LITERATURA / LAS DIEZ MUERTES DE FRANCISCO FRANCO, DE MARTÍN GARRIDO
Muy original, y atrevida,
la trama de Las diez muertes de Francisco Franco (Berenice, 2026) de Martín Garrido (Barcelona, 1982), escritor —Los
inútiles perfectos, Hospicio, El tren de juguete y Alcázar—pintor
de reconocido prestigio y cineasta, que es tanto una novela negra —el asesinato
salvaje de diez niñas en Mallorca— como novela histórica, porque el autor tiene
la enorme osadía de meter al dictador Francisco Franco — Si aquella mañana
hubiese estado en otro lugar y no firmando penas de muerte en la antigua sala
de recibir de Carlos III con una taza de humeante café en la mano…—en la
investigación de los crímenes rituales de un asesino en serie.
La novela arranca con el
descubrimiento de los cadáveres de las niñas —…había aparecido una segunda
víctima, otra pequeña de 12 años a la que habían dibujado una terrorífica
sonrisa en el rostro con una navaja.—, y escala cuando aparece en Mallorca
el Caudillo, conmocionado por esos asesinatos y debidamente disfrazado que se
afeita el bigote y se coloca una ridícula peluca sobre su calvicie— Después
de enfrentarse a media España, destrozar el territorio y salir victorioso con
humos de Cid Campeador, le costaba entender como un criminal anónimo podía
distraerle en las postrimerías de su histórico triunfo.—, para invadir las
competencias de la investigación del inspector Ángel Roca, un antifranquista
que tiene que tragar estar al lado del personaje que más odia en el mundo y en
diversas ocasiones se plantea acabar con él porque lo tiene a tiro y podría
cambiar la historia de España: “Si tuviera cojones, te mataría ahora mismo,
hijo de puta”, pensó fantaseando con desparramar los sesos del dictador por el
coche, hacerle un boquete en el cráneo y ver cómo chorreaba sangre a borbotones
sobre el cerebro hecho papilla.
No elude el escritor los
aspectos macabros del caso: Aparte de destriparla, a la niña le habían
cortado las orejas y arrancados los ojos toscamente. Como artista plástico que es Martín Garrido,
la pintura entra en algunos de sus párrafos: La visión de las gemelas era un
cuadro sin parangón, pinceladas impresionistas que hacían flotar las figuras
como ángeles murillescos, de un manierismo modernizado por la pureza que
exhalaba el entorno e incendiaba el verde de la hierba. / Por muchos colores
que rebosara el día sobre el paisaje, en el erial de los seres humanos lo
sórdido era más fuerte. Y también encontrará el lector cargas ideológicas a
lo largo de la narración: A pesar de que la República había luchado por la
igualdad entre sexos, la España de Franco había devuelto a la mujer al hogar,
donde debía ser totalmente dependiente del marido, limpiar, cocinar, abrirse de
piernas sin sentir ni un placer y parir engrandeciendo la nación.
Martín Garrido no solo es
capaz de armar una trama compleja en una novela de quinientas páginas que el
lector devora, porque además está muy bien escrita — La niña tenía ojos
transparentes, húmedos como caramelos recién lamidos por la humedad de la isla.—,
sino que recrea a la perfección la vida de esa España de 1960 del desarrollismo
que seguía viviendo bajo la bota de una dictadura brutal en medio de una
pobreza extrema: En el campo había variedad, culebra, lagartos, tortugas y
un sinfín de pajaritos que enriquecían el puchero. Una isla de Mallorca
pobre, antes de ser invadida por el turismo, abrasada por el calor que hace
sudar a los protagonistas, es el paisaje de esta narración híbrida que tiene un
sinfín de personajes y todos muy bien esculpidos.
El escritor dibuja a la
perfección a los policías que llevan el caso, especialmente a su protagonista
Ángel Roca, atormentado por dilemas morales e ideológicos —ser policía en un
régimen que detesta—, y consigue algo más difícil, meterse en la cabeza del
dictador, revivirlo de tal manera, de una forma tan realista y acertada que
podríamos decir que Francisco Franco es el coprotagonista de la novela. Por
mucho que quisiera pavonearse frente al espejo de su espíritu, en sus horas
bajas el Generalísimo se retrotraía en el tiempo y volvía a ser Franquito, ese
mequetrefe de la Academia de Infantería de Toledo que soñaba con llegar a ser
uno de los oficiales de Marina que en su tierra eran admirados como miembros de
una casta aristocrática. Tendríamos que remontarnos a La autobiografía
del general Franco escrita por Manuel Vázquez Montalbán para encontrar una
imagen tan fidedigna.
Hay retratos físicos de
fuerza indudable, que son como cuadros al óleo de Franco: Esa misma mañana,
al mirarse en el espejo, el dictador se había encontrado más mayor de lo
normal, con unos ojos tristones que se inclinaban resbalosos, igual que los
labios secos y mínimamente cuarteados, y el resto de una cara con piel
descolorida, redondas carrilleras y papada cardenalicia. Y juicios de valor
demoledores del dictador sobre, por ejemplo, el padre de nuestro actual rey
emérito: El conde de Barcelona estaba tan obsesionado con arraigar la
monarquía en la nación que había olvidado los valores elementales que ningún
ser humano puede permitirse perder, era un bocazas, un putero y un borracho, en
resumen, una vergüenza para su clase y para el pueblo del que no podía hacerse
cargo pese a su consejo privado de valedores.
Novela histórica, porque
con la entrada de Franco en la narración esa faceta cobra fuerza —hay
referencias a su infancia y a su entorno familiar (padre, hermanos, primos y
esposa, con los que se completa el retrato), a sus complejos de inferioridad
que aplacaba con una extrema crueldad, a su baraka en la guerra de Marruecos en
la que se forjó su personalidad, al levantamiento contra la República…—, y en
la que también introduce a otro personaje siniestro, el alcoholizado nazi Otto Skozerny,
refugiado en la isla con la bendición del dictador— Otto Skozerny era un
hombre alto, poseedor de una enorme masa de grasa y músculo gastado, con rostro
de fisonomía teutona atravesada por una enorme cicatriz que cruzaba su mejilla
izquierda desde el pómulo hasta la boca…—, con quien el dictador se
decepciona por el desorden de su vida: La casa era un estercolero, botellas
vacías de alcohol sobre la mesa, los sillones, las estanterías e incluso el
sofá en el que se había sentado la alemana cuarentona que había anunciado la
presencia del policía y el Caudillo disfrazado. Martín Garrido hace una
radiografía de su coprotagonista nada piadosa, presentándolo como un personaje
frio, despiadado y tiránico —Francisco Franco era un hombrecillo acomplejado
que nunca superaría traumas relacionados con su insignificante físico y su
vocecilla.—que no trata de humanizarlo sino todo lo contrario, y también novela
negra y policial rigurosamente procedimental, y ambos géneros se imbrican
perfectamente en una trama que guarda alguna que otra bala en la recámara que
hará que el lector se sobresalte cuando alcance las últimas páginas. Él era
un guerrero, un estratega, el brazo armado de Dios, necesitaba pelear igual o
más que respirar, porque el único oxígeno que necesitaba emanaba de la sangre y
saber que podía morir al menor descuido le daba alas frente al peligro. La
proverbial baraka del Caudillo que acude una vez más en su auxilio.
Martín Garrido sale
airoso y con nota muy alta de este desafío que se ha impuesto a sí mismo, el de
recrear esa España que por edad no pudo conocer —la labor de documentación ha
sido exhaustiva y rigurosa, Las diez muertes de Francisco Franco nos
transportan al pasado— y atreverse con un personaje que a día de hoy sigue
siendo centro de polémica y muchos intentan blanquear olvidando que el dictador
que rigió los destinos de España durante cuarenta años estaba fascinado, desde
muy joven, con la muerte que él aplicaba sin ningún reparo moral. La muerte
era fascinante en todas sus formas, el arte más trascendente de la naturaleza.
El matarife de niñas pinta un óleo con sangre. En Las diez muertes de
Francisco Franco se confrontan dos asesinos en serie.
SINÓPSIS “LA
ISLA DE LAS DUNAS”
Hay viajes que sirven para escapar y otros para
reencontrarse. A los sesenta años, Martín Urquijo, un periodista desencantado
de la vida, escapa a Fuerteventura en busca de un descanso tras asumir quién es
realmente. Pero entre las dunas de la isla descubrirá que el deseo no entiende
de edad, que el pasado nunca desaparece y que una sola decisión puede cambiarlo
todo. ¿Es posible empezar a vivir cuando todo ha terminado?
Atrévete a descubrir esta historia sobre la identidad, el
paso del tiempo y el valor de ser uno mismo. Atrévete a leer la última novela
del consagrado escritor José Luis Muñoz, ganador de los premios Azorín, Tigre
Juan, Café Gijón, Camilo José Cela y la Sonrisa Vertical entre otros.









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