CINE / AMOR, DE GASPAR NOÉ
Lleva tiempo el
francoargentino Gaspar Noé entronizado con el título de enfant terrible del
cine francés, sobre todo a partir de Irreversible, cinta que rondaba lo
insoportable en cuanto a violencia (el asesinato del principio de Vincent
Cassel en la discoteca a golpes de extintor que abría literalmente la cabeza de
la víctima; la violación en tiempo real de Mónica Bellucci en un paso
subterráneo), y Amor, su particular imperio de los sentidos rodada en
3D, para más provocación, que inexplicablemente no encontró sala de exhibición
en España, se puede ver ahora en la plataforma Filmin en nuestro televisor sin
el impacto que pueda causar lo tridimensional.
Gaspar Noé se desliza
aquí por la finísima línea que separa erotismo y pornografía que Berlanga
definió de forma genial: “El erotismo es la pornografía vestida por Christian
Dior”. Y eso es exactamente lo que hace el director, vestir con esteticismo
extremo (y música de Erik Satie y espléndida fotografía de Benoît Debie, que se
reserva un papel en el film) sus largas coreografías eróticas, recrearse en la
belleza de los acoplamientos de los cuerpos de los actores protagonistas que
tienen sexo real ante nuestros ojos.
No es la primera vez que esto
sucede en la pantalla. Lo hizo Michael Winterbotton en Nine Songs y Patrick
Chereau en el prólogo de Intimidad, además de Nagisha Oshima en El
imperio de los sentidos. Gaspar Noé filma, como si se tratara de una pieza
de video arte, una eyaculación a cámara y un pene invadiendo una vagina desde
el interior de la misma y, lo que es de alabar es que, a pesar de la apuesta
implícita por el sexo real, que podía ser simulado (en el cine todo es
simulación, nada es real), el francoargentino no cae en la vulgaridad. Lo que
cuenta el director de Irreversible es una historia de amor extremo, al
parecer autobiográfica (y el director se reserva un pequeño cameo), entre dos
jóvenes amantes que exploran su sexualidad hasta el extremo, algo que tiene que
ver mucho con la pasión de la juventud, con ese deseo insaciable que
revoluciona las hormonas y puede llevar a la locura.
Así es que Amor,
como la homónima, y muy diferente, película de Michael Haneke en la que los
protagonistas eran amantes de la tercera edad, no engaña en su título, es una
historia amorosa, y muy romántica, interpretada con furia y pasión por dos
actores bellísimos por su juventud —Karl Gluskman como Murphy, el narrador con
voz en off desde un matrimonio convencional con bebé incorporado que no le
estimula y es la tumba del sexo, y Aoimi Muyock como Electra, la amante
insaciable a la que evoca desde el presente—, que acaban abrasándose en un
combate entre Eros y Thanatos que deja un regusto amargo y triste en el
espectador, exactamente como las melodías de Erik Satie que puntean sus
secuencias. Murphy y Electra, que han compartido esa intimidad amorosa extática
y extrema, ni van a reeditar su historia ni se van a volver a encontrar. Quizá
haya que haber vivido una situación parecida a la de estos dos protagonistas para
poder entrar en los excesos de la película de Gaspar Noé.
clique sobre la portada para ver el booktrailer
"Una epopeya americana /
Libertad" es mi ajuste de cuentas con la sociedad norteamericana, la
novela negra que más profundiza en ese sector marginal de la sociedad blanca
que se ha sentido relegado por las minorías raciales y sexuales, lo que se
conoce como trash white (basura blanca), uno de los caladeros de votos de ese
nuevo fascismo que conocemos como trumpismo, antisistemas que nunca han votado,
porque desconfían de las elite de Washington, pero la novela es también una
novela negra, que sumerge al lector en el lado más oscuro de una sociedad que,
como sus gobiernos, se sirve de la violencia para dirimir sus diferencias, y un
viaje a ese inmenso y hermoso país que me genera al mismo tiempo amor y
odio.
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