CINE / OMAHA, DE COLE WEBLEY
Menos es más. Ejemplo de
minimalismo made in USA la ópera prima de Cole Webley y de a lo
que puede llegar ese cine indie fuera de la industria que encontró su
voz en el festival de Sundance de Robert Redford. Lo que se puede hacer con un
presupuesto mínimo cuando se sabe rodar y cuentas con intérpretes excepcionales,
no profesionales, en estado de gracia.
Omaha
tiene estructura de road movie. Un viaje por una carretera infinita en
el curso del cual el paisaje llano no cambia. El que hace un padre al que
acaban de desahuciar (en la primera secuencia de la película, una agente de
policía clava en la puerta de la que hasta ahora ha sido su casa la orden
oficial) y se lleva a sus dos hijos y al perro a un destino desconocido en su
destartalado coche. Un padre que no tiene trabajo, que vive de subsidios, ha
perdido a su mujer recientemente y quiere muchísimo a sus dos hijos, aunque no
pueda hacerse cargo de ellos.
Omaha
aborda el drama de la pobreza que socava las familias. Hay una serie de
secuencias, divertidas —ese viejo coche que no arranca y deben empujar padre e
hija por una pendiente— en esa road movie, protagonizadas por Ella
(Molly Belle Wright) y Charlie (Wyatt Solis), los niños que juegan durante el
viaje, vuelan la cometa que les compra el padre en un salar, tienen
conversaciones escatológicas —¿Qué prefieres, comerte un escupitajo o pasar
la lengua por la taza de un váter?— e ignoran el drama familiar que se
cierne sobre ellos, o no lo quieren saber. Ella, la niña de diez años, pregunta
al padre (John Magaro) qué le sucede cuando este se encierra en el baño de un
motel de carretera, adónde se dirigen, qué sucede para dejar su casa y
emprender ese viaje incomprensible. Se mudan a otro estado, a Nebraska, le dice
el padre. No es así.
El primer síntoma del
drama se produce cuando dejan el perro en una protectora de animales. Desgarro
emocional de los pequeños al desprenderse de su mascota. Desde ese momento el
espectador ya conoce la suerte de esa familia, cuál será el desenlace, aunque
ignora en qué momento se producirá y cómo. Los últimos dólares los gasta el
padre en esa jornada de zoo en Omaha, porque una mujer, en la cola de una
gasolinera, le ha dicho a Ella que si van a esa ciudad no se pierdan su
zoológico.
John Maggaro, el
protagonista adulto, narra el drama personal a través de las expresiones de su
rostro (primeros planos, mientras conduce; las luces de los coches reflejándose
en su rostro desolado en las escenas nocturnas; los monólogos que establece con
su esposa muerta). El padre apura esos momentos de felicidad con sus hijos, y
recuerda otros, sabiendo que son los últimos, juega constantemente con ellos,
se compadece de sí mismo y llora a escondidas. Los niños viven en una feliz
inocencia en su realidad paralela en ese breve viaje pernoctando en moteles
baratos de carretera y alimentándose con comida rápida.
Omaha
no es el nombre de una batalla épica de la Segunda Guerra Mundial, es un
homenaje a la paternidad (aunque una madre quizá lucharía más por su prole,
seguro) y una denuncia de cómo la pobreza destroza familias a pesar de la
argamasa del amor. Menos es más en este drama familiar perfectamente orquestado
y también muy triste. Cine indie hecho con ocho chavos, mucho talento y
una enorme sensibilidad.
COMPRAR "UNA EPOPEYA AMERICANA / LIBERTAD"
"Una epopeya americana /
Libertad" es mi ajuste de cuentas con la sociedad norteamericana, la
novela negra que más profundiza en ese sector marginal de la sociedad blanca
que se ha sentido relegado por las minorías raciales y sexuales, lo que se
conoce como trash white (basura blanca), uno de los caladeros de votos de ese
nuevo fascismo que conocemos como trumpismo, antisistemas que nunca han votado,
porque desconfían de las elite de Washington, pero la novela es también una
novela negra, que sumerge al lector en el lado más oscuro de una sociedad que,
como sus gobiernos, se sirve de la violencia para dirimir sus diferencias, y un
viaje a ese inmenso y hermoso país que me genera al mismo tiempo amor y
odio.



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