CINE / NAOMI WATTS ENTRE LYNCH, CRONEMBERG Y HANEKE
Confieso una debilidad absoluta por la británica Naomi Watts (Shoreham, 1968), que me gusta en todas sus películas y que muchas veces voy a ver estas porque veo que ella aparece en el reparto. Un amor platónico que hago extensivo a Mónica Belluci, Eva Green, Hellen Mirren o Enma Thompson. Esa mujer de físico frágil y cabeza inteligente acaba de recibir el premio Donostia a toda una carrera que se inicia cuando David Lynch se fijó en ella para protagonizar la muy inquietante Mullholand Drive , una de las mejores películas del director marciano al que tanto echamos de menos los cinéfilos, en su doble papel de Betty Elms y Diane Selwyn. En ese film hipnótico, que no me canso de ver, la Watts desplegaba su extraordinaria sensualidad y ambigüedad sexual ante Laura Harring, la morena del tándem protagónico. La actriz de belleza sin par y elegancia de otra época, no lo tuvo nada fácil en su vida. Su padre, un técnico de sonido de Pink Floyd, los abandonó y su madre hippie se trasladó ...





