CINE

DiDi Hollywood
Bigas Luna
Resulta alarmante, como mínimo preocupante, y lo suficiente como para lamentarse, que directores personales como Bigas Luna, con un lenguaje multidisciplinar, siempre inquietos en el campo artístico, y con una primera etapa underground rompedora (Bilbao, Caniche), no sólo transitan en los terrenos de la disparidad de opiniones irreconciliables (Volaverunt, Son de mar), sino que, además, hayan optado por asentarse en los parámetros del cine más comercial, de ese tan sólo pausible en los multicines de los centros comerciales.Si en Yo soy la Juani, teníamos un Luna fascinando por el lenguaje SMS, el tunning y las juanis de extrarradio, en DiDi Hollywood (un paso más en su trilogía de la mujer ibera), nos encontramos a un director que sigue fascinado por los SMS, y que ahora, encima, parece haber descubierto el videoclip de la MTV.Sus primeros minutos, los de una joven de Madrid que sueña con ser actriz y se desplaza a la tierra de los sueños por excelencia, encontrándose con un detestable trabajo de camarera funciona por momentos, luego, cuando la protagonista se va sumergiendo en el mundo del cine y adentrando en el sueño americano es cuando el relato pierde fuelle. La mirada de Luna parece la de un turista atontado por el glamour hollywoodiense, y eso transporta la película a habitar en un espacio repleto de lugares comunes, de estereotipos, arquetipos y sobre todo, de un argumento previsible y muy masticado. Algo, que sorprendentemente, también se aprecia en la descripción de ese bar de mala muerte de Madrid.El principal problema de esta cinta es que su bruto, su interior, es tan vacío, tan insustancial como el glamour, las fiestas, los pechos de silicona, el botox, el caviar, las drogas, los coches lujosos y toda esa parafernalia que envuelve, o que desde fuera constatamos como propio del mundo de Hollywood. La intención de Luna por reflejar este ambiente, termina llevando a su película a los mismos derroteros de músculo sin materia encefálica. Realmente habría que saber hasta que punto su director intentaba explicar algo, o simplemente hacer un divertimento mediante una historia de fascinación sobre una camarera pseudo lumpen ascendida a princesa.Si su propósito era este último, su filme no desentona, más allá de ciertos recursos estilísticos pomposos que agrietan la sensación de película seria, si es que alguna vez la hubo. DiDi Hollywood no es un buen filme, ni mucho menos, pero tampoco malo, es un divertimento, un book para que Elsa Pataky luzca palmito, o si prefieren un videoclip promocional de la ciudad Los Ángeles que se deja ver con facilidad.
MARC MUÑOZ

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