LAS PELÍCULAS

La carretera
John Hillcoat


No es precisamente Cormac McCarthy un autor fácil de adaptar al cine. Su pesimismo ante el hombre, y su entorno, ya impactó por su crudeza y violencia en No es país para viejos, novela adaptada por los hemanos Coen y con la cual se alzaron con el Oscar. Ahora se adapta su novela ganadora del Pulitzer (2007), donde McCarthy nos sumerge en el dolor de una naturaleza desposeída de cualquier atisbo de humanidad , luz o color, y de la violencia que surge de este ambiente. En La carretera omite explicarnos que el mundo se está yendo a pique, el pesimismo de McCarthy va un paso más allá, al presentarnos un mundo post-apocalíptico, consumido por la ceniza que surge del fuego y la muerte.
McCarthy en su novela se recreaba en describirnos, con una prosa asfixiante pero tremendamente absorbente, el deambular de un padre y un hijo que se dirigen al sur, al sur del infierno terrenal, y precisamente, ese recorrido descriptivo, emocional y atmosférico es el que propone Hillcoat en su película. Como ya ocurría en la novela, en todo el metraje no se aprecia ningún atisbo de esperanza para sus dos protagonistas, ni para la humanidad sumida en la extinción, el canibalismo, y el instinto de supervivencia más básico. Puede que sea este mensaje tan apocalíptico y aterrador la razón de la incomprensible ausencia del filme en la próxima gala de los Oscar.
El desconocido por estos lares John Hillcoat ha respetado rigurosamente la intención y ambiente de la novela, hasta el punto, que en ciertos momentos, pondera el ritmo narrativo de McCarthy al ritmo intrínseco que se presupone a un filme de 108 minutos. No obstante la labor del director por acercarse a ese ambiente demoledor y oscuro que McCarthy nos hace respirar, oler y tocar en su novela, es admirable. Para ello no sólo se sirve de un mayúsculo trabajo de producción, dirección artística y brillante fotografía de Javier Aguirresarobe, rica en matices, pese a la tonalidad grisácea que envuelve todo el metraje, exceptuando esos sublimes parajes del personaje de Viggo al lado de su mujer y madre del chico. Es precisamente a raíz de uno de estos sueños donde el filme da una de sus patadas al estomago utilizando una sobria voz en off; es cuando el personaje de Viggo Mortensen suelta, recordando cómo ayuda a calmar y arropar las inquietudes de su hijo ante un panorama tan salvaje, algo como: “los que luchan por sobrevivir sueñan con cosas malas, los que ya no tiene nada con lo que vivir sueñan con cosas buenas”.

El director de The Proposition también acierta al plasmar en imágenes la iconografía propuesta por McCarthy, no es casualidad que los personajes deambulen como dos homeless por el extenso, y en su día, rico territorio norteamericano, no es casualidad que frecuenten supermercados, gasolineras y otros símbolos de la opulencia occidental, ni que sus cuerpos se muevan por los escombros iconográficos que marcan el paisaje norteamericano mientras arrastran un carrito de la compra con sus escasos víveres. Ahí radica la garra del mensaje catastrofista del autor, poco importa el origen o la causa del cataclismo que ha llevado a esa situación desesperada, aquí lo importante es observar las consecuencias y ver cómo ese entorno hacer aflorar lo peor y lo mejor del ser humano. Por un lado el paternalismo extremo del padre con un hijo que nunca verá un mar de color azul, o la inocencia de un niño que aún tiene esperanza y confianza, pero por otro lado, la hostilidad del entorno ha hecho aflorar grupos de caníbales peligrosos, que acertadamente, se presentan como un macabro experimento entre los guerreros de Mad Max y los rednack de la América profunda. Puede que los encuentros entre padre e hijo con los caníbales sean los momentos de más tensión y más álgidos del filme, una lástima que hacia el tramo final desaparezcan estos sublimes y terroríficos encuentros.

Pero la trama donde realmente incide es en la emotiva historia de un padre con su hijo, llegando incluso en algunos parajes a recrearse en exceso. Un padre cuyo única llama interior que le queda en la vida es luchar y defender a su hijo del entorno hostil. Un padre cuya congoja de ver perder al único ser querido que le queda sobre la faz de la tierra lo atormenta por el día, por la noche si logra conciliar el sueño, sueña con un pasado bonito y luminosos (mal presagio). Pero a la vez nos explica cómo el padre intenta transmitir al hijo ciertos valores, y sobre todo, motivos y fuerza para seguir viviendo el día en que él ya no esté. Es esa ternura recíproca la única rama que brota en The Road. De hecho es complicado ver a sus demacrados y chupados personajes reír o emocionarse.

Sobre la interpretación de Viggo Mortensen habría que dedicar un solo párrafo intentando esgrimir las razones porque la Academia de cine tendría que haberle nominado otra vez para el Oscar al mejor actor. Pero diciendo que su actuación mantiene un nivel parejo al que demostró en Promesas del este, espero dejar clara la idea. TaNegritambién se merecen una mención honor, las escuetas pero potentes intervenciones de Robert Duvall, Guy Pearce o Michael Kenneth Williams. Y una sublime Charlize Theron en esa madre atormentada por el trágico hecho de dar a luz a un hijo que deberá sufrir en un mundo destruido.
A nivel artístico también hay que destacar la pincelada cromática que consigue la música de Nick Cave y Warren Ellis, pese a hacerse en ocasiones reiterativa y demasiado obvia. A nivel global el trabajo de este dúo, se sitúa un paso inferior que su anterior colaboración para El asesinato de Jesse James.
La carretera no es un filme de digestión suave, ni lo pretende ser. La película de Hillcoat evoca un mundo de horror y destrucción, y lo hace con un estilo visceral, apresador y desgarrador. Su trama remite a una pesadilla universal, al miedo colectivo de quedarse uno sólo en el mundo, por eso el espectador se llevará una desilusión si cree que se encontrará una versión teñida a gris de la muy decente Yo soy leyenda. No, en La carretera no hay espacio para la acción, los villanos de esta catástrofe son tan reales que su presencia aterra, y el héroe es un padre médico que sólo piensa en su hijo. Su ritmo no lo lleva el peso de la acción, algo que podría haber controlado algo mejor su director, sino el peso dramático de esta pareja en una aventura épica que se mueve en los cauces de la road movie.
Podríamos estar hablando de una obra completa si no fuera por esa licencia final respecto al libro, que nos muestra un rayo de luz al horizonte en un hábitat donde no se filtra la luz. Sin duda la angustia dañina del final de libro de McCarthy era cargar demasiado el estado anímico de los espectadores.
MARC MUÑOZ

An education
Lone Scherfig

La película dirigida por Lone Sherfiq viene precedida por su buena acogida en Sundance, y sus tres nominaciones a los Oscar (incluyendo el de mejor película). El filme centra su foco en una joven colegiala londinense de 16 años que se deja seducir por Birt, un hombre de 35 años que introducirá a la chica en un mundo de lujo, glamour y seducción, completamente invisible a los ojos de una adolescente de un suburbio de la capital británica.

La historia se edifica partiendo de un sólido guión del escritor Nick Hornby en el que se adapta el texto ajeno de Lyn Barber. A partir de esa base Sherfiq edifica una bella y emocionante historia de amor con tintes dramáticos donde el verdadero motor es el personaje femenino central. No sólo somos partícipes del descubrimiento que experimenta esta chica al sumergirse de la mano experta de Birt en un nuevo mundo tan cercano geográficamente, pero a la vez tan lejano del plano costumbrista con el que está familiarizada. Sino que además la cinta incide con especial acierto en describir el paso de la adolescencia a la madurez; mediante esta historia de amor la precoz chica acelera su ansiado paso a la edad adulta rodeándose de gente mayor, y siendo asidua a fiestas, clubes y restaurantes reservados a otras clases y edades.
El filme podría haber potenciado el conflicto que obliga a plantearse a la chica si seguir estudiando para llegar a Oxford o por el contrario dejarse llevar por ese fascinante y novedoso mundo descubierto a través de su novio, enfocando más la trama en la ambigüedad de este personaje, del cual, uno nunca sabe del cierto, si se puede confiar en él.

Sherifq se ha adueñado de este interesante material con seguridad y buen hacer. La directora de Italiano para principiantes le aporta el tono adecuado a esta historia. An eduaction deja una sensación de calidez, y sabe transmitir durante ciertos pasajes la emoción que embriaga a una chica descubriendo un maravilloso y lujoso mundo adulto. Para ello Sherifq se basa en una recreación del Londres de los años 60 fidedigna, con una fotografía acorde, y con unas interpretaciones con carácter y llenas de verisimilitud. En especial Carey Mulligan en el papel protagonista, por el cual ha obtenido una nominación al oscar como mejor actriz, y Peter Sarsgaard, en ese papel de hombre maduro con encanto y seductor, pero con su reverso ambiguo y canallesco que aflora en determinados momentos. Quizás, la única decepción sea Alfred Molina en el rol de un padre conservador dibujado con un trazo excesivamente grueso.
An education es una película más que destacable sobre el paso a la madurez, construida a base de muchos ingredientes, que de bien seguro lograrán encandilar al espectador. Es una pena que hacía el tramo final pierda ese encanto y esa fuerza lograda a lo largo y extenso del relato.
MARC MUÑOZ

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