viernes, 24 de junio de 2016

SOCIEDAD / MOMENTO HISTÓRICO

               MOMENTO HISTÓRICO
Según todas las encuestas, hasta las de los medios más conservadores del país, los votos de izquierda estarán a un paso de conseguir la mayoría absoluta en el próximo parlamento español que se constituya tras el 26J, lo que abre la puerta a una cómoda gobernabilidad en torno a programas progresistas de salvación ciudadana. No es sorprendente la estimación teniendo en cuenta que el votante español es, mayoritariamente, de izquierdas o de centro izquierda, aunque se abstiene cuando los suyos le decepcionan y de ahí las mayorías absolutas que tienen los partidos de derechas. Un gobierno progresista que encare los gravísimos problemas que tiene la nación (entre ellos Cataluña) es factible y deseable por la mayoría de la población. En estos últimos días de campaña las formaciones políticas van a intentar atraer a esa bolsa de indecisos del 30% para mejorar los resultados que les otorgan las encuestas, y unos aciertan en el método, y otros desbarran y consiguen exactamente el efecto contrario (y al PSOE me refiero).
El votante de derecha del PP, rocoso e irreductible, asume la corrupción endémica que corroe hasta las entrañas al partido al que vota (el caso de Valencia no se ha podido extrapolar al resto del estado, al menos no con la misma rotundidad) pero prefiere seguir votándolo ante el espantapájaros de que vienen los malos, una simplificación que el propio Mariano Rajoy alimenta en su fin de campaña en un intento de atraerse al votante de Ciudadanos a su redil (la derecha unida jamás será vencida). Ese maniqueísmo pueril no le va a restar votos, sino todo lo contrario: el sistema binario de valores funciona. El votante del PP asume que su candidato está tocado, muy escorado, tiene escaso brillo intelectual (no le he oído hablar nunca de literatura ni he sabido nunca si está leyendo algún libro; eso sí, practica la marcha atlética) pero Mariano Rajoy mantiene esa imagen de persona afable y moderada, (falsa, sólo aparente, porque sus políticas regresivas no son moderadas sino extremas en el dolor que causan a la ciudadanía) que tanto gusta a la gente de orden. El votante del PP asume que la situación es pésima, eso es pura objetividad, fría estadística, pero que si ganan los malos será peor, y descuenta los recortes sociales, la pobreza, la desigualdad, el trabajo precario, la falta de oportunidades, como propias de la sociedad que nos ha tocado vivir. Así son las cosas y no se pueden cambiar, suele ser el mantra del que le aterra cualquier cambio y se ancla en el conformismo, la peor rémora contra el progreso. Bueno sería para el PP, al que las encuestas no le otorgan ni un mínimo de posibilidades de seguir gobernando el país por su imposibilidad de conseguir consensos con otros partidos (erre que erre, le sigue tendiendo la mano, que es una zarpa, al PSOE para hundirlo definitivamente), pasara a la oposición, hiciera su travesía del desierto durante unos cuantos años, jubilara a su vieja guardia, diera paso a savia renovada (hay gente del PP del País Vasco muy válida, aparte de heroica, que parece que no milita en el mismo partido) y hasta se renovara y cambiara de nombre dando lugar a un partido de derechas de corte europeo.

Curiosamente Ciudadanos es el partido, a día de hoy, más beligerante con Mariano Rajoy, y así lo vimos en las invectivas que le lanzó sistemáticamente Albert Rivera en el debate a cuatro televisivo para noquearlo en el plató. Ningún dirigente (Pablo Iglesias utilizó el guante de seda y manejó el susurro hacia Pedro Sánchez, un recurso muy novedoso) se mostró tan duro con el todavía presidente en funciones. El líder de la formación naranja le lanzó a la cara, no sólo el famoso SMS a Bárcenas sino, y ahí una novedad importante, los varios cientos de miles de euros cobrados por el presidente según esa contabilidad B del extesorero cuyos apuntes ya nadie pone en duda salvo el propio afectado por ellos, Mariano Rajoy. Con los estándares europeos, un mandatario bajo sospecha habría tenido que dimitir, pero España es diferente. Los ataques al dirigente del PP, los más duros vertidos en un plató televisivo, y la tajante exigencia a su cabeza ante un previsible pacto de derechas (pero los números no le avalan)  no tienen otro fin que  Ciudadanos intente crecer a la desesperada con el votante del PP que vota al partido con una pinza en la nariz, pero la formación de Albert Rivera se estanca en ese 14% (lo que ha perdido el PP) que le otorgan las encuestas y de ahí no va a salir. La fórmula PP/Ciudadanos va a quedar muy lejos de la mayoría absoluta y Albert Rivera es un globo que se desinfla y que sólo conseguirá su objetivo, partido de derechas homologable a la europea, si el PP se cuartea en su travesía del desierto y se pasa a sus filas.

El papel del PSOE va a ser determinante en esta tesitura política. El partido del genuino Pablo Iglesias atraviesa uno de sus momentos más complicados de su historia por la pérdida de confianza de sus votantes y está a un paso de ser bisagra, en vez de actor principal, de la nueva situación política que se avecina. Las afirmaciones rotundas de Pedro Sánchez de que no hará presidente a Pablo Iglesias (personaliza en el líder de Podemos, pero quizá esté echando un globo sonda a Íñigo Errejón) le van a pasar factura y provocarán una sangría de votos del PSOE, cuyos votantes dudan de que su partido no vaya a terminar haciendo presidente a Mariano Rajoy, hacia Unidos Podemos, al que ven como única garantía creíble de que el PP no siga gobernando. Pedro Sánchez es esclavo de la vieja guardia del partido, de la que se habría de alejar si pudiera (Felipe González, Alfonso Guerra, Corcuera, Rodríguez Ibarra), que aboga porque el PSOE pase a la oposición antes que pactar con la formación morada (poco les importa a los dinosaurios políticos los ciudadanos sometidos de nuevo a la política de genocidio social y cultural que perpetra el PP y esos socialistas de pacotilla son los principales culpables de la situación de su partido), y de los barones, capitaneados por Susana Diez, que esperan al día siguiente de las elecciones para devorar el cadáver político de su candidato. Pedro Sánchez selló su muerte política, y la del PSOE, en el momento en que se levantó de la mesa de negociaciones con Podemos para su acuerdo suicida con Ciudadanos (éste ataca al PSOE en campaña, pero el PSOE no le devuelve los golpes). Todo el mundo sabe, y más los votantes desconcertados del PSOE, que fue Pedro Sánchez el que dinamitó la posibilidad de un gobierno de progreso, por mucho que repita que no, que fue Podemos. La arrogancia y prepotencia de Pablo Iglesias hizo el resto, por supuesto. Pedir ministerios por televisión y lanzar mensajitos amorosos al líder socialista desde la tribuna de las Cortes es algo de lo que debe de estar arrepintiéndose el líder de la formación morada.  

Y llegamos a Unidos Podemos, la formación que, según las encuestas (con lo poco fiables que suelen ser éstas y el riesgo de manipulación que sobre ellas planea, precisamente, para atraer el voto conservador hacia el PP), puede liderar un gobierno de izquierdas en este país si el PSOE deja su orgullo a un lado y se sube al caballo ganador y no se confunde de adversario político. El líder de Podemos Pablo Iglesias ha demostrado ser el más inteligente y hábil de los cuatro en disputa. Primero ha sellado un pacto con Izquierda Unida (debería haber puesto a Alberto Garzón en la segunda posición en Madrid, no en la quinta), la formación genuinamente de izquierdas de la que surgió Podemos, y se ha atraído la simpatía (un Pablo Iglesias llorando) de Julio Anguita, el histórico y honesto luchador de la izquierda histórica. El discurso de la coalición es claro y contundente, porque Pablo Iglesias es un maestro en el arte de la comunicación: los de abajo y los de arriba. Los de abajo somos los que hemos soportado una crisis que los de arriba han orquestado para enriquecerse exponencialmente con nuestro sufrimiento. Eso ha sido así y Unidos Podemos pesca votos en la desaparecida clase media española que se ha proletarizado y ve en ellos a sus legítimos representantes. La capacidad política de Pablo Iglesias para sumar formaciones (Izquierda Unida, Compromís, las Mareas) a su proyecto regeneracionista ha rubricado su habilidad negociadora; del sorpasso al PSOE quiere pasar al sorpasso al PP y muy cerca le va a rondar. La formación morada tiene al PSOE contra las cuerdas y su potencial aliado se lo ha puesto muy fácil. Del mismo PSOE depende su relevancia como partido político de izquierdas, marginando a las rémoras que tiene en sus propias filas y sumando escaños a esa gobierno de progreso, o pasar a ser una formación irrelevante que siga el camino del PASOK griego, el de la desaparición.

Las espadas están en alto y el 26 J hay dos contendientes entre los que toca elegir, la derecha con su política de asfixia social y cultural que ya conocemos, hacernos cómplices de la corrupción votando a los que han esquilmado sistemáticamente lo público para sus negocios privados (les hemos pagado sus tarjetas black, sus sobrecostes en obras públicas, sus mordidas del 3 al 10%, sus sobresueldos, sus cacerías, sus volquetes de putas, sus lingotazos de whisky y sus rayas de coca), los tipos de las amnistías fiscales y los papeles de Panamá, los de arriba, o un gobierno de salvación ciudadana con las políticas sociales de las que se olvidó un PSOE también enfangado en asuntos de corrupción y que toma a Podemos por su adversario en vez de por su aliado. Yo me mojo por la segunda opción, aunque va a ser muy complicada y quizá exija el sacrificio de unos cuantos egos que sobran en la política española. Mientras haya ilusión hay vida.  
Booktrailers de CAZADORES EN LA NIEVE, el thriller telúrico,  la novela negra que es un western


«Fórmula de la quintaesencia Muñoz: microclima negro + nieve tenebrosa = eclosión roja».
FERNANDO MARÍAS
«José Luis Muñoz es tan convincente escribiendo que, si alguna vez la realidad no se pareciese a una de sus novelas, habría que sospechar que es ficticia».
JOSÉ CARLOS SOMOZA
«No importan en esta ni en ninguna de sus historias la absolución o la culpa, sino la furia y el temblor de una prosa que fatalmente te convertirá en su cómplice».
GUILLERMO ORSI
«Si existe una escritura ilimitada, no sujeta a géneros ni modas, radicalmente libre y rigurosa, esa escritura es la de José Luis Muñoz».
ALFONS CERVERA


lunes, 20 de junio de 2016

CINE / CORAZÓN GIGANTE, DE DAGUR KARI

CORAZÓN GIGANTE
Dagur Kári

El cine norteamericano había tratado los problemas de la obesidad mórbida en Precious, sin ir más lejos, un melodrama del 2009 que se hizo con un montón de premios, entre ellos los Globos de Oro y los Oscar. La obesidad mórbida y la marginación que padecen los que la sufren está en el eje de esta pequeña gran película de una cinematografía emergenteDe caballos y hombres, de Benedikt Erlingsson,  mientras Sparrows de Rúnar Rúnarsson, la ganadora de la Concha de Oro del último festival de San Sebastián, sigue sin estrenarseque es  la islandesa.

Fúsi (Gunnar Jónsson) es un solterón de 43 años que trabaja descargando maletas en el aeropuerto de Reykjavik, en Islandia, aunque nunca haya viajado. Cuando no trabaja se reúne con su amigo Mordur (Sigurjón Kjartansson) en el sótano de su casa para jugar con maquetas bélicas que reproducen los escenarios de la batalla de El Alamein de la Segunda Guerra Mundial, o con su pequeña vecina Hera (Franziska Una Dagsdóttir) en los ratos que está sola y busca la compañía de ese extraño adulto que en realidad se comporta como otro niño. Su sobrepeso le hace objeto a Fúsi de bromas pesadas y humillaciones por parte de sus compañeros de trabajo capitaneados por Elvar (Thórir Saemundsson)la ducha forzada; la encerrona con una prostituta, algo a lo que ya está acostumbrado y acepta con resignación. Fúsi nunca ha estado con ninguna chica. Cuando Rolf (Arnar Jónsson), el novio ocasional de su protectora madre Hera (Margrét Helga Jóhannsdóttir), con la que vive, le regale por su cumpleaños unas clases de baile country y un sombrero vaquero, conocerá a Sjöfn (Ilmur Krisjánsdóttir), una basurera con problemas psíquicos y emocionales, que sueña con tener una floristería propia, y ella le insuflará algo de esperanza en su desolada existencia.

Con pocos elementos y escenarios (la casa de Fúsi, la de Sjöfn, las cintas transportadoras de maletas, el sótano de ese amigo que es el único que lo soporta…) Dagur Kári (París, 1973), un islandés formado cinematográficamente en Dinamarca, construye este melodrama equilibrado que huye de lo lacrimógeno y acerca al espectador a un par de seres humanos, que los que están a su alrededor puede considerar como frikis (uno por su sobrepeso; la otra por su disfuncionalidad mental) en una película que es un canto a la tolerancia y una denuncia del bullying.

Sin subrayados especiales, con movimientos de cámara precisos, unos cuantos primeros planos (de los ojos algo bovinos, pero sin embargo extraordinariamente expresivos, de Gunnar Jónsson, de su parpadeo incesante) y el urbano entorno gélido de Islandia (filmaciones bajo las borrascas de nieve), el realizador nos mete en esa historia protagonizada por seres que la sociedad margina y consigue que empaticemos con ese pedazo de buen hombre que es su protagonista, al que la naturaleza ha castigado con muchos kilos de más.


Gunnar Jónsson es un actor extraordinario que es capaz de transmitir dolor, desolación, ternura, felicidad, humillación e ira con la mirada, un mínimo gesto, la respiración fatigada o los andares de su corpachón. Su composición de un ser perdido al que todo el mundo margina y del que todo el mundo sospecha (lo arrestan por el simple hecho de ser amigo de la niña vecina y su padre lo tacha de pederasta) es magistral y ha merecido los premios de interpretación de la Seminci de Valladolid y del festival de Tribeca. Ese gigante, como dice el título de la película en su estreno español, seduce con su corazón enorme en esta pequeña gran película cuya humanidad está en proporción al peso de su protagonista.   
Booktrailer EL HIJO DEL DIABLO


jueves, 16 de junio de 2016

SOCIEDAD / EL CAOS

EL CAOS
¿Es un oxímoron un caos organizado? Cada vez estoy más convencido de que el caos que parece dominar el mundo desde hace unas décadas no es algo casual, sino que hay una intencionalidad programada para que siga y se multiplique, porque detrás de él hay oscuros intereses para que así sea, o confluencias sospechosas. Será por deformación profesional, pero cuando se intenta descubrir quién está detrás de un crimen hay que buscar directamente al que sale beneficiado por él, que lo pueda haber perpetrado directamente o, si es más inteligente, a través de terceros a los que a lo mejor ni siquiera conoce e ignoran que son manipulados. El jugador de ajedrez que mueve sus piezas.
El caos ha golpeado hoy, con toda su brutalidad, Bruselas, el centro de Europa, causando dolor irreparable en las víctimas directas y terror paralizante en la sociedad belga y europea. El terror ha cumplido con su objetivo. Meses atrás había sido París, golpeado por dos veces, y Londres, Madrid, Moscú, Marrakech, Mogadiscio, Bamako... Los atentados de Bruselas se producen, casi de forma simultánea, con las vergonzantes imágenes de la crisis de los refugiados, los nuevos judíos, a los que Occidente, una Unión Europea cada vez más inepta y pasiva, rechaza, expulsa, pone en su camino un sinfín de barreras y acaba pagando a Turquía para que actúe de gendarme y los detenga en una política que no dudo en calificar de criminal, porque mata a la gente. No se tardará en invertir en patrulleras que los intercepten en el mar y disparen contra las barcazas que crucen el Mediterráneo para que no lleguen. Y mueren niños, de frío, se amputan pies y piernas a los refugiados, que huyen de los que ponen bombas en Madrid, París y Bruselas, en esos campamentos de la vergüenza sumergidos en el fango, una imagen que recuerda lo que sufrió el éxodo republicano cuando buscó refugio en la Francia del Frente Popular (un hecho vergonzante que me viene a la cabeza ahora, porque seguimos repitiendo la historia, como si no hubiéramos aprendido nada de ella), se humilla y mortifica a esos millones de personas que no tienen país porque Occidente, con una política irresponsable, contribuyó activamente a que lo perdieran.
El caos está planificado. El caos está planificado para que el ideal de Europa, si lo hubo hace décadas, desaparezca dinamitado por las bombas y el tableteo de los kalashnikov. Ya ha desaparecido. Europa ya tiene fronteras y controles por todas partes. Europa pierde día a día las libertades que la caracterizaron. Gana el terrorismo. Gana quien está detrás de ese terrorismo.
Con la caída del muro de Berlín y el desmantelamiento del bloque soviético, era una necesidad crear un foco de tensión para justificar la industria armamentística y dar relevancia a las empresas de seguridad, otro de los grandes beneficiarios de este caos. La concatenación de sucesos tras el 11 S, con la invasión de Afganistán, la destrucción de Irak, una primavera árabe que derivó en otra cosa y la desaparición de Libia, parecen los movimientos de una jugada diabólica con dos objetivos muy claros: crear un movimiento yihadista de reacción en territorios en donde no había (Sadam Hussein, Muamar al Gadafi y Bashar al- Ásad, autócratas sanguinarios, eran laicos), que se ha conseguido con creces con el nacimiento del DAESH y las ramas de Al Qaeda, y agitar el avispero en el sur de Europa para perjudicarla directamente. El patético trío de las Azores fue el peón  utilizado por Spectra (diría el desaparecido Manuel Vázquez Montalbán) para desestabilizar las dos orillas del Mediterráneo. Los valores europeos, de los que en estos momentos nadie se acuerda, no un simple mercado económico, podrían ser peligrosos para los que mueven los hilos del mundo a los que sólo les mueve el poder y el dinero. El terrorismo gana por goleada la partida. Hay pérdidas de libertades, control de las comunicaciones, restricciones a la libertad de expresión y movimiento. Nunca estuvimos tan controlados como lo estamos ahora: nuestra imagen la registran un sinfín de cámaras desde que salimos de nuestra casa; nuestras conversaciones son escuchadas y nuestros correos electrónicos han perdido su condición de privacidad. Y a ello hay que añadir un empobrecimiento progresivo de la población, debido a los recortes sociales, para redondear la situación.
En este momento de crisis de valores la izquierda europea es la gran desaparecida del escenario: está ausente de Europa, y en países como Grecia, con Syriza, ha sido absolutamente domesticada para que no suponga ningún riego y aplique obedientemente el dictat de la Troika. Paralelamente crecen en toda Europa, menos en España, los movimientos xenófobos, racistas, de extrema derecha y antiislamistas. Todo un caldo de cultivo social que recuerda al que hubo previo a la Segunda Guerra Mundial.

Da la sensación de que todo está descontrolado en el mundo en el que vivimos y que sufrimos, cuando todo, seguramente, está absolutamente controlado por los que planifican, desde sus despachos, ese descontrol rentable que cotiza en bolsa. Las dos guerras mundiales, la guerra fría y la guerra contra el terrorismo son, ante todo, oportunidades de negocio que juegan con las cartas de los nacionalismos y las religiones para arrastrar a las masas en uno u otro sentido y enfrentarlas. Para ellos, los sin nombre, no somos más que una manada de ñus y nuestra sangre y nuestra carne no tiene ningún valor, porque somos los peones a sacrificar por los que juegan la partida. Siempre ha sido así.  
Booktrailer de Cazadores en la nieve




martes, 7 de junio de 2016

CINE / REDENCIÓN DE HANS PETTER MOLAND

REDENCIÓN
Hans Petter Moland

Aunque argumentalmente recuerde a uno de los últimos desvaríos de Atom Egoyan, concretamente a Cautivos, e incluso el malvado de la función, el actor noruego Pal Sverre Hagen (el Thor Heyerdahl de Kon-Tiki), con su blandenguería insufrible y viscosa, parece clonar la caracterización de Scott Speedman en la película del director armenio canadiense, el film del noruego Hans Petter Moland (Oslo, 1955) ahonda en el thriller nórdico y juega bien con el escenario (también lo hacía bien Atom Egoyan, es más, diría que era lo único que hacía bien) y con  los protagonistas, los policías del departamento Q, Morck (Nikolaj Lie Kass) y su compinche Assad (Fares Fares), cuyos físicos, lejos de los estereotipos del género (ni son guapos, más bien todo lo contrario, son de esos actores con cara difícil de mirar; ni tienen el más mínimo glamour), algo que también ocurre con los personajes femeninos, con la policía que interpreta Johanne Louise Schmidt.

A raíz de un mensaje que aparece en las costas de Escocia en el interior de una botella, los dos duros sabuesos retoman un caso archivado de dos hermanos desaparecidos en el seno de una comunidad ultra religiosa (y ultra racista en cuanto ven a un policía de origen árabe, lo cual es de mucha actualidad, le niegan el saludo y le cierran la puerta en las narices), y eso les lleva a la pista de un depravado asesino en serie de niños que actúa bajo el parapeto de la religión y reproduce en sus víctimas el maltrato sufrido durante su infancia por parte de su madre.

Redención adolece, sobre todo, de un guión fallido y confuso (la secuencia de la persecución del tren, seguida de la secuencia nocturna en el bosque tienen difícil encaje, y lo mismo la entrevista con la hermana ciega del villano) de Nikolaj Arcel, sobre la novela policiaca de Jussi Adler-Olsen, que mete con calzador el sectarismo religioso, y cuestionamientos morales de la propia pareja de policías, en una trama policial y descuadra en muchos momentos.

A pesar de su excelente factura visual, y de lo acertado de sus flash-backs, que aclaran el porqué de la fijación de las tijeras como arma homicida, el film adolece de cierto aire televisivo que el director se encargar de pulverizar en esa espectacular escena final en la cabaña de la marisma, que vale por toda la película, visualmente hablando, aunque la conclusión forzada resulte poco creíble.


Hans Petter Moland es un director de renombre, asiduo de festivales, y con una carrera muy larga que incluye Un lugar maravilloso, película norteamericana interpretada por Nick Nolte, Un hombre bastante bueno o Uno tras otro, y ha hecho lo que ha podido, mucho, con un guión que hacía aguas como la cabaña del desenlace.  
Booktrailer de ASCENSO Y CAÍDA DE HUMBERTO DA SILVA



lunes, 6 de junio de 2016

SOCIEDAD / DESVARÍOS PREELECTORALES

DESVARÍOS PREELECTORALES
La entrada de Venezuela en la campaña electoral era muy previsible, pero no lo era tanto que Albert Rivera, a la desesperada, se fuera a buscar votos al otro lado del charco en esa minigira inútil que le ha perjudicado más que beneficiado, porque todo el mundo, hasta sus fieles, ha visto la teatralización de ese frívolo acto electoral al otro lado del charco.
El líder de Ciudadanos, y bueno es saberlo, se está radicalizando hacia la derecha, por supuesto, y hasta su subconsciente le juega tremendas pasadas como la de decir que es mejor una dictadura que lo que está pasando en Venezuela. Nada nuevo, por otra parte. Otro ilustre bocazas, este afiliado al PSOE para desgracia de su partido, Felipe González, llegó a decir que en Venezuela se respetaban menos los derechos humanos que en el Chile de Pinochet. Parece que hay nostalgia de esos años de plomo, cuando el orden en Latinoamérica lo implementaban estrategias como el plan Cóndor y la picana era de uso común.

Extender la campaña electoral en España a Venezuela es de una torpeza inaudita y el movimiento estratégico de Albert Rivera no le va a suponer un aumento de votantes sino todo lo inverso. Al contrario que José Luis Rodríguez Zapatero (y ahí están las reuniones en la República Dominicana en marcha que se van a celebrar entre la oposición venezolana y el gobierno en la isla caribeña) Rivera ha ido a Venezuela a enconar más la grave situación que atraviesa el país para obtener un posible rédito electoral e intentar frenar el ascenso de Unidos Podemos. Si tiene tanta sensibilidad social, como alardea, que hable de los gravísimos problemas que afectan a la sociedad española y diga cómo va a resolverlos.
El gobierno del PP también anda muy preocupado por los doscientos mil españoles residentes en Venezuela. Ya hemos visto lo preocupado que está por los más de cuarenta millones que viven en España.

Hablemos de Venezuela, claro, pero hacerlo más ya es imposible a no ser que queramos que los debates electorales se hagan en Caracas y los modere Maduro. Hablemos de la conculcación sistemática de los derechos humanos en México, de los miles de desaparecidos y de la incapacidad de su gobierno de garantizar la vida de sus ciudadanos; hablemos de por qué el gobierno español tiene unas relaciones privilegiadas con, por ejemplo, Arabia Saudí, que persigue, cimitarra en mano, a mujeres, blasfemos y disidentes políticos y con la otra mano alimenta a los yihadistas, pero hablemos, sobre todo, de España, de la involución social y económica de la política de este gobierno, de sus intentos de genocidio cultural, de su falta de independencia frente al diktat de la Unión Europea.

Equivocó su destino el señor Rivera. Quizá debió ir más acerca, a Idomeni, por ejemplo, y explicar a los refugiados cuál va a ser su política con ellos si llega al gobierno o se lo facilita a su homólogo Mariano Rajoy, el que acoge 20 refugiados de los 20.000 que le corresponden. Cuestión de ceros. 

Booktrailer de EL SABOR DE SU PIEL, la novela más erótica de 2016