LITERATURA / GUERRA Y GUERRA, DE LÁSZLÓ KRASZNAHORKAI
Enfrentarse a la literatura
de László Krasznahorkai (Gyula, 1954), que en 2025 fue galardonado con el
premio Nobel de Literatura, es tarea ardua para el lector. Guerra y guerra,
una de las más conocidas novelas del autor húngaro, y publicada en España en
2009 por la editorial Acantilado y reeditada con motivo del prestigioso
galardón, sigue las andanzas de un archivero llamado Korin —…y confesó entonces
qué era archivero en una ciudad de provincias de Hungría y que había viajado a
Nueva York por un asunto que, dada su importancia, iba mucho más allá de su
persona...—, a punto de ser atracado por una banda mozalbetes —…no había
entre ellos ni uno que no fuera capaz de desenvainar la navaja en un abrir y
cerrar de ojos, tenerla entre los dedos, y, sin pestañear, clavando la vista en
la víctima, darle luego a esta en la yugular con la rapidez de un rayo, eso era
lo que mejor sabían hacer, en especial juntos, los siete a la vez…— que
emprende viaje a Nueva York tras descubrir un valioso manuscrito que narra la
historia de dos camaradas que luchan por regresar a casa después de la guerra.
Encuentra el lector en medio
de un texto desordenado y áspero, sugerentes descripciones — Los pezones se
dibujaban delicadamente bajo la nívea y cálida tela de la blusa almidonada, el
profundo escote resaltaba de manera decidida el frágil arco del cuello, los
suaves valles de los hombros, la masa turgente y juvenil de los pechos que se
mecían…—, algunos datos sobre el pasado de ese archivero —…en su
infancia, empezó Korin al día siguiente en la cocina, mientras la novia del
intérprete guisaba y le daba por tanto la espalda, ya desde su infancia, dijo,
siempre estuvo con los perdedores…— y sus andanzas por esa gran urbe que es
Nueva York adonde se traslada —…de modo que al cabo de una semana el
resultado de esas excursiones más y más audaces fue que empezó a aprender a
vivir en la ciudad…—, en donde se compra un arma —…dedujo de las
palabras del dueño de la casa que existía un barrio húngaro en Nueva York,
enseguida decidió comprar allí la pistola, porque, al fin y al cabo, no sabía
inglés…— y planea suicidarse: …pensó en marcharse del mundo, se
limitaría a desaparecer sin más, pensó….
Nueva York, vista por un
extraño que desconoce el idioma —…y comprendió nítidamente que toda Nueva
York estaba llena de torres de Babel…—se convierte en uno de los ejes narrativos
de la novela: …pues sí, ese podía ser el motivo y la explicación que lo
condujeron a Nueva York, para extraer la sustancia de lo banal, para comprender
y transmitir que lo demasiado era demasiado grande para nosotros… Y László
Krasznahorkai, aprovecha la estancia de su protagonista Korin en la Gran
Manzana para reivindicar la idiosincrasia húngara: …ocurrió a partir del
siglo anterior, cuando se produjo una enorme mezcla de tal forma que al final
no quedó ni un húngaro, solamente una mezcla, así como unos cuantos suabos,
gitanos, eslovacos, austriacos, judíos, rumanos, serbios, etcétera…
Guerra y guerra,
que habla de ese húngaro perdido en la ciudad de ciudades, quizá una de sus
subtramas más interesantes aunque insuficientemente desarrollada, adolece de la
falta de un claro hilo narrativo que se pueda seguir en sus más de doscientas
páginas (hay que recurrir a la contraportada para saber exactamente lo que nos
cuenta el autor, y aun así perderse) para decantarse por un formalismo
estilístico —frases encadenadas, separadas por comas; párrafos que duran una
página o más— que ningunea la trama. La novela del premio Nobel de literatura es
una lectura farragosa y difícil con un protagonista indefinido al que no
acabamos de ver en ningún momento.
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Un periodista desencantado por el tratamiento que su
diario dio del 11M, se autodespide y se refugia en la isla de Fuerteventura.
Allí, rodeado de turistas insaciables que lo devoran todo como si no hubiera un
mañana mientras el mundo estalla en pedazos, repasa su vida personal (la
aceptación de su homosexualidad, la relación con su hijo y su ex Verónica) y
profesional (Oriana Fallaci, Manuel Vázquez Montalbán, Pedro Zarraluki, Bigas
Luna…) mientras se decanta cada vez más por el nihilismo.





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