EL DVD

CORRUPCION EN MIAMI

Michael Mann

Si existe un realizador norteamericano cuyo sólo nombre en los títulos de crédito sea una garantía sólida de que el espectador no va a perder el tiempo durante los noventa o ciento veinte minutos que permanezca encerrado en la sala oscura de un cinematógrafo ese es Michael Mann, uno de los artesanos más solventes del actual Hollywood – y ojo con menospreciar el término artesano, porque artesanos fueron, entre otros, Fred Zinneman, Robert Aldrich y, si me apuran, John Huston y John Ford, y de sus manos salieron puñados de obras maestras que siguen siéndolo sin que el tiempo transcurrido haya hecho ninguna mella en ellas -, un hombre con oficio, con sentido de la imagen y el ritmo, con una teoría del espectáculo que nada tiene que ver con la espectacularidad ni con los aburridísimos efectos especiales que jalonan muchas de las películas del actual cine norteamericano, que maneja buenas historias y consigue buenas interpretaciones de actores que, en sus manos, dejan de ser estrellas histriónicas si lo fueron en algún momento – recordemos al Tom Cruise convertido en asesino profesional en “Collateral”; a Willie Smith transformado en Cassius Clay en “Ali”; a Robert de Niro y Al Pacino dejando de lado sus respectivos divismos en “Heat”, el mejor film de atracos rodado desde “Atraco perfecto” de Kubrick -.
Michael Mann, realizador televisivo que pasó al cine tras adaptar con éxito la novela de Fenimore Cooper “El último mohicano” fue uno de los rutinarios realizadores de la serie televisiva “Corrupción en Miami” que encumbró, relativamente, a Don Johnson. Al adaptar la historia para la gran pantalla – algo muy habitual en la industria cinematográfica americana huera de ideas novedosas: “Embrujada”, “Misión imposible”, “Los vengadores”, etc. – se corría el peligro de que Michael Mann reeditara la historia televisiva con su formato habitual. No ha sido así. El director de “Alí” construye un largo trhiller con derivaciones en el mundo de la droga a gran escala, los grupos nazis y los narcos colombianos – hay que hacer una mención especial al actor gallego Luis Tosar que borda su papel de capo mafioso como igualmente hiciera Javier Bardém en “Collateral” – siguiendo las andanzas de dos policías atípicos, Sonny Crockett y Ricardo Tubss, protagonizados por Collin Farell y Jamie Foxx, una pareja bien nivelada, que utilizan más las lanchas que los automóviles y son tremendamente eficaces en sus cometidos profesionales y algo rebeldes a la hora de aceptar órdenes.
A destacar, como antológica, la secuencia del asalto al barracón en donde permanece secuestrada la novia de Jamie Foxx por parte de una facción del grupo neonazi Supremacía Blanca, que es diezmado por la policía con puntillosa eficacia, y el enfrentamiento final en donde Sonny Crockett, saliendo del guión de policía estricto, deja huir, por motivos sentimentales, a una implicada en la red delictiva que están desmantelando los agentes federales.
La agilidad con la que Michael Mann se desenvuelve por diferentes escenarios cinematográficos – Miami, sobre todo, espléndidamente retratada, pero también La Habana, Colombia, Iguaçú -, la aplicación de diferentes texturas fotográficas a la narración, sobre todo video de alta definición a la que es adicto, y un perfecto sentido del ritmo y la narración cinematográfica, contrastan con la torpeza con la que aborda la historia sentimental entre Sonny Crockett e Isabella, el personaje interpretado por la estrella china Gong Li, la musa de Zhang Yimou, que se encuentra desubicada en la película y no destila la pasión debida para que el policía enamoradizo haga dejación de sus deberes y la deje huir.

JOSÉ LUIS MUÑOZ

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