SOCIEDAD

CHANTAL PASCALINE


            Voy a escribir sobre ella, y a reivindicar su nombre, para que no quede como una noticia más de telediario desapercibida en la vorágine de la actualidad informativa y el relax del verano. Chantal Pascaline era una de esas mujeres que se entregan a los demás, una monja enfermera que combatía el ébola, esa extraña enfermedad destructiva, en Liberia, en el hospital de los hermanos de San Juan de Dios, junto al padre Pajares y otra enfermera que tuvo la suerte de tener pasaporte español; una mujer de una raza, poco importa que fuera negra, amarilla o blanca, de seres humanos que lo dan todo por su prójimo, hasta la vida, mientras otros se dedican a chuparle la sangre. Por cuidar a infectados por la enfermedad, en condiciones de precariedad absoluta, en un pequeño hospital pobre en medios, ella, como el padre Pajares, fue infectada por esa enfermedad letal que se ceba en el continente africano y mata al 90% de los afectados. ¿Ha muerto Chantal Pascaline sólo por el Ébola? Pues no, ha muerto, también, por la miserable burocracia, por una política excluyente soez que clasifica a los ciudadanos por su origen, por inhumanidad manifiesta de unas autoridades de cortas miras. 

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