CINE / TIEMPO DE VICTORIA, DE ANTHONY MARAS
Poco se sabe de lo
determinante que fue el tiempo climático para el éxito del desembarco en
Normandia, así es que el título de la película es muy pertinente. Los neófitos
en la materia mucho nos extrañamos de que la operación militar para acabar con
el III Reich se hubiera realizado en un día tan poco apacible, con oleaje
considerable, viento y escasa visibilidad por la presencia de nubes y niebla.
El australiano Anthony Maras (Adelaida, 1981) nos lo cuenta en una película
espléndida que funciona como un thriller climático y en la que un obsesivo y
perfeccionista meteorólogo británico llamado James Stagg (el siempre brillante
Andrew Scott), que desaconseja el día indicado inicialmente por fuerte
tempestad, debe enfrentarse a su colega norteamericano, el coronel Irvin P.
Krick (Chris Messina), que opina exactamente lo contrario para no contradecir a
sus mandos que tienen el plan de ataque cerrado.
Anthony Maras construye
toda esta filigrana argumental relacionada con el viento, las nubes y el sol
que se desarrolla, casi todo él en un único escenario, en el cuartel general
del mando aliado del que es responsable absoluto el general Eisenhower (Brendan
Fraser se quita la espina de La Ballena con una interpretación muy
sólida) y el británico general Montgomery (Damian Lewis), partidarios de no
posponer el día del desembarco y muy escépticos con las pesimistas teorías climáticas
de Stagg que les echan sus planes por tierra, o por agua. La británica Kerry
Condon, como Kay Summersby, la secretaria de Eisenhower que empatiza con el
atribulado James Stagg a quien todo el mundo ataca por decir la verdad y lo
defiende de los ataques de ira de su jefe, completa un elenco actoral sumamente
eficaz que hace creíbles todos sus personajes secundarios.
El director de Hotel
Bombay reconstruye con detalle ese centro de mando, ubicado en un castillo
del Reino Unido, en donde se debe tomar una decisión crucial que implica,
además de la muerte de miles de soldados, el fracaso o el triunfo de un
complejo desembarco anfibio, y consigue meternos en el suspense que conlleva
esa decisión. Finalmente, el rigor de ese británico, que se enfrenta a sus
superiores en forma muy agría, encuentra ese pequeño resquicio climático, en
medio de una impresionante tormenta, que posibilitó el día D y su triunfo.
Tiempo de victoria
se ve como un elegante y modélico thriller bélico, nos muestra el lado humano
de ese obstinado y aparentemente glacial meteorólogo, cuya mujer va a dar a luz
en un hospital bombardeado y sobre la que no sabe su suerte, y hasta de los
mandos de ese operativo, especialmente Eisenhower (Montgomery no sale tan bien
parado), que luego fue presidente de Estados Unidos, y termina ilustrándonos
con imágenes reales, y otras ficcionadas, de lo que fue ese día histórico en el
que el mundo civilizado comenzó a derrotar al nazismo a costa de millares de
vidas humanas que se sacrificaron en las playas de Normandia. Las imágenes del
desembarco son precisas y realistas, aunque a horas luz de la impresionante
recreación que de ese momento hizo Steven Spielberg en Salvar al soldado
Ryan.
Cuando Kennedy, años más
tarde, le preguntó a Ike por el éxito del día D, la respuesta fue muy clara:
teníamos mejores meteorólogos que los nazis. James Stagg fue condecorado.
JOSÉ
LUIS MUÑOZ PUBLICA LA ISLA DE LAS DUNAS
La
editorial canaria Siete Islas publica la que quizá sea la novela más
provocadora y perturbadora de José Luis Muñoz por su polémica carga política.
Martín Urquijo, un periodista desencantado con el medio en el que lleva muchos
años colaborando por el tratamiento que dio al atentado del 11M, se exilia a la
isla de Fuerteventura invadida por el turismo germano, fundamentalmente.
Mientras es testigo de la opulencia y la desmesura, también en el comer, de ese
primer mundo que devora recursos y alimentos mientras el tercero agoniza,
repasa los hitos de su vida periodística (la entrevista que le hizo a Oriana
Fallaci), se cuestiona su sexualidad y juzga a una serie de personajes que,
según él, han conducido a su país y al mundo al desastre. La guerra de los
Balcanes, la invasión de Irak, las migraciones y el terrorismo yihadista están
muy presentes en un relato que transcurre entre las dunas de Corralejo. Una
novela que, por su carga social, encaja muy bien en el complejo momento que se
está viviendo.

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