SOCIEDAD / LA CABEZA DE ÓSCAR PUENTE
Hay que ser desmemoriado,
o cínico, o torpe, o, seguramente, las tres cosas a la vez, para pedir desde el
Partido Popular la cabeza de Óscar Puente que, seguramente, él mismo ofrecerá
en bandeja cuando lo crea oportuno. Los que no cortaron la cabeza del ministro Federico
Trillo cuando se estrelló el Yak 42, la de la ministra Ana Pastor en el
accidente ferroviario de Angrois, la de Isabel Díaz Ayuso que condenaba a morir
en la soledad más absoluta a 7291 ancianos en las residencias, o la de Carlos
Mazón que se entregaba a los placeres de la carne y el estómago mientras los
valencianos se ahogaban, piden ahora urgentemente la cabeza del ministro de
transportes por el desastre del AVE en Urda.
Óscar Puente deberá
cargar con la responsabilidad de lo que ha sucedido en este accidente y en el
anterior en Adamuz, aunque las causas hayan sido muy distintas. El de Córdoba,
que aún se está investigando, parece obedecer a una mala gestión de mantenimiento
de las vías (una deficiente soldadura); el de Urda aparece indicar, a raíz de
los audios escuchados del centro de control, a una inexplicable negligencia
humana que se produjo tras un fallo del sistema de seguridad. Otros
maquinistas, por desgracia no el del AVE que impactó contra el tren Iryo a 160
kilómetros por hora, hicieron caso omiso de la orden errónea del operador de Adif
y evitaron una catástrofe aún mayor.
¿Es Óscar Puente responsable
de la negligencia de un trabajador? Pues sí, seguramente, porque pueden haber
fallado los requisitos para acceder al puesto de controlador del tráfico ferroviario
que ya sabemos que puede tener consecuencias muy letales. ¿Estaba sometido a
estrés el trabajador que dio la orden errónea? Pues por el tono de la voz no lo
parece, sino todo lo contrario. ¿Tenía delante de sí una pantalla que le
indicaba que había un tren detenido en esa vía? Debería tenerlo. ¿La maquinista
del Iryo habló con el mismo operador de los problemas que tenía de arranque? Lo
desconozco, pero si fuera así la negligencia sería aún mayor.
Cuando fallan los
sistemas de seguridad automatizados, entra el elemento humano. ¿Ese elemento humano,
que puede errar, debería ser fiscalizado por otro sistema de seguridad u otro elemento
humano? Pues a la vista de lo sucedido quizá sí. Cuando se produjeron los
atentados del 11S en Estados Unidos se adoptó porque la puerta de la cabina del
piloto no se abriera y pudiera bloquearse desde dentro. Esa medida de seguridad,
que parecía lógica, resultó letal para los pasajeros del avión del piloto
suicida que se estrelló contra los Alpes. ¿Para qué sirven los sistemas de
seguridad si no son fiables al cien por cien? Velocidad para llegar puntualmente
a los sitios y seguridad son difícilmente compatibles o requieren una inversión
muchísimo mayor que la que hay actualmente en el sistema ferroviario español sometido
a un estrés extra porque es utilizado por operadores privados. El ejemplo del
tren bala japonés con accidentes cero debería ser el modelo. ¿Estamos
dispuestos a pagarlo?
Es evidente que el tren
ha dejado de ser, por estos dos fatídicos accidentes producidos en un breve lapso
de tiempo, un medio seguro de transporte de viajeros y exige un replanteamiento
de la alta velocidad. Óscar Puente, como dijo en una de sus muchas ruedas de
prensa que ha dado, no tenía la obligación de estar en el centro de mando ese
día, pero ahora sí de estar al mando de esta crisis, resolverla y decir adiós,
y de este modo dará una lección ética a los que, desde el minuto uno, piden su
cabeza, que son exactamente los que no cortaron la cabeza de los suyos por
negligencias parecidas o mucho mayores.
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