lunes 30 de mayo de 2011

DIARIO DE UN ESCRITOR

Granada, 29 de mayo de 2011
No tengo sensación de domingo. No la he tenido en todo el día. Tampoco me he enterado de mayo. He estado en tantos lugares en este mes que ya no recuerdo. Y miro la casa que, en horas, dejaré atrás, la ciudad que quedará a mi espalda, y pienso en cosas extrañas, como en los chinos de los que no me despedí y que, seguramente, no me echarán en falta, del carnicero silencioso que sale siempre a fumar a la calle cuando no me filetea el pollo, de esta calle peatonal y humeante en la que he vivido tres años y medio entre el ruido nocturno de la gente y las montañas de polvo que entraban por el balcón abierto. Ya no tendré que barrer, uff, ¡qué alivio! Toda mi vida está en maletas, y en bolsas, una hilera larga que parte del dormitorio, cuyo armario abierto muestra su absoluto vacío, y se prolonga casi hasta el salón comedor cuya estantería sin libros parece un esqueleto. He mirado la nevera y, aunque parece vacía, me ha dado muchas posibilidades, aunque monótonas. Una bolsa entera, de medio kilo, de guisantes congelados que he cocinado al mediodía con aceite y ajo, un huevo solitario que he frito, algo de pan del día anterior que he tostado, un limón cuya cáscara he pelado para hacer dos enormes platos de arroz con leche y con cuyo jugo me he preparado un vaso de leche merengada, y aún me queda queso, de dos clases, y más arroz, después del que he utilizado para el arroz con leche, con el que haré, si tengo hambre, un risoto. Vaciar una casa en donde uno ha vivido tiene siempre algo de mortuorio y te preguntas qué dejas allí, entre esas paredes: lamentos de dolor, gemidos de placer, pasos solitarios de oso enjaulado, palabras que uno lanza al aire y que te respondes. No creo que me echen mucho en falta los vecinos que quizá se hayan preguntado qué hacía ese tipo mayor y solitario, extranjero, que tan pronto lucía barba blanca como melena, que siempre iba con la bici arriba y abajo y tenía hábitos nocturnos. Me deben de haber oído, aunque andaba de puntillas, en mis noches de insomnio, o con el sueño cambiado, que duraron meses. Hoy no me parece domingo, aunque haya comprado El País y la revista en un Hipercor, junto con un paquete de papel, y escuchado las campanadas de las iglesias de Granada llamando a misa, por penúltima vez. No he ido a La Ermita a cumplir con mi ritual de lectura al sol saboreando una cerveza ni me he despedido de los camareros que, en cuanto me veían llegar, ya ponían en mi mesa la bebida y la tapa de patatas a lo pobre. Sí me despedí, de forma entrañable, de unos cuantos amigos, no todos, los que vinieron a la última presentación en Librería Picasso a los que nombré uno a uno. No se cree Gregorio Morales, con el que me despedí con un fuerte abrazo, que vaya a durar mucho en mi refugio de la montaña. No me conoce en la firmeza de mis resoluciones. No me conoce nadie aunque me lean y traten de interpretar los libros que escribo y encontrarme entre los párrafos de mis novelas, porque soy un impostor, humo, un fantasma, no soy nadie, y la literatura es el refugio de mi inanidad, el lugar en donde me invento. Voy, a las cinco de la tarde, por última vez, al cine que tengo a dos pasos, y veo Tokio Blues, extraña película sobre la novela de Murakami que me deja frío en su primera media hora, ajeno a todo lo que sucede en la pantalla, sin entrar en esas gélidas escenas de amor en las que los besos me parecen carentes de pasión y los abrazos sumen en la tristeza, pero me atrapa en la hora siguiente, cuando el drama cristaliza, y es una película que me hace pensar en mi adolescencia y primera juventud, esa etapa tan peligrosa en la que nada sabemos de la vida, nada absolutamente, porque hemos sido vomitados a un mundo que no entendemos y del que no nos importa marchar, como hacen algunos personajes de la película de Tran Anh Hung, el vietnamita director de El olor de la papaya verde. Me pregunto por qué no me fui entonces y me agradezco que no lo hiciera porque no estaría aquí, escribiendo, no habría tenido hijos, mujeres que me han amado y a las que he amado, ni visto paisajes maravillosos, ni visitados lugares exóticos. No sé si habría sido más adecuado Wong Kar Wai dirigiendo Tokio Blues. Mientras asciendo por la calle Gracia, una de las últimas veces que lo haga, quizá cuatro más a los sumo, trato de explicarme el silencio del director taiwanés y entro en mi desolado apartamento, que languidece según avanza la tarde y huye la luz, con hambre de comerme uno de los enormes cuencos de arroz con leche que quedó seco, aunque bueno, porque últimamente todo lo hago a ojo, sin pesar nada, y nunca acierto, nunca, nunca. Y, antes de coger el ordenador e ir a un bar con wifi a tomarme un café me doy cuenta de que mi indumentaria, pantalón de lino blanco, camisa del mismo material, muy abierta, con una botonadura de madera hindú, y sandalias, mi pelo largo, mi barba, me acercan peligrosamente al personaje de Herida de Louis Malle en su secuencia final: me falta un cesto hippie colgado del hombro y el sombrero panamá que se rompió y espero que mi amiga pueblana reponga. Me llama entonces la homónima y trastoca todos los planes. Iré a La Ermita. Pero no me despediré de los camareros. Espero tener luego hueco para meterme otro plato de arroz con leche, unas torrijas, una crepe con chocolate y un bizcocho para dejar limpia la despensa y la nevera. Lo que sobre para los revolucionarios del 15M que han tomado las ágoras de este país. ¡ISLANDIA! El mundo es de ellos, les pertenece y sé que intentarán cambiarlo.

viernes 6 de mayo de 2011

MIS LIBROS



MARTES, 17 DE MAYO
19:30 HORAS
Librería Estudio en Escarlata de Madrid
Calle Guzmán El Bueno, 46.
Presentación de
LLUEVE SOBRE LA HABANA

(La Página Ediciones, 2011) .


José Vaccaro Ruiz presentará mi novela TU CORAZÓN, IDOIA (Corona Borealis, 2011) el sábado 21 de mayo, a las 13 horas, en la Librería Negra y Criminal de la calle de La Sal número 5 de la Barceloneta, Barcelona. No falten.

TU CORAZÓN, IDOIA de José Luis Muñoz
Ediciones Corona Borealis, 2011
ETA y su entorno es un tema que nos toca muy de cerca, propenso a ser tratado de forma maniquea, con una clara distinción entre buenos y manos, cuando no con una asepsia que solamente atiende a lo superficial, sin profundizar en su raíz, sin esforzarse en ver la parte de justicia, y por supuesto también de injusticia y criminalidad, que existe en el origen, la historia y el presente de esa organización. Un sociólogo diría que el tema de ETA está contaminado a un lado y otro de la trinchera, con una enorme dificultad para poder realizar, no ya un análisis mínimamente neutro, sino también para sentar unos elementos previos de acuerdo sobre el qué, el por qué y el para qué. De ahí lo arduo y comprometido que es escribir sobre ello en tanto toca fibras muy sensibles.
Tu corazón, Idoia va al centro del problema (si es que ETA, además de muchas más cosas, es eso, un problema). Y lo hace sin prejuicios, con la distancia y a la vez con la cercanía que la literatura y la imaginación permiten. Con la potencia de una frase o una palabra es capaz de sugerir e inducir en el lector ahondando en sus claroscuros y lo hace amoralmente, entendiendo por amoralidad la ausencia de apriorismos. Es una historia narrada en primera persona por su protagonista Tiburón, un etarra. Esa visión desde dentro enriquece la trama y la densifica porque introduce el factor humano, las vísceras y la carnalidad en todas sus manifestaciones (amor, sexo, odio), y en consecuencia aleja a la narrativa del cartón piedra y el cliché con que estamos habituados a ver reflejada a ETA en los medios.
Por debajo de las frases cortas y afiladas que componen el tono de la historia, como cuchillos o balas que van siendo vomitadas por un Hecker & Koch MPS, José Luis Muñoz nos ofrece una reflexión sobre las razones que pueden llevar a matar, la espiral diabólica en que víctima y verdugo están encerrados sin poder escapar, turnándose y alternándose la una y el otro en unos roles especulares igual de macabros y ensimismados. Nos muestra sin veladuras ese diálogo de violencia alejado de lo que en su inicio pudo tener de ético y lícito el movimiento etarra (el derecho a la autodeterminación), hoy ahogado y enlodado en unas manifestaciones y acciones que no consiguen otra cosa que generar baños de sangre. En esos dos roles de víctima y verdugo Muñoz hace hincapié en la simetría de ambos: la exclusión, la represión, la exterminación del enemigo por parte del Estado por una lado; y por la otra la lucha armada, el crimen y la extorsión. El autor de Tu corazón, Idoia, nos señala con negrita el espacio, la tierra de nadie que los separa, el lugar en donde caen las víctimas inocentes de uno y otro bando. Napoleón decía de la guerra que siempre es el pueblo quien la pierde.
El libro de Muñoz es, además de una novela negra magistralmente escrita, un bisturí que nos muestra, con la neutralidad de una ecografía, lo insensato de la violencia como medio de imposición de las ideas, y lo absurdo que la práctica de esa violencia comporta respecto de un sistema alternativo, distinto y deseable, no basado en las armas, sino en la palabra y la razón, algo que hoy no se da.
Otra de las bazas positivas de Tu corazón, Idoia es el limitado número de los personajes de la novela, prácticamente tres, Tiburón, Idoia y Berenguer, ya que permite al lector adentrarse al mismo tiempo en tres visiones distintas alejadas del arquetipo unidimensional del terrorista o del sicario, conocer sus distintos miedos, sus inseguridades, hurgar en el pasado que les ha llevado hasta la posición en que se encuentran, lo que esperan del futuro. Y También los jirones de su propia vida que han dejado atrás.
La madurez de José Luis Muñoz, con una larga y densa carrera en los más diversos géneros (histórico, negro, policíaco, erótico) tiene, en Tu corazón, Idoia, un ejemplo más de su biografía de escribano comprometido con los problemas de su tiempo, tratando un tema que nada tiene de cómodo ni tampoco de fácil. Por debajo –o por encima- de una prosa fluída y amena circula la reflexión de alguien que huye de los lugares comunes, orzando al pairo de su propio y personal viento.
Habrá quien piense que Tu corazón, Idoia, es una novela políticamente incorrecta. Y lo es si consideramos que se separa de lo que, utilizando un concepto estadístico, está a la moda, la cúspide de la campana de Gauss, aquello que opina la sociedad bienestante y bienpensante sobre ETA y su entorno. Pero precisamente por esa razón, además de sus valores literarios, o gracias a ellos, nos adentra sin prejuicios ni censuras previas, humanísticamente, dando a ese humanísticamente el sentido de integral, en lo que es ETA. Una ETA que he definido en esta reseña, y en parte, como un problema, haciendo con ello un juicio de valor, y que tal vez sea, y simplemente sea, en lugar de un problema, un hecho, un hecho complejo y cargado de pasión, plomo, amor y odio, pero un hecho. Y es así, como un hecho, que aparece en la novela de José Luis Muñoz.
José Vaccaro Ruiz
vaccaroruiz.wordspress.com

LIBRERÍA

Liquido mi biblioteca. Cosas de las mudanzas. Y ofrezco mis libros a quien los quiera. Los interesados, que me envíen sus señas postales a mi correo joseluismunoz33@gmail.com e indiquen el pack que les interese. En dos días, y contra reembolso de 22 €, recibirán mis libros dedicados a su domicilio. Es la primera, y la última, que hago de librero.
PACK 1


EL CORAZÓN DE YACARÉ (Imagine Ediciones, 2009) Premio de Novela Romántica Ciudad de Seseña.En Macladán, un país latinoamericano bañado por las aguas del Pacífico, la dictadura del general Duarte siembra el terror por doquier ahogando cualquier oposición política en sangre. Nelson Correa, un policía del grupo de tareas, experto en interrogatorios que suelen acabar en muerte, recibe un extraño encargo de Santiago O’Higins, el ingeniero plutócrata que maneja el monopolio telefónico del país: averiguar quién es y qué quiere una atractiva india, Yacaré de Wilson Frades, que le sigue a todas partes y cuya presencia le causa viva inquietud.
Novela colorista y sensual, fusión de muy diversos géneros que domina su autor, como son el negro y el erótico, El corazón de Yacaré, construida a modo de puzle dinámico en el que cada uno de sus personajes tiene voz propia, es un relato de amor enloquecido y pasiones descontroladas y oscuras que avanza hacia una violenta catarsis final y arrastra al lector con su prosa vitalista, sin darle un segundo de pausa.


BARCELONA NEGRA (Júcar, 1987) Premio Azorín de Novela 1985


Barcelona, año 2005. Una sociedad violenta, despiadada. Una sequía se abate pertinaz sobre la Ciudad Condal. El agua escasea. La urbe se pudre por dentro. La violencia impera en sus calles. No existe moral. Una prostituta aparece degollada en su apartamento. Nadie ha visto nada. Un policía nada escrupuloso investiga con métodos poco ortodoxos. El policía está tan podrido como la ciudad que vigila. La gente muere en la calle, como perros. Los ancianos son invitados a suicidarse.
Segunda novela publicada por José Luis Muñoz, Barcelona negra (Premio Azorín 1985) es una obra descarnada, violenta y virulenta que ofrece una visión tremebunda y caótica de la sociedad del futuro. Todo está americanizado,la gente no lee, la imagen se ha adueñado de las mentes y la única relación posible entre los humanos es la violencia y el sexo.
LA CARAQUEÑA DEL MANÍ (Algaida, 2007) Premio de Novela Camilo José Cela


Macario, un ex miembro de la banda terrorista ETA que vive un exilio dorado en Caracas como asesor literario de una importante editorial venezolana, recibe la visita de dos de sus camaradas para que se reincorpore a la lucha armada porque la organización sufre un profundo descalabro. Su negativa a hacerlo provocará un rosario de anécdotas violentas y persecuciones en las que se verán implicados los etarras, los servicios secretos españoles, la policía venezolana y las bandas de violentos delincuentes de los cerros de la capital. La situación de este vasco aclimatado al Caribe se complicará sobremanera cuando entre en su vida La caraqueña del Maní, una espléndida y sensual mulata que conoce en una sala de fiestas de la capital. Jose Luis Muñoz, con un lenguaje rico y colorista en el que se funde la sensualidad caribeña, el género negro, el relato de acción y la novela con trasfondo político, monta un perfecto thriller de rabiosa actualidad que atrapa al lector en sus páginas. La caraqueña del Maní reflexiona, a través de su protagonista atormentado por el pasado, sobre la inutilidad del terrorismo y la expiación de la culpa
PACK 2


ÚLTIMO CASO DEL INSPECTOR RODRÍGUEZ PACHÓN (Algaida, 2005) Premio de Novela Diputación de Córdoba


En un vertedero de la Habana aparece el torso de una mujer sin cabeza. Rodríguez Pachón -un veterano policía desencantado, lector de Faulkner y Hemingway, y devoto del viejo cine negro norteamericano- se hace cargo de la investigación auxiliado por el joven Vladimir. Dos agentes de generaciones muy diferentes que habrán de bucear en un submundo caribeño que nada tiene que ver con el paraíso prometido en las agencias de viajes. Entre el son, las jineteras, los mojitos y daiquiris y los viejos palacios desconchados se desarrolla esta intriga policiaca, a través de una vorágine de violencia y camino de un final tan sorpresivo como inevitable. José Luis Muñoz pinta en Último caso del Inspector Rodríguez Pachón, que obtuvo el IV Premio de Novela Corta Diputación de Córdoba, el retrato colorista de una de las ciudades más hermosas y sensuales del mundo, pero acercándose -dijo Javier Rioyo, miembro del jurado- "con sinceridad a su situación actual, reflejando esa doble moral que impera en la ciudad".
LLUVIA DE NÍQUEL (Algaida, 2005) Premio Francisco García Pavón
Mike Demon es un vendedor de seguros que pasa la vida en la carretera y odia el juego por oscuras razones familiares. Una avería en su automovil le llevará hasta Las Vegas, y su profundo desprecio por la meca del juego se irá convirtiendo en fascinación, hipnotizado con el neón de sus luces y el tintineo de las monedas en las máquinas de juego, la lluvia de niquel. Lluvia de niqueles una novela envolvente y atmósferica sobre la pasión destructiva del juego y la soledad entre multitudes, la crónica del descenso a los infiernos de un personaje sin redención posible, un personaje con el que José Luis Muñoz rinde tributo a los maestros del género negro.
LIFTING (Algaida, 2000) 50 Premio Café Gijón
Eduardo Llampart -un abogado especializado en divorcios y escritor de novela negra en sus ratos libres- ha superado sus años de joven inconformista para convertirse en un ciudadano integrado en la sociedad de consumo y que cree tenerlo todo: un adosado en una urbanización de Sant Cugat, una esposa enamorada -a pesar de que todos sus amigos ya se han divorciado-, dos hijos y un perro. Pero un día su mujer decide operarse los pechos, su hija le pide una rinoplastia como regalo de cumpleaños e incluso su propia apariencia es criticada por toda la familia: todo ello evidenciará la fragilidad del mundo en que hasta entonces había vivido.Ironía, destreza narrativa y un ácido sentido del humor son las claves de esta novela donde la frivolidad adquiere la envergadura de tragadia cotidiana. Lifting mereció el prestigioso Premio de Novela Café Gijón, uno de los galardones con más solera y prestigio del panorama literario español, que acaba de cumplir el medio siglo.


PACK 3

PUBIS DE VELLO ROJO (Tusquets, 1990) Premio La Sonrisa Vertical
Pubis de vello rojo de José Luis Muñoz obtuvo por mayoría el XII Premio La sonrisa vertical en enero de 1990. El jurado valoró la delirante fantasía con la que el autor funde el género de la novela negra o de terror -que ahonda en la exploración de los ambientes marginales de una ciudad portuaria como Barcelona, de la naturaleza perversa de los personajes y de las pesadillas en que viven sumergidos- y el género de la novela erótica que, en este caso, arraiga en los infiernos restituidos literariamente por un Marqués de Sade o un Pieyre de Mandiargues.
Para ejercer su oficio, el más antiguo del mundo, una atractiva pelirroja abandona su lujosa residencia dejando en el lecho a su amante ; tan ambigua como la novela que protagoniza, acude a sus citas comportándose como una auténtica devoradora de hombres y una experta en placeres límite. A la misma hora, un hombre derrotado y amargado sale de su escondrijo enfurecido : tras cometer un acto delictivo, se siente traicionado por la mujer que años antes había sido suya y cuyo recuerdo no le ha abandonado desde entonces ; frustrado pues en el terreno amoroso, el único que da sentido a su vida, sólo encuentra descanso en un vagabundeo que cree le ayudará a olvidarla, o a buscarla a través de otras mujeres. Y ambos se lanzan en medio de la dura noche barcelonesa. A medida que avanza la noche, los dos se internan en un laberinto de deos, de encuentros y desencuentros regidos por un peligroso destino empeñado en confundir presente y pasado, placer y dolor. Pocas pero trepidantes horas bastarán para cambiar definitivamente su vida.
VIAJEROS DE SÍ MISMOS (Brosquil, 2006) Premio Ciutat de Benicassim de literatura de viajes.
Un camarero que escucha las conversaciones de los comensales del restaurante del hotel de Cangas de Onis en donde trabaja y se obsesiona por una mujer madura, su marido y el intruso que viene a turbar su apacible estatus matrimonial; un detective que vampiriza la vida de sus clientes y cruza la península hasta Mojácar detrás de un supuesto marido infiel que le deparará una sorprendente lección y un más que maduro escritor que busca la paz de Grazalema para corregir las galeradas de su próximo libro y se enamora platónicamente de la chica que viene a adecentar el viejo molino en donde se aloja.... Varias historias de viajes, itinerarios por el interior de la península, de norte a sur, escritos en hoteles, retazos de paisajes, olores y sabores en los que su autor, novelista y viajero altera ligeramente la realidad para hacer de ella ficción. Cinco narraciones cruzadas por el humor, la ternura y el sentimiento en donde el detalle preciso traslada al lector a esos cincos enclaves diversos en esta obra ganadora del II Premio Internacional de Literatura de Viajes de la ciudad de Benicassim
EL SABOR DE SU PIEL (Alfadil, 2004) Premio Letra Erecta de Novela
El triángulo sexual de los protagonistas en “El sabor de su piel “ de José Luis Muñoz, se entrega sin desmesura a los placeres del sexo, embarcándose en una travesía por sus cuerpos, por los cuerpos de otros, por las mentes de otros, por las ciudades, por el mundo, convencidos de que el placer no les deparará nada malo. En esta travesía, donde la vida y la muerte pueden ser tan sólo un recuerdo, descubrirán la amistad, el amor profundo, la solidaridad y la risa. Borja, Leticia y Hernán van más allá de sí mismos porque el deseo se los dicta y es lo que les permite convertirse en humanos aunque todo no sea más que ficción o ilusión.

LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO / GUANAHANI (Planeta, 2002)
Buscando una nueva ruta hacia las Indias, Cristóbal Colón y su expedición pisan por primera vez tiera americana en Guanahaní, y se inicia de esta forma una de las más grandes epopeyas de la civilización occidental.
Sabemos de la belleza natural que los deslumbro, de las insólitas costumbres (empezando por su desnudez) que hallaron en los pueblos indígenas y del descubrimiento de un nuevo mundo, a la vez mágico y amenazante. Pero poco sabemos de las disputas entre los tripulantes, de sus conspiraciones, de sus temores, de sus deseos incontrolados.De la mano de Marín de Urtubia, ex presidiario y escribano de Colón, y del indígena Camani, que actúa como intérprete, nos asomamos a los primeros meses de un choque que iba a cambiar la historia.
Con GUANAHANÍ arranca LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO, una gran novela de aventuras sobre un acontecimiento épico.
LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO / EL FUERTE NAVIDAD (Planeta, 2002)
En enero de 1493 Colón vuelve a España para anunciar su descubrimiento a los Reyes Católicos y deja a 39 de sus hombres en el Fuerte Navidad, en la isla de la Hispaniola - la actual República Dominicana y Haití. Pronto los desmanes hacen mella entre la primera población española del Nuevo Mundo provocando una situación de anarquía.
Mientras un cúmulo de enfermedades azota a los nuevos colonos, las fratricidas luchas por el poder, la ambición desenfrenada por obtener oro y la lascivia hacia las mujeres taínas se encaragarán de tensar más las relaciones entre los indígenas y los recién llegados. Marín de Urtubia, que vive una intensa historia de amor con la indígena Canayma, debe tomar una decisión que hará cambiar su vida de forma drástica y abocarlo a un camino sin retorno. Él será el privilegiado testigo de lo que realmente sucedió en esos días tormentosos en la primera colonia del Nuevo Mundo.
Con EL FUERTE NAVIDAD prosigue la trilogía LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO, una gran novela de aventuras sobre un acontecimiento épico.
LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO / CARIBE (Planeta, 2002)
Tras el desastre del Fuerte navidad, en el que fueron masacrados todos los suyos, Marín de Urtubia considera rotos los puentes que le unen a España y vaga sin rumbo por las selvas de la Hispaniola en compañía de sus amada Canayma. La soledad y la dureza del entorno le mueven a integrarse en la tribuo a la que pertenece ella, los taínos.
Con su nuevo pueblo deberá hacer frente a las terribles incursiones de los indios caribes, que practican la antropofagia, y conocerá las prácticas de la Isla de las Mujeres, gobernada por amazonas que organizan ceremonias de apareamiento con sus vecinos caníbales. Un día, tan temido como deseado, Marín contempla el regreso de las naves de Colón y debe decidir de qué parte está.
Con esta nueva aventura culmina LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO, la gran trilogía sobre el Descubrimiento de América.

MIS LIBROS

MAREA DE SANGRE
José Luis Muñoz
(Erein, 2010)
Pedro M. Domene en Cuadernos del Sur
El novelista José Luis Muñoz (Salamanca, 1951), autor de Lluvia de níquel (2004), El mal absoluto (2008) o La frontera Sur (2010),muestra su habilidad para dibujar una realidad tan desoladora como nos tiene acostumbrados, aunque en esta ocasión el entorno reconocible nos lleve desde una aparente vida de costa invernal sencilla, Playa de Aro, a una auténtica intriga criminal, cuando inesperadamente una joven turista se arroja al vacío. La novela en cuestión, Marea de sangre (2010), sacude la monotonía hibernal de una pequeña población costera cuando, poco después, un nuevo y aparente accidente obliga al jefe de la policía local, Ismael Ortiz, a investigar más allá de las evidencias y hurgar en la vida de la joven suicida, así como la de su amigo
Pau, con quien había quedado para aclarar ciertos aspectos del accidente ocurrido en el bloque de pisos donde ejercía de conserje apenas unos días antes. La Guardia Civil se hará cargo del caso y entra en escena Abel González, teniente del puesto, quien a tenor de una mínima investigación sobre el suceso, cierra pronto el asunto como si de una caída fortuita se tratase. Ante ciertas evidencias, el policía local intentará poner de relieve el asesinato como motivo de la muerte de la joven danesa. Se establece, por consiguiente, una rivalidad entre los dos agentes de la ley, y se destapa un asunto personal que irá mucho más allá del deber.
El narrador nos irá introduciendo en la vida sombría y particular de sus personajes: el infortunado matrimonio de Ismael, que convive con una esposa alcoholizada, la número Marisol González que acompaña a su jefe en todo momento, en el cuatro latas, y mantiene una relación estrictamente sexual y esporádica con su jefe, los oscuros entresijos del teniente, sus conexiones
con políticos corruptos, banqueros, Marc Borrás, negociantes especuladores, un hampón marsellés, que hacen sus negocios amparados por la ley...
José Luis Muñoz recrea el ambiente que se respira a finales de la década de los ochenta en las páginas de Marea de sangre, la situación vivida en una pequeña población regentada por el entonces partido de AP, y cuyas fuerza de orden se concretan en la Policía Municipal y el puesto de la Guardia Civil, ejes de investigación que tan solo avanzará por un policía municipal que ve cómo su vida particular se derrumba y tan solo le queda la honradez.
‘Marea de sangre’. Autor: José Luis Muñoz. Edita: Erein. San Sebastián, 2010.

EL ESCRITOR

Este es el prólogo que escribí para la última novela de José Vaccaro Ruiz, La Granja (Atlantis, 2011), que presentaré el sábado 21 de mayo a las 13 horas en la Librería Negra y Criminal de la calle La Sal número 5 de la Barceloneta, Barcelona. No falten.
JOSÉ VACCARO RUIZ,
POR EL FILO DE LA NAVAJA

José Luis Muñoz

Tener voz propia dentro del género negro que se escribe en España y huir del tópico no es nada fácil. La literatura negrocriminal, tan de moda en nuestros días, está incorporando nuevos valores que acceden al género con entusiasmo y reciben el premio de sus lectores. Son muchos y jóvenes. El de José Vaccaro Ruiz, un narrador al que no hay que perder la pista, es un caso extraño, un rara avis dentro del panorama, su excepción.


La afirmación de que dentro del género negro ya está todo dicho, que se puede aplicar, generalizando, a la novela, cae por su peso cuando se lee a este autor catalán, abogado y arquitecto, bagaje profesional que lleva al campo de la narrativa, enriqueciéndola con su rica experiencia profesional. Puede que el haber llegado tardíamente a la literatura, con 65 años y una cabeza extraordinariamente bien amueblada, redunde en beneficio de sus novelas. Seguro. Vaccaro no habla sobre sí mismo, porque quizá ya se le pasó el tiempo, ni se deja seducir por experimentalismos, porque no le interesan y dificultarían las tramas de sus novelas, sino que se limita a contar historias que circulan deliberadamente por los límites de lo políticamente correcto, y es un ejercicio que hace extraordinariamente bien, con una prosa eficaz, a la que ni le sobra ni le falta nada y está siempre al servicio de narraciones que no decaen en ningún momento y fluyen sin aspavientos. Su arquitectura narrativa es siempre impecable y tiene la virtud el autor de hacer creíble lo truculento y adentrarnos en zonas oscuras que nos atraen y repelen al mismo tiempo. Toda novela negra que se precie debe de tener un investigador poderoso, con unos rasgos psicológicos muy marcados, y Vaccaro Ruíz, tras haberlo invitado a los dos libros anteriores (Ángeles negros y La Vía Láctea) lo tiene perfectamente pergeñado. El encallecido investigador Juan Jover, que es su hijo literario, es todo un feliz acierto; tiene rasgos del Méndez de González Ledesma, porque perteneció a la franquista BIPS y no se arrepiente de ello, y del Carvalho de Vázquez Montalbán, porque, como aquel, se refugia, de cuando en cuando, en la gastronomía y es buen catador de vinos y del whisky Macallan, pero en su desencanto vital este experto conseguidor sin ningún tipo de escrúpulos morales no es tan inocente como sus ilustres predecesores y le aleja de ellos su ácida visión de la sociedad y la ausencia, aparente, de ternura, lo que en realidad es una coraza.
Divorciado, sin hijos y sin perro que le ladrara, la única persona capaz de manifestar un verdadero interés y algo parecido al cariño hacia su persona era Purificación Gracia Permanyer, Puri
Pero no puede evitar el autor arropar con algo de cariño a su hijo literario y de ahí algunos guiños al pasado que ayudan a la ubicación cronológica exacta del expolicía, porque Jover tiene su corazoncito, aunque sepultado por toneladas de desencanto férreo y, de cuando en cuando, piensa en los juguetes de su infancia, como ese Tibidabo obsoleto que no acaba de adaptarse a los nuevos tiempos y sucumbirá por no hacerlo. Jover, sin ser uno de esos nostálgicos, sí que recordaba las mañanas de los domingos echando monedas de uno o dos reales en las huchas de los autómatas para ver a un muñeco mover los brazos, un tren eléctrico darse una vuelta por una maqueta de cartón piedra, o a su padre pegándole martillazos a una plataforma para intentar evaluar la fuerza de sus brazos.
Juan Jover es hijo de estos tiempos de corrupción política y económica que nos ha tocado vivir, del pelotazo, es un paradigma del sistema, alguien que bucea con soltura en las cloacas, con la boca y las narices tapadas, para no asfixiarse.
Juan Jover constaba como investigador privado a efectos de epígrafe tributario y tarjeta de presentación, pero lo que definía su trabajo era el apelativo de Conseguidor de recalificaciones urbanísticas y atajos administrativos y políticos en los ámbitos municipal, comarcal y autonómico.
Me suena mucho todo esto. Es la actualidad de este país. Un tipo, en definitiva, anclado en la realidad y que ve la política como un negocio. Si Ángeles negros giraba en torno a la pederastia, y La Vía Láctea lo hacía en torno al canibalismo, La Granja, para no quedarse atrás, se centra en otro argumento horrendo, el cine snuff, esa perversión pavorosa que filma torturas y muertes en directo y tiene retorcidos aficionados en un mundo ávido de emociones fuertes.
¿Dónde encontrar personajes parecidos a los que salen de la cabeza de Vaccaro? Thierry Jonquet, un autor francés recientemente desaparecido, buceaba por universos semejantes en sus novelas Tarántula, La bella y la bestia, Ad Vita aeternam, en donde lo policial iba de la mano del horror, y las novelas más ásperas de Jim Thompson también iban en esa línea. Para encontrar la dureza argumental, que es marca de fábrica de sus novelas, tendríamos que remontarnos en España al primer Andreu Martín, el de Prótesis, por ejemplo, o a las novelas malditas de un Carlos Pérez Merinero, un novelista notable hoy desaparecido que tiene novelas como Llamando a las puertas del infierno, La mano armada y El papel de la víctima que irían por esos derroteros. Pero habría que ir, quizá, a Thomas Harris, el padre literario de Hannibal Lecter, el psicópata con el que los tremendos personajes tarados que pueblan las novelas de este autor barcelonés tienen puntos de contacto, en rendido culto al marqués de Sade y un gusto por transitar por las perversiones humanas. Porque Satán, uno de los cancerberos de La Granja, tiene rasgos semejantes al del inteligente caníbal.
Su mirada nerviosa de animales de presa y sus lenguas babeantes asomando entre dos colmillos afilados como cuchillos, dispuestos y a la espera de encontrar carne donde morder, no eran otra cosa que un apéndice de su propia alma.
De su propia mano sus futuros empleadores quedaron convencidos de que para él la humanidad no era otra cosa que un amasijo de carne que rajar, herir y maltratar, un mero objeto donde desahogar su furia.
Un asesinato, por error, y una red de traficantes de cintas snuffs están en el tuétano de la última incursión literaria de Vaccaro Ruíz. Como en anteriores novelas, el autor catalán se mueve en los terrenos movedizos de lo políticamente correcto, asomándose hasta el borde del abismo, y explora el lado más oscuro del género humano, aquí a través de una red de individuos sin escrúpulos que utilizan a un individuo malsano y deforme, de nombre Satán, que martiriza a sus cobayas humanos como carnaza para prácticas aberrantes que otros desaprensivos y retorcidos se descargan por internet en sus ordenadores.
Lo llaman La Granja. Un lugar donde lo que hay en su interior son puras reses marcadas, vigiladas y explotadas por ganaderos sin entrañas.
El cine snuff, del que tanto se habla, escribe o se hacen películas, no es un mito sino una realidad espantosa porque hay gente que todavía añora los sangrientos espectáculos del circo romano. De cuando en cuando aparece en prensa alguna noticia relacionada con esas filmaciones en las que no hay efectos especiales que valgan. Detrás del feminicidio de Ciudad Juárez, sin ir más lejos, del secuestro de niños y mujeres en países del Este o en Latinoamérica, está ese negocio cruel que se nutre de los estratos bajos de la sociedad para rodar esas infames cintas que, por sumas de mucho dinero, lo disfrutan algunos miembros de las clases altas en sus asépticos estudios adonde la sangre llega y se detiene en la pantalla de sus ordenadores, y Vaccaro pone todo esto en negro sobre blanco en La Granja, buen título para el establo en el que son recluidos mujeres y hombres venidos de la miseria para tocar el paraíso y se encuentran con el Infierno. Las mujeres que protagonizan escenas como la que ha visto viven encerradas en celdas en el interior del caserón, debe haber permanentemente entre diez y veinte. Por las grabaciones que he podido ver, las cambian dos o tres veces al año. La mayoría proceden de países del Este. Les prometen que España es el paraíso terrenal, que aquí se apreciará su belleza como es debido, que serán unas estrellas del cine o la televisión cargadas de dinero, brillantes y admiradores. Las convencen para que suban a un avión, las van a recibir al aeropuerto en esa furgoneta que usted ha visto aparcada, como si fueran reinas, y las traen aquí. Bueno, todas aquí no, una parte encuentra acomodo en la cadena de prostíbulos que la organización tiene por toda España. Allí los babosos de tierra adentro aguardan con impaciencia lo que denominan nuevo material.
En todas las novelas de Vaccaro Ruíz hay rasgos reconocibles. Sus delincuentes, sean pederastas, caníbales o monstruos que torturan a sus semejantes para lucrarse con el cine snuff, como en la presente, se guarecen tras fortalezas inexpugnables, ubicadas en parajes poco transitados, un poco como los escondrijos de Unabomber, el terrorista contra el sistema que vivió aislado durante décadas sin que la policía diera con su guarida, perdida en un bosque de la inmensidad estadounidense.
Por las páginas de esta novela transitan personajes como Manuel Saavedra, alias El carpetas, un policía en activo; el killer venezolano cuya profesionalidad se pone en duda; Puri, la secretaria maciza del protagonista Juan Jover; Grogués, el informático con mala estrella; Cerón, otro poli..., definidos todos ellos por su forma de hablar, de actuar, más que por unos rasgos físicos, lo que confirma la habilidad que tiene Vaccaro para crear personajes, algo fundamental para que una novela funcione.
José Vaccaro Ruíz tiene buen oído para los diálogos, está siempre atento a los detalles, arropa con pedazos de costumbrismo su narración y horroriza (con esas transcripciones de torturas inspiradas en la Santa Inquisición que ejerció durante siglos su magisterio en esa asignatura), o hace sonreír (como en la descripción de esa boda desternillante en la que se sirven pasteles eróticos formados por plátano y dos bolas de helado, por ejemplo), según el momento y el respiro que quiera dar a quien se sumerja en sus páginas. No es un autor apto para todos los lectores, y ahí está una de sus características y virtudes precisamente, en ese espíritu transgresor, que es poco común en lo que se publica, y en el que el escritor catalán parece encontrarse a sus anchas.
La novela, como buena pieza del género negro que es, tiene un final imprevisible, sorprendente: los amigos, por mucho que lo sean, nunca son de fiar y las cosas, todas, son más complicadas de lo que parecen y para todo hay una razón.
¿De qué van los novelas de José Vaccaro Ruiz? ¿Qué sentido tiene su literatura, más allá de entretener u horrorizar? ¿Y de qué va, en particular, La Granja, nombre que no podía ser más oportuno y descriptivo? Pues de capitalismo salvaje, empleando el adjetivo en su más absoluta literalidad, en la explotación, hasta el extremo, del hombre por el hombre, porque un lucro sin medida, sin impuestos que pagar, sin normas que cumplir, porque las víctimas carecen de todos los derechos, del fundamental de la vida en cuanto entran en ese limbo infernal de La Granja, es lo que rige en la última incursión de este originalísimo narrador de género negro. ¿Impensable esa reclusión en establos de seres humanos relegados a la ínfima situación de animales de granja que esperan a ser sacrificados? Que se lo pregunten a los seis millones de judíos inmolados por los nazis, les diría yo a los que dudan de la capacidad de maldad que anida en el ser humano.
José Vaccaro Ruiz es ya un valor literario firme, con una larga carrera por delante porque la sociedad y sus claroscuros, que con tanto acierto traslada al mundo de la ficción, van a seguir dándole temas. ¿Con qué nos va a sorprender próximamente?

EL LIBRO

DUBLINESCA
Enrique Vila-Matas
Seix Barral, 2010
325 páginas
Todas las novelas de Vila-Matas están infestadas por la literatura, en todas hallamos referentes literarios explícitos que nos remiten a otras obras y a otros autores, pero quizá sea Dublinesca en donde eso es más explícito y descarado, porque la última novela del autor de El mal de Montano, con la que termina, precisamente, su relación con Anagrama y se pasa al sello Seix-Barral, es un funeral apocaliptico de la literatura, tal como la entendemos, tal como la entiende el propio autor.
Un funeral en Dublín, le dice y le subraya. Un funeral no sólo por el mundo derruido de la edición literaria, sino también por el mundo de los escritores verdaderos y los lectores con talento, por todo lo que se echa en falta hoy en día.
Samuel Riba, un editor literario que vive en una perpetúa desazón desde que dejó su editorial, emprende un viaje a Dublín siguiendo el rastro de Joyce y su Ulises y lo hace rodeado de amigos y en el día del Bloomsday. En la capital de Irlanda, en sus pubs, paseos y encuentros, el editor pasa revista a sus fracasos, a su frustrado intento por descubrir a un autor genial al que salvar de toda la mediocridad que se vio obligado a publicar, y entona un mea culpa celebrando el funeral por la Galaxia Gutenberg, por el libro como objeto, ese que se toca a la vez que se lee, en aras de la digitalización ante la que autores y editores andan aterrados.
Le llega al alma la desaparición de los autores literarios. No deja siempre de conmoverle esa realidad que la Red anuncia para el futuro, cada día con más claridad. “Pero veamos-dice el articulista-: si el previsto final del libro impreso ya provoca en el lector tradicional más que extrañeza, rechazo, ¿qué decir del escritor que ve en este vértigo una especie de atentado al objetivo y la naturaleza de su trabajo? Pero, al parecer, el rumbo está definido y la suerte de la tinta y el papel echada.
Destila la novela de Vila-Matas, escrita con su proverbial maestría, humor, como toda su obra anterior, pero también tristeza que se filtra entre tanta ironía. Riba, y no lo disimula el barcelonés en ningún instante, es un trasunto del propio Herralde, por lo que el libro que marca la ruptura literaria con su editorial durante tantos años se convierte en un homenaje al editor de raza que acaba de vender Anagrama a Feltrinelli, pero también tiene rasgos del propio autor.
Qué viejo se ve, qué viejo está desde que se retiró. Y qué aburrimiento no beber. El mundo, en sí mismo, es muchas veces tedioso y carece de verdadera emoción. Sin alcohol uno está perdido.
En esta novela fantasmal, sumida en la niebla, que habla de mundos perdidos y futuros inciertos, transitan, además de Joyce, al que Vila-Matas rinde homenaje ya desde su título además de citar y comentar algunos de los párrafos de su Ulises, Samuel Becket, Paul Auster, Martin Amis y otros autores a los que el autor barcelonés conoce bien. Pero no sólo hay metaliteratura en Dublinesca, porque el escritor barcelonés, desde que estuvo a punto de perder la vida, reflexiona también, y lo hace amargamente, sobre la existencia, su transcurso y su miseria final: la enfermedad y la muerte.
No hay que buscarles paliativos al drama de sus padres y al suyo propio, envejecer es un desastre. Lo lógico es que todos los que vieran declinar sus vidas gritaran de espanto, no se resignaran a un futuro de mandíbula colgando y babeo irremediable, y aún menos a ese brutal despedazamiento que es la muerte, porque morir es rasgarse en mil pedazos que empiezan a desperdigarse vertiginosamente para siempre, sin testigos.
Encontramos en la novela sorprendentes y lúcidos preceptos, no por demoledores menos ciertos, que Vila-Matas va desgranando en esa travesía literaria y humana que es esta novela reflexiva y discursiva más próxima al ensayo que a la narrativa, desprovista de acción física pero no de acción intelectual y extraordinario interés.
Todo ser humano lleva dentro de sí una cierta cantidad de odio hacia sí mismo, y ese odio, ese no poder aguantarse a sí mismo, es algo que tiene que ser transferido a otra persona, y a quien puedes transferirlo mejor es a la persona que amas. Dublinesca es un estupendo ensayo literario, una reflexión en voz alta sobre el hecho literario, vehiculado a través de una novela que se lee con pasión porque además de inteligente y endemoniadamente bien escrita es muy amena. Un libro que engancha por su carga intelectual como las novelas de Milan Kundera o Thomas Bernard.
Samuel Riba, el editor errante sin editorial, es Herralde, es Vila-Matas, soy yo, somos nosotros, los nostálgicos de un mundo que desaparece y con el que nos vamos, los escépticos y aterrados por la llegada de otro extraño al que no sabemos si llegaremos a adaptarnos y si ni siquiera nos interesará hacerlo.
Imposible no volver a pensar que hay un tejido ajado que a veces permite a los vivos ver a los muertos y a los muertos ver a los vivos, a los supervivientes. Imposible también no ver a Riba ahora avanzar infestado de fantasmas, ahogado por su catálogo y cargado de señales del pasado.
Dublinesca es una obra literaria mayúscula del, seguramente, mejor escritor español vivo que tenemos.
José Luis Muñoz

EL RINCÓN DEL POETA

CAUSALIDAD...
Olga Schunk


Sin razón aparente y sin motivos
e ignorando un sinfín de situaciones,
la vida nos puso frente a frente
catadora entendida de locuras y obviedades.

Te mire…y la ternura se apoderó de mis ojos;
los tuyos y tu sonrisa le hablaron al alma mía.
Un momento inolvidable, sensaciones contenidas
dieron el marco perfecto a esa cuenta regresiva.

Ignorando la utopía nos gustamos sin pensarlo;
la culpa fue de ese beso entre tímido y hambriento.
Las manos, reconociendo bailoteaban mil caricias
Y al contacto, nuestros cuerpos, fueron de calce perfecto.

Gozamos tanto y tan dulce fue verse el uno en el otro
Que reímos como niños y nos amamos sin tiempos.
La vida nos dio permiso, ambos hicimos el resto
Y al igual que la canción, fuimos cóncavo y convexo.

LA FIRMA INVITADA

BURGO NUEVO
Luis Artigue

El violinista de Burgo Nuevo tiene un rostro menos apasionado que su música pero a los transeúntes nos dice algo sobre la vida difícil de asumir sin un perdurable escalofrío.
Roza el amaneramiento con su cortesía. Vive en crisis económica perpetua. Toca con el espíritu en llamas como si León entero le sirviera de escenario diciendo así, sin decirlo, que el lujo debería ser algo interior. Improvisa su música y su vida. Nos deja clavada la belleza y la injusticia: es en sí mismo un alegato inaplazable contra incómodas verdades que describen el lamentable reparto de la suerte en el mundo... ¿Tener talento da igual?
Las calles de León se van llenando estratégicamente de músicos con el corazón en vilo –el acordeonista ruso de la Calle Ancha que toca como si lo prodigioso fuera fácil, el armenio de La Condesa que lo hace como arrobado, etc- cuyo virtuosismo sutil y a la intemperie nos convoca al pasar el alma a cambio de una moneda, de un gracias, de una mirada que contenga cierto apreciativo mechón de luz.
Y uno se pregunta si la verdadera cultura no empieza a ser un poco eso, alguien que toca con pasión y casi nadie escuchando, alguien que sin desearlo se inmola poco a poco con su obra mientras los demás viven, la cultura sin techo, vivir en la frontera, es lo mejor que sé hacer y para ti lo hago... Qué sé yo.
El violinista de Burgo Nuevo no necesita partituras porque interpreta de memoria melodías reconocibles, y las reelabora cada vez y a cada instante, y las renueva, y nos renueva al pasar como si un soplo de intensidad en medio de lo de siempre nos quisiera reactivar de pronto el alma... ¿El amor es una forma de tocar?
Vivimos en una ciudad como pocas en la que los músicos foráneos pueden llenar las calles de sonoridades atormentadas o insólitas sin que eso parezca una puesta en escena; una ciudad con contrastes cuya esencialidad es el surrealismo sin imposturas.
En efecto vivimos en una ciudad tan hermosa que la belleza a veces nos pasa desapercibida, pero está.
Sí, el violinista de Burgo Nuevo, que algo tiene de metáfora y de lección moral, toca bajo los soportales junto a la bucólica, embriagadora, tienda de quesos mientras sus ojos parecen brasas ennegreciéndose. La gente atraviesa el realismo alucinado de la mañana. Hace un frío que ahuyenta a los exhibicionistas. Y hasta el cielo parece que comienza a estremecerse poco antes de llover.
En efecto lo más interesante que sucede en León no está a veces en las ruedas de prensa ni en las grandes cosas, sino justo ahí delante.
Me refiero a que, aunque hay quien diría que esta semana no ha pasado en León nada reseñable, lo cierto es que acabo de ver al poeta Antonio Gamoneda en Burgo Nuevo posando discretamente al pasar unas monedas en el estuche del violinista hechizado. Y tal gesto sublime me ha conmovido tanto como sus poemas...
Igual que ese hombre escribe en nombre de todos nosotros, ¿habrá hecho eso también un poco de parte de todos nosotros?
Qué sé yo.



Luis Artigue (León, 1974), familiarmente educado en un magnético gusto por contar historias, es licenciado en filología hispánica, funcionario en el ámbito de la gestión cultural, y escribe asimismo para Diario de León.
En su incursión narrativa inaugural, EL VIAJERO SE HA IDO, COMO ES LÓGICO (Linteo, 2002), recreó el mundo de la bohemia femenina del París de los locos años 20. “Una novela brillante que introduce con habilidad al lector en un mundo repleto de sugerencias” (José María Merino).“Empezando por el título en estas páginas abundan las frases con vocación de cita literaria” (Juan Pedro Aparicio). “Personalmente al terminar de leer esta novela tuve ganas de releerla y eso es lo mejor que se puede decir de cualquier lectura” (Carmen Gómez Ojea, La Nueva España).
Sus primeros poemarios ya agotados han sido reeditados en el volumen EMPEZAR POR NÚMERO TRES. POESÍA 1995-2005 (Ed. Provincia), al que se suman dos más recientes: LOS LUGARES INTACTOS (Pretextos, 2008) y LA NOCHE DEL ECLIPSE TÚ (Visor, 2010).
Ha obtenido el Premio de Narrativa Fundación UCM por su segunda novela LAS PERLAS DEL LOCO VENTURA (Edaf, 2007),ficción sobre un contador de parábolas posmoderno aquejado de un milagroso y pletórico delirio mesiánico : “Obra imaginativa habilidosamente trazada” (Ricardo Senabre, El Cultural de EL MUNDO). “Autor en posesión de una rara madurez literaria” (Juan Angel Juristo, ABC de las letras). "Luis Artigue se ha revelado como un novelista muy original" (Nicolás Miñambres, DIARIO DE LEÓN).
Posteriormente publicó LA MUJER DE NADIE (Linteo 2008), vívida historia sobre el donjuanismo femenino en el México de los pintores muralistas. “Estupendísima novela; un escritor de raza”, (Ana María Moix). “Arriesgada, controvertida y fascinante igual que su .protagonista: Remedios Varo” (Inmaculada de la Fuente, Babelia de EL PAÍS).
Es Premio Ojo Crítico de Radio Nacional de España.