CINE / NAZA, DE YUVAL ABRAHAM Y RACHE SZOR
NAZA
no va de nazis, o sí, sino que es el acrónimo hebreo de daños colaterales, ese
eufemismo miserable que se utiliza en los conflictos bélicos cuando se asesina
a civiles. NAZA es el valiente documental de dos realizadores israelíes,
Yuval Abraham y Rache Szor, que ya figuraban entre los directores de No
other land galardonado con el Oscar en 2024, que cosechó veinticinco
minutos de aplausos ininterrumpidos en el último festival de Venecia y desmonta
todo el relato oficial del estado de Israel de que no está cometiendo genocidio
en Gaza.
El documental recoge los
testimonios de veinticinco militares de las FDI, casi todos ellos ligados a la
inteligencia militar y simplemente silueteados sobre el fondo de las viviendas
de Tel Aviv —en donde la vida discurre con normalidad y contrasta con el
infierno que está solo a cuarenta kilómetros más al sur, la distancia que
separa la capital de Israel de la ciudad de Gaza—, a los que no se les ve la
cara y se distorsionan sus voces por razones obvias, que cuentan cómo
seleccionan los objetivos en la franja de Gaza durante estos tres años de
bombardeos masivos.
Mediante sofisticados
artilugios electrónicos de última generación, los verdugos digitales se
introducen en los hogares de los palestinos a través de sus teléfonos móviles,
espían sus conversaciones, incluso ven las caras de sus habitantes y deciden
con una simple orden la destrucción de la vivienda con un dron o un misil. Uno
de ellos afirma que en una ocasión se eliminaron a quinientos civiles porque
habían detectado a un miembro de Hamás.
Estos oficiales de
inteligencia, que actúan desde despachos y no están en el frente de guerra (o
masacre, porque eso no fue una guerra), decidieron sobre la muerte de al menos setenta
y cinco mil civiles, balance a la baja de la masacre que algunas fuentes
multiplican por tres. Algunos de ellos cuentan cómo escuchaban la presencia de
bebés llorando en las viviendas que iban a arrasar y no dudaban en dar la orden
de asesinarlos. No eran decisiones aisladas sino programadas por los mandos del
ejército para exterminar a la población gazatí en esa masacre que todavía dura
y casi todos los entrevistados muestran ante la cámara una frialdad espantosa
cuando narran sus crímenes de guerra y una falta absoluta de empatía hacia sus
víctimas. Uno de ellos, incluso, llega a afirmar que era divertida su tarea
letal, que era cómo un juego. Otro, por el contrario, reflexiona y llega a la
conclusión de que así actuaban los nazis con los judíos durante el Holocausto,
que era consciente de que se estaba perpetrando un genocidio, pero aun así, no
cuestionaba las órdenes que recibía.
Producido por Jonathan
Glazer (el director de La zona de interés sobre la banalidad del mal en
Auschwitz) el documental NAZA, premio especial del jurado en el festival
de Venecia en donde fue estrenado, es una película de terror, aunque en ella no
veamos un solo muerto salvo en las imágenes finales grabadas con teléfono móvil
en la franja después de un bombardeo. El film, que trasciende lo estrictamente
cinematográfico, es el testimonio verificable de que Israel está cometiendo
genocidio en Gaza, es un documento que aportar a la Corte Penal Internacional para
llevar a juicio a ese país y sus gobernantes. Que el documental haya partido de
dos realizadores israelíes que se la han jugado presentando esos testimonios
(desde instancias gubernamentales se pide que se retire la nacionalidad a esos
dos traidores a los que tildan de mentirosos y su vida corre serio
peligro en una sociedad tan fanatizada y crispada como la suya) resulta
esperanzador, lanza el mensaje de que en
Israel, un país mayoritariamente adormecido ante el genocidio que está
cometiendo su ejército, aunque muy minoritariamente, hay ciudadanos con
conciencia y valor para denunciar las atrocidades que se cometen en su nombre.
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Bajo la apariencia de una
novela homoerótica, que lo es, “La isla de las dunas” (Editorial Siete Islas,
2026) habla de la invasión de Irak, del imperialismo americano, del Trío de las
Azores, de las mentiras de José María Aznar durante el 11M, del 11S, del papel
del periodismo en la sociedad actual, del cáncer del turismo, de la sociedad
del despilfarro, de Oriana Fallaci, de Pedro Zarraluki, del Café Salambó de
Barcelona, de Manuel Vázquez Montalbán, de la postura de El País en los días
posteriores al atentado de Atocha, del terrorismo yihadista, del amor y sexo
entre hombres, de una isla fascinante, la de Fuerteventura, y una playa letal
que engulle a todo el que se baña. Mi novela más política, provocativa y
perturbadora.
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