LA PELÍCULA

BIUTIFUL
Alejandro González Iñárritu
Cuando se separa un matrimonio todo el mundo suele tomar partido por una de las partes y tiende a convertirse en juez. La ruptura de esa extraordinaria pareja cinematográfica constituida por Alejandro González Iñárritu, director, y Guillermo Arriaga, guionista, por cuestión de egos (Arriaga se sentía postergado y exigía la autoría de las películas que escribía, al mismo nivel de reconocimiento que González Iñárritu) hizo temer que el final de ese tándem genial que había facturado tres películas muy notables (Amores perros, 21 gramos y Babel) no funcionara por separado. Hubo quienes, una mayoría, apostaron por el escritor mexicano Guillermo Arriaga, que ya demostró su valía como director con Lejos de la tierra quemada, película notable pero a considerable distancia de las tres películas conjuntas. Faltaba ver qué sería de Iñárritu. Y muchos pensaron que, sin su extraordinario guionista, habría perdido su aliento como director. Se equivocaron. Uxbal (Javier Bardem) es un lumpen de la periferia barcelonesa que habita en un miserable piso al cuidado de sus dos hijos pequeños. Malvive explotando a los más débiles, junto a su hermano (Eduard Fernández), un acaudalado empresario que regenta salas de fiesta, en connivencia con unos chinos que tienen un taller clandestino en un sótano infecto de Badalona y también se saca un tanto de unos senegaleses que venden las falsificaciones que allí se fabrican en las aceras de Barcelona. Uxbal, que tiene el poder de hablar con los muertos y recurre con frecuencia a una vidente, se derrumba cuando le diagnostican un cáncer terminal. Su máxima angustia es no saber qué será de sus dos hijos pequeños cuando él falte porque no puede dejarlos al cuidado de su inestable ex esposa (Maricel Álvarez) y eso, y el sentirse culpable de una serie de muertes fortuitas, le atormenta.Un drama intenso, personal, el del hombre que va a morir indefectiblemente, que nos lleva al argumento de 21 gramos, y una serie de dramas entretejidos a su alrededor - Iñárritu abandona aquí su constante de cruzar historias -, no menos dolorosos e intensos como es el de esos chinos obligados a trabajar y vivir en condiciones inhumanas, explotados por dos compatriotas sin escrúpulos, o el de esos senegaleses del top manta que cuando son detenidos son repatriados y deben dejar al resto de su familia aquí. Los problemas dolorosos de la emigración mostrados tal como son.Una Barcelona multicultural y multiétnica, como cualquier ciudad del primer mundo, en las antípodas de la glamurosa y de diseño que filmara Woody Allen en Vicky Cristina Barcelona precisamente con Bardem, y más próxima al Nueva York de Martin Scorsese de Taxi driver, es el plató extraordinario en donde el director mexicano filma este drama universal e intenso que golpea directamente el corazón del espectador, porque su cine es emocional pero sin caer en lo lacrimógeno, y en esta película se denuncia las insoportables condiciones de esclavitud en que viven nuestros emigrantes sumergidos, a los que no vemos. Y en medio de esa sordidez, ese mundo de los que nada tienen, salvo sus sentimientos, que el autor de Amores perros filma con ternura, utilizando una fotografía expresiva, un color preciso y unos mágicos punteados musicales, sobresale la figura de un Javier Bardem sencillamente extraordinario, lleno de matices, arrebatadoramente humano, cuya interpretación pone los vellos de punta. De sus muchas secuencias excepcionales quizá me quede con dos. Una, cuando Bardem desinfla las expectativas sexuales de la chica de la sala de fiestas de su hermano que le pregunta qué le pasa y él contesta con sencillez: Me estoy muriendo de cáncer. O ese Bardem ya torpe que, cruzando un puente del extrarradio de la capital catalana, se queda extasiado con el vuelo sincronizado de los estorninos en el cielo del atardecer.Biutiful es un drama social, duro e intenso, directo al corazón, que no exagera un ápice, y ahí está su dramatismo, porque refleja esa realidad que tenemos a nuestro lado y que no miramos. El infierno en la esquina. Y una película intensa y bellísima, a pesar de los escenarios, la sordidez y la miseria que retrata, de donde brota siempre algo humano que lo redime todo. Una película que lleva el sello inconfundible de su director y puede que sea su mejor hasta la fecha.
José Luis Muñoz

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