CINE / CADA DÍA NACE UN LISTO, DE LUCÍA ETCHEVARRÍA
Hay veces que uno va al
cine para olvidarse de lo que pasa a su alrededor y huir de dramas. Cada día
nace un listo es el plato indicado, un cambio de registro radical de la
vasca Arantxa Echevarría (Bilbao, 1968) con respecto a su anterior y aclamado
film La infiltrada. Comedia negra descacharrante de ritmo frenético que
pretende, y lo consigue, no dar respiro al espectador desde la primera secuencia
—el suicidio en un campo de golf de un empresario corrupto (Pedro Casablanc)
como desencadenante de la trama —y entretenerlo sin complejos, lo que no es
poco.
Toni Lomas (Hugo Silva
borda el personaje) tuvo su tiempo de gloria cuando triunfó en televisión con
un talent show, pero ahora malvive como gigolo barato, cantante de
karaoke o boy de despedidas de solteras sin tener donde caer muerto más que su
destartalado coche en el que malvive. Se le abre el cielo cuando una antigua
novia pijita, Malena (Dafne Fernández), le pone en contacto con su hermano
Junior (Jaime Olias) para que robe un Caravaggio de su casa familiar de
espaldas a su madre viuda (Belén Rueda), y el buscavidas, tras fallar en el
primer intento, subcontrata para el trabajo a Mari (Susi Sánchez) y al Gallego (Diego
Anido), que van a la suya.
Arantxa Echevarría tiene
la virtud de encadenar gag tras gag en esta comedia gamberra que recuerda al
cine de su compatriota Juanma Bajo Ulloa (la descacharrante Airbag) cuando
no se ponía en plan dramático. La esperpéntica Cada día nace un listo
está bien rodada en escenarios donostiarras y muy bien interpretada por actores
que se nota que disfrutan en el rodaje. Película puro entretenimiento, con
suave crítica social hacia los poderosos acaudalados que urden ese autorrobo,
se pasa muy bien mientras se ve y se olvida pronto.
Mención especial para
Hugo Silva, actor versátil donde los haya, que se transforma en el rey de los
macarras. Como anécdota, la propia directora aparece disfrazada de monja en una
de sus tronchantes secuencias.







Comentarios