lunes, 24 de agosto de 2015

SOCIEDAD / EUROPA DE MIERDA

Europa de mierda

El Cotidiano
Dudas a la hora de titular mi exabrupto. ¿Mierda de Europa o Europa de mierda? Al final me inclino por el segundo. Porque en eso estamos convirtiendo Europa a pesar de que la mayor parte de los europeos, creo, no tenemos la catadura moral de nuestros gobernantes, pero les dejamos que actúen de forma canallesca en nuestro nombre.
La enésima vergüenza está estos días en la frontera entre Serbia y Macedonia. Allí, los parias de la tierra se hacinan e intentan llegar a Alemania y Suecia como final de un periplo de horror que ha empezado en Siria, Irak, Afganistán, Libia, Nigeria…Huyen de países que nuestros gobiernos han devastado, por activa o por pasiva, después de la heroica guerra que libró el Trío de las Azores. Nunca tres hombrecillos han hecho tanto para empeorar el mundo, y se pasean libremente sin que ningún tribunal de justicia juzgue su felonía. Nunca hubo tres marionetas tan siniestras como Bush, Blair y Aznar, a los que se sumó luego Sarkozy para redondear su obra de destrucción. Les destruimos el país, les dejamos en manos de unos bárbaros integristas que los degüellan, crucifican, lapidan y queman, y ahora les impedimos por todos los medios que sobrevivan los que han logrado sortear esa inmensa fosa común del Mediterráneo. Nos importa un carajo que sean mujeres, hombres o niños. Son los parias de la tierra que no tienen nada absolutamente salvo la vida que conservan de milagro. Y les queremos jorobar la vida, lo único que tienen. Bombardear las flotas de esos nuevos negreros que les cruzan el Mediterráneo, la gran idea de nuestros gobernantes. Cerrarles el paso, otra de las brillantes medidas. Hungría levanta un muro de cuchillas a contrarreloj. La policía de Macedonia carga contra ellos como si tuvieran la culpa de ser los parias de la tierra. Y nosotros miramos la escena sin exigir a nuestros gobiernos que actúen para paliar este desastre humanitario, con lo que somos culpables, por omisión, de lo que sucede.

El Mediterráneo y sus costas están llenos de cadáveres sin nombre de los que se alimentan los peces que nos comemos. Los parias que viajan en trenes inmundos, hacinados como bestias, tampoco tienen nombre. Estamos repitiendo la historia, una vez más. Los emigrantes son los nuevos judíos de esta función que cada vez se parece más a la Shoa. Una plaga, se le escapó a David Cameron. ¿Y qué se hace con las plagas? Fumigarlas. Exterminarlas.

Europa de mierda.    

domingo, 9 de agosto de 2015

LITERATURA / LA SOMBRA, DE JAVIER MAQUA

LA SOMBRA
Javier Maqua

Revista Tarántula / Entretanto Magazine / El Cotidiano
Es tan conocido Javier Maqua (Madrid, 1945) en su faceta literaria como cinematográfica. Películas como Tú estás loco Briones, Chevrolet, Carne de gallina o Apuntarse a un bombardeo se alternan con novelas como Las condiciones objetivas, La mosca sin atributos, Invierno sin pretexto, Uso de razón, Padre e hija, Amor africano o Fusilamientos, instrucciones de uso, con las que ha obtenido el premio Café Gijón o el Ciudad de Badajoz, entre otros. Tampoco le ha hecho ascos este singular creador al teatro: Triste animal, La soledad del guardaespaldas, El cuerpo de Ignacio de Loyola, La venganza de la señorita Trévelez, Triple garganta, Coches abandonados y El hombre risa. Un hombre orquesta polivalente y con fama de francotirador irreverente.
La sombra, novela breve de 113 páginas, habla de los mejores años de su vida, o de nuestra vida para los lectores que se reconozcan generacionalmente con la época que recrea Javier Maqua. Reúne el escritor madrileño, buceando entre la ternura y el humor surreal, fotogramas del niño adolescente que fuimos y de los sueños que tenían lugar en las salas de cine, en donde todo era posible: los aventis de Juan Marsé. Así es que el cine, y la infancia en una España negra que sólo salía del blanco y negro en las pantallas de los cinematógrafos, presiden este libro impregnado de ternura, nostalgia y humor.

Pergeña el autor los recuerdos imborrables de la escuela, los retratos de esos compañeros de clase que tenían la mala fortuna de destacar negativamente. Tras las gafas, veía sus enormes ojos de buey degollado: San Benito Gómez al cuadrado, huérfano, gratuito, el tonto de la clase, injustamente humillado y ofendido por una fiera corrupia. Hay una cierta querencia por el surrealismo y lo hiperbólico, presentes en todo el libro, que lo recorren.

El cine está muy presente en la novela a través de las incidencias del rodaje de 55 días en Pekín, del que forman parte como extras los protagonistas de La sombra. Un autocar nos llevaba desde la Moncloa hasta las puertas de la Ciudad Prohibida. Pasábamos numerosos controlesvestuario, maquillaje, atrezoantes de convertirnos en chinos; controles, que, si al principio nos divertían, pronto se hicieron tediosos. Y la cinefilia, muy crítica con esa impersonal película de Nicholas Ray. “Ni huella del maestro” sentenció Álvaro.
Las referencias al séptimo arte son continuas; el cine es la única puerta de escape de una generación sumida en la mediocridad más absoluta y condenada a una educación autoritaria. El cine es una ventana abierta al mundo. Las fronteras se cruzan, dijo. Atravesó la ventana y cayó al vacío. Era una frase de El pistolero, de Henry King, un director que no estimaba demasiado. Descanse en paz.

Ubica Javier Maqua su narración memorialista en esa España del tardofranquismo convertida toda ella en un inmenso plató cinematográfico. La Gran Muralla había sido derribada. En su lugar, se elevaba, majestuosa, la silueta de la Roma Imperial. Una película sucedía a otra película; un decorado, a otro decorado; una sombra, a otra sombra.

Libro breve, pero intenso, en donde las emociones afloran entre los recuerdos y el cine se convierte en una adicción salvadora. Sí, la cinefilia, a veces, mata, y la que no mata engorda.

sábado, 8 de agosto de 2015

MIS LIBROS / MARERO

LIBRE CON LIBROS
por Manuel Pecellín

RELATOS CORTOS
José Luis Muñoz (Salamanca, 1951) es un autor fecundo y plural, galardonado con numerosos e importantes premios (Tigre Juan, Azorín, Sonrisa Vertical, Café Gijón, Camilo José Cela) entre los que figura el Ciudad de Badajoz que obtuvo en el año 2007 con El mal absoluto, un thriller que gira en torno al Holocausto...
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SOCIEDAD / VOY A HABLAR DE MÉXICO

VOY A HABLAR DE MÉXICO

Suburbano Miami / El Cotidiano
Voy a hablar de México. Y no voy a hablar de Venezuela. Aunque en mi país no se haga otra cosa que hablar de Venezuela, y, últimamente hasta de Grecia. Incluso se ha llegado a decir, por boca de un destacado cachorro de la derecha que teme, con razón, ser desalojada del poder, que se han multiplicado los delitos en Grecia a causa de su ahogamiento económico. Una falsedad. Lo de la inseguridad de Venezuela es cierto, pero siempre la hubo, como la hay en Guatemala, Honduras, Nicaragua, Colombia... En Venezuela, según los medios de comunicación, hay una dictadura, aunque haya elecciones democráticas que han ido ganando en los últimos años los chavistas. En México, una democracia, aunque la sombra del fraude ha estado presente en las últimas consultas electorales. La violencia, en Venezuela, se ha convertido en endémica. Como la de México. Pero se habla más de Venezuela, porque el poco ejemplar gobierno que hay es, teóricamente, de izquierdas, que de México, con un gobierno claramente de derechas. Así es que voy a hablar de México porque estuve cenando hace poco con una amiga que vive allí y me narró un cuento de horror, sólo que era real. Y porque me duele México, y porque creo que ya es, no solo un estado fallido, sino un país perdido para generaciones. Y me duele por los amigos mexicanos, que tengo, y por ese país hermoso que se ahoga con su sangre.

Voy a hablar de México y de su violencia retorcida. De esa hidra asesina que avanza por el país y ya cerca DF. De esa mancha de sangre que se extiende por buena parte del territorio porque el gobierno es incapaz de proteger a sus ciudadanos, o es cómplice de lo que les está sucediendo porque las instituciones están podridas. Las bandas de asesinos campan a sus anchas, matan, torturan, descuartizan, porque pueden. Construyen su particular lenguaje a base de cabezas cortadas o cuerpos quemados con los que sustituyen las palabras. Las bandas exigen la cuota a los empresarios, pero también a los comerciantes, a los pequeños negocios. No pagar la cuota lleva implícita la destrucción del comercio o, bastante peor, que el comerciante sea baleado o torturado antes para que la muerte no sea un simple trámite. Las bandas de asesinos no sólo extorsionan a los comerciantes que tienen locales sino que extienden  su reinado de terror a los modestísimos vendedores ambulantes, a los que no tienen nada más que un pedazo de acera para subsistir.

El cuento de terror que me contaron tiene como protagonista a una de estas vendedoras. Una mujer que tiene en una esquina de Acapulco una olla en la que prepara sopa para venderla a los viandantes: pozole. Los dueños de las calles y el país le piden cuota. Y ella, que no tiene ni para malvivir, se niega, porque es pobre. Los dueños de la calle advierten a la mujer. Y ésta se sigue negando hasta dos veces porque no puede conseguir plata. Pero un día los extorsionadores se presentan sonrientes y le dicen que prepare un caldero de pozole para veinte personas. Y la mujer acepta el reto, compra maíz suficiente. Cuando está listo el caldero de sopa, los amos de la calle lanzan a la olla unos pedazos de carne sangrienta. La carne para el cocido, le dicen. La carne del hijo descuartizado de la pozolera.

Eso pasa en México. Y las autoridades o no lo evitan, porque no pueden, o simplemente son cómplices y se lucran con ese estado de terror instaurado que parece hijo directo de los ritos sangrientos de sus antepasados aztecas. La sociedad mexicana salta por los aires y la protesta tiene eco cuando el crimen es múltiple: los cuarenta estudiantes desaparecidos. Pero nadie repara en la pozolera que perdió a su hijo. La degradación social llega a todos los ámbitos. El ideal de chico que buscan las chicas es un criminal que salga de la cárcel, la universidad de la maldad, y que sea violento, para atemorizar a los demás, y que la proteja a ella. Los chicos sólo quieren el dinero fácil que les da el narco, con el que se compran buenos coches, y si para ello tienen que serrar brazos, piernas y cabezas, lo harán sin titubear, porque la maldad se ha banalizado. Hace un año vi una excelente película mexicana que retrataba esa cotidianidad insoportable: un padre torturaba a su preso en presencia de sus hijos, que seguían jugando, y de su mujer que preparaba un guiso en la cocina, sorda a los gritos de dolor de la víctima. Pero ya no se habla de México porque la noticia es que no haya torturados, violadas y asesinados, y eso parece ciencia ficción. Y cuando se habla, no se critica a ese gobierno indigno que no hace nada para evitar que sus ciudadanos sean asesinados de la forma más salvaje posible. Así es que yo hablo de México, pero lo hago desde la cómoda distancia, porque si viviera en México callaría o ya habría hecho las maletas, o me pasearía con una 38 dispuesto a vender cara mi vida y a dejar la última bala para mí mismo. 

MIS LIBROS / MARERO


SOCIEDAD / PLAGA

PLAGA
El Cotidiano
El lenguaje traiciona, muchas veces, a los que lo utilizan. Hay momentos en que uno no puede someter a previo filtro las palabras que salen por su boca y éstas le juegan una mala pasada. María Dolores de Cospedal, hace unos meses, en un celebrado gesto de sinceridad, que fue reproducido en todos los medios, hablaba de los años de corrupción de su partido. Lapsus linguae se le suele denominar a ese tipo de accidente.
David Cameron, el atildado primer ministro británico, acaba de referirse, en un incuestionable momento de sinceridad que le honra como político, a las corrientes migratorias que arriban a su país, embarcando en el tren que atraviesa el estrecho de Calais, como plaga. Para Cameron, como para buena parte de los dirigentes de esta Europa que apesta a racismo y xenofobia, quienes huyen del hambre, la guerra y el horror son eso, una plaga. De detener a la plaga, que es lo que están haciendo los gobiernos de la Unión Europea invirtiendo una serie de recursos públicos para blindar el Mediterráneo, tarea imposible, se puede pasar, si aceptamos que esa gente es eso, una plaga, a exterminarla simple y llanamente. Se les extermina, de forma silenciosa, poniendo en sus camino una serie de cortapisas en forma de guardias costeras, concertinas en las vallas, futuros bombardeos de las flotas de barcos con los que cruzan esas personas sin nombre que van muriendo por el camino. Y mientras, los países a los que llega esa nube de langosta que nadie quiere, levantan muros en sus fronteras para impedir su paso, como lo está haciendo Hungría con la vecina Serbia.

Resulta paradójico, y sangrante, que el jefe del gobierno de un país como el Reino Unido, causante directo de ese éxodo humano del que se queja y que viene, en buena parte, de países que destruyó para convertirlos en estados fallidos, se refiera a los refugiados como plaga. El infausto, y criminal, Trío de las Azores, y el mosquetero Nicolas Sarkozy, son precisamente los responsables de todo este desastre humanitario. Esos seres humanos hacen lo que haríamos nosotros en su lugar, huir del horror de sus países dinamitados por la estulticia de los gobernantes europeos y buscar un mundo mejor para sobrevivir. Pero son una plaga. ¿Cuándo van a empezar a fumigarla?

Los emigrantes son los judíos del siglo XXI.  

jueves, 6 de agosto de 2015

SOCIEDAD / EL MAYOR ACTO TERRORISTA DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD

EL MAYOR ACTO TERRORISTA DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD

El Cotidiano
Si leemos las tres acepciones de la RAE sobre la palabra terrorismo (1/ Dominación por el terror; 2/ Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror; 3/ Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social) vemos que las dos primeras se adaptan perfectamente a dos actos ignominiosos cometidos el 6 y el 9 de agosto de 1945.
Hoy se cumplen cincuenta años del mayor acto terrorista de la historia de la humanidad y lo cometió, precisamente, el país que se llena la boca condenando el terrorismo y hablando de derechos humanos, libertades y democracia: Estados Unidos. El presidente Harry Truman terminó de esa forma brutal el enfrentamiento de su país con Japón borrando del mapa la ciudad de Hiroshima y haciendo lo mismo, tres días más tarde, con la de Nagasaki. En dos segundos se asesinaron a 246.000 personas de dos ciudades que no figuraban como objetivos militares: hombres, mujeres, ancianos y niños borrados de una forma despiadada. Con ese sentido del humor, algo dudoso, que caracteriza al pueblo norteamericano, los artefactos asesinos tenían nombre: Little Boy y Fat Man. Little Boy viajaba a bordo del B29 Enola Gay, otra muestra de humor negro. Fat Man, en el Bockscar. En segundos se alcanzó en ambas ciudades la temperatura del infierno: un millón de grados. Las víctimas, literalmente, se fundieron, pasaron a ser sombras.


En los años sucesivos, en las dos ciudades castigadas, se produjo un reguero de muertes directamente relacionadas con las explosiones atómicas y nacieron niños con malformaciones atroces. El crimen, como muchos otros de lesa humanidad, quedó impune porque lo cometieron los vencedores en el conflicto y quien dio la orden de perpetrar esa masacre murió en su lecho y seguramente con la conciencia bien tranquila por haber terminado de un plumazo una guerra que se preveía todavía larga por la defensa numantina de los japoneses y haber ahorrado a su país un sinfín de muertes militares. La verdad oculta es que Estados Unidos estaba ansioso por probar su juguete letal y Japón fue su banco de pruebas. Con ese acto de terrorismo brutal, con ese asesinato en masa de civiles, Estados Unidos garantizaba su supremacía militar incuestionable.  Y se enterraba la ética. Pero, después de Auschwitz, ¿de qué ética estamos hablando?