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Mostrando entradas de octubre, 2012

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 19 de octubre de 2012

No planeo salir de casa en todo el día. Ni para comprar El País, ni para sentarme en la terraza del bar Hiru a tomarme la cerveza de la una que me sirva El camarero que lee a Thomas Mann y disfrutar del sol, porque el sol ni está ni se le espera en todo el día en el Valle. Sería suicida hacerlo con el mal tiempo que reina. Las rachas de viento de ochenta o noventa kilómetros por hora me obligarían a andar encorvado y, al mismo tiempo, mirando hacia arriba, postura imposible, para que ninguna teja asesina se desplome sobre mi cabeza. Además, lo confieso, estoy cansado, con las piernas doloridas tras la frustrada excursión — aunque ninguna lo es, porque lo que importa es el camino y llegar a la meta es accesorio—, a los lagos de Liat con un par de buenos amigos del pueblo, ayer. Dos varones y una mujer, de duras piernas ésta, y que, para mi desolación, no hizo ninguna parada durante la excursión y me obligó seguir con la lengua afuera a El camarero que leía a …

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 16 de octubre de 2012
Siempre hay una primera vez. De buscar setas, por ejemplo. Y hallarlas. La excursión surgió después de mi cerveza y lectura ritual de El País. —¿Te apetece ir a buscar setas por la zona del Portillón y luego subir al Coth de Baretges?—Me apetece.—Pues te vienes a comer y nos vamos luego. A las tres y media estaba comiendo en Hiru, tres en vasco, en compañía de El camarero que lee a Thomas Mann y hace virguerías en su cocina y su encantadora esposa. El risoto con ceps estaba exquisito; con el bacalao al pìl pil, lloré; los quesos franceses estaban de muerte. Pero eso fue después de emprenderla a hachazos en el garaje de mi casa y resistírseme una gruesa rama de avellano a ser cercenada, cosa que no había sucedido con las seis anteriores que fueron troceadas sin piedad con golpes precisos de hacha y almacenadas en el hueco de la escalera para el crudo invierno que se avecina. Y después de ver, también, unas fotos en blanco y negro que me quitaron el hipo y me …

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán, 8 de octubre de 2012

Cada vez son más largas y fructíferas mis charlas con El camarero que leía a Thomas Mann, que creo que es un buen título para una novela. Luce el sol y me da conversación tras dejar mi habitual copa de cerveza sobre mi mesa y beber él la suya, de pie. Tan enfrascados estamos que me olvido de leer El Periódico, lo que no es algo que me duela excesivamente.
Si repasamos la totalidad de los medios de comunicación impresa que se publica en España repararemos que el único diario de izquierdas es éste precisamente que tengo sobre la mesa y que no abro porque converso con El camarero que leía a Thomas Mann y es infinitamente más interesante la charla que la lectura del periódico. Los únicos responsables del hundimiento de los periódicos de izquierdas somos sencillamente los lectores de izquierdas que no los hemos apoyado debidamente. Cayó el diario Público por falta de lectores. No caen El Mundo, ABC, La Razón, La Gaceta, que tienen un público fiel y devoto. De El P…

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Gaillac, 7 de octubre de 2012
Día turbio en mi bucólico retiro de Senouillac. Tengo la batería de la cámara de fotos cargada, pero la luz del día no tiene la magia de la mañana anterior en la que, por mala suerte, la tenía descargada; es decir, que ya no brota esa espesa bruma fantasmagórica de los viñedos de la planicie, entreverada por los primeros rayos del sol, sino que el cielo está cubierto y el sol ni está ni se le espera en todo el día, tapado por las nubes. Hago mis abluciones diarias, después de mis estiramientos, me visto con una camiseta negra, una camisa de algodón blanca de manga corta, que no me abotono, meto las piernas en unos dockers grises y me calzo unos zapatos de ante marrones. Me afeito en seco la barba que me crece a diario porque olvidé la crema a doscientos kilómetros al sur.Había quedado a las once de la mañana con mi vecino islandés Arni, pero me lo encuentro desayunando en el jardín y fumando un cigarrillo cuando bajo: ha madrugado más que yo, que he demora…

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Gaillac, 6 de octubre de 2012
Vamos al trabajo. Es decir, a la feria del libro propiamente dicha. Le Salon du Livre de Gaillac en su 17 edición. El salón se ubica en un anexo de ladrillo de la vieja catedral gótica que alza sus torres al lado del manso Tarn. Una especie de catacumba de arcos góticos en ladrillo: no había canteras en la zona. El colega Alfons Cervera se acerca a saludarme. Sabemos mucho el uno del otro pero nunca, hasta este preciso momento, hemos coincidido. Cervera es uno de los primeros escritores que se interesó por la memoria histórica con su novela El maquis. Hablamos de literatura, de viejos conocidos muertos (Raúl Núñez, el escritor argentino al que él trató a fondo hasta que se destruyó por completo, paradigma de escritor perdedor inadaptado con la vida y que huyó de ella hace unos cuantos decenios, personaje de Tu corazón, Idoia, cameo junto a Juan Madrid, Silverio Cañada, Ricardo Muñoz Suay, Ferran Torrent y Paco Camarasa en Patpong Road), de Juan Madrid, del…

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Gaillac 5 de octubre de 2012
    Gaillac es una pequeña población próxima a Toulousse, a orillas del Tarn, un río que se remansa al llegar a la ciudad y la acaricia. Gaillac es famosa por sus vinos y sus matanzas de hugonotes que tiñeron de sangre sus pequeñas y retorcidas calles en donde se alzan viejas casas de ladrillo cruzado con vigas de madera. Su campiña, cubierta de viñedos, denota el buen vino de mesa que se sirve en sus tabernas y restaurantes. Llegué ayer a la ciudad, después de una conferencia privada, nunca mejor aplicado la palabra, en la Mediateque de Grauleth tras conducir dos horas por la autovía que va a Toulousse y tomar la que lleva a Albi. En realidad no estoy muy alejado de mi país de partida, Arán, aunque por aquí se haya perdido por completo la lengua de Oc que sí se mantiene, y potencia, al sur de la frontera. Tenemos la misma bandera en el valle que en Toulouse, Grauleth y Gaillac: una cruz dorada de bordes redondeados sobre fondo morado. Pero volvamos a Graul…

DIARIO DE UN ESCRITOR

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Arán 3 de octubre de 2012
Fenómenos paranormales. Los que me vienen sucediendo de un tiempo a esta parte. Bobadas que me producen una cierta inquietud porque no me las explico. Días atrás, por ejemplo, colocaba un buen montón de platos sobre un estante de cristal del mueble correspondiente. Me disponía a dejar otro grupo de platos cuando vi que el estante se vencía por el peso. Lo vi, y ahí está lo raro, dos segundos antes de que pasara. Luego, como si se hubiera cumplido una orden mental mía, se desplomó el estante con estruendo y todos los platos cayeron. Se habrá roto todo, me dije, con un atisbo de furia. Para mi asombro el estante de cristal estaba intacto y se había roto un solo plato, no el primero ni el último, sino uno intermedio. Glups. Y los cuatro soportes que lo aguantaban estaban intactos en su sitio, incrustados en la pared del mueble. ¿Cómo se pudo caer? Ni idea. ¿Por qué no se rompió? Menos idea. No salía de mi perplejidad ante esa doméstica premonición cuando tuve otr…

PATPONG ROAD

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