CINE / LA LEY DE TEHERÁN, DE SAEED ROUSTAYI
Empieza fuerte Saeed
Roustayi (Teherán, 1989) en este su segundo largometraje y avisa de por dónde
irá, porque la primera secuencia de La ley de Teherán (la persecución de
un policía de calle a un pequeño camello que acaba cayendo al foso de una obra
y sepultado por las toneladas de tierra que vierte un camión que no lo ha
visto) marca el tono crispado y violento que va a tener la película.
No estamos acostumbrados
a los thrillers iraníes, y cuando se cita ese cine notable del país que en
estos momentos está siendo bombardeado se piensa en películas costumbristas que
se centran en problemas familiares y matrimoniales, en un cine muy próximo al
neorrealismo, y esta película de acción,
con factura impecable, canónico y duro, rompe con esa imagen y nos muestra a un
grupo de policías antinarcóticos, tan expeditivos como violentos, que combaten
el tráfico de drogas que tiene atrapado en sus redes a nada menos que a siete
millones de toxicómanos iraníes, lo que da una idea de los feliz que se sienten
los habitantes de Irán bajo el régimen espiritual de los ayatolás, y eso sucede
en un país que presume de tener las leyes más duras del planeta: la horca tanto
si te pillan con diez gramos como con cincuenta kilos, y la película acaba con
una escena terrible: el ahorcamiento múltiple de traficantes de drogas.
Sorprende el realismo de
la película (la redada masiva de toxicómanos en un barrio marginal de Teherán
es sencillamente espectacular; el hacinamiento y el maltrato en las cárceles,
sencillamente espantoso y si ha pasado la censura del país persa imagino que es
por atemorizar a los posibles delincuentes), la adrenalina que imprime en la
cinta el realizador Saeed Roustayi con persecuciones a pie (los actores corren
más que Dustin Hoffmann en Marathon Man por las callejuelas de los
barrios pobres de la capital de Irán) y la nada velada crítica social que tiene
el film contra los poderes fácticos corruptos de una sociedad que en teoría
parece muy controlada por el poder teocrático de los ayatolás pero que tiene
innumerables fallas.
Hay mucha violencia en
sus imágenes, acción, desencanto en el personaje principal, el estricto policía
Samad (Payman Maadi) cuya obsesión es atrapar al capo de la droga Naser Khakzad
(Navid Mohammadzadeh), y una crítica de profundidad a un régimen que solo sabe
responder al problema colgando a los que infringen su código de conducta. No
tiene nada que envidiar La ley de Teherán a los grandes thrillers de
Hollywood. De hecho, se ha comparado a su director Saeed Roustayi con Michael
Mann. Dicho queda. Y la pueden ver en la plataforma Filmin.
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