CINE / RESURRECTION, DE BI GAN
Con solo 37 años y tres
largometrajes en su haber, contando el que nos ocupa, se puede decir del
director chino Bi Gan (Guizhou, 1989) que es uno de los creadores más
ambiciosos y revolucionarios del Séptimo Arte oriental. Si con su segundo
largometraje, Largo viaje hacia la noche, ya había demostrado una
sorprendente habilidad creativa (incorporaba en el film una larga y fascinante
secuencia rodada en 3 D) y un alto nivel estético, en Resurrection, Premio
del Jurado del festival de Cannes del pasado año, sencillamente noquea al
espectador con algo que jamás ha visto antes.
Resurrection
tiene la apariencia de una película de ciencia ficción o fantástica. Delirante
(Jackson Yee), un monstruo que vive en un mundo que ha perdido la capacidad de
soñar, se convertirá con la ayuda de una misteriosa mujer (Shu Qi), que es la
voz en off narrativa de todo el film, en una serie de personajes (Qiu Moyun,
Mestizo, Jia Shenjung y Apolo) a lo largo de cien años gracias a la magia del
cine.
Resurrection,
de casi tres horas de duración, es un viaje inmersivo a través de los últimos
cien años de la historia del cine adoptando los más diversos formatos de
proyección (cuadrado, académico y panorámico) y abordando algunos de sus
géneros en sus distintos tramos narrativos: el cine mudo (pero en color), el negro,
el neorrealista, el fantástico distópico y el romántico. Con un juego de
imágenes y efectos especiales sorprendentes y fascinantes, una fotografía
extraordinaria (no hay que olvidar que el realizador es fotógrafo) y un
cromatismo —los rojos de su último episodio cuando la cámara flota por ese
callejón del barrio portuario de las prostitutas en los últimos minutos del
pasado siglo— sencillamente delirante, Bi Gan nos lleva a la esencia del cine
en su repaso histórico y estético.
Admirador de Tarkowski, especialmente
de Stalker, como él reconoce, y añadiría que también de la
extraordinaria Europa de Lars von Trier, Bi Gan consigue en Resurrection
un delirio (Delirante es el protagonista y nexo del film) de imágenes
bellísimas al servicio de algunas buenas historias: el guiño al neorrealismo
del episodio de la niña (Guo Mucheng) aficionada a los acertijos que se
confabula con el tahúr Jia Shenjung (Jackson Yee), una de las encarnaciones de
Delirante, y huele las cartas para adivinarlas; la última de esos dos amantes
que huyen de los mafiosos robando una barcaza, y otras no tanto como la
farragosa secuencia del templo budista, la segunda historia. Bi Gan se sirve de
un estilizado uso de la violencia fuera de plano —los mafiosos que machacan al
muchacho llamado Apolo (Jackson Yee), una de las transmutaciones de Delirante, mientras
su chica Tai Zhaomei (Li Gengxi) canta un karaoke y el capo el señor Luo (Huang
Jue) bebe, una de las mejores secuencias del film, o la del músico Qiu Moyun,
del segundo tramo narrativo, que se apuñala los oídos.
Hay en la épica y muy
ambiciosa película de Bi Gan un sinfín de homenajes cinematográficos al cine
vampírico —Tai Zhaomei hinca los dientes en el cuello de Apolo en la barcaza en
la que huyen— y al Nosferatu de Murnau—el mismo Delirante, por su
aspecto, lo recuerda—; al Orson Welles de La dama de Shanghái en la
secuencia del gánster disparando contra los espejos; a la nouvelle vague
en esa huida de los jóvenes amantes, y
hasta al surrealismo lynchiano que demuestran que el director chino es
un cinéfilo que se ha alimentado de buen cine.
El resultado, pese a
algunas irregularidades narrativas y un guion laberíntico en el que el más
avezado espectador se pierde por sus claves simbólicas relacionadas con el
budismo, es sencillamente fascinante e hipnótico y un buen ejemplo del poderío
del cine chino que ha arrinconado en los últimos años al nipón y lidera el cine
oriental.
Como sucede con el cine
de David Lynch, no hay que comprender sino dejarse llevar por este onirismo
cinematográfico que ha orquestado Bi Gan: la forma noquea al fondo.
Un viaje épico por la Norteamérica profunda protagonizado por dos hermanos condenados a enfrentarse, una mantis religiosa bella y astuta, un padre enloquecido que se cree Dios y una madre que ha desaparecido. Retrato de familia que lo es también de una sociedad corrompida por la violencia sistémica.
CLIQUE PARA VER EL BOOKTRAILER
COMPRAR "UNA EPOPEYA AMERICANA / LIBERTAD"






Comentarios