CINE / LA GRAZIA, DE PAOLO SORRENTINO
He aquí un Sorrentino tan serio y solemne que parece haber hecho esta película contra sí mismo porque se aleja de la carnalidad de La juventud , o de Parthenope , para centrarse en los últimos momentos de un político de la Democracia Cristiana, Mariano de Santis (interpretado por su actor fetiche Toni Servillo) que afronta diversos dilemas morales: firmar una ley de eutanasia, con la que no comulga, e indultar a dos asesinos. A La Grazia le perjudica ese empaque de solemnidad impostada que arrastra durante sus largas dos horas de metraje que, en algunos de sus momentos, aburren, lo que para el napolitano de La gran belleza puede ser un oxímoron. Da la sensación de que Paolo Sorrentino se está disciplinando a sí mismo para liberarse del espíritu de Federico Fellini que pivotaba sobre su cabeza. La Grazia , película discursiva como todas sus anteriores en los que los personajes hablaban sobre la brevedad de la vida, la marcha inexorable de la juventud o la brevedad del deseo, a...








