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Mostrando entradas de octubre, 2013

CINE

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EL IMPERIO DE LOS SENTIDOS FRANCÉS JOSÉ LUIS MUÑOZ en CULTURAMAS


Pocas veces el cine ha ido tan lejos a la hora de mostrar lo que es una pasión sexual y amorosa, ese desvarío irracional que nubla el cerebro y prima los sentidos, como con La vida de Adèle. Habría que remontarse a El último tango en París de Bernardo Bertolucci, El imperio de los sentidos de Nagisha Oshima, o Lo importante es amar de Andrzej Zulawski, por citar tres títulos situados en un pretérito lejano para encontrar celuloide en semejante estado de combustión. siga leyendo en CULTURAMAS

CINE

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EL QUINTO PODER Bill Condon JOSÉ LUIS MUÑOZ en TARÁNTULA
No creo que Julian Assange, el inventor de Wikileaks, ese sofisticado artefacto mediático que ha intentado poner contra las cuerdas a una serie de gobiernos y ha desvelado lo que la diplomacia esconde, esté muy satisfecho con la imagen que se da de él en la película El quinto poder, porque el cuarto, la prensa, quedó obsoleto. Lejos de la hagiografía complaciente, el film de Bill Condon ─ la saga Crepúsculo y Dioses y hombres─ es un ataque en toda regla contra el anarquista hacker australiano de melena blanca (descubrimos que se la tiñe) que a día de hoy lleva casi un año refugiado en la embajada de Ecuador en Londres para esquivar una curiosa orden de extradición a Suecia para responder a unos presuntos delitos sexuales (rehusó utilizar el condón en una relación con dos chicas) por los que teme luego ser extraditado a Estados Unidos.Siga leyendo en revista TARÁNTULA


SOCIEDAD

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ANA BOTELLA
Esta señora no me gusta nada. Ni su aspecto, y mucho menos lo que piensa bajo su cabellera cardada. Le cogí ojeriza con el bodorrio de su hija, ese al que asistió el amigo Correa y El Bigotes, ambos emperifollados. Nadie la eligió para su cargo, pero está allí, presidiendo el ayuntamiento de la capital del Reino, un puesto que demuestra le viene ancho desde que se fue a un Spa como respuesta a que unos jóvenes murieran aplastados en una macrofiesta. Tampoco me gusta su marido, con o sin bigote, que debió ser el que le dio clases de inglés texmex y le permitió alzar la taza de café con leche, en vez de la de té, para brindar por Madrid olímpica antes de que se desinflara el suflé. Ambos hacen buena pareja. Mala pareja, claro, de aquellas que si ves en una fiesta tienes que huir para que no se te atragante la bebida. Su última guinda me coge descolocado. Se ha debido de inspirar en Hungría y por ese camino se puede llegar a parecerse a los de Amanecer Dorado. En Hungría los p…

LITERATURA

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LLIBRES PER LLEGIR
ENTREVISTA A JOSÉ LUIS MUÑOZ La novela negra, sobre todo, es una herramienta, una forma de narrar que tiene un componente crítico muy acerado y nos permite destripar la parte más oscura de la sociedad que nos rodea.

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VIAJE

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EL MAL DE STENDHAL EN BAMBERG
En Bamberg, la jarra que rebosa belleza se desborda y el viajero empieza a sentir en su cabeza los síntomas del mal de Stendhal: ya es incapaz de asimilar más arte en su viaje por Baviera y la Selva Negra. Los tres mil edificios históricos de la ciudad, entre palacios, iglesias y viviendas centenarias, lo explican.  Bamberg no fue castigada por los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, o lo fue de forma muy leve. Quizá a los muchachos de la RAF se les pasó que existiera esa joya en el mapa o les apenara destruir las extensiones de viñedos que hay en esa zona vitivinícola por excelencia. Así es que Bamberg, a orillas del Maine y cruzada por algunos brazos del Danubio, como el  Reignit, que la convierten en una pequeña Brujas alemana, está intacta. Bamberg, Lisboa y Roma comparten algo en común: las tres   están edificadas sobre colinas. Ese es un encanto adicional de la ciudad por si le faltaran. Los edificios de fachadas pastel de cada calle, o los e…

VIAJE

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LA CIUDAD CLONADA
Lo que veo, bajo la lluvia, es una reconstrucción que se parece tanto al original que pocos ojos sabrían distinguirlo. No me imagino a ningún pueblo latino clonando una de sus ciudades después de que un terremoto la destruya. Se refugiaría en el cómodo minimalismo para levantar cuatro paredes y se quedaría tan satisfecho. Los alemanes, no. En Würzburg, sus supervivientes levantaron cada casa destruida, cada iglesia arrasada, y la hicieron a imagen y semejanza de la que ya había, para que nadie notara los estragos de la guerra. Quizá con ese exorcismo urbano trataron de acallar sus culpas.

En 1933 los nazis obtuvieron algo más del 30% de los votos en la circunscripción de Würzburg. Vencieron. Los habitantes de la ciudad barroca confiaron su destino al partido del odio que ya tenía una milicia, los camisas pardas, especializados en masacrar adversarios a porrazos para que nadie se llevara a engaño al votarlos. Doce años más tarde, dos meses antes de finalizar la guerra, …

VIAJE

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TRAS LOS PASOS DE
GASPAR HAUSER

Los alemanes no se saludan cuando se cruzan por un pasillo, comparten el ascensor o se codean con alguien en la mesa de desayunos del hotel. Como los españoles. Nada que ver con esa amabilidad, a veces un poco cargante, de los franceses que te dan las gracias por todo y lo hacen cantando. Los alemanes aman tanto lo suyo como los españoles detestamos lo nuestro: ahí somos diferentes. Hubo de venir un escritor norteamericano para que nos diéramos cuenta de que teníamos una Alhambra, y aún seguimos pintarrajeando las paredes de Granada sin respetar monumentos, siguiendo una costumbre atávica. La sequedad germana, sin embargo, no me cuadra con sus ciudades, las que veo en este viaje improvisado y lleno de agradables sorpresas, la que encuentro hoy y me deslumbra literalmente: Rothenburg.
El casco antiguo de la ciudad es como una pata de jamón: ancha en su extremo norte, y estrecha, como el hueso, en el sur. Algún cerdo he visto en un escudo heráldico en dond…