SOCIEDAD / LOS DOS JINETES DEL APOCALIPSIS
Cuando algunos dijimos
que el espantoso genocidio de Gaza, que sigue perpetrándose a día de hoy (no
hay cosa peor que el dejar de ser noticia), era un globo sonda para calibrar la
capacidad de respuesta del mal llamado mundo civilizado del que formamos parte
—nada, ni siquiera un comunicado condenatorio—, no nos equivocábamos. Después
de Gaza vino Venezuela, el secuestro de su presidente tras un bombardeo previo
que dejó numerosas víctimas, con la excusa de ese supuesto Cartel de los Soles
que finalmente dijeron, los mismos que le acusaban de ser su jefe, que no
existía y que lo único que querían no era llevar la democracia a Venezuela, que
nada les importaba, sino controlar el petróleo del primer productor mundial,
apropiárselo como expertos piratas. Las cosas las deja siempre bien claras
Donald Trump, y esa, su sinceridad, parece ser la única virtud de ese
megalómano pederasta instalado en la Casa Blanca. Y tras el genocidio de Gaza,
la operación en Venezuela y el estrangulamiento de Cuba, viene el ataque
unilateral de Israel y Estados Unidos a Irán, con el asesinato del ayatolá
supremo y buena parte de la cúpula militar, en una nueva violación del derecho
internacional del tándem Trump / Netanyahu sin importarles el caos mundial que
va a desatar esa acción unilateral injustificada. A la proverbial sed de petróleo
de la potencia americana, se une el sueño cumplido por Israel de deshacerse de
su rival ancestral, y eso en plenas negociaciones trampa para terminar con su
programa nuclear.
La negociación no era otra
cosa que una gigantesca pantomima. Mientras se sentaban en la mesa ya
preparaban el ataque y el asesinato del ayatolá Alí Jameneí —un criminal
despreciable, dicho sea de paso—, liquidado por dos expertos capos. El mundo
está funcionando con las mismas reglas de la mafia. Poco le importa al tándem apocalíptico
los derechos de las mujeres: han asesinado a ciento ochenta niñas de un colegio,
una minucia al lado de los más de veinte mil borrados del mapa en Gaza. Daños
colaterales, por supuesto. Irán es atacado, precisamente, por no haber podido
desarrollar el arma nuclear y porque no tiene capacidad de respuesta suficiente
ante unos adversarios con una superioridad militar apabullante. El papel de
Europa ante todo ese caos desatado es, como siempre, vergonzoso: pide
contención al país agredido en vez de condenar al agresor. La sumisión europea ante
el emperador naranja se ha convertido en algo habitual.
El rediseño de Oriente Medio
ad hoc de Israel, que es de lo que se trata, ya tuvo varios actores antes que
Trump, y ahí están las cabezas en la picota de Sadam Husein y Muammar Gaddafi, los
dos sátrapas carismáticos y sanguinarios que fueron eliminados. Con la firma de
los tratados de Abraham, los que ayer eran enemigos, ahora son aliados.
Netanyahu, como Hitler, no solo copia al líder nazi en el exterminio de los
palestinos, sino que sueña con expandir el gran Israel mucho más allá de sus
actuales fronteras. Con su ataque masivo a Irán, el tándem apocalíptico ya pone
sus zarpas en Asia y se aproxima a China. El último objetivo es el gigante
asiático, contra el que Trump, o sus sucesores, inevitablemente van a chocar en
lo que posiblemente será la última guerra mundial, porque ya no quedará nadie
para contarlo.
Y así va rodando el
mundo, en plena distopía orwelliana con un presidente, el nuestro, del que hay
que sentirse orgulloso, el único que ha tenido agallas para condenar sin
subterfugios este nuevo acto de bandolerismo que aplauden los Feijóo y Abascal
de turno que no han sacado ninguna enseñanza de lo que nos supuso alinearnos en
la ilegal invasión de Irak.
El mundo se nos está
derrumbando ante nuestros ojos, nos estamos dando cuenta y no sabemos cómo
evitarlo.
God Brother,
cuando se tuerce, es Dog Brother. Ese padre alcohólico, anarquista trasnochado,
vendedor de poesías pornográficas y pastor de la iglesia de las Cuatro Esquinas
hasta que fue expulsado por conducta licenciosa, bautizó a los dos hijos que
tuvo con Keyla, una modelo que compartía su caravana hasta que lo abandonó, con
los nombres de Caín y Abel. Caín Brother sale de la penitenciaria de San Diego
tras cumplir una condena de diez años por un crimen que no cometió. Abel se
olvida de pasar a recogerle, pero lo aloja en su modesta casa de Paradise Hill,
que comparte con su pareja, la sensual Eva Blondie. En sus noches insomnes, y
atormentado por los recuerdos de presidio, Caín Brother planea una doble
venganza. Está a punto de empezar un viaje sin retorno al helado norte de
Estados Unidos, adonde sospecha que huyó su madre Keyla. Con Una epopeya americana, Libertad, la
antítesis del sueño americano, el inicio de una trilogía épica sobre las
sombras de Estados Unidos que se ciernen sobre la América profunda, José Luis
Muñoz emprende su proyecto más ambicioso: una novela negra, que también es un
moderno western, protagonizado por dos hermanos que un día se quisieron y ahora
se odian.






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