EL ARTÍCULO

La vida da muchas vueltas, y en una de esas vueltas se producen reencuentros. A Rosa Cañadell la conocí en la Universidad de Barcelona, en la barricada, cuando el franquismo agonizaba entre terribles y sangrientos coletazos. Luego, nos perdimos de vista, aunque sabíamos el uno del otro, hasta ahora, que nos hemos vuelto a reencontrar. Esta mujer comprometida con la lucha social, activista con una claridad de ideas que muchos quisiéramos tener, dirigente sindical de la Enseñanza y articulista de EL VIEJO TOPO, revista emblemática de la izquierda española, me cede, para su publicación en el blog, este magnífico artículo sobre lo que está pasando y pasará.


MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA: CRISIS, INMIGRACIÓN Y RACISMO
ROSA CAÑADELL

Un nuevo fantasma está recorriendo Europa y se llama racismo.
Y la izquierda… no sabe no contesta.
El pacto europeo sobre inmigración, con el que el flamante presidente de Francia (de padre inmigrante, todo sea dicho de paso) quiere inaugurar su presidencia semestral de la Unión Europea, pone los pelos de punta. No sólo por lo que dice, sino también por lo que promueve. La respuesta ya está en Italia: ataques racistas contra la población gitana, mayoritariamente italiana, ante la complacencia de las nuevas autoridades. Esto es lo que sucede cuando se azuzan los instintos más bajos de las personas humanas. Y el recuerdo del fascismo con la persecución y posterior exterminación de todo un colectivo, es una de las más recientes y de las más terribles consecuencias que hemos vivido en Europa a partir de estimular el odio hacia un grupo humano determinado, inmigrante o nacional. Se avecinan tiempos de crisis, de desaceleración económica, de paro galopante, y ante ello, la derecha, o sea, los que se beneficiaron en tiempos de vacas gordas, se curan en salud y se buscan una estrategia que les deje tranquilos, a ellos y a sus ganancias, y que desvíe la atención de los perdedores. Y ¿qué mejor para ello que señalar como culpables a los de más abajo, a los más indefensos, a los que, además, ni siquiera votan? Es una vieja táctica, es una vieja trampa, pero parece que no aprendemos.
Vienen tiempos difíciles y van a ser peores para los que en peor situación se encuentran en la escala social: las clases populares autóctonas y, evidentemente, los inmigrantes. Y la tentación de buscar medidas para hacer desaparecer (vía expulsión) a una parte importante de trabajadores y trabajadoras que ya no se necesitan es muy grande, básicamente porque cumple dos funciones: una, aligera la presión popular, disminuye el número de personas en paro y sin más inversión social se puede atender a más gente. Y dos, se alecciona al personal sobre las causas y las salidas a la crisis: eliminar a los “competidores”. Es un discurso fácil, barato y muy rentable: para los políticos porque atraen una parte de votos y para los empresarios porque no deben desembolsar ni un euro de todo lo que, abusiva y asquerosamente, se apropiaron. No hay que dar explicaciones de cómo se dejó hinchar una burbuja inmobiliaria que todo el mundo sabía que iba a explotar, no hay que dar explicaciones de cómo los bancos se enriquecieron dando créditos e hipotecas de dudoso retorno, no hay que dar explicaciones de todos los beneficios que las constructoras hicieron a costa del trabajo de los inmigrantes, no hay que dar explicaciones de porque en tiempos de tanta bonanza económica nuestro Estado (central y autonómico) no fue capaz de aumentar los presupuestos sociales, salud, educación, vivienda, para dar servicio digno a todas aquellas personas que trabajan y pagan sus impuestos (nacionales y extranjeros). Nada. Ninguna explicación. Ninguna enmienda. Ninguna rectificación. Aquí no ha pasado nada. Aquí lo único que pasa es que ahora sobran trabajadores, no hay dinero para escuelas y hospitales y por lo tanto, hay que echar a todos los que se pueda y cerrar la puerta a cal y canto.
Evidentemente, esta no es la solución. Y, sobretodo, esta no debería ser “nuestra solución”. Primero porque no es justo, segundo porque no es viable, tercero porque no resuelve nada y cuarto porque genera una dinámica de enfrentamiento social muy peligrosa. (Y sin embargo, muy pocas voces se han oído. ¿Dónde están los partidos y sindicatos de izquierda? ¿Dónde están los defensores de los derechos humanos? ¿Dónde están los ideólogos, intelectuales, economistas? )
Es una solución injusta porque los que ahora queremos echar, fueron los que ayudaron al crecimiento económico y, sobretodo, los que ayudaron a aumentar infinitamente los beneficios de empresas y bancos. No es ninguna novedad que los “ilegales” son los que más han engordado los beneficios de empresarios sin escrúpulos, y que los inmigrantes, en general, han hecho posible el auge económico, al aumento de la recaudación fiscal y que su aportación a la Seguridad Social es muy superior a su gasto.

No es viable, porque la expulsión es cara y complicada y porque, además, continuamos necesitando inmigrantes para que cuiden a nuestros abuelos, para que atiendan en los hospitales, para que construyan los pisos sociales… para que continúen pagando la seguridad social que es la única garantía de supervivencia de las que ya tenemos una edad. No resuelve nada, porque la crisis no la han creado ellos, porque la inmigración no es la causa de la crisis y si no se resuelven las causas no se resuelven los problemas. Por lo tanto, con inmigrantes o sin ellos tendremos crisis.

Y, finalmente, es peligroso, porque cuando los recursos son escasos, la lucha por ellos es feroz, y las clases populares autóctonas son las primeras en entrar en competencia, lo que, unido a los discursos reaccionarios, alimenta el fantasma del racismo y la xenofobia y, con ellos, la confrontación social, como ya estamos viendo.

La solución, evidentemente, es otra. Y el discurso también. Básicamente, el discurso de las izquierdas (si es que algo queda de ellas), en estos momentos, debería ser mucho más beligerante y mucho más clarificadora. Es el momento de la pedagogía, de las propuestas y de la reivindicación. Es necesario divulgar un contra-discurso que señale la barbaridad que suponen la reclusión sin control de los inmigrantes en centros de internamiento, las expulsiones masivas, las cortapisas a la reunificación familiar, la negativa a las regularizaciones de las personas que ya viven y trabajan en nuestro país. Es necesario señalar a los verdaderos culpables de la crisis y reivindicar que paguen ellos los platos rotos.

El dinero público no debe servir para financiar bancos o empresas en crisis, para que puedan seguir engrosando beneficios, sino para ampliar las medidas sociales, crear empleo público y abastecer servicios básicos, como la salud, la educación y la vivienda. Es necesario reivindicar aumentos fiscales para las súper-ganancias y poner freno a los desmanes que nos llevaron a esta crisis. No es la lucha de los trabajadores “nacionales” contra los inmigrantes lo que nos ayudará a avanzar, no es la “protección de los nuestros” lo que tiene que estimular el discurso de la izquierda, sino la reorganización conjunta, de los de aquí y los de allá, y la lucha contra este sistema que explota y se enriquece a costa de unos y de otros.
EL VIEJO TOPO (Septiembre 2008)

ROSA CAÑADELL (Sabadell, España) Psicóloga. Profesora. Miembro de FARGA. Portavoz del sindicato USTEC·STEs. Fue responsable del área de la mujer de Esquerra Unida i Alternativa (EUiA), y encabezó la candidatura por Barcelona de esta formación en las elecciones generales en el año 2000. Colabora en programas de televisión en temas de educación y publica artículos de opinión en diversas revistas.

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