CINE / SICARIO

SICARIO
Denis Villeneuve
El plato fuerte del pasado festival de San Sebastián fue esta película, aunque no iba a competición. Sicario es una película del canadiense Denis Villeneuve (Trois Rivieres, 1967), un director que ofrece garantías desde Incendies, Prisioner y Enemy. Puro cine negro. Puro thriller fronterizo entre Arizona y Sonora, El Paso y Ciudad Juarez, Estados Unidos y México, Norte y Sur.

Una agente del FBI, Kate Mercier, femenina y dura a la vez, encarnada por una soberbia Emily Blunt, y unos tipos oscuros de la DEA y la CIA que la embarcan para una operación de dudosa legalidad contra el narco al otro lado de la frontera para atrapar al jefe de un peligroso cartel mexicano y juzgarlo en EE.UU. Pero hay algo más oscuro, todavía, que esa operación al margen de las leyes internacionales que se saltan los dos países fronterizos.

Sicario es cine de acción sin concesiones. El canadiense atrapa desde la primera secuencia y no te deja hasta la última, en un paseo exhaustivo por zonas prohibidas de Ciudad Juárez que causan escalofrío visual. Sicario habla de la brutalidad sin paliativos de los señores de la muerte mexicanos (impactante el asalto a la casa sepultura con cadáveres emparedados del inicio con el hummer reventando paredes) y de la brutalidad, al margen de las leyes, de quienes les combaten.

Hay un par de secuencias magistrales, memorables, por lo bien rodadas. El operativo antidroga en Ciudad Juárez de los norteamericanos, al que se suman, cuando cruzan la frontera, los mexicanos, de una virtuosismo pocas veces visto, en una conjunción de toda clase de planos (cenitales, aéreos, primeros planos, generales, de detalle) que es un festival de cine en sí mismo. Otra, la balacera en el túnel con fotografía de visión nocturna. Y el final, de una crueldad seca pero lógica desde el punto de vista del frío verdugo.


Josh Brolin está insuperable en su papel de Matt Graver, oficial de las fuerzas de élite cínico y fanfarrón; Emily Blunt es, al mismo tiempo, vulnerable y dura, y se adapta como a un guante a su papel de agente del FBI incorruptible; y Benicio del Toro, grandioso, es Alejandro, un misterioso tipo que ayuda a los yanquis a cambio de un gran favor personal. Un thriller perfecto que pasa como un suspiro. Imprescindible. 
Publicado en Tarántula, El Cotidiano, Calibre 38, Entretanto Magazine.

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