LA ENTREVISTA

A veinte años de distancia, toda una vida, recupero esta entrevista que la revista Gente, suplemento dominical de Diario 16, me hizo. Como soy otro, no suscribo algunas de mis afirmaciones radicales, ni esa frase demoledora que me lanza la entrevistadora de que “En usted no hay ternura ni dulzura”. Eso sí, con 20 años estaba tan desencantado como ahora. La foto fue realizada en una de mis casas, en Barcelona, que me trae muchos recuerdos. El perro de cartón, luego tuve uno de verdad, vive, que yo sepa, no la corbata, los zapatos ni la melena negra. Como el mundo es un pañuelo, o quizá es que todos nos movemos en el mismo círculo, me he encontrado luego un montón de veces con la fotógrafo argentina Ana Portnoy, autora de la foto y amiga de mi amigo Raúl Argemí, que mintiendo de forma piadosa me dice que estoy igual. ¡Ja!

JOSE LUIS MUNOZ, ÚLTIMO PREMIO «LA SONRISA VERTICAL»

«El amor no existe»

MIREN ALCEDO
Foto: ANA PORTNOY



Nadie puede esperar ninguna procacidad de José Luis Muñoz, autor del último premio de la novela erótica «La sonrisa vertical» con su obra «El pubis del vello rojo». José Luis Muñoz, treinta y ocho años, salmantino de nacimiento y barcelonés de adopción, aparece como un chico modosito, empleado de banca y padre de familia ejemplar. Metódico y encorbatado, da la imagen del chico formal que una puede presentar a su madre sin ningún reparo.

Pregunta.- ¿Cómo se pueden compatibilizar ocupaciones tan distintas como las de usted, empleado de Banca y escritor erótico?

Respuesta. -Sencillamente. Uno tiene su trabajo por las mañanas y la creatividad por las tardes. Durante la mañana te ganas el pan y por la tarde te dedicas a lo tuyo, a lo que te gusta.

P.-Pero tendrá que compartimentar su vida.

«Lo que importa en las relaciones

entre personas es la pasión»

R.-Claro, de la misma forma que en el trabajo no puedo pensar cuál será el argumento del próximo libro porque entonces sería un desastre. Hay que tener cierta rigidez y cierta disciplina.

P.- ¿También escribiendo tiene disciplina?

R.-Sí, procuro. Tengo unos hábitos más o menos fijos. Por la tarde, a las seis, empiezo a escribir y, sobre todo, por la noche, a partir de las once y depende si es un día que tengo muchas ideas a lo mejor me estoy hasta las dos o tres de la madrugada.

P.- ¿Es usted de aquellos chavales que escribía poemas cuando estaba en el bachillerato?

R.-Sí, siempre he escrito poemas, pero me he centrado en la narrativa. A mi padre -un alto funcionario del Ministerio de Trabajo- le gustaba mucho escribir, aunque nunca publicó nada. Con ocho años ya escribí un texto de ciento y pico páginas que era una novela del Oeste. Y con doce o trece años escribí un mamotreto impresionante de mil y pico páginas; eso ya es peligroso. Era un libro de aventuras que trataba de la colonización de Estados Unidos.

P.-Estados Unidos sigue apareciendo en el resto de su obra.

R.-Sí, tengo un par de novelas, relatos y un proyecto ambientado también allí.

P.-¿Por qué esta fijación?

R.-Pasé una temporada, unos dos meses, en Estados Unidos, y quedé fascinado por el paisaje, las ciudades, la gente.

La incursión de José Luis en el mundo de la literatura erótica es relativamente reciente: en septiembre del 89 publicó «La lanzadora de cuchillos». Antes se había dedicado a la narrativa fantástica y del género negro: grandes urbes en las que se mueven individuos solitarios y muchas veces agresivos ocupan las páginas de este escritor.

P.-Las mujeres no salen muy favorecidas en sus obras.

R.-Bueno, malas son todas las mujeres y todos los hombres de mis novelas.

P.-Después de leerle, se cree que las mujeres son todas putas y los hombres tipos malencarados, casi animalescos y pobres peleles.

R.-Sí, claro. Quizás porque mi visión del mundo es más bien pesimista. Retratar a los triunfadores no me fascina porque es algo que hacen las revistas: retratan continuamente a la gente que ha llegado arriba, que tiene piscinas, dinero, cuarenta mil mujeres u hombres. Por las razones que sean ese mundo a mí, como persona, igual me encantaría, pero literariamente no me seduce.

P.-Pero los personajes, sin ser triunfadores, podrían ser perdedores con encanto, ¿no?

R.-En mi caso, los perdedores no tienen ningún encanto. No sé por qué habrían de tenerlo. Sería una especie de trampa, de mentira. Además, hay que tener en cuenta que en mis obras hay una parte importante de tipo humorístico, esperpéntico. De todas formas, no creo que sea tan exagerado. Muchos de mis relatos se basan en hechos reales. En el mundo, y eso lo sabemos por los diarios, pasan cosas mucho más terribles de lo que yo pueda contar.

P.-Y con estos personajes, frustrados y siempre en lucha entre ellos, ha escrito «El pubis de vello rojo».

R.-Es una combinación de género negro y erótico. Quería escribir algo de género negro, pero cuando empecé vi que una faceta erótica fuerte y la exploté. Son dos historias paralelas de personajes marginales. La primera es la de una prostituta vocacional y la otra historia es de un personaje de los que fueron a la universidad en el sesenta y nueve setenta, que no se ha integrado, que no es un yuppie, que ha quedado desmarcado con el advenimiento de la democracia. En un momento determinado se ve envuelto en un atraco y esa noche sufre un gran desengaño sentimental. Sigo el recorrido de estos dos personajes por la noche barcelonesa hasta que, en un momento determinado, coinciden.

P.-En «La lanzadora de cuchillos», su anterior libro de género erótico, el amor no aparece por ninguna parte.

R.-¿Qué es el amor? Lo que importa en las relaciones entre personas es la pasión y ésta puede generar amor u odio. Las relaciones amorosas siempre son egoístas; si no, son amores platónicos. El amor con mayúsculas no existe. Puedes encapricharte de una persona que quieres mucho.... pero si no recibes nada a cambio hay un momento que...

P.-En usted no hay ternura ni dulzura.

R.-Es verdad. Pero entre alguno de mis personajes, a veces, hay bastante ternura. También tengo historias superdulces que no interesan a los editores.


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Pubis de vello rojo de José Luis Muñoz obtuvo por mayoría el XII Premio La sonrisa vertical en enero de 1990. El jurado valoró la delirante fantasía con la que el autor funde el género de la novela negra o de terror -que ahonda en la exploración de los ambientes marginales de una ciudad portuaria como Barcelona, de la naturaleza perversa de los personajes y de las pesadillas en que viven sumergidos- y el género de la novela erótica que, en este caso, arraiga en los infiernos restituidos literariamente por un Marqués de Sade o un Pieyre de Mandiargues.
Para ejercer su oficio, el más antiguo del mundo, una atractiva pelirroja abandona su lujosa residencia dejando en el lecho a su amante ; tan ambigua como la novela que protagoniza, acude a sus citas comportándose como una auténtica devoradora de hombres y una experta en placeres límite. A la misma hora, un hombre derrotado y amargado sale de su escondrijo enfurecido : tras cometer un acto delictivo, se siente traicionado por la mujer que años antes había sido suya y cuyo recuerdo no le ha abandonado desde entonces ; frustrado pues en el terreno amoroso, el único que da sentido a su vida, sólo encuentra descanso en un vagabundeo que cree le ayudará a olvidarla, o a buscarla a través de otras mujeres. Y ambos se lanzan en medio de la dura noche barcelonesa. A medida que avanza la noche, los dos se internan en un laberinto de deseos, de encuentros y desencuentros regidos por un peligroso destino empeñado en confundir presente y pasado, placer y dolor. Pocas pero trepidantes horas bastarán para cambiar definitivamente su vida.

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