CINE / LETRAS ROBADAS, DE JOHN CARNEY
Que en el mundo de la
creación se roba mucho entre colegas no es nada nuevo, viene de lejos, de
siglos atrás si recorremos algunas pinacotecas y vemos como los maestros de la
pintura se copiaban entre sí en la composición, en los temas y hasta en el estilo.
En el mundo literario también pasó y pasa: echen un vistazo a El perfume
de Patrick Süskind cuya autoría estuvo siempre en entredicho. Y si hablamos de
la música, pues no digamos la cantidad de robos que encontramos y que pocas
veces se resuelven en los tribunales a favor de los agraviados porque los
ladrones suelen tener muchísimos más recursos.
De músicos, y de
ganadores y perdedores, va esta película del irlandés John Carney (Dublín,
1972), que habla del buen rollito que se establece entre un correoso y
desencantado músico roquero llamado Rick Power (Paul Rudd), que vive de
amenizar con su grupo bodas y bautizos, y Danny Wilson (Nick Jonas), un joven
cantante de moda, cuando el segundo se sube al escenario para cantar uno de sus
temas a petición de los invitados de una boda. Cuando Rick Power comprueba que
el último éxito espectacular de Danny Wilson es una canción suya que interpretó
con él en petit comité en una noche de música y vinos, surge el problema
de cómo demostrar su autoría y defenderla ante un magnate de la canción aconsejado
por leguleyos tan agresivos como Mac (Jack Reinor), un experto cortafuegos. En
algún momento Danny Wilson parece tentado de admitir que su gran éxito se lo
debe a Rick Power, pero su sentido común y, sobre todo, su staff empresarial se
lo impide.
La película de John
Carney, un director que funde en su filmografía música irlandesa y cine, se inspira
en Robbie Williams, que compuso su célebre Angels tras una noche de
farra en un pub irlandés con un anónimo músico irlandés, Letras robadas
se desenvuelve bien entre la comedia y el drama, con divertidas secuencias
—Rick Power y su incondicional amigo y colega Sandy (Peter McDonald) colándose
en la fiesta de Danny Wilson— y variados conciertos contrapuestos (los de la
modesta banda y los del joven astro), discurre la entretenida película de John
Carney que, si de algo se resiente, es precisamente de la insustancial balada
robada.
Por momentos uno cree ver
en Letras robadas la influencia de Ken Loach en esa reivindicación
buenista que se hace de la honradez profesional de un viejo y desencantado
roquero que no abjura de sus principios, lucha por ellos y obtiene el
reconocimiento de su esposa Rachel (Marcella Plunket), aunque se sepa perdedor.
¿O no? Y ahí está el último giro del guion, Y sí, la lucha de clase existe
también en el ámbito musical.
COMPRAR "UNA EPOPEYA AMERICANA / LIBERTAD"





Comentarios