CINE / VIVA, DE AINA CLOTET
Sorprendente y feliz desembarco
en la realización cinematográfica el de Aina Clotet con un film autoral cien
por cien, escrito, dirigido e interpretado por ella misma, una elegía a la vida
en su extensión más plena, aunque esta, a veces, nos hiera con zarpazos o sea
demasiado breve.
Nora (Aina Clotet) es una
investigadora farmacéutica de cuarenta años que ha sufrido una mastectomía y,
tras una revisión (la película se inicia con un primer plano del pecho
aplastado de la protagonista en un mamógrafo), teme que el cáncer se le haya
extendido al pecho sano y decide plantarle cara a la muerte viviendo
intensamente (el título Viva no puede ser más adecuado) a través del
sexo liberador con Max (Marc Soler), el sobrino de su mejor amiga (Zaira Pérez),
que vive con la obsesión de que puede perder al bebé que espera. Con ese
bailarín de apenas 23 años, al que ha visto crecer cuando era niño y le envía
constantemente mensaje por el móvil, emprende una aventura erótico sentimental.
Al mismo tiempo que se entrega apasionadamente a ese joven, Nora se replantea
su vida con Tom (Navy Dakhli), un neorrural que vive en una caravana mientras
se adecenta una cabaña en medio de la naturaleza y que ha estado siempre a su
lado durante el proceso de su enfermedad.
La película de Aina
Clotet, que se inscribe en el contexto del cambio climático y la sequía
(ventiladores, moscas, cucarachas, un zahorí buscando agua en las proximidades
de la cabaña que Tom y Nora están rehabilitando), es de una vitalidad
contagiosa. Su protagonista, mutilada y con un solo pecho, disfruta de la
sexualidad con ese joven sabiendo ambos que esa relación no tiene futuro, pero
para ella es una inyección de energía mientras demora esa nueva visita médica
que quizá le confirme lo que teme, que el cáncer ha vuelto.
No hay sombras de tragedia
en esta película que tiene más de comedia que de drama, aunque la muerte
siempre ronde, nos diga que la vida es breve y que hay que aprovechar todos los
momentos, y la sexualidad femenina se reivindica como estandarte vital de
liberación (Nora se masturba en el baño
del centro de investigación pensando en su joven amante; Nora acude
entusiasmada a cada una de las citas con él como si fuera una adolescente; Nora
se alimenta de la juventud de ese cuerpo que la llena de energía positiva).
La muerte (visiones de la
protagonista en esa residencia a la que acude para visitar a su abuela; los
rostros de los ancianos; ese abrazo que le pide a su yaya cuando se tiende en
la cama con ella; la escena final en el cementerio) está tan presente como la
vida en ese sinfín de escenas bastante explícitas de sexo, y alguna de ellas
insólita: Nora, vomitando en el vientre de Tom después de hacerle una felación,
lo que evidencia su rechazo físico a una persona a la que, sin embargo, quiere
y necesita.
Aina Clotet filma un
espléndido canto a la vida en donde esta le tuerce el brazo a la muerte. Una
película de estructura caótica, como la mente de su protagonista que está en la
duda permanente de lo que está bien o mal, y se decanta por la comicidad, sobre
todo cuando aparece en escena la madre de Nora, Sonia (Lloll Beltrán), la
doctora que administra placebos sedantes a las monjitas adictas de la
residencia en donde está su madre, o en la relación especial de la protagonista
con Víctor (Willy Toledo), su padre y patrón de la farmacéutica, con quien
tiene suculentas conversaciones mientras hace footing. Viva contagia
eso: vida. Impagable la escena de cierre con Nora, tumbada al sol, sobre la
lápida de un cementerio. Una lección práctica de cómo afrontar la enfermedad.
CUARENTA Y OCHO ESCRITORES DE ESPAÑA, ARGENTINA, MÉXICO, CUBA Y ESTADOS UNIDOS ME ESCRIBEN Y EL RESULTADO ES ESTA EXTRAORDINARIA ANTOLOGÍA. LA VIDA LITERARIA, Y LA VIDA, ES UNA CARRERA DE FONDO QUE SE LIBRA HASTA EL FINAL.
LOS AUTORES CEDEN SUS REGALÍAS A LA UNRWA


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