SOCIEDAD / PIE DE FOTO

PIE DE FOTO
Miren esa foto. Fíjense qué cara de placer y felicidad la de esos sujetos que están a horas de desencadenar el Armageddon. Se han puesto de acuerdo para vestir igual los tres mosqueteros de la infamia, se llamaron poco antes de ese fatídico vuelo a las Azores para pactar el color de sus trajes y corbatas. Tony Blair tiene la mirada enloquecida del que se arroja al abismo de la mano de George W. Bush. El presidente de Estados Unidos es el representante de las grandes corporaciones que huelen negocio y son las que toman la decisión. José María Aznar ríe porque se cree el amo del mundo al lado de esos dos sujetos que lo van a dejar infinitamente peor de lo que está.
La gentuza suele ir muy trajeada. No hay más que ver a los grandes capos de la Mafia de Chicago. La gentuza suele sonreír cuando toman alegremente una decisión letal cuya consecuencia va a ser el exterminio de cuatrocientas mil personas, hacer saltar por los aires toda una zona del planeta y multiplicar el terrorismo exponencialmente. Esa barbaridad se materializó contra la opinión pública de los tres países que gobernaban y que ellos ignoraron en un alarde de democracia. Los tres tipejos sonrientes de la foto se pasaron literalmente por el forro a los millones de personas que salieron en todo el mundo para impedir la barbaridad que orquestaron.
El informe Chilcot elaborado en el Reino Unido sobre esos tres tipejos es demoledor pero no dice nada nuevo que ya no supiéramos. El Trío de las Azores fue a invadir ilegalmente un país sin un mínimo fundamento de que fuera una amenaza. Ahora sí lo es. Ahora no hay país. Como no lo hay en Siria, Libia, en todos los lugares en los que gentuza bien vestida, que sonríe ante las cámaras momentos antes de mancharse los colmillos de sangre, actúa. Ahora podemos volar por los aires en un tren de cercanías de Madrid, mientras nos tomamos una copa en un restaurante de París o paseamos en un autobús de dos pisos por las calles de Londres. Ese es el legado de la irresponsable y criminal actuación de los tipejos que sonríen.
George W. Bush está callado en su rancho, pintando monigotes y comiendo pretzels, perdonado por Barack Obama: en Estados Unidos es más grave mentir sobre el sexo oral con una becaria que mentir para arrasar un país. Tony Blair entona un mea culpa a medias y puede que se enfrente a un juicio si las viudas de los soldados británicos muertos en el conflicto (las 400.000 viudas iraquíes no tienen esa prerrogativa) le piden responsabilidades penales tras la lectura de ese exhaustivo informe. José María Aznar aún cree que tiene la razón y se reafirma en la bondad de su decisión de lamerle la suela del zapato a su gran amigo George W. Bush.

¿Cuándo van a responder los tres tipejos ante una corte por sus crímenes de guerra? ¿Dónde hay que firmar para llevarlos allí? 






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