SOCIEDAD

ROMA NO PAGA A LOS TRAIDORES
            Confieso mi adicción a los péplums, cuando detrás de ellos había tipos tan solventes como Stanley Kubrick que colaba la lucha de clases en Espartaco con la complicidad de Daltom Trumbo, o cuando Anthony Mann nos hablaba de La caída del imperio romano que podía extrapolarse a cualquier imperio moderno. Y algunas de las escenas que más me gustaban de esas películas era cuando, con la frase Roma no paga a los traidores, el traidor de turno, o el delator, se iba con la bolsa vacía y, frecuentemente, con un boquete en el corazón.
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