En vena. PORNOGRAFÍA DEL PODER


EL MUNDO / EL DÍA DE BALEARES
ROMÁN PIÑA VALLS
La escritora vasca afincada en Mallorca Inés Matute acaba de publicar su primera novela, Autorretrato con isla, que fue Mención Especial del Jurado del III Premio Cafè Món. Con vigorosa y excelente prosa, la narradora consigna en un diario el exilio isleño de una ex etarra, cuajándolo de retratos psicológicos y reflexiónes de vuelo lírico. Casualmente, el último Premio Ciudad de Palma de novela en castellano, José Luis Muñoz, cuenta en La caraqueña de Maní la aventura de un cabecilla de ETA fugado a Venezuela, donde ha rehecho su vida tras renegar del crimen. Ambos escritores coincidieron en la Feria del libro de Palma que se clausuró el domingo.
La anécdota que ha trascendido tuvo lugar en casa de Inés Matute. Una amiga de una de sus hijas vio encima de la mesa un paquete con varios ejemplares de Autorretrato con isla. Primero preguntó qué hacían tantos libros en la mesa. Le contestaron que aquel libro lo había escrito Inés, la madre de su amiga. Sí, la misma señora que la había invitado a cenar y a dormir en su casa tantas veces, que le había preparado el desayuno y llevado al cine. Ante la noticia -»la madre de mi amiga ha escrito un libro»- la reacción de la joven fue instantánea:
-¿Y para qué?
Es una pregunta que se las trae. Lo mismo puede servir para dar título a una conferencia que para plantear a un gabinete de psicólogos o sociólogos una encuesta sobre el futuro de la letra impresa. O mejor, sobre la imagen que proyecta nuestra sociedad de la actividad literaria. Una encuesta nos podría aclarar cuánta gente presupone que escribir un libro es: a) una pérdida de tiempo, b) un gesto de vanidad, c) una maniobra extravagante y misteriosa cuyos objetivos merecen la apertura de una investigación por parte de la fiscalía.
Para cerrar el cúmulo de casualidades, otro mallorquín, Fernando Alomar, viajero, guionista de series de televisión y crítico de cine, acaba de publicar la novela La montaña caníbal, ganadora del Premio Desnivel de este año. Se trata de una ágil reflexión sobre la montaña como droga, en la que aparecen entre otros temas el egoismo de los aventureros en su obsesión por jugarse la vida sin necesidad. Alomar recuerda el título de Lionel Terray, mítico escalador, Los conquistadores de lo inútil, perfecta definición de esa raza de hombres que se enfrentan a retos que nadie comprende.
Pero no hace falta subir al Puig Major, escribir un libro, o erradicar el castellano de IB3 para conquistar lo inútil. Puedes proponerte algo tan aparentemente rentable como ganar unas elecciones. Matas ha conquistado el mayor número de votantes, aunque un número inútil. Lo más preocupante de estas citas electorales no es que estemos en manos de partidos monoritarios, es que el cincuenta por cien del electorado se queda en casa porque cree que meter su voto en la urna, confiar en cualquier político es completamente inútil.

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