LA PELÍCULA

Enemigos públicos
Michael Mann

Puede que sea Michael Mann, junto a Ridley Scott, el mejor director de cine comercial que hay hoy en día en USA, una clasificación un tanto discutible que convierte a Scorsese, Paul Thomas Anderson, Jim Jarmush o Arenosky, automáticamente, en autores. Y la solvencia de este realizador de Chicago, una vez revisada su ya larga filmografía, es incuestionable. Desde El último mohicano (1992), la película con la que se dio a conocer, hasta Corrupción en Miami (2006), de la que, curiosamente, también dirigió algunos de sus capítulos televisivos, hay una larga lista de films excelentes como Heat (1995), una de las películas de atracos mejor filmadas, El dilema (1999), la valiente denuncia contra las tabaqueras protagonizada por Russel Crowe, Alí (2002), el extraordinario biopic sobre Cassius Clay y Collateral (2004), un film modélico dentro del género negro en el que Tom Cruise daba lo mejor de si mismo. Con estos antecedentes, y la historia de uno de los gánsteres más famosos de la depresión en sus manos, parecía cantado el acierto del último film de Michael Mann, pero no es así
Nadie puede decir que Enemigos públicos sea una mala película porque su guión no tiene fisuras, la ambientación raya la perfección, las escenas de acción ─léase los atracos a bancos que jalonaron la vida de este sanguinario Robin Hood, un delincuente atípico e individualista que robaba a las instituciones pero no a los particulares y resultaba tan incómodo para el sindicato del crimen como para el FBI que echaba a andar ─ han sido rodadas de forma milimétrica, la textura de sus imágenes en video digital son irreprochables, tiene una bonita historia de amor de fondo y las dosis de violencia son soportables, pero cuando acaba la proyección uno se queda frío y frustrado, con ganas de haber visto algo más que lo que Michael Mann ofrece.
Se echa en falta en este biopic de Dillinger una mayor profundización en la época, más apuntes sobre la depresión norteamericana ─ cuya única referencia visual en la película se circunscribe a esa mujer desesperada con su hijo en brazos de la granja en la que se refugian los salteadores, que quiere escapar con ellos─, y limar algunas frivolidades del personaje principal que se presenta a su chica, en un restaurante, diciendo Soy Dillinger y asalto bancos. No acaba de encajar Johnny Depp ─ estaba previsto que fuera Leonardo di Caprio, pero se echó atrás ─ en su personaje, y éste es el principal hándicap del film, que el actor de Eduardo Manostijeras, que funciona siempre muy bien a las órdenes de Tim Burton, anda bastante perdido en su papel de gánster al que no consigue darle credibilidad, algo que sí imprime, en cambio, Christian Bale, soberbio como el agente del FBI Melvin Purvis que se encarga de darle capturarlo, a pesar de las simpatía que le inspira el delincuente, y es presentado al espectador en una potente escena de cacería humana entre manzanos.

Hay, no obstante, instantes brillantes, y algún destello de gran cine en Enemigos públicos. Uno, cuando Dillinger (Johnny Depp), gran aficionado al cinematógrafo ─ fue acribillado saliendo del Biograph Theatre tras ver a su admirado Clark Gable en El enemigo público número 1(1934) de W. S. Van Dyke, toda una premonición ─ es observado por sus compañeros de fila que miran a derecha e izquierda, siguiendo las instrucciones de la policía que emanan de pantalla, para descubrirlo entre los espectadores del cine, y nadie lo reconoce, o quiere reconocerlo. Dos, cuando Dillinger, haciendo acopio de sangre fría, quizá intuyendo su final, se pasea por las estancias policiales de la brigada especial que tiene que darle caza, mira las fotos de sus compinches colgadas de la pared y tachadas, porque ya han sido eliminados, y la suya, que pronto también será tachada, y eso lo intuye, y hasta se permite interesarse por el resultado de un partido que están viendo unos policías que serán los que le cacen al día siguiente. Y, por último, la frase final que Dillinger, moribundo, susurra al oído del policía que le ha disparado, un mensaje de despedida que se encargará de trasladar a su novia Billie Frechette, interpretada con convicción por la oscareada, por La vie en rose, francesa Marion Cotillard: Hasta luego, mirlo blanco.

Viendo Enemigos públicos a uno le vienen a la cabeza las películas de cine negro de los años cincuenta sobre esos mitificados bandidos, que solían tener como protagonista a un enloquecido James Cagney, Bonnie and Clyde, en la que Arthur Penn, además de retratar a los forajidos protagonistas con una aureola romántica, dibujaba perfectamente la época, o Los intocables de Elliot Ness de Brian de Palma, que narraba la épica de la lucha del bien contra el mal, sin olvidar la versión más realista que filmara sobre el bandido cinéfilo el denostado, por sus ideas fascistas, John Millius, director de Connan el bárbaro, guionista de Apocalipse now y director de la exitosa serie televisiva Roma, y protagonizada por Warrem Oates.
Enemigos públicos es un elegante y dinámico thriller que no consigue transmitir emociones y no está a la altura de otras películas de Michael Mann.
JOSÉ LUIS MUÑOZ

Comentarios

José Antonio ha dicho que…
Tengo un problema con esta película: el uso del video digital hace que no me la crea (curioso, porque de lo que se trata es de darle más realismo...). Estoy tan acostumbrado a ver este tipo de films filmado en formato cine que se me hace muy raro eso de la cámara en mano...

Me gusta el reparto, el guión (con sus deficiencias) y el pulso de Mann como narrador de historias.
José Luis Muñoz ha dicho que…
Yo creo que mi problema para conectar con el film se circunscribe exclusivamente a Johnny Depp, a que no me lo creo, a que no pone la carne en el asador y no consigue transmitir emociones.
Completamente de acuerdo con que Mann es uno de los mejores narradores cinematográficos y que es imposible que una película te decepciones,aunque yo esperaba mucho más de ésta.
Anónimo ha dicho que…
Coincido al 100% en lo que afirmas sobre la película y sobre la poca química que desprende Jhonny Deep en el papel de Dillinger. Creo que Di Caprio lo hubiera hecho mucho mejor Yo acabé por esperar que le pegaran el tiro de una vez.
Empar Fernández
José Luis Muñoz ha dicho que…
Pues sí, Johny Depp no hace creíble a Dillinger, y seguramente Leonardo di Caprio lo habría hecho bastante mejor. Es una pena porque ha defraudado mis expectativas ante la película, que eran muy altas.
Hablando de género negro, anteayer acabé de leer UN MAL DÍA PARA MORIR. Me ha gustado mucho, realmente está muy bien y el trazo de personajes y los diálogos son magníficos. Leyéndola me preguntaba por la dificultad de escribir a cuatro manos y que no se note. Sois un buen tandem. En breve la reseñaré en el blog. Y lamento el retraso, pero es que no doy abasto.
Feliz verano, Empar.