CINE / HISTORIAS DEL BUEN VALLE, DE JOSÉ LUIS GUERÍN
El de José Luis Guerin,
junto con el de Víctor Érice, Albert Serra y Óliver Laxe, unidos por la
atipicidad, es un caso único en la cinematografía española por su compromiso
con el séptimo arte, su independencia y su radicalismo estético. Su cine, minoritario,
es una extraña mixtura entre el documental y la ficción, personalísimo, en el
que es fundamental esa mirada humana y tierna sobre el que hay al otro lado del
visor de su cámara. Alguien capaz de coger viejos materiales de archivo rodados
en blanco y negro y convertirlos en una película fantasmagórica como Tren de
sombras, rodar un homenaje a John Ford y a su película El hombre
tranquilo en Innisfree, o ser notario de la transformación de un
barrio en En construcción, merece todos mis respetos y admiración.
En Historias del buen
valle, el director hace un juego de palabras con el barrio de Vallbona, uno
de los muchos enclaves de la periferia barcelonesa, olvidado del municipalismo
oficial, que casi es una reserva india. Allí se planta la mirada de José Luis
Guerin que habla con los más veteranos de esa población que le cuentan sus
historias de asentamiento, su día a día y hasta sus amores, bucea en las
penurias de sus modestas viviendas y sus huertos, es testigo de sus formas de
divertirse. El perfil de sus habitantes autóctonos, o que venían del sur, ha
ido cambiando con el signo de los tiempos; ahora hay magrebíes, gitanos, subsaharianos,
latinos y hasta centroeuropeos que conviven con los primeros habitantes sin
problemas. Vallbona es una isla alejada de los conflictos y de la celeridad del
mundo que la rodea, de la gran Barcelona que queda lejos de allí, pero se hace
presente en esos trenes que ruedan por las fronteras del barrio. Todavía hay
naturaleza de la que disfrutar, y la cámara se abre paso entre los cañaverales
para mostrarla, y hasta un río de aguas limpias que mana en ese enclave y en
donde se refrescan los niños.
El ojo cinematográfico de
José Luis Guerin es respetuoso siempre, recoge ese ambiente roussoniano, deja
que sus personajes anónimos se explayen, los acompaña en sus meriendas, baños y
bailes captando su esencia humana. Si en la pintura lo fundamental es la luz,
en el cine es la mirada, y la de Guerín otorga dignidad a los habitantes de esa
isla alejada de la metrópoli que es Vallbona.
"Una epopeya americana /
Libertad" es mi ajuste de cuentas con la sociedad norteamericana, la
novela negra que más profundiza en ese sector marginal de la sociedad blanca
que se ha sentido relegado por las minorías raciales y sexuales, lo que se
conoce como trash white (basura blanca), uno de los caladeros de votos de ese
nuevo fascismo que conocemos como trumpismo, antisistemas que nunca han votado,
porque desconfían de las elite de Washington, pero la novela es también una
novela negra, que sumerge al lector en el lado más oscuro de una sociedad que,
como sus gobiernos, se sirve de la violencia para dirimir sus diferencias, y un
viaje a ese inmenso y hermoso país que me genera al mismo tiempo amor y
odio.




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