CINE / DIGGER, DE ALEJANDRO GONZALEZ IÑÁRRITU
Para los que minusvaloran
el papel de los guionistas en las películas y los supeditan a los directores,
el caso de la filmografía del mexicano Alejandro González Iñárritu es un
paradigma claro de que eso no es así. Cuando el director de la deslumbrante Amores
perros filmaba sus películas con los guiones de Guillermo Arriaga, un
narrador poderoso, el tándem alumbró sus mejores películas. Cuando rompieron su
relación cinematográfica y Guillermo Arriaga empezó a filmar por su cuenta (con
éxito escaso, también hay que decirlo), el resultado fue muy decepcionante
salvo en el espectacular western El renacido. Digger, la última
película del director mexicano en Estados Unidos, es una obra fallida como lo
fue Birdman en su momento y casi por el mismo pecado: la hipérbole
desmedida.
El último artefacto
cinematográfico del realizador mexicano tiene buenas intenciones —la crítica a
la sed extractiva de recursos de Estados Unidos, principalmente el petróleo,
protagonizada por Digger Rockwell (un Tom Cruise envejecido), un magnate al que
el cambio climático le importa muy poco, y provoca una catástrofe ecológica en
Alaska que tiene como consecuencia una hecatombe en el mundo—, pero falla
estrepitosamente en sus resultados.
Las expectativas del
director de 21 gramos quedan seriamente mermadas por el tono
esperpéntico pasado de vueltas de su sátira política. Iñárritu parece haberse
inspirado en Dr. Strangelove, volamos hacia Moscú de Stanley Kubrick,
pero su ejercicio de denuncia social le sale mal por una acumulación de capas
narrativas innecesarias —la introducción de la pieza teatral, hacia el final de
la película, es un recurso tan tramposo como artificioso—, y su película
resulta una matrioska confusa y poco efectiva en la que las escasas dotes que el
mexicano tiene para la comedia se evidencian. Risas las justas y en dos
momentos precisos: un consejo de ministros absolutamente masculino que acaba
con todos los presentes rezando y los rostros de esos mismos políticos cuando
contemplan en pantalla los desastres que causa su ilimitada avaricia extractiva.
Digger
es un recital de las dotes histriónicas de Tom Cruise, productor de la
película, que parece divertirse mucho en su papel de ese Elon Musk sediento de
petróleo, en donde brilla un irreconocible, por delgado, John Goodman en el
papel de presidente de Estados Unidos, y se desaprovecha absolutamente a la
alemana Sandra Hüller (Anatomía de una caída, La zona de interés)
en el papel irrelevante de hermana del magnate. González Iñarritu no acaba de
encontrar su lugar en Estados Unidos y se agota en sí mismo en géneros que no
domina cuando lo suyo es el drama desopilante. Bueno sería que firmara la paz
con Guillermo Arriaga.
Dos hermanos que se llaman Caín y Abel
parecen predeterminados a enfrentarse. Y razones tiene uno de ellos cuando se
pasa diez años encarcelado en un presidio por el delito que cometió el otro.
Una fría venganza, una tensión sexual en cuyo vértice esta Eva Blondie, la
sensual mujer de uno de ellos, y el inicio de una persecución que va a llevar
al lector por toda la costa Oeste de Estados Unidos. Western, novela negra y
denuncia de la sociedad norteamericana en una novela adictiva.
PRESENTACIÓN EN MADRID
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