno. Mientras se calienta el aceite y el agua para la masa, intento encender el fuego de la chimenea. La casa, a esa hora de la mañana, está a 15 grados. Tras un montón de intentos baldíos y quemar una Vanguardia, un País y un Público, consigo que una llama prenda en uno de los troncos.&lt;br /&gt;Hacemos una breve excursión por la mañana. Subimos en mi coche hasta Baqueira Beret y tomamos la pista de la izquierda, la más estrecha, tras cruzar un modesto curso de agua, seguramente el que da lugar al Noguera Pallaresa, y caminamos hacia Montgarri con un paisaje adusto formado por cumbres nevadas, bosques que no han perdido su oscuro verdor, bandadas de nubes y un mar de hierba ocre en el que no pasta una sola vaca ni un solo caballo.&lt;br /&gt;El refugio de Montgarri está cerrado, por lo que nuestro plan de tomarnos el vermut allí se frustra. Nos sentamos en las escaleras. Hablamos de mujeres, amores, relaciones frustradas, pasiones amorosas y sexuales, desengaños y difíciles convivencias. Estamos en casi todo de acuerdo. No le digo que allí, precisamente, en un invierno, comenzó mi breve séptima vida.&lt;br /&gt;Regresamos a buen paso. Acuso, he de confesar, los veinte años menos que tiene mi compañero de excursiones venido del sur. &lt;em&gt;El amigo granaíno&lt;/em&gt; tiene un paso rápido y alegre, como su carácter. En ese camino de regreso seguimos con el tema femenino. Las mujeres marcan nuestras vidas. Y esa charla ocupa todo el tiempo de regreso al coche.&lt;br /&gt;Hago la comida. Un risotto con setas y queso. Butifarra del valle con patatas fritas. Manzana y mandarinas de postre. Café. Hoy no le dejo hacer la siesta porque anochece muy pronto y no puede irse del Valle sin ver el Coth de Baretges. Subimos hasta arriba por la pista forestal que, en algunos de sus tramos, ha devorado la lluvia intensa que ha caído en días pasados.&lt;br /&gt;El Coth de Baretges, todo hay que decirlo, perdió hoy su magia. No era de sus mejores días, más bien de los peores. Unas nubes inoportunas cubrían todas las cumbres de la Maladeta que parecían haber perdido la nieve acumulada en días pasados. La hierba dejo de ser verde para ser ocre. Damos un paseo hasta un refugio situado en el lado francés. Aparcamos el tema de mujeres para centrarnos en la política. En las elecciones. En la debacle socialista. En la resurrección, merecida, de Izquierda Unida. En la situación insostenible. Cuando llegamos al refugio francés el día está de caída. Y damos media vuelta, de regreso al coche, antes de que nos sorprenda la noche. Un ciervo enorme, que se camufla con los ocres del paisaje, resulta un insólito regalo para nuestros ojos; corre monte arriba y desaparece.&lt;br /&gt;Hoy es el último día de &lt;em&gt;El amigo granaíno&lt;/em&gt; en Arán. Mañana por la mañana marchará rumbo a Barcelona, y de allí a Granada. Quiere agradecer mi hospitalidad invitándome a cenar. Acepto. A las nueve, tras recibir una misteriosa misiva de Luz, que va dirigida a otra persona (no creo en ese tipo de errores) y otra de Mademoiselle Bonnaire, a las que contesto, tomamos el coche y vamos a Escunhau. Es Niu es un restaurante excelente, pero está vacío. Si no nieva pronto el Valle se declarará zona catastrófica, y no parece que lo vaya a hacer. Compartimos una pastel de puerros con salsa de setas y una arroz espinacado, ambos platos maravilloso. Bebemos un Viña del Vero blanco. Después caen unos medallones de ternera con foie, por mi parte, y un solomillo a la plancha, por la suya. No hablamos de mujeres, las agotamos todas en charlas anteriores, ni de política, sino de hijos. El de su hijo único y yo de mis tres. Y luego evidenciamos nuestras coincidencias sobre gustos pictóricos ( Lucien Freud, Francis Bacon, Pollock, Caravaggio, Gainsborough, Turner, Modigliani, Courbet) y desavenencias (Monet). Me gusta Manet y su &lt;em&gt;Olimpia desnuda&lt;/em&gt;, le digo. De Courbet destacamos su sorprendente y provocador &lt;em&gt;El origen de la vida&lt;/em&gt;. De Caravaggio, su violencia pictórica y real. Él se toma un helado de vainilla y yo, un sorbete de limón. Rematamos la cena en el solitario restaurante en el que no ha entrado nadie con un par de cafés. Y regresamos a casa.&lt;br /&gt;Aún tengo tiempo de intervenir en una polémica acerca del ojo de la aguja en Facebook. Imposible que pase un camello, cierto, si ni siquiera soy capaz de que lo haga un hilo. Me aconsejan que chupe la puntita. Ya lo hago, pero ni por esas. Cada vez que pierdo un botón, tiemblo. Las próximas visitas femeninas vendrán con la aguja ya enhebrada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-7537900829769337564?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/7537900829769337564/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=7537900829769337564&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/7537900829769337564'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/7537900829769337564'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/11/diario-de-un-escritor_24.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-7MUqrQIbajU/Ts4YFNCC7VI/AAAAAAAAPLk/i_IkbiT1oLg/s72-c/DSC_0001.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-1849273457655075542</id><published>2011-11-21T17:04:00.000-08:00</published><updated>2011-11-21T17:08:05.809-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 21 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 307px; DISPLAY: block; HEIGHT: 363px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5677620053152934514" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-CGcinfSQuY8/Tsr1W2XQqnI/AAAAAAAAPLY/qbSeejayb0c/s400/MONICA%2BBElluci.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;Después de veinticuatro horas, nueve en avión, dos horas en Madrid, tres en tren, dos horas en Lleida y tres en autocar (me salen veinte, bueno, pero debe ser la diferencia horaria) llegué por fin a mi casa en donde mi huésped granaino estaba muy bien instalado y me tenía la cena preparada. Brindamos con vino, cava, comimos pasteles árabes de Granada, hablamos de la séptima vida, a la que él pertenece, del Albayzín, del Sacromonte, de la SE, de cine, de mujeres, de la CDLB, de Montpellier y las francesas, de la desaparecida Mademoiselle Bonnaire, de Miami y las latinas, de Italia y Mónica Belluci, de hijos y nietos, vimos la película &lt;em&gt;El Bosque&lt;/em&gt;, peaje que deben pagar, gustosamente, todos los que se dejen caer por mi casa, y programamos las excursiones de mañana. Y sin jet lag me voy a dormir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-1849273457655075542?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/1849273457655075542/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=1849273457655075542&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1849273457655075542'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1849273457655075542'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/11/diario-de-un-escritor_21.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-CGcinfSQuY8/Tsr1W2XQqnI/AAAAAAAAPLY/qbSeejayb0c/s72-c/MONICA%2BBElluci.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-577705846285176437</id><published>2011-11-19T23:20:00.000-08:00</published><updated>2011-11-19T23:55:40.260-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;Miami, 19 de noviembre de 2011&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 501px; DISPLAY: block; HEIGHT: 365px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5676975760386457954" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-If93EKyfRT0/TsirYExWgWI/AAAAAAAAPLM/j_alhC3Qm1A/s400/DSC_0003.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Terminó mi trabajo, para lo que había venido a Miami, y casi se me había olvidado. Presenté mi libro junto a un cuentista cubano, Rolando Tarajano, que presentaba el suyo: &lt;em&gt;Sexo salvaje&lt;/em&gt;. Buena audiencia, aunque a las 12 pocas personas, cinco, que fueron creciendo hasta alcanzar la cincuentena según pasaban los minutos. Dos conocidos sentados escuchándome: la simpática limeña y Gilberto Aguilera, al que conozco de años, un escritor dominicano que me regala su libro dedicado &lt;em&gt;La otra cara del fuego&lt;/em&gt;. Gracias, Gilberto, y gracias limeña de ojos verdes. Hablo de que el sexo está en el ADN caribeño. Y el en mío, aunque eso no lo digo. Dedico, al sol, algunos libros cuando terminamos la charla y tras responder a preguntas. Hablo con jóvenes cubanos e hijos de cubanos, con una muchacha dulce y expansiva de risa fácil y su novio guapo; con la madre, más guapa, rotunda, del chico guapo, cubana que aparenta la mitad de los años que tiene. Le pregunto a su hijo cómo consigue conservarse su madre tan bien. &lt;em&gt;El aire acondicionado&lt;/em&gt;. Picoteo algo en la sala de la hospitalidad de los autores de la Universidad y regreso al Hilton. Trabajo de forma incansable el texto de &lt;em&gt;Pat Pong Road&lt;/em&gt;. Hay mucho sexo existencial y trágico en esos paseos terminales por Bangkok, tanto que me deprimo, que debo parar en la lectura y tomar aire.&lt;br /&gt;La profesora de tango que ve alienígenas me llama para que me haga una foto con ella en el hall del Hilton. Bajo con la cámara y un tercero nos inmortaliza. Luego cojo un taxi para ir a la cena de la embajadora. Pero el taxista es un viejo haitiano que ve mal y anda despistado. Recorro Miami con él y me exaspero. Me va diciendo en francés que esa calle es difícil de encontrar. Damos vueltas y más vueltas y el contador sigue corriendo. Finalmente llego, al borde del infarto y soltando fuego por la boca.&lt;br /&gt;En el patio interior de la residencia, junto a una hermosa piscina, me espera la embajadora. Soy de los primeros en llegar a pesar del taxista incompetente. Es una mujer delgada y encantadora que fuma mucho. y habla con una dicción perfecta. Luego llega la corte de autores hispanos: Jorge Volpi, Sergio Ramírez, Vicente Molina Foix, Javier Serra, María Dueñas, Espido Freire, Agustín Fernández Mallo, Margo Glentz, Alan Pauls. La cena es exquisita. Hablo con mis vecinas de mesa de literatura, de política, de lo que se nos viene encima con Rajoy. También del Valle de Arán. Los postres son la guinda: profiteroles con chocolate caliente y mouse de maracuyá. La embajadora es un encanto de persona, nos colma de atenciones. Da gusto ser escritor. A las dos nos devuelven al hotel en una van que conduce María, la muchacha que nos convocó. Por el camino hablo con Agustín Fernández Mallo del Valle de Arán, de Oriente, de Birmania, con la vehemencia que acostumbro.&lt;br /&gt;Mañana, a estas horas, estaré cruzando el Atlántico.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-577705846285176437?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/577705846285176437/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=577705846285176437&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/577705846285176437'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/577705846285176437'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/11/diario-de-un-escritor_715.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-If93EKyfRT0/TsirYExWgWI/AAAAAAAAPLM/j_alhC3Qm1A/s72-c/DSC_0003.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-2178238409422197263</id><published>2011-11-19T06:52:00.000-08:00</published><updated>2011-11-19T07:19:28.071-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;Miami, 18 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 496px; DISPLAY: block; HEIGHT: 348px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5676721036732438450" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-1z_hKTkvH8Y/TsfDtNNsl7I/AAAAAAAAPLA/suPtX7AL8RY/s400/DSC_0008.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Terminaron mis vacaciones, y empezó la lluvia y el viento, en sincronía. No, no es un huracán. El último lo tuvieron hace cinco años. El clima cambia. Pagué la cuenta de mi hotel de Miami Beach y me fui en taxi al Hilton de Miami Downtown conversando, por el camino, con el conductor guatemalteco, un buen hombre, muy simpático. Me dieron una hermosa habitación con vistas espectaculares y toda una pared de cristal que daba vértigo mirarla: caer desde el piso 16 no debe de ser sano. Aunque seguro que el cristal aguanta. ¿También un disparo de pistola? Me duché mientras seguía lloviendo, y me puse a trabajar, perfilando la presentación de mañana, y empezando a corregir las páginas de mi próxima novela &lt;em&gt;Pat Pong Road&lt;/em&gt; que saldrá en marzo, quinientas páginas de literatura demoledora entre Henry Miller y Michael Houellebeqc (milagro si lo escribo bien). Cuando estableces distancia con el texto escrito y más o menos te gusta, es que funciona.&lt;br /&gt;Llueve a cántaros, pero llevo los libros a la feria, me descargo de ellos, en un transporte que tiene la Miami Book Faire y con un chófer colombiano muy educado que me pregunta por la novela que presento. Apenas como: una magdalena triste, un café con leche. Y maldigo al hotel tan lujoso por haber de pagar la conexión a Internet. Hago una breve siesta. Me levanto a media tarde. Sigo pensando en la presentación y corrigiendo las páginas de &lt;em&gt;Pat Pong Road&lt;/em&gt;. De cuando en cuando miro la ciudad, la panorámica que tengo de ella desde ese piso 16, barrida por la lluvia.&lt;br /&gt;Quedo para cenar con una amiga argentina, profesora de tango. No tomaré clases, bailo mal. Me lleva en su coche a un restaurante cubano bueno, el Versailles. Ella pide pescado; yo, pollo en tiras con arroz, plátano frito y frijoles. Está bueno. Tenemos una conversación extraña, sobre OVNIS. Ella es devota de J.J. Benítez y me jura haber visto un platillo volante en una montaña de Córdoba. Yo, en esos temas, soy escéptico, como Santo Tomás: si no lo veo no lo creo. Pero ella jura y rejura que vio ese objeto volante no identificado, que le dio paz. Bueno, puede ser un personaje próximo, la argentina profesora de tango que vive en Aventure, una de las poblaciones por las que pasé en mi bici china días atrás, y a la que secuestran unos alienígenas para que les enseñe a bailar el tango. Afuera, en la calle, llueve a cántaros. Y yo me tomo un café cubano mientras escucho de sus labios que no le gusta leer novelas, que lee de todo menos novelas. ¡Vaya! Me lleva al hotel por la calle 8, la de Little Habana, la que hice días atrás en bici, incluso pasamos por delante de la librería Universal, la que ya tiene mis libros en la Miami Book Faire, y regreso a mi habitación para sentarme y ver ese espectáculo de luces desde el ventanal de mi habitación.&lt;br /&gt;Empiezo a tener muchos personajes en la mente pero me falta la historia. Hoy, un tipo casi albino, con brazos imposibles, que desayunaba a mi lado. Llevaba todo la piel lechosa cubierta de tatuajes geométricos. Tenía un rostro brutal, de esos que no se inmutan mientras te estrangulan con el meñique. Luego tengo a la profesora de tangos con alienígenas. Al italiano de la tienda de bicis, ligeramente homófobo. A una limeña de ojos verdes que me contó una hisrtoria negra. Cocodrilos de los Everglades. Negros más grandes que Mike Tisson. Travestís que te pueden partir en dos de un golpe de karate. Latinas todo curvas y labios. Algún que otro rastafari que no se lava en meses. Tres policías corpulentos del barrio cubano. El tipo que está en la calle fumando habano tras habano. Las mansiones vacías con sus embarcaderos. Los locales de ocio de Ocean Drive con chicas que bailan. Tony Montana. Pero no tengo tiempo por esa maldita presentación y ese libro que tiene que salir. Pero ahí quedan, en mi cerebro, para una próxima historia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-2178238409422197263?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/2178238409422197263/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=2178238409422197263&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2178238409422197263'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/2178238409422197263'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/11/diario-de-un-escritor_19.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-1z_hKTkvH8Y/TsfDtNNsl7I/AAAAAAAAPLA/suPtX7AL8RY/s72-c/DSC_0008.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-3219214893157853136</id><published>2011-11-18T07:40:00.001-08:00</published><updated>2011-11-18T07:50:04.808-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;Miami, 18 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 488px; DISPLAY: block; HEIGHT: 340px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5676361578331695410" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-sJy3DZjbN_A/TsZ8x-Ui6TI/AAAAAAAAPK0/bx942_WrBI0/s400/DSC_0120.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Sin bicicleta china me encuentro raro, como si ya no pudiera caminar. La dejo a las diez de la mañana en la tienda. El encargado no está pero hay un italiano que, para abreviar mi espera, charla conmigo. Lleva quince años viviendo en la ciudad. Le gusta. Conoce España. &lt;em&gt;Estuve en una ciudad muy bonita, cerca de Barcelona, en donde todos eran maricones, un peligro, oiga&lt;/em&gt;. Se refiere a Sitges con su comentario políticamente incorrecto. Le pregunto de dónde sale tanto dinero en Miami, que se palpa en las calles, en los coches, en los yates, en las mansiones, que no casas. &lt;em&gt;Sí, mucho dinero, mucha droga. El otro día vino un chico de veintipocos años con un ferrari Testa Rosa. ¿De dónde lo sacó?&lt;/em&gt; Miami Vice, claro. Tony Montana hundiendo la nariz en una montaña de coca.&lt;br /&gt;No llega el encargado del otro día sino un chico joven en su lugar. Hablamos mientras le hago entrega de la bici china. Me pregunta de dónde soy. Barcelona, aunque podría decir Salamanca, Valle de Arán. ¿De dónde demonios soy? Ahora de aquí, de Miami, hasta el domingo. ¿Y tú? De Granada. Feliz coincidencia que me lleva a mi séptima y brevísima vida, tan breve como intensa. Hablamos de Granada, de su madre que quizá venga a la presentación de mi libro, de la calle Gracia en donde estuve viviendo esos tres años y medio que ya no sé si forman parte de mi experiencia o fueron un sueño.&lt;br /&gt;Augusta Cornejo, la amiga peruana, ya está en el hotel, esperándome para llevarme a los pantanos de Florida. Se ofreció amablemente a ello y yo acepté. Es una chica hermosa, simpática y radiante, de ojos verdes, muy animosa, y facciones ligeramente incas. Nos damos dos besos en el lobby y excuso mi retraso. Montamos en su auto y tomamos la 8 Street, calle que se convierte en carretera que no se acaba nunca. Por el camino, pasando por esa inmensa llanura de los pantanos cubiertos de engañosa vegetación, hablamos de literatura, política, amores, países, cocinas, de todo. Me explica las razones por las que abandonó Perú hace quince años la chica limeña. Tomo nota de su aventura para un relato o novela negra. Siempre ando trabajando y robando anécdotas a mi alrededor.&lt;br /&gt;Montamos, bajo un sol espantoso y húmedo, a 40 grados, en una de esas embarcaciones que planean por encima de los pantanos a una velocidad de vértigo. La sensación de ir volando por encima de la hierba y el agua es curiosa. De cuando en cuando se detiene para mostrarnos los cocodrilos el conductor. Se los conoce a casi todos, los llama por su nombre cuando los saurios, con sus ojos saltones y la risa impostada de sus mandíbulas, se acercan a saludarnos. Son hembras y cuidan de sus huevos, nos dice el guía, un tipo enorme que podría alimentar a todo ese zoológico acuático. La vegetación es espesa, los arbustos hunden sus raíces en el agua que los refleja a la perfección y duplica. No puedo evitar imaginar a Alvar Núñez Cabeza de Vaca atravesando esos pantanos y sobreviviendo. Si me reencarno de nuevo en escritor escribiré su historia. Le comento a Augusta, por encima del ruido endemoniado de los motores exteriores de la planeadora, la determinación de vivir de alguna gente, de aquellos conquistadores enloquecidos llegados de Marte. Yo creo que me dejaría morir por comodidad. Cabeza de Vaca cruzó el país de extremo a extremo, andando, luchando contra indios hostiles y apareció en California. Una epopeya humana. Yo me derrito sentado en la planeadora.&lt;br /&gt;De regreso comento que probé ceviche en un restaurante dominicano de Cabo Florida y me gustó, y la limeña lo coge al vuelo y me lleva a un restaurante de su país, en el Downtown. La comida es exquisita, le digo, mientras saboreo el ceviche de corvina, muy picante, regado con abundante lima, y picoteo de un inmenso plato de carne guisada, calabaza y un arroz verde. Hablamos, mientras comemos, del proceso literario, porque estamos trabajando ambos, aunque no lo parezca, ella anotando en su cabeza computadora lo que le digo para publicarlo en su revista, y yo tratando de ser lo más brillante posible, y no sé si lo consigo porque estoy muy relajado con la compañía.&lt;br /&gt;Me deja en el hotel, a la hora de la siesta. Y prometemos reencontrarnos el sábado a las 12, cuando presente &lt;em&gt;Llueve sobre La Habana&lt;/em&gt;. Sesteo una horita y luego me voy a dar un paseo por la playa hasta los bares de copas animados de Ocean Drive, pero me siento muy extraño sin mi bici china, raro, y me cansa andar. No llego hasta donde quería, hasta el paseo paralelo al puerto, sino que me doy media vuelta, tras hacer unas cuantas fotos hermosas, y regreso a mi hotel a dar cuenta del resto de la bolsa de patatas fritas y dos Fantas de naranja, mi dieta nocturna. Escribo un par de reseñas de cine, las envío y me meto en la cama que tiene manta. ¡Para qué carajo manta si estamos a 40 grados! Por el aire acondicionado, que mantiene la habitación a 15. Apago el aire, porque me molesta su zumbido, y me duermo sin taparme mientras pienso en lo que me pondré pasado mañana para ir a la cena que en honor de los escritores españoles presentes en la Miami Book Faire dará la cónsul embajadora de España en su residencia. ¿Bermudas, camiseta y sandalias de Coronel Tapioca? Porque no llevo más ropa. No sé si como artista me puedo tomar esa licencia. Bueno, sí, una corbata para liármela al cuello.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-3219214893157853136?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/3219214893157853136/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=3219214893157853136&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3219214893157853136'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3219214893157853136'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/11/diario-de-un-escritor_18.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-sJy3DZjbN_A/TsZ8x-Ui6TI/AAAAAAAAPK0/bx942_WrBI0/s72-c/DSC_0120.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-3725782700893075811</id><published>2011-11-17T13:49:00.000-08:00</published><updated>2011-11-17T14:03:27.858-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Miami, 17 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 479px; DISPLAY: block; HEIGHT: 333px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5676085885953972802" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-Z1pPBPMRohs/TsWCCkLlGkI/AAAAAAAAPKk/gnPzgWAUrKI/s400/DSC_0090.JPG" /&gt;Hoy es día libre. Jornada sin programar. Pero sigo con mi pesada bicicleta china que, a medida que pasan los días y las horas, chirría un poco más por falta de grasa (me la llevo yo toda en mis manos que parecen de mecánico cada vez que se sale la cadena) y se está empezando a descuajeringar, maravilloso palabro (la cesta baila y espero que no caiga al mar con su cargamento de dinero, cámara de fotos, novela de Carlos Pérez Merinero y tarjetas de crédito). Así es que, sin nada fijo que hacer, me voy a sudar un poco por la carretera marina que me lleva hasta el Downtown de la ciudad y luego veré que hago.&lt;br /&gt;Primero paso por el recinto de la Miami Book Faire. Están montando las carpas en las calles unos cuantos cientos de operarios, cambiando la fisonomía de un solar que está detrás de la torre de la Libertad, el único edificio de Miami que tiene más de veinticinco años. Y creo que localizo en una de las calles mi librería, la Universal, que pondrá a la venta los ejemplares de &lt;em&gt;Llueve sobre La Habana&lt;/em&gt; antes y en la presentación. Decido, sobre la marcha, acercarme a Little Habana y me guío por el puro instinto, sin mapas, y llego a la primera después de cruzar un puente y pasar por debajo de los raíles aéreos del suburbano.&lt;br /&gt;A medida que pedaleo por la calle central del barrio cubano voy recordando todo, tiendas y hasta caras. Sí, caras que vi hace tres años, o cuatro, perdí la cuenta, y vuelvo a ver ahora. Hay un vistoso tipo con sombrero que siempre está fumando un habano a la puerta de la tienda de cigarros demostrando que se puede vivir fumando, y mira que se debe de haber fumado miles de cigarros habanos el hombre. Aguanta con estoicismo, y sin mover un músculo de su cara, que me recuerda al de El Indio Fernández y es cinematográfica, que los turistas posen con él y se hagan fotos a la puerta de su tienda. Hay muchas tiendas de tabacos en Little Habana y los operarios lían los cigarros a la vista del público bajo las aspas de los ventiladores. Hay tiendas de frutas tropicales, y en la más vistosa de ellas, que exhibe gigantescos aguacates del tamaño de una pelota de rugby y plátanos multiuso, le pido a la viejita que regenta el negocio, tras aparcar mi pesado vehículo, un zumo de mango. Entiende mango, pero no zumo, y mira que se lo repito. Claro, para ellos es jugo y yo sin enterarme. El jugo está frío y sabroso. Lo trago dispuesto hoy a hacer una dieta muy sana a base de vitaminas. Pedaleo y paso por delante de un triste motel abandonado que se anunciaba con infinidad de corazones. Cerrado estaba hace tres o cuatro años y nadie se ha dignado abrirlo para dar refugio a corazones desbocados y clandestinos entre sus sábanas. La de historias que podrían contar sus camas. La de historias de amor e infidelidades que han cobijado sus puertas que cerraron y no parecen querer abrirse.&lt;br /&gt;El restaurante más chic del barrio, que no parece Miami sino un poblamiento de cualquier país de Latinoamérica, y es que la ciudad ostentosa de los rascacielos y de las casas con embarcadero privado quedó muy atrás, tanto que ya no lo veo (los rascacielos sí, por eso se llaman así, para que se vean desde la otra punta del planeta) es unp dominicano con decoración estilo castellano viejo en cuya entrada, además de un enorme y vistoso gallo de madera, que fotografío, hay un pistolero con cara de malas pulgas por si a un comensal le entra la tentación de irse sin pagar.&lt;br /&gt;Una tienda mexicana que ofrece productos de ese país (tacos, enchiladas, guacamole, Coronitas) tiene, además de la bandera de México lindo pintada en un pedrusco informe en su entrada, una virgen de Guadalupe kitsch entre rejas, por si a alguien se le ocurre robarla.&lt;br /&gt;El monumento a los caídos en Bahía Cochinos sigue en pie, con sus enormes balas de cañón cercándolo a modo de adorno y la llama perenne por los mártires que cayeron en esa encerrona. Y cerca, un centro social en donde viejitos enjaulados juegan a las cartas y fuman porque están al aire libre.&lt;br /&gt;No sé cuantos miles de números llevo recorridos en Little Habana, ni cuantas iglesias cristianas dejo atrás, cuando llego a la librería Universal, por fin, amarro la bici a una verja, me saco el casco y entro. Soy consciente de que mi aspecto con la camiseta cutrosa, mi barba salvaje, mi melena de añejo surfero y mis piernas al aire que asoman por mis bermudas no es muy tranquilizador, por lo que la señora de la tienda, la dueña, me pregunta qué quiero, mientras tantea debajo del mostrador su Smith and Wesson y comprueba que todas las balas estén en el tambor, pero suspira de alivio cuando le digo que soy escritor y presento novela, la que ellos deberán tener y no tienen porque todavía no se la he llevado, en la Miami Book Faire. La señora, muy amable, la misma de hace tres años aunque no muy buena fisonomista, porque no se acuerda de mí, me regala una revista de la feria en la que está la situación de su caseta y mi foto en alguna de sus páginas. Me doy cuenta luego, mientras, siguiendo la dieta sana del día, me tomo dos pasteles de coco en una dulcería en la que ya me detuve la primera vez que estuve en Little Habana (soy hombre de tradiciones, lo reconozco, y de pocas aventuras) regados con dos zumos de naranja natural y con las espaldas guardadas por tres forzudos policías de Miami que toman Coca Colas en una mesa vecina, que hay otros españoles presentes en el evento literario como Espido Freire, a la que conozco de ver en saraos y jurados, Vicente Molina Foix y Agustín Fernández Mallo.&lt;br /&gt;Regreso al Downtown con cuarenta grados a la sombra, deshidratándome, lo que no está mal para ser noviembre, y al ritmo de Celia Cruz que escapa de las casas de discos. Y sigo con esa imagen, que no se me borra, de la tristeza de esos cubanos del exilio, obligados a echar raíces en una tierra que no es la suya y soñando con regresar a la de la que fueron expulsados, y entiendo y respeto a esos cubanos del exterior, desarraigados y serios, que no cruzan palabra conmigo, como a los del interior, expansivos y amigables que te acompañan a todas partes en cuanto bajas del avión en La Habana.&lt;br /&gt;Hago la siesta en una pequeña islita, junto al puente de Brickell, el del arquero, arrullado por el murmullo del mar al que puedo caer si ruedo del banco al agua, y sigo camino hacia Miami Beach, pero no por el puente habitual, saturado de peligroso tráfico, sino por uno que pasa por la Venetia Island y me permite fotografiar la ostentación del Miami Beach feliz, esa apoteosis del dinero a la vista, ese club selecto del que forman parte Julio Iglesias, Shakira, Gloria Stefan y capos de la droga, que seguro que haylos entre tanta mansión de lujo y yates de enorme cilindrada. Me vienen a la memoria el Tony Montana, Al Pacino, de &lt;em&gt;El poder del dinero&lt;/em&gt; de Brian de Palma y &lt;em&gt;Corrupción en Miami&lt;/em&gt; de Michael Mann, que no estaba nada mal para estar basada en la popular serie de televisión.&lt;br /&gt;Miami debe de ser una ciudad tranquila. No he visto apenas policías salvo aquellos tres que estaban en la dulcería de Little Habana y otro más que pasó a lomos de un caballo pura sangre por la acera. Tampoco he visto altercados, ni gritos, ni bocinazos por asuntos de tráfico. Claro que no me he perdido por el barrio heavy, Haití, que dejo para otra ocasión, cuando ya no tenga apego a la vida.&lt;br /&gt;En uno de los puentes de Venetian Island, que se abren para dejar paso a un velero (en Miami, en los cruces, las embarcaciones tienen preferencia sobre coches, ciclistas y peatones) descubro las dos caras de la ciudad separados por un par de metros: el de una negra joven y muy linda, bien vestida, y de un &lt;em&gt;homeless&lt;/em&gt; hermano con greñas rastas y aspecto de no haberse dado un baño en meses.&lt;br /&gt;Cuando se alza el puente y paso, entro en Miami Beach por una zona nueva que descubro, yo que creía tenerla controlada toda, por el barrio judío presidido por esa gran mano abierta junto a un estanque del monumento al Holocausto que se completa con un corredor circular en el que están gravados en bajorrelieve los nombres de algunos de los judíos que perecieron en esa abominable carnicería más algunas fotos de esa masacre vergonzosa. Y llego a casa, a mi hotel justo para darme una ducha, echar una siesta de una hora y salir de nuevo a la calle a retratar el atardecer que, como siempre, es espectacular frente a ese paseo que corre paralelo al muelle de Miami y enlaza con su puerto deportivo.&lt;br /&gt;¿Mi cena? Tres Fantas de naranja, a las que soy adicto desde que mi mamá me las daba como premio cuando me portaba bien, nunca, y una bolsa de patatas que compré en una Pharmacy, que no es una farmacia, como su nombre indica, sino un drugstore que nunca cierra. ¡Vaya dieta la de hoy! &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-3725782700893075811?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/3725782700893075811/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=3725782700893075811&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3725782700893075811'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3725782700893075811'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/11/diario-de-un-escritor_17.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-Z1pPBPMRohs/TsWCCkLlGkI/AAAAAAAAPKk/gnPzgWAUrKI/s72-c/DSC_0090.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-6247988635438494173</id><published>2011-11-13T21:54:00.000-08:00</published><updated>2011-11-17T06:00:26.843-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Miami, 16 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 500px; DISPLAY: block; HEIGHT: 363px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5675964166519871074" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-s1uliMNtNkw/TsUTVj9DVmI/AAAAAAAAPKY/TlhzwhdSzds/s400/DSC_0022.JPG" /&gt;Hoy el desayuno no me parece tan malo. El zumo de naranja es más que aceptable. Caen tres vasos. A los huevos revueltos sin sal me acostumbro. Algo que parecen magdalenas son letales: me las dejo tras mordisquearlas. Pegajosas y húmedas y con sabor a cilantro. Creo que si un panadero de España se instalara en este país (o de Francia) su éxito sería completo. ¿Puede un país no tener pan? Eh aquí uno. El café no me molesto en probarlo, lo cambio por un vaso de leche, que está bien.&lt;br /&gt;Sigo el programa previsto. La bici me la encuentro en donde la dejé. Nadie se la llevó. No podría con semejante armatoste que debe de pesar una tonelada. Así es que me pongo a pedalear con mis bermudas, mi camiseta cutrosa y llena de agujeros, las sandalias de Coronel Tapioca, las gafas de sol y el casco amarillo hacia Ocean Drive, sin perder un solo instante la referencia del mar que queda a mi derecha y hoy está revuelto, con bandera roja en los puestos de salvavidas que fotografío uno tras otro porque me parecen bellas y entrañables esas casetas de madera primorosamente pintadas con colores pastel.&lt;br /&gt;El camino tiene pocas pendientes, transcurre por aceras amplias y desiertas (poca es la gente que pasea y prefiera la locomoción natural al del vehículo) que de cuando en cuando abandono para mirar la playa. Hay tramos en que la pista para ciclistas va paralela al mar y es una gozada. Hace calor, pero se soporta por la brisa marina, que sopla con fuerza, y por las nubes, que siguen dándome un respiro. Además, cada dos kilómetros hay duchas para refrescarse el cuerpo.&lt;br /&gt;Ocean Drive es una calle que no tiene fin. Miles de números. La carretera va siguiendo esa delgada lengua de arena en la que está Miami Beach y salta, de vez en cuando, alguno de sus numerosos canales por puentes. En un malecón batido con furia por el mar alborotado encuentro a un grupo de pescadores dominicanos, los mismos que encontré hace cuatro años. O me lo parecen. No cambian las costumbres. Bajo el puente descansan los pelícanos, los descendientes de los que vi tres años atrás. Y por el paseo llama la atención ver octogenarios haciendo footing o a lomos de bicicletas más ligeras que la mía.&lt;br /&gt;Sorprende de este país el civismo de los automovilistas. Te dejan pasar siempre, incluso dan marcha atrás si consideran que te están barrando el camino. La gente es amable, salvo excepciones, aunque no muy comunicativa. Y nadie se mete con uno, lo que está bien. Y cada uno va vestido cómo le da la gana, lo que es una gozada. Para viajar a Miami la prenda imprescindible son los bermudas.&lt;br /&gt;Después de 35 kms tengo sed, y hambre. Pero mi restaurante preferido, uno que está en un palafito sobre el mar, ha cerrado por traspaso de negocio contradiciendo mi idea de que todo sigue igual tres años más tarde. Me quedo bastante frustrado porque ése, además de ser un restaurante aceptable, gozaba de unas inmejorables vistas marinas.&lt;br /&gt;Voy a otro, que he visto al pasar con la bici. Está al borde de un canal marino. Algunas de sus mesas, al borde mismo del agua. Cojo una un poco más adentro, por prudencia. Estoy mareado de hambre y sed y sólo falta que me caiga a ese canal abundante en cocodrilos. Me entiendo con el camarero con mi inglés elemental de supervivencia, el que te permite comer y coger los aviones sin perderte. Me traen un plato enorme con media tonelada de ensalada sin sal ni aceite, unos cuantos trozos de pollo, encima de ella, picatostes y salsa de queso. Todo revuelto. Echo en falta una bolita de helado para completar el conjunto. Y que lo rieguen con café. Total, todo se mezcla, deben pensar, por lo tanto lo mezclamos de entrada y así vamos más rápidos. Como hay hambre doy cuenta de casi todo el plato, salvo la aburrida ensalada, que la dejo. Caen, por el camino, tres cervezas Coronas con lima, heladas, lo mejor de la comida. Y observo a los otros comensales, gente feliz, me doy cuenta de ello, gente muy risueña, tanto como la dueña del restaurante, una mujer con gafas de sol que atiende la barra del bar y da un campanillazo cada vez que un barco pasa por delante del local y espera que el cercano puente levadizo se alce para poder pasar. Me quedaría a dormitar un buen rato. Pero decido seguir leyendo la novela de Carlos Pérez Merinero. Y luego, tras pagar y dejar ese dichoso diez por ciento de propina, vuelvo a montar en mi bólido chino y emprendo, lentamente, el camino del hotel, esos otros 35 kilómetros que hago sin detenerme casi, sólo una vez cuando, ¡horror!, se volvió a salir la cadena y yo, solito, sin mancharme en exceso los dedos de grasa, fui capaz de arreglarla, y con mucho sueño, tanto que una vez que entro en mi habitación no me resisto a hacer una pequeña siesta de...nueve horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;Miami, 15 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 503px; DISPLAY: block; HEIGHT: 349px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5675208059241317394" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-mVJNDxzJAQc/TsJjqU2DRBI/AAAAAAAAPKI/vj_fQcWPJrU/s400/DSC_0109.JPG" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Cuando me levanto no sé que voy a tener un mal día. Una mala mañana, no exageremos. Pero ya me levanto con el pie izquierdo. Y torcido. ¿Jet lag? ¿Hambre canina? Tomarme el mojito de agua no fue buena idea ayer. Debí comerme una pizza. O unos espaguetis. Bajo a desayunar, muerto de hambre, y el tipo de los desayunos, un gigante negro, creo que me dice que me hacen falta vales. ¡Qué vales! Bueno, voy a recepción y suspiro de alivio: la chica es hispana; eso lo atestigua su cara y el letrerito con su nombre: Lorena. Pero, por si acaso, en mi pésimo inglés de haberlo estudiado veinte años en la Berlitz, el Instituto Británico y el Americano, que pasé por todos y no me sirvió de nada, le pregunto si habla español. No dice sí, sino que gruñe. Mal asunto. Me fijo entonces en su cara: una gordita antipática con acné y gafas. Podría ser una gordita simpática con acné y gafas. Pero no. Hoy no tengo mi día. Le explico que su colega del restaurante me pide vales para el desayuno. Sin decir nada consulta mi reserva y tarda un montón en encontrarla. Mientras, atiende a dos llamadas y cobra a dos clientes que se van. Crece mi hambre, y mi mala leche. &lt;em&gt;No está el desayuno en su reserva&lt;/em&gt;, me dice. &lt;em&gt;Sí está el desayuno en mi reserva&lt;/em&gt;, le digo. &lt;em&gt;Es muy extraño&lt;/em&gt;, me dice, &lt;em&gt;en todos los años que llevo aquí nunca la reserva se hace con desayuno&lt;/em&gt;. &lt;em&gt;Pues yo lo hice&lt;/em&gt;. Descuelga el teléfono. Habla con alguien. &lt;em&gt;Lo están mirando&lt;/em&gt;, me dice, colgando. Y añade, para provocarme: &lt;em&gt;Quince minutos&lt;/em&gt;. Podría ser peor: un par de horas. Voy a la habitación, muerto de hambre, y eso que los desayunos norteamericanos no suelen ser muy buenos a no ser que pagues un pastón por ellos. Las tarjetas se han desmagnetizado, las dos: no abren. Vuelvo a bajar y le pido a la chica simpática nuevas tarjetas. Me las hace, sin protestar. En dos minutos estoy de nuevo abajo con mi impreso de reserva con los malditos desayunos incluidos. Se lo muestro, irritado. Por hambre uno puede matar, me doy cuenta. Le digo, muy secamente, que no me haga perder más tiempo. Me lo hace perder. Rellena con parsimonia y a mano cinco vales, cinco papeluchos, y luego desaparece cinco minutos en su despacho, uno por vale. Me estoy mareando, y el hambre, unida al cabreo, es mala combinación. Finalmente aparece y me entrega los papeles. &lt;em&gt;Aquí los tiene.&lt;/em&gt; Y me dice &lt;em&gt;De nada&lt;/em&gt;, cuando se los arranco de las manos.&lt;br /&gt;Bueno, el desayuno no es gran cosa. No hay sal en los huevos revueltos. Pero el zumo de naranja es aceptable. Y los yogures. Y además, tengo hambre y poco me importa la calidad de los productos, lo que mi estómago precisa es llenarse, y se llena de queso, jamón de york, huevos revueltos, zumo de naranja y ese café aguado que hacen los norteamericanos y se lo toman por litros.&lt;br /&gt;Con bermudas, camiseta cutre y las sandalias del Coronel Tapioca me voy a alquilar la bici. El trasto es chino. Es enorme y pesado. Eso sí, tiene un sillín que parece un sofá por sus dimensiones y en el que te puedes dormir pedaleando. Por suerte Miami tiene pocas pendientes y no son muy largas: los puentes. Para ir de Miami Beach a Miami Dowton tengo que coger una carretera de tráfico congestionado que va saltando de isla en isla. Por suerte tiene un marcado carril bici que respetan los coches. El día está soleado, hace calor, sudo, pero de cuando en cuando una nube me da un respiro. Invierto tres cuartos de hora en llegar al Dowton y pierdo cinco minutos ante uno de los puentes levadizos que se alzan para dejar pasar a un velero. Sigo camino cuando el puente recupera la normalidad y en Briskay Avenue la cadena de la bici se suelta. Maldigo mi suerte porque no hay manera de volverla a su lugar y lo único que consigo es ponerme las manos perdidas de grasa y hacerme un rasguño en un dedo con los dientes aserrados metálicos del circuito. Perfecto: a ver si se me infecta y me cortan el dedo. Llamo por teléfono a la casa de las bicis y les explico el percance. &lt;em&gt;En veinte minutos tiene un chico allá&lt;/em&gt;, me dicen tras describirles, más o menos, en donde estoy. Los veinte minutos son tres cuartos de hora al sol. Bebo agua. Pero no puedo leer: con esas manos no puedo hacer nada. Podría dar, en ese momento, la mañana por perdida y cancelada, pero últimamente he aprendido a calmar mis estallidos de rabia gracias a las enseñanzas recibidas por una guru de mi séptima vida:&lt;em&gt; Por mucho que te cabrees, no cambias las cosas&lt;/em&gt;. Cierto. Así es que no me cabreo en esos cuarenta y cinco minutos al sol bebiendo agua. Al final viene un tipo latino y cuadrado (aquí hay mucho tipo cuadrado, blancos y negros) y me arregla la cadena en un momento, ante lo que pongo cara de imbécil. No sé lo que hace, la verdad. Y me lleva a una estación de servicio a lavarme las manos.&lt;br /&gt;Miami sigue igual a cómo la dejé hace tres años. Hasta están los mismos manifestantes que vi entonces protestando por un parque público prometido y que el ayuntamiento no llevó a cabo. Parece que no les han hecho caso y siguen protestando con sus carteles dando vueltas a la acera una y otra vez. Tres años. Y el resultado ha sido gastarse las suelas de los zapatos y quedarse afónicos. &lt;em&gt;Aquí todo el mundo protesta&lt;/em&gt;, me dice el latino, como si lo censurara.&lt;br /&gt;Con mi bici arreglada, y sin detenerme, voy a Key Biskaine. Tres cayos, tres puentes, uno con bastante pendiente, y un buen montón de kilómetros por el Key Biskaine hasta llegar al Cabo Florida en donde está mi restaurante dominicano al que siempre acabo yendo. Antes de subir, inspecciono la laguna marina, buscando al manatí: no está. Si dos enormes iguanas verdes que no se dejan fotografiar. Y subo por las escaleras de madera, tras encadenar la bici, al restaurante que está lleno de ruidosas y alegres familias dominicanas. Al servicial camarero, el mismo de la otra vez que no se acuerda de mí, normal, le pido una cerveza Presidente, helada. Y me la trae helada; esa cerveza dominicana es extraordinariamente buena, más si uno llega a ella acalorado y ligeramente deshidratado por una marcha sin pausas hasta allí. Así es que pido otra. Y otra más, está ya por vicio. Y entre cerveza y cerveza, que parece que he ido al restaurante para beber, un plato de ceviche, que es la primera vez que lo como y me gusta, y una paella que, para ser dominicanos, la hacen bien. Más plátano frito. Y delicioso café cubano, un pocillo dulce y agradable. 40 USD. No es barato, pero el lugar es agradable.&lt;br /&gt;Pedaleo hasta el faro. Lo fotografío un montón de veces. Me tumbo en un delgado malecón, casi al nivel del mar calmo, a hacer una pequeña siesta, Y sigo luego hasta una playa en la que soy testigo de las argucias de un tejón por hacerse con una bolsa de desperdicios de un cubo de la basura. La consigue, al final, y los testigos de su hazaña estamos por aplaudirle.&lt;br /&gt;Es difícil resistirse a tomar un baño. Así es que me meto en el agua, que está ligeramente fresca, y nado sin meterme mar adentro, contra mi inveterada costumbre de hacerlo: los bañistas forman parte de la dieta de los tiburones de Miami.&lt;br /&gt;De regreso, el aire me seca. A las seis atardece. Aún puedo tomar unas cuantas instantáneas de los rascacielos del Dowton y de las iluminaciones del centro, de esa torre del ayuntamiento que las luces pintan de rojo y de los edificios Art Decó azules y rosas. La carretera que me lleva a Miami Beach la hago completamente a oscuras. Suerte de los coches que, con sus faros, me trazan el camino.&lt;br /&gt;En un drugstore, que no cierra, compro, antes de llegar al hotel, un botellín de Orange Crush y chips de plátano. Y en el ascensor coincido con una negra espectacular, un compendio de curvas tan infinitas como irreales. Y sospechosas: es un hombre. Wesley Snippes con peluca, pechos y nalgas postizas. Me sonríe cuando se baja en su piso moviendo su increíble culo respingón sobre el que se puede poner una botella de whisky y un par de vasos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;Miami, 13 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 496px; DISPLAY: block; HEIGHT: 351px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5674726991366741682" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-utbdUqqHjgI/TsCuIfW8XrI/AAAAAAAAPJ8/sHSvvJs4WFg/s400/DSC_0058.JPG" /&gt;Volar sigue siendo un incordio. No sé qué tal se irá en barco, la verdad. Porque hay que estar cuatro horas en el aeropuerto para pasar todos los controles habidos por haber, dejarte manosear por un tipo que te pide permiso porque algo pitó en el arco (quizá los chicles del bolsillo) y luego darse unas caminatas interminables por esa mastodóntica T4 y coger el trenecito sin conductor que te lleva a la T4S, un satélite que está mucho más lejos, donde acaba la galaxia. En fin, llego desarbolado, a eso de las 11 y media, a las proximidades de mi meta, después de haber salido del hotel a las 9 y media: el viaje, sin empezar, ya dura dos horas. Desayuno. O no desayuno, porque tomarse a esas horas una cerveza y una chapata de ibérico decente y una ensaladilla rusa no creo que sea el desayuno, ni por la hora ni por los elementos. Y paso con El País y el ordenador a la puerta 683. la de mi embarque, según consta en el panel. En un momento que aparto la vista de mi ordenador veo a un amigo y colega: José Carlos Somoza. Le llamo. Nos fundimos en un abrazo. Hace siete meses que no lo veía, desde la presentación en el Hotel Kafka. El se va al Cervantes de Nueva York, a dar unas lecturas y unas charlas, y luego hace un periplo por Francia para promocionar su novela El Cebo que ha publicado en Actes Sud, mi editorial francesa. Hablamos de literatura, de crisis editorial, de Cuba (nació en La Habana, pero no ha vuelto), de sus dotes actorales, hasta que le llaman para embarcar. Le invito a pasar unos días en mi casa de la montaña. Me lo agradece y me ofrece su casa de Madrid. Pero está Hamlet. Eso lo pienso, pero no se lo digo, mientras le veo arrastrar su troley hasta su puerta de embarque. Hamlet, un enorme gran danés que inspira pavor hasta a sus amos, una bestia que te puede devorar en cuanto te huele y la tienen encerrada en una jaula, como una fiera del zoo.&lt;br /&gt;Embarcamos media hora más tarde. No va lleno el avión y yo tengo la suerte de que nadie se sienta a mi lado. Tomo posesión de la ventanilla. Sigo leyendo &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La niña que hacía llorar a la gente&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. Nos retrasamos en el despegue. Hay overboking de vuelos en la T4 y tardan media hora más en darnos salida. Sigo en tierra y ya llevo cuatro horas de ese viaje que no ha empezado. Finalmente despegamos. Leo, duermo y escribo. Duermo cuando cierran las ventanillas y me privan de las vistas para proyectar &lt;em&gt;El regreso al planeta de los simios&lt;/em&gt; que ya vi. Echo un sueño. Luego pasan la comida. Infame. Prefiero el bocadillo de la merienda. He desarrollado alguna facultad oculta y ya no me tiro la crema de leche en el pantalón cuando abro el potecito en la que la sirven con el café: suele salir a presión, disparada, y caer donde más daño hace. Pero esta vez lo abro muy suavemente y no se vierte ni sale disparada. Bien. Pero me mancho con el yogur de fresa que, ése sí, sale disparado y aterriza en el pantalón en cuanto abro el envase, en una zona, además, sensible, en la entrepierna, y yo lo empeoro más lavándola con el cubito de hielo de la Coca Cola. No me levanto del asiento hasta que se seca.&lt;br /&gt;Escribo. Las dos horas de autonomía que tiene la batería del ordenador. Un relato que se llama &lt;em&gt;Breve encuentro&lt;/em&gt; y nada tiene que ver con la película de David Lean. Es un relato largo, 16 páginas, que salen de golpe y quizá se conviertan en novela. No lo sé. No está cerrado. Puedo incorporar materiales diversos. Intuyo que se alargará. Lo iré trabajando por las noches, en el hotel de Miami.&lt;br /&gt;Cuando anochece disparo un buen montón de fotos por la ventanilla del avión. Me encantan las nubes grises que se convierten en rosa según cae el día. Las fotografío con o sin el ala del avión. Y luego la inmensa ciudad de Miami que aparece cuando las nubes se abren, con su festival de luces.&lt;br /&gt;Cuando el avión aterriza llevo trece horas de viaje, aunque efectivas han sido nueve. Pero me quedan tres más. Me explico. Primero el avión no tiene parking, perfecto, y tiene que esperar que uno emprenda viaje para hacerse con ese finger solitario. Y pasar el control de pasaportes para entrar en USA es un tormento chino. Hago cola bufando y maldiciendo por dentro y por fuera. Las colas son interminables. Calculo una demora de hora y media. Más. Los agentes de aduanas siguen tomando las huellas de todos los dedos de las dos manos más el iris, además de analizar el pasaporte y consultar por el ordenador que no seas comunista. Yo les aconsejaría, como medida para disuadir futuras entradas de visitantes, que les hagan un examen de inglés, un exploración rectal, al viejo estilo, con introducción de dedo, y una extracción de sangre, no sea que les lleves alguna enfermedad. De momento su obsesión son las plantas. Si te pescan con una zanahoria en el bolsillo estás apañado.&lt;br /&gt;Cuando, después de hora y media, llego ante el seco funcionario latino, sonrío no sea que me ponga pegas. Pero no, las habituales: me fichan.&lt;br /&gt;Encuentro de milagro la maleta con los treinta libros de &lt;em&gt;Llueve sobre La Habana,&lt;/em&gt; que no me han decomisado (no las tenía todas conmigo, la verdad) y salgo a la búsqueda de un taxi.&lt;br /&gt;El jamaicano que me conduce a Miami Beach en un &lt;em&gt;yelow cab&lt;/em&gt; no pone el taxímetro, a pesar de que se lo pido. &lt;em&gt;Fixe Prize&lt;/em&gt;, me dice. &lt;em&gt;How much? 33USD&lt;/em&gt;. No discuto: los pagaré.&lt;br /&gt;El Seagull Hotel es un establecimiento tan tronado como las casas de La Habana que se caen a trozos no muy lejos de la capital cubana. Pero la habitación es gigantesca y la cama XXXL, para hacer un trío, o más, si se diera el caso, que no se dará, ni dúo. El aire acondicionado a toda marcha mantiene la habitación en un clima polar. La apago, porque además hace un ruido de mil demonios. Y me pongo cómodo: los bermudas, una camiseta y las sandalias de Coronel Tapioca, y me voy a dar un paseo hasta la animadísima Ocean Drive.&lt;br /&gt;Miami es la ciudad del neón nocturno. Los hay de todos los colores, pero abundan los rosáceos que iluminan edificios Art Decó. Paso de largo por todos los restaurantes, por una sala latina en la que tres chicas se contonean sobre un escenario y atraen a toda clase de curiosos, y acabo sentándome a una mesa de una terraza y cumpliendo con el ritual del mojito. Aguado. Y caro.&lt;br /&gt;Miami es puro Caribe. Se nota en las mujeres, exuberantes, marcando cadera y nalga con vestido ajustados y cortos, melenas negras al viento, andares de bailarinas, prestas a menearse en medio de la acera cada vez que les llega un ritmo latino de los números locales. Hay una buena proporción de negras, algunas hermosísimas y otras elefantiásicas. Hay pandas de latinos con su indumentaria ancha y gorras de visera al revés, cargados de cadenas y con piernas y brazos tatuados. Y algunas rubias espectaculares, anglosajonas puras. Apuro el mojito, desencantado al darme cuenta que soy el más mayor del lugar, y de toda la calle, y regreso a mi hotel, acariciado por la brisa, dando ligeros tumbos por la acera, mucho más suaves que los de una chica que me precede y a la que su pareja ha de sujetar para que no se caiga al suelo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-6247988635438494173?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/6247988635438494173/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=6247988635438494173&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/6247988635438494173'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/6247988635438494173'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/11/diario-de-un-escritor.html' title='DIARIO DE UN ESCRITOR'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-s1uliMNtNkw/TsUTVj9DVmI/AAAAAAAAPKY/TlhzwhdSzds/s72-c/DSC_0022.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-6473513944457135265</id><published>2011-10-18T05:21:00.001-07:00</published><updated>2011-10-18T05:35:26.970-07:00</updated><title type='text'>MIS LIBROS</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;TU CORAZÓN, IDOIA&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;José Luis Muñoz&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Corona Borealis, 2011&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 415px; DISPLAY: block; HEIGHT: 545px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5664807113099209938" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-vltvY9qRxmY/Tp1wDlFibNI/AAAAAAAAPEg/ajt-6bxZUJM/s400/TU%2BCORAZ%25C3%2593N%252C%2BIDOIA.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;Argumento&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;José Luis Muñoz&lt;/strong&gt; sitúa la acción de esta historia opresiva y conmovedora en la Barcelona de mediados de los 90. El Comando Barcelona de ETA prepara un brutal atentado en el corazón de la ciudad. Aitor, El Tiburón, no ve con buenos una acción indiscriminada que sembrará el caos y la muerte entre inocentes. Sin embargo, Idoia, tremendo personaje, la cabecilla del comando tiene una visión completamente opuesta acerca el atentado, y en general acerca la lucha armada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre los dos protagonistas de la novela se establece una insana relación de amor, odio, y deseo reprimido que envenena la convivencia del comando mientras las fuerzas de seguridad estrechan el cerco alrededor de los terroristas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Opinión personal&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al contrario de lo que sucede en otros países, como por ejemplo en el Reino Unido con el IRA, en España la literatura y el cine ha esquivado casi obsesivamente a ETA y su entorno, a la verdadera esencia del terrorismo, y sobre todo, de las personas que hay detrás de las capuchas negras y las bombas. &lt;strong&gt;&lt;em&gt;"Días contados"&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; de &lt;strong&gt;Juan Madrid&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;&lt;em&gt;"Y Dios en la última playa"&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; de &lt;strong&gt;Cristóbal Zaragoza&lt;/strong&gt;, son algunas de las honrosas excepciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;José Luis Muñoz&lt;/strong&gt; ha tenido la valentía de abordar en la problemática vital de los terroristas como seres humanos contradictorios que sufren, aman, y que en el caso de Aitor, El Tiburón, se cuestionan el propio sentido de la lucha armada y lo ha hecho gracias a una narrativa poderosa y al buen tino de alejarse de tópicos y moralinas para mostrarnos la desnudez psíquica de los etarras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;"Tu corazón, Idoia"&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; es mucho más que una historia sobre terroristas, y también mucho más que una novela negra escrita con el ritmo preciso y el fraseo oportuno. &lt;strong&gt;José Luis Muñoz&lt;/strong&gt; borda el retrato psicológico de Aitor e Idoia y nos adentra en la vertiente emocional de los personajes, consiguiendo una atmosfera intima, claustrofóbica y sensual que camina irreversiblemente hacia un final fatal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;En conclusión una novela valiente y emocionante que confirma la desbordante versatilidad de &lt;strong&gt;José Luis Muñoz&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;SUSANA HERNÁNDEZ&lt;/strong&gt; &lt;span style="color:#333333;"&gt;es autora de la novela negra &lt;em&gt;&lt;strong&gt;Curvas peligrosas&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; (La Odisea, 2011) que acaba de ser publicada en edición de bolsillo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-6473513944457135265?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/6473513944457135265/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=6473513944457135265&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/6473513944457135265'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/6473513944457135265'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/10/mis-libros.html' title='MIS LIBROS'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-vltvY9qRxmY/Tp1wDlFibNI/AAAAAAAAPEg/ajt-6bxZUJM/s72-c/TU%2BCORAZ%25C3%2593N%252C%2BIDOIA.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-3880963222186521517</id><published>2011-10-17T16:00:00.000-07:00</published><updated>2011-10-17T16:11:49.625-07:00</updated><title type='text'>LITERATURA</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;PAISAJES LITERARIOS&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;José Luis Muñoz &lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 450px; DISPLAY: block; HEIGHT: 338px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5664601625375378194" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-pchl3mKvcxY/Tpy1KnqZixI/AAAAAAAAPEU/Rmg-6esREFE/s400/MuerteenVenecia.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Todo autor tiene sus propios paisajes literarios y algunos de ellos, además, lo son sentimentales, porque forman parte ineludible de su vida. No me suelen gustar, salvo excepciones, las novelas que se ambientan en ciudades imaginarias que no existen sino en las cabezas de sus autores. Me gusta la Barcelona que describe &lt;strong&gt;Vila-Matas&lt;/strong&gt;, sobre todo en algunos de sus relatos, porque siento que es la mía y he recorrido las calles de las que habla el escritor barcelonés dando casi los mismo pasos y experimentando idénticas sensaciones; el Dublín de &lt;strong&gt;Joyce&lt;/strong&gt;, el París de &lt;strong&gt;Víctor Hugo&lt;/strong&gt;, el Madrid de &lt;strong&gt;Galdós&lt;/strong&gt;, la Praga de &lt;strong&gt;Kafka&lt;/strong&gt;. Me identifico plenamente con el Nueva York de &lt;strong&gt;Paul Auster&lt;/strong&gt; o la Venecia de &lt;strong&gt;Thomas Mann&lt;/strong&gt; en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Muerte en Venecia&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;El escenario por el que deambulan nuestros personajes, los que tenemos ese vicio obsesivo de la escritura, es algo que resulta fundamental para la credibilidad de la historia que queremos contar, porque el paisanaje es fruto del paisaje, urbano o rural. No podemos poner detrás de ellos el telón en blanco de una obra de teatro minimalista. Quizá &lt;strong&gt;Becket&lt;/strong&gt; lo haga, y lo consiga, o &lt;strong&gt;Jelinek&lt;/strong&gt;, o &lt;strong&gt;Thomas Bernard&lt;/strong&gt;, autores que enfrentan a sus personajes con espacios vacíos&lt;br /&gt;Casi todas las ciudades que visito suelen inspirarme desde el punto de vista literario. Aterricé hace cinco años en Caracas y supe, desde el instante que pisé la convulsa capital venezolana, que escribiría una novela sobre ella. Pasear por las calles de La Habana, en la que en cada esquina surgía una historia, me ha dado para un par de novelas, o quizá más, porque la capital de Cuba es mágica y sentimentalmente está muy próxima a los españoles que la sentimos carne de nuestra carne. ¿Cómo sustraerse a escribir un montón de historias policiales en Estados Unidos cuando se viaja de costa a costa? En cada motel destartalado y tétrico de carreteras perdidas, que muchas veces no van a ninguna parte, en cada esquina del Bronx, en las tortuosas calles de Chinatown sembradas de sospechosos restaurantes, en los casinos de Las Vegas, en la peligrosa frontera que separa esos dos mundos antagónicos que son México y Estados Unidos o en las cuestas de San Francisco brotaban historias de perdedores que visualmente tenían los colores de los cuadros de &lt;strong&gt;Hopper&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;Creo que si viajo es porque leí hace muchos años a &lt;strong&gt;William Sommerset Maugham&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Rudyard Kipling&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Jack London&lt;/strong&gt; y &lt;strong&gt;Robert Louis Stevenson&lt;/strong&gt;, escritores viajeros que me despertaron ese gusanillo de conocer mundo al que soy tan adicto como a la literatura. Por ello no me costó reconocer el suntuoso Raffles Hotel de Singapur, otra ciudad literaria, después de haber leído treinta años antes a &lt;strong&gt;Maugham&lt;/strong&gt;, y lo vi exactamente como el escritor británico lo describió, con el tiempo detenido en sus salones. Imposible no pensar en &lt;strong&gt;London &lt;/strong&gt;mientras bordeaba los ríos gigantescos y majestuosos de Canadá; y en &lt;strong&gt;Kipling &lt;/strong&gt;cuando me sentaba en una terraza de Jaipur y veía pasar ante mí un cortejo de camellos, elefantes, monos y personas ataviadas con vistosos turbantes y saris.&lt;br /&gt;No sé si viajo para escribir o escribo para viajar. Da lo mismo. Ambas actividades actúan como vasos comunicantes que se retroalimentan. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;* Este artículo fue publicado en la revista &lt;em&gt;Otro Lunes&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-3880963222186521517?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/3880963222186521517/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=3880963222186521517&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3880963222186521517'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3880963222186521517'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/10/literatura.html' title='LITERATURA'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-pchl3mKvcxY/Tpy1KnqZixI/AAAAAAAAPEU/Rmg-6esREFE/s72-c/MuerteenVenecia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-3111158030114014637</id><published>2011-10-14T02:30:00.000-07:00</published><updated>2011-10-17T00:42:08.433-07:00</updated><title type='text'>EL ARTÍCULO</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;EL BROKER LOCO&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;* José Luis Muñoz&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 484px; DISPLAY: block; HEIGHT: 335px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5664361312438103314" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-AUvz494o_uE/TpvamkNWrRI/AAAAAAAAPD8/dwje2kLzPhQ/s400/ALESSIO.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Alessio Rastani&lt;/strong&gt;, un broker bien parecido y pulcro de la City londinense, por lo demás muy semejante al protagonista de la novela de &lt;strong&gt;Bret Easton Ellis&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;&lt;em&gt;American Psycho&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; que, en la versión cinematográfica, tenía el rostro de &lt;strong&gt;Christian Bale&lt;/strong&gt; (un psicopata asesino que entre sesión y sesión de Wall Street arremetía a hachazos contra sus competidores; una lectura ácida y cargada de humor negro del mundo financiero especulativo que vaticinaba la actual sangría de capitales de los bolsillos de las víctimas al de los verdugos: el dinero no se pierde ni destruye, sólo cambia de manos) ha causado, al parecer, mucho escándalo por un par de declaraciones que se consideran explosivas. Una: que esta crisis es una bendición para los que quieren forrarse. Dos: que en doce meses vamos a perder lo poco que nos queda y será la debacle final.&lt;br /&gt;Casualmente vi a la actual ministra de Hacienda en funciones de nuestro país, &lt;strong&gt;Elena Salgado&lt;/strong&gt;, un ejemplo de inanidad supina dentro de unos gobiernos caracterizados por la mediocridad y falta de ideas de sus componentes, que simulaba escandalizarse ante la sinceridad de ese broker en el programa que conduce con tanto tino la valiente periodista &lt;strong&gt;Ana Pastor&lt;/strong&gt; (no la exministra): &lt;em&gt;Los desayunos de TVE&lt;/em&gt;. A mí me escandaliza ella y los que son como ella. &lt;strong&gt;Alessio Rastani&lt;/strong&gt; no ha hecho más que exponer crudamente lo que todos ya sabemos. El naufragio interesado del barco Europa y el euro que va en su bodega (quizá una operación orquestada en siniestros despachos de alguna isla en donde se reúne Spectra, como decía con guasa el desaparecido &lt;strong&gt;Manuel Vázquez Montalbán&lt;/strong&gt; al que tanto se le echa de menos en estos momentos) en el mar revuelto de la crisis global es la ocasión de oro para los corsarios financieros que recogen los pecios de los sucesivos naufragios que ellos mismos provocan. Y en cuanto a su vaticinio catastrofista, ese de que perderemos lo poco que nos queda en los próximos doce meses, que textualmente se desvanecerá el dinero de millones de ahorradores, (que ya se ha desvanecido, por cierto: miren ustedes el rumbo de sus planes de pensiones) pues es muy posible que tenga razón porque &lt;strong&gt;Alessio Rastani&lt;/strong&gt; parece bastante mejor infirmado que nuestra ministra de hacienda, que todos sus colegas de la Unión Europea y la mediocre clase política que nos toca padecer. Pero no acaban aquí las revelaciones escandalosas de mister &lt;strong&gt;Rastani&lt;/strong&gt; que afirma que el mundo lo gobierna Goldman Sachs y no los políticos. El broker loco, el &lt;em&gt;friki &lt;/em&gt;de las finanzas que ha tenido su minuto de gloria, ha dado en el clavo aunque no diga nada que ya no sepamos a estas alturas.&lt;br /&gt;Lo que dice ese individuo puede parecer una frivolidad, o un acto de cinismo, pero mister &lt;strong&gt;Rastani&lt;/strong&gt; no es más que un elemento auxiliar de los buitres financieros que se abalanzan sobre el estado de bienestar europeo para liquidarlo. Desde luego no le animan en sus declaraciones una voluntad de denuncia, y sus deseos para que la recesión siga se van a cumplir si un milagro o nuestra clase política no lo impiden. Pero que no tema &lt;strong&gt;Alessio&lt;/strong&gt; por sus pingües beneficios especulativos, que crecen en la misma forma proporcional que se hunden economías y estados, porque los políticos, los más mediocres de cuantos se conocen en Europa en unas cuantas décadas (qué dirían de ellos los &lt;strong&gt;Conrad Adenauer&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Willy Brandt&lt;/strong&gt; u &lt;strong&gt;Olof Palme&lt;/strong&gt; de antaño), van a seguir el paso marcial al dictado de los mercados y los oscuros poderes financieros que no se avergüenzan, sino que alardean, de su filibusterismo.&lt;br /&gt;El Viejo Continente, nunca tan viejo, caduco y sin respuestas como ahora, tiene un saldo de 23 millones de parados de los que España aporta casi la cuarta parte. Encabezamos ese &lt;em&gt;ranking&lt;/em&gt; y todo indica que no nos vamos a apear de ese podio cuya cima ostentamos porque el previsible próximo inquilino de la Moncloa ya vaticina que no podrá hacer milagros, es decir, que no hará nada, que iremos a peor con él, que hará más recortes sociales, que privatizará las empresas públicas que queden (¿queda alguna, me pregunto, cuando vendan a saldo Loterías, una máquina de hacer dinero para el estado?) y no aumentará los impuestos a las grandes fortunas ni renovará el activado de patrimonio, cuando llegue su vencimiento de aplicación, porque eso es demagogia. Es decir, que demagogia es todo lo que favorece al ciudadano&lt;br /&gt;Hace una semana &lt;strong&gt;Jacek Rostowski&lt;/strong&gt;, ministro de Finanzas de Polonia, contó una anécdota que eriza los vellos. La hizo un estrecho colaborador suyo y, como las declaraciones del broker loco, no son descabelladas sino todo lo contrario: “Después de todas estas conmociones políticas y económicas que estamos pasando va a ser muy raro que en los próximos diez años podamos escapar sin una guerra”. Y eso me temo.&lt;br /&gt;Y es que la situación mundial es muy parecida a la que precedió a las dos grandes guerras mundiales. Y ya sabemos que el último recurso del capitalismo para acabar con la crisis puede ser una guerra devastadora que destruya todo, para construir sobre las ruinas, y elimine ese molesto sobrante humano de 23 millones de parados que irá creciendo porque la crisis es sistémica y nadie inventa un sistema alternativo al que hay y está podrido. Las guerras, y eso es un dato objetivo, reactivan las economías y acaban con las crisis. Y además distraen de quién es el verdadero enemigo a batir.&lt;br /&gt;El deterioro social, en los próximos años, puede ser tan extraordinario y virulento que se vuelva a formas de gobierno autoritarias, a dictaduras, y en ese contexto será muy fácil crear a un salvapatrias que enfrente a un país con otro por cuestiones territoriales o de nacionales que viven en países limítrofes. ¿Los nuevos judíos? Los emigrantes, sin lugar a dudas. Porque siempre hay que crear un chivo expiatorio que cargue con las culpas que son de otros.&lt;br /&gt;Las dos son malas, por traumáticas, pero ante la dicotomía entre guerra y revolución desde luego abogo por la segunda porque a la primera hay que oponerse con todas nuestras fuerzas. Confiemos no llegar nunca a ese supuesto, pero mantengámonos con los ojos bien abiertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;* Este artículo fue previamente publicado en &lt;em&gt;El Importuno&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Crónica Popular&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-3111158030114014637?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/3111158030114014637/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=3111158030114014637&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3111158030114014637'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3111158030114014637'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/10/el-articulo.html' title='EL ARTÍCULO'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-AUvz494o_uE/TpvamkNWrRI/AAAAAAAAPD8/dwje2kLzPhQ/s72-c/ALESSIO.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-3288063506012142310</id><published>2011-10-13T06:46:00.000-07:00</published><updated>2011-10-13T08:38:50.471-07:00</updated><title type='text'>LIBROS</title><content type='html'>&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;ERICH EL ZURDO&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Domingo-Luis Hernández&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La Página Ediciones, 2011&lt;br /&gt;305 páginas&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 409px; DISPLAY: block; HEIGHT: 534px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5662998187180142674" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-KhEryE7x7v0/TpcC2O6NsFI/AAAAAAAAPDA/EJjkS3L4xc0/s400/Erich-el-zurdo-portada.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;Es &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Erich el zurdo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; una novela difícil y, a pesar de ello, atrapa en su laberíntica trama. ¿Por qué? No se puede explicar: magia.&lt;br /&gt;¿Género negro? Sin duda, porque los personajes que pululan por ella, que giran en torno a Teodoro Raúl Sosnowssky-Quintana Pérez Robayna, y él mismo, asesino fratricida, son los que se suelen encontrar en ese tipo de literatura: asesinos de crímenes salvajes, policías que investigan, misteriosas mujeres tan bellas como hieráticas...Novela de paisajes múltiples – Canarias, Barcelona, Cuba -, de espejos que duplican imágenes, de impostores y, sobre todo, de indagación literaria. Un cóctel adictivo que emborracha según se avanza en su lectura, que funciona como una droga que metemos en vena.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Erich el zurdo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, segunda novela del tangerino, profesor de literatura y agitador cultural canario &lt;strong&gt;Domingo-Luis Hernández&lt;/strong&gt;, es cinematográfica en su esencia. Juega el autor con un crisol de imágenes que se mueven a su antojo formando vistosos calidoscopios en donde el lector se siente perdido como sus personajes. Novela en donde todos son perdedores y se centra en el fracaso vital absoluto.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La estancia se llenó de un extraño estupor. Teodoro Raúl hizo conjeturas sobre la muerte y se interesó por la duración del apagado del cerebro de un hombre. Se preguntó en voz si un moribundo distingue las luces que se apagan lentamente en su cerebro.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Tiene esta novela negra y ditirámbica mucho que ver, en mi opinión, con el cine de &lt;strong&gt;Godard&lt;/strong&gt;, el de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Pierrot Le fou&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, con &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La dama de Shangai&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; de &lt;strong&gt;Welles&lt;/strong&gt;, por su juego de espejos, o con el &lt;strong&gt;Lars Von Trier&lt;/strong&gt; hipnótico de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Europa&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. Y es lo más parecido a una pieza de jazz de &lt;strong&gt;Charlie Parker&lt;/strong&gt;, libérrima, bella, ensimismada en si misma.&lt;br /&gt;Imposible tratar de caminar recto por una trama tortuosa en la que irremediablemente nos perderemos, como sus personajes o el propio autor. Hay que dejarse llevar por una cascada de imágenes, sugeridas por prosa precisa, que siempre nos remiten a una literatura con mayúsculas. Meterse en sus círculos, girar dentro de ellos, morir, matar, soñar y amar.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La mujer hizo un ligero movimiento para ajustar la cabeza en el brazo del hombre y cerró los ojos. Teodoro Raúl giró el tronco y desde la ventana del vehículo vio dibujos en una ciudad que apretaba su espalda como el peso del mundo. Precisaba convencer a Ascirna de lo que debía convencerla. Punto y final.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Erich el zurdo&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; es una novela inclasificable, osada, experimental y provocadora en una época en la que todo es sencillo, líneal y nada nos sorprende. Leer la novela de &lt;strong&gt;Domingo-Luis Hernández&lt;/strong&gt; es participar en un excitante experimento literario que hace de su abstracción uno de sus principales &lt;em&gt;leit motivs&lt;/em&gt;. El escritor tangerino/tinerfeño congela el tiempo, ralentiza la acción, mima el detalle, indaga dentro de la mente humana, habla de culpa y expiación y, sobre todo, recrea una atmósfera opresiva. En definitiva literatura en estado puro, destilada con suma lentitud, baile de palabras y deconstrucción de frases. Un ejemplo de todo lo que cabe en eso que llamamos género negro: todo.&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;JOSÉ LUIS MUÑOZ&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;LO QUE QUEDA DE NOSOTROS&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Francesca Valentincic&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Ediciones Atlantis, 2010&lt;br /&gt;144 páginas&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 408px; DISPLAY: block; HEIGHT: 437px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5662989138597206002" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-890mpZFAFkM/Tpb6niT7V_I/AAAAAAAAPC0/meX49D9XZ_Y/s400/Lo_que_queda_de_nosotros.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;En breves, pero emotivas páginas, la escritora &lt;strong&gt;Francesca Valentincic&lt;/strong&gt; (&lt;strong&gt;&lt;em&gt;La memoria del agua&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La sangre que moja la tierra&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;) desgrana una historia nostálgica y generacional de un grupo de jóvenes amigos que se reúnen en un lugar apartado y bucólico. Lo que se prevé como un encuentro relajante deja de serlo en cuanto afloran las tensiones del grupo, sus recelos, pasiones y frustraciones. Y un accidente fortuito tiñe esos días con el drama.&lt;br /&gt;La novela de &lt;strong&gt;Valentincic&lt;/strong&gt;, que podría inscribirse dentro del género sentimental y psicológico, está perfectamente estructurada, mira desde el presente, con la nostalgia del tiempo perdido que ya no se recupera, al pasado, plantea la incógnita de lo que pudo ser y no fue por dramáticas circunstancias, mima al elenco de sus personajes que aportan sus voces a la narración y son su esencia de su narración y está escrita con una corrección encomiable sin que chirríe en momento alguno ni haya notas disonantes.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El grito que oigo aparece el mismo que oí veinte años atrás, el de una chica a la que, una terrible fatalidad, había arrebatado su primer amor. Lo había perdido en el momento álgido, sin tiempo a aborrecerlo o a descubrir las pequeñas imperfecciones, sin espacio para haberse aburrido o desenmascarado los lados negativos. Francesco se había caído, quedando como un muñeco roto, al principio de todo, en el culmen de la pasión, durante los primeros descubrimientos. Paola parecía inconsolable y todos estábamos consternados.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;No menos importante en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Lo que queda de nosotros&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, título que cada uno puede aplicar a su propia vida desde la perspectiva del presente, es su banda sonora musical, porque cada generación, incluso cada momento de la vida, o cada relación sentimental, la tiene. Y así suenan por las páginas de esta novela estimable las voces de &lt;strong&gt;Fabricio De André&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Cat Estevens&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Simon and Garfunkel&lt;/strong&gt; y &lt;strong&gt;John Denver&lt;/strong&gt;, entre otros. Quizá habría que leerla escuchándolos.&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;JOSÉ LUIS MUÑOZ&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;EL PAÍS DE LOS ESPÍRITUS&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Miguel Ruiz Montañez&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Ediciones Martínez Roca, 2011&lt;br /&gt;508 páginas&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 408px; DISPLAY: block; HEIGHT: 484px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5662987466417687058" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-woj6_Afu0QM/Tpb5GM9QyhI/AAAAAAAAPCo/vMChamtEaL4/s400/elpaisdelosespiritus.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;Es &lt;strong&gt;Miguel Ruiz Montañez&lt;/strong&gt; (Málaga, 1962) un autor muy vinculado al Caribe, literariamente hablando (allí situaba su novela &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La tumba de Colón&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; (2006), como desde el punto de vista profesional y vital (es profesor asociado en la Universidad de Santo Domingo) por lo que no es extraño que en su última y extensa novela, &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El país de los espíritus&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, retrate una realidad que él conoce de primera mano: el fascinante, misterioso y caótico Haití, el primer país de América en obtener su independencia y uno de los más pobres del mundo.&lt;br /&gt;Sitúa la acción de su novela &lt;strong&gt;Ruiz Montañez&lt;/strong&gt; en el presente, en el último temblor de tierra que sacudió esa parte de la antigua Hispaniola y sembró el caos y la destrucción, para armar una trama compleja que del presente va hacia el pasado taíno de la isla, precisamente para explicarnos la especial idiosincrasia del pueblo haitiano marcado por los ritos ancestrales que sus pobladores negros, que han terminado por conformar la cultura de la isla, se trajeron de África: el vudú.&lt;br /&gt;Rica en anécdotas, perfecta en descripciones, con un sinnúmero de personajes, entre ellos algún cameo a cargo de &lt;strong&gt;Bill Clinton&lt;/strong&gt;, y con espíritu solidario, la novela de &lt;strong&gt;Ruiz Montañez&lt;/strong&gt; navega por ese país de los espíritus con el que la desdicha parece cebarse siempre (terremotos naturales que se unen a los seísmos políticos, a las sangrientas e hilarantes dictaduras de los &lt;strong&gt;Duvalier&lt;/strong&gt;), tiene estructura de &lt;em&gt;thriller&lt;/em&gt; pero es mucho más que eso, porque &lt;strong&gt;Ruiz Montañez&lt;/strong&gt; quiere que &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El país de los espíritus&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; funcione como poliedro de múltiples caras para que el lector comprenda esa realidad dolorosa que siempre ha sido ese país caribeño.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Tal vez lo mejor sea empezar explicando que es un país incomprensible, una isla quimérica, un trozo de tierra donde más que ocurrir cosas extrañas, lo extraño es que a veces sucedan cosas corrientes.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;JOSÉ LUIS MUÑOZ &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-3288063506012142310?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/3288063506012142310/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=3288063506012142310&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3288063506012142310'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/3288063506012142310'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/10/libros.html' title='LIBROS'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-KhEryE7x7v0/TpcC2O6NsFI/AAAAAAAAPDA/EJjkS3L4xc0/s72-c/Erich-el-zurdo-portada.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-7278524599333391377</id><published>2011-10-12T14:35:00.000-07:00</published><updated>2011-10-12T15:20:53.994-07:00</updated><title type='text'>CINE</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;LA VIDA SEGÚN MALICK&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 510px; DISPLAY: block; HEIGHT: 372px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5662729769348340050" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-gDChtw87Ots/TpYOuQkJmVI/AAAAAAAAPCQ/TCBIxinX-DI/s400/arbol%2Bvida.jpg" /&gt;Es &lt;strong&gt;Terrence Malick&lt;/strong&gt; uno de los directores más insólitos y enigmáticos del panorama cinematográfico norteamericano, un auténtico &lt;em&gt;rara avis&lt;/em&gt; en el mundo del cine, como lo fueron &lt;strong&gt;Thomas Pynchon&lt;/strong&gt; o &lt;strong&gt;Salinger&lt;/strong&gt; en el mundo de la literatura, y además, como ellos, enemigo de las entrevistas, de ser objeto de la curiosidad pública, invisible. Con sólo cinco películas en su haber y periodos de largos silencios, este texano de 67 años, nacido en Waco (pueblo que se asocia a una matanza de tintes religiosos), es de los directores más respetados del séptimo arte. &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Días de cielo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, &lt;em&gt;Malas tierras&lt;/em&gt;, &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La delgada línea roja&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El Nuevo Mundo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; (para mí, la más decepcionante) y ahora la esperadísima &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El árbol de la vida&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, componen toda la filmografía de este director, tan breve como intensa.&lt;br /&gt;Que nadie espere de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El árbol de la vida&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; una narración cinematográfica al uso, porque no la encontrará. Que nadie vaya a entenderla en toda su dimensión en un primer visionado, porque la ve a resultar imposible. &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El árbol de la vida&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; hay que sentirla, dejarse llevar por una catarata de imágenes que conducen a una catarsis cósmica y mística, porque de eso va la película, del cosmos, lo más grande, al ser humano, una insignificancia dentro de ese orden universal que, por mucho que se rebele y quiera dominarlo, no es más que una pieza irrelevante.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Terrence Malick&lt;/strong&gt;, con una forma novedosa de hacer cine, con sus elegantes travelings circulares alrededor de sus personajes, orbitándolos como las estrellas alrededor del sol, transita en su último film del microcosmos, el de una familia de Estados Unidos en los años cincuenta, de la que hace una brillante y emotiva radiografía de las relaciones de padres e hijos, de un padre más bien rígido (un &lt;strong&gt;Brad Pitt&lt;/strong&gt; sencillamente extraordinario a medida que va perdiendo sus rasgos de candorosa belleza y los años van endureciendo su rostro), una madre angelical y todo espíritu amoroso (&lt;strong&gt;Jessica Chastain&lt;/strong&gt;) y unos niños encarnados por unos actores infantiles de sorprendente expresividad, al macrocosmos, el origen de la vida, del universo, las explosiones solares, el big bang.&lt;br /&gt;En &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El árbol de la vida&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, sin lugar a dudas su película más ambiciosa, y, también, la más arriesgada, &lt;strong&gt;Malick&lt;/strong&gt; condensa toda la filosofía que encontrábamos en sus películas anteriores, mucho más narrativas y convencionales que ésta, el dilema hombre / naturaleza, hombre imbricado en el proceso natural, formando parte de ese orden interno, un panteísmo con formas de filosofía &lt;em&gt;new age&lt;/em&gt; que articula a través de un carrusel de imágenes que van del deslumbramiento de los más grande, el nacimiento de las estrellas, a la ternura ante lo más pequeño, ese padre que mira arrobado al bebé recién alumbrado por su esposa.&lt;br /&gt;No hay diálogos, o estos son bastante nimios; no hay, tampoco, un guión rígido, porque &lt;strong&gt;Malick&lt;/strong&gt;, en un momento determinado del film, se evade del presente para retroceder unos cuantos millones de años e ir a la creación del mundo; y sí hay pensamientos, muchos, a veces dispersos, inconexos, con una utilización sabia de la voz en off, voces interiores, manifestadas en suaves susurros, píldoras filosóficas que se complementan con imágenes de una belleza deslumbrante que van desde las explosiones solares a la caída del agua de las cataratas de Iguaçú, pasando por el salar de Uyuni en Bolivia (el mismo de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Blackthorm&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, otra película reciente) o el espectáculo de las enormes olas hawaianas filmadas desde la arena del fondo o la explosión brutal de un volcán.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El árbol de la vida&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; no es una película sino una sinfonía de imágenes e ideas de una riqueza y hondura considerables que requieren una, dos, tres, muchas visiones para captarla en toda su enorme complejidad. Un monumento cinematográfico que remite, en algunos de sus momentos, a una de las obras cumbres de &lt;strong&gt;Stanley Kubrick&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;&lt;em&gt;2001, una odisea en el espacio&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. Lo que en &lt;strong&gt;Kubrick &lt;/strong&gt;era fría racionalidad en su forma de abordar las películas, en &lt;strong&gt;Malick&lt;/strong&gt; es lirismo desbordante con el que envuelve su mensaje filosófico y religioso.&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;José Luis Muñoz en la revista CULTURAMAS&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;El árbol de la vida – Terrence Malick&lt;br /&gt;Sinfonía existencial&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 497px; DISPLAY: block; HEIGHT: 293px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5662728454930821682" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-9rF-Ef6bH1U/TpYNhv-l8jI/AAAAAAAAPCE/DHslFWrTwLE/s400/ARBOL.jpg" /&gt;¿Es &lt;em&gt;&lt;strong&gt;El árbol de la vida&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; la obra de un genio o la de un iluminado zen? ¿Son sus imágenes bellos fragmentos poéticos o una desmesura visual? ¿Estamos ante una obra maestra o una ida de olla soporífera? ¿De qué trata &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El árbol de la vida&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;? Éstas son algunas de las preguntas que sobrevuelan las plateas de los cines y el ambiente de tertulias cinéfilas desde el pasado viernes.&lt;br /&gt;La esperada última ganadora de la Palma de oro llega con la certeza de dejar sin conciliar a adeptos y detractores. No existen medias tintas con la última cinta de &lt;strong&gt;Terrence Malick&lt;/strong&gt;, como tampoco ha existido en su corta, pero excepcional carrera.&lt;br /&gt;Los que la hayan seguido sabrán la predilección de su autor por no prodigarse demasiado en su campo (cinco películas con 68 años), por dejar pasar grandes intervalos entre proyecto y proyecto (20 años pasaron desde que dirigiera &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Días de cielo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; a &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La delgada línea roja&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;) por mantenerse alejado de público y prensa, por rehuir la recogida de premios, por temer las entrevistas. Actitudes por las que se ha ganado el apodo merecido del &lt;strong&gt;J.D Salinger&lt;/strong&gt; del cine.&lt;br /&gt;Ahora está de vuelta con su última película, la más ambiciosa, la más compleja y la más controvertida. Para enfrentarse a ella es necesario entender que no se trata de un filme con una estructura narrativa, sino que está más cerca de una experiencia sensorial, una sinfonía divina sobre las grandes cuestiones del universo, pero a la vez sobre las relaciones humanas que agrietan el núcleo de una familia.&lt;br /&gt;La quinta película del director de Ottawa se puede entender como un poema visual vitalista que surca lo metafísico para entender o aceptar lo íntimo. Los trazos de su historia recorren desde la creación y origen de la vida hasta el día a día de una familia de clase media americana de los años 50’s vista desde los ojos de un niño en trances de crecer, así como su madurez posterior y su plena desconexión con el mundo moderno que lo rodea mientras intenta aclarar su pasado y su papel dentro del universo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Malick&lt;/strong&gt; lanza digresiones varias sobre estas cuestiones, y lo hace sin esquema previo, prescindiendo del guión, apoyándose en la elipsis y los saltos de escenario. En ese sentido su película se asemeja más a los actos de una sinfonía que a las formas canónicas aristotélicas de introducción, nudo y desenlace a las que tan acostumbrado está el espectador de cine.&lt;br /&gt;Para abordar su ambiciosa propuesta se basa en la conjunción de todos los elementos a su alcance. La voz en off se muestra como uno de los principales reclamos, así como la música celestial (tanto la compuesta para la ocasión por &lt;strong&gt;Alexander Desplat&lt;/strong&gt; como la no original), la imagen entendida como un símbolo poético, el montaje sincopado, la magistral realización o las sinceras interpretaciones.&lt;br /&gt;Una obsesión perfeccionista en el continente que ha venido arrastrando el director de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Malas Tierras&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; a lo largo de toda su carrera, y que aquí es visible una vez más. La labor de &lt;strong&gt;Emmanuel Lubezki &lt;/strong&gt;en la foto (repite tras &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El nuevo mundo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;), el uso de la música clásica como valor expresivo y con significado al mismo tiempo, el trabajo de &lt;strong&gt;Brad Pitt&lt;/strong&gt; (¿aún hay alguien que dude de su valía como intérprete?), &lt;strong&gt;Jessica Chastain&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Sean Penn&lt;/strong&gt; y esos maravillosos niños son dignos de contemplar. El resultado es observar un espectáculo audiovisual fascinante, del que te sientes cautivado y absorbido, por el qué flotas por encimas de diferentes estados de ánimo, y del que sales con una sensación de haber vivido algo muy poco habitual en una sala de cine (fíjense en el silencio sepulcral o el cuchicheo molesto que seguro acompañará los títulos de crédito dependiendo de la sala de cine que escojan)&lt;br /&gt;Por encima de todos estos elementos destaca el sobrecogedor trabajo del director de fotografía &lt;strong&gt;Emmanuel Lubezki&lt;/strong&gt; en el tratamiento de esa luz preciosista del atardecer, tan presente también en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Días de cielo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; (la hora mágica a la que se subscribía &lt;strong&gt;Néstor Almendros&lt;/strong&gt;), con la búsqueda incesante de esos tonos blanquecinos que remiten constantemente a la presencia divina en todas las cosas que envuelven nuestra cotidianeidad, o esas manchas solares a contraluz que nos recuerdan también la presencia y efecto de la naturaleza en la vida, y por supuesto, ese asombroso baile de la cámara resiguiendo el inquieto desvelo de la inocencia de este hermano mayor protagonista. Una cámara que se mueve con maestría, que queda suspendida a través del espacio.&lt;br /&gt;Pero no todo en la película son destellos geniales, también tiene sus pesares; hay cierta inconexión al principio, cierto salto abrupto que interrumpe y despista la mirada del espectador. También se le podría haber pedido a &lt;strong&gt;Malick&lt;/strong&gt; cierta contención con el uso reiterado que hace de la música clásica, de la voz en off, de los halos de luz blanca, y de toda esa belleza casi presente en todo el metraje. Hay un contra efecto en ese uso excesivo, que se podría haber solucionado simplemente con dosificación.&lt;br /&gt;Pero a su vez, también hay que constatar que se desmarca de lo normal con recursos de maestro, con florecimientos líricos que no resultan nunca accesorios (y que para entender del todo tendríamos que penetrar más en la filosofía de &lt;strong&gt;Heidegger &lt;/strong&gt;y otros filósofos que marcaron a su director durante sus años de estudio)…como son esas elipsis que abren puertas a la interpretación libre, o ese uso inteligente de los efectos de sonido como parte íntegra o externa de la música y que utiliza para recrear y sugerir estados de ánimo o avanzar posibles líneas narrativas que no nos muestran las propias imágenes. Este tratamiento modélico se muestra con amplitud cuando reseguimos la historia de los tres hermanos, y como poco a poco nos damos cuenta de la tensión latente que aflige a los niños. Una tensión que le sirve a &lt;strong&gt;Malick&lt;/strong&gt; para rendir cuentas a su propio pasado, para articular una certera disertación sobre la educación de esa época y los derivados a día de hoy de una moral eminentemente capitalista. Esto se refleja en pantalla como un cuchillo de doble filo que despelleja la inocencia del hermano mayor y que no sólo provoca un cambio en su actitud y el cuestionarse por primera vez varios asuntos, sino que a la larga desencadena una alma perdida en la vorágine del mundo empresarial (¿Es Jack la quinta esencia del sin rumbo que aflige al hombre capitalista?)&lt;br /&gt;La película ante todo deja un mensaje luminoso sobre la vida, aboga explícitamente por el amor al prójimo, y expone la fragilidad humana, la injusticia de Dios con las tragedias, otorgándoles el valor de una simple gota en un vasto océano, que por muy voluminosas e importantes que nos parezcan no van a alterar el rumbo de ese mar. Hay claramente exponentes panteístas en la obra de &lt;strong&gt;Malick&lt;/strong&gt;, y aquí parecen trufados de consignas religiosas, divinas, o incluso new age, que puede sacar un poco de sus casillas a los ateos recalcitrantes.&lt;br /&gt;También es verdad, que el relato baja un pistón cuando se aleja de la historia principal de esa familia tocada por la rigidez de su padre. Son esos momentos, los pasajes de la infancia, las máximas cotas de la obra, y puede que de su director. Ni los pasajes al estilo documental Discovery Channel de la creación del cosmos, ni las partes ambientadas en la jungla urbana moderna con &lt;strong&gt;Sean Penn&lt;/strong&gt; replanteándose muchas cuestiones micro y macro sobre su vida y existencia alcanzan el mismo nivel.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;El árbol de la vida&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; supone la culminación de un poeta, un filósofo, un humanista, un artista, un artesano de la imagen. Es la expresión artística / filosófica a los temas existenciales que preocupan a un cineasta impecable. Y supone una experiencia que escapa a los límites físicos de una sala. Su torrente visual te arrastra hacía estados y pensamientos que van madurando en tu interior, y más allá de su placentero visionario, &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El árbol de la vida&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; deja un regusto espiritual, casi místico que te lleva a la reflexión. Quizás por eso genera tantas posiciones diferenciadas. Como ocurriera en su día con &lt;strong&gt;&lt;em&gt;2001: una odisea en el espacio&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; (una de las referencias del filme), &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El árbol de la vida&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; se puede convertir en la obra de un genio incomprendida en su tiempo. De momento &lt;strong&gt;Malick&lt;/strong&gt; ya ha conseguido burlar las limitaciones de la industria, la rigidez de los productores e incluso convencer al jurado de Cannes. Ahora le toca al público juzgar si estamos ante la obra de un genio o la de un impostor. Aquí lo tenemos claro.&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;MARC MUÑOZ en EL DESTILADOR CULTURAL&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;EL ÁRBOL DE LA VIDA&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;*(Terrence Malick, 2011) &lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 431px; DISPLAY: block; HEIGHT: 530px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5662725827814393682" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-ce4N_LEi-kk/TpYLI1NOh1I/AAAAAAAAPB4/XtaRKVmP-OY/s400/EL%2BARBOL%2BDE%2BLA%2BVIDA.jpg" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Una historia de vida familiar, música, religión, sueños y frustraciones en la Texas de los años cincuenta. La cámara vaga entre recién nacidos, árboles iluminados, ventanales, humanos que oscilan entre el miedo y el amor, la cólera y la piedad. La superficie del mundo es la máscara de un interior que está en todas partes y en ninguna. Incluso en sus posibles defectos, es difícil describir esta película. Para empezar, cada momento de ella es tan complejo que habría que verla tres veces. A pesar de diez minutos iniciales y diez finales que tal vez sobran (tampoco es seguro, dada la conmoción que producen las dos horas del medio), &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El árbol de la vida&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; tiene algo de sobrecogedor. La hierba y los árboles son el modelo de una metafísica en la que los hombres somos igual que una planta, raíz oscura que sueña con cielos. Cada latido humano compone un todo orgánico con las figuras caprichosas del suelo y las nubes. El universo recomienza en cada segundo, un momento que a su vez tiene efectos incalculables. &lt;strong&gt;Malick &lt;/strong&gt;rehace el mundo (una clase, una tarde, un año) desde las astillas de su tiempo muerto, intervalos de vida aparentemente insignificantes. A partir de esta afluencia constante, muda o de expresión difícil, El árbol de la vida nos devuelve una vida casi irreconocible, que tiene la emoción y el riesgo del inicio en cada instante. La piedra rechazada se ha convertido en angular. El impacto “religioso” del film (sin duda, incómodo para nuestra ideología) proviene de esta selección de lo insignificante, de una experiencia mesiánica del tiempo que la cámara capta. Más de esto que del discurso explícito, a veces extremadamente poético. Toda la película es como una inmensa oración por lo que está en juego en cada tic-tac de nuestro minutero. Como diría &lt;strong&gt;Berger,&lt;/strong&gt; el cansancio nos hace receptivos a la epopeya de cualquier ser vivo. ¿&lt;strong&gt;Darwin&lt;/strong&gt;? Más que otra “teoría de la evolución”, &lt;strong&gt;Malick &lt;/strong&gt;ensaya una práctica de la evolución en cada momento y en cada acto, que entonces aparecen encadenados, de modo no determinista, a una corriente incesante. Algo así como en la versión “bíblica” de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;American beauty&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, el último trabajo de &lt;strong&gt;Malick&lt;/strong&gt; bebe más en una metafísica americana que hemos olvidado que en la habitual sociología. De un lado, intercaladas con imágenes de la vida cotidiana, se muestran formas geológicas torcidas por la erosión, el viento, la fuerza del agua, la ebullición del material pululante del universo. De otro, lo equivalente a los elementos es para los humanos “Dios”, a quien apenas se nombra en vano. Sólo voces susurrantes, casi siempre femeninas, mantienen una continua plegaria hacia esa fuerza oscura omnipresente en el entorno natural: Keep us. Tanto el “orden” de la naturaleza como las figuras de lo divino, dos reinos paralelos, son más cuánticos que newtonianos, pues mantienen siempre una presencia fluyente, incalculable. Las voces de los protagonistas susurran desde un interior humano no menos volcánico que la naturaleza. Ambos, tierra y hombres, viven profundamente alterados, sujetos a accidentes imprevisibles. La vida humana también es como una planta, parece querer decirnos &lt;strong&gt;Malick.&lt;/strong&gt; Naces, creces, temes, amas, aras, mueres. Sea cual sea el orden de los actos, las raíces se pierden en un rumor de fondo que impulsa esta voluntad aérea en las ramas de los árboles y en la música de los humanos. &lt;strong&gt;Brahms &lt;/strong&gt;resuena en una sala de Texas no menos secreto que las ramas que nadie mira. Formas terrenales monstruosas, desiertos y viento. La pobreza, el sufrimiento y la muerte. Y el amor, atravesando todo ese magma en ebullición. Inolvidable, el joven Jack llora como un animal herido. “¿Tú también morirás, madre?”. Si no amas, dice una de las voces, tu vida transcurre como un destello. No se trata en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El árbol de la vida&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; de un Dios antropomorfo. No sólo porque el misterio de las formas exteriores aparece continuamente como referente, sino porque los seres humanos están atravesados por las mismas fuerzas anónimas que retuercen el agua y las rocas. En cada ojo de pez, todos los mares. En cada árbol, la compleja maraña del mundo. Un constante infinito en acto elimina de raíz cualquier pretensión de narración lineal o causalidad mecánica. El amor altera el curso de las vidas no menos que el agua, el hambre y el viento. Hombres y bestias están hermanados por el empuje de una energía fortuita y violenta, pero también abierta al sufrimiento del otro. Cada palabra tiene consecuencias incalculables en un universo multiplicado en cada punto, poblado de interrelaciones y ecos. La película no es exactamente alegre, más bien lo contrario, pero transmite un rumor impresionante en cada instante. Es normal que los aficionados al cine pop, aquellos que tienen a &lt;strong&gt;Tarantino&lt;/strong&gt; o &lt;strong&gt;Almodóvar&lt;/strong&gt; como modelo, se sientan irritados y hablen de grandilocuencia vacía. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Ignacio Castro Rey&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;. Madrid, 12 de octubre de 2011&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;* &lt;strong&gt;T. Malick&lt;/strong&gt; (Waco, Texas, 1943) es autor de cinco films solamente. Además del que comentamos: &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Malas tierras&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; (Bad lands, 1974), &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Días del cielo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; (Days of heaven, 1978), &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La delgada línea roja&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; (The thin red line, 1998) y &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El nuevo mundo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; (The new world, 2005).&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-54CE8RHyNng/TpYIfXCM6DI/AAAAAAAAPBs/5Rtji5oTTCo/s1600/IGNACIO%2BCASTRO%2BREY.jpg"&gt;&lt;strong&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 240px; FLOAT: right; HEIGHT: 240px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5662722916317194290" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-54CE8RHyNng/TpYIfXCM6DI/AAAAAAAAPBs/5Rtji5oTTCo/s400/IGNACIO%2BCASTRO%2BREY.jpg" /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;Ignacio Castro Rey&lt;/strong&gt; es doctor en filosofía y reside en Madrid, donde ejerce de ensayista, crítico y profesor. Siguiendo una línea de sombra que va de Nietzsche a Agamben, de Baudrillard a Sokurov, Castro escribe en distintos medios sobre filosofía, cine, política y arte contemporáneo. Ha pronunciado conferencias en el Estado y en diversas universidades extranjeras. Como gestor cultural ha dirigido cursos en numerosas instituciones, con la publicación posterior de siete volúmenes colectivos. Entre sus libros últimos cabe destacar: &lt;em&gt;Votos de riqueza&lt;/em&gt; (Madrid, 2007), &lt;em&gt;Roxe de Sebes&lt;/em&gt; (A Coruña, 2011) y &lt;em&gt;La depresión informativa del sujeto&lt;/em&gt; (Buenos Aires, 2011). Es inminente la publicación de &lt;em&gt;Sociedad y barbarie&lt;/em&gt;, un ensayo sobre los límites de la antropología en Marx. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-7278524599333391377?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/7278524599333391377/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=7278524599333391377&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/7278524599333391377'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/7278524599333391377'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/10/cine.html' title='CINE'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-gDChtw87Ots/TpYOuQkJmVI/AAAAAAAAPCQ/TCBIxinX-DI/s72-c/arbol%2Bvida.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-1965273380254512253</id><published>2011-10-12T13:27:00.000-07:00</published><updated>2011-10-12T14:13:24.042-07:00</updated><title type='text'>LA FIRMA INVITADA</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Y NO ANDÁBAMOS DE MOJADOS&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Elia Casillas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 490px; DISPLAY: block; HEIGHT: 348px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5662715774233625986" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-HUjumyLiTQE/TpYB_osyRYI/AAAAAAAAPBg/vTDBBswm3Zo/s400/migra.bmp" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Si la luna suave se desliza&lt;br /&gt;Por cualquier cornisa&lt;br /&gt;Sin permiso alguno&lt;br /&gt;Por qué el mojado precisa&lt;br /&gt;Comprobar con visa&lt;br /&gt;Que no es de Neptuno&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ricardo Arjona&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;I&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo último que esperábamos era eso… si, que una Border Patrol (patrulla de migración) estadounidense, nos detuviera dos horas en pleno desierto, con un calor de esos que no sabes si lo envió Dios o Luzbel.&lt;br /&gt;El viaje sería pesado, dos días sobre ruedas y dormir donde cayeran los ojos. Atravesaríamos parte de Sonora y casi todo el sur de USA, desde Arizona hasta Texas, aunque esta vez, Iván Villalobos nos acompañaba con nuestro querido Piano. Iván es hijo de Lauro Villalobos y de Jari. ¿Recuerdan, aquel parador corto de los Charros de Jalisco y Naranjeros de Hermosillo? Si, el mismo, hoy gerente de los Mayos de Navojoa. Bueno, encaminábamos en perfecto estado, y en Nogales Arizona, compraríamos los permisos para atravesar suelo gringo. Entones; nos plantamos sonrientes, saludadores, amables, así como somos los mexicanos, yo con un sombrero que no dejaba duda de mi origen y creo que eso le caló a un pocho descolorido, y no sólo eso, si no que le hizo ampolla, harta ampolla. No sé a quien debí recordarle, porque él era hijo de mexicanos, su gafete decía Fuentes, rubio, ojo azul y hablaba perfecto español y el idioma… se mama en casa. Ni modo que fuera hijo de alemanes, ¡bah! Si lo que sobra en la sierra de Sonora son chinaleños de ojo verde, azul, gris y lila, de cabello dorado. Si los blanquitos también se van de mojados. El mojado no es únicamente el indígena. De pronto, cuando me acerco a pagar los permisos y pregunto…&lt;br /&gt;-¿Aceptan pesos mexicanos?&lt;br /&gt;-No, ahí está el cesto de la basura para que los tires-. Contestó Fuentes.&lt;br /&gt;-Ahhhh, si en México aceptamos dólares, no veo por qué ustedes no quieren nuestros pesos.&lt;br /&gt;-Porque siempre han sido unos perdedores…&lt;br /&gt;-¿Nosotros perdedores? ¿Ya olvidaste las chingas que les metía Pancho Villa? ¿Acaso no recuerdas que lo asesinaron y profanaron su tumba llevándose la cabeza? Le tenían pánico, por eso lo hicieron, sólo así estaban seguros que estaba muerto. ¿Te cuento que pasó el 5 de mayo, cuando en Puebla de los Ángeles sacamos a piedra limpia a los franceses que se querían quedar con el país? Y puro indio pata rajada. Hasta ustedes festejan ese día y no se diga Bush que manda por músicos y cantantes mexicanos, y en esa fecha come tacos y tamales y pozole y se echa sus tequilas. ¿De dónde somos perdedores? Contesté, mientras la sala se llenaba de aplausos con los expatriados que iban de regreso y por supuesto me daban su apoyo. No así los norteamericanos que extendían los permisos y me observaban como a una terrorista.&lt;br /&gt;-Si ustedes nunca han ganado una guerra… contestó Fuentes.&lt;br /&gt;-México no necesita guerras y ustedes si, cada vez que el dólar se devalúa inventan una. Finalicé.&lt;br /&gt;Con esa respuesta, las carcajadas de la estancia salían hasta el estacionamiento, Fuentes ya no dijo nada, la felicidad de los compatriotas que veían el descaro y atrevimiento de como les contestaba, hizo que saliera contenta y de cola esponjada. Aunque algo noté en el rostro de uno de migración que no me dejó tranquila, no comenté nada. En cuanto terminamos agradecí aplausos a los paisanos, y fuimos a la salida. Fuentes se tragó su merecida clase de revolución mexicana a medias, y nosotros nos comimos sus hamburguesas gringas de Carl´s Junior´s. Luego encarrilamos hasta El Paso Texas y ahí se nos cansó el piano. Al día siguiente el llano se alargaba y nosotros como el acordeón lo hacíamos corto, lo que ansiábamos era llegar a Reynosa con Mercedes, en casa no había teléfono, así que le dejamos un recado en la oficina de Leo Clayton, avisando nuestra salida de Navojoa. Y qué les cuento… a Leo se le olvidó y Mel estuvo dos días con el Jesús en la boca. Aunque en eso de meterle al acelerador Luis es único, pero con todo y todo, el Dorado no era avión, reconozco que él es muy bueno manejando, y comiendo no se diga. ¡Ay mi niño, como te quiero! Antes quiero aclarar, si viajamos por lado norteamericano ha sido por seguridad, una; otra, las carreteras, son extremadamente buenas, digo, comparadas con las de México que cobran cuota y siempre están en reparación y allá no pagamos medio cinco. Bueno, la tercera es la gasolina, excelente, de inmejorable calidad y más barata, con decirles que en cuanto el automóvil entra a tierra mexicana y prueba nuestro combustible, empieza a toser y toser y toser y termina torcido. Ya íbamos llegando a Laredo Texas cuando… ¡Chan! Un retén. Luis detuvo el automóvil, inmediatamente nos hicieron a un lado, dijeron que el permiso de él traía año 2000 y debía traer, 2001. Entonces recordé la cara del que extendió los permisos. Nos pararon y el calor ya era del mismísimo diablo haciendo de las suyas. Nos dejaron dentro del auto y aquello nos estaba ahogando, quise salir y la policía no me dejó, Luis y Gaby se asustaron y me contuve, pero la niña necesitaba el baño y le hablé a la mujer de la migra para que le permitiera salir al baño público y ella contestó que no, en ese momento no soporté tanta prepotencia y que salto, la mujer iba a aprehenderme y vio que me fui directo sobre un automóvil que estaba en el retén, entonces hablé con el conductor.&lt;br /&gt;-Disculpe ¿a dónde va?&lt;br /&gt;-Aquí, a Laredo Texas, ¿se le ofrece algo?&lt;br /&gt;-Si, ¿podría hablar a derechos humanos y decir que estamos detenidos injustamente?&lt;br /&gt;-Si señora, con mucho gusto.&lt;br /&gt;Los policías de la migra casi me aniquilan con la mirada, entonces le dije a uno de ellos un tal, Vásquez:&lt;br /&gt;-La niña necesita el baño.&lt;br /&gt;-No podemos prestárselo.&lt;br /&gt;-Entonces le diré que haga en el monte&lt;br /&gt;-Si lo hace, hablo con el sheriff para que los encarcelen.&lt;br /&gt;-No somos delincuentes por lo tanto no debes tratarnos así, el auto es una olla hirviendo, ahora que vengan los de Derechos Humanos les voy a contar todo.&lt;br /&gt;-Está bien, pueden salir… contestó de mala gana, el gordito. ¿Gordito? Puro salchichón hinchado.&lt;br /&gt;Fui con los muchachos y les dije que salieran del auto. Ellos sacaron guantes de béisbol, pelotas y empezaron a jugar a un lado, pero a Gaby no le prestaron el baño y eso que era de uso público, pero… ellos tenían las llaves. Después de una hora y cuarenta y cinco minutos creo, vimos otro automóvil de la migra y rápidamente la mujer policía nos dijo que la niña podía pasar al baño. Eran tres los que nos detuvieron, increíblemente uno de ellos nunca participó, él siempre se mantuvo fuera de todo el bochinche, por supuesto los tres de origen mexicano, si, si, si el nopal ta duro pa´ que desaparezca de la cara. Entre paréntesis les diré, pida a Dios o en quien crea, que cuando lo detengan del otro lado, no sea uno de origen latino, o mexicano, suelen ser los peores. Despiadados, abusivos y crueles. Del auto bajó un hombre maduro y se encaminó apresuradamente al moviblehome que hacía las veces de oficina y Vázquez se fue detrás de él. El permiso para viajar en USA, cuesta seis dólares y cubre cierto millaje dentro del país, más allá no debes de ir, ellos tienen sus claves. Bueno, por el simple hecho de tener visa no debieron pararnos, el permiso sobraba, nosotros estábamos en el límite de millas que cubre la visa. Pero eso no les importó cuando discutimos, nos aprisionaron y para entonces habían pasado casi dos horas, todavía nos faltaba llegar a Laredo y de ahí a Reynosa, tres horas más. El hombre salió y dirigiéndose a nosotros dijo:&lt;br /&gt;-Bueno, aquí están sus papeles, ya pueden irse, no pasa nada.&lt;br /&gt;-¿Qué no pasa nada? Nos detienen dos horas y con el calor que ustedes saben es para dejar seco a un humano, no nos permiten salir del automóvil, no nos prestan el baño para la niña, nos tratan como delincuentes y dice ¿qué no ha pasado nada?- En leonada como a veces me pongo, volteé a donde estaba Vázquez y con la uña del dedo índice que era y es bastante larga, señalé con furia su gafete enterrándolo en su gordura y continué- Y tú Vázquez si te hubieras apellidado Smith nos hubieras dado mejor trato, no todos los mexicanos somos delincuentes ni narcotraficantes, tampoco somos responsables si eso existe, en todo caso la droga viene de allá, pero ustedes la dejan pasar. Porque en un auto como el mío no pasa, para eso tienen sus tráileres y sus avionetas. Sonora no es sinónimo de Narcotráfico. Y tú, -señalé a la mujer- pídele a Dios que nunca un familiar tuyo necesite un baño y te encuentres una como tú, que no se lo permita, para que sepas lo que sintió mi niña el tiempo que se aguantó. Ser mexicano señor no es equivalente a corrupción, gobernantes buenos y malos existen y en todo caso ¿Clinton no se cogió a cuanta se le puso enfrente? Otra cosa, ustedes están en la espina dorsal de América con la CIA y sus satélites espían hasta debajo del comal y México por ese lado no tiene problemas, no nos metemos con nadie. Ahora usted dice ¿que no hay ningún problema? Claro que hay problema, porque los voy a denunciar a Derechos Humanos por lo que hicieron.&lt;br /&gt;-Señora, está en su derecho, lo único que puedo hacer es disculparme…&lt;br /&gt;-Mire, Dios sabe que yo sé defenderme, si, por eso nos detuvieron… entonces, Dios quiere; no que yo los demande, si no que ustedes tengan piedad con los indocumentados que se vienen muriendo y cuando atraviesan el desierto, los rematan con un tiro…&lt;br /&gt;-Señora nosotros no somos asesinos…&lt;br /&gt;-Si no son asesinos ¿cómo es que no agarran a los texanos que acribillan indocumentados? Dios quiere que ustedes tengan compasión de esa gente, eso es lo que Dios quiere, por eso nos detuvieron, porque él quiere que ustedes los traten como lo que son: seres humanos. Por eso nos detuvieron, sólo por eso…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;II&lt;br /&gt;Sin embargo, hubiera querido ser profeta y en la oficina de permisos, decirle a Fuentes que en el primer mundial de béisbol se cuidaran de México, porque los íbamos a eliminar. Jajaja los gringos olvidaron que la carrera se gana en la última vuelta. Eso me recuerda a Judá Ben-Hur el héroe bíblico. Una noche, antes de la competencia en la que llevaría como contrincante al tribuno Messala, dijo a los caballos árabes: -Chicos, los quiero listos para la última vuelta, ahí ganaremos la carrera- Los caballos negros del tribuno y los caballos blancos de Ben-Hur: Antares, Aldebarán, Altaír y Rigel, el mal y el bien en manos de estos hombres. Ni todas las artimañas de Messala fueron suficientes para vencer a Judá Ben- Hur. De eso se olvidaron nuestros vecinos, hay que dejar el resto en la última vuelta. Y como les contaba, veía el juego de Japón contra Estados Unidos y no podía creer que el ampayer Bob Davidson, les robara descaradamente una carrera a los nipones, ¿recuerdan? Cuando el japonés anota en pisa y corre y no cuenta la anotación, porque dijeron que el jugador se despegó antes de la base y Davidson la anula. Entonces, levanté la mirada al techo como cuando estoy desesperada y dije:&lt;br /&gt;-Señor; hasta en China eso es un robo, un robo que acá tiene un nombre: ampayer ladrón. Padre haz justicia por favor…&lt;br /&gt;¡Jua! El juego terminó y los norteamericanos ganaron, no quiero contarles como estaba, no quiero, pero se los voy a contar.&lt;br /&gt;-Señor ¿y tu justicia divina dónde quedó? ¿Cómo es posible que permitieras semejante robo?&lt;br /&gt;Como algunas veces, Dios permaneció mudo, si; porque de que no habla, no habla, y de ahí no hay quien lo saque, ¿yo? Menos. Entonces viene el juego contra México, el mismo señor Bob Davidson le piratea un cuadrangular a Mario Valenzuela. La pelota pega en el poste amarillo que colindaba la zona de dentro y fuera y regresa con la mancha de la vergüenza a manos de Esteban Loaiza y éste, enfurecido la muestra a las cámaras televisivas y exhibe la más atroz ratería, y nosotros también sentimos rabia, impotencia, decepción. Un batazo de cuatro esquinas se convirtió en hit doble. Como quiera sirvió, ya que Mario nos puso arriba en el juego con hit de Cantú. ¿Cómo éste hombre (Bob Davidson), podía estar en las dos jugadas que pusieron en desventaja a estos equipos, contra los norteamericanos? Entonces, de nuevo regresé los ojos al cielo y dije:&lt;br /&gt;-Le robaron al Japón y te quedaste muy tranquilo viendo a los gringos felices, hoy le hacen lo mismo a México y tú continúas ciego, bueno ¿de qué se trata esto?&lt;br /&gt;Entonces; México gana y elimina a los norteamericanos y los aniquila con el más humilde de sus hijos, Mario Valenzuela, éste hombre hizo las jugadas claves para dejarlos fuera, un flaco carne pura, carne correosa como la de los mexicanos que se alimentan con frijoles y tortillas. Carne magra, fuerte, sana. Carne hambrienta de honor. Si; porque para ganar se necesita dignidad y ganas, y a este muchacho le sobra seguridad en piernas, y corazón. En ningún momento el baja californiano se sintió menos ante Roger Clames, que de esa manera nos convenció que su adiós del montículo estaba ahí, y que no tenía que persuadirnos si la decisión, ya la había tomado su brazo. En ese momento gozamos a nuestros compatriotas dando la cara a un pueblo de inmigrantes, a un pueblo de indocumentados, en estadios repletos por mexicanos. ¿Fuentes, no qué somos perdedores? El asombro no cabía en el rostro del equipo de USA, luego, poco a poco fueron asumiendo su derrota y ésta les cayó de lleno, bajándoles la sonrisa por buen tiempo. Si lloraron, eso no lo pudimos ver, pero de que el llanto les brincaba en el pecho, de eso no quedó la menor duda. Entonces caí en cuenta que Dios veía la jugada, y que me quedo callada. Si algo no perdonan nuestros vecinos (los gringos), es perder contra México o Cuba. Pueden quedar fuera de un torneo por cualquiera, pero no por estos dos países y con México menos, el odio nos viene de siglos y así seguirá. Mi abuela decía: -hay odios y amores que se heredan. Y tal vez nosotros no seamos tan rencorosos, pero a ellos los educan para ganar siempre y a nosotros, al ay se va. Felicidades Paquín Estrada, a ver cuando la Historia te hace justicia para el Premio Nacional al Deporte, pero como decía mi abuela, tú eres otro cantar. Y bueno, una tarde mientras daba una ojeada a la televisión, un grito de Gaby me hizo ir a ESPN2 y ahí estaba el equipo del Japón con su trofeo de campeones. Porque una vez que México estuvo fuera del torneo ya no fue lo mismo, mi querencia disminuyó para seguirle el hilo al campeonato mundial. En ese instante me dio gusto ver a los japoneses felices; por un momento fueron dioses, por un momento su momento viajó a todo el mundo, eran los únicos, los vencedores. Si hubo justicia divina, merecían ganar, les habían robado una carrera que les costó un juego, pero ellos se alzaron de su derrota, llevándose las medallas de oro a casa. Y bueno, si se levantaron de dos bombas atómicas, ¿qué es un descalabro de ésta índole, para ellos? Quien lo dijera, los nipones con organismos tan estéticos, cuerpos más bien de atletas de carreras o de patinadores artísticos, quizá, bailarines de ballet. Sin grandes figuras, pero con alma de metal. Demostraron que para el béisbol se necesita más que músculos: corazón. Y sabido de todos, es la gran disciplina y entrega al trabajo que tiene esta gente. Entonces si, tuve que disculparme con Dios y dije: gracias, Padre. A lo que Él contestó:&lt;br /&gt;-¿Viste desesperada? Mi justicia a veces tarda, pero siempre llega.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Navojoa Sonora, marzo 11 del 2006&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-JDzMtMeJyWI/TpX5w2xPurI/AAAAAAAAPBU/DdrdRTP8750/s1600/ELIA%2BCASILLAS"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 400px; FLOAT: right; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5662706724219370162" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-JDzMtMeJyWI/TpX5w2xPurI/AAAAAAAAPBU/DdrdRTP8750/s400/ELIA%2BCASILLAS" /&gt;&lt;/a&gt;Elia Casillas&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; es originaria de Guadalajara, Jalisco. En 1998 ingresa a la Escuela de Escritores del Sur de Sonora y dicha institución publica su poemario, “Ante el Cristo repujado que me ve”, patrocinado por el jugador de Grandes Ligas Vinicio Castilla. El reconocido pintor Rolando Bracamontes hace la portada del ejemplar. Desde el momento que inicia en el diplomado, el Diario del Yaqui le abre una oportunidad en la página Quehacer Cultural que edita Ramón Iñiguez donde continúa publicando hasta el día de hoy. El Informador del Mayo le publicó dos años, mientras duró el diplomado, y es colaboradora de la Revista Literaria Yuku Jeeka de Ciudad Obregón, donde le han publicado poesía y cuento. El programa “Confieso Que He Leído”, del canal TeleMax de Hermosillo Sonora, editó para la televisión uno de sus cuentos: El Mochilero, ésta transmisión era dirigida por el Profesor Juan Manuel Ávila. Desde noviembre de 2003 participa en el encuentro de escritores sonorenses, “Bajo el asedio de los Signos” organizado por Juan Manz reconocido poeta de Ciudad Obregón y en Navojoa ella es promotora del evento. En la desaparecida página de béisbol Hitazos.com las 14 notas más leídas eran de ella y uno de sus textos, El Oaxaca, Vinicio Castilla, en 7 días llegó a 8,000 visitas. En el 2007, logró estar en tres antologías poéticas, una publicada en Ciudad Delicias en el encuentro internacional de poetas que organiza Maria Merced Nájera Migoni. También ha estado en el encuentro “Las horas de Junio” evento que se realiza en Hermosillo, Sonora. En el 2008 entró en una Antología Nacional de mujeres que editó Alejandra Peart. El 2008 publica su libro: Sola, sin tu sombra, un poemario sobre Frida Kahlo. Los estudiantes del Centro de Estudios de Bachilleres (COBACH), bajo la batuta de la Licenciada en Letras Emérita Díaz Sarabia, hicieron un Performance musical de Sola, sin tu sombra, que presentaron en la UNISON unidad Navojoa. Mara Romero y Óscar Grajeda hicieron otro performance sobre el mismo poemario en el Museo de las Culturas Populares de Ciudad Obregón, con el guión del escritor Franco Félix y artistas de la localidad. En el 2009 presentó su libro más reciente: Reyes y Ases del Béisbol y ya está en la editorial Sube el Piano y Baja el Piano. Recientemente se presentó en Guadalajara en la Casa de los Perros en el primer encuentro de escritores de Cronopia con el mismo performance auxiliada por el grupo musical Colibrí y alumnos de la Universidad de Guadalajara.&lt;br /&gt;Sitios en la Internet: LUNAZUL http://elyazul.blogspot.com/&lt;br /&gt;Béisbol Béisbol Béisbol http://bisbolnocheysol-elya.blogspot.com/&lt;br /&gt;http://blogsdelibros.com/ Blogs de libros » Elia Casillas&lt;br /&gt;http://let raskiltras.ning.com/profile/EliaCasillas&lt;br /&gt;columnasdebeisbol.galeon.com/enlaces949047.html - 47k&lt;br /&gt;www.flakozitas.com.ar/nuestragente/index.htm - 24k &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7984886408857960645-1965273380254512253?l=lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/feeds/1965273380254512253/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7984886408857960645&amp;postID=1965273380254512253&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1965273380254512253'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7984886408857960645/posts/default/1965273380254512253'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com/2011/10/la-firma-invitada.html' title='LA FIRMA INVITADA'/><author><name>José Luis Muñoz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12142547540997882106</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-HUjumyLiTQE/TpYB_osyRYI/AAAAAAAAPBg/vTDBBswm3Zo/s72-c/migra.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7984886408857960645.post-6264631934753369073</id><published>2011-10-12T01:36:00.000-07:00</published><updated>2011-11-13T00:46:41.379-08:00</updated><title type='text'>DIARIO DE UN ESCRITOR</title><content type='html'>&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Madrid, 12 noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 479px; DISPLAY: block; HEIGHT: 308px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5674397725730208130" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-VrLuzmqqOrk/Tr-CqtRu-YI/AAAAAAAAPJw/itE3JAefC4w/s400/La-voz-dormida-Pelicula.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;Madrid es una enorme sala de cine en sesión continúa. Me recordó a mis escapadas a Perpignan, durante la larga noche del franquismo, para ver las películas que aquí no entraban: todas. Sesiones maratonianas que duraban veinticuatro horas y de la que volvía con las retinas empapadas de imágenes. Pues eso es Madrid, hoy, después de mi descenso en autobús y AVE de mis montañas queridas a la capital del reino.&lt;br /&gt;Empiezo en el cine Callao con &lt;em&gt;La voz dormida&lt;/em&gt;, la película de Benito Zambrano maltratada por la crítica pero recomendada por amigos que lloraron al verla, y me duele verla, sí, me duele de una forma atroz, no me molesta su maniqueísmo, que no lo es, porque en esos momentos de la posguerra española había víctimas y verdugos, y lo siento, pero las víctimas siempre contarán con mis simpatías mientras detesto a los verdugos. A través de dos actrices bellísimas y en estado de gracia, dos entrañables hermanas, Zambrano destila ese espantoso momento histórico de los juicios sin garantías, las sacas y los fusilamientos masivos en las tapias de los cementerios, de todo eso que ahora llamamos memoria histórica y unos cuantos no quieren reconocer. Maldigo ese maldito fascismo y esa guerra que nunca debió existir. Maldigo a Franco y sus cuarenta años de infierno. &lt;em&gt;La voz dormida&lt;/em&gt; despierta en mí muchos sentimientos, aviva imágenes del pasado, de mi escuela nacionalcatólica, de curas fascistas o pederastas, de patriotismo impuesto, de una bandera con la que nunca podré identificarme porque no la veo como amiga. &lt;em&gt;La voz dormida&lt;/em&gt; es un hermoso homenaje a los derrotados: todos.&lt;br /&gt;Sigo, en los cines Palafox de la calle Luchana, con &lt;em&gt;Melancolía&lt;/em&gt; de Lars Von Trier. Película en dos partes con un hermoso preludio de imágenes descompuestas en su movimiento con música de Wagner que suena hasta el final catárquico del film. El fin del planeta Tierra contado por ese provocativo danés. Dogma y antidogma. Dogma de &lt;em&gt;Celebración,&lt;/em&gt; otro de los pilares del movimiento, en esa larguísima secuencia de la boda que se frustra, perfecto psicodrama en el transcurso del cual los invitados se psicoanalizan. Barridos sin fin y planos temblorosos cámara en mano. Muy Lars Von Trier de &lt;em&gt;Los Idiotas&lt;/em&gt;. Curiosamente los cuadros que adora el director danés están entre mis favoritos de todos los tiempos: &lt;em&gt;Cazadores en invierno&lt;/em&gt;, de Brueguel, que me fascinó siendo niño. El Bosco. Caravaggio. Maravillosas presencias de John Hurt, Charlotte Rampling, impagable madre de la novia, Keifer Shuterland. La segunda parte es un duelo a dos entre Kirsten Dunts y Charlotte Gainsborough previos a un fin del mundo intimista en el que hablan de sus terrores, de la relatividad de la vida cuando ésta está a punto de evaporarse. Y hace que todos nos planteemos qué hacer si eso se produce, con quién pasar los últimos momentos de tu vida, qué mano tener entre las tuyas. Este año a los directores les ha dado por la metafísica. Después de Terrence Malick le toca el turno a Lars Von Trier. Pero me pregunto qué sería de&lt;em&gt; Melancolía&lt;/em&gt; sin ese maravilloso y dramático subrayado musical de Wagner, el músico más cinematográfico de todos los tiempos.&lt;br /&gt;Con tanto cine se me olvidó comer y lo noto por el estómago vacío, que me duele, y mareos. Subo por la calle Montera, poblada por cuerpos de alquiler de todas las razas humanas, y me meto en el primer bar a tomarme un pincho de tortilla y una Mahou. Madrid me aturde por su gentío. Es sábado por la noche y la Gran Vía está atestada de gente. Añoro mi solitario Valle y su ritmo pausado. Aún puedo ver una última película en Callao. La tercera. Un desastre y eso que la firma Jim Sheridan y salen las maravillosas Rachel Weisz y Naomi Watts. &lt;em&gt;Detrás de las paredes&lt;/em&gt;. Un guión que no se sabe cómo se escribió, pero es irrisorio, en el que se mezcla casas con fantasmas con falsos culpables, interactuando vivos y muertos al libre albedrío de su director. Mejor habría estado tomando una pizza, me digo.&lt;br /&gt;De madrugada regreso a mi hotel, un Silken en Puerta de Castilla, sin tiempo de llamar a mi homónimo, que no me lo va a perdonar, ni de ver a mi mucha y querida familia que tengo en Madrid, desplazada por mi sed de cine. La habitación está bien: grande, con cama enorme, pantalla de plasma, minibar. A las dos me cobijo debajo de una funda nórdica, Pongo el despertador a las nueve. Antes me he tomado otra cerveza y un sándwich de ensaladilla rusa en el bar del hotel. Mañana duermo en Miami Beach.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#cc0000;"&gt;Arán, 111111 &lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 265px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5674067752554162498" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-2uk2l0n-6VI/Tr5WjvZ9aUI/AAAAAAAAPJk/JT6nWaOPX5s/s400/DSC_0036.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;Montones de unos en la fecha de hoy. La gente se agolpa para comprar el número de la 11111111. Más unos. Sin hache. Porque lo hunos, con hache siguen al asalto de los países que cotizan a la baja en Bolsa. Italia y Gracia están a un excelente precio de compra en estos momentos. Compren, que están de rebajas.&lt;br /&gt;Creo que habría que retroceder muchos años atrás para encontrar un momento histórico tan desolador. Nunca, como hoy, la lucha de clases, tras haberse creído las clases trabajadoras que eran propietarios (de casas de las que han sido desahuciados) y accionistas (de acciones que han caído en bolsa) ha estado tan vigente. La eterna lucha para evitar que nos pise. Nada nuevo desde que el hombre existe. Siempre fue así. Quizá ley de la naturaleza, ante la que nos rebelamos. Si los ñues se organizaran podrían con los leones.&lt;br /&gt;Demoro hacer la maleta, aunque mentalmente la hago y sé lo que tengo que meter en ella. Demoro arreglar la casa hasta última hora para que &lt;em&gt;El amigo que viene de Graná&lt;/em&gt; crea que soy un tipo ordenado. Lo soy, a veces, cuando el desorden me sepulta. Así es que escribo, leo la curiosa novela de Carlos Pérez Merinero &lt;em&gt;La niña que hacía llorar a la gente&lt;/em&gt;, contesto mails y preparo luego la comida ya que tengo invitada.&lt;br /&gt;Mademoiselle Bonnaire llega puntual con una botella de Somontano tinto bajo el brazo. Está bueno. Alaba la crema de zanahorias, la tortilla de patatas y las manzanas fileteadas fritas con whisky, azúcar y canela, aunque la especie, marroquí, sea picante. La compré en Marrakech hace una eternidad. Hablamos de literatura, de sus progresos con su novela que ya va por las veinte páginas y promete enseñarme en cuanto regrese de Miami, del padre que no conoció, del que sólo guarda una imagen: marchando de casa. Me suena.&lt;br /&gt;Subimos al Coth de Baretges, en coche hasta el final de la pista forestal. Es nuestro rincón preferido. La Maladeta está muy nevada. La luz es perfecta, tenue, privilegia los azules. Hago un centenar de fotos. No acabo de descubrir el Aneto ahora que su glaciar perpetuo ha quedado sepultado bajo la nieve. Reina el silencio más absoluto. Los caballos y las vacas los bajaron al Valle, pero hay un rebaño de ovejas, medio centenar, que pasta en una ladera soleada. Mademoiselle Bonnaire siente lástima por esas ovejas que pasarán frío por la noche.&lt;br /&gt;De regreso a mi casa me demoro en hacer el equipaje. Siempre que emprendo viaje me invade una pereza extrema. Bueno, me da pereza cualquier obligación, y hasta un viaje, como éste, mitad profesional y mitad de placer, se me hace un poco cuesta arriba. Tampoco me apetece arreglar la casa, aunque sé que acabaré haciéndolo. Le escribo una manual de instrucciones y excursiones recomendadas a mi amigo de Graná que puede hacer hasta que yo no llegue. Escucho, mientras reviso el correo, a Cayo Lara que desgrana su programa que suscribo punto por punto. Pero no votaré. Ni tengo ganas ni estaré ese 20N. Pero si alguien que lea esto vota, que vote a IU, por lo menos.&lt;br /&gt;A las diez, después de cenar sin hambre, arreglo la casa, la dejo como una patena, preparo la habitación del invitado, pongo toallas limpias en el baño. Estoy cansado. Mañana dormiré bajando hasta Lleida, para coger el AVE a Madrid. A las 12 hago la maleta, con un setenta por ciento de libros y un treinta de ropa. Y ya sí, me voy a la cama, a la una, después de enviar mi articulo &lt;em&gt;Goldman Sachs gobierna. El Broker loco tenía razón&lt;/em&gt; (una triste realidad comprobable) que he colgado en &lt;em&gt;Bajo el Volcán&lt;/em&gt; y espero repliquen en &lt;em&gt;El Importuno&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Crónica Popular&lt;/em&gt;. Antes de dormir activo cuatro alarmas. Mañana no puedo dormirme. Buenas noches y buena suerte.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 8 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 487px; DISPLAY: block; HEIGHT: 341px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5672792134850157314" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-IXHDOv0ttfA/TrnOZBJfmwI/AAAAAAAAPIc/U1dfcMaLTmE/s400/DSC_0006.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Después de cuatro días consecutivos de lluvias (el Garona, rugiendo, parecía que iba a desbordarse, pero no) hoy se produjo el milagro y el cielo amaneció sin nubes. Rompí mi forzado enclaustramiento. Ocupé, por lo tanto, mi mesa de la terraza a leer &lt;em&gt;Público&lt;/em&gt;, al sol, y tuve mi cerveza de euro veinte sobre la mesa a los pocos segundos. Tanto automatismo tiene sus ventajas, pero también sus desventajas. Ventajas es que no tengo que molestarme en pensar lo que voy a pedir ni llamar al camarero. Hoy no fue el que leía a Thomas Mann. Desventajas: que cuando me siente, en pleno invierno, a cinco grados bajo cero (bueno, si hace cinco grados bajo cero creo que no me sentaré en la terraza) a lo mejor me apetecerá tomarme un chocolate con churros y me seguirán poniendo la cerveza de euro veinte y yo bebiéndomela entre tiritones.&lt;br /&gt;Hoy la prensa era monotemática, como los telediarios y los debates televisivos. El duelo Rubalcaba/Rajoy. Rubalcaba, según mi opinión, estuvo mejor, pero así y todo, perdió. Es que perdió ya antes de entrar en el debate. Su losa es haber formado parte, hasta hace dos días, de ese gobierno desastroso que nos ha llevado a esta situación. Prometer, ahora, lo que no hizo en los siete años y pico en los que estuvo en el gobierno no es creíble. Al PSOE le irá muy bien pasar por la oposición, refundarse y hacer la travesía del desierto y no sé cuál será el destino de Rubalcaba después de quemarse a lo bonzo por su partido. Rajoy no contestó al periodista Rubalcaba, que lo sometió a un duro tercer grado, y parecía no haberse leído su propio programa. Pero ganó sin hacer nada. Y pronto lo veremos en La Moncloa sin hacer nada. No le envidio, en absoluto, y creo que él, si pudiera, se bajaría de ese tren.&lt;br /&gt;La crisis financiera golpea de lleno a Italia. Berlusconi se hunde. La preocupación de Il Cavalieri es enorme. Cuando dimita perderá su inmunidad y la lluvia de procesos de todo tipo que se le avecina no le va a dejar dormir con sus velinas. ¿Y después de Italia? Porque la ola del tsunami sigue avanzando y no se detiene. España.&lt;br /&gt;Me sigo preguntando qué hará Europa con esos cuarenta millones de parados que no tienen esperanza de encontrar trabajo y que, seguramente, irán aumentando. Me pregunto hasta cuando las familias, el auténtico sostén de toda esta desastrosa situación, podrán seguir aguantando en su labor de subsidiarios. Y no veo respuestas a corto plazo. Ni horizontes. Los griegos, los que pueden, están emigrando a Australia. ¿Qué pateras vamos a coger los europeos y adónde vamos a ir con ellas? Esbozo tres soluciones posibles, y todas malas. Una guerra devastadora (que puede empezar por ese insensato ataque de Israel a Irán que parece estar cociéndose a costa de una bomba atómica, que no tienen, pero sí la tiene Israel) puede ser un primer escenario: destruir para construir y eliminar ese excedente humano de 40 millones de parados como ya se hizo en las dos guerras mundiales precedentes cuando el escenario europeo era muy similar al de ahora. Otra, el fascismo, no descartable para acallar la contestación a todas las medidas de recortes sociales que están implementando los desgobiernos europeos. Gasearemos emigrantes en vez de judíos. La tercera, una revolución, una insurrección popular de todos los indignados. Y no harían falta armas ni barricadas para derribar a los gobiernos corruptos e ineptos que tenemos, bastaría con una insumisión total, empezando por la fiscal, para quebrar al estado. Cada vez estoy más convencido de que hace falta algún tipo de convulsión para reaccionar a la islandesa.&lt;br /&gt;Hoy me lucí con la comida. Invité a Mademoiselle Bonnaire. Cociné una sopa mexicana con tomate, pimiento rojo, ajo y chile, que tiene un nombre indígena (me sale txalaparta, pero no es ése su nombre, amiga pueblana, sino el de un instrumento de Euskal Herria); confit de pato con guisantes (le dije a mi amiga francesa &lt;em&gt;petit pois&lt;/em&gt; y quedó gratamente sorprendida por mis conocimientos de su idioma) y tarta tatin, muy francesa ella. La granjera de Foz me felicitó por mis habilidades culinarias en las que empleé una hora justa. Hablamos, mientras apurábamos las copas de vino de Somontano Viñas del Vero, de literatura. Le estoy animando a que escriba y creo que hay en ella madera de escritora, sensibilidad literaria que aprecio en las cartas que me envía cuando sus ocas le dejan en paz. Tiene una vida rica en anécdotas y creo que escribir sobre ella le liberaría de ciertos traumas. Me ofrezco a corregir sus textos, a moverlos por editoriales, una vez estén terminados. Me coge la mano y me da las gracias.&lt;br /&gt;Después de hacer la siesta, breve, cogí la bici. Me marqué como meta Bausén, pueblo que está más alto que Canejan, al que se llega por fuertes pendientes. Me puse el pantalón de lycra, la camiseta más raída que encontré, cogí el casco y pedaleé carretera abajo hacia Les. No hacía frío a las cinco de la tarde. Los primeros dos kilómetros de subida a Bausen se me hicieron largos e interminables; estaba desentrenado después de los cuatro días de encierro. Luego ya cogí el tono y pedaleé con furia hasta el pueblo. Bausén es uno de los enclaves más auténticos de Arán: no hay nuevas construcciones apenas, no hay más que un pequeño bar y me sale a recibir un lugareño, que da un paseo por la carretera, y un perro que pasa por mi lado sin ladrarme. Me bajo de la bici y estiro las piernas. A lo lejos aparecen las cumbres nevadas de la Maladeta. Me siento en un pretil y llamo a La Arquitecta. Ella también tiene una percepción muy pesimista acerca de la deriva de Europa. Regreso cuando anochece, a las cinco y media, y no por la carretera sino por la senda que corre paralela al Garona. Paso por la piscifactoría, pero no me detengo a comprobar si sigue habiendo esturiones en los estanques. Dejo atrás una casa pegada a un enorme redil y el perro me ladra y corre en paralelo a mi sentido de la marcha por una elevación. Conozco al perro, de otras excursiones, y sé que no me saltará encima, que sólo me ladrará hasta que me pierda de vista. El Garona ruge a mis pies mientras pedaleo furioso por una cuesta cubierta de irregulares piedras que nunca logro superar. Hoy tampoco; me caigo. Sin consecuencias. Ni para mí, ni para la cámara que llevo colgada del hombro. Entro en el pueblo cuando es noche cerrada. Me tomo un café con leche y una porción de mi tarta tatin no bien entro en casa. No hace frío porque el sol la ha estado insolando toda la tarde hoy, que no había nubes. Así es que, después de reponer fuerzas, subo a mi buhardilla a trabajar.&lt;br /&gt;Dos excelentes profesionales de la imagen han grabado un video promocional de mi novela “Llueve sobre La Habana”. Lo miro. No he quedado mal. Han hecho un montaje muy ágil y han eliminado algunos momentos aburridos de lecturas. Me gusta que como banda sonora del video hayan incorporado la de la película “Sed de mal” además de sonidos cubanos. Material perfecto para la próxima presentación de la novela en Miami.&lt;br /&gt;Luego, en ese mundo fascinante que es Facebook, encuentro a un viejo amigo y camarada. Lo he estado buscando durante meses, se lo dije al Filósofo Rojo, y por fin lo he hallado armándome de paciencia: El Joven Guardia Rojo. No porque sea joven, que ya digo que no lo es pero sí lo fue cuando yo lo conocí. Y militaba en La Joven Guardia Roja, un grupúsculo maoísta de la universidad. Y a pesar de nuestras divergencias ideológicas (yo era, soy, anarquista, más desde lo que está cayendo y la progresiva devaluación del sistema democrático) solíamos coincidir en el bar a tomarnos unas cervezas y fumar. Entonces hasta se fumaba en las clases. No estudiábamos mucho, la verdad sea dicha, pero sí bebíamos cervezas. Y mirábamos a las chicas. Las chicas que ahora todas tienen sesenta años, por lo menos. Ellas iban con tejanos, recuerdo, y con jersey de cuello alto, como los que lleva Mademoiselle Bonnaire cuando acude a mi casa a comer. En realidad Mademoiselle Bonnaire me recuerda a una chica de aquella época, porque suele vestir pantalón de pana ceñido y altas botas. Yo también utilizaba botas, caramba, y no sé por qué las abandoné. Me hacían más alto, esbelto; me proporcionaban una cierta agresividad al andar. De vaquero. Había una chica, de la que hablaré cuando me reúna para tomar unas cervezas con El Joven Guardia Rojo y el Filósofo Rojo, tres es multitud, que se llamaba La China. Maoísta, claro, con ese nombre. Promiscua. Todos entonces lo éramos, o decíamos serlo. Yo creo que era de los que decían serlo. Porque con La China no hubo nada. Y me gustaba, a pesar de que era pequeña, con gafitas redondas, de intelectual estalinista, y toda ella sugerentemente redonda dentro de sus tejanos y su jersey de cuello de cisne. Le pregunté al Filósofo Rojo si había conocido a fondo a La China cuando estuve en Madrid con él y me contestó que no. Ni siquiera sabía quién era La China y eso que era una chica muy conocida en el bar de la facultad. Y en las camas de los revolucionarios. Pero creo que sólo se lo hacía con maoístas o estalinistas. Quizá con ese amigo reencontrado, el Joven Guardia Rojo que ahora ni es joven ni guardia rojo. No he vuelto a saber más de La China que, por cierto, tenía rasgos orientales y recitaba de memoria las sentencias de Mao Tse Tung. Se habrá casado y tendrá hijos mayores. Se habrá muerto. No puedo localizarla por Facebook porque, cosas de la clandestinidad, nunca supe su nombre. Quizá sí lo sepa El Joven Guardia Rojo si llegó a intimar con ella. Son extraños esos reencuentros con compañeros del pasado y no se sabe en qué terminarán. Quizá en que no tengamos ganas de vernos más veces después de revivir el pasado que es nuestro único vínculo. No ocurrió así, sin embargo, con el Filósofo Rojo que es mi amigo más antiguo. Cuarenta y dos años de amistad. Mucho más que cualquier matrimonio y mejor avenidos que cualquiera de ellos.&lt;br /&gt;Se me apaga la pipa mientras escribo. La una y veinte. Hora de bajar a mi cama y abrazarme a mi almohada. Y sin noticias de Esther Williams. Creo que murió. O me olvidó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 4 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 503px; DISPLAY: block; HEIGHT: 353px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5671422927748557010" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-qZwlP5dHKNQ/TrTxGrN1aNI/AAAAAAAAPIQ/AYbwexEzw8E/s400/DSC_0001.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Llueve sin parar después de una noche con vientos huracanados que estuvieron golpeando con saña la casa por todos sus costados y poniendo a prueba su resistencia. Pero, curiosamente, ese aire que sopla es cálido y yo sigo con manga corta y sandalias, como si me encontrara al final del verano. Claro que tampoco soy un tipo muy normal en ese aspecto. El otoño llegó a los bosques, cierto, pero la temperatura, a pesar de la lluvia y el viento, no baja y su descenso es paulatino, sin sobresaltos térmicos: 20 grados al mediodía y 5 por la noche. La temperatura de la casa se mantiene, inalterable, a 17 grados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Ayer cayó un rayo solitario y me sorprendió su estampido en la casa. Un solo rayo. Y se fue varias veces la luz, por el viento. No salgo en todo el día de casa. Sólo para comprar el diario e ir a la panadería. Al anochecer, para dar un paseo por el Garona, que baja crecido de agua, impresionante, después de que todos los pantanos del Valle hayan abierto sus compuertas. Siempre que me acerco a un río impetuoso, como éste, me entra una especie de vértigo y me imagino cayendo a sus aguas arremolinadas, ahogándome. &lt;/p&gt;En mi buhardilla trabajo y mato a tres moscas pesadas que me incordian constantemente. Se estrellaban contra el cristal de mi ventana, se paseaban por el teclado de mi ordenador, revoloteaban alrededor de la pantalla de la lámpara, hasta que las ejecuté con sendos golpes de diario, a las tres.&lt;br /&gt;Sigo con esa novela corta, más que relato porque alcanza las 40 páginas, que es &lt;em&gt;Bellabestia&lt;/em&gt;, en ese proceso tan poco gratificante que es descubrir los pequeños fallos, las comas mal colocadas, las palabras que se repiten, los cacofonismos, las construcciones de frases demasiado largas y complejas, limando adjetivos y buscando la palabra justa, esa labor de amanuense que viene después de la creativa, que convierte a los artistas en simples artesanos. El pulido de la escultura una vez que la cara y la figura se muestran con precisión. Y, cuando me canso de mi texto, que es algo frecuente después de haberlo leído diez veces en los últimos días, tomo &lt;em&gt;A la caza de la mujer&lt;/em&gt; del egocéntrico James Ellroy que alardea de su racismo y fascismo, quizá para epatar y escandalizar, y que en cada una de sus páginas no hace otra cosa que besarse su propio culo, eso sí, sin adjetivos, con esa prosa desnuda de frase corta, como secos disparos, que caracteriza su literatura.&lt;br /&gt;Reviso mi correo. Me responden del festival de novela policial de Gaillac al que estoy invitado en octubre de 2012. Lo apunto en la agenda, para tenerlo en cuenta y que no se solape con otro evento. Echo en falta unas misivas matutinas que me envía alguien a quien echo de menos. ¿Se enfadó conmigo? No ando muy sobrado de amistades para permitirme perder una sola. Y además, la suya, es muy especial y ella lo sabe. Así es que escribo a esa buena lectora que ahora anda enfrascada con El mal absoluto, mi ensayo novelado sobre el Holocausto, esperando una contestación que llega en forma de llamada telefónica que me despierta de una larguísima siesta que empieza a las cuatro de la tarde, no bien se fue la invitada a comer que tuve hoy, y se prolongó hasta las siete y media.&lt;br /&gt;Hoy vino Mademoiselle Bonnaire a comer; pudo dejar un momento su granja de patos de Foz y venir a visitarme. Un día sacará el hígado a uno de sus patos para que lo haga a la plancha con sal maldon. Viste pantalones ajustados de pana y jersey de cuello alto, que le da una vuelta, y luce su espléndida melena negra, ligeramente ondulada, suelta. Le hice unos espaguetis con salmón ahumado, que triunfaron; luego huevo frito con patatas, que no tiene más secreto que el que la patata sea buena, y aquí es extraordinaria, y que el huevo sea fresco, y de eso se encargan las gallinas ponedoras; y de postre yogurt con miel y nueces. Me habló de un crimen acaecido en Vielha, la capital, porque sabe de mi afición al &lt;em&gt;polar&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Aquí también se mata y hay desalmados. Sí, en estos valles de verdor eterno y agua generosa también hay violencia. La plaga esa que se llama violencia de género le tocó, esta vez, a la pequeña comunidad que vive en este paisaje amable. Un hombre que no acepta que su pareja le diga que la relación acabó y decide terminar con ella y luego consigo mismo. Con ella lo consiguió, estrangulándola; consigo mismo fracasó estrellándose frontalmente contra un camión cerca de mi pueblo. Los aburridos &lt;em&gt;mossos de esquadra&lt;/em&gt; del Valle tendrán un caso en el que entretenerse, aunque todo está muy claro. Hoy se rompieron tres vidas en este hermoso Valle de Arán. La de esa mujer muerta, que no verá crecer a su hija; la de ese miserable asesino, que ha destrozado su vida y otras dos; y la de esa niña que crecerá sin padres. Hoy el Valle fue escenario de novela negra.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Arán, 2 de noviembre de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 503px; DISPLAY: block; HEIGHT: 359px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5670552973625828610" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-U-FUo4xbLfQ/TrHZ4rkApQI/AAAAAAAAPIE/BXxQ9IQ-rO0/s400/DSC_0013.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;La casa estaba hoy vacía después de esos cuatro días pasados en la que estuvo tan concurrida. Aun me sonaban las voces de los visitantes y los maullidos de ese cachorro humano que miraba con sus hermosos e inocentes ojos azules todo lo que a su alrededor sucedía y abría su pequeña boca tratando de emitir algún tipo de sonido. Con el recuerdo de su cuerpo acunado entre mis brazos, caliento el café. El desayuno, sin ellos en la mesa, será espartano: sin zumo de naranja, sin torrijas ni churros, sin pastas de coco ni almendrados ni panellets. Hay que rebajar los kilos que me he puesto de más en estos cuatro días de comilonas caseras y suaves paseos por las montañas otoñales que terminaban bruscamente en cuanto alcanzábamos la cota de 1200 metros. Los bebés de dos meses no pueden subir a más altura. Me lo dijo &lt;em&gt;Mademoiselle Bonnaire&lt;/em&gt;. Se lo confirmó a &lt;em&gt;La madre de Paula&lt;/em&gt; internet.&lt;br /&gt;Llovió casi todo el día. Por eso no leí el diario en mi terraza del pueblo ni &lt;em&gt;El camarero que lee a Thomas Mann&lt;/em&gt; me puso la cerveza delante. Me fui a leer las malas noticias a mi casa, con un par de cervezas, unas almendras saladas y unas adictivas patatas fritas. Europa se hunde, es la conclusión que vengo sacando todos estos días. Vamos a volver a la economía de subsistencia y al trueque. Mi vecina paraguayo argentina no descarta regresar a su país. &lt;em&gt;Están ustedes peor que nosotros con el corralito&lt;/em&gt;, me dice. Y lo peor no ha llegado todavía.&lt;br /&gt;Escuché a Arias Cañete hablar con Ana Pastor y veinte años de PP en el gobierno me digo que no voy a soportarlos. Por eso me situé en la misma frontera, para pasarla cuando las cosas vayan mal dadas.&lt;br /&gt;Tengo muchas cosas que hacer. Lavar y tender la ropa; lo hago a pesar de que llueve y sopla un viento, cálido, es un misterio, con fuerza. Adecentar la casa. Eso lo dejo para mañana. Acabar el redactado de &lt;em&gt;Bellabestia&lt;/em&gt;. Me pongo en ello. Buscar un hotel en Miami. Lo encuentro tras una búsqueda intensiva por Miami Beach, cojo uno que está próximo a la carretera que comunica la lengua de playa con el centro de la ciudad, no muy distante del local en donde alquilan bicicletas. Recibo un mail de la directora de una publicación de la ciudad que desea entrevistarme en cuanto llegue. Cuando le comunico que estaré cinco días más se ofrece a enseñarme la ciudad. Acepto su amable invitación, sobre todo cuando me dice que conoce buenos restaurantes.&lt;br /&gt;No viene a comer &lt;em&gt;Mademoiselle Bonnaire&lt;/em&gt; a pesar de que la invito. Hoy no puede dejar a los animalillos que tiene en su granja. Hoy le toca cuidar el huerto. La comprendo.&lt;br /&gt;Por la tarde, después de escribir unas cuantas páginas, caigo en un estado de somnolencia absoluta que me lleva directo a la cama. La siesta es de un par de horas, bajo mantas. Abro lo ojos cuando ya es de noche. Es de noche a las 6, pronto lo será a las 5 y media. Leo unas cuantas páginas del egocéntrico James Ellroy que se cree el mejor escritor del mundo. Me hago café, para despertarme. Pienso en mi niña Paula, en sus manitas, en sus ademanes tan femeninos pese a ser tan pequeñita, en sus llantos y rabietas que se suceden a sus sonrisas. Mi Pulguita querida.&lt;br /&gt;A las 9 ceno. La sopa se espesa cuando bato la verdura. Los gallets la hacen más espesa, todavía. Un amigo de mi séptima vida, que conservo en la octava, me llama para preguntarme qué quiero de Granada: una botella de Calvente, le digo. Y pasteles árabes. No deseo nada más. Me los subirá cuando se instale en mi casa dentro de una semana justa. Yo estaré en Miami y él en Arán, disfrutando de mi casa hotel. Le digo que prepare su retina a los paisajes preciosos del otoño, si es que el viento no los ha borrado.&lt;br /&gt;Llueve y se va la luz. Escribo a un par de franceses que organizan festivales de polar. Me contesta el de Agen confirmando mi invitación al evento el 10 y 11 de marzo. Lo apunto en mi agenda electrónica. El de Gaillac no me contesta. Tampoco obtengo respuesta de un msg que le envío a &lt;em&gt;Mademoiselle Bonnaire&lt;/em&gt; deseándole las buenas noches. Seguramente ya duerme en su hermosa granja de Foz. Un día iré a visitarle. Y le diré que me dé el foie de uno de sus patos.&lt;br /&gt;Hoy es mi primer día de soledad después de estar cuatro días muy bien acompañado.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 25 de octubre de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5667586968896262642" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-4N41O55bpYw/TqdQUe6x0fI/AAAAAAAAPFs/kGpXLxHICYc/s400/BELLABESTIA.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;Día extraño. Se rompieron las rutinas. No cogí la bici. Ni salí a pasear. Ni me senté en la terraza del bar en donde &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El camarero que lee a Thomas Mann&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; me pone una cerveza. Sí compré &lt;em&gt;Público&lt;/em&gt; a mi amiga paraguaya, y me enteré, por una mujer con un bebé (pensé en mi nieta, automáticamente), de los pocos años que tiene. Sí compré el pan a la amable y vital panadera del pueblo. Y me crucé con el dueño de la bodega, que se afeitó la barba y me mira siempre pensando cuando el forastero se meterá en su negocio y le comprará unas cuantas botellas. Y con el pan bajo el brazo regresé a casa, a comer. Aunque antes escribí algunos nuevos párrafos de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Bellabestia&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, el largo relato que será comercializado pronto en ebook.&lt;br /&gt;Mujeres. Presente, pasado y futuro. Amor, esa enfermedad en la que no quiero recaer. La del pasado hoy me dolió especialmente. La del futuro me escribió cosas lindas y tiernas de la primera vez que nos vimos un 23 de abril, el día del libro. El presente se borró; como vino se fue. El miedo al amor lo entiendo. Azul, ámbar y azul, una bandera de hermosos ojos.&lt;br /&gt;No salí. Quizá ese fue el error, entre otros. Y fumé muchas pipas. Deberé esconderla, no vaya a convertirme en adicto al tabaco.&lt;br /&gt;Hoy miré poco a la montaña. Y pensé en el invierno. Y pensé más en el invierno cuando me puse delante del televisor a ver &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La Cosa&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, un clásico de terror de &lt;strong&gt;John Carpenter&lt;/strong&gt; que transcurre en una estación de la Antártida. Todos mueren; unos por &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La Cosa&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, monstruo mutante que se va metiendo en los cuerpos de los miembros de la misión, y los supervivientes, de frío. Pensé en el frío que hará. En la madera que arderá en la estufa de hierro colado para mantener la casa caldeada. En los días que permaneceré encerrado, asediado por la nieve. Será el momento para emprender la andadura de mi nueva novela. Andaré por los bosques nevados y silenciosos para encontrar el tono preciso. Me sentaré, con la espalda apoyada en un tronco en la senda del esquiador de fondo. Quizá. Este año, o el que viene. Pero no, eso es literatura. Ficción que se entrevera con la realidad. Mi propensión al drama.&lt;br /&gt;Miami. Hará calor en Florida. Me bañaré y alquilaré una bicicleta por tres días para ir de cayo en cayo por esos largos puentes que sobrevuelan un mar de aguas turquesas. Me bañaré no muy lejos de la playa, por miedo a los tiburones. Las aguas de Miami están siempre turbias, por el coral desmenuzado que llevan en suspensión. Iré a tomar esa café dominicano en la laguna de los manglares en donde me estará esperando el manatí de otros años, o su hermano, o sus hijos. Me tomaré un mojito en alguna terraza de Ocean Drive, la calle de los 60.000 números, que nunca se acaba, mientras se pone el sol. Y luego presentaré mi novela ante cubanos que se preguntarán qué tiene que decirles de La Habana, que dejaron atrás, un forastero de todos los lugares del mundo. &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Llueve sobre La Habana&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;Mañana será un día como hoy, pasado mañana o anteayer porque una chica no subirá a un autobús. Un tipo dejó hace una eternidad una ciudad del sur sin mirar por el espejo retrovisor, consciente de la nueva vida que emprendía. Una chica perdió un tren. No lo perdió. No lo quiso coger. Como no quiere subirse a ese autobús esta otra. Un simple gesto cambia el curso de una vida. Un cruce de miradas en un compartimento de tren. Una mirada azul bajo la lluvia mientras el limpiparabrisas del coche se afana en despejarlo. Una mirada de sorpresa tras unas manos que ciñen su cintura.&lt;br /&gt;Amor. Una gacela presurosa que acecha un lobo. Yo. &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La Bella y La Bestia&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Bellabestia&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. Un cruce de mensajes que va &lt;em&gt;in crescendo&lt;/em&gt; hasta la declaración. Aunque ya lo imaginaba. Yo. Ella. Pero no es una novela de amor fácil sino compleja. El personaje femenino de la trama está herido. El masculino, también, aunque lo disimula. Ignoro el final. Y el nudo. Siempre ocurre así cuando escribo, que el final me sobreviene durante el proceso, me sorprende.&lt;br /&gt;Tercera pipa. Mis besos sabrían a tabaco y humo, si se los diera a alguien. No quiero que sepan a whisky. Me dejé el vaso abajo, a dos tramos de escalera. Podría beber a morro. Sería mi perdición. &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Días de vino y rosas&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. &lt;strong&gt;Jack Lemmon&lt;/strong&gt; se salva; &lt;strong&gt;Lee Remick&lt;/strong&gt; se condena. La pasaron ayer. No la vi.&lt;br /&gt;Tengo cosas que hacer. Pero no tengas ganas de hacerlas. Tengo que limpiar la casa a fondo, pasar la escoba, la bayeta; adecentar los baños, la cocina; comprar bebidas, carne, verdura, fruta...Pero no hago nada. El viernes por la mañana, antes de que lleguen los huéspedes y llenen la casa de voces.&lt;br /&gt;Hace días me escribió un mexicano. Pocas cartas me emocionaron como la suya. Me dijo que gracias a mi blog, que seguía desde hacía años, se había decidido a escribir, y que no lo había hecho mal porque le habían publicado el libro y hasta se había vendido bien. Me sentí útil, leyendo y releyendo esa carta de gratitud.&lt;br /&gt;A media tarde, después de que bajara a comprar café, galletas y azúcar, y que merendara después de esa breve compra, me llamó &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Mademoiselle Bonnaire&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. Hoy me habló en francés, para que practicara. Me dice que para hablar bien su idioma hay que hacerlo con la garganta. Practicaré. Estaba en su granja de Foz, con sus ocas, conejos y una tortuga que hacía la siesta junto a la chimenea encendida. Yo hoy no tengo frío. Ella sí y dice que parece más gorda por la ropa que lleva encima. Le digo que escribe bien. Que lo hace con sentimiento, que es como hay que escribir, que pone el corazón en cada palabra que dice. Le animo a que escriba la novela de su vida y que mi regalo será corregirla. Será una novela de &lt;strong&gt;Dickens&lt;/strong&gt;. Triste como su mirada. Me habla de una niña sentada en unas escaleras esperando a un padre que nunca llegará. Ahí puede empezar la novela que escriba, ese es el punto de arranque. Le animo a que lo haga. No le hablo del mexicano que escribe y publica porque lee esto: el blog.&lt;br /&gt;Reina cierto caos en mi mesa de estudio. Hay muchos objetos en discordia. La pipa caliente, el paquete de tabaco Amsterdamer, la impresora, y sobre ella una bandeja con una taza del café con leche con galletas que me tomé de merienda, un televisor de pocas pulgadas, un escáner que no funciona, un par de lámparas que dan muy poca luz, el teléfono móvil que está silencioso, el mando a distancia, la caja de cerillas que uso para la pipa y la estufa de leña del salón comedor cocina, una pluma de ganso, dos tinteros de tinta, diarios viejos, cuatro libros, un retrato de un joven escritor con un sonriente Berlanga, dos fotos con niños, uno sosteniendo un perro tan grande como él, una foto de Bali que retrata un momento feliz de mi sexta vida, la botella de Ballantine’s que hoy no bebo, un billetero, entradas de cine...&lt;br /&gt;Cuando estaba tumbado en la cama que baña el sol de primera hora de la tarde, haciendo la siesta, sonó el teléfono. Reí, como el perro de Pavlov, nada más escuchar la voz. No sé por qué reí. Tenía que haber llorado. Lloraron al otro lado del teléfono. Y colgaron. ¿Por qué se emplea el plural? No lo entiendo.&lt;br /&gt;Alguien me decía que no hay que llorar nunca porque es compadecerse de uno mismo. Eso nunca lo entendí. Alguien con quien hablo hoy por teléfono. Si nadie se compadece de uno es lógico que lo haga uno mismo. Sí, hoy gasté mucho dinero llamando. Aunque la mitad de las veces me llamaron. Hablamos de lo que pudo haber sido y no fue. Me atormenta el fracaso. Sigo pensando en ese tren que se escapa y en una pasajera inmóvil en el andén de la estación que desaparece engullida por el vapor de la locomotora.&lt;br /&gt;Pasa un tren en la vida y ya no hay otro. Cada vez yo que cogía el avión, de regreso del sur al norte, pensaba siempre lo mismo: bajarme antes de que emprendiera vuelo. La duda duraba unos instantes, mientras estaba sentado y aguardaba a que se cerraran las puertas y el retumbar de los motores empezara. Luego contemplaba, con mirada empañada, la ciudad, debajo, que desaparecía mientras yo recorría esos mil kilómetros de distancia. Un día me bajé del avión para que no hubiera distancias. Reduje esos mil kilómetros a una nadería: 1.&lt;br /&gt;Distancias físicas y sentimentales. Mil quinientos cuarenta. Un año después de que viniera al mundo Manuel Vázquez Montalbán. Once años antes de que yo naciera. Un número que encierra en sí mismo mi reciente historia sentimental. Estoy tomando el quinientos por el novecientos. El yo reflexivo corrige al yo intuitivo y alocado. No sé que sucedió en 1540. No había nacido.&lt;br /&gt;Mi Bella se enamora de La Bestia. Una mujer que adora a alguien con cabeza de toro y afilados cuernos. El cuento infantil es, en realidad, un tratado de bestialismo. &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La Dama del Fuego&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; me comenta que le gusta más el monstruo que el simplón príncipe en que se convierte cuando termina su encantamiento. Completamente de acuerdo.&lt;br /&gt;Mañana una chica perderá un autobús. Pasado mañana una chica irá a comer a la casa de un escritor solitario. Las otra chica, en el andén, se difumina entre el vapor de la máquina de tren.&lt;br /&gt;Tengo un reloj absurdo que nunca marcó las horas porque no le puse pilas, y ahí sigue. Me olvidé de él en el recuento de objetos que pueblan mi escritorio.&lt;br /&gt;Me voy a dormir. Cuando me despierte todo lo veré mucho más claro, seguro, y con más optimismo. Mañana cogeré la bicicleta bien de mañana y me iré a Sant Joan de Torán por una pista escénica. Cuarenta y cuatro kilómetros entre ida y vuelta. Veré si llego.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 23 de octubre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 531px; DISPLAY: block; HEIGHT: 380px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5666977800052728434" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-KblLh8e24wo/TqUmSMIq4nI/AAAAAAAAPFg/jjk1DiWRXXQ/s400/DSC_0031.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Me despierto antes que otros días. Y eso que no tengo hoy a &lt;strong&gt;Ana Pastor&lt;/strong&gt;, de la que me estoy enamorando perdidamente aunque alguna malévola me diga que bizquea ligeramente, para que no la idealice. Me gustan las bizcas.&lt;br /&gt;Desayuno esas pasables rosquillas que hice ayer, que al menos no se desparramaron en la sartén, y me bebo el tazón de café con leche mientras veo las noticias por el Canal 24 horas. Emprendo luego el camino de la buhardilla a las nueve y media de la mañana, la subida de esos dos tramos de escaleras que me mantienen ágil aunque no coja la bicicleta de montaña.&lt;br /&gt;Escribo, poco. Hoy es domingo y hay que guardar la fiesta. Y me voy a eso de las 12 y media, recién duchado, a comprar el diario después de llamar infructuosamente a &lt;strong&gt;Mademoiselle Bonnaire&lt;/strong&gt;, a la que quiero invitar a una cerveza con zumo de grosella si viene de Foz a mi pueblo, pero no me coge el teléfono. Mi amiga paraguaya me vende El País (el domingo toca ese diario) y, como el bar de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El camarero que lee a Thomas Mann&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; está cerrado por vacaciones y el otro, atestado de los franceses que invaden la población los fines de semana, me voy, buscando el sol, a una terraza de la carretera, pido una cerveza, esta vez sin calamares congelados, y una bolsa de patatas ya que no tienen aceitunas rellenas de anchoa. Dura jornada la del domingo.&lt;br /&gt;El diario viene dedicado, casi en exclusiva, al fin de ETA. Hay varios agentes de este proceso que me caen definitivamente bien. Uno es &lt;strong&gt;Eriguren&lt;/strong&gt;, el secretario general del PSE, que ha tenido que oír de todo desde la caverna y el propio partido y ve por fin su sueño cumplido. Otro es &lt;strong&gt;Patxi López&lt;/strong&gt;, el lehendakari, uno de los mejores que ha tenido Euskal Herria, el mejor, un tipo que es capaz de llorar en público porque la emoción de recordar a sus compañeros asesinados por la banda se lo pedía. Y otro es &lt;strong&gt;Rubalcaba&lt;/strong&gt;, uno de los mejores ministros de Interior que ha tenido este país, al que también se le empañaron los ojos. Apuro mi cerveza y brindo, imaginariamente, con &lt;strong&gt;Juan Bas&lt;/strong&gt; que se debe de estar tomando a estas horas unos chiquitos en alguna barra de Bilbo. Por ti, &lt;strong&gt;Juan&lt;/strong&gt;, y por todos los que como tú no mirasteis para otro lado en los momentos difíciles y combatisteis a la barbarie sin más arma que la palabra escrita.&lt;br /&gt;Hace un día espléndido de otoño. El monte, al otro lado de la carretera, está precioso. Se lo digo a una amiga que me llama cuando tengo una patata frita en la boca. Es alguien que me hace reír y que derrocha simpatía. Se interesa por mi estado de ánimo, excelente, como el sol radiante que luce en el cielo, y me llega por el móvil el murmullo del viento que sopla en donde ella está, a quinientos kilómetros de distancia. Valoro a los que me hacen reír, o sonreír, precisamente porque no soy un tipo de risa fácil ni mucho menos, más bien lo contrario. La risa es importante en este valle de lágrimas. Así es que me estoy riendo los diez minutos que dura la conversación y luego me levanto, pago la consumición y regreso a casa con el periódico medio leído.&lt;br /&gt;Hoy es un buen día, y lo sería mejor si consiguiese hablar con la esquiva &lt;strong&gt;Mademoiselle Bonnaire&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;Leí de buena mañana una crítica excelente sobre mi novela&lt;strong&gt;&lt;em&gt; Llueve sobre La Habana&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; aparecida en &lt;strong&gt;El Nuevo Herald de Miami&lt;/strong&gt;. Lo que más me gustan de las palabras del crítico, seguramente cubano, es que dice que sé captar perfectamente el espíritu de la isla. Es el mayor piropo. Y que destrozo las convenciones del policial: desde la primera página todos sabemos quién es el asesino y la intríngulis de la novela es cómo atraparlo, la cacería. Le gusta al crítico cubano, afincado en Miami, que el malo de la novela, el más malo, porque todos son malos, siguiendo la marca de la casa, se parezca a &lt;strong&gt;George Clooney&lt;/strong&gt;. Claro, quería un psicópata guapo. Y me alaba los trabajadísimos cubanismos que trufan los diálogos de la novela. Es una obsesión que tengo por los diálogos. Los mexicanos hablan mexicano en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La Frontera Sur&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. Los etarras, euskera en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Tu corazón, Idoia&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. Buen preámbulo, el de esta generosa crítica, a la próxima presentación de la novela en la Miami Book Fire del 19 de noviembre.&lt;br /&gt;Haraganeo, después de comer pollo empanado con patatas fritas y un tomate aliñado. Leo luego un capítulo de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;A la caza de la mujer&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, el último &lt;strong&gt;James Ellroy&lt;/strong&gt; que me regalaron mis intelectuales vástagos por mi sesenta cumpleaños. La sequedad del norteamericano, sus frases cortas y sin adjetivos, raspan, como diría una amiga que tuve en la séptima vida. No hice siesta solitaria. Ni acompañada. A las cinco y media, tras dejar a medias &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Pena de muerte&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; de &lt;strong&gt;Tim Robbins&lt;/strong&gt; y a &lt;strong&gt;Sean Penn&lt;/strong&gt; y &lt;strong&gt;Susan Sharandon&lt;/strong&gt;, que me recuerda a la hermana de la amiga de la séptima vida por cuyo estado de salud debería preguntar, tomo el coche y subo al Coth de Baretges. No voy de excursión, sino a acarrear leña. El bosque está bastante diezmado en el tramo inferior de la pista por las explotaciones forestales que han talado buen número de árboles, y de ellos, de sus desperdicios, extraigo yo mi madera para mi chimenea: ramas, pequeño troncos de no más de un palmo de largo que caben por la boca de la estufa de hierro colado, cortezas, que voy cargando en la parte trasera del jeep, hasta llenarla.&lt;br /&gt;A mitad de pista recibo una llamada de &lt;em&gt;La Arquitecta&lt;/em&gt;. Siempre me gusta hablar con ella y tenemos una conversación fluida que versa sobre su recién terminado viaje a Roma y Nápoles, cuyo estado, me dice, es desastroso por la mezcla de suciedad tercermundista y Camorra, próximo a Bangkok, compara, y yo le hablo de mi chimenea recién estrenada, de mi pipa, de lo contento que estoy de recibir en los próximos días a la niña de mis ojos, la pequeña Paula, que vendrá a estas montañas con vestido de oso polar. &lt;em&gt;Heidi y su abuelo&lt;/em&gt;, me dice, riendo. Hablamos tanto, también del viejo soldado de la República que perdió la memoria, que casi oscurece en el bosque. Siempre podré contar con &lt;strong&gt;La Arquitecta&lt;/strong&gt;, y ella, conmigo. Con o sin contrato.&lt;br /&gt;Sigo camino y culmino la pista. Esta vez no hay animales en el prado que cubre ese cuello de montaña mágico y sopla un viento feroz y frío que viene de las impresionantes laderas escarpadas de la Maladeta. No voy muy abrigado, de hecho voy con ropa de verano y una cazadora ligera, pero aguanto el desafío climático. Hoy el paisaje es hosco, invernal, adornado por nubes negras que amenazan y están detenidas en la sierra de esa cordillera impresionante que parece el escenario grandioso de una ópera de &lt;strong&gt;Wagner&lt;/strong&gt;. Hago un centenar de fotos. Me gusta la tragedia del paisaje. Y doy un paseo lento, deteniéndome a cada paso, por el camino francés que conduce a otro valle, sabiendo que no voy a llegar por lo tardío de la hora, que a lo más que arribaré será al bosquecillo de castaños cuyas ramas el viento estremece.&lt;br /&gt;Y en una roca, erguido, azotado por ese frío aliento de la montaña, me extasío en silencio y en solitario, admirando ese muro pétreo y helado con sus nubes oscuras detenidas y el paisaje infinito de bosques que reúnen la paleta de todos los tonos ocres del otoño. Y escucho la música que más amo: la del viento pasando a través de las ramas de los árboles.&lt;br /&gt;Esta noche sopla el viento, furioso, y hace crujir los cristales de todos los ventanales de la casa. Sin cuerpo que abrazar me voy a la cama. La montaña no sabe de domingos. Por suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Arán, 22 de octubre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 497px; DISPLAY: block; HEIGHT: 363px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5666449698715413490" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-e03rlHcBAKw/TqNF-pWNK_I/AAAAAAAAPFU/udbsxGtE0GM/s400/Leonard-Cohen---Take-This-Waltz.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;Esther Williams&lt;/strong&gt; me envió, ayer por la noche, unas fotos de paisajes terrenales, una geografía montañosa de perfiles sinuosos. Después de cenar me estuve deleitando en las instantáneas de esos montículos feraces separados por un angosto valle que me envía de su viaje interior. No hay manchas de nieve en las cimas de dichos montes gemelos, sí, en cambio, en los que veo a través de la ventana de mi buhardilla, porque días atrás cayó la primera nevada, pero son hermosos, naturales, idílicos, de granja, apetece pasear por ellos. Son de Babia, un lugar que existe realmente y en donde muchos han estado perdidos sin haber pisado su territorio. Yo estuve y puedo decir que mi experiencia agradable fue oscurecida por la presencia de unos feroces mastines que a punto estuvieron de devorarme. En el aliento de esos ocho perros olí mi propia muerte.&lt;br /&gt;A lo largo de mi vida he disfrutado de paisajes diversos. Si tuviera que decir cuáles son los que más me han complacido no tendría duda: Birmania. Quizá vuelva, porque es un país hermoso de verdad, porque sus gentes son educadas y alegres, porque recorrerlo es caminar de la mano de la armonía. Estupas perfectas, poblaciones sobre palafitos, puentes de teca, la belleza de Birmania y de los birmanos me dejó sin habla y la recuerdo constantemente, y ese fue el mejor viaje que hice en mi séptima vida. también el último. Veremos Camboya, aunque &lt;strong&gt;La Sonrisa Etrusca &lt;/strong&gt;me desaconseja que ande en bici por sus caminos si es que quiero conservar las piernas, y las piernas son lo que más necesito en esta octava vida. Hay muchas minas antipersona en Camboya y uno tiene más posibilidades de tropezar con una de ellas que de que le toque la lotería, seguro.&lt;br /&gt;Estuve un buen rato escribiendo, ayer por la noche, y reanudé la misma actividad bien de mañana, una vez que di cuenta del café con leche y los churros caseros que me hice al levantarme y tras comprobar que, por culpa de ser sábado, hoy no tendría a &lt;strong&gt;Ana Pastor&lt;/strong&gt; en el televisor. Creo que me estoy enamorando de esa chica.&lt;br /&gt;Ando atareado en una versión &lt;em&gt;gore&lt;/em&gt; del cuento infantil de &lt;em&gt;&lt;strong&gt;La Bella y La Bestia&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;. Tratándose de mí ya sé cómo acabará ese relato que tanto edulcoró la factoría &lt;strong&gt;Disney&lt;/strong&gt;. Cuando se lo conté a &lt;strong&gt;Mademoiselle Bonnaire&lt;/strong&gt;, a la que visité en Foz, días atrás, y con quien estuve departiendo alrededor de una taza de café y unos croissants que ella mismo hizo (es habilidosa la muchacha y ella cuece el pan y la bollería en un gran horno casero de su rústica casa por cuyos huertos pasean ocas y conejos), se mostró disgustada porque versionaba un cuento infantil y me lo reprochó. Confieso que le di la razón, que hay una parte de mí, la que se escandaliza porque metan zombis en el &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Lazarillo del Tormes&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, en &lt;em&gt;&lt;strong&gt;Don Quijote&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; o en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Orgullo y perjuicio&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, que está absolutamente de acuerdo con la mi buena amiga francesa de ojos azules, pero que hay otra parte gamberra e iconoclasta que me mueve a dinamitar ese cuento y darle un final no tan feliz. Me divierto escribiendo &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Bellabestia&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, que así se llama el largo relato que en un mes verá la luz y quien quiera podrá comprar en formato ebook por el módico precio de 1 euro. Veremos cómo queda.&lt;br /&gt;Empiezo a estar asqueado, y hastiado, de las imágenes del feroz linchamiento de &lt;strong&gt;Gadafi&lt;/strong&gt; y creo que deberíamos replantearnos, entre todos, la función que en toda esta guerra ha tenido la OTAN, en la que cuatro aviones y una fragata de mi país han colaborado. Es evidente que se ha ido mucho más allá del mandato de Naciones Unidas, pero muchísimo más allá, porque sin los bombardeos sistemáticos y letales de la Alianza, el ejército de Pancho Villa de la CNT (Consejo Nacional de Transición, no la organización anarcosindicalista) no habría obtenido la victoria sobre las hordas del dictador. Tiraban bombas para proteger al pueblo libio de los desmanes de su sátrapa, al principio, y las siguieron tirando cuando ya el sátrapa no tenía capacidad de respuesta hasta que acabaron literalmente con él. ¿Qué será de Libia ahora? ¿Quién se quedará con su petróleo? ¿Y qué pasará con el oftalmólogo que saca los ojos a los sirios y que no tiene petróleo? Las posibilidades de que intervengan en un país son directamente proporcionales al volumen de sus riquezas. Por eso nunca nos invadieron.&lt;br /&gt;Los gobernantes funcionan como una gran familia mafiosa y quien rompe las reglas de la mayoría acaba como &lt;strong&gt;Gadafi&lt;/strong&gt;. Los gobernantes, como los grandes capos mafiosos, se abrazan entre sí un día, y al siguiente se rebanan el cuello. Solo hay que mirar los abrazos que le dieron al &lt;strong&gt;Coronel&lt;/strong&gt; gentes como &lt;strong&gt;Aznar&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Berlusconi&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Blair&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Brown&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Zapatero&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Obama&lt;/strong&gt;, antes de bombardearlo. Por eso detesto a la Mafia, me horroriza su &lt;em&gt;modus operandi&lt;/em&gt;, que es muy similar al de la clase política, y tiene estructura de estado: jerarquías, leyes, ejércitos, castigos, impuestos...&lt;br /&gt;Pero hablemos de cosas positivas, me digo, olvidemos tanta barbarie inhumana, que mancha las retinas de sangre, y volvamos los ojos al arte, que es lo que realmente redime a la especie humana, y vayamos a Asturias, junto a ese gran juglar de tono profundo que es &lt;strong&gt;Leonard Cohen&lt;/strong&gt;. ¿Cuántas veces he escuchado sus canciones? Puedo decir que he crecido con su voz, que he amado a mujeres mientras él cantaba en un tocadiscos Vieta, que me ha acompañado en tardes melancólicas de lluvia y en veladas trascendentales en las que, con mis amigos, arreglábamos por nuestra cuenta el mundo. No hay una sola canción alegre en el repertorio de este pequeño judío canadiense de rasgos muy marcados que se mueve siempre bajo un pequeño sombrero; todas sus canciones se parecen, tienen un idéntico ritmo y su voz no ha variado en el transcurso de los más de cuarenta años de su carrera un ápice. ¡Pero cómo acaricia el alma!&lt;br /&gt;A media tarde, después del habitual paseo en bici que siempre acaba con la puesta del sol, cumplí con un par de ritos relacionados con el fuego y que me había propuesto cumplir hoy. Fui, después de ver por televisión un film mediocre cuyo único aliciente eran sus intérpretes (&lt;strong&gt;Robert de Niro&lt;/strong&gt; y &lt;strong&gt;Al Pacino&lt;/strong&gt; compartiendo planos por primera vez, porque ni en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El padrino&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; ni en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Heat&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; aparecían en el mismo fotograma) al estanco del pueblo, local que también frecuentan los franceses guiados por los impuestos más bajos para el tabaco que rigen aquí, compré una pipa, un paquete de tabaco Amsterdamer (que sigue siendo exactamente igual a los que recordaba, pero con la franja de advertencias letales, y era el que fumaba cuando, cuarenta años atrás tiraba de pipa), escobillas de limpieza, un utensilio para prensar el tabaco en la cazoleta y cerillas de madera, es decir, el kit completo del fumador, y me fui contento a casa.&lt;br /&gt;Lo primero que hice al llegar, porque con el fin del día las temperaturas exteriores bajan hasta los seis o siete grados, fue encender la chimenea. Apliqué los consejos que, en su día, me dio &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La Dama del Fuego&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; y unas prácticas pastillas que me proporcionó días atrás &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Mademoiselle Bonaire&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; cuando le confesé que nunca había tenido chimenea en ninguna de mis vidas pasadas. Cogí unos cuantos leños delgados, un tronco, papeles de diario y la pastilla mágica, y prendí fuego al conjunto. Al poco tenía una hermosa llamarada y la estufa de hierro colado rugía con el crepitar interior de las llamas. La estancia se calentó en un momento, y también se llenó de humo hasta que controlé el tiro de la chimenea y entonces funcionó sin problemas. Estuve un buen rato sentado en el sofá, la vista fija en las llamas, hipnotizado por el fuego. Luego me tomé el plato de sopa diario, comí algo de queso Roncal, unté un par de rebanadas de pan con foie de Samatan y freí una decena de rosquillas para el desayuno de mañana. Esta vez acerté con la masa porque no seguí ninguna maldita receta y me fié de mi intuición. Y después de cenar y ver Informe Semanal (más &lt;strong&gt;Gadafi&lt;/strong&gt;, aunque sin las imágenes más atroces, en el excelente reportaje de &lt;strong&gt;Vicente Romero&lt;/strong&gt;; y el fin de ETA con el recordatorio de sus más de ochocientas víctimas a las que los asesinos del tiro en la nuca arrebataron la vida para nada), cumplí con mi segundo rito en la buhardilla de mi casa. Con la excitación de un niño ante un juguete nuevo, abrí el paquete de Amsterdamer, llené de tabaco la cazoleta de la pipa, la prensé, prendí fuego a las hebras rubias del aromático tabaco y aspiré la primera bocanada. No volví, como había soñado, a cuarenta años atrás, a mis veinte años, ni me pareció demasiado estimulante esa primera pipa después de tantísmos años de abstinencia y tantas vidas transcurridas. Mejor, pensé. Sólo falta que a estas alturas te conviertas en un adicto al tabaco. Con seguir teniendo una adicción a la escritura ya tengo bastante.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Arán, 21 de octubre de 2011&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 485px; DISPLAY: block; HEIGHT: 373px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5666008239806001634" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/--N17DkYsd80/TqG0eWwSseI/AAAAAAAAPFI/f6Sr5XE4gso/s400/ETARRAS.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;Quiero hablar de una buena noticia, pero se cruza con otra, para mí mala, aunque, seguramente, para otros muchos pueda resultar buena. Quiero escribir sobre esa buena noticia que a muy pocos les disgusta (a la caverna mediática y política), la de que ETA, con todas las prevenciones que suponen sus comunicados (sí, ya sé que no se han quitado sus ridículas capuchas con chapela, que deberían verse y descojonarse de risa por la pinta que tienen; ni han entregado las armas; ni han pedido, eso para mí lo más grave, el perdón a sus 858 víctimas directas y a otras muchas más colaterales de sus desmanes sanguinarios), toma la decisión de no matar ya a nadie más definitivamente, de enterrar esa hacha de guerra que enarboló en solitario contra un estado democrático que la combatió únicamente con sus leyes. Llega tarde, por supuesto, porque ETA, esa excepción del País Vasco, esa vergüenza de Euskal Herria, esa banda de matones xenófobos y carcinoma, debería haber tomado esa decisión nada más llegar la democracia a nuestro país y su historia, la de la organización, habría sido otra. Pero llega el fin, aunque tarde para esos 858 muertos a los que hoy el diario &lt;em&gt;Público&lt;/em&gt; pone nombres y apellidos en su contraportada detrás de la portada con un expresivo &lt;em&gt;¡Agur ETA!.&lt;/em&gt; Y me gusta la reacción fulminante que ha tenido &lt;strong&gt;Mariano Rajoy&lt;/strong&gt;, no como otros de su partido, los &lt;strong&gt;Aznar&lt;/strong&gt;, los &lt;strong&gt;Aguirre&lt;/strong&gt;, los &lt;strong&gt;Mayor Oreja&lt;/strong&gt;, de subrayar que no ha habido ninguna cesión por parte del estado, que los terroristas no han conseguido absolutamente ni uno solo de sus objetivos delirantes, que simple y llanamente se le ha vencido, aunque no convencido. Llega la hora de la reconciliación, de la reparación moral de las víctimas, de acercar a los presos a Euskal Herria, de las medidas de gracia legales que se pueden aplicar a los que pidan públicamente perdón por los desmanes cometidos. Gestionar la paz y pasar esa página negra de nuestra historia. &lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 506px; DISPLAY: block; HEIGHT: 414px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5666007413720998834" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-o-1eZyiKIB8/TqGzuRWR47I/AAAAAAAAPE8/DKynOKVT6s8/s400/gaddafi-4%257Es600x600.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;Pero hay otra noticia, con imágenes terribles, que manchan de sangre mi retina, que empaña esa alegría. La muerte de &lt;strong&gt;Gadafi&lt;/strong&gt;. Era un tirano delirante que últimamente se vestía de fantoche y bombardeaba a su pueblo. Claro, por supuesto, un tirano consentido al que últimamente todos los jefes de gobierno recibían, que estrechaba la mano de &lt;strong&gt;Berlusconi&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Sarkozy&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Blair&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;Zapatero&lt;/strong&gt; y compañía, los que le vendieron armas y ahora le han bombardeado para renegociar el petróleo libio, y del que &lt;strong&gt;Aznar&lt;/strong&gt; decía que era un amigo extravagante. Pero realmente nadie merece morir como un perro, como ha sucedido, linchado por una turba furiosa que lo ha golpeado hasta matarlo, vejado, una vez muerto, por cientos, miles de disparos de los flashes de los tenebrosos teléfonos móviles de esos insurgentes que, ayer, en ese momento, perdieron todas mis simpatías porque se convirtieron en hienas, en perros rabiosos cebándose a mordiscos, no de &lt;strong&gt;Gadafi&lt;/strong&gt;, porque ese hombre aterrado, inerme, malherido, de setenta años que les pedía misericordia ya no era el tirano de Libia sino un paria que prevé una muerte espantosa y larga. Con las imágenes que llueven de ese linchamiento atroz se podría montar la más espeluznante película snuff de todos los tiempos. Viendo como esa turba machacaba al que, durante tantos años, habían aclamado, mi visión de la condición humana se precipitaba al vacío.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;strong&gt;Arán, 18 de octubre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 437px; DISPLAY: block; HEIGHT: 546px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5664974688232936162" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-uRAzhYiQBnw/Tp4IdvG0EuI/AAAAAAAAPEs/6QO4S2AKLaA/s400/DSC_0026.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;El día se torció por la noche. Me levanté mucho antes de que sonara el despertador. Volví a la cama, desorientado. Di varias vueltas. Y a las 9 de la mañana estaba sentado ante mi mesa de estudio con el desayuno (café con leche, tostadas con mantequilla, restos de un bizcocho que antes intentó ser rosquillas) subido en bandeja por los dos tramos de escalera, viendo y escuchando a &lt;strong&gt;Ana Pastor&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;Quizá haya que ir a votar el 20N para que la mantengan. Imagino a &lt;strong&gt;Urdacci&lt;/strong&gt; o a &lt;strong&gt;Buruaga&lt;/strong&gt; en su lugar y me estremezco de horror. Hoy invita a los &lt;em&gt;Desayunos&lt;/em&gt; a &lt;strong&gt;Cayo Lara&lt;/strong&gt;. Le escucho mientras acabo con las tostadas. Me gusta más que &lt;strong&gt;Gaspar Llamazares&lt;/strong&gt;. Coquetea con el 15 M. Todos coquetean con el movimiento de la indignación: &lt;strong&gt;Rubalcaba&lt;/strong&gt; que recoge la dación de la vivienda para saldar la hipoteca; &lt;strong&gt;Durao Barroso&lt;/strong&gt;, el cuarto mosquetero del tristemente célebre Trío de las Azores, el hombre pegado a un bisoñé, que habla ante la CEE de meter en la cárcel a los banqueros. Todos se vuelven de izquierdas, hasta el &lt;em&gt;Financial Times&lt;/em&gt;, que comprende la indignación global que recorre el planeta. Todos menos uno de los mosqueteros de las Azores, &lt;strong&gt;Josemari&lt;/strong&gt;, que ve en los indignados a peligrosos ultraizquierdistas, y seguramente lo son desde su perspectiva de ultraderecha que abandera dentro del PP el &lt;strong&gt;Fernando VII&lt;/strong&gt; de nuestra joven democracia, el político felón que lamía las botas de &lt;strong&gt;George Bush jr.&lt;/strong&gt; y hablaba texmex en la Universidad de Georgetown.&lt;br /&gt;También comentan los periodistas que trae &lt;strong&gt;Ana Pastor&lt;/strong&gt; esa conferencia de paz en Donosti, un funeral por ETA orquestado por personalidades internacionales, aunque falta meter el cadáver en el féretro y sepultarlo bajo toneladas de tierra. Ya no hay marcha atrás. La banda ha sido derrotada por la democracia pero ha dejado un reguero de sangre espantoso para nada. No se le ha convencido sino que se le ha vencido. Ya lo insinúo en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Tu corazón, Idoia&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, una novela sobre el terrorismo etarra que publico en un momento muy oportuno.&lt;br /&gt;Hoy me recorto la barba asilvestrada antes de ducharme. Me paso una y otra vez la maquinilla hasta dejarla en la mínima expresión. Lo mismo hago con el bigote. Ya no tengo ese aspecto de &lt;em&gt;clochard&lt;/em&gt;, o de &lt;strong&gt;Georges Moustaki&lt;/strong&gt;, y con el cabello más largo de lo debido mi físico se acerca al del desaparecido &lt;strong&gt;Antoni de Senillosa&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mademoiselle Bonaire&lt;/strong&gt; me llama poco después de que yo acabe la definitiva redacción de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La invasión de los fotofóbicos&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; y la envíe a los editores vía mail. Tengo que pedirle que me dé clases de francés. Los franceses, según ella, hablan con la garganta. Oigo, pues, la garganta de &lt;strong&gt;Mademoiselle Bonaire&lt;/strong&gt;, la granjera de la cercana Foz, que me habla con orgullo de sus hijas, de los cherrys que cultiva, del pan que ella misma hace en su horno. Le pediré un tomate cherry y una hogaza de pan. Tampoco consigo que hoy venga a comer. Últimamente está muy atareada y declina todas mis invitaciones, sistemáticamente.&lt;br /&gt;Compré el diario, pero no supe dónde leerlo. Hoy las dos terrazas de la plaza se habían puesto de acuerdo para cerrar. Busqué, por la carretera, una mesa con sol. Buscaba sol, simplemente. Casi a la salida, cerca de una pequeña central eléctrica de las cuatro que hay junto al Garona, un establecimiento para turistas franceses me ofrece una mesa soleada. Pido una clara y una tapa de calamares fritos a un camarero que me llama&lt;em&gt; jefe&lt;/em&gt;. Saca la bolsa de los calamares de la nevera de los helados. Debería irme en ese momento, pero me quedo por el sol. Leo el diario mientras, a mi lado, dos mujeres francesas de mi edad comen sendos platos combinados. Disfruto del sol que me da en el rostro. Miro con cierta prevención los camiones que pasan rozando la acera, a un metro escaso de donde como calamares, bebo cerveza y leo &lt;em&gt;Público&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;De regreso a casa una imagen me perturba: la última de mi séptima vida, un flash que me vuelve una y otra vez para torturarme. Compro pan. El flash se reproduce en mi cabeza con tal fidelidad que es como si reviviera de nuevo esa escena. Bebo una copa de vino cuando entro en casa y antes de hervir una coliflor que compré días atrás. El flash me golpea sin tregua, dispuesto a herirme. La última imagen de mi séptima vida. Su epílogo. Una chica asomada a una ventana que me saluda, agita su mano, me dice adiós mientras yo acelero el vehículo que me llevará a la octava vida y la dejo atrás, a ella y su ciudad, sin saber que ya no la voy a ver más. Tanto me obsesiona esa imagen que no hago la siesta, que subo a mi estudio, que trato de describirla para así exorcizarla. Hay otra escena precedente. Una chica vestida con camisón de seda a la que beso y abrazo largamente un 30 de junio, exactamente a las seis y media de la mañana sin saber que ése será el último abrazo y el último beso que le dé. Yo no lo sé, pero ¿lo sabe ella? Lo escribo y me duele mientras destilo cada una de las palabras que conforman las frases, como si con cada letra fuera un gramo de sangre. Quizá lo escriba para que me duela. Quizá no haga otra cosa que buscar ese dolor que aflora hoy a la superficie, como magma de volcán. Es una herida que se abre y no sé cómo cerrar. Epílogo. Busco vendas a mi alrededor.&lt;br /&gt;Me pongo las mallas, la camiseta de manga corta raída y agujereada que protesta por el chapapote del Prestige, me encasqueto el casco amarillo y monto en la bici.&lt;br /&gt;La N325 está muy concurrida por camiones. Pedaleo con la mirada perdida. Cuando no tienen coches enfrente, los camiones se abren, para no levantar una corriente de aire; pero cuando se cruzan con otros vehículos me pasan rozando, siento su aliento mortal que desplaza mi bicicleta hacia la valla quitamiedos de la carretera. Pedaleo. Me importa una mierda que un camión me aplaste. Pedaleo. Una garza levanta su elegante vuelo, cruza el Garona y se posa en un árbol de la ribera. Fallo la foto. No hay luz, disparo cuando tengo lejos el ave y se confunde con las ramas del árbol en donde debe de tener su nido. Había muchas garzas en Granada. Pedaleo furioso. Esos diez kilómetros de nacional hasta Aubert son peligrosos, hay muchísimo tráfico, pasan por mi lados camiones y autocares de línea, coches a ciento veinte. &lt;em&gt;&lt;strong&gt;Muerte de un ciclista&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Cuando dejo la carretera y cojo la pista que sigue el Camino Real (&lt;em&gt;Cami Reiau&lt;/em&gt; en aranés) y va por el otro lado del Garona, bordeándolo, me tranquilizo. Pedaleo y recuerdo esos otros paseos en bici por la Vega granadina o siguiendo el curso del Genil que quedan tan lejos en el tiempo y en el espacio. El camino de tierra está precioso, desierto: sólo me cruzo con un ciclista y un cuatro por cuatro. Las hojas amarillas lo alfombran. Las veo caer de los árboles, balanceándose a derecha e izquierda, por el viento que aumenta, hasta que alcanzan el suelo. El río murmura entre los avellanos que forman una empalizada a mi izquierda. Ya ha desaparecido esa visión dolorosa de mi séptima vida de la que me queda el tacto de una piel, la suavidad de un camisón y la humedad de unos labios. He acertado con la dosis precisa de medicina. Bicicleta o whisky. Whisky me aconseja &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La Chica de la bici&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; mientras pedalea a quinientos kilómetros, solidarizándose conmigo.&lt;br /&gt;Regreso a casa cuando anochece, y cada vez lo hace más pronto. Le compro aceite, huevos, naranjas y cebollas a &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La Tendera Silenciosa&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. Me emperro luego en hacer mayonesa, aunque se me corta dos veces, pero insisto hasta que espesa, con la mano ya torcida sobre el minipimer. Y me tomo un plato de sopa, más coliflor, esta vez con la mayonesa, y unos dátiles de postre, exactamente cinco, que tenía olvidados en la nevera.&lt;br /&gt;Epitafio. Hace ocho años moría &lt;strong&gt;Manolo Vázquez Montalbán&lt;/strong&gt;. En Bangkok que ahora está inundado por el desbordamiento del Chao Prayá. El Bangkok caótico y sensual de mi novela &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Pat Pong Road&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; que verá la luz en marzo de 2012 si las cosas no se tuercen. &lt;strong&gt;MVM&lt;/strong&gt; murió agotado por no saber decir &lt;em&gt;no&lt;/em&gt;, en un aeropuerto, ese territorio tan extraño, de paso. Por ser en exceso generoso. Todos estamos en deuda con él. Yo, por un prólogo excelente que escribió para un libro de relatos. Los escritores de novela negra en general porque nos abrió camino. Se le echa enormemente de menos en estos tiempos de crisis y me gustaría saber lo que diría acerca de esta gran chapuza global.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El amigo &lt;strong&gt;Andreu Martín&lt;/strong&gt; recoge lo que dijo en ese programa macabro que filmaba a personalidades para ser emitido una vez murieran: &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Epitafio&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. Le pedían una frase brillante a &lt;strong&gt;Manolo&lt;/strong&gt; después de la larga entrevista a la que contestaba con su humor gallego. El epitafio de su vida. No estaba inspirado el escritor, o quizá estaba asustado sentado en esa silla, en la habitación vacía en la que se grababa el programa. ¿Una frase para la posteridad? Finalmente se rindió: &lt;em&gt;Quien calcula compra en Sepu&lt;/em&gt;, dijo y supongo dejó perpleja a la entrevistadora. Una genialidad. Su infancia resumida en esa frase publicitaria. &lt;em&gt;Quien calcula compra en Sepu&lt;/em&gt;. Como el &lt;em&gt;Rosebud&lt;/em&gt; de &lt;strong&gt;Orson Welles&lt;/strong&gt; en &lt;em&gt;Ciudadano Kane&lt;/em&gt;, el nombre grabado en los esquís que tuvo el magnate de niño. El apelativo cariñoso con que &lt;strong&gt;Hearts&lt;/strong&gt;, el empresario de la prensa a quien realmente retrataba el genial realizador en su primera y magistral película, denominaba el sexo de su amante. &lt;em&gt;Rosebud&lt;/em&gt;. O &lt;em&gt;La puerta del cielo&lt;/em&gt;. De allí salimos una vez y allí volvemos muchas más.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arán, 17 de octubre de 2011&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 525px; DISPLAY: block; HEIGHT: 387px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5664492426378282274" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-rK2pYeB8k0Q/TpxR2ZsrBSI/AAAAAAAAPEI/L-oc8qS4wSY/s400/DSC_0154.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;Vuelta a la normalidad. A la soledad.&lt;br /&gt;Marchó &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La chica que adoraba a León Trotsky&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, de madrugada, y lo hizo sigilosamente porque no la oí ni bajar las escaleras ni abrir y cerrar la puerta de la vivienda para tomar su taxi que la llevó a Barcelona, a su casa, a su trabajo. Claro que a las cuatro y media de la madrugada yo estaba profundamente dormido y ni un cañonazo me iba a despertar del sueño.&lt;br /&gt;Creo que le he enseñado, en estas dos jornadas intensas, la esencia del Valle, sus paisajes y sus pueblos. Como todos los que vienen aquí, se quedó paralizada ante las vistas del Coth de Baretges, ese panorama del macizo de la Maladeta y el glaciar perpetúo del Aneto que a mi me sigue dejando sin habla pese haberlo visto cien veces o más en mi vida, desde que descubrí este valle a los veintitantos años. Gozó del vertiginoso descenso del río Joeu en la Artiga de Lin y devoró con la mirada los paisajes agrestes que de Baguergué se extienden hasta las proximidades del Sauth deth Pish, en donde renacen, de golpe, los prados y los bosques, para extasiarse con el salto de agua más bello y alto del Valle. Comimos bien, en mi casa, comida casera presidida por la sopa que amenaza con ser milenaria, butifarra del Valle, patatas fritas de las de verdad y huevos de las gallinas del pueblo que son otra cosa, hasta en color, muy diferentes de los huevos que ponen esas gallinas estresadas de las granjas/campos de concentración en donde evacuan huevos a destajo bajo la luz de bombillas que les impiden dormir. Pecamos de gula cenando una noche en &lt;em&gt;Es Niu&lt;/em&gt; de Escunhau el exquisito foie a la sal y la tarta tatin, ágape al que me convidó amablemente. Y terminamos las jornadas de excursiones con un paseo, que duró hasta el anochecer, al santuario de Montgarri. Creo que le gustó el paisaje, el hotel, la comida y el guía de montaña que tuvo este fin de semana. Y a mí me gustó tenerla estos tres días, aunque no siempre estaba muy de acuerdo con ella. Lee &lt;em&gt;El País&lt;/em&gt;; yo, &lt;em&gt;Público&lt;/em&gt;. Está poco indignada y tiene esperanza; yo muy indignado y desesperanzado. Era trotskista; yo, anarquista. Ella era; yo lo continúo siendo.&lt;br /&gt;Hablamos mucho alrededor de botellas de vino tinto, un Jumilla &lt;em&gt;La Ermita&lt;/em&gt; exquisito y diferente entre tanto Rioja, Ribera del Duero y Somontano, que ella se trajo junto a un jamón de Huelva envasado al vacío. De amores, errores y vidas pasadas. De hijos y nietos: le enseñé a la mía. De testamentos vitales y eutanasia, porque empezamos a ver las orejas al lobo. De economía, que ella domina y yo no y divago con teorías que ella juzga ingenuas. De literatura, cine, actores (le gusta, sobre todo, &lt;strong&gt;John Malkowicz&lt;/strong&gt; por lo que tiene de perverso) y actrices. &lt;em&gt;2001 es una película que sólo gusta a los hombres&lt;/em&gt;, me dijo, categórica cuando le confesé mi admiración por todo &lt;strong&gt;Kubrick&lt;/strong&gt;. Comparte mi devoción por &lt;strong&gt;Ana Pastor&lt;/strong&gt;, la periodista, y por &lt;strong&gt;Pepa Bueno&lt;/strong&gt;. Demostró ser buena caminante. No se quejó mucho, aunque hicimos excursiones suaves. Yo tampoco estoy para grandes marchas. Y hablamos mucho de dulces, de pasteles, de yemas de Santa Teresa, de torrijas, que le hice en la última cena y devoró con expresión de pecado.&lt;br /&gt;Hoy, después de firmar un par de contratos literarios y saludar a un par de conocidos, volví a mi plaza, a mi terraza, a mi cerveza, que me dejó en la mesa &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El camarero que leía a Thomas Mann&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, y a mi &lt;em&gt;Público&lt;/em&gt;. Manga corta y sandalias porque el tiempo es para eso, para que el sol te acaricie la piel antes de que el frío te encierre en la casa. Celebré, leyendo, ese éxito del 15O en el que esta vez no participé activamente, a pie de calle, por mis obligaciones como anfitrión. Luego compré el pan. Y regresé apesadumbrado a mi casa tras recibir una negativa de &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Mademoiselle Bonaire&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; a una invitación a comer.&lt;br /&gt;Hice un risoto, infernal, con buenos champiñones que eché a perder: no se puede sustituir la cebolla por el ajo cuando ésta falta. Y me tumbé a dormir en el sofá mientras sintonizaba en la Sexta3 la última película de &lt;strong&gt;Robert Altman&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;Me despertaron dos moscas pijoteras a las que no pude dar caza. El sol, a las seis de la tarde, ya declina. Un avión sobrevuela el Coth de Baretges. Un perro ladra y calla. El cielo es blanco. Yo subo a la buhardilla, me siento ante el ordenador y trato de escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:180%;color:#ff0000;"&gt;Arán, 15 de octubre de 2011&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 421px; DISPLAY: block; HEIGHT: 489px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5663493021270660514" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-tJ89jztyusM/TpjE5Xi91aI/AAAAAAAAPDw/_mOg_mak13w/s400/leon-trotsky.jpg" /&gt;La chica que admiraba a León Trotsky&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; llegó antes de la hora. La esperaba a las 8 de la tarde pero se presentó a las 7 en punto. Su taxi compartido, que salió de Barcelona a las 4, la dejó delante de mi casa, milagrosamente (cosas del GPS ya que yo no la encontré la primera vez que llegué a ella y anduve preguntando por todo el pueblo, desesperado) cuando las campanadas de la iglesia del pueblo repicaban siete veces.&lt;br /&gt;Dos años sin ver a una persona, a esta mujer de cabello pelirrojo y corto, mirada inteligente y sonrisa afable, pueden ser un handicap a la hora del reencuentro. No fue así. La recibí a mitad de la escalera con un cálido abrazo y le reproché que llegara tan pronto por no haberme dado tiempo a confeccionar los canapés, con los que quería obsequiarla, ni hervir los gallets en la sopa sin fín que empecé cuando llegué al Valle y seguiré hirviendo hasta el fin de mis días.&lt;br /&gt;Como era temprano, paseamos por el pueblo, de un extremo al otro, visitamos la iglesia, que estaba abierta, y cruzamos el Garona por el puente. Luego regresamos a mi casa a cenar la maravillosa sopa interminable, que hoy ganó muchos enteros gracias al aditamento de un hueso de ternera con carne, tocino y buen chorizo, que le supo a gloria a mi invitada, comimos los canapés de foie de Samatan y queso fresco, nos atiborramos de almendras saladas, 
