CINE / LA RESIDENCIA, DE YANN GOZLAN
Curiosa coincidencia en
las salas cinematográficas del excelente documental sobre Orwell, Orwell:
2+2=5, y la francesa La residencia, y más curiosa, y terrible, el
complejo momento existencial, me atrevería a afirmar, de su estreno en el que
el mundo se halla sumido en el caos por voluntad de dos psicópatas de manual
que lo han puesto patas arriba a bombazos, porque la película inquietante, casi
un film de terror, de Yann Gozlan (Aubervilliers, 1977), un cineasta al que le
van los temas oscuros conspiranoicos, habla de lo que nos espera con esa
Inteligencia Artificial mal utilizada que ya estamos sufriendo.
Clarissa Katsef (una
excelente Cécile de France), una escritora en horas bajas, acepta ingresar en
una residencia para artistas en una Francia azotada por las epidemias y en
estado de sitio. Allí, con una asistenta personal llamada Dalloway (la voz de
Mylene Farmer) —atención a los nombres de los personajes y a la presencia,
hasta en la última secuencia, de Virginia Woolf (Clarissa es el nombre de la
protagonista de La señora Dalloway, puede que la novela más emblemática
de la suicida escritora británica por la que la protagonista de esta película
está fascinada)— y bajo la supervisión de una siniestra directora llamada Anne
Dewinter (Anna Mouglalis) —el apellido de la villana de Los tres mosqueteros
de Alejandro Dumas, porque en la película de Yann Gozlan hay un juego
metaliterario— comenzará a escribir una nueva novela y, al mismo tiempo, su
talento literario y creatividad acabará siendo fagocitado por esa asistente
personal que la observa y vigila en todo momento y se va adueñando de su vida.
Con la complicidad del músico nórdico Mathias Nielsen (Lars Mikkelsen), también
internado en esa residencia, intentará burlar ese control a que está sometida.
Inspirada en la novela Flores en la oscuridad, de Tatiana de Rosnay, Yann Gozlan incorpora la IA a la pesadilla orwelliana en una película atmosférica y desasosegante sobre la creatividad artística absorbida —¿podrá la IA escribir como Virginia Woolf o Franz Kafka? — que termina siendo una película de terror. Las distopías, dada la velocidad de nuestro mundo, cada vez tardan menos tiempo en cumplirse. Un film para reflexionar sobre ese futuro muy próximo y nada halagüeño tal cómo están las cosas, una advertencia hacia ese futuro al que parecemos abocados de modo irreversible. Una película que atrapa por sus atmósferas, su inteligente trama, la solvencia de sus interpretaciones y su clímax ascendente que nos lleva a un final completamente impredecible y pesimista.





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