LA ADIVINANZA

AMIGOS PARA SIEMPRE
De la Blogsfera, y de mediados del pasado siglo, robo esta instantánea, en blanco y negro de la época, de estos dos niños jugando a vaqueros, juego ya en desuso desde que se dejaron de hacer westerns. Les doy una serie de pistas para que descubran en quiénes se van a convertir ese par de rapazuelos y seguro que muchos de ustedes pondrán nombre y apellido a ambos. Para empezar, son amigos desde mediados del siglo XX, y continúan siéndolo en el XXI a pesar de que uno viva en el norte y el otro en el centro (lo siento, pero si nombro las ciudades lo van a descubrir muy pronto). Ambos, a su vez, se convirtieron en mis amigos gracias a la pasión compartida por el cine y a un equívoco gracioso en un pueblo del norte de España, en una mañana de lluvia. Decir que son famosos y muy buenos escritores quizá no sea una sorpresa para nadie. La agudeza verbal de uno se complementa con la gracia desternillante del otro que es capaz de arrancar una sonrisa a un muerto. Han escrito algún que otro libro juntos y han engañado al personal crédulo reinventándose la historia. Si quieren cruzarse con ellos nada mejor que dejarse caer por alguna Semana Negra, en medio de esas charlas nocturnas de café que se organizan, sin estar previstas, en la terraza del hotel Don Manuel por donde han pasado tantas mentes preclaras que se han atorado con alcoholes diversos a medida que caminaban hacia el alba. Si quieren conocerlos mejor, vayan a sus libros, que no les defraudarán. Las novelas de uno, el vaquero sonriente que esgrime el colt, producen tantos escalofríos como los textos de Lovecraft; las del otro, las del niño algo mofletudo y más bajito, golpes en el hígado aliviados con carcajadas, pues es un maestro consumado en el arte de hacer reír, que no es moco de pavo, y es un don que él tiene a raudales. Espero aciertos.

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