CINE / CHOPIN, DE MICHAL KWIECINSKI
No ha habido mucha suerte
en los biopics sobre músicos clásicos. El enfant terrible del cine británico Ken
Russell se atrevió con Tchaikowski, Mahler y Lisz en sendas películas
desmadradas interpretadas por Richard Chamberlain en La pasión de vivir,
Robert Powell en Mahler, una sombra en el pasado y Roger Daltrey en Lisztomania;
Milos Forman nos ofreció un Mozart infantiloide y atontado en Amadeus y
Ed Harris fue Beethoven en Copiando a Beethoven de Agnieska Holland mientras
Gary Oldman interpretó al mismo músico en Amor inmortal de Bernard Rose.
Sobre el genial pianista y compositor polaco Chopin tendríamos que remontarnos
a la producción española Un invierno en Mallorca dirigido por Jaime
Camino y centrado en la estancia del músico y la escritora George Sand en la
cartuja de Valldemossa.
Chopin,
del polaco Michal Kwiecinski (Varsovia, 1951), es una película ambiciosa que
nos muestra a un creador vitalista compulsivo, muy alejado de esa imagen
melancólica que se tiene del compositor, que sabe que morirá joven por su
tuberculosis y apura la vida a grandes tragos (a veces literales) y despliega
sus armas seductoras allí donde se encuentre. Con una exquisita recreación de
ambientes y vestuario, el realizador polaco nos traslada al París versallesco,
a sus palacios en donde el músico polaco triunfó ejecutando conciertos ante una
aristocracia ilustrada después de la revolución de 1830, su rivalidad con
Liszt, que duró toda la vida pero se sustentó en un respeto mutuo, su
tormentosa, en su literalidad, estancia en Mallorca con su amante George Sand,
de la que tiene que salir huyendo por la escasa hospitalidad de sus habitantes,
y sus últimos momentos cuando la muerte lo acecha.
Drama suntuoso,
exquisito, bien realizado, bien ambientado este Chopin —la
reconstrucción del París de la época es perfecta—, con algunas escenas
espectaculares —la travesía de regreso de Chopin y George Sand embarcados en la
infame bodega, junto a una piara de cerdos, de un barco en su huida de Mallorca; la ciudad
de Genova asolada por la peste— y llevado hacia cumbres celestiales por las
composiciones musicales del músico polaco al que el actor Eryk Kulm, con su
peculiar fisonomía, da vida convirtiéndose en su creíble personaje; la francesa
Joséphine de La Baume es George Sand, a la que un endurecido Chopin despacha
negándole su amor; y Lambert Wilson como
el rey Luis Felipe I, el último monarca de Francia.
Michal Kwiecinski firma
esta clásica recreación de la vida de Chopin que, a pesar de sus más de dos
horas de duración, resulta placentera a la vista y al oído y una muestra más de
la solvencia del cine que se hace en el este de Europa.
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"Una epopeya americana /
Libertad" es mi ajuste de cuentas con la sociedad norteamericana, la
novela negra que más profundiza en ese sector marginal de la sociedad blanca
que se ha sentido relegado por las minorías raciales y sexuales, lo que se
conoce como trash white (basura blanca), uno de los caladeros de votos de ese
nuevo fascismo que conocemos como trumpismo, antisistemas que nunca han votado,
porque desconfían de las elite de Washington, pero la novela es también una
novela negra, que sumerge al lector en el lado más oscuro de una sociedad que,
como sus gobiernos, se sirve de la violencia para dirimir sus diferencias, y un
viaje a ese inmenso y hermoso país que me genera al mismo tiempo amor y
odio.






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