CINE / YA NO QUEDAN JUNGLAS, DE LUIS GABRIEL BERISTAIN
Ya sabemos que cuando se
adapta un libro y se hace de él una película, mejor olvidarnos del libro salvo
muy contadas excepciones (El cartero siempre llama dos veces, de
Bob Rafelson, Lolita, de Stanley Kubrick, sin ir más lejos están entre
las excepciones). Lenguajes diferentes. Lo literario no siempre cuadra con lo
cinematográfico. El audiovisual se toma, a veces, demasiadas libertades sobre
el original literario. Y claro, resulta que uno ha leído la excepcional novela
de Carlos Augusto Casas Ya no quedan junglas adonde regresar y la
película del mexicano Luis Gabriel Beristain no le hace justicia al libro
original.
Buscar un actor
norteamericano para interpretar al personaje central, el Gentleman (Ron
Perlman) ya tiene sus servidumbres. El núcleo de la historia se escamotea al
espectador. El Gentleman, un veterano militar norteamericano, paga a una
prostituta, Olga (Natti Natasha), sencillamente para que le escuche en su
soledad. Siempre se ha dicho que la prostitución es, en cierta forma, una
asistencia social para los solitarios, que esas mujeres son psicólogas mal
pagadas. Cuando Olga aparece asesinada, ese soldado jubilado buscará la
venganza y se sentirá realizado con ella.
El libro de Carlos
Augusto Casas siempre me pareció un honesto homenaje a una de las películas que
el francés Louis Malle rodó en Estados Unidos con Burt Lancaster como
protagonista: Atlantic City. En ese film, en el que salía una esplendida
y sensual Susan Sarandon que hidrataba sus senos con zumo de limón, Burt
Lancaster, mafioso retirado y voyeur, recuperaba su autoestima y su juventud matando
de nuevo como en sus buenos tiempos y esa satisfacción le servía para sentirse
útil y no un mueble viejo o un estorbo. Ese era el núcleo de la película de
Malle y de la excelente novela de Carlos Augusto Casas al que se hace
referencia en la película de Luis Gabriel Beristain casi al final, cuando Theo,
el Gentleman, ya ha liquidado a dos de los asesinos de Olga y confiesa lo que
siente apretando de nuevo el gatillo.
Lo que en el libro de
Carlos Augusto Casas queda resaltado, el poder terapéutico de la venganza para
revitalizar a un anciano, (la sangre ajena vertida altera la sangre propia) en
la película Ya no quedan junglas queda diluido por un guion confuso y
poco verosímil en el que no se sabe bien qué hacen personajes como Mazas (Karra
Elejalde), colega del vengador, o la comisaria de la Ertzaina Iborra (Megan
Montaner) y el subinspector Puertas (Hovik Keuchkerian) que se limitan a
acompañarlo en su tour vengativo. La película se compone de una serie de
secuencias inconexas.
La buena factura del film
y la excelente interpretación de Ron Perlman, y de todos los actores, no
consiguen levantar un film deshilvanado que obvia la relación afectiva Olga /
Theo que es el desencadenante de una trama de venganza, y ese elemento, que no
se resalta (el cadáver de Olga es sacado del puerto, pero la Olga viva apenas
aparece), deja al espectador absolutamente frío. Lean el libro de Carlos
Augusto Casas los que hayan visto la película. No se arrepentirán.
God Brother, cuando se tuerce, es Dog Brother. Ese padre alcohólico, anarquista trasnochado, vendedor de poesías pornográficas y pastor de la iglesia de las Cuatro Esquinas hasta que fue expulsado por conducta licenciosa, bautizó a los dos hijos que tuvo con Keyla, una modelo que compartía su caravana hasta que lo abandonó, con los nombres de Caín y Abel. Caín Brother sale de la penitenciaria de San Diego tras cumplir una condena de diez años por un crimen que no cometió. Abel se olvida de pasar a recogerle, pero lo aloja en su modesta casa de Paradise Hill, que comparte con su pareja, la sensual Eva Blondie. En sus noches insomnes, y atormentado por los recuerdos de presidio, Caín Brother planea una doble venganza. Está a punto de empezar un viaje sin retorno al helado norte de Estados Unidos, adonde sospecha que huyó su madre Keyla.
Con Una epopeya americana, Libertad, la
antítesis del sueño americano, el inicio de una trilogía épica sobre las
sombras de Estados Unidos que se ciernen sobre la América profunda, José Luis
Muñoz emprende su proyecto más ambicioso: una novela negra, que también es un
moderno western, protagonizado por dos hermanos que un día se quisieron y ahora
se odian.
comprar UNA EPOPEYA AMERICANA / LIBERTAD








Comentarios