CINE / UN SIMPLE ACCIDENTE, DE JAFAR PANAHI
No siempre bastan las
buenas intenciones en el cine o en la literatura. El mensaje de denuncia
social, en las artes narrativas que quieran esgrimirlo, debe ser impecable en
el fondo, pero también en la forma. De no ser así, se cae en el panfleto.
Esta reflexión viene al
hilo de la galardonada película iraní Un simple accidente que obtuvo la
Palma de Oro en el pasado festival de Cannes y se postula para el Oscar a la
mejor película extranjera que muy probablemente consiga porque su director
Jafar Panahi, como represaliado por el régimen teocrático iraní, centra su
película precisamente en eso, en la represión salvaje con que se oprime
cualquier tipo de disidencia en esa teocracia fascista y sanguinaria.
La trama es simple,
esquemática resaltaría. Un coche averiado, el simple accidente del título del
film, va a parar a un taller perdido y el mecánico de ese establecimiento cree
reconocer en su lisiado conductor que camina con una prótesis en la pierna, a
su temible torturador y lo secuestra para vengarse de él, pero no está seguro
de su identidad y recaba el testimonio de otras tres víctimas más (una
fotógrafa, una novia a punto de desposarse, un amigo de la primera) para
asegurarse de que su prisionero es quien sospecha que es.
Existe un principio en la
literatura y en el cine que se llama verosimilitud, que el escritor o el
director de cine te cuenten algo que sea creíble. Jafar Panahi prescinde desde
el minuto cero (ese presunto perro que atropellan en una carretera en una larga
secuencia de cámara fija) de ese principio: el secuestro del verdugo por su
víctima se produce a plena luz del día; el cajón de madera en el que es
introducido no reúne las medidas necesarias; las supuestas víctimas, escogidas
aleatoriamente, casualmente conocen todas al verdugo). Hay un momento, cuando
el grupo secuestrador socorre a la mujer del secuestrado que a punto está de
dar a luz o esos dos policías aceptan a ser sobornados con datáfono, que la
película parece hacer un giro hacia la comedia. ¿Voluntario o involuntario?
Un buen número de
críticos defiende el planteamiento narrativo de Jafar Panahi y lo sitúa en el
teatro del absurdo reivindicando a Samuel Becket. La película es esquemática,
las interpretaciones son infaustas sencillamente y la trama hay que cogerla con
pinzas: teatrillo de aficionados. Con temática similar, la de la víctima que
reconoce a su verdugo años después de haber sido torturada por él, Román
Polanski rodó la soberbia La muerte y la doncella y Liliana Cavani su
perturbador Portero de noche, ambas a años luz del film iraní.
Tengo la sospecha de que
la sobrevaloración del cine del país asiático, presente en casi todos los
festivales y frecuentemente premiado, tiene más de compromiso político que de
arte en sí. Un simple accidente compitió, y ganó, por la Palma de Oro en
el pasado festival de Canne con Sirat y lo volverá a hacer con la
película de Oliver Laxe en los Oscar de Hollywood. Las comparaciones resultan
odiosas.
God Brother, cuando se tuerce, es Dog Brother. Ese padre alcohólico, anarquista trasnochado, vendedor de poesías pornográficas y pastor de la iglesia de las Cuatro Esquinas hasta que fue expulsado por conducta licenciosa, bautizó a los dos hijos que tuvo con Keyla, una modelo que compartía su caravana hasta que lo abandonó, con los nombres de Caín y Abel. Caín Brother sale de la penitenciaria de San Diego tras cumplir una condena de diez años por un crimen que no cometió. Abel se olvida de pasar a recogerle, pero lo aloja en su modesta casa de Paradise Hill, que comparte con su pareja, la sensual Eva Blondie. En sus noches insomnes, y atormentado por los recuerdos de presidio, Caín Brother planea una doble venganza. Está a punto de empezar un viaje sin retorno al helado norte de Estados Unidos, adonde sospecha que huyó su madre Keyla.
Con Una
epopeya americana, Libertad, la antítesis del sueño americano, el inicio de
una trilogía épica sobre las sombras de Estados Unidos que se ciernen sobre la
América profunda, José Luis Muñoz emprende su proyecto más ambicioso: una
novela negra, que también es un moderno western, protagonizado por dos hermanos
que un día se quisieron y ahora se odian.









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