LA CARAQUEÑA DEL MANÍ, LA HISTORIA OCULTA


Detrás de toda novela hay una historia caprichosa que ayuda un poco a comprender su escritura. Cada novela que escribo es fruto de una serie de circunstancias. LA CARAQUEÑA DEL MANÍ nació de una estancia en Caracas. Había sido invitado por la editorial Alfadil a recoger el premio Letra Erecta de literatura erótica y presentar la novela ganadora, EL SABOR DE SU PIEL. La ciudad me enganchó enseguida. Esa combinación de selva, que casi se podía tocar, que se olía, y duro asfalto con sabor norteamericano de sus autopistas que cruzan barrios de rascacielos calcados de Estados Unidos, era un decorado perfecto para una novela de acción y crimen. Era una ciudad negra, dura, peligrosa, con casas cercadas por alambradas y vigilantes armados con pistolas y rifles por todas partes. Y había un apasionado debate político, continuo, en la calle, en las tertulias, en la prensa, entre chavistas y antichavistas. En el hotel de Las Mercedes, en donde estuve alojado durante poco más de una semana, frente al Monte Ávila, tomé la determinación de escribir una novela ambientada en esa ciudad fascinante de mujeres bellisimas que hablan con voz susurrante de sirenas y andan siempre en actitud seductora. Raúl Cazal, el editor de la colección erótica de Alfadil Letra Erecta, me llevó un día al "Maní es así", la mejor sala de fiestas de la capital. Me quedé clavado viendo como negros y negras, todos los negros de Caracas, bailaban endemoniadamente bien los ritmos tropicales. Mi novela negra iba a tener como eje esa sala de fiestas. En el hotel, aprovechando ratos libres entre charlas, entrevisas y comidas sociales, empecé a escribir aprovechando que me había llevado el portátil. Necesitaba un punto de vista narrativo, alguien ajeno, como yo, pero algo aclimatado al Caribe que ofreciera una visión distante de la coyuntura sociopolítica venezolana. Un etarra. Hay muchos etarras hibernando en Latinoámerica. Un etarra asesor literario de una editorial al que vienen a buscar gente del interior para que se reincorpore a la lucha armada. Sin ser muy consciente de ello, pero por razones obvias, la novela se convirtió en un trhiller con mucha carga política ya que hablaba de dos realidades, la situación explosiva de Venezuela, y el carcinoma etarra en el País Vasco. El erotismo, la sensualidad caribeña, el color, lo daba "El Maní es así". La novela fluyó a una velocidad relámpago. Retraté el ambiente de mi editorial, tomé personajes prestados, regresé a "El Maní es así", afiné el oído al máximo, abrí todos los poros de mi piel para captar el ambiente, la forma de vivir, las costumbres, el habla de los caraqueños. Y, mientras, la novela avanzaba por unos derroteros inesperados, se convertía en una fábula moral, tremendamente dura, sobre la culpa, que persigue al protagonista durante toda su novela, y su expiación. Luego, de regreso a mi país, la reescribí varias veces, la pulí. Pero la novela había nacido en Caracas, afortunadamente, y eso creo que se nota. Huele a trópico.


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