LAS PELÍCULAS

Submarino
Thomas Vinterberg
El co-fundador del movimiento Dogma 95, bajo el cual se subscribía su apabullante Celebración (quizás la película que más jugo supo sacar a los postulados de esta corriente cinematográfica), parece haberse alejado de él en sus últimos filmes. Desde las inéditas It’s all about Love o When a man comes home, hasta la aquí estrenada Dear Wendy. Así como Submarino.Thomas Vinterberg parece renegar de lo que una vez fue su uno de sus principales valedores (junto a Lars von Trier), pero sí hay algo que le sigue atrayendo son los dramas ásperos y los personajes sórdidos. Tal y como demuestra en su último trabajo, donde cuenta la historia de dos hermanos separados tras un trágico suceso de su infancia que marcará para siempre el resto de sus vidas. Nick acaba de salir de la prisión, y ahoga sus penas en el alcohol, por su lado su hermano tiene dos preocupaciones incompatibles: su chute de heroína y su pequeño hijo Martin. Estructurada en cuatro episodios (dos de ellos en el mismo espacio temporal, pero desde el punto de vista de cada hermano) Vinterberg nos sumerge de lleno en los recovecos dolorosos de unos personajes marcados por un trauma de infancia que los hace deambular sin rumbo por las calles de Dinamarca, paradójicamente un estado-niñera. Como ya demostró en Celebración la exploración de las vicisitudes de una familia despedaza por la tragedia es algo que puede recrear de forma ejemplar. La angustia vital que padecen los dos hermanos resulta aturdidora para el espectador, que no puede imaginarse un futuro apacible para ellos, a pesar de ciertos rebotes de esperanza iluminadora, incluido su final.Es tanto el ímpetu de su director para hacernos abalanzar sobre la oscuridad de su historia y vivir la sordidez que envuelve a sus personajes que a veces pierde de vista la veracidad, como cuando el hermano de Nick se convierte en camello (un paraje que chirría por su extremismo y falta de realismo). Resulta complicado imaginarse cómo se le podría retraer al director su habilidad en la dirección de actores. Si Celebración resultaba ejemplar en este sentido, no menos resulta el trabajo que ha sacado de Jakob Cedergen y Peter Plaugborg en esta película. Especialmente brillante resulta el primero en el papel de Nick. Su rudo físico ayuda a crear la composición del personaje, pero su actuación dota de luz oscura a este maltratado ser. Sublime resulta la escena con la que concluye su episodio donde lo vemos fumar con los ojos llorosos en la tenue luz de ese triste apartamento de protección civil, después de sumar un drama más a su degrada vida.Con un laborioso guión, una excelente banda sonora, y una fidedigna recreación de los ambientes lúgubres que pueblan sus personajes, Submarino se convierte en una cruda y desgarrada historia (presente en las calles de cualquier ciudad) altamente recomendable para quien tenga las tripas duras. Cine que se respira, cine que te afecta.
MARC MUÑOZ

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